lunes, 10 de diciembre de 2018

Releerse es llorar


Ríete de Larra y su escribir es llorar. Lo triste de escribir es tener que releersee. He pasado por el trago ahora mismo (por motivos estrictamente profesionales) y he tenido que irme corriendo (de verdad) a la frase más maravillosa de Luis Cernuda: «La poesía, el creerme poeta, ha sido mi fuerza y, aunque me haya equivocado en esa creencia, ya no importa, pues a mi error he debido tantos momentos gozosos».


jueves, 6 de diciembre de 2018

Desvelos



Cuando ya me estoy durmiendo, 
viene el Ángel de la Guarda 
y, entre el oído y la almohada, 
susurra: "La vida es sueño"...
Y entonces me dan las tantas.






miércoles, 5 de diciembre de 2018

Comentario de texto


Ayer tocó Sanlúcar de Barrameda. Bien, muy bien, naturalmente.

Como tenía clases que impartir, me perdí la visita a la bodega: 



Pero la oí contar con entusiasmo en el almuerzo, y eso también era muy bonito. Bebimos sus vinos lo justo para interiorizar la bodega, digamos. Vi las fotos. Y, siendo una bodega fundada, en 1792, tampoco hay prisa. Si ella ha esperado tantos años, yo puedo esperar unos meses. Encima, en el restaurante, como para entrenarme, tuve que esperar un rato a que llegasen los amigos de la bodega, y pedí la manzanilla de la casa y estuve en el paraíso, claro, y el tiempo se me pasó volando:




Ya en la mesa, me contaron un fandago que me encantó:


Sólo cuando estás bebío 
te acuerdas de mi querer. 
Permita Dios que te bebas 
Sanlúca, El Puerto y Jeré 

con toítas sus bodegas...


Oh, qué estremecimiento. Primero, ahí está toda una novela. Alguien se acuerda de su amada, mejor, de su amante, sólo cuando bebe. Es fácil suponer la historia. Pero eso es (como suele) lo de menos. Lo sugiere el poema, con una sabiduría instintiva muy honda, aprovechando que el primer verso es el único que no rima. Lo importante es el giro de generosidad de la amante en el tercer verso, verso que se abre, como toda generosidad, con Dios. No recrimina nada: al revés. Lo anima. Tanto lo anima (y hay que ver el tamaño de las bodegas de la tierra, catedrales del vino, las llaman, y la de viñas que hay entre Jerez, El Puerto y Sanlúcar) que nos da la medida de un amor desmesurado.

Ya con eso, qué bueno, pero el verso final es el remate. Parece que reincide en la exageración, nada más. y lo hace, aunque, ¡ojo, u oído!, lo hace con una rima más suave, con un ritmo lento, con una contabilidad puntillosa... Y ahí late una última delicadeza. El amor se quiere o se quisiera total, ay, qué dolor hay en esas "toítas". Hasta la última gota, se suplica. Porque el fandango, tan exagerado, por dentro aspira a la lentitud y a la totalidad... El amor es inmenso, pero imposible, aunque eso no, no se dice... ¿Para qué?











sábado, 1 de diciembre de 2018

Verano del 94


Me ha gustado mucho el poemario de Daniel Fernández (Barcelona, 1988), Las cosas en su sitio (Siltolá, 2018). Entre mis poemas favoritos, están «Rosa, Rosae» o «Seremos fuertes». Son textos estupendos que cumplen  con creces las exigencias de mi poética. Pero, además, el joven poeta me ha dado dos lecciones que me hacen mucha falta. La de que basta un apunte con autenticidad, sin más, para provocar una intensa descarga de emoción poética trascendida:

VERANO DEL 94 

Que otros ansíen libertad, 
tiempo infinito o ser felices. 
Vuelva a mí el gozo de creer 
que nadie en Tejerina 
conocía el moral de Los Hortales.

Y la de que basta crear, con el poder encantatorio de las palabras, un tono anímico, en este caso el de la tristeza, para que el poema funcione y lo agradezcamos y nos consuele. También, de nuevo, esa renuncia a la exposición de un planteamiento y una explicación  redunda en una ganancia poética: 


TRES TRISTES TIGRES  
 
Tres tristes tigres 
tiritan en la tarde. 
Retumba un trueno extraño. 
Mamá tigre ya tarda 
........................--se retuerce 
su muerte trémula en la tierra inerte. 
Tiritan tristes en la tarde 
tres tigres.



viernes, 30 de noviembre de 2018

Decantador de malajes


Otra utilidad de las redes sociales o una gracia es que te proponen posibles amigos. Lo hacen enlazando enlaces en una viruta virtual. De modo, que, con poco esfuerzo, uno lanza esas peticiones de amistad entre conocidos y saludados y conocidos de conocidos y saludados de saludados, en un Pla al cuadrado. Bien.

Lo gracioso es que, involuntariamente, esa herramienta se convierte en un decantador de malajes. ¿Cómo? Porque amontona e insiste en proponerte proposiciones de amistad a aquellos de tu entorno a los que te resistes, porque te dan pereza o una leve alergia o te temes un mohín de fastidio si les invitas o lo harías tú. Como a todos les demás sí les mandas tu guiño 3.0, se te va quedando una selección de esaboríos que ni tú sospechabas que existía y, mucho menos, que tenía tal envergadura.

Naturalmente no escribo desde ninguna superioridad moral. Como la amistad virtual también suele ser mutua, uno se supone allí, también con la carita de la fotito en la primera fila del decantador de malajes ajeno. Y le parece justo.




miércoles, 28 de noviembre de 2018

Variaciones






La alegría de verme incluido en la antología Dios y la poesía actual, y en Adonáis y en tan buenas compañías, me la ha atemparado una duda amarga provocada por la inclusión de mi inédito "Sí", que reza:


SÍ   
Como yo sí soy yo 
andaluz y garcía y todas estas cosas 
y no, aunque lo he intentado, Miguel d'Ors 
ni don Joaquín Antonio Peñalosa, 

traigo aquí ese poema extraordinario 
escrito por los dos 
donde nos cuentan como quieren ser sepultados;
pero con una leve variación. 

Al carpintero que haga mi ataúd 
le pediré un diseño de distinta factura: 
que se curve a la altura de la cruz, 
doblando mi cintura. 

Aprovechando mi recién estrenada inocencia 
y que la muerte aumenta la constancia, 
quiero enterrarme haciendo reverencias, 
pues no basta una vida para dar bien las gracias.


Evidentemente es una variación, como advierto, del poema "De rodillas" de Peñalosa y, sobre todo, del poema "Si" de Miguel d'Ors. En general, las variaciones, que son un homenaje, tienen también algo de impertinente sin remedio, pero no es esa la duda que me inquieta, ni tampoco que, como no están allí los originales, falte el referente. Primero pongo los poemas, para disfrutarlos; y luego vamos con la duda real:


DE RODILLAS 

Cuando la muerte me sea bien venida,  
id por el carpintero de brazos cruzados, 
de tiempo disponible y mano diestra, 
y pedidle un cajón al gusto del usuario 
donde yo quede precisamente de rodillas, 
que no basta una vida para pedir perdón. 

.............[Joaquín Antonio Peñalosa, en Sin decir adiós]



SI 

Si yo no fuese yo 
gallego y d'ors y todas estas cosas
y fuese (vaya suerte) don Joaquín 
Antonio Peñalosa, 

aquí figuraría aquel poema mío 
de Peñalosa, nadie se confunda
donde, con voz que sabe hacerse niña 
y es bella y es profunda, 

le encargo a un carpintero, para el día 
en que, muerto, comience a estar más Vivo, 
un ataúd digamos 
de diseño exclusivo: 

con una hechura tal -pido con esa 
humildad que es la forma más alta de razón- 
que puedan enterrarme de rodillas, 

pues no basta una vida para pedir perdón. 

........................................................2-II-98......
............ [Miguel d'Ors, Hacia otra luz más pura, 2003]

Lo que me preocupa es moral. ¿No parece, por contraste, que yo me creo que no necesito pedir perdón, ea? Y encima comparado con Peñalosa y d'Ors, santos varones. Yo sé que siempre he sentido (aunque muy teológico no resulta) que pedir perdón (el hecho de ponerse a pedirlo, digo) tiene un punto de vanidad, cargando el acento en lo que uno hizo, y otro punto quizá de orgullo, dando por sentado que uno es capaz de ofender a la persona a la que se le pide perdón, quizá ofendiéndola por segunda vez o por primera. Si uno insiste, parece que se duda de su generosidad. En cambio, las gracias se centran en la otra persona y en su mérito, además. Sin contar que muchas veces, yo doy las gracias precisamente porque me han perdonado. Yo lo veo; pero mi inquietud es si no se ve nada de esto en el poema. En cuyo caso, pediría perdón, claro está. Y, si lo veis, pues os doy las gracias, desde luego, mil gracias.



lunes, 26 de noviembre de 2018

Mi sombra me asombra




Acostumbrado a llevarla por los suelos, como una moral hundida, de pronto, en el IES, he visto que mi sombra levitaba a media altura, sobre una puerta. Yo, no, sólo mi sombra, pero me ha parecido un buen presagio. Me ha levantado la moral.

Como era difícil de creer, me he hecho una foto y, para que se viera bien la altura de mi sombra, he levantado un pie. No sé qué habrán pensado los alumnos que pasaban viéndome fotografiar la puerta de enfrente a la pata coja, pero estaba tan contento que no me ha importado.