sábado, 6 de mayo de 2006

Comentario de texto (III)

Conociendo mi pasión por la poetisa polaca, una lectora de mi blog [que esta vez no es mi mujer] me pide que comente algún poema de Wislawa Szymborska. Lo bueno del encargo es que he vuelto a leerla, con renovado placer. Lo terrible es tener que escoger un sólo poema, limitación que me ha producido cierta desazón. Al final, por razones terapéuticas, me decidí por éste.
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ELOGIO DE LA MALA CONCIENCIA DE UNO MISMO

El ratonero no tiene nada que reprocharse.
Los escrúpulos le son ajenos a la pantera negra.
No dudan de sus actos las pirañas.
La víbora se acepta sin complejo a sí misma.
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No existe un chacal autocrítico.
El tábano, la langosta, la tenia y el caimán
viven como viven y así están satisfechos.
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Cien kilos pesa el corazón de la orca,
pero nada le pesa.
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No hay nada más bestial
que una conciencia limpia
en el tercer planeta bajo el sol.
[Traducción de Abel Murcia, con ligeros retoques de un servidor]
Lo primero que hay que comentar de este poema es que no necesita comentario. Y eso es mucho.
Pero como mi amiga me lo encargaba, explicaremos lo evidente. Desde un punto de vista formal, yo destacaría la táctica de la Szymborska, que se puede calificar, con palabras de Ortega y Gasset, como "el método de Jericó". La poeta polaca procede siempre igual: comienza a dar vueltas a su asunto con imágenes y comentarios anecdóticos o circunstanciales, aparentemente aleatorios, hasta que, gracias a la música del verso, las murallas se desmoronan y se nos muestra, velado por una poética nube de polvo, el meollo del asunto. Hay poetas (y pienso de nuevo en Dante) que buscan el blanco con la rapidez y la rectitud de una flecha; y otros (pienso ahora en Shakespeare) que parecen más bien un velero, que da exactas bordadas, mientras va dejando por el camino una estela de espuma blanca que se expande. Todos los métodos valen, cuando valen. Pero es muy esclarecedor tener presente esta idea del método de Jericó cuando se lee a Wislawa Szymborska.
Con todo, el mayor valor de la polaca no es formal sino espiritual, como debe ser. Y de una complejidad que contrasta (y éste es su gran mérito) con la aparente sencillez del poema. Aquí se nos convence que es buena la mala conciencia. Pero que es muy buena porque es muy mala.

7 comentarios:

Jesús Beades dijo...

quieres decir, supongo, "de que es buena la mala conciencia".

No entiendo lo de "de que es muy buena porque es muy mala". A veces, la mala conciencia es el tema principal de la existencia de una persona, y todo gira en torno a la culpa, que es una realidad negativa, y no al don, a lo recibido de fuera -como, paradójicamente, el perdón- que es una realidad positiva. Lo mejor del perdón no es lo que apunta -como una flecha- al pasado, a lo perdonado, sino las puertas que abre en el presente. Lo mejor del perdón es la cualidad del que perdona: su bondad a la que somos invitados.

Por supuesto, la Szymborska tiene razón. Pero se podría haber resuelto con un epigrama, como Chesterton: "Los nabos son singularmente tolerantes".

E. G-Máiquez dijo...

Desde luego, el poema, como terapéutico, hay que recetarlo con prescripción facultativa. Jamás a quien tenga una conciencia torturada. Guarden los medicamentos fuera del alcance de los niños. Pero creo yo que la enfermedad de hoy es más bien la laxa. Y que, entonces, este poema, con todos sus rodeos, nada epigramáticos, funciona en cuanto que demuestra que tener una mala conciencia es un bien...
Gracias, Beades, por las oportunas precisiones.

José Nadie dijo...

Me encanta ese poema. Bueno, más bien lo que dice. En algún lugar leí una vez: "Nunca verás a un animal compadeciéndose de sí mismo", y eso, que es una obviedad porque los animales no tienen pasión ni compasión, les otorga una dignidad (aunque tampoco puedan ser dignos o indignos) que contrasta claramente con nosotros, los monos...esto...quise decir los humanos. Ver a un ciervo siendo devorado por los lobos, o a un oso con la pierna casi amputada por un cepo, o a un gato siendo torturado por un "chico traviesillo" (=monstruo en ciernes) es siempre un espectáculo de "dignidad": los animales defienden su vida impasibles hasta la última gota de su sangre. Sin decirse :"¿Por qué yo?", o "¡Qué mala suerte tengo!". En cierto modo, los únicos humanos que alcanzan tal comportamiento son aquellos dotados de una gran fe, o de un gran fanatismo.
El mundo sigue girando a nuestro pesar, y mientras un gran meteorito o un apocalipsis atómico no lo impidan, las oscuras golondrinas seguirán volviendo. Si no esas, otras.

E. G-Máiquez dijo...

Cierto que con respecto a los animales nos separa un gran abismo moral, o mejor dicho, un gran abismo, la moral. Por eso son tan sospechosas las leyes que quieren ignorar esa diferencia, y nos faltan al respeto a los humanos y, también, en cierto modo, a los animales, dignos de otra manera.

LLir dijo...

estoy agradecida por la entrada, pero como soy una hobbit pedigüeña y sinvergüenza, pido de vez en cuando otra cucharadita...

Jules Asimov dijo...

Hola. Gracias por el poema (y por la elección).
Quería preguntarle una cosa: ¿Qué quiere decir con "el mayor valor de la polaca no es formal sino espiritual, como debe ser"?
Entiendo que un poema o texto pueda destacar más por lo formal, o por lo espiritual, pero lo que no entiendo es ese: "como debe ser".
Gracias. Interesante su blog.

E. G-Máiquez dijo...

Estimado Asinow; nada más terrible que cuando te preguntan qué has querido decir, porque te dejan solo frente a tus propias perplejidades. En este caso, además, pasa que, como sabía el principito (no Felipe, el de Saint-Exupery)"cuando se quiere ser ingenioso, resulta que se miente un poco". En realidad, lo formal y lo espiritual tienen que ir de la mano en un poema, pero exageré un poco para resaltar que aunque los aficionados tendamos a hablar mucho de los aspectos formales, al final, también a un poema se le juzgará de amor, por el que bien que nos haya producido, creo. Y en esto, Szymborska es única.
Gracias por la pregunta y los ánimos.