miércoles, 17 de febrero de 2010

Villansaco

Ceniza sobre ceniza
y sobre cenizas, polvo.
Este año hasta en el clima,
hay Cuaresma para todos.
[O dicho en prosa]

3 comentarios:

  1. De siempre me ha gustado más la fórmula "recuerda que eres polvo...", como si me ayudara más a entrar en materia; pero este año, por lo que dices, porque ya estamos hechos polvo, cuánto he agradecido la segunda versión, la de "conviértete y cree en el evangelio". Un conviértete que en vez de sonar a "no" (que un poco siempre suena a "no"...), ya sólo me ha sonado a "sí". Qué alegría, oye.

    No hay sacco (¿iba por ahí?) que por bien no venga.

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  2. Anónimo8:28 p. m.

    En mi casa la cuaresma tenía también una significación gastronómica, de platos que sólo se hacían en este tiempo.

    Recuerdo especialmente el bacalao con garbanzos, las torrijas y sobre todo los viernes de arroz con leche y canela.
    Mientras nos daba deliciosas alternativas, mi madre nos recordaba que no se podía comer carne y que el chorizo y la mortadela del bocata, por mucho que quisiéramos ignorarlo, era carne.

    Yo ceniza aparte, intento inculcarle a mis hijos esos mismos valores para que se conviertan en recuerdos, al menos en lo del bocata de mortadela y las fuentes de arroz con leche. El bacalao me temo, tendrá que esperar a tiempos mejores, que hasta en esto se nota la crisis.

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  3. Va por ahí, CB. Y a ver si me marco, igual que cada Navidad un villancico, un villansaco cada Cuaresma.

    En mi iglesia, han usado las dos fórmulas: el polvo lo decía el sacerdote y luego, con la mano sobre el Evangelio (me fijé y hablaba de Cristo Rey) el conviértete. El dos en uno me ha encantado.

    Y qué bueno tu comentario, en los dos sentidos. La pobreza es suculenta, se sabe. Mucha gastronomía nuestra (véase tortillita de camarones, consiste en sacarle sabor a lo que había). El pie forzado de la abstinencia dio lugar a platos maravillosos, como los que citas. Qué bien te educó tu madre, y suerte de tus hijos con esa abuela.

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