jueves, 26 de febrero de 2015

Dibujar es mi forma de acariciar las cosas


Entre las hojas de un viejo libro, mi hermano Jaime ha encontrado este antiguo dibujo mío. Para excusar mi dislexia, aventura que tiene que ser un autorretrato ante un espejo. No sé. Esta vez sí hay perro. Y un alejandrino. 


miércoles, 25 de febrero de 2015

My family



Ayer fuimos a tutoría al colegio de Carmen. En el aula, exposición temporal de los retratos familiares que cada niño había hecho de su familia. Muy bonitos todos. El de Carmen, naturalmente, me encantó. Tanto, que le hice una fotografía. 



Las comparaciones son odiosas e inmediatamente dejaré de hacerlas, pero el cuadro de Carmen era uno de los dos únicos que habían pintado la casa, y la nuestra estaba en su justa medida, pequeña pero identificable. Lo vi un rasgo heredado, por la importancia que le doy al solar, me emocionó. Encima, patrimonio viene de padre, precisamente. 


Y qué alegría verme de la mano de Leonor, para toda la eternidad, como diría Keats a cuenta de la urna griega:




No acabaron mis emociones ahí. ¿Os habéis fijado que Carmen nos coloca a todos los de casa una corona? Sí, sí una corona. Que en el dibujo se pueda confundir con un gorrito de bufón con cascabelitos no tiene nada extraño y es perfecto, porque los gorros de los bufones son coronas de pega, como todo el mundo sabe:









Casi no oía ya a la tutora, emocionado como estaba de hasta qué punto Carmen ha interiorizado la doctrina

Pero no creáis que todo era alborozo. Me dio mucha pena ver que Carmen no había pintado a Pukka. Está ya tan viejita nuestra perra, que se pasa el día durmiendo, casi sin participar en la vida familiar. Ay. 

A cambio, sí están las flores y el jardín, que la niña sale a la madre también y mucho y más y qué bien. 




martes, 24 de febrero de 2015

S.O.S.


La tragedia del traductor es la aliteración, que se pierde en un suspiro. Más triste aún en esta frase axial de Chesterton, sobre la que gira su filosofía y su Autobiografía (1936): "I hung on the remains of religion by one thin thread of thanks". Aquí la frase es música para una idea y una imagen: tengan en cuenta su gordura, eh. Pero la música: un rugido de resistencia religiosa seguido de un leve zezeo susurrante que lo sostiene, con suspense y felicidad, todo y, sobre todo, a él. Sabiendo que no llego, que me faltan erres al principio y eles al final, propongo esto. Se aceptan —se ruegan— mejoras. 


Yo pendía entre restos de religiosidad de un delgado hilo de agradecimientos.

domingo, 22 de febrero de 2015

Manual del perfecto provinciano


De La vida lenta de Pla hablo en el periódico, pero tiene mucho más interés que hable Pla:

1956

¡Año nuevo, vida nueva! Me paso lo que queda del día en casa, junto al fuego.
*
Qué vida tan extraña y aburrida. Es un suicidio lento pero asegurado.
*
Me gusta leer, más incluso que de joven. […] Lo único que me gusto es leer, pero me canso, sobre todo si me exalto.
*
Catania. Mezcla de ampulosidad y miseria.
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¡Cuántas horas he pasado pluma en mano!
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Es dificilísimo escribir con un poco de claridad.
*
¡Maravillosa, prodigiosa atracción acariciadora de los sexos!
*
Yo, al menos, estoy bien aquí. Esta casa me ha salvado la vida.
*
Fatiga de tanto hablar. Reventado como una cigarra.
*
Fredrikstad. […] En el norte, las patatas son maravillosas. Tarde pasada trabajando para Destino. No he cenado. Estoy un poco débil. Se está bien en el hotel. Parece que el pueblo esté dentro de un gran jardín. Árboles magníficos. Oigo cantar a un ruiseñor. El mirlo. A lo mejor este ruiseñor canta en la riera de Llofriu.
*
Trabajar y mirar el cielo y el mar. No se puede pedir más.
*
Sardanas en la lonja. Bailo tres.
*
He bailado una sardana.
*
Estaba más cansado de lo que creía —cansado sobre todo del verano, del tráfico y de la gente.
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Ha hecho mucho calor y me ahogo en la cama. ¡Con el frío que he pasado en esta habitación!
*
Ridruejo —excelente— a veces pone cara de víctima.
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Trabajo a medias, más o menos.
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Foxá está gordo y asmático y me tutea. Me dice que ha comprado el castillo.
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En la mesa de al lado come Carrero Blanco con los Catá.
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Ando lentamente bajo la lluvia, paso a paso. Muy agradable. La lluvia menuda me fascina.
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Satisfecho de recluirme. Qué delicia.
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Sólo soy correcto cuando estoy solo.
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La fiesta. Una cosa a la que llaman la Raza.
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Aburrimiento e intrascendencia. Menos mal que no deja de llover.
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Parece que todo marcha con normalidad —pero no hay marcha.
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La buena vida me sienta tan mal como la mala.
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Día húmedo, con neblina y un sol que parece una luna.
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Lo más importante de la vida es dormir.
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De postre, un muslito de pollo.
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La situación política. Larga conversación. El año que viene será decisivo.

1957

Leo que a Cela lo han nombrado para la Academia. ¡Lo que faltaba! Hoy Teresa encuentra el primer manojo de espárragos.
*
[fotografías] Los hay que llevan máquinas que parecen metralletas.
*
… entramos, lentamente, en el trópico obeso. El adjetivo es de Carner.
*
La mujer más bonita del Conte Grande… Debe de ser una chica de buena familia venida a menos. Sin embargo, tras las investigaciones de rigor, resulta que es al contrario. Es una chica de familia pobre venida a más.

1964

Escribir cada día me cuesta más. [El orden de la frase no la hace clara, pero sí expresiva, como si fuese una frase costosa]
*
Arreglo —rompo— papeles.
*
Sin leer, habría sido un día horrible. Afortunadamente he tenido apetito.
*

A veces el sentido del ridículo no me deja escribir.

sábado, 21 de febrero de 2015

Soy una entrada de mi blogg


Esta noche tenemos cena en casa; y con un ilustre invitado cruzo estos whatsups previos. Remata el tío con un hermoso elogio.



Estoy como Gil de Biedma, salvando las distancias. Él dejó de escribir porque quería ser poema y no poeta y ya lo había conseguido. Yo ya veo: nunca quise ser bloguero, sino un post. 


viernes, 20 de febrero de 2015

Por experiencia


Si un niño tose en mitad de la noche y tanto como para levantarte, cuando le preguntes a la madre, que naturalmente se ha despertado antes que tú: "¿Qué le pasa?", procura que la entonación denote una gran preocupación y no un leve fastidio. Es bastante mejor. 


jueves, 19 de febrero de 2015

Cascada


He entrado en bucle memorialístico. Tras la enfermedad, por las revisiones, mis padres iban muchísimo a Madrid, cada tres meses al principio, luego cada seis, una vez al año al final. Igual que fui consciente de la enfermedad y la sombra de la muerte, una más de la familia, no lo era en absoluto de la angustia que precedería a esas visitas médicas ni del alivio con el que volverían mis padres a casa. Quien sabe si su amor y el mío a la casa viene de ahí. Traían siempre regalos, que aguardábamos impacientes y seguros. Éramos (también de eso fui consciente) unos privilegiados por tantos libros y cosas. No fui consciente (hasta ayer ) de que aquellos regalos eran expresión perfecta de la alegría y del amor de mis padres y he sentido que tenía que haberlos celebrado muchísimo más. Fuimos, sin lugar a dudas, niños muy mimados, y puedo recordar claramente que algunos amigos lo percibían así, pero es que mis padres se sabían muy mimados por Dios, y todo caía en cascada. 

miércoles, 18 de febrero de 2015

Una tata más


Anoche me entró miedo de que no se entendiese mi artículo de hoy. Hay quienes ponen reparos al humor negro, a ver qué decían de este humor escarlata, salvaje, desafiante y teológico. Viendo los votos y los rt, que son mis termómetros (tan a ciegas ando), la cosa va bien, y respiro. Pero anoche recordaba, para consolarme y comprenderme, una conversación de esa mañana. 

Un buen compañero y buen profesional incluso de mi instituto me contaba lo muchísimo que le había afectado la muerte de un familiar. Era su primer encuentro con la dama oscura. Yo le contaba que mi caso, fe firme en la resurrección de los cuerpos aparte, es peculiar. Cuando era muy pequeño mi madre tuvo una enfermedad de pronóstico fatal. Siendo el hijo mayor y el nieto mayor y teniendo de 6 a 12 o 13 años, lo viví todo bastante en primera fila. Empezando por el día de la noticia, que recuerdo perfectamente, el 26 de junio de 1975 y luego la larga estancia en Madrid y mis visitas al hospital con mi abuela (fue la primera vez que me monté en avión) y más tarde las angustiosas revisiones periódicas, hasta la alegría final del alta. El caso es que me críe, como si fuese una tata más, con la muerte en casa. Eso explicaría las confianzas que me tomo, que ella me perdona, pues al fin y al cabo ya se tomará la revancha, amablemente, cuando toque. 

Le contaba esto y, como resultaba todo muy abstracto, ilustré con un ejemplo. Íbamos una mañana de invierno de esas azules intensas en el coche toda la familia. Mi madre, de pronto, dijo: "¡Qué felicidad si ahora tuviésemos un accidente grave y nos muriésemos todos, todos juntos, tan felices!". Le preocupaba mucho morirse y dejar a cuatro huérfanos y a un viudo. A mí aquel comentario me impresionó y protesté, riéndome, enfadado. Pero ayer, cuando contaba la historia, vi, de golpe, que mi madre nos dio una lección vivida inolvidable: "El amor es más fuerte, mucho más, que la muerte". 



martes, 17 de febrero de 2015

O obvio ululante


Quiero decir dos palabras (o sea, doscientas)
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Para mí el amigo es el gran acontecimiento.
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Cuando voy en taxi, siento una euforia absurda y terrible.
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Hay admiraciones abyectas.
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El arte de la lectura es la relectura.
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Estamos tan olvidados del sufrimiento que su dolor nos parecía, cada vez más, una dolencia psicológica, casi una locura.
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La perfecta soledad ha de tener por lo menos la presencia numerosa un amigo real.
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Esta es nuestra degradación: sufrir menos, cada vez menos, hasta olvidar. […]  Tenemos un miedo tan idiota al sufrimiento, y son tan pocos nuestros instantes de tristeza total. Qué bueno es sufrir de viejas penas.
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Yo me sentía violado cuando el profesor hablaba de sexo (y, de amor, ni una sola palabra). […] mucha educación sexual y nadie se dispone a ensayar una “Eduación Amorosa”. 
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El hombre comienza a ser hombre después de los instintos y contra los instintos.
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En realidad, yo no me asombro de que alguien, papa o no, vea a Dios. Lo que asombra, verdaderamente, es que Dios no sea visto, a toda hora y en cualquier parte del mundo.
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A todas horas, en todas partes, la vida injerta el pasado en el presente.
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[la desaparición del sombrero fue la desaparición de la cortesía] Somos más solitarios porque nos cumplimentamos menos.
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[Le pidieron hablar contra las palabrotas]. No puedo. Todas las palabras son rigurosamente lindas. Somos nosotros los que las corrompemos.
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No sé qué cruel fatalismo está siempre empujando a nuestras izquierdas hacia el error, hacia la equivocación, hacia la alienación.
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Este pueblo está viviendo una época de poquísimo amor. El odio está más promovido que una marca de refrescos.
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Los “comprensivos” son cada vez más. Nos los encontramos por todas partes. […] Somos hoy un pueblo de poquísimos asombros. […] Suprimió de sus textos el punto de exclamación.
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Los idiotas perdieron la modestia, la humildad de milenios. […] A simple vista, cualquiera percibe la ascensión social, económica, cultural, política del idiota.
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El brasileño es un Narciso al revés que escupe sobre su propia imagen.
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La verdad es que no hacemos otra cosa en la vida sino olvidar el espíritu.
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Si me preguntan que es lo que se salva de mí diré, con la frente erguida: ¡La memoria!
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Hoy nadie respeta a la inteligencia ni la inteligencia se respeta a sí misma.
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El aplebeyamiento comenzó cuando el intelectual se politizó.
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Así como Zé Celso halla que el espectáculo no tiene nada que ver con el autor, yo entiendo que el teatro no tiene nada que ver con el público. Sólo reconozco en el público una función estrictamente pagadora. No debería tener derecho al aplauso. El aplauso ya me parece una exageración.
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Los que capitularon necesitan destruir al que no se rindió.
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Juntos nos reímos porque la amistad debe ser una relación graciosísima.
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Cada quince minutos aumenta el desgaste de nuestra delicadeza. 


lunes, 16 de febrero de 2015

Bibliófago


Para escándalo de Abel Feu y otros amigos bibliófilos, leo subrayando, casi masticando el volumen. Cuando termino, leo mis subrayados. Cuando termino, apunto en una ficha los resubrayados. Eso explica que, al final del proceso, acabe entusiasmado casi siempre con el autor. Durante dos vueltas he leído sólo lo que me ha gustado mucho en la primera, y lo que no me gustó pasa al fondo de una pasta de papel que no sirve más que para recordarme la travesía que hice para llegar a lo bueno y que, por tanto, de una manera más vanidosa y pueril, también me gratifica. 

Eso, en general. Me acaba de pasar una cosa extraña. He disfrutado muchísimo un libro (O obvio ululante de Nelson Rodrigues), pero cuando he ido a por los subrayados he visto que no eran tantos como se podía esperar de mi entusiasmo. Y mis notas han sido poquísimas. Lo he visto como un buen augurio, otra forma de disfrutar de un libro. No por lo que me dice el autor, grandes frases memorizables, sino por cómo me lo dice y quién. Un encanto personal, digamos. Supongo que me habrá pasado muchas otras veces, pero esta vez me ha sorprendido tanto el contraste entre placer y ficha que he sido consciente. Ha resultado un descubrimiento muy agradable también. 






sábado, 14 de febrero de 2015

Cuatro o cinco gestos


El día me da la propina de cuatro gestos o cinco. El primero es mío. Como digo (excusándome) en el artículo de hoy, soy miope. Y colecciono monedas de 2 euros de Dante. El resultado es que cuando me dan cualquier vuelta me vuelco sobre la palma de mi mano, tocando las monedas, para ver si me ha tocado algún Alighieri. La imagen tiene que resultar muy dantesca: por esa aparente avaricia minuciosa y por la misma cortedad de vista, que sale mucho en la Divina comedia. 

El segundo gesto. Me fijé quizá porque todavía iba pensando en el mío. Una chica por la calle se para a ver su móvil. Como hace sol, arquea su mano sobre la pantalla exactamente igual que se hacía antes con una cerilla para encender un cigarro. Como acerca la cara, la similitud es asombrosa. Falta el humo.

El tercer gesto, otra chica. [¿Me fijaré más en ellas?] Me cobra de la tarjeta, y mientras marco mi pin, como sostiene el datáfono, vuelve ostensiblemente la cara al infinito. Sobreactúa, por supuesto, pero qué remedio. No se va a poner a mirarme los ojos ni puede hacer otra cosa. No se me ocurre solución a esa torsión de cuello tan incómoda, que no se merece. 

El cuarto. Llego a misa y Manuel el mendigo está mirando por unos prismáticos a la auraucaria de las bodegas Caballero. El gesto, como de capitán de barco de la Armada, a lo que ayuda su barba poblada, canosa y polvorienta (que podía ser por el salitre en vez de por el polvo), ya vale mucho. Pero me explica que observa a los cernícalos que cazan gorriones tirándose en picado. Piensa uno que admira esa capacidad vertiginosa de conseguir comida, pero enseguida le ve un amor a la ornitología que lo redime y le ennoblece. Pregunto: ¿Y les va bien la caza?. "De cada cien picados, fallan 90, pero 10, ¡vaya si los cogen!". Entro en misa. A la salida, me está esperando y me muestra un puñado de plumas, más delicadas si cabe en su mano tosca. Pienso que ha cruzado la calle, ha entrado en el patio de la bodega y ha rebuscado esas plumas, para demostrarme algo que yo le había creído absolutamente. El gesto me enternece. 

El quinto gesto es de Carmen. Le digo: "Eres la hija perfecta, apenas tienes un fallo". Se trata, como han adivinado, de una pura estrategia pedagógica. Ella levanta la vista como un rayo, muy extrañada por ese fallo y dispuesta a preguntarme, como yo había previsto. Eso me permitiría entrar a comentarle un detallito. Pero se para a tiempo. La luz fiera de sus ojos se serena. Sonríe. Y dice: "Gracias". Sin preguntar. 


viernes, 13 de febrero de 2015

jueves, 12 de febrero de 2015

AP-4 Sevilla-Cádiz

De día voy
y vuelvo. Hoy, la luna
es de memoria.  
 

Carta de un amigo


Un amigo, tras leer mi artículo vinatero, me escribe esta delicia, que no me resisto a copiar. Dos datos que os harán falta: está escrito en el móvil y mi amigo quiso ser torero. 

Cómo recuerdo cuando tu padre decía q la cerveza es ordinario, y la copa de vino es elegante. Si elegante es una copa de vino, no te quiero ni contar, una copa de fino. Pero, fino de Jerez!!. Y lo máximo, Tío Pepe. Yo, te confieso, q compro algunas veces el de Montilla. 2,20€ en el cobiran. Tío Pepe 5,60€ en el MÁS. El de Montilla, si le das 30 minutitos de congelador, medio se puede tomar. Hay amigo, pero el día q engancho la botella de Tío Pepe...me acuerdo de Pepe Luis Vazquez, un día q estuve muy bien con una vaca con el capote. Y, el maestro, dando unos lances al aire con su inconfundible naturalidad, le decía a mi entrañable Alvaro Collado (catalán). Santiago coge el capotito "asin", le echa la bamba del capote al hocico, y tira suavemente. En esto, se pone muy serio, y le dice a Alvaro. El problema, es que Alvarito: tu eres de Barcelona!!!!. Lo reventó.La otra vez q estuve bien, fue este verano, en lo de Carlos Nuñez. Torre una vaca con el capote despacio, despacio. Me preguntaban si yo escuchaba crujir al personal. Me dio vergüenza, y dije q no. Pero, lo oía perfectamente. Mi máxima satisfacción fue cuando Javier Nuñez (es el "Más Allá" toreando en el campo) se acercó y me dijo q hay q ver muchos tentaderos para ver torear tan despacio. Eso ha sido todo, en más de 20 años de aficionado. Breve palmarés. Como tu me decías "todos tenemos los 5 minutitos de gloria". Volviendo al vino. El Montilla y el Tío Pepe, es pa decir: Alvarito, tu eres de Barcelona.Como te darás cuenta. Estoy en la cocina de mi casa. Y me acabo de soplar media botellín a de Tío Pepe. La maravilla de las maravillas. Fuerte abrazo de un humilde banderillero.
Enviado desde mi iPhone

Y esta posdata, igual de deliciosa: 

En donde pone medio botellín, era media botella. No se si fue el corrector o la media botella, el causante del error.
Fte abrazo.
Enviado desde mi iPhone

martes, 10 de febrero de 2015

Arrefranar


Tras el análisis, fui a desayunar. En el bar, atestado, nos mirábamos unos a otros sospechando: "Qué harán aquí en vez de estar trabajando, qué país sin remedio". Yo leía y se me escapó una carcajada. El de la mesa de al lado me miró como a un loco. Y todavía tenía que sonreír más. En otra mesa, quedaban unas señoras mayores, e iban llegando todas. Supongo que al ver que no faltaba nadie, una de ellas dijo:
"Querer es poder", 
qué verdad es. 
Y lo repitió varias veces, con acento y entonación, casi con música, regodeándose:
"Queré es podé", 
qué verdá é.
Yo la oía encantado. Era una vindicación subconsciente de la rima, como subrayador, como contundentizador, digamos. Eso arrefranaba la frase tópica. Y, además, de alguna manera la salvaba. La alejaba del campo tonto de la automotivación y la acercaba al de la voluntad y la recta intención. A ver si me explico: el remate del segundo verso vendría a decir, si lo entiendo bien, no es que uno pueda todo lo que quiera, qué disparate, sino que la predisposición a hacer algo suele ser el camino más corto para hacerlo, y viceversa. 


lunes, 9 de febrero de 2015

Una aventura


Por muy feliz que sea un matrimonio, o por eso mismo, uno entiende a la perfección la frase de Oscar Wilde de que es una carga muy pesada para llevarla sólo entre dos. Eso serviría para una reflexión teológica, por supuesto. Qué introducción a la importancia de que Dios forme parte de la pareja, piedra angular. Pero no rebajaré (alzaré, digo) la broma de Oscar Wilde a esas alturas, porque no se lo merece. Lo llevaré a la mía, sin traicionar, por tanto, la frivolidad fundamental del guiño. La literatura sí vale de aventura, de cana al aire, de divertida e irresponsable rotura de las reglas. Anoche me quedé leyendo una novela hasta la una y media, una novela que no tengo que reseñar ni que aprovecharé para escribir un artículo. Y, hablando de artículos, todavía no tenía ni idea de qué iría el mío de mañana (ni lo sé, ay, uf). Y cuántas cartas que contestar. Y trabajo del IES. Y libros que leer por motivos más serios. Pero allí estaba yo, leyendo, leyendo, disfrutando del placer de lo prohibido, sabiendo que a las 6:00 sonaría el despertador y que me levantaría con la mejor cara, porque en estas aventuras lo esencial es que tu mujer no sospeche nada o, al menos, no tenga nada que reprocharte. 


II

Maravillosa Leonor, que me llama a media mañana, tras leer esta entrada, ¡celosa! Dios se lo pague. 

III

Pienso ahora, examinándome a fondo, que quizá no habría escrito la entrada de esta mañana de haber sido el libro de un hombre. ¿Será posible que sea tan subconscientemente frívolo? 





sábado, 7 de febrero de 2015

Poética


Quique me señala la plaza de toros y me da una explicación bastante exacta de la tauromaquia. Caigo en que he estado desatendiendo mis deberes de padre, y le prometo que le llevaré muy pronto a los toros. Me pregunta: "¿Vas a torear tú?" Cuando lo explico que lo más probable es que no, siente una tremenda depresión, que casi le tira al suelo. Y no le puedo reñir ni consolar porque entiendo y admiro su berrinche. En efecto, en el arte (en todas las artes) el espectador no tiene que existir, eso es para los espectáculos. En arte, están sólo el creador, la materia y lo creado. En poesía se ve claro que el lector tiene que poner muchísimo de su parte, mientras que el poeta o desaparece o se convierte, como quería Gil de Biedma, en poema. En los toros, Ramón Gaya avisaba que el torero nos representa a todos. Yo no me siento con fuerzas para explicárselo aún a Quique, pero sí para agradecerle la lección de repaso que me ha dado hoy, al borde de la Plaza. 



martes, 3 de febrero de 2015

Quien no celebra no merece vivir


Ha llegado a mis manos un inédito, que dejará de serlo pronto, D.m. Y los privilegios (lo es en toda la extensión de la palabra) son para celebrarlos y compartirlos. Hablo de los aforismos de mi desconocido amigo Ander Mayora, y vienen reunidos en un libro de muy dulce título: La clemencia del tiempo.


Cuanto menor es el espacio de lo vendible, mayor es el lugar de lo santo.
*  
Reconocer una única aristocracia: la aristocracia de la alegría.
* 
quien no celebra no merece vivir.
*
El perdón no se pide, se gana.
*
La exageración es la condición sine qua non de la literatura.
*
La lucidez impide la novela.
*
Provocadores oficiales, los payasos de la televisión se empecinan en una transgresión subvencionada que sólo pone en cuestión la epidermis de los tópicos y los lugares comunes.
*
Las autodeterminaciones son, en última instancia, un absurdo. Aceptando el derecho, ¿cómo evitaríamos que nuestra cabeza se autodeterminase de nuestro cuerpo? La verdadera autodeterminación es el suicidio.
*
Todo castillo lo es de arena.
*
Hay algo que sitúa al conformista infinitamente por encima del contestatario: su capacidad de vivir como piensa.
*
La plenitud, ansiolítico de los místicos.
*

La realidad no es real, es religiosa.