miércoles, 30 de abril de 2014

Patos vs. burros


De los dos animales totémicos del Opus Dei, mi madre coleccionaba figuritas de ambos: burros y patos. A mí me ocurre como a Enric González: veo una partida de chapas y me siento urgido a escoger un bando. Me hice, sin dudarlo un segundo, del pato. La mayoría de las casas de miembros del Opus Dei son más de burros, si uno se fija. Y Chesterton, que no era del Opus Dei, también era muy del burro. 


Le dedicó un poema excelente que traduje como pude. Aquí, también mezclado con la historia de la Obra. 

Del pato me entusiasma que vuele, nade y camine, porque eso pretendo yo, abarcarlo todo por tierra, mar y aire, aunque ande mareado como un ídem. Y no está mal tener la cabeza de colores, ya puestos: 



Aunque últimamente estoy mucho más en burro, realmente. 


lunes, 28 de abril de 2014

Conversación con Carmen


Anoche, acostándola, recordamos la fiesta de cumple de Pepe C. y le dije, admirado: "Eras la más guapa". Contestó con una voz muy quejumbrosa: "Sí, lo sabo, pero no todos se dan cuenta". 


domingo, 27 de abril de 2014

Citar o no citar


Qué problema el de la cita, que mi admirado Sergio Fernández Salvador corta por lo sano: "Embutir una prosa en un traje hecho de citas es una muestra de pereza y falta de amor propio. Evitarlo es tan sencillo como reflexionar sobre ellas –un placer si nos han gustado tanto como para reproducirlas–, ponerlas a conversar con nuestro pensamiento y expresarlas finalmente a nuestro modo, ya nuestras y sin las gregarias comillas". Pero unas veces se trata de un reconocimiento a quien nos puso a reflexionar (un placer, desde luego, que hay que agradecer con nombre y apellidos); y otras de un reconocimiento de impotencia, porque lo que ya habíamos reflexionado, lo dijo mejor otro (que hay que aprovechar por el bien del lector y agradecerlo, igualmente). 


Ya había escrito mi artículo de hoy, cuando me di con esta cita de Wilde, que expresa extraordinariamente mi idea: "Actualmente la gente parece contemplar la vida como una especulación. No es una especulación, es un sacramento. Su ideal es el amor. Su purificación es el sacrificio". [Oscariana, Oscar Wilde, Hermida Editores, Madrid, 2014, p. 61]



Entraba esa frase claramente en el segundo grupo de citas citables y sin embargo..., no la utilicé. Por lo siguiente: en ese artículo lo importante es la cercanía y la sinceridad y la cita pondría una distancia erudita entre los destinatarios y yo. Las comillas, más que gregarias, son foráneas, y no quería nada que no fuese de dentro en este texto. Aquí sí la traigo porque, efectivamente, lo dice mejor. 





viernes, 25 de abril de 2014

Qué pena da la gloria del mundo


Hoy a las siete en punto de la tarde hablaré durante una hora y media larga de El jardín de los Finzi-Contini en el Club Maralto, del Puerto de Santa María (Plaza de los Jazmines, nº 7). Lo cuento, en parte, porque algunos me habéis pedido que anuncie aquí los eventos y eventillos; y, sobre todo, porque tengo que echar un poco de espuma por la boca. 

Ayer me armé de valor y vi la película homónima de Vittorio de Sica. Es un desastre y uno se lleva las manos a la cabeza de su oscar a la mejor película extranjera. ¡Qué pena da la gloria del mundo! Qué decadencia pasar en 20 años de Milagro en Milán a destrozar la espléndida novela de Bassani. Y no pienso sólo en Sica, sino sobre todo en Europa. 

martes, 22 de abril de 2014

Oh


Me gustó muchísimo este graffiti. No sólo porque no está en una pared, que ya se agradece, sino porque aprovecha al máximo sus pobres condiciones. El entorno, pues qué mejor que una bailaora en el barrio de Santiago de Jerez. Luego, sobre todo, las ondulaciones de la valla de metal, que transmiten las vibraciones del baile de modo magistral. El color metálico, tan de flamenco auténtico: brillo mate. Y hasta las flechas de la señal de tráfico y su aspa, que parecen indicar esos violentos vaivenes del baile, ahora hacia aquí, ahora hacia allí, en un palmo de terreno. Las palmas las tocamos, con los ojos abiertos, en silencio, nosotros.

Aunque también cabe que sea yo. Tan metido en mi valla de hojalata, tan constreñido, con tanto sabor a metal en la boca del estómago y con tanta pobreza de medios, cómo no ver en esa pintada una especie de esperanza. 


sábado, 19 de abril de 2014

El pasado por vivir


Media vida me he pasado citando a los griegos con lo de que nadie es feliz hasta el día de su muerte, y ahora caigo —mañana me levanto— en que en verdad nadie es feliz hasta el día de su resurrección. 

A diferencia de la reencarnación, en la resurrección tenemos todo el pasado —también— por delante. 



jueves, 17 de abril de 2014

... en un coche viejo


El coche de Leonor es nuevo. Flamante. Y lleva mapa incorporado. A los niños les encanta. El mío es viejo. Y lo llevo un poco sucio y desordenado, para decirlo con discreción. Pretendemos que nos dure todavía hasta cuando el de Leonor esté viejo, para así ir alternando en la familia, y tener uno cómodo y seguro para viajes y desplazamientos medios. Ése es nuestro plan.

Generalmente los niños prefieren ir en el de su madre: por el mapa, el espacio, las ventanas. Y yo también prefiero conducir el de Leonor, claro. Sin embargo, ayer, en mi coche, sonaba en Radio Clásica algo de Haydn. Carmen dijo: "Qué música". Y luego: "Este coche me gusta muchísimo". 

Me emocioné, lo confieso. No tanto por mi coche, que algo, sino por la transfiguración del arte, por su poder redentor. A eso aspiro —aspiramos—: a llevar dentro una música que nos haga muchísimo mejores, a pesar de todo. 


miércoles, 16 de abril de 2014

Meseguer y Áspera nada


Cuando lo leí en el jurado del Adonáis, el poema que más me gustó de Áspera nada fue una diatriba contra los pobres. No lo decía el autor pero el lector deducía que esa violencia era quizá la actitud más adecuada para luchar contra la pobreza. Quitando ese poema, el libro no es barroco como el de ayer ni como yo hoy en el periódico, sino pura línea recta y pobreza de medios. Ahora en mi tercera lectura, el poema que más me gusta es "Efecto Lázaro":


A lo lejos la fe te hace señales, 
quisieras descifrarla. 
Es una llama viva. 
Tú y yo llevamos varios años muertos. 
Nos queda la esperanza 
del efecto Lázaro: 
que a través de la noche de los tiempos 
nos llamen unos ojos 
rugientes como tigres de Bengala.


Me gusta mucho el encabalgamiento de "Nos queda la esperanza / del efecto Lázaro", porque la esperanza, sea de lo que sea, es siempre esperanza. Y me hizo dar un salto de ilusión lo de "ojos / rugientes como tigres de Bengala" porque Chesterton había dicho: “Puedes hablar de Dios como una metáfora o una mistificación; puedes aguarlo con litros de palabrería o evaporarlo en metafísicas, y no es sólo que nadie te castigue, sino que nadie protesta. Pero si hablas de Dios como un hecho, como algo así como un tigre, como una razón para cambiar de conducta, entonces el mundo moderno te parará de cualquier forma, si puede”. Lo que se puede aplicar, palabra por palabra, a Messeguer, que ignoro si lo habría leído en Gilbert o dio en el tigre por la propia fuerza (rugiente) de los hechos.


martes, 15 de abril de 2014

Espejos enfrentados, de Álvaro García


Me ha gustado mucho, como suyo, el último libro de Álvaro García: Ser sin sitio. Tiene tres poemas largos en verso blanco que, de alguna manera, defienden el pabellón de su apuesta estética de los últimos libros, pero el cuerpo central del libro son sonetos. Una historia de amor en sonetos. En todos hay momentos de esplendor, pero el que más me gusta es este tan hecho de cotidianidad moderna y tan barroco a la vez. Que ustedes lo disfruten: 


ESPEJOS ENFRENTADOS 

 Uno enfrente del otro, dos espejos 
te vigilan de frente y por la espalda; 
sucesiones de ti se hacen guirnalda 
en fuga interminable de reflejos. 

 Paseo por la tienda, no muy lejos, 
mirando prendas que el verano salda. 
Te multiplicarán ahí sin falda 
en su impotencia de mirones viejos. 
º 
 Entre tú y yo tan solo la cortina 
se agita con el roce de tu giro: 
tu cuerpo que se mueve al otro lado, 
º 
 el golpe de tu codo. Se adivina 
tu cuerpo sometido. Si abro y miro, 
me mirará un espejo importunado.
º 



viernes, 11 de abril de 2014

Reza un poema de Rilke:



¡Dios mío! Tú el heredero has de ser.
Heredarás el verde
de los pasados jardines y el encalmado azul
de los cielos caídos.
El rocío de mil días,
y los muchos veranos de que nos hablan los soles,
y las puras primaveras con esplendores y quejas,
tal como cartas de una mujer joven.
Tú heredarás los otoños, que están en los recuerdos
de los poetas, guardados como vestidos suntuosos,
y todos los inviernos como países huérfanos,
acudirán a Ti.
Tú heredarás Venecia, como Kazán y Roma,
Florencia será tuya, la catedral de Pisa,
la Troitzka Lawra y aquel monasterio
que entre los jardines de Kiev
forma un laberinto
de corredores obscuros y secretos;
Moscú, de campanas hondas como recuerdos
toda la música será tuya: violines, trompetas, palabras,
toda canción de melodía profunda
brillará en Ti pura como una piedra preciosa.
Tan sólo para ti meditan los poetas
y salen a la caza de imágenes,
musicales y ricas,
y van madurando a través de figuras
y están toda la vida tan solos…
y los pintores sólo pintan
para eternizar lo que es perecedero,
para que vuelva a Ti inmortalizado,
cuanto creaste Tú perecedero:
tórnase todo incorruptible.
Mira, cual la mujer, ya desde largo tiempo
está en Madonna Lisa madura como el vino;
ninguna otra mujer debería existir,
pues una mujer nueva nada aportaría de nuevo.
Los escultores bien se parecen a Ti,
quieren Eternidad. Y dicen: ¡Oh tú, piedra,
vuélvete eterna! Que es como decir:
¡Piedra, hazte suya!

Y aun los amantes cosechan para Ti:
unos breves instantes son poetas,
en una boca inexpresiva saben imprimir
besando, una sonrisa, como si la tornasen más bella,
y traen su placer y el acostumbrado dolor,
que dejaron crecer en sus pechos.
Sufrimientos escóndense en sus risas,
anhelos que dormían y despiertan
para llorar sobre el pecho de otro.
Atesoran enigmas y  misterios para luego morir
sin comprender, tal como los animales mueren;
pero quizá tendrán nietos
en que madurará el verdor de sus vidas,
y llegará por éstos a Ti aquel amor,
que ellos gozaron ciegos y como si durmiesen.
Y así fluye hacia Ti la abundancia del mundo.
Y tal como las pilas más altas de las fuentes,
sin cesar vierten a las más profundas
las guedejas brillantes de sus sueltos cabellos;
así también se vierte la abundancia en tus valles,
cuando los pensamientos y los seres rebosan.

[Trad. Jaime Bofill y Fierro]

* Me he permitido tachar dos versos no sólo por caballerosidad ni por Leonor y Carmen, sino porque me parece que se le fue la mano a Rilke y que si se piensan un poco son contradictorios con el resto del poema. Lo he hecho, pues, en defensa del propio Rilke y su extraordinaria oración. "Y así fluye hacia Ti la abundancia del mundo"

jueves, 10 de abril de 2014

El humor no es nuestro


Hay un poema, creo que inédito aún, de Jesús Beades en el que expresa la angustia deslumbrada de un padre al ver a su hijo crecer sin parar, esto es, el frenético irse de la niñez, sin freno. Nadie se baña dos veces en el mismo niño, vienen a decir Beades el Claro y Heráclito el Oscuro en un poema hecho de agudos contrastes, que ya hubiese querido escribir yo, el Claroscuro. 

Hay una lección que lamento mucho no estar aprovechando al máximo y que se me escape entre los dedos como el agua (del río de etcétera, etcétera). La lingüística. Unos niños pequeños son un tesoro para el aficionado al lenguaje. Ayer, tras ponerles de nuevo la canción de Loquillo, le recordé a Enrique, llevado del entusiasmo, que él puede contar conmigo. Contagiado, me dijo: "Sí, papá, puedo, ¡puedo!: uno, dos, tres, cuatro..."

Nos reímos mucho, emocionados. Y ahora que lo escribo, y pienso en Leonor y en nuestros equilibrios económicos, pienso que "contar con uno" tiene también mucho, en efecto, de contabilidad pura y dura, hecha juntos, encarando los balances. Pero venía a hablar de otra cosa. Enrique se sorprendió de nuestras risas, porque el verdadero humor es involuntario. 

A Carmen le pasa ya (ay, el río, etcétera) que nos reímos por algo que dice, por algo que defiende normalmente, porque es una defensora (a lo Chesterton) imaginativa y guerrera; y se sorprende de nuestras risas. Pero como ya es mayor, detecta algo agradable y poderoso en hacer reír a los demás. Tras nuestra risa, intenta alargarla haciendo el payaso o diciendo culo, pero ya no lo consigue. Ella está descubriendo, poco a poco, dónde está la gracia, la esquiva gracia; yo he aprendido que el humor es, en esencia, involuntario, que no depende talmente de nosotros, que es un don, que no es nuestro. 


martes, 8 de abril de 2014

Media luna


Ayer escribí una entrada que era media entrada, por lo apresurada y lo quejosa, una cita apenas, para leída al sesgo. Luego salí corriendo para el trabajo. Paré, como suelo, en un bar de carretera, rozando con taberna, a por el cortado espeso de la primera mañana. Me senté, como suelo, en la atestada barra, y abrí mi libro de ese día. La novela de Ferrara, de Giorgio Bassani. 


Y entonces vi que la señora a mi lado era italiana. (Que era guapa ya lo había visto antes.) Su marido o novio hablaba sin parar. Qué perfecta casualidad, me dije, relamiéndome; e hice todo lo posible para que viesen que a las ocho de la mañana, al borde de la carretera, al sur de España, se lee a los italianos con veneración. Pero, a pesar de mis contorsiones, la casualidad se me quedó cervantinamente a medias. Preguntaron al camarero cómo llegar a Cádiz capital, se fueron y no hubo nada. No vieron la cubierta de mi libro y no se redondeó la mañana con un par de reverencias filológicas. 

El día siguió así, apuntando, sin culminar.

Pero a media tarde, miré al cielo de reojo, y allí estaba, una media luna perfecta, la más aristotélica de las lunas, ese in medio virtus de una curva pronunciada y una recta rectísima. Creo que la media luna se merece más poesía de la que por ahora le hemos dedicado (por no hablar del azul del fondo). 




Me reconcilié con mi día. 

Aunque por la noche, en una ironía del destino, que se complace en jugar con los hijos de los hombres, una carta de mi hermano Jaime vino a redondear del todo mi media entrada de la mañana. Y me alegré, claro. 


lunes, 7 de abril de 2014

Subrayar o no subrayar



La costumbre de subrayar, que tiene tantos detractores, yo la practico mucho. Gracias a ella, los libros se multiplican. Y tanta importancia tiene lo que uno entonces marcó como lo que dejó sin señalar. Ojeando mi Canetti, veo que hace unos meses pasé incomprensiblemente sin señalar esto: "Él quisiera ser altruista sin negar su obra. Cuadratura del escritor". Hoy le he hecho un círculo alrededor. Y he musitado un "Cualquiera tiempo pasado..."

= = = = = CORRESPONDENCIA = = = = =

Hola amigos:

Qué oportuna la entrada hoy de Enrique hablando de subrayados en los libros, pues se acaba de inaugurar en el Prado la Expo. de La Biblioteca del Greco, donde han podido reunirse al menos dos de sus libros… Libros subrayados, anotados, tachados, dibujados. 





Entre todas las anotaciones en el Vitruvio y en el Vasari se cuentan unas 18 mil palabras; ¡unos 50 folios escritos!

Han publicado un cat. precioso, del que os mando la foto: parece publicado por Trapiello o por Abel. Os conseguiré uno a cada uno. Ved la foto de la portada. 


Me ha llegado –también precisamente- hoy.

En fin, Abel, no sólo hay que subrayar, hay que hacer incluso anotaciones.




Abrazos. Jaime





domingo, 6 de abril de 2014

Fantaseando


Ya había mandado al periódico mi artículo de hoy cuando leí el artículo de ayer de Arcadi Espada, que me parece mucho más interesante. Lo que cuenta, ahí está; pero creo que no hay que novelar demasiado para adentrarse en sus motivos y sentimientos. Aquí va mi interpretación de los hechos: Arcadi sabe que lo que más se va a blandir (se está blandiendo) contra Pilar Urbano y su libro es el famoso calcetín que él saco a relucir. Luego, tiene en la memoria esa conversación con Suárez que nos cuenta y esas vergonzantes piedrecitas de Pulgarcito que fue lo único que sacó entonces y ese enorme trabajo de verificación que no hizo. Con este artículo de ayer, confiesa las debilidades de aquello con una reverencia caballeresca a Pilar Urbano, él, que es justo el que le tiene cogida la medida (del calcetín) y que ahora podría sacarle muchísimo partido. El gesto es noble y emociona. 

sábado, 5 de abril de 2014

Autoayuda sublime


No me da la vida, pero echo de menos, manojo de paradojas, el compromiso crítico semanal de Suma, y no veo el momento en el que Peyró logre atar todos los cabos de la nueva cosa.  Tiene una crítica bonita o, mejor dicho, una metacrítica, el número que Nueva Revista dedica a su canon occidental, con una pequeña reseña de cada libro de su "Biblioteca de occidente". Muchas son estupendas, algunas, no, y se aprende mucho comparando estilos, perspectivas y planteamientos entre unas firmas y otras. Destacan, como es lógico, el marqués de Tamarón y Luis Alberto de Cuenca, que saben mezclar modélicamente, cada uno a su modo, la noticia filológica, la anécdota biográfica y el placer del lector. Me ha llamado la atención que mi amigo Adolfo Torrecilla no desmerezca en absoluto en tan autorizadas compañías, de lo que me he alegrado lo indecible. Y luego está Josemaría Carabante, que es un nombre a apuntar. 

Pero, bueno, no voy a hacer aquí la reseña. Basta para demostrar el tono que, en sus mejores momentos, aporta la revista, estas frases entresacadas de la nota de LAC a La canción de Roldán, que suenan como un clarín entre montañas: 


[…] la alegría brutal de morir rodeados de cadáveres enemigos, constituyó una experiencia que aún hoy, medio siglo después, resuena en mi memoria con la insistencia apocalíptica de un tam-tam que llama a la guerra, desafiando a la muerte. La épica me enseñó que nuestros más íntimos terrores pueden ser doblegados recurriendo a la máscara del heroísmo.  […] una especie de manual de autoayuda a lo sublime.

viernes, 4 de abril de 2014

Sofisma y Escolio


Me ha gustado descubrir el denominador común entre dos de mis lecturas aforísticas más diversas entre sí y, a la vez, más constantes y provechosas: Sofismas de Vicente Núñez y Escolios de Nicolás Gómez Dávila. Siendo los primeros de humo y los segundos de mármol, en ambos casos hay que hacer un segundo esfuerzo de aprehensión, que les da la gracia. Con Núñez, porque a bote pronto te parece que ha dicho una tontería o una gracieta (como hace a veces); con Gómez, porque uno puede resbalar y, desde luego, no empaparse en una superficie tan pulimentada. 

Como con el colombiano está muy claro, vayamos al sofisma del cordobés donde lo he visto claro. Dice: "Todos los embusteros tienen salud". En principio, una generalidad ni siquiera generalizable, aunque uno se pone a seguir la estela de la voluta de humo y acaba dando en que, efectivamente, la enfermedad nos aboca a la verdad, por lo mismo que nos pone en suerte para la hora de la verdad. Veo, de golpe, el vaso comunicante entre mi hipocondría y mi verofilia, a cual más obsesiva. 

¿Se me habrá ido el santo al cielo, tras las azuladas revueltas del humo de Núñez? Un centímetro y medio más abajo, el siguiente sofisma sostiene mi lectura: "Sólo la muerte escribe bien de la vida". 


jueves, 3 de abril de 2014

Quico


Acostando a los niños, siento de pronto el imperioso deseo de tomar algo salado. Los dejo en la cama y voy sigilosamente a la despensa. Tomo un buen puñado de quicos. Como hacen (hago) tanto ruido me quedo en la despensa, reflexionando mientras roo. "¿Qué haces, papá?", dice a mi espalda, dándole a mi mala conciencia un susto de muerte, la altura diminuta de los dos años largos de Enriquito. No contesto, acogiéndome a la quinta enmienda. "¡Quiero quicos!" "Quique, no puede ser", contesto, "porque ya te has lavado los dientes". "¿Y tú?" "Yo todavía no me he lavado los dientes". "Quiero quicos", con voz llorosa y, lo que es peor, alta. Y no sé si por debilidad de carácter o por miedo de que se entere la madre (más debilidad de carácter), le doy un quico. No se escucha crack. Le miro. Me dice: "Me lo he tragado", con una sonrisa de triunfo, "mira que limpios los dientes". Y abre la boca, con orgullo. ¡Se lo ha tomado como un ibuprofeno! Y yo abro la boca, en una sonrisa, con orgullo. 


miércoles, 2 de abril de 2014

Inocencia


Le debo mucho a mis malos instintos. Tiendo a trasvasar mi rabia, por ejemplo. O sea, el famoso caso del cabrón que le pega una patada al perro al llegar a casa porque le ha ido mal en el trabajo o viceversa. Como me parece algo especialmente innoble, me reprimo, a medias con la voluntad, a medias con la inteligencia. Y por eso, porque debo estar alerta y necesito vigilarme tanto, termino viéndoles a todos los que se cruzan conmigo una maravillosa aura de inocencia, que es la que tienen. Nunca es suya la culpa de la rabia que guardo, constato asombrado, agradecido. Y para entonces ya he de reprimirme de nuevo, aunque ahora para que no se me salten las lágrimas de ternura y atenderles sin demasiadas metafísicas, escuchando lo que me cuentan, que es lo suyo. Y así vamos.