sábado, 30 de noviembre de 2013

Como en un espejo


En el Cielo veremos que veíamos todo como en un espejo. También los chistes. Aquel de que el mejor negocio del mundo es comprar a un argentino por lo que vale y venderlo por lo que se cree que vale, allí es al revés: el mejor negocio del mundo es comprar a uno (incluso argentino) por lo que se cree que vale y venderlo por el pretio magno de lo que en verdad vale. 


viernes, 29 de noviembre de 2013

Eureka


Por fin me he comprendido. Ya era hora. No es que no me guste viajar, es que quedarme en casa me gusta todavía más. 

¡Pero viajar me encanta!



martes, 26 de noviembre de 2013

Alejandrinos


Un deseo vehemente de hacer alejandrinos
apenas por su música, sus acentos, su forma... 
Aunque luego sospecho que hay un ansia escondida 
por alargarlo todo, por alargarlo todo.


domingo, 24 de noviembre de 2013

Irene Vázquez Romero


Este blogg está de luto

Por Irene Vázquez Romero, que leía con nosotros. 

* * * 
Y dos reflexiones al paso, en su honor. Pensaba haber titulado la entrada con "Este blogg está de luto", pero hay un consuelo en usar su nombre, en escribirlo como un pequeño desafío a la enorme muerte analfabeta. Y luego hubiese querido poner color de luto al enlace, pero el color de luto es el negro, que no es un color, y con él escribo siempre. Escribimos de luto, con la muerte presente, sin color. Y es un símbolo, lo veo. 




viernes, 22 de noviembre de 2013

La llama de la jacaranda


Mi padre había podado su jacaranda y me ofreció la leña. Corrí a recogerla ilusionado y de vuelta a casa a encender la chimenea. Esperaba una llamarada azul, como si fuese de gas, pero de flor. La llama era como siempre, pero nos gustó lo mismo, y además les conté a mis hijos lo del verso de Sánchez Mazas que asimila las hogueras a tremolantes —rojo y oro— banderas nacionales. Ellos me miraban como quien oye arder. Sin embargo, igual que a la puesta de sol las últimas tardes de verano le veíamos el rayo verde, aunque no, a la primera chimenea del invierno le veíamos la leve flor de la jacaranda, y quizá, eso sí, su olor. 



jueves, 21 de noviembre de 2013

Molina en la balanza




Atormenta mi conciencia de veras la cantidad de libros que os aconsejo. ¿Qué pasa con vuestras economías y con vuestro tiempo, de los que tan poco cuidadoso os estoy resultando? Siempre podéis no hacerme ni caso, me digo, pero no es un consuelo digamos que muy redondo, la verdad. Más me vale el mal de muchos y saber que de cada libro que recomiendo, salgo yo con varios pendientes por leer, en una cuesta geométrica que Dios sabe dónde va a terminar, o mejor dicho, que sí sé dónde va a terminar, y sólo Dios sabe cuando. 


Del libro de Jerónimo Molina, que se titula Nada en las manos, me llevo en las mías una lista que va desde don Diego de Saavedra Fajardo —¡ya he empezado con una empresa al día!— hasta retomar más sistemáticamente a tío Gabriel Miró, pasando por Julien Freund, Raymond Aron y Ángel López-Amo. Uf, qué de tarea, por delante, gracias a Dios. 

miércoles, 20 de noviembre de 2013

Unas gotas de Haendel


José María Jurado (Sevilla, 1974) es ingeniero de Telecomunicaciones y poeta culturalista. Acaba de publicar Una copa de Haendel (Siltolá). El Barbero del Rey de Suecia selecciona un verso por cada poema.

* * * * *

Mientras llega la noche con su reloj de estrellas 
* 
caderas de champán, ojos de escarcha. [las princesas de Austria] 
* 
Esqueleto del alma, los árboles desnudos 
* 
Por la Quinta Avenida
                                    y de Medina a Olmedo. 
* 
una lenta garganta en pugna con la muerte [el violoncelo] 
* 
por el desfiladero hondo del silencio 
* 
sobre un fondo de estrellas imantadas 
* 
se mezclan en el barro la sangre y el espíritu 
* 
Y justo ahí se acaba la partida. 
* 
galopan por canales eruditos ["Apertura veneciana"] 
* 
el oro o el dolor, dólar del mundo. 
* 
No conozco la flor del sicomoro 
* 
Pero tu padre es rico  
* 
bajo la copa tenue miramos las estrellas 
* 
La mañana del viernes, pleno mayo 
* 
cuando el breve vencejo y la lenta espadaña 
* 
el seno palpitante, mano y luna 
* 
hay párpados en las cosas 
* 
esa inane existencia de la desesperación. 
* 
a la página en blanco de la noche 
* 
son of man, I will show you fear in a handful of dust 
* 
o el lento florecer de las arrugas 
* 
la luna es una flor de ciruelo. 
* 
como en un haiku. 
* 
En torno de la fuente gira el cielo 
* 
Rocinante vencida que cabalgas [la guitarra española] 
* 
el cardo inmaculado de Juan Sánchez Cotán 
* 
Sobre un fondo de antenas y tejados 
* 
Redoble de tambores, fanfarrias al ocaso 
* 
la tarde morirá crucificada 
* 
o como a esa brias de mármol que a través de los siglos desciñe dócilmente los pliegues de una túnica sobre un cuerpo de nieve y todavía cautiva la mirada 
* 
cuando el viento levanta acantilados 
* 
los hijos de la rosa de los vientos 
* 
los que aquí te contemplan no son dioses 
* 
Nadábamos, nadábamos con una risa floja 
* 
¿Y qué luz podré dar? 
* 
también Marcel y Lope y don Antonio 

* * * * *


Corro el riesgo de dar la falsa impresión de que no hay poemas completos en este libro. Y claro que los hay, pero corro el riesgo a gusto porque la manera de sentirlos es paladearlos versos a verso y, sobre todo, porque con estos pocos escogidos se transmite, de un sorbo, la música de la copa de Haendel de José María Jurado, y sus imágenes que son un símbolo, uno, aunque no sé de qué, y su espíritu, que es suyo y es de todos.

martes, 19 de noviembre de 2013

Lamento lunar


Acelerado, 
rodando se me escapan 
las lunas llenas. 

Una entrada de nada


Me he dado cuenta de que uso el diccionario de sinónimos como un diccionario de rimas al revés, de la antirrima. Cuando escribo en prosa, y me sale una horrorosa rima interior, corro veloz y busco una palabra similar, que aunque no sea igual, me aliviaría de la cacofonía. 


lunes, 18 de noviembre de 2013

Cambio de opinión


Me he despertado convencido de que había pasado una noche muy mala. Tras los dos días en Madrid, de bautizo en bautizo, la casa estaba helada y húmeda. Carmen se despertó a media noche y yo, luego, a tres cuartos de noche lo hice yo con un espantoso dolor de cabeza. Busqué ibuprofeno por toda la casa y nada: cuchara de palo. 

Sin embargo, he recordado que he soñado con mi madre en alguno de los intervalos en los que he dormido. Estaba muy guapa. En el pelo le habían salido algunas canas, que me enseñaba orgullosa, sonriendo. Le divirtió ver que yo tenía también alguna. Y me dio unos consejos muy suyos para sortear este periodo de trabajo intenso en todos los frentes. ¿He dicho ya que sonreía sin cesar? He cambiado de opinión: ha sido una noche estupenda. 


domingo, 17 de noviembre de 2013

Carmen miraba


En la fiesta que siguió al bautizo apareció un animador, disfrazado de pirata. Y enseguida puso a bailar y a saltar a todos los niños. Enrique, el primero. Carmen, sin embargo, desde fuera, abría los ojos, callaba y miraba. Yo la miraba mirar, sin pestañear siquiera, y, vanidoso, me reconocía. 

jueves, 14 de noviembre de 2013

Correctores


Ayer, hablando de mi artículo, comentaba la tranquilidad de conciencia que me daba mandarlo, antes que a la redacción, a tres o cuatro amigos para que me diesen el visto bueno. Cargado de razón, me replicaba un compañero: "Siendo amigos tuyos, eso no debería consolarte, porque pensarán como tú". Claro —le repliqué, viéndolo, efectivamente, claro–, no se lo mando a ellos para hacer un plebiscito, sino para estar seguro que dije lo que yo pienso.

[Si ayer, hice metadiarística y ayer, metapoesía; la entradita de hoy es metacolumnismo.]


sábado, 9 de noviembre de 2013

No hay dos sin tres


Esta foto no es de mi hija ni de mi hijo, sino de los del gran fotógrafo brasileño Alecio de Andrade. Pero una amiga me la envío porque le recordó a mi hermano Jaime y a mí, y es un retrato muy retroactivo muy favorecedor que nos hacía, aunque es mi hermano pequeño el que me señala los aciertos de los cuadros. Por un poco de vanidad, por otro poco de nostalgia de los hijos que no acabaron de llegar y porque la fotografía es preciosa, la traigo aquí, a culminar la serie de fotos de mis hijos. 

jueves, 7 de noviembre de 2013

Clavadita a mí




Ya sé que no debería poner fotos de Carmen aquí, pero Leonor las cuelga en sus sitios y no sé por qué vais a tener vosotros más peligro que los amigos de ella. Así que aquí va. 

Cuando enseñé las fotos de mis hijos a mis alumnas, exclamaron: "¡Qué guapos!". Si alguien piensa que me estaban haciendo la pelota es que no oyó la frase completa: "¡Qué guapos! ¿Se parecen a la madre, verdad?"

Verdad de la buena. Pero Carmen ha salido clavadita a mí en dos cosas indudables. La primera es mi superstición, la segunda es mi hipocondría. 

La única superstición que practico es un prejuicio arraigado contra el número 6. Si un amigo tiene un teléfono que empieza por 666 me comunico con él por correo electrónico. Si mando un correo colectivo a varios amigos y son 6, rebusco otro por mi agenda. Así he fundamentado grandes amistades nuevas. Cuando un artículo me sale con un número de palabras que acaba en 6 añado un adjetivo. Si es el número de caracteres, echo a voleo una coma por ahí. Cuando no me queda más remedio que pasar por el 6 leo 3+3 o 5+1. Bien, pues Carmen, de modo genético, sin que yo la haya instruido, cuando cuenta ¡ya hasta el quince!, siempre se salta el 6 y es el único que no reconoce por la calle. Oh. 

Y luego hay que verla cuando le duele algo. Exclama muy lastimera, ya con mejor sintaxis: "¡Me duele, me duele muchísimo!" y se pregunta en voz alta: "¿Qué me pasa?" o "¿Qué le pasa a mi pierna?" y acaba metafísica y gritando: "¿Por qué, por QUÉ, POR QUÉ!?" Entonces es el vivo retrato (agónico) de su padre. 

No es una herencia para estar principalmente orgulloso, eso es cierto; pero peor habría sido mi nariz. 


miércoles, 6 de noviembre de 2013

Palobras


Ahora que estoy muerto, por unas razones y otras,  para la literatura, qué alegría más honda encontrar que mis libros, mis poemas y mis artículos siguen latiendo por mí. Mientras yo, con el alma en un puño, estaba revisando mis programaciones de aula, alguien ha leído con simpatía e inteligencia  Lo que ha llovido. He vivido más allí con él que aquí conmigo. Habría bastado con eso, pero Antonio Moreno y Josep Maria Asencio han tenido a bien escogerme un poema para su interesante antología Vida callada. Además, un poema de Ardua mediocritas, que es un libro que tenía echado al olvido, que ya ni siquiera me llevo a las lecturas. El efecto de resurrección ha sido mayor aún: 

UNOS POCOS INSTANTES PERSONALES 

Ser o no ser no es la cuestión. La cuestión es 
saber quién soy. Buscarme el rostro sin cansancio 
con las palabras y las obras, con palobras. 
Rasgar la niebla con abrazos y mordiscos 
tras esa sombra que se dice yo y es alguien 
aunque a menudo se confunda con la sombra 
o se confunda con la niebla o se confunda 
con unos pocos que son sombras o son otros.  
La cuestión es buscarme el rostro  a cada instante 
y vislumbrarlo en un reflejo en el cristal 
de mi reloj mientras observo que por dentro 
raudas avanzan por debajo las agujas.  
es la cuestión buscarme a  mí buscando en mí 
tal vez un nombre que me  nombre o una acción 
que me realice o un destello que me alumbre 
o una persona que me quiera..., 
...................................................y que Dios quiera 
que en ese instante personal (o en esos pocos)  
yo esté pasando por allí y me reconozca. 

 Cierto que la antología hace una muy juanramoniana apuesta por el anonimato (el vacío del yo, como silencio paradigmático y esencial) y los poemas no van firmados. Resulta muy bonito y, paradójicamente, contribuye a hacer más misteriosa, por delicada y tenue, mi intensa sensación de resucitado, como si flotase el alma, sin el cuerpo del nombre propio. 

Para colmo, veo ahora que incluso mis artículos, incluso ellos, me hacen la respiración asistida y ahí me ponen, en magnífica compañía. 

Quizá les parezca que me doy mucha importancia, pero será, como decía despectivamente Unamuno, que la necesito. Vuelvo a enterrarme en mis programaciones de aula, sabiendo, feliz, que hay vida más allá, a Dios gracias. 

martes, 5 de noviembre de 2013

El ángel de la muerte


Desde fuera costará entender la gracia que me hizo. Veíamos The Wire y apareció por las oficinas un agente de Asuntos Internos y dijo Jimmy McNulty: "El ángel de la muerte", y yo me reí muchísimo. ¿Por qué?, preguntará alguno. Mi IES está este año bajo una revisión exhaustiva, aunque rutinaria (para ellos), de la Inspección de Educación. Me entraron unas ganas irreprimibles de abrazar a McNulty con un afecto baudelairiano: Hypocrite inspecteur  — mon  semblable, — mon frère!

Aprovechando que ayer o más traíamos aquí el poema homónimo de Jesús Cotta, es una oportunidad magnífica de citar a Carlos Bousoño, que tanto hizo por acercar y diferenciar el chiste de la poesía, el ángel inspector del ángel símbolo, en este caso. Y ya se ve bien aquí que, mientras en el chiste, paradójicamente, lo que hay es miedo (cerval) y humor negro, en el poema lo que hay es valor y mucha esperanza. La poesía juega en la delantera y el humor de defensa central, podríamos decir también. 


lunes, 4 de noviembre de 2013

Deformación profesional


Con cortes y pérdidas de líneas, vamos viendo The Wire, la aclamada serie sobre polis y camellos. Esta noche he soñado que era profesor de instituto en el barrio de las Casas Bajas. Curioso, porque hasta ahora no ha salido un IES allí ni por casualidad y porque yo creí que me identificaba con los polis buenos —que de todo hay ahí, ay—. Se ve que el subconsciente, como un subteniente sabio, tiene claro cuál es mi puesto y dónde se lucha mejor. 


domingo, 3 de noviembre de 2013

Todavía hay más


Aunque en el artículo de hoy el pudor brilla por su ausencia, todavía me he cortado un poco. Escrito en el fin de semana de los difuntos, lógicamente las manos que uno siente en lo que escribe no son sólo de vivos. Eso es lo que no me he atrevido a decir. Y es un motivo más para no rechazar los elogios. No me imagino a San Isidro Labrador quitándole méritos a aquella cosecha que le hacían los ángeles, que le regaba la lluvia, que le maduraba el sol. 




sábado, 2 de noviembre de 2013

Variación a Camba


Camba decía que el mejor género literario es la entrevista, porque trabaja el que contesta, pero cobra el entrevistador. Me parece que todavía hay un género literario mucho más rentable: la crítica literaria. Trabajó el escritor o el poeta, y el crítico no hace más leer y subrayar.

Un amigo me preguntaba ayer por correo que si tenía uno o dos negros en el sótano para que me hicieran tanto trabajo. El negro —como en "La carta robada" de Poe— era él. Pienso reseñar su libro, que tanto le habrá costado escribir, que con tanto placer estoy leyendo.

viernes, 1 de noviembre de 2013

Las paradojas son guerreras


No tengo claro si el secreto de confesión atañe también al penitente, pero creo que no. Anteayer en esa sede sacramental a la que tanto debo me dieron este consejo: "La paz hay que conquistarla". Se me encendieron todas las alarmas chestertónicas o, mejor dicho, repicaron todas las campanas góticas del alma o, mejor aún, resonaron todos los clarines de batalla.

Paz—deber—conquista. Qué excitante aventura.