lunes, 30 de noviembre de 2009

Levedad

Leve es el pájaro
y su sombra, que vuela,
más leve.

Y la cascada aérea
de su garganta,
más leve.

Y lo que se recuerda
escuchando su canto,
más leve.

Y la nostalgia
de aquel lejano instante,
más leve.

Y la fuga invisible
del paseante amargo,
más leve.

Cecília Meireles, de Mar absoluto (1945)

viernes, 27 de noviembre de 2009

Teología y realismo

El último diario de José Luis García Martín, Hotel Universo (Trabe, Uviéu, 2009), tiene unas espléndidas vistas chestertonianas, a pesar de que el autor no sea un hombre muy religioso que digamos. Chesterton siempre defendió una felicidad de mínimos, o sea, que el solo hecho de existir es ya una aventura extraordinaria, en la que uno encuentra razones de sobra para pasársela dando gracias. García Martín también se pasa su diario dando gracias por la existencia.

Se las da, en vista de que no se le ocurre a nadie más y aun a riesgo de caer en cierta redundancia, a la propia existencia. Su felicidad no es de mínimos, sino de áureas medianías, como la de todo pagano como Dios manda. Pero transmite la misma sintonía jubilosa de Chesterton con el mundo, al que García Martín llama significativamente “Hotel Universo”, un hotel de muchas estrellas, innumerables, a poco que se levante la mirada. Él se encuentra confortable con su vida de profesor universitario, de poeta no reconocido del todo, de crítico temido, de hombre que le suelta lo que piensa al lucero del alba y que, sin embargo, mantiene su buen puñado de amigos, de materialista enredado en historias de fantasmas, de turista incansable y, no obstante, ovetense rutinario. Desde luego, no son pocas ni mínimas ni sencillas esas cosas suyas, pero da gusto ver a un español que está contento (incluso con su sueldo).

Lo traigo a Alba, semanario católico, no por recomendable, aunque literariamente lo es, sino para alegrarme de algo que de pasada me he encontrado en un cajón de la mesilla de noche del Hotel Universo. Una de mis admiraciones más constantes es Jorge Luis Borges, que, para mi incomodidad, había repetido sin descanso que la teología es una rama de la literatura fantástica. Vaya. Yo, que casi siempre le río las gracias al argentino, ante ésta, torcía el gesto. García Martín nos cuenta que, en verdad, Borges sostenía que "la teología y el realismo son las más fascinantes ramas de la literatura fantástica" (pág. 230). Me he llevado una sorpresa estupenda, porque, claro, emparejar la teología con el realismo ya es otra cosa; otra cosa fantástica. Chesterton pensaba eso mismo, como explica minuciosamente en el capítulo IV, titulado “The Ethics of Elfland”, de Ortodoxia.

jueves, 26 de noviembre de 2009

Documentario, de Mario Quintana:

Carta a James —a primera vista, tal vez parezca descolocada en esta sección [o en este blogg], una respuesta al crítico James Amado. ¿Pero a quién más en el mundo, si no a mis lectores, debo una satisfacción de lo que escribo? Siendo así, aquí van las debidas explicaciones.

“Mi querido James;

Leí con asombro y aprecio el ensayo que V. publicó en la Provincia de Sâo Pedro y en el cual tiene la bondad de avisarme de que tomé el rumbo equivocado en poesía. Me apresuré entonces a ver lo que hicieron, según V., aquellos que tomaron el rumbo cierto. He ahí don Pablo Neruda: publica él, en una revista nuestra, una oda a la señora madre de Luiz Carlos Prestes. Abro otra revista y se me aparece el Sr. Camilo de Jesus con un “Poema para Anita Leocádia”, hijita del Sr. Luiz Carlos Prestes. Me desconsuelo. Veo que llegué muy tarde. Ahora sólo me quedan las tías del Sr. Luiz Carlos Prestes…

Mas quiero creer que no es esto lo que usted desea, y que el propio Sr. Luiz Carlos Prestes será el primero en quedar compungido por esas cosas. Por lo que entiendo, desea V. que nosotros, los poetas, nos limitemos a cantar las reivindicaciones sociales de la época. ¡No, eso no es negocio para nosotros, querido James! Pues en vista de la proyección nacional del Sr. Prestes y de la eficiente actividad de adeptos tan sinceros y convencidos como V. y los demás camaradas suyos, es de creer que en breve la cuestión social estará definitivamente resuelta en Brasil. ¿Y qué será entonces de nosotros, los poetas brasileños? Nos quedaremos irremediablemente en paro, sin rumbo alguno, ni cierto ni errado.

Pero felizmente no es así. Hay otras cosas, las cosas eternas, que no se resuelven nunca, gracias a Dios: estrellas, grillos, penas de amor, nostalgias, ángeles, nubes, muertos, amadas, todos los paisajes, alegrías y tristezas de este mundo y del otro mundo. Hay otras cosas... tal y como ya decía el nunca demasiado citado Shakespeare:"There are more things in heaven and earth, Horatio, than are dreamnt of in your philosophy", lo que traducido a buen portugués actual, da lo siguiente: "Há mais coisas no céu e na tierra, o James, do que sonha o materialismo dialético".

Sin más, disponga, etc. etc."

Provincia de San Pedro, junio de 1946

miércoles, 25 de noviembre de 2009

My boys, let us be grave: here comes a fool

Lo malo de escribir y publicar es que no se puede poner uno serio cuando se aproxima un tonto. Así que a ver qué piensa de mí el que yo me sé con este artículo tan frívolo que me ha salido, a ver. Uff. Si pudiese, ahora mismo lo reconducía a esta columna (y a vosotros también, amigos, porque es espléndida) de Francisco Bejarano.

martes, 24 de noviembre de 2009

Definición de clásico

Entre las numerosas definiciones de “clásico” (véase la acepción 3 del DRAE: “adj. Dicho de un autor o de una obra: Que se tiene por modelo digno de imitación en cualquier arte o ciencia” o la 1 del María Moliner: “adj. y n. m. Se aplica a la lengua, al estilo, las obras, los artistas, etc., pertenecientes a la época de mayor esplendor de una evolución artística o literaria"), me quedo con las definiciones clásicas, con las literarias. Oh la gracia que me hizo en la lánguida juventud la de Mark Twain: “Clásico es un libro que todos querrían haber leído y que nadie quiere leer”. Luego me sorprendió la de José Mateos, que tengo que buscar por Soliloquios y divinanzas, pero que venía a decir que clásico es el libro que no hace falta leer: nuestra cultura está tan transida de él que lo recibimos por ósmosis. La de JRJ en Ideolojía, aunque parece altisonante, tampoco es manca: “Clásico, es decir, actual, es decir, eterno”.

Todas rondan una definición con la que, por fin, he dado yo. Perdonadme la presunción: reconozco que las suyas son más bonitas de aquí a Lima, pero no más precisas que la mía. Un clásico es el libro que no podemos dejar de leer. En el sentido básico, para empezar, es decir, que debemos leerlo, a pesar de Twain; y sobre todo, en el sentido figurado. Una vez cerrado, leamos después lo que leamos, o no leamos, como apunta Mateos, estamos siempre, tal y como sugiere Juan Ramón, leyéndolo, es decir, recordándolo.

Me explicaré con un ejemplo, el mismo que me ha permitido decantar mi definición. Estos días no he regresado a Retorno a Brideshead más que incesantemente al hilo de otras lecturas. Lo bonito es que una de ellas venía del pasado, otra era una confluencia y la última una proyección. Me encontraba, por tanto, ante un clásico: no podía dejar de leerlo de ningún modo.

Estaba yo ensimismado con las palabras, palabras, palabras de Hamlet, cuando caí en la cuenta de que la situación (incómoda) en la que se encuentra Charles Ryder en Brideshead, invitado por la madre de Sebastian, para que, de alguna manera, lo espíe, está trasladada del papelón (acto II, escena II) de Rosencrantz y Guildenstern, amigos íntimos, queridísimos, de Hamlet que los reyes hacen traer de la Universidad de Wittenberg para que le echen un ojo (o cuatro) a la melancolía del príncipe. Éste los ve venir (“Were you not sent for? Is it your own inclining? Is it a free visitation? Come, deal justly with me. Come, come. Nay, speak”) y es la pena subsiguiente la que calcó Waugh en su novela.

Vayamos con la confluencia, que no es cronológica, pero vale. Un poema fascinante del primer José Mateos, precisamente, es “Julia Reis”, de Una extraña ciudad, que musicó Loquillo con la voz desgarrada y el rock nostálgico que los versos exigen. Leyéndolo, adiviné en los barcos perdidos de la noche, con distintos aires de época, por supuesto, el mismo viento huracanado del capítulo “Orphans of the Storm”. El que resumiría como nadie la contundente Cordelia: Thwarted passion. Y coincide el nombre de Julia, fíjense, que tiene ecos de calurosas resonancias doradas que se apagan lentamente como una tarde de verano. La amistad tolera los abusos, así que llamé corriendo a Mateos y me aseguró que no había tenido presente Brideshead Revisited al escribir su poema, que lo más probable es que no la hubiese leído todavía entonces. Pero ahí está la novela, paralela a sus versos.

Y finalmente la proyección. He terminado con Introducción a la literatura griega de C. M. Bowra. No ha sido ni mucho menos el menor de los encantos de la lectura saber que Bowra fue el vivo modelo de Mr. Samgrass, el pedante y persistente profesor que persigue a Sebastian por Oxford y más allá. El libro es una conversación sobre literatura griega de lo más amena y uno se la imaginaba teniendo lugar en los salones de Brideshead, mientras esperábamos, copa en mano, a que volviese la partida de caza del zorro, o por la noche, medio a oscuras, después del rosario y antes de la visita a la capilla, amenizada por diapositivas, entre el humo de los cigarros y la ironía de los espectadores. ¿Quién le iba a decir a C. M. Bowra que gracias a una despiadada caricatura uno iba a leerle con tanta ternura? Tendría que escribir un elogio del insulto, y dedicárselo a quien yo me sé, pero eso será otro día.

lunes, 23 de noviembre de 2009

De otra cosa

La melancolía no se puede desaprovechar, es un bien escaso. Y el tono preciso para leer ciertos libros. Corto y perezoso, por tanto, pero dispuesto a coger la leve depresión por los pelos, que la pintan calva, ayer me di un baño de nostalgia en las aguas de las Baladas y canciones del Paraná. Era una nostalgia rara, porque lo era del río Guadalete, a las orillas del cual, prácticamente, leía yo muy recostado. No importaba. La nostalgia es siempre de otra cosa.

Se me pasó nada más desembocar en una canción tan voluntariosa como ésta, la 33:
Hoy quiero soñarte, río,
más pequeño.

Igual que el Guadalquivir,
o más chico, como el Duero.

Y todavía más chico,
más pequeño.

Lo mismo que el Guadalete
de mi pueblo.

Río que sueña en ser mar,
debe ser mar, si es su sueño.

Déjame así que hoy te sueñe
más pequeño.

domingo, 22 de noviembre de 2009

Salto atrás

Casi siempre, soluciono el domingo de blogg con el artículo del Diario. Hoy al revés: resacoso de la gripe, he solucionado el expediente del diario con la entrada del jueves por la tarde. En fin, por mucha teoría teórica de los géneros que uno se ponga a dibujar en el aire, vasos comunicantes.

sábado, 21 de noviembre de 2009

Cantad con inteligencia

Las entrevistas de la contraportada de Alba son siempre muy interesantes. El tema no lo puede ser más: “Hablemos de Dios”, y los entrevistados suelen ser personas de mucho fuste. Aunque la semana pasada no se entrevistaba a un personaje de relumbrón, a mí me despertó un enorme interés personal. Lógico, si se cae en la cuenta de que el entrevistado era yo.

No me interesó por vanidad, sino por ver qué pienso. Para saber mi opinión tengo que escribirla o decirla y leerla u oírla. Y a menudo luego he de quitarme la razón o parte de ella o matizarla, y así voy afinando mi manera de comprender el mundo. Es lo que pretendo hacer ahora. En un momento de la entrevista, declaré que, a diferencia de nosotros (tan exquisitos), Dios mira las intenciones de nuestros textos más que los resultados. Él se parece mucho más a una madre que un crítico literario, remataba.

Y eso es verdad, sí, pero en parte o, mejor dicho, sólo en última instancia. A Dios le gustan los textos muy bien escritos. Nadie más sensible a la belleza que Él, que la ha creado. Por eso, la advertencia de Flannery O’Connor es, naturalmente, mucho más sagaz que la mía: “Sólo se sirve a Dios y la posteridad con artículos bien hechos”. El matiz está en el verbo “servir”. Dios aplaude y gratificará nuestras buenas intenciones, que nos sirven a nosotros, pero servirle, lo que se dice servirle a Él, lo hacen sólo los artículos de primera magnitud.

En el Salmo 47 se exige con rotundidad: “Cantad con inteligencia”. Nada, pues, de cantitos melosos almibarados de sentimientos blanditos. Los escritores católicos tenemos que cantar en los poemas y hablar en los artículos con la mayor calidad literaria. “Porque Jehová el Altísimo es temible”, se precisa en el mismo salmo.

Dando vueltas a este asunto, le he visto una aplicación crítica a la inquietante parábola de Jesús recogida en Lucas 16, 1-8. La del administrador injusto, ¿recuerdan?, que viendo que lo iban a despedir, fue ganándose a los deudores de su amo uno a uno con chanchullos varios. El amo, esa conducta tan reprobable y contraria a sus intereses, la alaba. Aplaude su astucia. Y Jesús remacha: “Ciertamente, los hijos de este mundo son más astutos con su gente que los hijos de la luz”.

La parábola, que a los hijos de la luz nos deja más bien a oscuras, ¿no podría apuntar a que Dios celebra también aquellas obras humanas que demuestran inteligencia y capacidad, por su misma habilidad técnica, con independencia de los propósitos, precisamente como haría un crítico literario? Nada bueno, con el sentido más mundano de bueno incluído, deja de agradar a Dios. Tenemos vía libre, por tanto, para admirar los libros de esos grandes escritores que doctrinal o moralmente sean contrarios a nuestro pensamiento. Podemos incluso elogiarles encarecidamente, como hizo el amo de la parábola.

Y, por nuestra parte, además de los mejores propósitos, por supuesto, tenemos que lograr mejores páginas. Dios seguro que nos valora los primeros, pero a Él se le sirve con las segundas. Lo cortés no quita lo valiente. Ni lo astuto (en la medida de lo posible).

viernes, 20 de noviembre de 2009

Un vaso de violetas

Resulta inverosímil, pero es verdad. La misma mañana (ayer) en que dejaba, con la maleta bien llena, el Hotel Universo, de JLGM, donde he pasado una temporada agradabilísima, me preguntaba qué nuevo dietario ocuparía el hueco de ese género en mi mesilla de noche. Recogí (en todos los sentidos del verbo) un tomo de Desde la última vuelta del camino de Baroja, pero inapetente, quizá porque la gripe daba la última vuelta de tuerca sobre mi estrujado estómago. Entonces llamaron a mi puerta. Eso, a un fervoroso lector de Jorge Manrique, siempre le sobresalta. Abrí. Era un paquete de Pre-Textos con Troppo vero dentro y, además, Vidario, subtitulado a propósito del Salón de pasos perdidos de Andrés Trapiello, do participo.

Encaminé mis pasos a leerme, como era de esperar. Me encontré en la pág. 185, acompañado de un dibujo precioso de Manuel Benítez Reyes en la 184: un vaso con violetas. Leerme me supo raro: sospecho (y ya lo he certificado en varias calas a lo largo y ancho del tomo) que diré en parte lo mismo que todos, y me fastidia; pero salir en parte por peteneras, tampoco tranquiliza. Los monográficos es lo que tienen.

Ahora bien, qué gusto cerrar el libro y saber que me quedo cara a cara con ese precioso vaso con violetas, y cómo tienen que oler por las noches en la intimidad nemorosa de las estanterías.

(Son también un símbolo afortunado de la buena compañía en la que —de la noche a la mañana— me veo.)

jueves, 19 de noviembre de 2009

Haiku power

El belga Herman Achille Van Rompuy contaba entre sus hasta hoy desconocidos y por tanto innumerables méritos con las diecisiete frágiles sílabas del haiku. Habrán sido claves para alzarse con la presidencia de la UE; ya veníamos avisando nosotros en este blogg de que el ascenso del haiku es imparable. Aunque no podamos decir lo mismo de un democristiano, alguien que ama el leve poema japonés seguro que no es mala persona. Aquí, tan atentos siempre a la actualidad política y a la eternidad poética, queremos unirlas siendo la primera página española que traduce la obra del haijin Van Rompuy. Que la disfruten:
La mosca zumba,
da la vuelta, se pierde
sin hacer daño.

............*
Mi pelo al viento...
Años después, al viento
pero sin pelo.

Ley de Murphy

De todos los artículos anti jolgorio que citaba en mi columna de ayer sólo uno no lo había escrito, sino que lo puse llevado por mi entusiasmo (o al revés). Ese único artículo es el que me pide (naturalmente) un buen amigo, compañero de piso de Pamplona, donde no se dio jamás ninguna fiesta-sorpresa, ni de las otras. Como artículo valdría su propia carta. Así que hoy, como no podría ser de otro modo, la entrada me la escriben:

Enrique:

Por favor, envíame los artículos a este dirección. Me gustaría haber leído el de la "fiesta-sorpresa" siempre me ha parecido una idea espantosa. A M. prácticamente desde que la conocí, le avisé que lo que jamás debía hacer, pase lo que pase, nunca jamás es una fiesta sorpresa. Si me organiza una fiesta sorpresa seguro que llegaré tarde a casa (como siempre), y por descontado, ese día llegaré cansadísimo, sin ganas de cenar, solo queriendo acostarme y hasta mañana. En fin envíame tu artículo, porque el otro día me contaron que al pobre B. C. le organizaron una por su cumpleaños (tiene 5 niños), dicen que salió tarde del despacho, recogiendo y llevando niños al tenis, cumpleaños, clases particulares, etc... Y cuando llega a su casa
"to reventao", enciende la luz y se encuentra el hogar lleno de gente. ¡Me cago en diez! ¡Qué putada! Un tío harto de trabajar con cinco niños, y un día entre semana fiesta sorpresa. El personal está completamente loco... B. me contaba que le hizo mucha ilusión... ¡No me creo !

Después de haberme definido "ligeramente" enemigo de las fiestas sorpresa y esas horteradas, espero que tu artículo será tirándole a este tipo de eventos (por si acaso ya voy suavizando). Aunque sea a favor de las fiestas sorpresa, envíamelo.

Un abrazo

miércoles, 18 de noviembre de 2009

domingo, 15 de noviembre de 2009

Corto y click

La semana pasada me colaron un virus informático, que entra por el correo y que se llama Convite Vip. Se lo he mandado involuntariamente a todos mis contactos. Si estáis a tiempo no abridlo. Se llama un troyano, encima, con la simpatía que le tengo yo a Héctor y a su familia. Lo peor es que los virus no vienen solos. Y ahora tengo encima un H1N1 que no se lo salta un aqueo.

En este estado de zozobra informática y biológica, corto y click.

jueves, 12 de noviembre de 2009

Chapeau, Chateaubriand!

Carlos García Gual en su conferencia hizo un repaso muy erudito por las novelas del XIX y del XX que tratan la Antigüedad, cogiendo impulso con una de finales del XVIII de un abate de cuyo nombre no consigo acordarme, y parando —pasándose de frenada— en el siglo XXI con la película de Amenábar y su Hypatia (de la que es favorable) y su san Cirilo (del que no). Pero el caso es que García Gual con quien más se entretuvo fue con Chateaubriand. Dijo, y aunque yo eso ya me lo sabía, me impresionó vivamente, que, gracias a su imparable personalidad y a la mejor prosa de Francia (ea), inició la reacción católica en Europa. Qué importancia puede tener uno, uno solo. A Carlos García Gual lo que le impresiona, en cambio, es la cantidad de árboles que nombra en Los mártires, y que afirmase que todos y cada uno de ellos los había visto. Y por lo visto y lo viajado, no exageraba. Lo contrario de los famosos nenúfares de Villaespesa. Yo confieso que a Chateaubriand lo tengo poco (nada) leído [golpe de pecho] y eso que aquí, justo detrás de donde escribo, descansan los cuatro tomos de El Acantilado de Memorias de Ultratumba, que sólo con el título a uno se le alegra el alma y se le llena de energía la mañana.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Apunte interior

Un punto de equilibrio entre el amor propio y el amor al prójimo: la delicadeza con que el ama de casa prepara la cena para el invitado.

Mea culpa

Lo advertía Agustín de Hipona y a mí me costaba creerlo, hasta que con los años no me ha quedado otro remedio. Decía el santo que sólo vemos en los demás los defectos que tenemos nosotros. Si yo he detectado el egocentrismo constitutivo de Zapatero, es porque cojeo de eso, que me temo que es mi único centrismo.

Así las cosas, sólo tengo una excusa por acusar a alguien de un defecto que también es propio: yo no me he metido a presidente de todos los españoles y escribo, por mi cuenta y riesgo, poesía lírica, precisamente, y un blogg-diario que podéis leer o dejar de leer con un simple click de más o de menos, y unas columnas de opinión (la mía) que compartiréis o no, como es lógico.

martes, 10 de noviembre de 2009

2ª ecografía

Sentimental quiero ponerme lo mínimo, así que inmediatamente, antes de que sea demasiado tarde, pasemos a hacer literatura . En la pantalla se le veía la sangre del corazón a medias roja y a medias azul, o sea, que no se podía negar que era hija de su padre y de su madre. A Leonor le parecía lo más natural del mundo, pero yo, como buen snob, rogué al doctor que me diera una fotografía de esas imágenes que demuestran que tiene a reventar el corazón de sangre azulísima. Qué orgullo.

lunes, 9 de noviembre de 2009

2º motivo de la rosa

Por más que te celebre, no me escuchas,
aunque en forma y en nácar te asemejes
a una caracola, atenta oreja
que guarda el mar en íntimas volutas.

Te pongo en un cristal, frente a un espejo
sin eco de cisternas ni de grutas…
Ausencias y cegueras absolutas
ofreces a la avispa y a la abeja

y a quien te adora, ¡oh sorda y silenciosa
y ciega y bella, interminable rosa
que en tiempo, aroma y verso te transmutas!

Sin tierra y sin estrellas brillas, presa
de mi sueño, insensible a la belleza
tuya que ignoras, porque no me escuchas…

[Cecília Meireles, Mar Absoluto, 1945]

jueves, 5 de noviembre de 2009

Una reseña no escrita

Esta vez (a difierencia de la otra) no me costó ningún trabajo encontrar el nuevo libro de Wisława Szymborska: estaba en todos los escaparates. (El que no hubo manera, dicho sea entre paréntesis, es Pensamientos desordenados de Simone Weil.)

A la Szymborska me encantaría escribirle una reseña con todas las de la ley [indirecta a los de Poesía Digital], pero, mientras tanto, disfrutemos dos poemas del libro sin demasiadas interferencias mías.

El primero a más de uno le traerá a la memoria el poema de Miguel d’Ors titulado “Escuchando a Ella Fitzgerald da en meditar en los misterios del amor de Dios” de Hacia otra luz más pura, que no he podido enlazar porque no se encuentra en toda la blogosfera, y nosotros que nos lo perdemos. Sería curioso compararlo con este de W.S.:
................ELLA FITZGERALD EN EL CIELO

Le rezaba a Dios,
le rezaba ardientemente,
para que hiciera de ella
una feliz chiquilla blanca.
Y si ya es tarde para esos cambios,
pues al menos, Mi Señor, mira cuánto peso
y quita de aquí como poco la mitad.
Pero el misericordioso Dios dijo No.
Simplemente puso la mano en su corazón,
le miró la garganta, le acarició la cabeza.
Y cuando todo haya pasado—añadió—,
me llenarás de júbilo viniendo a mí,
mi alegría negra, mi tonel cantarín.
[En polaco no riman los dos últimos versos, aunque tratándose de un poema a una cantante, no deja de tener su gracia. Lo que vale por una clase de traducción es la razón por la que han traducido el título “Ella Fitzgerald en el cielo” cuando en v.o. es “Ella w niebie”, sin apellido que valga. En español Ella se puede leer como ella, claro, y sería un lío.]

Mi otro poema favorito trae esta vez al recuerdo la poesía de José Jiménez Lozano. Además de traernos mucha paz y alegría, que falta nos hacen:
...................VERMEER

Mientras esa mujer del Rijksmuseum
con esa calma y concentración pintadas
siga vertiendo día tras día
leche de la jarra al cuenco
no merecerá el Mundo
el fin del mundo.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

La intimidad intimidada

Quizá automotivado por mis vidas y venidas, el primer párrafo del artículo de hoy es una confesión en toda regla. El resto es política. Pero ese primer párrafo describe exactamente mi actitud como columnista, que no es una actitud de columnista.

martes, 3 de noviembre de 2009

Totoro y yo


Qué chico es el mundo, sí, pero qué grande a la vez la Aldea Global. Me entero en Argentina de que en Madrid ponen となりのトトロ, así que en el Puerto tomo corriendo un 猫バス o Nekobasu o gatobús que me planta en un periquete en Martín de los Heros, esquina plaza de España, y veo la película. Voy con Mónica y Jaime. Y Jaime, en el célebre juego del caínyabel, me gana dos a cero.

Uno a cero: desde que la niña Satsuki ha exclamado: “¡Somos el viento!”, siento que Hayao Miyazaki me acaba de regalar el primer verso de un haiku, pero no logro seguir solo o no hace falta. Sin embargo, cuando Totoro salta bajo un árbol para que con el temblor de tierra le caigan las gotas de lluvia redobladas, recuerdo un haiku de Jaime:
En cuanto escampa,
se refugia la lluvia
bajo los árboles.
A la salida, encantados, comentamos la mágica sincronía entre la emoción del mundo infantil y el interés nuestro de mayores que consigue la película sin hacer trampas. Jaime entonces apunta: “Es como en Platero y yo”. Y lo es. Dos a cero.

lunes, 2 de noviembre de 2009

Vidas y venidas



Por muy vulgar y corriente que sea la existencia de cualquiera, desde el momento en que se pone a contarla se da de bruces con un problema de primera magnitud: la verosimilitud. Con desconcertante frecuencia, nos pasan cosas extraordinarias, literalmente increíbles. El escritor ya irá viendo cómo soluciona esa papeleta, pero la enseñanza fundamental, desde el principio, está clara: la vida es fantástica.

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Cosas tan íntimas que sólo pueden decirse en público.

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Escila y Caribdis: la autocomplacencia y la falsa humildad.

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Cuando me recriminan tanto impudor y transparencia, me sale una respuesta grandilocuente: “Hay más cosas entre mi pecho y mi espalda, Horacio, de las que caben en mi literatura”.

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Escritor autobiográfico: redundancia (que muchos ignoran).

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El escritor de ficción se escapa; el autobiográfico se persigue. Sólo los buenos de uno y otro signo se alcanzan.

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Para salvarse, el personaje aspira a persona, la persona a personaje. Cuando se cruzan por la calle, se saludan ceremoniosos e irónicos, pensando: “¿A dónde se creerá que va éste?”

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El escritor autobiográfico es un vividor. El tiempo, de negro, le escribe su obra, menos el final, que es lo más difícil, que se lo encarga a una afamada profesional, la muerte.

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El Juicio Universal será menos violento para el escritor autobiográfico.

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El lema del escritor confesional: “También la verdad se inventa”.


domingo, 1 de noviembre de 2009

Perspectivismo y personalismo

El artículo de hoy, más bien divulgativo, no dirá nada que no sepan los lectores del blogg. Sin embargo, de pasada toca un tema que habría interesado al mismísimo Ortega y Gasset. Si hacemos una lista de los libros más importantes de la literatura universal, los títulos cambiarán un poco según la nacionalidad y la lengua: Quevedo en vez de Donne o Bécquer por Baudelaire, ¿no? Se trata de un caso clarísimo, acotaría Ortega, de perspectivismo, un perspectivismo de libro, vaya.

También tiene cierto interés mi tendencia a hablar de autores más que de títulos. Sobre todo, con los poetas, pero con todos. El personalismo me puede.