sábado, 28 de junio de 2008

De etiqueta

Mi larga adolescencia coincidió con un renacimiento de las puestas de largo y otras fiestas de etiqueta. De ordinario íbamos con los polos por fuera y los vaqueros raídos, pero de vez en cuando tenía su gracia vestirnos como personajes de Evelyn Waugh. No se trataba de un disfraz: de smoking éramos los mismos, aunque algo más galantes con las chicas y más chispeantes en las conversaciones.

No lo recuerdo con nostalgia, que ya habrá tiempo, sino porque viene a cuento. He participado en una reunión de escritores católicos y se ha hablado mucho de etiquetas. Un escritor católico es el que se pasa la vida quitándose la etiqueta de escritor católico, con la excepción (que confirma la regla) de Juan Manuel de Prada, que se la coloca. Tampoco hay que hacerse los mártires, pues las etiquetas están a la orden del día: poetas de la experiencia, de línea clara, epígonos de d’Ors, tranquilos, de derechas, neorrománticos y hasta horacianos, por citar sólo las mías.

Opino que quitarse y/o ponerse etiquetas es perder el tiempo. Ése es un trabajo de los otros. Y muy de agradecer, además. Supone que te leen y que te toman en cuenta. Encima, con buena o mala intención, la etiqueta suele ser un título. O dos: escritor y católico, por ejemplo. Igual que aquellas etiquetas de mi lejana adolescencia, las de ahora tienen su gracia y nos exigen estar a la altura.

viernes, 27 de junio de 2008

Kiko contra Quique

El título de este artículo es un guiño a Miguel Aranguren al que tanto divierte la aliteración de nuestros nombres. Kiko es mi admirado colega Méndez-Monasterio, que se marcó la semana pasada una columna contra los poetas. Y Quique soy yo cuando me llaman los amigos de la infancia. En rigor, Aranguren no es amigo mío de la infancia, pero tuvo el exquisito gusto de casarse con quien sí, y en esto de las nomenclaturas rige el régimen de gananciales.

Que Méndez-Monasterio se ría de nosotros me parece bien. Al fin y al cabo, está dentro de una tradición que va desde Platón hasta el bardo de Asterix. Shakespeare lo expuso con Mercuccio, el principal secundario de Romeo y Julieta. ¿Recuerdan ustedes cuando, herido de muerte, se despide, entre bromas brillantes, de sus amigos? Ése es el destino de muchos poetas: un triple salto mortal del humor desgarrado a la emoción más pura.

Tuvo gracia Kiko ensañándose con nuestra proverbial pobreza. Contaba que iba a tener un encuentro con algunos poetas, y que vigilaría bien su cartera. Me consta que el encuentro ya ha sucedido —yo anduve allí— y habría que preguntarle ahora por su abultada cartera de narrador exitoso. Debe de estar intacta, porque al final, cuando el sector lírico de la reunión fue a tomarse una cerveza (o tres) para refrescarse de tanta narrativa, tuvo que moderarse bastante por falta de liquidez. Menos mal.

Lo que no le perdono a Kiko es que se extrañara de que haya poetas cristianos. Ha herido mi orgullo y mi vanidad. Mi orgullo porque precisamente los poetas, viviendo al borde del misterio, somos refractarios al materialismo. Lo explicaba el brasileño Mario Quintana: “Los poetas son los únicos que no pueden hablar contra los absurdos de la religión. Incluso aquellos que se juzgan materialistas deben sentirse aludidos: la poesía es un síntoma de lo sobrenatural”. Quizá el mayor timbre de gloria de la poesía moderna sea, en palabras del pensador colombiano Gómez Dávila, que “desde Blake, Wordsworth, y el Romanticismo alemán, es una conspiración reaccionaria con­tra la desacralización del mundo”. Pero sobre todo ha herido mi vanidad porque esto ya lo expliqué minuciosamente hace unos meses en Alba. O sea, que Kiko no me lee ni en prosa, el puñetero.

jueves, 26 de junio de 2008

El cuarto poder

Escribo un artículo defendiendo a La Gualda y después me entero de que la selección española va a jugar de amarillo. Pena que artículo y noticia saliesen ayer simultáneamente, porque si no podría hablar del poder de la prensa y hasta creérmelo. Ahora me pregunto si en Cuatro la selección seguirá siendo La Roja o se pasarán, por un partido y sin que sirva de precedente, a La Gualda.

miércoles, 25 de junio de 2008

Sobre gambones

Excepción hecha del Museo del Prado, lo que más emociona cuando llego a Madrid son las cenas que me prepara mi suegra. Mi cuñado asegura que su madre toca una sartén y le da un calambre. Sin embargo, cuando yo llego, ella asume el riesgo de electrocutarse, lo que es muy de agradecer.

Quizá lo único que me una a los socialistas sea la afición al marisco, menos practicada en mi caso, pero grande. Mi suegra lo sabe y no ignora que corren vientos sutiles de centrismo. Para ver si hace carrera de su yerno, el otro día, a pesar de la crisis, me hizo una heroica fuente de gambones al horno. Yo, sin abjurar de mis firmes principios pero enternecido hasta las lágrimas, cogí la ocasión por los pelos y los gambones por los bigotes.

A la mañana siguiente, a pesar de la ducha, las colonias y los obsesivos lavados de manos, seguía percibiendo un ligero olor a marisco a mi alrededor. No extrañaría eso demasiado a ningún madrileño, pues a los que venimos del Puerto de Santa María nos imaginan siempre entre fuentes de bogavantes. Como soy un poco tímido, el efecto lo completaba ruborizándome en las presentaciones, lo que me daba el tono colorado de la gamba cocida.

Hecho un anuncio ambulante de la gastronomía de mi pueblo, me paseé por las redacciones de Madrid. Parece que la socialdemocracia se impone: en todas partes me recibieron con los brazos abiertos.

martes, 24 de junio de 2008

La Biblioteca

Intento escribir este artículo mientras estoy de guardia en la biblioteca del instituto. El ruido es ensordecedor: charlas, risas, unos se levantan, otros se sientan, la puerta apenas para quieta. Los alumnos están de exámenes y la presencia en la biblioteca es voluntaria: o sea, que buenas intenciones (de ésas que empiedran el infierno y enternecen a los profesores) sí tienen.

Pero son incapaces de mantener la vista fija en sus libros más de cinco minutos. El zapping, el surfing por Internet, la I-Pod, los SMS, los chats y los videoclips han creado una atención que derrapa en las curvas. Eso nos afecta a todos y explica en parte el auge actual de la literatura fragmentaria: en narrativa, el microcuento; en poesía, el haiku; en ensayística, las minicolumnas como ésta y los aforismos. Así las cosas, tendríamos que adiestrarnos en una atención estereoscópica que nos permita disfrutar a la vez del Quijote y de las mínimas Obras completas de Monterroso.

Muy cansado de pedir silencio a voz en grito, pregunto a una alumna porqué viene a la biblioteca y no se va a hablar al bar o se queda estudiando en casa sola. “Necesito que me manden callar”, confiesa. Yo le agradezco la sinceridad. Para empezar, algo justifica este esfuerzo mío de pasarme la hora chistando y, para terminar, quizá ella, poco a poco, con ayuda, aprenderá a hacerlo sola, si quiere de veras. “Venga, estudia”, la amonesto.

lunes, 23 de junio de 2008

Google y yo

No pierdo pie con el Príncipe de Asturias. Tampoco con su hermano mayor, el Nobel. He participado como jurado en premios —bastante más plebeyos, por supuesto— y hasta gané alguno en los buenos viejos tiempos. En consecuencia, me cuesta tomármelos en serio. Y cuanto más importantes, peor. Sin embargo, cuando un premio de boato acierta, me alegro. Es el caso de Google, que se ha llevado el Príncipe de Asturias de Comunicación. Hay ahora quien recuerda que, según las bases, el premio tendrían que darlo a personas o instituciones, no a un motor de búsqueda. Da igual: es un premio acertadísimo.

Lo fácil con Google es quedarse en las anécdotas. Que se usa mucho para el cotilleo, por ejemplo. A mí me hace más gracia ver cómo trabaja para la vanidad. Cuando en mi blog nombro a cualquiera, me lee enseguida. Como si lo invocase. Todo el mundo teclea su nombre en Google, y cuenta las entradas que le nombran, y las lee con interés. Conmigo Google no es tan halagador, sin embargo. Busco “García-Máiquez” y la máquina responde con un endecasílabo burlón: “Quizá quiso decir ‘García Márquez’”.

Yo se lo perdono. Lo importante es que ha venido providencialmente para rellenar las lagunas culturales que me había dejado la reforma educativa de Villar Palasí, al que se le ocurrió el BUP. Con la LOGSE nos metemos mucho (y nunca será bastante), pero no está de más recordar que la decadencia educativa comenzó con aquel ministro de Franco. Lo contrarrestaron justo a tiempo para mí y para toda mi generación, Sergey Brin y Larry Page desde California con este motor de búsqueda que permite rastrear la red entera. Los datos que nunca nos enseñaron están ahora a nuestro alcance en cuestión de segundos. Uf, por los pelos...

Alessandro Baricco en su inquietante ensayo Los bárbaros concede a Google un papel central en la configuración de la nueva mentalidad mundial. Con algunos extremos de su libro es fácil discrepar, pero difícilmente se puede exagerar la importancia de Google, y Baricco, aunque lo intenta con todas sus fuerzas, no lo consigue. Sin Google, Internet sería un armatoste inmanejable y nosotros estaríamos mucho peor preparados. Desde aquí yo le otorgo al Premio Príncipe de Asturias el premio de mi aprobación y de mi aplauso. Esta vez ha acertado de pleno.

sábado, 21 de junio de 2008

Cocktail party

Qué serios, qué solos
estamos los vivos,

presentes sucesiones de monólogos.

(Lo peor: me empeño
en contar lo mío.)

viernes, 20 de junio de 2008

Castle

Estaba desbordado por las averías: el pozo sin agua, el ADSL se había ido (¿adónde?), era necesario revisar la electricidad, y todo en el mismo día. Mi mujer también se había ido, la muy ejecutiva, a su empresa, lejos. Llamar a los técnicos es echarle un lazo a un galgo. Y cuando llegan, es echarte la mano a la cartera, toda pulgas. Casi nada tiene remedio. Casi todo es culpa del técnico anterior. Y hay que cambiarlo. Así las cosas, tenía dos posibilidades: o echarme a llorar o recurrir a Chesterton, mi primo de Zumosol.

Preferí a Chesterton. Para él un problema es una aventura mal interpretada, mientras que un problema correctamente enfocado se convierte en una aventura. ¿También los amperios? También. Y como un recuerdo trae otro, estando ya por Inglaterra, me recité la cita: For a man’s house is his castle. ¡Oh mi castillo en ruinas!, pensé; o más exactamente, mi castillo asediado, no por problemas sensatos y ordenaditos, sino por un tropel revoltoso de ellos. Por “un ataque de comanches borrachos”, que diría Miguel d’Ors.

Entonces, de repente, me vi señor de la torre, cercado, sí, de comanches, pero señor al fin y al cabo. ¿Resistiría heroicamente el asedio? ¿Llegaría sano y salvo a la noche, al llamado “reposo del guerrero”? ¿Y podría apoyar mi cabeza (dolorida) en el hombro de la recién regresada y compasiva señora de la fortaleza? ¡Qué emocionante todo!

jueves, 19 de junio de 2008

María José Vela

En el IES de Valdelagrana los alumnos hacen un periódico. Para el periódico me hicieron una entrevista. Y para ilustrar la entrevista la profesora María José Vela ha hecho este cuadro sobre Casa propia:



A mí me gusta muchísimo. Podríamos maliciarnos que es por el principio del batracio ("El sapo a la sapa / la ve guapa") al tratarse de un cuadro sobre mi libro. Pero en mi descargo diré que cuando fui al Instituto hace meses y vi los homenajes de Vela a los poetas del 27 me parecieron mucho mejores que los cartelones oficiales de la Junta de Andalucía... y que la poesía de alguno de los homenajeados.

miércoles, 18 de junio de 2008

Érase una vez

Cuando el chiquitín empezó a gritar que el Emperador estaba desnudo, la gente en general se hacía cruces: “Qué mal educado, cómo chilla”. Insistía: “Va en pelotas, ¿no lo veis?, en pelotas, en pe-lo-tas”. Un notario o registrador de la propiedad se revolvió: “Pero qué novedad, chaval. Claro que va desnudo: a eso aspiramos todos. Es lo más sexy”. El Emperador sonreía ceremoniosamente, arrojando a su paso monedas y subvenciones para jolgorio del pueblo soberano. Cuando acabó el cortejo, el sastre cogió al revoltoso por una oreja y lo denunció por injurias. La jueza naturalmente le condenó: “Ha dicho ‘en pelotas’, huy, en vez de ‘con sutiles transparencias’, que es lo bonito”. La condena: un buen soplamocos. Mientras lo sacaban los alguaciles, avisaba la criaturita: “Llegará el invierno y os resfriaréis todos, todos…”

martes, 17 de junio de 2008

Tal como fue lo cuento

Tengo clases de inglés dos días en semana. Viene la encantadora Patricia Walton, y charlamos una horita en el idioma de Shakespeare (P. W.) y de Toro Sentado (E. G-M.). La conversación no decae jamás porque cuando nos quedamos sin tema, antes de que pase un ángel, yo me lamento de mi pronunciación andaluza y tartamuda, y Patricia me consuela, ponderando lo bien que ella me entiende, mi vocabulario ingente y la extraordinaria fluidez. Así pasamos el tiempo. Otras veces Patricia trae alguna actividad, tipo LOGSE, para hacer la clase más dinámica y participativa. Esta vez se trataba de lo siguiente: ella me pasaba unas cartulinas con un nombre en mayúsculas y varios en minúsculas; yo tenía que conseguir que ella adivinara el nombre en mayúsculas sin recurrir en mi explicación a ninguna de las palabras en minúscula. Era una cosa entretenida. En ésas estábamos cuando aparece en mayúsculas: CONVERSATION. Yo farfullo: “The thing you do with me in these classes”. Ella, arrastrada por la emoción del juego, segura de acertar, exclama : “Flattering!”

domingo, 15 de junio de 2008

Noblesse oblige

Tanta exigencia de paridad para todo apesta a pansexualismo, ¿o no? ¿Por qué hay que escrutar tan simétricamente el sexo de unos y de otras para acceder a cualquier puesto? Y sobre todo, ¿por qué escrutar sólo el sexo? Podríamos proponer otras paridades: entre bajitos y altos; entre optimistas y pesimistas; o entre rubios y morenos, dejando una cuota, por supuesto, para pelirrojos.

Esto ya lo hablamos cuando Zapatero, empeñado en imponer paridades por todas partes, se emperraba a la vez en cargarse la paridad de la única institución paritaria de la historia: el matrimonio. Ahora los tribunales han decidido que es discriminatorio que los títulos nobiliarios se transmitan por línea de varón. El primogénito, hombre o mujer, heredará el título.

Lo inquietante es que así se arregla una discriminación, vale, la hecha por razón de sexo, pero se consagra a su vez otra más medieval todavía: la cometida por razón de primogenitura. El artículo 14 de la Constitución dice: “Los españoles son iguales ante la Ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social”. Pero aquí últimamente sólo se preocupan del sexo, como adolescentes. Lo denunciaba Joaquín Leguina con relación a las funciones del neo Ministerio de Igualdad, diseñado para promover la igualdad entre miembros y miembras, y hacer, mientras tanto, la vista gorda ante las demás desigualdades que hay en España, y creciendo.

En concreto, con lo de la aristocracia, la monomanía actual por el sexo se ve muy clara. Clara y ridícula. Quizá sea éste el último servicio que la institución preste a la sociedad, antes de quedar como un fósil decorativo. Si se quisiera anular en serio la mínima posibilidad discriminatoria habría que extinguir los títulos nobiliarios o dárselos a todo hijo de vecino, como el DNI.

Yo, desde luego, soy partidario de la última opción, y aún diría más: no hace falta que nadie te otorgue un título. Basta exigirse a uno mismo un comportamiento noble siempre. Precisamente esto es lo que ha venido faltando a la nobleza titulada y por eso se ven ahora donde están: en el papel couché y como punta de lanza de la ideología de género, pobres.

sábado, 14 de junio de 2008

Súplica

A menudo tengo la sensación de que soy, como escritor, un lápiz en las manos de otro. Os puede sonar pretencioso, pero fijaos que digo un lápiz, no una estilográfica. O también os puede sonar humilde, pero no olvidaos que digo de otro, nada menos. Y cómo os suene, no importa. Lo que de verdad me preocupa es que tendrían últimamente que sacarme punta.

viernes, 13 de junio de 2008

Aúpa Aído

A Bibiana Aído la están criticando mucho por lo de los miembros y las miembras. En realidad, habría que animarla. Lo suyo es un disparate, sí, pero digno de aplauso, un esperpento esperanzador, una catarsis, un tratamiento homeopático contra la tontería.

A mí la cursilería esta de ciudadanos y ciudadanas me conviene, ojo, pues negándome a usarla doy a mis textos concisión y cierta mordiente reaccionaria. Me preocupa, en cambio, que la cosa acabe afectando a los clásicos. Por ejemplo, Jesucristo, apiadándose de todos, dijo: “Bienaventurados los que lloran”. ¿Habrá ya quienes echen en falta un “Bienaventurados y bienaventuradas los que lloran y las que lloran”?

Si tanta confusión del género con el sexo la mantuviesen en el campo magnético de lo políticamente correcto, seguiría extendiéndose. Se suele ridiculizar en privado, pero en cuanto cualquiera coge un micrófono, recae. La única solución que veo es Bibiana Aído o la reductio ad absurdum. Tuvimos los jóvenes y las jóvenas. Y yo he escuchado a un inspector de educación exigirnos a los profesores y a las profesoras que cumpliésemos los requisitos y las requisitas. Pensé que ésas eran las plusmarcas, pero ha venido Aído.

Afortunadamente, gracias a zelotes de la ideología de género como ella, estamos dando todos un respingo reparador, que buena falta nos hacía. La miembra del Gobierno ha prometido seguir en sus trece… Seguiremos nosotros aído al parche.

jueves, 12 de junio de 2008

La dura competencia

No es bonito que los perros demuestren más alegría que yo cuando llega a casa Leonor. Sobre todo, Carbón. Él, nada más oír a lo lejos el coche, que identifica el tío, se va corriendo hasta la puerta a saltar de alegría y a jadear de expectación. Eso todos los días. Las veces que haga falta. A mí me cuesta mucho levantarme de la butaca, dejar a medias Las palabras de la noche de la Ginzburg, y dirigirme feliz hacia la entrada a ganarle al perro el pulso del recibimiento caluroso. Lo fácil es gritar “hola” desde el sillón, más que nada porque Leonor entra y sale como las olitas del mar, que vienen y van. Me cuesta levantarme y emprender un trote juguetón hasta la puerta, pero no puedo permitir que un bicho me ponga en evidencia. Es la lucha entre el instinto y la gracia sacramental. Antes de que os entristezcáis del todo por mí, os diré con orgullo que alguna vez le he ganado. Y la mayoría de las veces, bueno, pues son derrotas dignas casi siempre.

lunes, 9 de junio de 2008

Correspondencia Gide-Claudel

Copio la descripción que hace del volumen un librero de Barcelona:
Descripción: CORRESPONDENCIA. EPISTOLAR. Castellano. Ed. JOSE JANÉS EDITORI. Barcelona. 1952. 1 vols. 22x15 cm. Enc. TELA EDITORIAL CON GRABADOS DORADOS EN LOMO CON SOBRECUBIERTA ILUSTRADA. 336 pags. 1ª Edición. Retrato en frontispicio de los 2 escritores. Edición de la correspondencia mantenida por los 2 escritores cuando estaban aún con vida. Sobrecubierta ilustrada por Giralt. Leves roces en bordes de la sobrecubierta.
Se ve que el librero ha pensado que debe de ser un epistolario tan trascendente que ha tenido que especificar...

domingo, 8 de junio de 2008

Desnudos

Que la imagen me deja frío, diría, pero es quedarme corto. Llamándose Alaska y tan desnuda y a su edad, los efectos son heladores. La cantante, como saben, se ha desnudado para una campaña anti-taurina.

De tauromaquia hablaremos otro día. De Alaska, ya veremos. Hoy sólo comentaré la moda esta de desnudarse enseguida, como en los anuncios. A veces sospecho que les apetece posar y que la causa es la excusa. Con intenciones diversas y loables, hemos visto almanaques eróticos del cuerpo de bomberos, de unas azafatas, de unas presidiarias, de las madres de un pueblo sin guardería, de un equipo de primera regional, etc. Todavía queda quien considera estas iniciativas un método muy original de llamar la atención. La desnudez, según en qué casos, puede llamar desde luego la atención, quién lo niega, y ha dado momentos de gloria en el arte, pero en lo relativo a la originalidad del método no hay mucho que rascar. Lleva practicándose desde la noche de los tiempos, como es natural.

Aunque parece que no se dejan nada que enseñar, tras las fotos quizá se oculte la pobreza intelectual de nuestra época o su pereza. Esas causas cualesquiera, algunas razonables, no se defienden con razones. Hay quien se desnuda como si hiciese un silogismo irresistible, igual que otros recurren de forma sistemática al sentimentalismo más impúdico. El caso es no argumentar, que eso sí es embarazoso.

sábado, 7 de junio de 2008

Golpe de estética

Yo quería escribir una novela titulada Golpe de estética. Iría sobre un grupo terrorista especializado en hacer saltar por los aires los adefesios de edificios que afean nuestras calles. Los comunicados del grupo estarían redactados en octavas reales o en sonetos. Su anagrama sería el hacha y la rosa. Las compañías de seguros tendrían que subir las primas a los arquitectos vanguardistas y contratarían licenciados en Historia del Arte para hacer sus valoraciones de riesgo. A mitad de la novela habría una escisión en el seno de la banda entre aquellos que pretendían atentar contra María Teresa Fernández de la Vega y aquellos que pensaban —influenciados por el feísimo Sócrates— que nada es más espantoso que un crimen.

La trama daría juego a enjundiosas reflexiones estéticas con un trasfondo de actualidad. El Gobierno de turno intentaría negociar, sin duda. Ofrecería a los terroristas, con tal de que no volasen el Guggenheim, unos puestos de diputados en el Congreso. Habría persecuciones trepidantes y una historia de amor entre la jefa de policía, que iría paulatinamente entendiendo las razones de la banda, y un terrorista, apuesto y exquisito, que acabaría deseando ser atrapado por esa chica tan interesada en la pintura de Ramón Gaya, y tan interesante.

No escribí la novela temiéndome que, por coherencia con el argumento, tuviese que prenderle fuego al manuscrito. Me he limitado a soñarla cada vez que pasaba por delante de según qué edificios. Pero en vista de que yo no daba el paso, la realidad la ha escrito casi al pie de la letra. Frédéric Rabillet, un cartero de 29 años, lector de Hitler y de Lenin, se montó la Fracción Nacionalista del Ejército Revolucionario (FNAR). Este grupo terrorista unipersonal atentaba contra los radares de control de velocidad, despertando una enorme simpatía entre los conductores franceses. Finalmente Frédéric ha sido detenido cuando un artefacto le estalló en las manos.

Parece que el muchacho no va a poner más bombas. Mejor. Además ya ha demostrado de sobra y mejor lo que yo pretendía: la fascinación por la violencia, su creciente banalización y que ninguna causa, por absurda que sea, será jamás tan estúpida como la de los asesinos que ejercen en España el monopolio del terror.

viernes, 6 de junio de 2008

Entrada efervescente

Ayer por la tarde, en Las Ventas, al final de la calle Alcalá, las banderas tremolando al viento, y yo sentado prácticamente entre el Rey y Sabina, pero todos pendientes, asombro y admiración, de Tomás (ver para creer) y del toro y del otro toro, y de repente, tuve la certeza, a medias visionaria, a medias física, de que estaba en el ombligo de España.

Enseguida me acordé de El Cerro de los Ángeles, y me entró pena por mi paganismo y por el de mi patria. Pero no, no, no, me repuse enseguida. El ombligo de España estaba allí; en El Cerro, su corazón.

jueves, 5 de junio de 2008

Un dilema sexual

Ahora que estoy curado y tengo un oído finísimo, oigo el rumor de una sacra discusión que me llega del Paraíso. Dice Mario Quintana: “Lo más desconcertante de la muerte es cuando la gente descubre que el alma no tiene sexo” [Cuaderno H, 9º edición, Editora Globo, 2003, p. 152]. Replica Joseph Joubert: “Dicen que las almas no tienen sexo, pero por supuesto que lo tienen” [The notebooks. New York Review Books, 1983, p. 111]. Yo no sé qué pensar todavía. Más tarde, con la resurrección de los cuerpos, en el valle de Josefat, la cosa dejará de tener tanta importancia.

miércoles, 4 de junio de 2008

En principio, hablar de dinero es una ordinariez. También lo es salir en los periódicos más que en tres ocasiones: el nacimiento, la boda y la defunción. O sea, que en el artículo de hoy me cubro de gloria se mire por donde se mire. Qué tiempos.

martes, 3 de junio de 2008

Las estrellas

Entre los cambios que esto del blogg me ha supuesto, uno de lectura. Ahora busco como un explorador obseso la prehistoria del género, y me recreo pensando en qué bloggers extraordinarios habrían sido Eugenio d'Ors, Bernardo Soares o Bloy. Entre ellos, habría brillado con luz propia el Logan Pearsall Smith de Trivia. Observen qué entrada ésta:
..........................LAS ESTRELLAS

Ganando mi casa contra el viento y la lluvia a través de una noche oscura, un repentino chaparrón, más recio que los otros, me hizo ponerme a cubierto bajo un árbol. Pero pronto el cielo se abrió por el oeste; la luminaria de las estrellas se esparció desde detrás de las nubes. Yo estaba atónito ante su brillo, viendo como ellas colmaban la noche con su lustre. Así que continué mi camino acompañado; Arturo me seguía y se enredaba en un árbol frondoso, resplandecía, se ocultaba por momentos, y emergía triunfante, Señor del Cielo del Oeste. Avanzando por la carretera con mi gabardina y mis botas de agua, mis pensamientos estaban entre las
constelaciones. Yo también era uno de los príncipes del Universo estrellado; en mí también había algo que titilaba, que brillaba.

domingo, 1 de junio de 2008

¿Mande?

Guillermo de Torre, casado con Norah Borges, oía nada más que regular, pero ponía todo su empeño en participar de la conversación. Eso suponía interrupciones, repeticiones a mayor volumen, malentendidos. De Torre, encima, no le entraba por el ojo a su cuñado Jorge Luis Borges. Éste, observando cómo transcurrían las tardes, pontificó: “No hay peor sordo que el quiere oír”.

No querer oír es malo moralmente, pero quererlo hacer a toda costa es pesadísimo para los demás. La gracia de Borges radica en su egoísmo y, por eso, además de un chiste, es un síntoma. Yo ahora, en cambio, me siento solidario con los sordos. Solidario en el sentido estricto de la palabra porque un problema pasajero (dicen) me tiene como una tapia. Uno se pone bien en el lugar de los demás cuando la vida te coloca ahí a la fuerza. Pocas cosas tan mareantes y desorientadoras como no enterarte. Intelectualmente resulta agotador porque hay que construir grandes hipótesis para tratar de seguir a medias la conversación más trivial.

Como lo de Borges me tiene algo acomplejado, en vez de interrumpir la tertulia cada dos por tres, yo me entretengo solo jugando a las etimologías. Y es curioso que se asocien a la sordera palabras del ámbito militar como el “¿mande?”, para pedir una repetición, o como “estar teniente”, para describir nuestro estado auditivo. Quizá la asociación provenga del arma de artillería, donde los bombazos destrozarían los tímpanos. Con todo, no deja de ser tentador imaginarse cierta reticencia psicosomática de los mandos inferiores a entender las órdenes. Si fuese así, también podríamos decir “estoy funcionario”. O en los últimos tiempos, “estoy de lo más Rajoy”, al comprobar cómo éste no atiende a las inquietudes crecientes de sus votantes.

Bromas borgianas aparte, tiene un punto sórdido la sordera. Quien oye mal queda más aislado que los que padecen otras minusvalías. La importancia de la palabra para el hombre no se puede exagerar, y no es por casualidad que la Segunda Persona de la Santísima Trinidad sea el Verbo, ni que fides ex auditu, esto es, que la fe se transmita precisamente por el oído. Cuando se me cure esta sordera, seré mucho más cuidadoso con los que no oyen bien, hablaré alto y claro y repetiré las veces que haga falta… ¿Qué? ¿Que qué? ¿Qué? Ah, ¿que y si no se me cura, qué? Pues ya ven: ármense de paciencia.