miércoles, 30 de noviembre de 2011

In medio, virtus

Profesor peripatético, expliqué en clase la idea de Aristóteles de que la virtud está en el justo medio, una cima entre dos simas, una por exceso y otra por defecto. En el examen propuse una lista de virtudes, para que determinaran sus dos abismos, uno a cada lado. Ha resultado muy interesante e ilustrativo. El exceso de "Fidelidad" ha sido una de las estrellas: "Soso", puso uno; una, "Calzonazos". De "Generosidad" y en la columna de las exageraciones un genio precisó: "Pobre (solo)", que podría ser un epigrama quevedesco. La mayoría se decantó en este caso por "Tonto". Otro alumno propuso como exceso de "Sinceridad": "Chivato", que no está nada mal. Quizá forzando la mano, les propuse "Moralidad" como virtud, y ellos, ni cortos ni perezosos, dándome un signo de los tiempos, se lo tomaron en una abrumadora mayoría como "tener la moral alta", en plan equipo de fútbol, y me pusieron como defecto la depresión o el desánimo y como exceso la euforia o la autoestima disparada. Uno sí cogió onda y escribió, de defecto, "Irse al infierno" y como exceso "Ser un cura". La otra que sí, exclamó como exceso: "Mojigato", que estaba tan bien puesto y era tan contundente que pensé: "¿Irá por mí?" 

martes, 29 de noviembre de 2011

Sobre (o bajo) el perfume


Ahora que, advirtiéndonos del Adviento, llegan los anuncios de perfumes, es un buen momento para poner al día mis observaciones u olfativaciones. Ya sabía yo que hay de todo: los perfumes exóticos que marean; los malos que espantan; los leves, aleves… Pero el otro día en una cafetería comprendí lo más importante: un perfume demasiado bueno es un problema añadido. No lo lleva la mujer, sino que ésta acaba siendo llevada por el propio perfume. Parece un juego de manos literario… hasta que se ha olido. Es una sensación absolutamente real. Esto complica mucho las cosas, desde luego. Quizá no queda más solución que probarse el perfume y preguntar a alguien con sensibilidad y, más difícil aún, con sinceridad: ¿quién manda, el perfume o yo? ¿Quién lleva a quién?

lunes, 28 de noviembre de 2011

Santiamén


Explico a mis alumnos la ley de la utilidad decreciente del dinero. Se trata de que cuanto más dinero se tiene menos útil resulta. Los primeros cinco euros son vitales para subsistencia. Pero cinco euros sobre un patrimonio de cincuenta mil valen menos que el chocolate del loro. Todos lo entienden y se asombran de que un billete no valga ni mucho menos lo mismo según quien lo tenga. Por eso, moral aparte y hasta solidaridad fuera, es tan valiosa (generadora de valor) la limosna. Salen cinco euros de una mano en la que valían muy poco y, en un santiamén, pasan a otra mano en la que significan muchísimo. Casi un milagro. 

viernes, 25 de noviembre de 2011

¡Psssh!


Se admiran de que Dante leyese en una calle de Florencia y que pasara por su lado una bulliciosa procesión sin que se diera cuenta. Se pone como ejemplo de su capacidad de concentración lectora. No se puede dudar de mi fervor dantesco, pero aquí se equivocan los hagiógrafos. Se lee perfectamente con ruido exterior, entre una procesión o en cualquier bar de cualquier pueblo, porque el ruido te fuerza a no apartarte ni un ápice de las líneas. Lo difícil es no distraerte en el silencio, cuando la imaginación está más viva que nunca. No hay mayor incordio para leer bien —lo ignoran los que no son aficionados— que uno mismo. 

jueves, 24 de noviembre de 2011

División

Se me lamenta un alumno de su accidente de moto. No son las heridas solamente, sino que ha tenido que interrumpir sus entrenos de fútbol, con lo duro que estaba trabajando y las ganas que tenía. Le veo tal brillo en la mirada que le pregunto si va a ser deportista profesional y me dice, arrobado, que su aspiración es llegar a jugar en Tercera División, que a ver si hay suerte. ¡Es impresionante lo que mis alumnos tienen que enseñarme! Qué maravilloso ejemplo. Tanto rollo con lo del poeta menor, oh, el ruiseñor que oímos cantar una tarde, y bla bla bla, pero todos con la vista clavada en Borges, inyectada. Y sin ese brillo en la mirada de mi alumno por alcanzar, ¡ojalá salgan bien las cosas!, la Tercera División. 

miércoles, 23 de noviembre de 2011

¡Felicidades!

Contando, como hay que contar y cuento siempre, con el sacerdocio común, estoy en 1, 4 y 6, nada menos. ¡Esto lo explica todo (o casi todo)!

Hoy cocina no

Que el día, por muy bien que fuese, iba a ser complicado lo vi claro a la media hora de levantarme. Leonor, antes de salir corriendo para su trabajo, me pidió que le dijese a Ana, la nueva chica rusa, que no hiciese nada para comer. Como yo iba a estar fuera todo el día, almorzarían sobras. "Ah —dije—, vale". Pero cuando me oí explicándole a Ana, que no habla apenas español: "Dice la señora que hoy cocina no. No comida, no [señalando la vitrocerámica]. Hoy, sobras [y señalaba la nevera]. Porque yo [y me señalaba el pecho], porque yo no como en casa, ¿entiendes?", me sentí ridículo y de un egoísmo cósmico. Vaya argumento y, sobre todo, vaya argumento para explicarlo uno, y encima gesticulándolo. La rusa me miraba sin entender nada, no sé si por el idioma o por la situación. La vergüenza ya no se me quitó en todo el día. Me acordaba de pronto en el tren, en Madrid, durante la comida, en el taxi, a la vuelta, y me volvía a poner colorado. Y la cosa es que gracias al bochorno he caído (el matrimonio es una miopía) en lo delicado y desmedido del gesto de Leonor.

martes, 22 de noviembre de 2011

De vuelta

Cielo nublado, 
vaho en el parabrisas, 
las gafas sucias 
y yo miope, pero 
aún se ve una estrella. 

Regen, regen...


Sólo lo escuchaste dos veces.
En Santa María la Blanca
por vez primera; años después,
en un teatro madrileño,
la mujer del poeta amigo
(los mismos que en Toledo),
le pidió que te lo cantase
a la dama judía misteriosa,
que nunca más volviste a ver.
En vano te afanaste
por encontrar la pieza.
Pero a lo largo de los años,
aquella solitaria lluvia
ha seguido calándote el alma.
Te espera tal vez al otro lado.

Este poema aparece recogido en la antología tal vez final del poeta Ricardo Defarges (Barcelona, 1933), titulada Este don a la muerte (Renacimiento, 2011).  Lo mejor del poema es cómo salva una anécdota gracias a la trascendencia que se adivina en el último verso, que —sin énfasis— se anhela. Pero es emocionante ver que bastaron dos ocasiones para que esa soñada y añorada música siguiese calándole el alma. Quizá la facilidad de reproducción de ahora mismo trivialice la música y el resto de las artes, que nacieron para el recuerdo en el alma, y no para dos o tres clics y ya.  


[Actualización: ¡CLIC!
y tampoco se pierdan abajo el comentario de Borges-Balaverde]

lunes, 21 de noviembre de 2011

Poker face


He preguntado en el examen tipo test qué había votado yo, poniendo cinco opciones: PP, PSOE, IU, UPyD y en blanco. Por supuesto, avisaba que esa pregunta la tenían bien todos, que se trataba solamente de autoevaluarme como profesor y tal y cual, que dicen los pedagogos. Han puesto de todo, incluso, IU. Estoy encantado conmigo mismo, por la exquisita neutralidad (¡quién lo diría!) con la que por lo visto explico y me comporto. 

Entre mis compañeros, en cambio, ha habido mucha felicitación por los pasillos, qué cosas. "Al menos tú estarás contento", me han llegado a espetar. Es bien curiosa esta presunción ideológica que hacemos todos, azuzada además por el morbo de que el voto es secreto, y entonces queremos adivinar. Yo no tenía tiempo de dar demasiadas explicaciones, pero he tratado de estar más hierático que nunca. Cualquier sonrisa tenía hoy una automática lectura electoral, y cualquier mohín de disgusto también. 

El que no sabe esto o, con tantas bromas, salió pepero, es Enriquito; que fíjense cómo amaneció hoy:


sábado, 19 de noviembre de 2011

Las mejores llamadas

No hablo de Carmen de nuevo para ver si levanto las estadísticas del blogg en el sábado, que es el día más mortecino (para esto), sino por la anécdota que sigue. Publiqué en Alba esta nótula: 

                  LAS MEJORES UNIVERSIDADES 
Se ha inundado de repente la blogosfera de glamorosas fotos y prestigiosos listados de las mejores universidades del mundo. Las he visto varias veces, con los ojos como platos. Impresiona mucho el predominio de los campus norteamericanos. Lo que nos permite hacer una primera lectura geopolítica: no será para tan pronto como dicen algunos —que parece que lo están deseando— que China se haga con la hegemonía mundial. Estoy dispuesto a apostar, incluso, aunque no acostumbro. Las universidades europeas tardan un poco en aparecer, y son las británicas las que se llevan la palma. Mi mujer me riñe porque, con 18 meses que tiene mi hija, me preocupo ya de problemas como la adolescencia precoz, así que no le diré que he empezado a dar vueltas al problema de su universidad. Pero se me hará duro, lo digo desde ya, que mi hija, que se lo merece o merecerá, no vaya a la mejor universidad o a una de las mejores del mundo. Menos mal que, cuando más abrumado me encontraba por estas amargas preocupaciones, he levantado la vista, y me he topado con mis estanterías de libros, repletas de ediciones de bolsillo de los grandes maestros: la Biblia, Cervantes, Shakespeare, Esquilo, Santa Teresa, Dante… Todos esos impagables (y baratos) volúmenes estaban al alcance de mi mano y, dentro de nada, lo estarán de la suya, por ahora, ay, destructoras, pero pronto lectoras. Ni la mejor universidad, siendo tan importante la universidad, es capaz de aunar este claustro de profesores que aquí tengo yo y puede tener cualquiera. Es un alivio, verdaderamente. 


Anteanoche, me llamó una señora para consolarme. Lo había leído y llamó corriendo al director del semanario, sobre el que tiene cierto ascendiente, para pedirle mi teléfono. Se me presentó, se excusó y pasó a consolarme muy bien, incluso con citas de don Antonio Millán-Puelles. Me dijo que tampoco me preocupara por cosas tan a largo plazo, que la vida da muchas vueltas. Y, hecha su obra de misericordia, colgó, dejándome mucho más tranquilo y sonriente. 

viernes, 18 de noviembre de 2011

Un as en la manga

Este poema de Jesús Alonso Burgos, en Estrategias de la usura (Rialp, 2011, Premio san Juan de la Cruz) es estupendo por dos razones de peso. Primero, porque sí. Y segundo, porque adivino entre líneas —aunque puedo equivocarme— un eco de Wislawa Szymborska, que es uno de los mejores ecos que se pueden tener. 

                    JUEGO Y DESCARTE

El secreto está en el descarte:
desprenderte de las cartas malas
para coger nuevos triunfos,
naipes
que te aseguren la victoria.

Tiras un seis
porque esperas un rey,
tal vez un as.

Pero no te llega el rey
ni el as;
sólo un cuatro.
Has calculado mal.

Tiras un instante
porque esperas
el absoluto,
tal vez un dios.

Pero no te llega el absoluto
ni el dios,
ni siquiera
una caricia
o una ofrenda.

Te has descartado mal.
Otra vez has perdido.
¿Cuándo vas a aprender a jugar?

Algún día
nadie te dará la revancha;
entonces perderás sin remedio.

Lo mejor sería que aceptases
tu incapacidad para el juego,
tu mala fortuna, si prefieres,
y quedarte con el seis y el instante.

Por lo menos son un seis
y un instante. 

Carmen bate récords

El récord absoluto de visitas de este blogg fue el anuncio del embarazo de Carmen, cuando no sabíamos que sería Carmen, aunque se la veía venir. Hoy he visto que el segundo pico histórico han sido los limones de anteayer. Jo, con la niña. Menos mal que ni Dante ni Chesterton se pondrían nunca celosos con esto. Yo sí soy más quisquilloso, pero con Carmen no. 

jueves, 17 de noviembre de 2011

Otra imagen de Pla


Algunas obras completas, de tan amplias, espantan al lector. No la de Josep Pla. La suya, muy voluminosa, es una fuente constante de placer. Como no sube la voz, no avasalla. Como juega a la superficialidad, no obliga, no pesa sobre nuestra conciencia dejarnos pendientes unas miles de páginas. Es más: su cantidad tranquiliza porque sabemos que siempre encontraremos nuevos aciertos pequeños y preciosos en sus páginas. Hoy le leo que los almanaques se deshojan como una alcachofa. Parece una imagen sencilla, pero qué va. Además de la aliteración, es en otoño cuando adelgazan los tacos de los almanaques y es ésta la temporada de las alcachofas. Y uno ve las hojas (unas y otras) finísimas, traslúcidas, flexibles y, finalmente, arrugadas, y siente su sabor de tiempo escaso, dulce y delicado.  

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Cambio de querencia


Antes, cuando no tenía tiempo o fuerzas, me dejaba ir y me salía solo un artículo de o sobre o --levemente-- contra mi suegra. Ahora, me sale solo uno de, sobre o descaradamente alrededor de mi hija. Hemos salido ganando todos.  

martes, 15 de noviembre de 2011

El dragón

Escribiendo un miniensayo sobre G. K. C. titulado “Chesterton, aforista sobrevenido”, doy como ejemplo de la naturalidad con que le salían sin querer máximas, sentencias y greguerías la primera frase que publicó en su vida, siendo un preadolescente, en la revista de su cole:


El dragón es la más cosmopolita de las imposibilidades.


Y me quedo pillado del genio del maestro, de su precocidad y de su coherencia. Literalmente con la boca abierta. Porque:


1- Efectivamente, es una greguería como la copa de un pino.


2- Ahí está ya (¡en su primera frase!) su amor, que sería vitalicio, por los cuentos de hadas con un toque medieval.


3- Y su enfrentamiento, como un san Jorge, contra las fantasmagorías en defensa de esa doncella encantada que es la realidad.


4- También su desdén genético por el cosmopolitismo.


5- Y desde luego la gracia.


Qué monstruo.

lunes, 14 de noviembre de 2011

Gestionar, gestionar

El otro día me descubrí disfrutando de lo  lindo de mis gestiones. Veía enormemente satisfactorio eso de ir tachando encargos de una larga lista a costa de esperas en colas insufribles, de discusiones con minuciosos funcionarios, de cogerle las vueltas a los vuelvas-usted-mañana y toda la pesca. ¿Cómo podía ser eso? Pues porque —noté espantado— eran una excusa para no trabajar en lo mío, que es más exigente y comprometido. Recordé el verso de Manuel Machado: “el mar, el mar y no pensar en nada” y vi que yo estaba en “gestionar, gestionar y pensar menos que nada”. Me he encerrado en mi cuarto y ya haré los papeleos cuando me manden un apremio. Mal están las gestiones burocráticas si nos fastidian, pero si nos gustan es muchísimo peor. 

domingo, 13 de noviembre de 2011

Dar de comer en la boca


Comulgar en la boca había sido lo habitual y vuelve. El Papa no da la comunión en la mano, esperando que cunda el ejemplo. Se aduce que es mucho más respetuoso con la Sagrada Forma que eso de que vaya de mano en mano, como una moneda. Yo estoy del todo acuerdo. Pero nadie ha dicho —hasta donde sé– que la comunión en la boca es, además, un gesto muy tierno de amor. A los hijos se les da la comida en la boca, que abren con una confianza que emociona, y los novios a veces también tienen ese detalle entre ellos, y en el matrimonio más de vez en cuando, pero alguna vez, sobre todo si uno está malo. Es un súmmum de cariño, tanto que da hasta corte contemplarlo. Es un motivo más, cotidiano y sentimental, para comulgar en la boca. 

viernes, 11 de noviembre de 2011

A mi esposa


Sin ti soy triste cosa y triste cosa 
Sin ti me lleno de humo y me extravío 
Sin ti me armo un lío y me armo un lío 
Sin ti mi esposa busco en ti mi esposa 

Contigo la hosca vida es cosa hermosa 
Contigo sin dinero compro un río 
Contigo nunca lloro y siempre río 
Contigo viajo al cielo en mariposa 

Yo no te he dado nada y sin embargo 
Sin darte nada tú me has dado una 
Una mejilla donde puse un beso 

Y tú me has dado eso y me hago cargo 
Y tú me has dado el queso de la luna 
Y tú me has dado eso eso eso

Hoy es un día estupendo para releer este soneto de Carlos Edmundo de Ory y no sólo porque el 11/11/11 es el primer aniversario de su muerte. No se sabe bien dónde, pero el poema entero rebosa amor conyugal y dulce picardía. Y no dejen de fijarse muy bien en el detalle de la mejilla, que tiene mucha tela. Ory le agradece a su mujer que le haya dado una mejilla en la que poner su beso. No le agradece un beso, no, sino la oportunidad, la ocasión y el lugar de darlo. Qué finura de espíritu. Lo mejor del amor es que nos dejen amar, ése es el más maravilloso de sus regalos. Si tienen una mejilla a mano, no lo duden: dejen allí su beso. No desperdicien el privilegio. 

jueves, 10 de noviembre de 2011

Confiteor


Entre los best-sellers, arrasa Yo confieso de Jaume Cabré, una novela que reúne todos los requisitos para triunfar: anticlericalismo, progresismo, catalanismo y esnobismo cultural, y que es, aún así, una novela estupenda. Y una curiosa y muy seria y quizá inconsciente defensa de la confesión sacramental. La tesis de fondo del libro es que el mal no puede racionalizarse, que la única forma de enfrentarse a él es a través de la narración. ¿Y qué ha apostado más por el enfrentamiento narrativo contra el mal que el sacramento del perdón, como lo llaman ahora? No es casual que aparezca tanto en la novela, y que Confiteor sea el estribillo del libro, y su título.

Aunque para confesiones, este poema, que, como quien no quiere la cosa, nos dice que el marco incomparable de una buena confesión ha de ser el amor y que el arrepentimiento convierte cada cicatriz en una condecoración.  ¿Tendré que confesarme de envidiarlo? Quizá valga con que os lo diga aquí. 

miércoles, 9 de noviembre de 2011

lunes, 7 de noviembre de 2011

Sólo rima

El protagonista y narrador de la novela El antólogo de Nicholson Baker es el antólogo Paul Chowder, un poeta menor y ya mayor. Está enfrascado en una selección de poesía rimada que se va a titular Sólo rima. Se ha atascado con el prólogo y, de rebote, se le ha atascado la vida. Entre unas y otras vicisitudes, va soltando reflexiones sobre poesía que, sin ser grandes novedades, rebosan sentido común. Para mí son lo mejor de la novela con diferencia. Aquí las he antologizado y, por suerte, no tengo que escribirles ningún prólogo:
¿Qué es la poesía? La poesía es prosa a cámara lenta. Ahora bien, eso no es cierto en los poemas rimados. Los poemas rimados son diferentes. Pero los poemas en verso libre que escriben la mayoría de los poetas hoy en día —el tipo de verso en que yo escribo— son prosa a cámara lenta. 
Mi vida es un embuste.
[…] 
Y ¿saben qué? He leído demasiados poemas difíciles. He dejado la comprensión en suspenso en demasiadas ocasiones. Y también he escrito poemas difíciles. Nunca más. 
[…] 
Un truco útil que les puedo dar es: copien los poemas. Absolutamente de la máxima prioridad. Apréndanselos de memoria si quieren, pero lo principal es copiarlos. Háganse con una libreta y un bolígrafo y copienlos. Se quedarán atónitos de lo mucho que eso les puede ayudar. Verán resultados inmediatos en su próximo poema, se lo prometo. [Lo mismo les digo yo de la prosa, y nótese que predico con el ejemplo]
Otro truco: si tienen algo que decir, díganlo ya. No lo dejen para más tarde. […] Si se reservan no funcionará. Comiencen por decir lo que verdaderamente quieren decir y el mero hecho de decirlo les llevará al siguiente verso y luego al siguiente y al siguiente. 
[…] 
Otro consejo: el término “pentámetro yámbico” no vale. No vale para nada. Es causa de muchos disgustos y confusiones, y de pésimos encabalgamientos. 
[…] 
La cuestión es esta: básicamente estoy dispuesto a cualquier cosa. Estoy dispuesto a cualquier cosa con tal de que me salga un poema verdaderamente bueno. Quiero conseguirlo. Esa es mi meta en la vida. 
[…] 
No, no, las rimas no estaban gastadas, no pueden llegar a gastarse, a menos que la propia lengua inglesa se gaste, porque las palabras rimadas en realidad no son sino los sonidos finales de frases completas y de versos completos. Lo que importa no es “aliento” y “tormento” hayan rimado alguna vez, sino que los dos nuevos versos que acaban con “aliento” y “tormento” sean versos interesantes y bellos. Aunque la verdad es que a veces hay rimas a las que conviene dar un respiro de un siglo o dos. 
[…] 
Si te has aprendido algunos poemas de memoria, los poemas de vez en cuando levantarán un dedo destellante en tu memoria, y eso es muy bonito, siempre y cuando lo guardes para ti. 
[…] 
… pero no cuento los poemas largos porque pienso que en la mayoría de ellos hay poca cosa buena. 
[…] 
Escribí una frase: “Reunir una antología es una experiencia extraña”. […] Me paré, la mediocridad de mi breve frase me golpeó como un directo al bazo. Pero es de veras una experiencia extraña, porque una y otra vez tienes que decidir si estás dispuesto a responder personalmente de un poema. Aunque no sea tu poema. Es el poema de otra persona, escrito tal vez en el país de otra persona, en el siglo de otra persona. Estás trajinando posesivamente con él en tu mesa, como si fuera una obra tuya, pero no lo es. 
[…] 
Lo que ocurre con la vida es que la vida es un tema inagotable. 
[…] 
Y a veces es difícil decir la verdad porque es difícil ver la verdad, porque la verdad reside en un no-espacio nebuloso, gris, entre dos falsedades de carga potente que suenan verdaderas pero no lo son. 
[…] 
[En las librerías] Los libros de poemas van directamente a la sección de poesía. No hay poesía de no-ficción y poesía de ficción. 
[…] 
La poesía es un refinamiento controlado del sollozo. Debemos asumirlo. Y, si eso es cierto, ¿queremos verdaderamente dar a la gente medicamentos para que no lloren? Pues no, porque si lo hacemos la poesía morirá. La consonancia de las rimas es una poderosa forma de automedicación. 
[…] 
No es mera coincidencia que Auden fuera un aficionado compulsivo a los crucigramas y un forjador de rimas, y un depresivo, y un fumador, y un bebedor, y un hombre que entró arrastrando los pies calzados de pantuflas en el servicio fúnebre de Louise Bogan. 
[…] 
Cantar es el deseo de entonar algo que va más allá de las palabras, pero que se apoya en ellas. 
[…] 
Frost dijo que el verso libre es como jugar al tenis sin red 
[…] 
A veces, si puedes aguantar hasta una edad avanzada, es posible que tengas otra floración tardía, como le ocurrió a Yeats. 
[…] 
Podía poner mi mano ahuecada en su cadera saliente o en sus soñolientas tetitas. Eran los buenos tiempos. Ese ahuecamiento de la mano es como la rima, lo que se percibe como el amoldamiento de dos formas coincidentes. [Véase GKC
[…] 
Una cosa que verdaderamente me gusta de los libros de poesía es que, sea cual sea el sitio por donde los abras, caes en un principio. 
[…] 
Samuel Daniel… el título de libro de poesía que prefiero entre todos: Ciertos poemillas impresos recientemente. 
[…] 
Y piénsenlo un poco: pueden poner hoy la música house trance más fantástica, más alucinante, y resulta que rima. […] Y si tiene esa energía es porque rima. 
[…] 
Lo cual aporta otro buen argumento a favor de la memorización, si lo memorizas, puedes quedarte sólo las partes del poema que te gustan, sin que los versos deficientes se pavoneen ante tus ojos. 
[…] 
[Sobre el encabalgamiento] En lugar de eso la sintaxis te da un empellón y dice espabila, muchacho, sigue caminando, no descanses. 
[…] 
El verso libre es simplemente un acomodo emotivo de palabras melifluas que exigen una lectura lenta.
[…] 
Mi vida es necesaria porque defiendo la idea misma de la poesía contra viento y marea. Ese es mi trabajo. 
[…] 
La muerte de la rima con lo que tiene que ver en realidad es con la traducción. Todo el mundo empezó a querer escribir poesía que sonase como una cuidada, arrobada versión en prosa de las baladas entonadas por un trovador de dulce voz en un país lejano. 
[…] 
¿Me estoy convirtiendo en un crítico? Perfecto, no me importa. 
[…] 
[En una clase] Este vaso de agua es un ensayo. Una cosa estupenda que se puede ser. Un ensayo literario, una obra “no narrativa creativa”. Pero meted una cuchara en ese vaso de agua y sacad un poco, y ponedla encima de una sartén caliente de modo que caigan unas gotas y chisporroteen y desaparezcan rápidamente. Eso es un poema. Y todos hicieron sí con la cabeza. Lo habían comprendido. Y mientras asentían con la cabeza me acordé de cuando mi madre humedecía su dedo y tocaba la plancha y yo olía aquel diminuto olor inocente de su saliva frita. Me acordé de lo mucho que me gustaba aquel olor. Pero eso no se lo conté. Porque hay límites en lo que puedes contar a unos estudiantes. 
[…] 
“Yo” es una palabra verdaderamente buena. 
[…] 
[Sobre una carta de Louise Bogan a Ted Roethke] De hecho es posible que la carta sea mejor que cualquiera de los poemas que escribió, a pesar de que escribió algunos buenos. Pero nosotros no tendríamos interés en leer la carta de no ser porque había escrito los poemas. Así que, una vez más, todo es terriblemente desconcertante. Necesita uno el arte para amar la vida. 
[…] 
Los poetas a los que los aspirantes a poetas vuelven una vez que han superado la fase de arrancar y salir andando, esos son los poetas que perdurarán. 
[…] 
La poesía tardía de Merwin me hace albergar esperanzas. 
[…] 
[Sobre el silencio que marca el final de cada verso] No va a desaparecer. Está ahí y ha estado ahí durante siglos. Y cuando a los poetas se les olvida su presencia, los poemas que escriben se resienten. 
[…] 
Mi vida ha transcurrido en vano aunque no en vano porque he tenido el placer de ver como todo el movimiento cerraba el círculo. He vivido los treinta años de auge del caos y la disonancia, y las cosas están volviendo a su ser. 
[…] 
Son rimadores torpes. Son encabalgadores excesivos. Sus versos están plagados de errores de diferentes tipos. Sobre el papel están cumpliendo las antiguas reglas pero no las oyen, no entienden la lógica corporal en que todas ellas se apoyan. 
[…] 
Ahora asocio a gente como John Ashbery y Frank O’Hara con esa afectadamente artística y guay casa minimalista en que cuidé un gato. Y nunca me enrollé verdaderamente con el Self Portrait in a Convex Mirror de Ashbery, el libro que ganó tres premios y le dio a conocer a lo largo y ancho del universo del verso libre. Intenté leerlo varias veces, pero no pude. Es arbitrario. Es como si lo hubiera escrito un generador aleatorio de frases hábilmente programado. No canta.
Pero Asbery es ya viejo y por lo tanto más simpático. Y uno de sus antiguos estudiantes me contó una vez que, cuando Asbery se había tomado unas copas se ponía bastante absurdo y le daba la risa floja y se sentaba en el suelo. Además los títulos de los poemas del nuevo libro eran muy bonitos y estaban impresos en unos caracteres especiales, y la portada era bonita, y las citas publicitarias eran breves y sagaces, y aunque los propios poemas no eran buenos, el libro me hizo pensar en el ruido que se hace cuando se cierra la puerta de un bien cuidado Infiniti azul celeste, tarde en una velada de verano, en la grava del parking de un hotel de playa que una vez hubiese pintado Gretchen Dow Simpson. 
Así que me compré el Ashbery y a otra cosa. 
[…] 
Roethke dijo que en realidad un país sólo puede mantener quince poetas al mismo tiempo, lo que es más o menos cierto. Se trata de gentes que andan pinchando y hurgando en el lenguaje de un modo muy íntimo,  y en un momento determinado el lenguaje sólo puede soportar ese hurgar hasta cierto punto. 

sábado, 5 de noviembre de 2011

Alicia Serna

Al blog “Ramón Gaya” cuanto más se acuda mejor. Y acudan ustedes pronto a oír cantar a Alicia Serna en un acto del Museo Ramón Gaya. Alicia lo hace con una delicadeza estremecida, transparente y honda que no desentona de la pintura de Gaya y que viene directamente de la luminosidad de alma de la pintura de su padre. Porque Alicia es hija de Pedro Serna, quizá el discípulo más inteligente y personal de Gaya. Es bonito ver cómo a veces los hijos no escogen el mismo campo artístico o intelectual de los padres, pero sí continúan el mismo temblor espiritual y la misma exigencia de calidad. El caso de Alicia es paradigmático, pero también el de Rafael Trapiello (fotógrafo) y Guillermo Trapiello (pintor e ilustrador), hijos del escritor Andrés Trapiello; y también el asombroso caso de los hijos de Julián Marías: Miguel (agudo crítico de cine), Fernando (prestigioso historiador del arte), Álvaro (exquisito crítico de música clásica) y Javier (conocido novelista). Cómo lo han hecho esos padres para transmitir no ya el oficio concreto, sino la pasión y el nivel, es un misterio, aunque en los tres casos que citamos hay una coincidencia: la finura y la inteligencia de las respectivas madres. Lo pienso y lo sigo pensando según escucho y escucho los cantes de Alicia Serna con un catálogo de pinturas de su padre ante mis ojos y el gratísimo recuerdo de Isabel, su madre. 

jueves, 3 de noviembre de 2011

Desamor

Rodrigo Olay, en una amable carta, donde hacía un exhaustivo recuento de todas las veces que anónimamente había discrepado de mis opiniones en el blogg (¡siempre con razón, el tío!), me decía, ya en posdata, que había versos en su libro que tenían algo mío, y me retaba: “Espero que disfrutes encontrándolos”. Mi vanidad se relamió, pero en cuanto empecé a leer Cerrar los ojos para verte me olvidé hasta de mi vanidad, que ya es decir. Ahora, a toro pasado, retomo el reto. Y sólo se me ocurre recordar un eco quizá de un poema mío en el mismo título. Pero no creo, porque es un poema que nunca publiqué en libro. No porque no me gustara, sino porque lo escribí durante una pelea de novios (romántica, post-adolescentemente terrible) con Leonor y cuando salió Casa propia aquellas peleas nuestras ya no pegaban allí ni con cola, por fortuna. Lo saqué exento en un díptico del Museo Ramón Gaya con motivo de una lectura que di en Murcia un 3 de noviembre de no sé qué año, el 98 sería, o el 99, como muy tarde. La generosidad de Olay me ha servido para recordarlo. Lo publico aquí antes de que se me pase el aniversario (haga el número que haga), y porque es un poema al que tengo cariño y no quiero que se me traspapele.

                DESAMOR 

La belleza que fue mía 
(tu ya lejana belleza) 
no se ha ido. 
El tiempo contra aquel día 
nada puede y nunca empieza 
el olvido. 

Estabas —estás—, mi vida, 
dulcemente descansando 
en mi hombro. 
Estás —estabas— dormida. 
Y yo te sigo mirando 
con asombro. 

Cansado estoy del consuelo 
de la memoria, despojos 
de la muerte. 
Un milagro pido al Cielo: 
que pueda cerrar los ojos 
y no verte.  

Ángel de mi Guarda

Angel de mi Guarda, 
dulce compañía, 
no me desampares 
ni de noche ni de día. 

Las horas que pasan, 
las horas del día, 
si tú estás conmigo 
serán de alegría. 

No me dejes solo, 
sé en todo mi guía; 
sin ti soy chiquito 
y me perdería. 

Ven siempre a mi lado, 
tu mano en la mía. 
¡Ángel de mi Guarda, 
dulce compañía!
Las cosas que escribo me las tomo muy en serio. Hace unas semanas comentábamos que Julio Camba rezó como penitencia de su última confesión, según historia que narra Iñaki Uriarte, el “Cuatro esquinitas”, que era la oración que mejor recordaba. Le preguntó al sacerdote si valía. Y claro que sí. Yo de ahí saqué el firme propósito de enseñarles muy bien a mis hijos sus primeras oraciones y, gracias a eso, me he encontrado con la oración al Ángel de la Guarda completa. Sólo me sabía la primera estrofa, que ahora, leyéndolas todas, me parece la menos lograda: me encantan la alegría de las horas que pasan —el paso del tiempo no puede faltar en ningún poema que se precie— y esa mano en su mano, de un niño y de un ángel, nada menos. Si estos deliciosos hexasílabos le parecen a usted poca cosa, no tiene por qué quedarse sin rezar a su Ángel: recuerde aquel solemnísimo soneto del noble marqués de Santillana a su Ángel que publicamos hace unos meses aquí. Era magistral. Pero lo cortés no quita lo valiente, y esta oración, aparentemente ingenua, también tiene, al menos para mí, la belleza y, sobre todo, la gracia que se le debe pedir a la poesía auténtica. 

miércoles, 2 de noviembre de 2011

El profesor profesorizado


Que si no me aburro mucho de explicar siempre lo mismo, me preguntan mis alumnos. “No, porque todavía no me lo sé”, les respondo. Ellos se lo toman como una broma, pero yo les hablo perfectamente en serio. La teoría más o menos la controlo, eso es cierto, pero la teoría es menos importante que la práctica y la actitud, y ahí todavía me queda mucho que aprender de mis clases de Formación y Orientación Laboral. ¿O es que acaso no les explico que han de ser ordenados, responsables, puntuales, empáticos, éticos y equitativos, positivos y emprendedores? Y mientras, me voy advirtiendo por lo bajo, muy severo: “Aplícate el cuento, Enrique, aplícate el cuento”. 

martes, 1 de noviembre de 2011

Dime de qué presumes

Un refrán que en mi niñez me causaba una absoluta perplejidad es “Dime de qué presumes y te diré de qué careces”. “¿Cómo presumir de lo que no se tiene sin caer en un espantoso ridículo?”, me preguntaba yo, en mi candidez, aunque escamado, porque yo era muy presumido. Ver a algunos presumiendo de humildad o de inteligencia me hizo entender la perspicacia del dicho, y también una frase de Oscar Wilde, genial como todas las suyas: “Las buenas maneras son lo primero que se pierde cuando no se tienen”. Pude aplicarme por fin el refrán y comprobar su veracidad, ay, en carne propia. Quedaba sólo la duda de los que presumen de bienes materiales y muchos posibles…, pero con una leve variante la cosa sigue teniendo la misma punta afilada: “Dime de qué presumes y te diré de qué careciste”.  Presumo que lo mejor es no presumir. O, si no podemos evitarlo, hacerlo de nuestras carencias.