martes, 30 de agosto de 2016

Aristócratas Anónimos (9/10)




Aquí


Me interesa agradecer las ilustraciones que ha venido haciendo Rosell, que han mejorado tanto mi relato de verano, y llamar la atención sobre la de hoy, quizá la menos espectacular, pero la más sorprendente. Esta entrega tiene un velado transfondo giradiano, como reconocerá cualquiera que conozca su obra, pero nadie más, oculto tras la historia, el folletín, el humor y el romanticismo. Rosell demuestra su genialidad al haber captado esa esencia en su dibujo, que tiene un aire indudable a follón del sanedrín. Qué buen lector hay que ser para ser un ilustrador óptimo.


viernes, 26 de agosto de 2016

De los que trajo Mendoza


Carmen está gritando en la entrada del Bucito y dando saltos: "Llegué. Llegué. Antes me daba miedo y llegué". Ha llegado sola en bicicleta desde casa hasta la playa. Antes, en efecto, le daba miedo; pero lo ha vencido. Me cuenta, al oído, el secreto de su victoria. Ha inventado una canción para darse ánimo:


Cuesta abajo, acelero 
y cuando quiero 
freno. 

Cuesta arriba, 
trago saliva. 

Está especialmente orgullosa porque yo le doy mucho valor al valor. Ya saben: "Sólo es libre el hombre  / que no tiene miedo" (vía). Eso, Quique lo tiene totalmente interiorizado. Ahora está tumbado sobre mí, que estoy tumbado en una hamaca. Me ha pedido que lea en voz alta el libro que tengo entre las manos. Es más o menos apropiado. Filetes de lenguado de Gerald Durrell. Cuando acabo el segundo relato, el de las tortugas, se me hace un nudo en la garganta y se me escapan dos o tres lágrimas, como pelotas de ping-pong. Quique se da cuenta (se ha mojado, de hecho) y me mira pasmado. "¿Estás llorando?". Llorando yo, el mismo que, cuando se hacen un rasguño en la rodilla, les cuenta la épica de los tercios viejos de Flandes  y les prohíbe un lamento. "Sí, de emoción. Los hombres no lloramos casi nunca de dolor, pero así, sí". No lo veo convencido del todo. Le recito la infalible milonga argentina:


Mi caballo es andaluz, 
de los que trajo Mendoza, 
que no tiene miedo al tigre 
pero tiembla ante la rosa. 

Se lo gloso y queda convencido del todo. Pero, de pronto, veo que su ceño se frunce. Me mira con pena y confiesa: "Yo nunca he llorado de emoción".


Aristócratas Anónimos (5/10)





domingo, 21 de agosto de 2016

Waugh!






































El Waugh más caústico y más certero se encuentra en este cuento de 1953 que no había leído  y que leí ayer en el tren con una admiración sólo comparable a mi hilaridad y con el corazón en un puño. Debería ser lectura obligatoria en 1º de Reaccionario.

AP-4 Sevilla-Cádiz


Desde el principio
nos escoltó la luna,
y al final, uno
a uno, todos dormían
menos la luna y yo. 

sábado, 20 de agosto de 2016

Espíritu de contradicción


Quique tiene la fea costumbre —no siempre voy a poner bien aquí a mis hijos aunque sea por disimular— de contradecirnos, como en un juego, al que no me gusta jugar. "No os bañéis, que hay muchas olas", ordeno yo. "No hay ninguna ola", dice él. Anoche: "Acostaos, que nos espera mañana un día larguísimo". "Un día cortísimo", dice, pues quiere ver los últimos minutos, tan tristes, del baloncesto. "Larguísimo". "Cortísimo". Al final, he de darle un grito y exigirle que diga, sin ninguna gana: "Larguísimo". Se va a la cama llorando.

Acabo de subir las persianas, advirtiendo hay que correr, que dentro de una hora tenemos que coger el tren para Madrid. Carmen no se inmuta. Él abre un ojo y dice: "Un día larguísimo". Medio tapado por la almohada no sé si es arrepentimiento de su tozudez de anoche, reconocimiento de la verdad de nuestra jornada o una ironía madrugadora. En cualquiera de los tres casos, la gracia es la misma.

Y yo también corro, que llevamos el tiempo en los talones.


miércoles, 17 de agosto de 2016

Adenda a la braga


Aunque lo interesante y sutil lo puso el comentario del D. Wilkins, no me resisto a compartir lo que pensé después, leyendo —uno como autolector— mi entrada. Recordé la famosa anécdota de cuando un catedrático o así le presentó a Eugenio d'Ors a una chica joven y guapa como su secretaria. Éste respondió: "Ah, secretaria. Es una institución muy antigua: antes se llamaba concubina". La recreo, como digo, de memoria, pero más o menos esa es la idea. Lo que aprendí ayer es que, contra lo que parecía, quién sabe si con esa contestación el sabio conservador que siempre fue d'Ors no estaba, en realidad, derrochando la misericordia de la tradición de la que hablábamos ayer a cuento de la braga náutica. No se trataba de desenmascarar a nadie sino de cubrirlo con el manto de lo consuetudinario. 

Los eufemismos, en cambio, nos hacen mucho más difícil la comprensión y la misericordia a los conservadores. 


martes, 16 de agosto de 2016

Tradición es misericordia


Unánimemente mi club es partidario del traje de baño largo para caballeros. ¿Unánimemente? No. Hay un señor que usa una ceñida braga náutica. Cualquiera podría imaginar una leve mueca de disgusto en mi cara o en la de cualquiera de los otros socios por la distorsión, pero se equivocaría. Hay una imperceptible pero real sonrisa de aprobación y hasta de agradecimiento. ¿Cómo? ¿Por qué? No, no, no tiene nada que ver con la tolerancia, qué va. Es la tradición. Este señor lleva sus buenos treinta años bajando de esa guisa a la piscina y lo que podría resultar chocante, se ha convertido en otra hermosa tradición local, que tiene su encanto y hasta su épica de resistencia al paso del tiempo.

No quiero quedarme en la anécdota de la braga náutica, y no sólo porque aspiro a que incluso los admiradores de tal prenda entiendan la entrada. Aspiro también a que sirva de ejemplo del factor misericordia y de la tendencia a la celebración que existe en todo talante tradicionalista y conservador. Supongo que a un reaccionario (con los que tengo mi particular polémica de familia) una braga náutica le parecerá inaceptable en cualquier situación. Un conservador, en cambio, ve en seguida la pátina del tiempo suavizando las aristas.


sábado, 13 de agosto de 2016

La venganza del levante


Como algunas personas, el viento de levante lleva a gala su malage. No tuvo que hacerle gracia, por tanto, que ayer me pasase el día celebrándolo, y que echase las campanas al vuelo por twitter, incluso:

Os quejáis del levante, pero a mí y a mis hijos hoy nos ha librado de ir a la playa . Y se lo agradezco. Al viento y al aire (acondicionado)

Contra el viento, el aire. Qué lema tan maravilloso para una tienda de electrodomésticos en nuestras costas, con sede en Tarifa, quizá. Para entender del todo mi entusiasmo, hay que saber que Leonor ha empezado a trabajar y que Yana sigue de vacaciones, de modo que yo he de bajar a la playa solo con los niños y ocuparme de todo. Fernando Pemán me preguntó por mi mujer y le dije que estaba trabajando y él, con la tinta guasona que le corre por las venas, puntalizó: "Ella está en el trabajo; el que está trabajando eres tú".

Al levante no le hizo gracia mi alivio, porque él viene para que se le proteste. Le había ofendido en su prestigio profesional, en su dignidad mítica. Por eso, en la fiesta de anoche, tomó cumplida venganza.

Fui a tomar un buñuelito de queso que había que mojar en una salsa espesa y justo cuando lo tenía suspendido y goteante a la altura de mi pecho, el levante soltó una ráfaga rabiosa y me echó encima tres goterones almibarados sobre la camisa. Ahí quedaron, inmediatamente secados por ese viento caluroso.

Una fiesta en agosto, en El Puerto, en el Castillo de San Marcos, con media humanidad que saludar y abrazar se hace muy cuesta arriba si uno lleva en la camisa tres lamparones como puños. Todos comentaban como pegaba el viento, pero yo, cuando el levante ululaba, le oía su risa, su risa vengativa. Convencí a Leonor para que nos volviésemos un poco antes. Por el camino hacia el coche, el viento nos revolvía el pelo, en un intento de hacer las paces, como si fuésemos sus niños. Yo le dije: "De acuerdo, hoy hemos empatado".




viernes, 12 de agosto de 2016

Mea culpa




Anoche se quedaron mis niños con un canguro. Era la primera vez que los dejábamos, pero nos íbamos tranquilos, pues se quedaban con el hijo estupendo de un estupendo amigo. Todo fue estupendo, en consecuencia. Esta mañana, estaban encantados y me contaron todo a lo que jugaron. De pronto, Quique pone cara de triste (de triste teatral) y me informa de que le dieron un leve cate. "¿Por qué?", le pregunto angustiado doblemente, por el cate y porque se lo mereciese, poniéndose pesado con el heroico canguro. "Porque dejé tirados los zapatos por el salón y no quería recogerlos"; y, de golpe, el cate me lo llevo yo, que no les doy ejemplo ni les educo en el orden. Quique no entendería tanto afán por la recolección nocturna de zapatos. Recordé lo ordenado que es mi amigo y en el horror al caos que tiene que haber inculcado en sus retoños. El cate es mío. Y me asusta imaginar la de cates que se llevarán mis hijos a cuenta de mis defectos y carencias, pobrecitos.



martes, 9 de agosto de 2016

Lirios de mar (2)


Siguen floreciendo los lirios de mar que planté en mi jardín. Al puro placer estético y al histórico, se suma otro ético. Estos lirios crecen en las dunas, donde apenas hay agua, y me temía que el riego automático y constante de mi jardín los echase a perder; pero se ha producido una hermosa paradoja. Acostumbrados a hincar muy hondo sus raíces en busca de la poca humedad escondida, ahora siguen su naturaleza, pero así huyen del exceso de agua y se van al fondo de mi parcela que vuelve a ser seca arena de playa. Podría sacarle algún jugo moral, me parece: persiguiendo obsesivamente algo, te alejas de eso y es lo que te salva. Se me ocurren casos novelescos para ilustrar el mecanismo, pero prefiero centrarme en su pura belleza contradictoria y en la sospecha de que algo parecido nos habrá ocurrido más de una vez.




lunes, 8 de agosto de 2016

Temor


A Dios no se le teme, nos advierte el sacerdote en la homilía, en abierta contradicción con Proverbios. Y el argumento es que Dios es amor, como si hubiese que escoger entre los dones del Espíritu Santo. Pero yo me distraigo con un argumento doméstico. Hay que ver lo que quiero a mi mujer y el miedo que me da acordarme de que no me acordé de hacer ese mandado o de poner la lavadora. 

Hoy ha vuelto al trabajo y me quedo solo con mis tareas y mis temores.


domingo, 7 de agosto de 2016

Torcaz


Otra de las grandes ventajas de la inmovilidad —me felicité— es la naturelaza. Apartado de la reunión familiar (política), leía un cuento de Blixen a la sombra de plata ácida de un acebuche. A dos metros de mí, bajó una torcaz a beber agua en un charco. Era preciosa, grande, colorida. Estaba, de pelearse contra el levante, agotada y sedienta. Era emocionante ver el buche palpitando como un corazón del agua y su ojo negro, inmóvil, pero brillando más a medida que saciaba la sed. Se agachaba un poco más de lo normal, por rozar el agua, por estar más cerca del frescor. En éstas, llegó mi cuñado, armando bastante jaleo. A la paloma torcaz no le compensó huir y siguió bebiendo, y mi cuñado, con independencia de su acelere, la contempló y apreció la belleza de la estampa japonesa tanto como yo, el inmóvil. De paso, me dio una lección: hay que felicitarse menos uno mismo y celebrar sin más la belleza, que es lo que importa.


sábado, 6 de agosto de 2016

Un momento borgiano

Con esto, que de pasada suelta la priora Cathinka como quien no quiere la cosa en el cuento El mono de Siete cuentos góticos, Borges hubiese sacado petróleo. Pero hace muy bien la baronesa Blixen en dejarlo caer, dejarnos con el vértigo de teología-ficción y una sonrisa y ya:


miércoles, 3 de agosto de 2016

martes, 2 de agosto de 2016

Anagnórisis sexuada


Mi lamentable desconocimiento de los formalistas rusos me impide asegurar que ya lo han estudiado ellos, como será lo más normal. Se trata de esa constante de la literatura en que una chica se disfraza de joven y hasta un momento dado no se descubre su verdadera identidad (sexual). Son siempre momentos esplendorosos. El teatro clásico está lleno de ellos, y se dice que es porque las chicas no podían actuar y tal y cual. Pero la narrativa también se recrea en esa confusión desconfundida. Y en el primer cuento gótico de su primer libro, "Los caminos de los alrededores de Pisa", la baronesa Blixen muestra, junto a todas las características que serán las de su obra, todas, también una anagnórisis sexuada de una intensa emoción, que luego es doble, seguida de otra anagnórisis, ésta sexual, por cierto. Creo que esa técnica o recurso narrativo emociona tanto porque retrata, simboliza y resume el deslumbramiento que produce la feminidad en su esplendor, ya sea porque una chica ha crecido, ya sea porque, de pronto, la miramos con ojos asombrados. Me encantaría que los formalistas rusos o los que fuesen no le hubieran puesto nombre, porque "anagnórisis sexuada" me parece muy apropiado.