viernes, 18 de agosto de 2006

El misterioso caso Blas de Otero


Un lector de poesía (haberlos, haylos) me pregunta por qué anda ahora en cierta semioscuridad. Es un misterio, porque el vasco, además de excelente poeta (lo que conviene para ser reconocido, aunque no sea imprescindible), cumple los requisitos para figura de culto: muy de izquierdas, criticó al franquismo y mantuvo unas tirantes relaciones con Dios.

Mi sospecha es que en su caso todo eso juega —secretamente— en su contra. Para empezar, es un tirón de orejas en la conciencia del progre actual. Frente a quien vive y escribe (o canta o actúa) como un señorito y mientras tanto cubre el expediente firmando manifiestos y formando manifestaciones, la poesía de Otero mantiene que un artista ejerce su compromiso en su obra: “los pobres del mundo con los que ya hace muchos años echaste tu suerte para no retroceder jamás”.

Encima está España, que el poeta sintió hasta la médula, y que hoy produce sarpullidos a socialistas y nacionalistas. Escribió dos libros cuyos títulos hablan por sí solos: En castellano (1959) y Que trata de España (1964). Y para vergüenza de demagogos dejó dicho: “Ni una palabra / brotará en mis labios / que no sea / verdad. / Ni una sílaba / que no sea necesaria”.

Por si no bastase, tocó sin reparos otros tabúes: la muerte y Dios. “Todo es literatura / menos morirnos juntos” son dos versos suyos que abren las carnes. A Dios, a menudo, lo maltrata con un tono imprecatorio que roza la blasfemia. Pasa, sin embargo, que la blasfemia es una prueba de la existencia Dios sensu contrario. Nadie increpa a Thör, Tutatis o Zeus. Su poesía es, pues, bestialmente religiosa y, lejos de un buenismo vaporoso, coge por los cuernos el problema del mal y se plantea hondas cuestiones de conciencia. Sin duda, resulta poco light o laico.

Y, para remate, está su maestría como artesano, que saca los colores a cuantos poetas actuales se han instalado cómodamente en el verso liebre [sic] o en el endecasílabo pálido (más que blanco). Otero nos recuerda que a la poesía hay que darle lo suyo: “La poesía tiene sus derechos. / Lo sé./ Soy el primero en sudar tinta / delante del papel.”
[Publicado en "La Gaceta de los Negocios"]

11 comentarios:

Jesús Beades dijo...

He visto un neologismo, leyendo tu artículo: lightco.

Lo del verso liebre, hay que aclararlo, y lo del pálido también. Verso blanco es sin rima, que yo sepa, ¿lo podría haber "más sin rima"?.

Al progre, lo de la forma le da igual (si acaso, la estrofa clásica desprestigia): es Dios y esos gruesos temas metafísicos lo que incomoda.

La relación más profunda entre la obra de Blas de Otero y la tuya radica en las difíciles relaciones con eso que llamamos "yo". El desasosiego del "yo".

Arp dijo...

A mí me parece muy bien. Quizá se podría buscar algo de humor en su obra, caso de que lo haya (lo de que la sangre fue siempre colorada valdría?), para contrapesar ese tono profético tan tremendo a veces, pero impresionante (lo de la sangre que le llega a las rodillas es una reelaboración de una profecía del Antiguo Testamento). O quizá sus referencias metaliterarias.
Pero el artículo está muy bien así y quizá ´no le toques ya más´, porque en el artículo se trata de exponer una tesis, no de explicarlo todo.
Enhorabuena: estás que lo tiras.

Mora-Fandos dijo...

Me has dado luz sobre la cuestión, creo que andas acertado. Tomando el neologismo de Beades, lo lightco no soporta las palabras fuertes.

Edu Solá dijo...

Muy acertado el chiste con alusión implícita a las meygas ( parece que ahora hay unas pocas más a juzgar por el motivo exculpatorio que alega una de las presuntas incendiarias). La verdad es que sólo el 1,5 por cien de los libros leídos son de poesía. Supongo que será porque la gente busca el sentimiento poético a través de cierto tipo de prosa y hay demasiada poesía para poetas, aunque hay notables excepciones, como la de Miguel d´Ors, con su amor por lo concreto ( mantiene bien domado el paquidermo de su filosofía para que no chafe lo concreto)

E. G-Máiquez dijo...

El neologismo lo barajé, pero al juntar la fonética inglesa con la española, me pareció que no funcionaba del todo y me contenté con acercar las palabras, para que los buenos lectores como vosostros hicieráis el resto.

El verso libre cuando está bien (esto es, cuando en secreto no es libre) no es liebre. Liebre, cuando se le escapa corriendo el oído, y por mucho que le eches un galgo no hay manera de atraparle la música.

El verso blanco, si mantiene la tersura (Amalia Bautista, sin ir más lejos), es estupendo. En sus mejores momentos, aunque no hay rima, lo parece. El verso pálido es el desvaído.

En el artículo, tengo que explicar mejor que la forma a quien fastidia no es a los progres en general sino a los poetas que se alivian con el versolibrismo.

Muy cierto que para hablar de Otero a fondo habría que referirse a su humor (sobre todo en "Historias fingidas y verdaderas", que es desternillante a ratos), de su dominio de la tradición y sus continuas intertextualidades, de sus relaciones con blasdeotero, su alter ego manchego, etc. Nada de eso me cabe en el artículo. Y lo siento mucho.

Sobre mis deudas con Blas, hablaremos otro día. Para variar un poco, hoy, aunque os parezca mentira, no vine a hablar de mí.

Juan Ignacio dijo...

Perdóname la "extrareferencia". Me gusta cuando coinciden los blogs que suelo leer. El blog Cuaderna está en sintonía con el tuyo: clic.

Fernando do Vale dijo...

Qué carcajada me produjo eso del endecasílabo pálido. Hay que irse con mucho cuidado, amigos y poetas. Lo de lightco también tiene lo suyo...
En cuanto a lo del verso libre me remito al último número de la Revista Númenor y a la reseña sobre "Muertes y maravillas" que escribe Beades: creo que da de lleno en el asunto.

(endecasílabo pálido...., buenísimo!)

Fernando do Vale dijo...

Hablando de don Blas (que no sé qué título nobiliario hay que otorgarle, porque temo a equivocarme, Enrique) y de sus poemas a España... Propongo una antología de poemas sobre nuestro país. Juanjo me comentó cuando le conté la idea que a ti también se te había ocurrido. Me parece interesante. Yo sugiero España, de Borges, para empezar.

Joaquín dijo...

A mí las movidad poéticas me pillan ya muy lejos, aunque las razones apuntadas para el 'eclipse' de Blas de Otero son muy serias.

Un vistazo a la blogosfera permite deducir que hay muchos jóvenes que se interen por la creación literaria (los blog son un medio privilegiado para la comunicación artística y literaria).

Sospecho que Blas de Otero ya no interesa tanto, porque a su poesía le falta "garra". Su poesía es un tanto 'manierista', muy cuidada (incluso la de tono más 'social'), pero hoy, como has apuntado, no creo que interesan tanto los juegos formales, sino que el poeta cuente una historia.

Además muchos jóvenes han perdido el sentido de lo "espiritual", así que si no les interesa Fray Luís, San Juan de la Cruz o Quevedo, difícil veo que presten atención a Blas de Otero, que no deja de ser un epígono del Siglo de Oro...

jaime dijo...

la poesía de blas de otero me ha recordado siempre a la escultura de Chillida, ¿no os parece?: por todo el hierro forjado que tiene.

Título de antología de blas de otero: OTERO

Jesús Beades dijo...

"Laitcou" (la fonética de lightco, en inglés) es como pronunciaría un guiri la palabra española "laico".