viernes, 5 de abril de 2013

Agradecidas greñas


No es muy habitual dedicar ensayitos de crítica literaria, pero éste lo vi, peludo y chispeante, definitivo y por fin, por fin, paseando por el Campus de la Universidad de Navarra con Santiago de Navascués —más bien corriendo— a la caza de un taxi, y gracias a su inteligente objeción a la escena VIII, que fue la mía hasta ese mismo instante, pero que al ser suya, pude responder. Va por él. 


[Primavera]


Oh, oh, 
el insomnio, la lluvia 
y la ventana abierta. 

Porcelanas e insomnio


Como esas porcelanas carísimas y horribles que te regalan y agradeces y no sabes dónde poner, así las horas —con lo que a mí me faltan— que me ha traído el insomnio, valiosas e inservibles. 


jueves, 4 de abril de 2013

Dos poetas, dos destinos; pero paralelos


La reseña bicéfala está aquí. Y aquí sólo dar la prueba de que la poesía de Claudio Rodríguez rozó la poesía de la experiencia, como allí se afirma: 

UN SUCESO

Bien est verté que j'ai amé
et ameroie voulentiers...
François Villon

Tal vez, valiendo lo que vale un día, 
sea mejor que el de hoy acabe pronto. 
La novedad de este suceso, de esta 
muchacha, casi niña pero de ojos 
bien sazonados ya y de carne a punto 
de miel, de andar menudo, con su moño 
 castaño claro, su tobillo hendido
tan armoniosamente, con su airoso 
pecho que me deslumbra más que nada
la lengua... Y no hay remedio, y le hablo ronco 
como la gaviota, a flor de labio 
(de mi boca gastada), y me emociono
disimulando ciencia e inocencia 
como quien no distingue un abalorio
de un diamante, y le hablo de detalles
de mi vida, y la voz se me va, y me oigo
y me persigo, muy desconfiado
de mi estudiada habilidad, y pongo
cuidado en el aliento, en la mirada
y en las manos, y casi me perdono
al sentir tan preciosa libertad
cerca de mí. Bien sé que esto no es sólo
tentación. Cómo renuncio a mi deseo
ahora. Me lastimo y me sonrojo
junto a esta muchacha a la que hoy amo,
a la que hoy pierdo, a la que muy pronto
voy a besar muy castamente sin que 
sepa que en ese beso va un sollozo.

Terra ignota


Cuando era universitario y quizá desde antes me creía muy, muy mayor. Tanto, que puedo decir que durante todo este tiempo, hasta ahora, no he estado más que cumpliendo los años previstos y asumidos. Noto, sin embargo, que empiezo a adentrarme en una terra ignota. 

miércoles, 3 de abril de 2013

Las penas con Pan (y más con Apolo) son menos


Estoy con Mario Quintana en su elogio a la pereza, pero también en otras cosas, como en eso de que la alegría acompaña siempre a la escritura. La profunda satisfacción de crear lo cura todo o al menos lo alivia. Sobre las penas de Camoens, que dieron tan espléndidos sonetos, decía que Quintana que, tras el resultado, no serían para tanto, y que cuánto le hubiese gustado comentar el particular con el genio.

Sé que es un ejemplo minúsculo, como el parto de los  montes, pero confieso que mucha de la amargura que me produce Margallo, que es mucha, se me endulzó con esa imagen de mi artículo de los dos ratones cabezones cada uno con su queso en la puerta de cada cámara parlamentaria autonómica. Ji, ji. 



martes, 2 de abril de 2013

Azul regodeado


Por amor a las tardes y al equilibrio habría que hacer el cambio de horas al revés. Cuando el día se acorta, ofrecerle el oxígeno de una hora más. El sistema nuestro es recochineo: si las horas de luz menguan, además, haciendo leña del árbol caído, se le sustrae una hora a la tarde. Y lo de ahora, es regodeo: si los días crecen, se les suma, dándole al que tiene, una hora, encima. Ya sé, ya sé lo de las mañanas, pero qué importaría ir al trabajo de noche, como nuestro ánimo cada comienzo de jornada. Lo importante es cómo se termina. Y ser equitativos y compasivos.

Yo, ya digo, lo haría al revés, pero disfruto de estas horas de azul hondo. También disfrutan, y cuánto, y cómo (volutas voluptuosas), y cuántas, incansables, las golondrinas, que han llegado en masa, de golpe, tanto tiempo después de que llegase la primera. Ayer tarde lo vi claro: las golondrinas son epicúreas. 


lunes, 1 de abril de 2013

Una emoción de ida y vuelta



Me asusté de que mi emoción Frigidaire resultase exagerada e injustificada, hasta que escarbé en mi memoria. Cuando mi madre se puso gravemente enferma por primera vez y nosotros éramos pequeños y mi padre un recién fichado investigador de González Byass, en la bodega le dijeron que podía irse a Madrid todo el tiempo que fuese necesario para el tratamiento de mi madre, sin preocuparse en absoluto por su puesto de trabajo, que esperaría. Mi madre estuvo casi un año en el hospital, sin volver a casa —lo hizo para mi Primera Comunión—, y mi padre la acompañó todo el rato. A nosotros nos criaba una tata, Lola, que lo sacaba todo para adelante.

Se curó mi madre a Dios gracias, y a mi padre le quedó un agradecimiento a la bodega que habría que echar a pelear con el del padre de Sara a Frigidaire. Eso le hacía, además de  desarrollar una actividad incansable, que le costaba las bromas constantes de sus amigos ("¿Es tuya la bodega acaso?" y así), ir pidiendo vinos de la casa por todos los bares y restaurantes del mundo, y levantarnos a veces de la mesa si no los tenían. O incluso saltarse las delicadas normas de urbanidad del Marco de Jerez y pedir Tío Pepe en la presencia de Osbornes, Terrys, Caballeros o Domecqs. Yo lo veía un tanto sobreactuado, porque los González, que eran los dueños, no se ponían tan persistentes ni tan insensibles a las sensibilidades de otros bodegueros, pero le entendía.


Luego, Leonor entró a trabajar en González, y sin decir ni pío ni colgarse ninguna medalla
también ha dado en sentir los colores (los sabores, los olores) como la que más.  Como ella es antigua bodeguera por parte de padre (véase a la derecha) y de madre (véase el enlace), podría haberse notado un tanto los anillos antes de trabajar para la triunfante competencia, pero nada: todo lo contrario. Por tanto, el abrazo de Stephen Covey a la historia de su mujer, vía frigoríficos, me lo da a mí mi mujer en la mía vía soleras y crianzas. La anécdota de Frigidaire me afectaba más de lo que sospeché mientras la leía, más de lo que presentí mientras redactaba el artículo. Sólo mi emoción —que me parecía exagerada, y era justa— dio la voz de alarma. 


domingo, 31 de marzo de 2013

Justicia a tres turnos


En Sincronización en Birkenwald, que recomiendo, se cuenta que, según una historia judía, la salvación de la tierra depende de la existencia de 36 hombres totalmente justos: los Lamed Vavniks. ¿Por qué 36? En nuestra tradición judía, los números, como sabía Dante, no son casuales nunca. ¿No deberían ser 12, como las tribus fundantes de Israel, como luego los apóstoles? Creo que sí son 12, en realidad, los que han de sostener el mundo, pero que con tiernísima ironía, se sabe que los justos han de descansar y que, por el peso de la naturaleza, omiten muchos actos de justicia. Por eso, se organizan en tres turnos de ocho horas de jornada laboral, y se relevan, muy humana y solidariamente. (Lo que ya puestos, nos podría animar a organizarnos en cooperativas de minijobs de una horita, y entre 24 nos hacíamos un Lamed Vavnik.)



La virgen del umbral


Dónde ha quedado oh muerte tu victoria
eras la vencedora la total la reina
de la noche en el aire del olvido
eras la prostituta de las tinieblas
la sin sexo la del oscuro abismo
que devora lo mismo que parió
la lepra de sí misma la asquerosa
la coronada harpía del universo
la heredera legítima del pecado
y dónde ha quedado oh muerte tu victoria
vencida por Jesús eres la más hermosa
dominada por él eres la casi nada
la virgen del umbral la llena de luz
la que besa y se va por el infinito
eres la del relámpago la desnuda
la preñada del sol la que ilumina
y se muere de luz y desaparece
dónde ha quedado oh muerte tu victoria
Cristo resplandeciente aniquiló
golpeó tu vieja cara de carroña
arrastró por el polvo tus cabellos
mírate en el espejo oh dominada
ahora que te has vuelto casi transparente
tu reino ya no existe eres la sombra
del sol sobre ti misma oh casi nada
oh virgen del umbral llena de luz.



José Miguel Ibáñez Langlois, El libro de la Pasión. 

sábado, 30 de marzo de 2013

Dos de dos


Ha querido una curiosa casualidad que salgan casi a la vez dos artículos conyugales que escribí con más de dos meses de diferencia. Estoy contento porque espero que se compensen. En el de Nuestro tiempo peco de hybris y trato de comprimir en una columna toda una estrategia global para la defensa del matrimonio. En cambio, en el de Suma Cultural quizá peco de puntillismo, de elevar una anécdota (hermosa, eso sí) a categoría. Vaya lo uno por lo otro. 

viernes, 29 de marzo de 2013

Himno eucarístico


De Ibáñez Langlois en el Libro de la Pasión:


En el pequeño pan que yace sobre esta mesa 
la materia del universo se ha conmovido 
los espíritus tiemblan 
nos deslizamos casi eucarísticamente dicen los ríos 
nos abrimos como sacramentos musitan las flores 
lo que acaba de hacerse sobre esa mesa 
me afecta en forma física dice Saturno a sus siete anillos 
y lo mismo repite el sistema solar 
ah las estrellas resplandecemos con otra luz 
mi velocidad es la misma pero ha aumentado dice la luz 
los arcángeles tiemblan en la gloria 
los siete mil elementos del cosmos han cumplido sus sueños 
no sé cómo decirlo exactamente se dice el cosmos 
pero tengo la sensación de haberme convertido en un tabernáculo 
de aquí a la eternidad de aquí a la gloria 
no hay más que un paso dicen los trigales.

[Esa idea de que el universo se ha convertido en un tabernáculo es la misma a la que llega Ramón Gaya cuando dice que la realidad no es sagrada, sino más bien sagrario. Que a un mismo sitio y tal alto y tan concreto lleguen ambos por dos caminos tan diferentes: la ortodoxia, el estudio y la poesía, Ibáñez Langlois; la independencia, la atención y la pintura, Gaya, es casi una prueba del nueve.]

jueves, 28 de marzo de 2013

Adivina, adivinanza


Leyendo a... adivina, adivinanza, me encuentro este poema. 


Yo de pequeña quería ser monja 
y mi padre (que era muy republicano) 
me pegaba cada vez que lo repetía. 
 Yo de pequeña quería ser puta 
y mi madre (que era muy beata) 
me pegaba cada vez que lo repetía. 
 Yo de pequeña quería ser huérfana 
y mis padres me pegaban 
cada vez que lo repetía. 
 Yo de pequeña quería ser huérfana 
y mis padres me pegaban 
cada vez que lo repetía. 
 Yo de pequeña quería ser poeta 
y la vida me pegaba 
¡Pero conseguí serlo!

¿Adivináis por qué me gustó tanto? A ver, pensad.

¿Porque quería ser monja? Frío, frío. ¿Porque su madre era beata, mal pensados? Frío, frío. ¿Por el disgusto de la orfandad de sus padres? Bueno, me hace gracia, pero templado. ¿Porque tampoco tendrían que ser para tanto tantas palizas cuando se repetía tanto? Caliente, caliente. ¡Por la pura coincidencia —huy que te quemas, que te quemas— de la paliza! Claro que sí. 


miércoles, 27 de marzo de 2013

0'002 %


Hubiese puesto mis cuentas en el artículo del periódico, pero me quedaba sin espacio para describir la vertiginosa procesión interior, así que me las traigo aquí.


Con la edad, la procesión —aunque este año fue lentísima— cada vez va más rápido. Lo mismo pasa con la vida. La mejor explicación de ese hecho universal y, en principio, asombroso se la dio en un aeropuerto un anónimo guatemalteco a Andrés Neuman: "Un año, para un bebé de un año es el 100% de su vida; para un niño de 4 años, ya ha descendido al 25%; para un tipo de 44, es poco más de un 2 %". He sacado mis cuentas y las ocho horas que dura mi procesión, no son más que un 0'002 % de mi existencia. No me extraña, por tanto, que se me pasaran volando. 


martes, 26 de marzo de 2013

A la altura


Ayer descubro a Carmen hojeando una biografía gordísima. Le pregunto: "¿Qué haces?". Me replica: "Jugando a ser papá".

Y no es el golpe más emocionante de estos días. El Domingo de Ramos salió mi Hermandad. Mis hijos vinieron por primera vez a vernos. Me cuentan que a la vuelta, Carmen dijo: "Sabía que era papá porque llevaba una cosa suya". Y la cosa mía era el rosario.

Cuánto me gustaría estar a la altura de los ojos de Carmen.




domingo, 24 de marzo de 2013

Un espasmo de asco

Un espasmo de asco

[Yo hablaba de un topos literarios, pero el topo ortográfico del corrector me lo ha convertido en un mamífero soricomorfo, Bueno, cosas peores se han visto, y además los topos son ciegos.]


sábado, 23 de marzo de 2013

Lo malo es que casi nadie escucha


La Fundación Gloria Fuertes está sacando libros inéditos de su titular, que publica Torremozas en colección ad hoc. Yo soy muy de GF, sin faltarle a Gabriel Ferraté, pero al menos el primer libro de estos que me he leído, Se beben la luz, es bastante claroscuro, como suele ella, pero más. Sin embargo, tiene bastantes destellos, y un poema que pone el dedo en la llaga: 

LO MALO ES QUE CASI NADIE ESCUCHA 

Los hombres no supieron 
que hubo hombres que escribieron para ellos. 
--Y esto es feo-- 
Ni siquiera el alcalde de Berceo 
ha leído a Berceo.  
No engañaros, 
ningún pobre de América del Norte, 
ningún minero 
ha leído a Walt Whitman. 
Ningún compañero, 
ningún obrero, 
ha leído a Blas de Otero. 
¡Neruda! Los esclavos de Chile 
no saben tus versos. 
Y los inditos peruanos habrientos 
no saben quién fue César Vallejo. 

jueves, 21 de marzo de 2013

Ya puestos


Ayer fue el Día de la Felicidad y hoy es el Día de la Poesía y mañana, ya puestos, debería ser el Día de la Pera Limonera.