sábado, 18 de agosto de 2018

Karma


Ha querido el destino que ahora en verano, cuando algunos quedan conmigo como poeta y acuden con altas perspectivas líricas, me haya encontrado con este soneto de Mario Quintana:



 Querías que te hablase de “poesía” un poco 
burlándome de tanta ordinariez atroz. 
Querías el sonido de mi voz 
y no apenas un eco más de este mundo loco. 
 Aunque qué puedo darte, pobre criatura, en trueco 
de cuánto tú esperabas, ay de nos- 
otros, si yo soy hueco, hueco, hueco 
como el Hombre de Lata en El Mago de Oz
 Tú te acuerdas, seguro, de su horror 
a las lágrimas porque después se oxidaría… 
Pero como a un nenúfar del lago me querías, 
 como una lluvia de oro que te cubriese, como 
un pájaro de luz… No obstante, ¿habrá mayor 
poesía que mi afán sin fin por la poesía?



sábado, 11 de agosto de 2018

SOS [Actualizado y resuelto]



Estoy rematando mi traducción de la poesía de Mario Quintana y me ha surgido una duda que no soy capaz de solucionar solo. Vengo a pedir ayuda.

En El color de lo invisible (1989) tiene este poema:


La compañera   
La luna marcha con el que se marcha 
y se queda con quien se queda 
—pacientemente— 
espera a los suicidas en el fondo del pozo.

Lo había publicado antes, mucho antes, en El zapato florecido (1948) con un adverbio más:

La compañera  
La luna marcha con el que se marcha 
y se queda con quien se queda 
y, 
pacientemente, consoladoramente, 
espera a los suicidas en el fondo del pozo. 


Creo que la versión del 89 es mejor y sospecho que la consolación de la luna está implícita en la paciencia, pero no estoy seguro.

La existencia de las dos versiones me dan un pequeño margen de elección (que un traductor siempre agradece), pero no sé qué hacer. ¿Asumiríais el riesgo de que el poema pueda quedar macabro o preferirías la versión explicativa inicial?

ACTUALIZACIÓN.- Me habéis resuelto el problema prefiriendo mayoritariamente la opción que el propio Quintana (¡más de cuarenta años después!) escogió. Incluso hay quien considera un acierto poético ese punto morboso de la luna que aguarda. Yo prefiero pensar que queda la luz indirecta (¡lunar!) de la comparación con la paciencia y la espera, aunque puede que ambas juntas.

Una duda nueva a partir de otro comentario dejar sólo "consoladora":


La compañera  
La luna marcha con el que se marcha 
y se queda con quien se queda 
y
consoladora

espera a los suicidas en el fondo del pozo. 

No. No me decido. Es demasiada intervención y, curiosamente, no funciona tan bien como esperaba.

Entonces pienso (casi veo) al viejo Quintana sopesando todas estas dudas, todas estas posibilidades pacientemente. Y que ahora nos sonría, desde el fondo de la eternidad, consoladoramente, feliz de que al fin hayamos llegado a su propia conclusión.

viernes, 10 de agosto de 2018

Coliflor y Cordelia



Quique estaba castigado en su cuarto porque no quería comer la pizca de coliflor que le tocaba en suerte. No cenaría hasta pasar por el trance. Como nos daba lástima, lo visitábamos por turnos para intentar convencerlo de que había que probarlo todo un poco y que luego ya podría cenar más de lo que él prefiriese, con la satisfacción del deber cumplido y la sobriedad ganada. Pero nada de nada. ¡Que no!

Eso fue anoche. Ahora acabo de enterarme de que, cuando era Carmen la que le visitaba, le llevaba escondidos trocitos de bizcocho. ¡Así ya podía resistir el muy sinvergüenza! Finjo una furia fuera de cauce. Carmen me dice: "Hice como Cordelia".

Se llama de segundo nombre Cordelia por tres razones: santa Cordelia, Cordelia de Lear y Cordelia Flyte. Y le encanta que le cuente las historias de sus tres patronas. Repasé por orden las referencias: Santa Cordelia vuelve a morir del martirio que había esquivado porque no le parece honroso ni piadoso ni amistoso el escaqueo. No es el caso. La shakespeariana es la hija excelente. No, para nada, en esta ocasión, todo lo contrario, boicoteando mi castigo. Cordelia Flyte, sí, claro, caigo de repente, que llevaba whisky a Sebastian cuando este estaba castigado en Brideshead.

No es un precedente muy ejemplar, pero la literatura me desarma. Para mejorar la pedagogía al menos y espantar dipsomanías, les cuento la historia de santa Casilda. 




martes, 7 de agosto de 2018

Marshall vs. Quintana

Bruce Marshall: "The true poet cared only that great poetry should be written and not that he himself should write it. " (The World, the Flesh & Father Smith) Vs. los "Tres poemas" de Mario Quintana. 

TRES POEMAS QUE ME ROBARON

En aquel tiempo suspiré en un verso 
“Voluntad de escribir Sagasse de Verlaine...”. 
Mas hoy mismo mi voluntad sería 
haber escrito La piedra en medio del camino, 
La balada y la caña y La estrella matutina 
si, 
             —Oh musa infiel, 
no te hubiesen poseído antes 
Carlos, Augusto y Manuel...

Aplauso para los dos, para la melancolía de Quintana y la alegría de Marshall, pero me quedo con Marshall.


domingo, 5 de agosto de 2018

Fotogenia



Salir tan mal en las fotos no me inquieta. Con no fotografiarme, ya está. Es una vacuna contra la fiebre de los selfies y eso. Un memento mori sin necesidad de calavera. Hasta ahora lo único malo eran esas fotos que por retratar un momento bonito o memorable no quisiera yo estropear, pero estropeo.

Sin embargo, incluso en esas acabo de descubrir un valor a mi poca fotogenia. Un recordatorio de que, si algo está mal en el mundo, soy yo. Un signo de mi responsabilidad. Las fotos me lo impiden: no puedo hacerme el inocente.

Bien.


sábado, 4 de agosto de 2018

Dictado


La tarea de Carmen le pide que su padre o madre le haga un dictado con la palabra "mago". Así que me he arremangado:


El caballero es un mago
que cambia la realidad. 
Apenas dice un halago 
y lo convierte en verdad.



viernes, 3 de agosto de 2018

The World, the Flesh and the Father Smith


He disfrutado muchísimo esta novela de Bruce Marshall. Un amigo me la regaló hace 4 0 5 años y hasta ahora no la he terminado, tal es el retraso que llevo en mis lecturas, y en mi vida en general. Aunque tampoco vamos a angustiarnos, porque el libro se publicó en el 45 y no le he sumado tampoco tanto retraso.

Se merece un barbero real, pero hoy sólo comentaré un detalle extrapolable. A veces el libro insiste en darnos sana doctrina. En un momento dado, me estaba saltando dos o tres páginas catequéticas, suponiendo que qué tenía yo que aprender a estas alturas, pero, en el último instante, vi de reojo que la homilía la daba el Padre Scott, que es uno de mis personajes más queridos.

Volví de inmediato y me leí entero su sermón sin saltarme una coma. Al final, contra todos mis pronósticos, saqué una enseñanza, y esencial. Ganarse previamente el cariño de nuestro interlocutor es imprescindible incluso para darle la más dulce y alegre de las noticias.