martes, 31 de octubre de 2006

El Barbero en Japón

El rey de Suecia debe andar con luengas barbas, pues han pasado meses sin que su barbero diera señales de vida. Se entiende, porque ha estado en Japón, trabajando sobre El libro del haiku, cuya selección, traducción y estudio crítico ha realizado Alberto Silva. El barbero ha recortado 10 de los haikus que mejor quedan. Hay otros haikus famosos que son mejores, pero que aquí, en las manos de Silva, se han deshecho un poco. Ya pusimos el ejemplo de la inundación infantil.

Los 10 que se salvan son:

Reconciliados,
el hielo vuelve al agua:
todo ha pasado.
Teishitsu

Flores tardías.
Te vas hecha un mar de dudas,
¡primavera!

Buson

Se escapó el canario
como se esfuma un día más
de primavera.

Shiki

La luna de estío, yo
al sereno, en un puente.
Al fin solos, los dos.

Kikushani

Mañana fría:
entona alegres sutras

el novicio.
Shiki

¡Si ella viviera
y penar los dos juntos
viendo nacer la luna!
Shiki

La luna, temeraria,
se zambulle en el agua
y reflota.

Ryôta

Tras la tormenta,
el alba. (Las sandías
no se enteran de nada.)

Sodô

¿Mi biografía?
—Le gustaba aquel haiku,
el de los caquis.

Shiki

Me voy.
Te quedas.
Dos otoños.
Buson

[Aprovechando el trabajo del barbero, voy a pasarle estos haikus a mis alumnos, para que escogan el mejor y el peor, y a ver qué sale. A mí, el que más me gusta es el primero, sin hacerle ascos al último; pero mi sospecha es que ganará la luna que reflota, con su aire popular. Después les cuento.]

lunes, 30 de octubre de 2006

Más justicia

No es un homenaje a Lula. Si hoy traigo aquí unos versos del brasileño Mario Quintana es por una estricta cuestión de justicia. Mientras yo finalizo (remato, dirá alguno) la traducción de sus versos, es justo que él me cubra las espaldas y haga el blogg. Ustedes saldrán ganando, desde luego:
¡MILAGRO!

En este mundo, de prodigios
y de la gracia de Dios lleno,
nada más sobrenatural
que los ateos.

domingo, 29 de octubre de 2006

Sacar punta

Como era de esperar, la sangría no llegó al río. Pero eso sí la boda fue festiva, con toda clase de halos, no sólo el boozy. El feliz Beades juntó a poetas numerosos, y hubo conversaciones líricas para dar y regalar. Ahora bien, antes de regalarlas, a las conversaciones hay que sacarles punta, porque en su momento se habla al por mayor, sin dar barniz, sin orden ni concierto. Aunque el concierto, en la boda, no brillaba por su ausencia. Entre el jolgorio y la música, memoricé algunos retazos de conversación que irán saliendo por aquí, envueltas en reflexión retrospectiva. Por ejemplo, Jesús Tejada contó que en El Puerto de Santa María el "zaguán" se llama "casa-puerta". Él y yo, los portuenses, esperábamos un clamor de entusiasmo, pero no. O preferían la palabra “zaguán”, como Rocío Arana, o se dedicaban al postre con una completa indiferencia (que es peor). Ahora he caído en que “casa-puerta” es un caso de genitivo sajón, propio de una zona de influencia británica como la nuestra. —Digo yo que con esa defensa gramático-etimológico-social a lo mejor hubiesen echado cuenta a las peculiares idiomáticas de nuestro pueblo, Jesús, aunque nunca se sabe…

viernes, 27 de octubre de 2006

Viernes, boda, Beades y beodos

Sería una pena que la austeridad propia de los poetas católicos nos fastidiase la festiva aliteración que da título a esta entrada. Yo, a pesar de que no llegará la sangría al río Guadalquivir, alitero; y me amparo en "the boozy halo of Catholicism", que hicieron memorable Chesterton y Belloc, y en la sugestiva cita de los Hechos de los Apóstoles que enriquece la invitación de la boda: "Otros en cambio decían riéndose: «¡Están llenos de mosto!»"[2, 13].
*
Lo que me recuerda que en el piso que alquilamos cuando recién casados, no había sitio para libros, así que aproveché un mueble-bar estilo remordimiento para ir apilando mis volúmenes. Una noche se hundió el mueble y se rompieron todas las botellas. Cuántas había. Lo curioso es que el libro que estaba enmedio del hondo charco etílico, sorbiendo bien, era Boecio. Resecado (o resacoso), he guardado el volumen como prueba de que a la realidad también le gustan los juegos (incluso forzados) de palabras. Otros días, no hoy, el recuerdo me pone melancólico: ¿y si fue que Boecio no encontró suficiente consolación en la filosofía?

jueves, 26 de octubre de 2006

Vaya con la tabla

Náufrago en un temporal (justamente, que es el tiempo -su falta- lo que me ahoga), me estaba agarrando como a una milagrosa tabla de salvación a la huelga que hoy disfrutan los alumnos de mi instituto.

Pero ahora va Fernández Cerero y me manda por correo la tabla reivindicativa de la cosa:
TABLA REIVINDICATIVA · Plan de inversión de choque para la educación pública para garantizar la construcción de nuevos centros, contratar más profesores, reducir el número de estudiantes por aula, construir plazas en la FP pública e incrementar la cuantía de las becas y el número de becarios. 7% del PIB para la educación pública. · No más privilegios a la educación privada y a la jerarquía eclesiástica. La religión fuera de las aulas. · Ni LOU, ni Planes de Bolonia: universidad pública y gratuita, eliminación de las multas a repetidores. El hijo del obrero a la universidad: ninguna selectividad, ni traba económica para estudiar en la universidad pública. · En los ciclos formativos prácticas remuneradas en las empresas. ¡Basta ya de trabajar gratis! · Por un puesto de trabajo digno al terminar los estudios: Subsidio de desempleo para todos los parados. Salario mínimo de 900 euros al mes. Prohibición de las ETTs: fijo a los quince días. Jornada laboral de 35 horas semanales por ley, sin reducción salarial. · Plan para garantizar viviendas públicas de calidad con alquileres que no superen el 10% de los salarios.

Y ahora ya no sé si es mejor ahogarme y que me trituren los tiburones...

Esto es un plagio como la copia de un pino

La vida literaria tiene mala fama entre los que la practican. Yo, que no suelo, ya os iré contando de este fin de semana como de café Gijón itinerante. Para empezar, esta noche, en Carmona, iremos a oír a Amalia Bautista.
Pero hay una cosa horrible del trato con escritores que sí sé: dicen cosas estupendas, y luego uno se tiene que morder los puños para no robarlas. Por ejemplo, Abel Feu me contó que tenía un juego de palabras preparado para soltarlo como un hachazo sobre el primer carota al que pillara con las manos en la masa... ¡Y voy yo y lo uso de título en esta entrada!

miércoles, 25 de octubre de 2006

Lo siento mucho

1- Que haya usted hecho amablemente click a mi blogg y se encuentre con que hoy no escribo apenas nada.
2- No introducir con alguna reflexión particular, como suelo, mi artículo de hoy, que va a palo seco.
3- Que se me haya pasado el artículo de ma ma marras sin agradecer a mi anfitriona el delicioso postre.
y 4- Pero lo que más siento es que esta tarde Europa (con las esperanzas que yo tengo en ella) nos vaya a clavar su apoyo al proceso por la espalda...
*
ACTUALIZACIÓN

Lo ha dicho Jaime:
Que nadie —iluso— ponga su esperanza
en otra Europa que en la de
Mesanza.

martes, 24 de octubre de 2006

Coplas a la muerte

De todos los poemas que descienden de Las coplas de Jorge Manrique, mi preferido es el “Epitafio” que Manuel Machado dedicó a Alejandro Sawa:
Jamás hombre más nacido
para el placer fue al dolor
más derecho.
Jamás ninguno ha caído
con facha de vencedor
tan deshecho.
[…]
La razón de mi preferencia es que, por alguna parte del poema, hay unas gotas de ironía, de “todo es como y según” y tono menor, que eluden el enfrentamiento directo con el original. Manrique es insuperable y sólo se puede uno poner a su sombra diciéndose: “Ya… y ¿qué?” Lo sabía perfectamente el más listo de la clase, Jaime Gil de Biedma, que citaba cada vez que podía “A José Nogales, muerto”, otro poema por el estilo del mismo Machado.

Por eso, el poema de Dámaso Alonso “Adiós al poeta Rafael Melero” no me gusta del todo. Me resulta a la vez demasiado serio y demasiado ripioso y su blasfemia sí-pero-no para mí es no.

Sin embargo, ayer, en el funeral de un torero, fallecido en accidente de tráfico en Venezuela y al que enlazo triunfador, se me metió en la cabeza una estrofa y no podía dejar de repetírmela. Es, sin duda, la mejor del poema, pero nunca pensé que pudiese servirme para tanto. ¿Cuántos poemas que hemos desdeñado están ahí, agazapados en un rincón, esperando el momento de mostrarnos su potencia y su verdad? La sextina manriqueña que me repito es:
¿Qué bestia gris burriciega
trota idiota, y te nos siega
al trompicón?
¿qué negro toro marrajo
te metió ese golpe bajo,
a traición?

Vanitas

vanitatis, aunque eso sí, bastante compensada por el memento mori que me atiza de pronto.

sábado, 21 de octubre de 2006

Ni un pimiento

Empezar, como yo ahora, una sección en un semanario recuerda mucho a cuando se sale a cenar con unos recién conocidos. Se intenta dar una buena primera impresión, y uno recurre a esas anécdotas infalibles que le retratan más gracioso y personal. Lo inquietante es que, mientras todos ríen, ahí está también la santa esposa de uno, que ha oído esas batallas ya cientos de veces. Y que piadosa, menos mal, sonríe.

Qué bien quedaría hoy si contase alguna de mis historias más impactantes, como mis relaciones con “Carbón”, mi perro, o con mi suegra. Sin embargo, sé que muchos lectores de los periódicos en los que ya escribo compran ALBA, y no quisiera forzarles a una paciencia para la que les falta la gracia sacramental.

Procuraré, por ellos, no repetirme nunca. O casi nunca, que conviene que hoy confiese de nuevo el lema que guía mis escritos. Como lema, no fue original ni la primera vez que lo escogí en mi primera colaboración en mi primer medio. Son dos versos de William Dunbar con quinientos años, pero quién los supera:
Man, praise thy Maker and be merry
And give not for the world a cherry.

Traducidos son: “Alaba a tu Creador y está contento/ que lo demás no importa ni un pimiento”.

Aquí hablaremos, como es lógico, de lo demás, o sea, de lo que, comparado, importa menos, como la literatura o la sociedad, o incluso muchísimo menos, como este Gobierno; y aunque a veces toque protestar o indignarnos, intentaré hacerlo —cuente lo que cuente— sin perder la sonrisa. Como hace mi mujer.
[Publicado en Alba]

viernes, 20 de octubre de 2006

La vanidad tiene las patas cortas

Un compañero de IES me admira mucho [lo que se agradece] y, en consecuencia, quiere llevarme mañana a toda costa a un concierto de Paco Ibáñez en Chiclana [lo que inquieta]. Yo me resisto. La versión de Ibáñez de Las coplas a la muerte de su padre y otras versiones suyas me gustan bastante, pero prefiero oírlas en casa, sin tener que escuchar comentarios entre canción y canción. El compañero, que es amigo de Ibáñez, insiste: le hace ilusión presentarme al cantante [Uff], porque me considera un intelectual [vaya] de gran valía [bueno, a lo mejor voy...] y mis artículos le parecen siempre muy convincentes [sí, creo que iré] e inteligentes [desde luego, hay que asistir]. Más tarde, iremos -sigue diciendo para convencerme- a tomar vinos de venta en venta hasta la madrugada [mis pelos como escarpias] y había pensado que yo podría dar un discurso [Aggg] y recitar algunos poemas [Agggg]. Afortunadamente viene en mi rescate un resfriado y me pongo a toser demostrativamente, como si fuese un ronco argumento. Mi estado de salud no me lo va a permitir, me excuso apesadumbrado. Entonces, como argumento final, irresistible, me dice:
--Tienes que venir, si se va a apuntar... ¡Caballero Bonald!
--OH, digo; entendiendo [sic transit] su enorme admiración por mis artículos. No los lee.

jueves, 19 de octubre de 2006

Monumento al poema desconocido

Como la fortuna de una nación se construye sobre el heroísmo de los soldados desconocidos (y de los ciudadanos anónimos), una buena poesía se levanta sobre poemas felizmente tirados a la papelera. Un país que prefiere honrar a sus famosos de papel couché más que a sus secretos pilares está enfermo; y una literatura sana, entre homenaje y homenaje a Caballero Bonald, también debería acordarse de la papelera o de la opción "¿eliminar? Sí" de Word, esas benefactoras de la humanidad. Por eso, me sumo desde aquí a la propuesta de Llir entre cards de incluir en el santoral laico un día por el poema fallido. En la ofrenda floral ante el monumento, podríamos recitar, emocionados, este poema de Mario Quintana:

LA MISA DE LOS INOCENTES

Si no fuese abusar de la paciencia divina
encargaría una misa por mis poemas

que no llegaron más allá de la tercera o cuarta línea,
víctimas

de esa mortalidad infantil que, por ignorancia de los padres,
diezma a las criaturitas inocentes, las pobres…
¡Tanto azul en los ojos,
tanto que dar al mundo!
Yo encargaría el réquiem más profundo
no sólo por los míos sino también por todos

los poemas que, inválidos, se arrastran por el mundo…,
cuya conmovedora belleza sobrepasa la de los otros
porque está

en su intangible anhelo de belleza.


miércoles, 18 de octubre de 2006

Cara y cruz

Lo bueno de escribir artículos políticos como éste es que uno, siguiendo los consejos de nuestros abuelos los griegos, actúa como un ciudadano libre que se involucra en los asuntos de la república. Además, se hace la ilusión de que pone su granito de arena en la defensa de sus valores.

Lo malo es que, animados por estos artículos, últimamente todos se empeñan en hablarme de Zapatero. No digo que yo no me lo merezca, como un contrapasso dantesco, pero ay. El frutero, en vez de comentarme la calidad de los melocotones, se dedica a despotricar del Estatut, y el otro día, en el taller, sólo a la tercera logré que el encargado dejase de contarme chistes sobre el look de María Teresa Fernández de la Vega y se concentrase en la batería gastada de mi coche. Habrá quien piense que lo hacen por ser amables, porque el cliente siempre tiene razón. Espero que no, porque en verdad el tema no me gusta nada: me da dolor de estómago, que es en lo que está quedando el dolor de España.

martes, 17 de octubre de 2006

El pequeño Nicolás

Qué raros los blogs. Nos pasamos el día visitándonos unos a otros, como rentistas en una novela de Jane Austen, y cuántas cosas ignoramos de cada uno. La mayoría de ustedes no saben que estamos haciendo obra en una casa nueva (que era muy vieja) y que en unos meses teclearé desde otro lugar. Lo sabe, sí, una lectora de mi blogg [o sea, ésa que cada vez me visita menos, porque se dedica a ver catálogos de azulejos] y nuestro arquitecto, que, en vez de ver catálogos de azulejos, se ha enganchado a Rayos y truenos, y ahora, cuando viene a ver la casa, en vez de hablar de las columnas de la cristalera, me pregunta por Adaldrida o que quién es Arp y qué hacía en Viena. Aprovecho la ocasión, a ver si hay suerte, para preguntarle desde aquí si las columnas de la cristalera son de ladrillo visto o no…
*
Pues bien, ayer fui a la obra con mi sobrino, el pequeño Nicolás, que enseguida descubrió el ancestral encanto de los montones de arena. Descalzo, empezó a trepar por ellos, a tirarse en plancha en su mullido colchón, a hacer boquetes y provocar desprendimientos. Hasta ahí todo normal. Pero, de pronto, la criatura tuvo un rapto poético —pobre, le corre por la sangre— y me gritó desde lo más alto de un montón, abriendo los brazos:
—Mira, tío Enrique: voy en una nube.

lunes, 16 de octubre de 2006

¿Plausible en catalán?

Y ahora lo que necesito es un traductor del catalán, que será más fácil. Leo, en castellano, a Pla, que se dice:
Cuando llego a casa me pongo ante el espejo. He vuelto de Calella muy tostado por el sol, con un color magnífico. Tengo una dentadura blanca. Me encuentro absolutamente plausible.
Y mi duda es si también en la versión original "plausible" empieza por "Pla-". ¿Se estaba el escritor haciendo un guiño fonético al espejo, al encontrarse absolutamente pla-? Si fuera así, mi homenaje del aPLAuso no habría sido muy original. Merecido, sí.

jueves, 12 de octubre de 2006

Se busca traductor del japonés

Ahora nos haría falta un visitante que supiese japonés para que tradujese con exactitud este haiku de Issa:
Yuki tokete mura ippai no kodomo kana
Alberto Silva, en su El libro del haiku, lo intenta así:

Apenas
la nieve se vaya
se rellenan de niños
las calles.
Esta versión me parece un resbalón en una placa de hielo que aún quedaba, porque es plana y torpona, dolorosa. La versión en inglés que yo conocía, en cambio, resulta sorprendente y, sobre todo, mucho más emocionada:

Snow melts
and the village floods
with children.
Eso sí es: los niños, blanquitos después del invierno y delicados como copos, con alegría. Yo lo traduciría (del inglés) de esta forma:

Tras el deshielo
el pueblo se ha inundado
todo de niños.

“De niños y de niñas”, me amonestaría una ministra de cuota o el mismo Zapatero. Y un amigo que hablese japonés tal vez me hiciese alguna otra corrección más pertinente. Ojalá, porque es tan bonito que haríamos muy bien en tener una versión exacta.

Pifias

Sigo leyendo, sin prisa y sin pausa, El arca de las palabras, de Andrés Trapiello, del que ya hablaremos bien cuando lo acabe. Pero hoy no me resisto a contaros una anécdota. Dice Trapiello en la página 219:


Todos hemos conocido en nuestra vida algún instante de verdadera vida beata que nos deja mejorados como el tiempo a un verso de Horacio.

Vale; y ahora va el dibujante y pinta, al ladito de esta entrada tan clásica, a una beata, con su velo, su más o menos hábito, un cirio y hasta una aureola, que ya es, una aureola, para una beata.

Esta pifia dulce (de dulce de monja, desde luego) me recuerda a la más amarga de la revista sevillana “Mercurio”. Allí, arriba de una reseña sobre Miguel d’Ors en la que se hablaba de Wyoming, que para el poeta es una imagen de la felicidad, pusieron como ilustración ¡una foto de un señor que se llama el Gran Wyoming! No quiero ni pensar de qué será una imagen el Gran Wyoming para Miguel d’Ors…

Y sin salir de d’Ors, también tiene su gracia lo de la revista malagueña “Litoral”. En un precioso número especial dedicado a los animales y la poesía, cogieron el poema “Murió el “León””, que el poeta dedica al mastín de su infancia, y lo colocaron en la categoría de los leones, naturalmente. Ahora se puede observar al buen mastín entre grandes felinos “con su ladrido tenso, allí en la punta / de la cadena” y ver “cómo aceza, / cómo mueve la cola en esos versos” sin arredrarse por la fiera compañía (de leones y de antólogos).

Acorde

La delicada copla de AnaCó me recordó este soneto del pintor Ramón Gaya, que estoy seguro que ella no conoce. La coincidencia final me hizo aún más bonitos ambos poemas, pues no valoro yo tanto la originalidad como el acorde y el acierto, cuando se producen. Escribió Gaya:
MANO VACANTE

La mano del pintor —su mano viva—
no puede ser ligera o minuciosa,
apresar, perseguir, ni puede ociosa,
dibujar sin razón, ni ser activa,

ni sabia, ni brutal, ni pensativa,
ni artesana, ni loca, ni ambiciosa,
ni puede ser sutil ni artificiosa;
la mano del pintor —la decisiva—

ha de ser una mano que se abstiene
—no muda, ni neutral, ni acobardada—,
una mano, vacante, de testigo,

intensa, temblorosa, que se aviene
a quedar extendida, entrecerrada:
una mano desnuda, de mendigo.

Después de leerlos, uno se queda preguntándose si la vanidad, en un creador, no será un indicio de impostura artística.

Hispanidad

Hermanos, los que estáis en lejanía
tras las aguas inmensas, los cercanos
de mi España natal, todos hermanos
porque habláis esta lengua que es la mía:

yo digo “amor”, yo digo “madre mía”
y atravesando mares, sierras, llanos
—oh gozo—, con sonidos castellanos
os llega un dulce efluvio de poesía.

Yo exclamo “amigo”, y en el Nuevo Mundo,
“amigo” dice el eco, desde donde
cruza todo el Pacífico y aún suena.

Yo digo “Dios”, y hay un clamor profundo;
y “Dios”, en español, todo responde,
y “Dios”, sólo “Dios”, “Dios” el mundo llena.

[“Hermanos”, de Dámaso Alonso en Tres sonetos sobre la lengua
castellana
(1958)]

miércoles, 11 de octubre de 2006

martes, 10 de octubre de 2006

Retorno (a Brideshead y al blogg)

Muy rápido decía de mí que era un pez que se escapaba de la red... En estos tres días (estupendos en casi todo lo demás), no he dejado de acordarme del blogg y sus lectores ni de pensar en qué cosas os contaría y cuáles mejor me callo. En ésas, me di cuenta de que el pez que soy no está cogido en la red, sino que ha mordido el anzuelo y que, entonces, como dijo el Padre Brown en un cuento de Chesterton y repitió Evelyn Waugh en su Retorno a Brideshead, puede irse tan lejos como quiera que, luego, con un tirón del sedal (A twitch upon the thread) es suficiente para volverlo a traer.

Father Brown, Chesterton y Waugh, menos frívolos que yo, lo decían de la fe, pero es que con el blogg es parecido. O con la poesía y la forma, como decía Alberti:
Mi libertad es estar preso,
ceñido a ti, gustosamente.
Mi barco zarpa nuevamente
para ir más lejos, de regreso.


Tanto twitch upon the thread, los rayos y los truenos y lo de “ir más lejos, de regreso”, me han recordado que hace ya unas semanas, en una entrada de las que se van quedado retrasadas, un lector me lanzaba un guante que todavía no recogí. Él decía: “A mí me gusta mucho [Retorno a Brideshead], aunque no pueda estar más en contra del mensaje. La escena capital (la supuesta vuelta al redil del padre réprobo) me repugna moralmente, y la mirada de Charles sobre esa escena me resulta incoherente con el personaje. No importa: hay otras muchas cosas en ella, todas buenas, pero sobre todo creo que es el aroma de un tiempo ido lo que nos hace volver.”

Yo, en cambio, creo que esa vuelta al redil es la clave de toda la novela de Waugh, que por eso se llama Retorno. No entenderlo es no entender la historia, su dinámica interna, su trayectoria. Lo mismo sucede a los que se quedan en el Infierno (de Dante), sin comprender que en el último canto del Paraíso está el cimiento de toda la obra. No importa, o, mejor dicho, no importa del todo, porque en ambas obras, como bien decía aquel lector, hay muchas cosas más y todas buenas.

Pero aprovecho la ocasión para resaltar esta analogía entre estos libros que nos acompañan. Y otra analogía más: ninguno de los dos autores, al final, cierra la historia, evitando así, de alguna manera, una moraleja demasiado rotunda. Dante todavía tiene que volver a Italia, sufrir cuanto se le ha profetizado y salvarse (a fin de cuentas, sigue “nel mezzo del cammin de nostra vita”) y Charles Ryder (“I'm homeless, childless, middle-aged and loveless”, dice) aún ha de convertirse. Si Sebastian fue el precursor (“He was the forerunner”) de su historia de amor con Julia, la misma Julia y la conversión de Lord Marchmain también son o podrían o deberían ser precursores...

Ninguna de las dos obras acaba; por eso seguimos retornando a ellas.

viernes, 6 de octubre de 2006

Bloggs de guardia

Voy a escabullirme de la red, como un pez con suerte, durante tres días. Sentiría decepcionar a quienes amablemente acudan aquí a leerme si no fuera porque algunos de los enlaces de mi derecha se quedarán de guardia. Les dejo, sí, pero en las mejores manos.

De verso en verso

En el jurado de un premio de poesía, ayer, decidimos que un libro, entre tantos, dejara de ser inédito. En él brillaba esta cita de Claudio Rodríguez, que yo no recordaba y que no perderé a partir de ahora :
Sólo se pierde lo que no se ama
El parecido es asombroso con un alejandrino de Luis Rosales, que cito (esta vez sí) de memoria:
Sólo puede acabarse lo que al vivir se olvida
Ambos versos son reciamente consoladores y, lo que es más importante, verdaderos. Y lo mejor es que me llevan a repetirme el verso de Leopoldo Panero que más me emociona:
Juntos los dos en mi memoria sola
No se le puede pedir más a la poesía: Panero no necesita hablar de pérdida ni de acabamiento, ni para negarlos. Le basta la soledad de la memoria para asumir nuestra condición pasajera, pero a la vez, qué belleza ese "juntos los dos", tan casi sensual. La alegría del encuentro se tamiza con el tiempo y con la sombra de la soledad de la memoria, que a la vez se redime con su propia persistencia. Por ese vaivén, es un verso inacabable, que nos toca, como quería Borges, como la cercanía del mar.

jueves, 5 de octubre de 2006

Biblioteca ambrosiana

Ayer, me llamó mi hermano Jaime para cosultarme un dato para una conferencia. Quería certificar que fue san Ambrosio de Milán el primero del que se tiene constancia de que leía en silencio, sin alzar la voz. Y así era, como cuenta un sorprendido san Agustín en sus Confesiones. Tanto el libro como la anécdota marcan el descubrimiento de una categoría tan importante como la intimidad. Jaime podía haber buscado el dato en Google, claro, pero es que (para regocijo de Vodafone) la familia es lo primero.

Yo, luego, me pasé el día jugando a las adivinanzas: ¿qué iba a hacer él con esta historia en una conferencia sobre pintura en el Museo del Prado? Y me dio por pensar que tal vez quería hablar sobre los libros de arte, que acercan los cuadros a nuestros silenciosos sillones, sin la voz alta de los populosos y lejanos museos. En nuestra relación con la pintura, la reproducción de las obras de arte ha supuesto una revolución similar a la ambrosiana.

Por la noche, le pregunté a mi hermano y me dijo que no, que no iba a hablar de los libros ni de los catálogos. La idea, en todo caso, me consuela del vivir provinciano, tan apartado de todos los museos que en el mundo son...

miércoles, 4 de octubre de 2006

martes, 3 de octubre de 2006

La risa con que miro el tamaño del premio

Ja ja y, tras hacer una comparación, ja

Una definición más

A pesar de las innumerables definiciones de poesía, se me ocurre otra. Poesía es el texto cuyo resumen ocupa mucho más que el original. Cuanta mayor desproporción entre la sinopsis y el orignal más concentración de materia poética.

La hipótesis nace de leer una soleá de Blanco Garza, y querer comentarla aquí. Para eso, habría que matizar mucho sobre psicología femenina, aventurar toda una historia de amor que se adivina entre líneas, referirse a la sabiduría irónica o a la melancolía feliz del poeta, etc. Afortunadamente, otra característica de la buena poesía es que resumirla, además de imposible, es innecesario.
Yo no sé cuando es verdad,
si cuando me quieres menos
o cuando me quieres más.

lunes, 2 de octubre de 2006

A cada rato lunes

Qué hermoso y exacto título, ¿verdad?, el de ese libro de cuentos de Ulalume González de León que no me atrevo a leer, no vaya a desilusionarme, con lo que me gusta acordarme de él a cada rato, todos los lunes...

domingo, 1 de octubre de 2006

R. S. Thomas

Ahora, con un pie en el estribo para ir a Sevilla a la manifestación de la AVT, yo sólo debería nombrar a R. S. Thomas para afearle su nacionalismo enloquecido, que me quitó las ganas de traducirle (su nacionalismo era galés, pero es misma patología). Sin embargo, me he acordado de él por una idea muy cierta, aunque tampoco consoladora. Explicaba que un poeta nunca podrá ser un sabio porque cuando un poema se le enreda en la cabeza se pasa días y semanas dándole vueltas y vueltas, tiempo en el que un erudito se habrá leído cinco libros con sus fichas correspondientes. Luego, resulta que el poema no valía y esas semanas acaban, hechas un montón arrugado, en la papelera. Yo, ni poema ni nada: ayer me pasé el día sopesando sólo el título (o sea, dos o tres palabras) de la antología de Ibáñez Langlois, y acabé agotado, y todavía no lo tengo claro, y mi papelera, como siempre, supura tiempo perdido...

Suerte que su tocayo y paisano (a su pesar) Thomas More, me dio un antídoto infalible en esta oración:
Give me the grace, Good Lord,
[...]
To buy the time again that I have lost.