viernes, 20 de diciembre de 2013

Apuntes al paso


No llevo suelto. Le digo al aparcacoches que si está a la vuelta... Sonríe señalando una diminuta y arrastrada caravana: "Voy a estar a la fuerza: ésta es mi casa". Y hay un timbre de orgullo, que no identifico si es por el trabajo bien hecho de vigilar su trozo de parking día y noche o por tener una casa o por el calor de esas palabras "mi casa".

*

En el tren, la señora de al lado reza, con las cuentas escondidas debajo de su bolso, el rosario. Pone en práctica lo que digo en este artículo, y se vuelve continuamente a hablarme. Debe de haber sido el rosario más largo de la historia, por las continuas interrupciones. Yo me alegro porque es una demostración palpable de mi tesis. Me fastidia por mis horas de lectura, que me prometía felices. Compruebo otra cosa. Si en vez de un libro, miro el móvil, eso sí lo respeta y se calla. 

*

Leo en Auden una cita del soneto CX de WS: "Sold cheap what is most dear". Me zarandea.

En Shakespeare es el amor lo más querido y en Auden (New Year Letter) es, lógicamente, el talento literario. ¿En mi caso? Quizá todo. (Ya digo que la cita me zarandea.)

*

En la cafetería del tren, Jorge de Arco.  Entran unos conocidos del Puerto. Gano ante ellos mucho respeto pues salta a la vista que estoy teniendo una conversación literaria con un vate evidente. 

* 

De Atocha al Prado, bajo la lluvia, con frío, mojándome los pies, esquivando charcos en un eslalon a cámara lenta. Qué bonito es el otoño, a pesar de todo.

*

Un hermano pequeño es un tesoro. Puedes llamarle con veinte minutos de antelación, cuando tu comida de trabajo ha sido anulada a última hora, y exigirle que te lleva a comer. Llegar tarde (por culpa de RENFE), comer rápido, charlar atropellado, no rematar ningún tema, irte a mitad del segundo plato porque no te da tiempo, dejarle la mitad del dinero a ojo, pedirle otro favor y aún así irte encantado, feliz. 

*

En la UFV, aunque voy (¿lo he dicho ya?) tarde, me tomo un café en la cafetería y aunque llueve, me encamino al aula por fuera. Estoy repitiendo a conciencia y paso a paso lo que hice, la última vez que estuve, con Irene Vázquez. Por suerte, hay muchos alumnos que también van bajo la lluvia (fina, a lo madrileño; no esa lluvia provinciana a cántaros de aquí) y no se me nota demasiado el baño de nostalgia.

*

La clase.

*

Este soneto de mi hermano Jaime, que estará en ese mismo instante tomando su postre solo quizá todavía, o comiendo por por segunda vez, porque tenía otra cita, el pobre, este soneto, digo, de mi hermano Jaime, que recito para explicar una cosa:


EL LIBRO


El tiempo es como un libro que Dios tiene en las manos.
Lo recita en voz alta, o baja, lentamente,
y así pasan las hojas de los pobres humanos
que casi apenas oyen la línea del presente.

Allí, toda la historia de Roma y los romanos;
las guerras, y las paces al párrafo siguiente;
allí, las experanzas; allí, los cotidianos
susurros y quehaceres del amor de la gente. 

Allí, también, mi vida con sus pequeñas cosas,
y la tuya, con todo tu futuro, tu miedo,
tus sueños entrelíneas como en un escondrijo...  

Y en el centro del libro, con las letras borrosas
de haber pasado el Padre tantas veces el dedo,
la página que cuenta la muerte de Su Hijo. 

pero que me noquea de belleza y me lanza a las digresiones. Ahí están (¿las véis?) no sólo las hojas de este esplendoroso otoño madrileño, sino la de las generaciones de los hombres de Homero. Y qué acierto expresivo las "experanzas", tan del futuro y ya pasadas, en un punto idas...

*

Acabo la clase.

*

No es mi día de suerte en el tren. Un joven a mi lado que escucha en su móvil a todo trapo marchas procesionales. Como le puede la emoción las silba y lleva el compás con el llavero en la mesilla. 

*

Añoro a la señora del rosario de la mañana. 

*

Por cierto, España se estará descristianizando, como reza La constitución cristiana de los Estados,  el libro de Miguel Ayuso que voy leyendo, pero no se diría en absoluto por la gente que se me sienta al lado en el tren.  ¿Efecto imán?

*

De pronto, algo terrible. Llaman a mi compañero de viaje. Le dicen que un amigo ha muerto en un accidente de coche. "Joe, cojones", balbucea, "tanatorio, dónde, cuándo, cómo", pregunta, "me he quedado frío, qué papeleta". Se levanta, se va, no vuelve. 

*

En Sevilla, trasbordo al "Cercanías". Es molesto el trasbordo, claro, pero qué bien suena el nombre "Cercanías". Para entonarme, en una esquinita, cuando nadie me ve, me pongo este vídeo.


*

En la estación del Puerto, esperando a su novia (deduje y, luego, comprobé), un joven completamente bizco. Como no soy supersticioso, eso no tiene nada de particular. Lo curioso es que tenía en las orejas, bastante separadas, esos pendientes que no penden sino que son anillas que dejan un gran hueco en el lóbulo. Compensaban la proximidad de los ojos esos dos redondeles negros bien separados. Cierta armonía. 

*

Al recoger mi coche para ir a casa, ya muy tarde, con mucho frío, miré con solidaridad la pequeña y arrastrada caravana silenciosa. 





jueves, 19 de diciembre de 2013

Regalos


Recibo desde las Indias Occidentales este correo que me alegra la madrugada: 
Caro Enrique, 
em outubro estivemos, minha esposa e eu, na Feira Internacional de Frankfurt; foi uma viagem rápida. E de lá consegui trazer alguns livros de autores espanhóis. Agradeço a você a existência do seu blog, pois, através dele, pude conhecer poetas como José Jiménez Lozano, por quem estou deveras apaixonado, de quem eu trouxe Elegías menores, Editorial Pre-Textos, e li que no seu blog vc é o organizador da antologia El precio. Vc fez uma seleção de todos os livros de poemas dele publicados?Trouxe também a Obra completa de Ramón Gaya. Que esplêndido! Textos dele como "El silencio del arte" é magnífico, entre tantos outros. Também por indicação sua trouxe Aluvial e Estuario de Tomás Segovia; e a Poesía completa, de José Antonio Muños Rojas. Vê-se que fiz uma boa feira, ou melhor, uma bela colheita.Vou tentando divulgar esses poetas maravilhosos. Traduzindo...
También los alumnos se despiden durante estos días y dan las gracias, y me sabe dulce. No sólo, por tanto, es el dinero ganado con la literatura, sino también los alumnos agradecidos y también ver que unos libros estupendos (y no otros) cruzan la Mar Océana. 


miércoles, 18 de diciembre de 2013

Vistazos


Hay algo intrínsecamente doloroso en ver pintura: la sensación de quedarte en la superficie. 
Los mejores pintores son los que, caritativos, procuran mitigarte ese dolor poniendo mucha profundidad en la tela.
Y entonces eres tú, solo, el que se queda en la superficie.

* * *



Ante este retrato de Camilo Máximo experimenté una sensación de vértigo instantánea pero intensa. El retratado mira al pintor y enseguida no, es el pintor al retratado, y otra vez al revés y otra vuelta y otra…; y yo en medio mirando y siendo mirado, girando. Tuve que apoyarme en el hombro de mi amigo y apartar la mirada. 

















* * *






En cambio, aquí, una simple, casi iletrada, bien insensible y aguda nostalgia de mi hija Carmen, que ama el rosa. Entre el arte y la vida, yo, la vida, ya se veía. 






Por cierto, que cuando llegué de Madrid, Carmen me llamó: "Hey, gordito". "¡¿Gordito llamas a tu padre?!" Y zanjó: "'Gordito' es de amor". 





* * *


De pronto, al paso, citándonos desde lejos, la llamarada del Expolio de El Greco restaurado nos hizo volvernos y entrecerrar, para protegerlos, los ojos. Llama de amor viva (era el día de san Juan de la Cruz). 

* * *
UNA OBVIEDAD.- Había puesto para ilustrar cierto punto de una clase mía una diapositiva del Lavatorio. Al darme de bruces con él, casi caigo de espaldas. Qué diferencia con la diapositiva. No pongo ilustración, por razones obvias. 


* * *

De El Prado fuimos a los Machioili. Si son menos pintura, ellos lo sabían, que no es poco, y además son al menos más novela. Véase La Rotonda di Palmieri de G. Fattori, por ejemplo: 



martes, 17 de diciembre de 2013

Adonáis


He dudado mucho (durante cinco minutos) si contestar a Javier Sánchez Menéndez. No me lo tomo por lo personal (ni en lo ético ni en lo estético ni en lo emético ni en lo hermético ni en lo dietético ni en lo hipotético ni en lo frenético) como sé que tampoco hará él, hombre de un agudísimo sentido del humor. De JSM yo tengo cosas buenas que decir en lo personal y en lo profesional. Sacó De ida y vuelta y, sobre todo, ha sacado libros muy buenos en Siltolá, y eso cualquier lector insaciable tiene que reconocérselo y yo se lo he ido reconociendo todo lo que he podido y seguiré haciéndolo (tengo pendientes reseñar La misma monotonía de Juan Peña y pronto hablaré de Mitos y flautas de SFS). 


Su escrito, a mi entender, hay que entendérselo como una cosa paralepipoética propia de una personalidad aproximadamente pongamos pessoaesca. Pero como la calunnia è un venticello...



Como è un venticello, aclararé lo que pueda. 

Es raro que JSM, tan mesurado en otros campos, supongo, califique un libro mediocre cuando no lo ha leído.

¿Considera mediocres los títulos que hay en el catálogo de los últimos años? Hay de todo, como es lógico, pero destaca lo contrario: la presencia de poemarios estimables y de nombres incuestionables: aquí. Javier Vela, Gómez-Coronado, Raquel Lanseros, Antonio Praena, Alfredo Félix-Díaz... No parece un premio, ni un catálogo ni una nómina para despreciar de un plumazo. 

Es más raro, aunque se le entiende más, lo del latín y las mortificaciones. Dejando aparte que de los cinco miembros del jurado, a tres de ellos todo esto de el-latín-y-la-mortificación le sonará a chino y ciñéndome a los tres años en que he sido jurado del Adonáis, no diría que los premiados en 2011, Jesús Bernal, tan estoico, ni Vanesa Pérez-Sauquillo, tan epicúrea, ni Ruth Miguel Franco, tan elegíaca, sean de mucho latín (en el ladino sentido sanchezmenendesco, se entiende) ni de mucha mortificación (en sentido estricto); tampoco me lo parecen en absoluto la ganadora del 2012, Martha Asunción Alonso, ni el gran Ángel Talián. De Rocío Arana, la otra accésit en el 2012 hablaremos después. "Ah, pero el premiado de este año, Joaquín Moreno…", dirá JSM. La relación de Joaquín Moreno con ese latín y esa mortificación es exactamente la misma, qué casualidad, que la de JSM, ambas pretéritas. Me parece muy desafortunado ponerse hablar de cosas tan íntimas y que no tienen nada que ver con la poesía de cada uno de ellos, así que yo lo dejo. El que entendiese las sotiles ("sotiles" no por arcaizar, sino por no llamarlas sutiles) indirectas de JSM, lo entenderá todo, y quien no, no se pierde nada.

El asunto de fondo es que, entre los nueve publicados de estos tres años, hay dos que pertenecen al llamado grupo Númenor, que nació en un colegio del Opus Dei: una accésit, Rocío Arana, y el último premiado, Joaquín Moreno Pedrosa. De los años anteriores, hubo otros tres accésits, Pablo Moreno, Jesús Beades y María Eugenia Reyes, que también pertenecen o pertenecieron al grupo Númenor, aunque la proporción con respecto a los otros premiados es todavía menor porque el lapso es mayor y ninguno se alzó con el premio. Eso no debería escandalizar a nadie con sentido común por dos razones: primero, Númenor es uno de los grupos poéticos más activos y numerosos de la poesía joven —como lo es la nueva hornada de poetas asturianos, que ha de llevarse muchos premios próximamente, espero y deseo—; y, segundo, los de Númenor frisan los 35 años, que es el tope para presentarse al premio, haciéndolo, por tanto, en condiciones de máxima madurez.

Son amigos míos, eso es bien cierto. También lo son otros de los presentados. Lo cual sólo contribuye a mi sufrimiento porque yo, que les deseo a todos lo mejor, no voto por amistades (ni voto solo). Por fortuna, al publicar cada año tres libros, el curioso lector puede contrastar nuestro fallo y ver si resultó fallido o acertado. En ese sentido, animo al hidalgo JSM, el bueno, al caballero de los leones, a que, siendo un editor arrojado, intrépido, aventurero y agitado, no se nos quede a medias y publique en su Isla de Siltolá los libros de ésos que piensa que hemos discriminado, para que la comparación pueda ser exhaustiva y el bochorno caiga sobre nuestras cabezas, si tuviera o tuviese que caer. Me encantaría. Con algunos libros hemos sufrido en el jurado al ver que no los podríamos sacar. Yo desde aquí prometo reseñas elogiosas y merecidísimas para dos de los finalistas de este año que no serán publicados por Adonáis porque no cupieron, ay, ay. Leerlos ha sido un privilegio. Y también aplaudiré la publicación de un libro que no pasó el corte, y que yo, que no hago la preselección, tuve la oportunidad de leer de rebote, y que me pareció excelente, y estoy deseando releer ya édito.

Si tuviese que desanimar a alguien a presentarse al Adonáis, lo haría por el palo contrario a JSM: la competencia es altísima.


lunes, 16 de diciembre de 2013

viernes, 13 de diciembre de 2013

¿O? Oh


Me he cogido in fraganti pensando, al cruzarme con una chica extrañamente vestida, esto: "O va fatal, la pobre, o es que es así la última moda..." Vaya, qué bajo estás, me he reprendido, abochornado. Porque sea la última moda no va a dejar de ir fatal, la pobre. Te descuidas un poco y se te pega, qué vergüenza, el espíritu de los tiempos. 


jueves, 12 de diciembre de 2013

De oca en oca


Fue Javier de Navascués, como tantas veces, quien me puso en la pista: Baldomero Fernández Moreno había escrito aforismos. Eché las redes para pescarlo por internet, y miren qué pesquera: 

El colectivo: pura invitación a la vida interior. 
* 
El genio es una larga paciencia y una súbita impaciencia. 
* 
El otoño es una cuesta arriba de hojas secas. 
* 
La gripe es una pereza que duele. 
* 
Las noticias que se desmienten son las más interesantes. 
* 
Mucha vida interior implica mucha muerte interior. 
* 
Nada ayuda más al arte que la cólera. 
* 
De cada tres aforismos, me olvido uno. El aire me debe un libro por lo menos. 
* 
He visto a la Vía Láctea desvanecerse tras el humo de mi cigarrillo. 
* 
Me paso la mitad de la vida juntando papeles sin importancia y la otra mitad tratando de deshacerme de ellos. 
* 
Odio las telas de araña y los argumentos. 
* 
Si no me comprenden, me irrito. Si me comprenden, me entristezco. 
* 
Yo soy un hombre de mundo, pero del otro.


Además, me traje arrastrado un libro de aforismos de su hijo César Fernández Moreno, que reseño en Suma Cultural. 

martes, 10 de diciembre de 2013

Guiñar con todo el cuerpo


Carmen guiña con mucha gracia. Y con tanta implicación que lo hace con todo el cuerpo. Ladea la cabeza del lado guiñador y recoge esa mano y hasta cojea un poco. Si ella hace algo, lo hace de todas todas. Y, a partir de ahora, cada vez que vea a un cojo, sentiré que guiña, feliz, en serio. 


lunes, 9 de diciembre de 2013

Hojas secas mojadas



Razones por las que, a pesar de tanto ruido y prisa, me paro en seco a leer el libro Hojas secas mojadas, de Isabel Bono, en Siltolá. 1) El comienzo de la solapa: "Cuanto más tiempo pasa más simple y corta se vuelve mi biografía". 2) La hermosa fotografía, artística sin llegar a cursi gracias a un pequeño guiño de ironía. Y, desde luego, 3) un título redondo, que se balancea, coma una hoja cayendo en otoño. Y ya para engancharme del todo, 4) el título de una de las pequeñisimas prosas, que yo llamaría aforismos:  El silencio está sobrevalorado. 

Me siento, me callo y (me) leo:

Siempre he pensado que sería más práctico pedir deseos a las estrellas fijas. Para poder reclamar, llegado el caso. 
* 
cuando la química manda 
Sólo es un cuenco de cerezas que tu madre acaba de lavar, pero hoy sólo ves los huesos de aquellos veranos que no van a volver. 
* 
descartado 
No te pienso, luego no existes. 
* 
Me acuerdo de tí, escribes. Y el peso de esa í me asegura que no mientes. Y me da por pensar en un comando rebelde que a partir de hoy tildara todos los monosílabos. Pronto seríamos miles. De momento, tú y yó. 
* 
universo paralelo (o algo) 
Ese silencio sospechoso de la luz sobre las cosas. 
* 
el juego del ahorcado 
Encontrar la palabra que me nombra y que su significado no me duela.


No sé si las razones eran o no muy frívolas o muy caprichosas, pero tenían razón. Gracias.

domingo, 8 de diciembre de 2013

Concepción Inmaculada


La incrédula sorpresa con la que mis alumnos escuchan que para que el matrimonio canónico sea perfecto requiere de la consumación me llena de placer. Me regodeo en ese maravilloso carnalismo de la Santa Madre Iglesia, que a ellos, tan desprejuiciados, les coge por la espalda, sin embargo y —a la vez— naturalmente. Esta mañana la felicísima sorpresa me la he llevado yo al pensar en la Inmaculada Concepción. También celebramos una unión carnal, la de Joaquín y Ana. El soponcio, pues, que les entra a los amigos argentinos cuando escuchan que Conchita es un nombre muy popular en España, está bastante justificado. Todo lo cual me lleva a concluir que, junto al puro amor a la Virgen, a la historia de España, al Cuerpo de Infantería y a los Colegios de Farmacia, hoy es un día que tenemos que celebrar específicamente los padres cristianos, que hemos concebido como Dios manda. Qué privilegio. 


sábado, 7 de diciembre de 2013

Aután


No sé qué hace un mosquito en nuestro dormitorio con el frío que hace. Pero allí zumba. Busqué, desesperado, a las tres de la mañana el enchufe de las pastillitas, pero alguien debe de haberlo guardado con las sombrillas y las palas de playa, como es lógico. Después de revolverlo todo, sólo encuentro un viejo bote de Aután. Al untarme el líquido, un olor que me arrastra a más de treinta años atrás, a mi primer campamento –no muy feliz– en la Sierra de Cazorla. Aquel era su olor y yo no lo sabía. Me costó dormirme, aunque ya no por el mosquito. 


jueves, 5 de diciembre de 2013

[Este vídeo puede herir su sensibilidad]


Mi hijo Enrique, a la edad de dos años, descubre la muerte. Lo grabé en vídeo, así que dispongo de un documento gráfico. Él quiere negarla, se ve. Hacía unas semanas habíamos cogido una perdiz viva, lo que ha hecho, sin duda, mucho más doloroso el contraste. Enrique, enseguida, se rinde a la evidencia. Y entonces, como su lejano pariente Gabriel Miró, parece lamentar más que la muerte del pájaro la interrupción de un vuelo. Yo, como ven, no trato de dulcificarle la dura realidad. Antes preferiría hacerme vegetariano. Hay un momento asombroso que justifica que cuelgue el vídeo: ante lo irremediable, mi hijo descubre la elegía y el alto consuelo de la belleza. 



Pero no creáis que se va satisfecho. El elegíaco auténtico nunca lo está, no puede estarlo. En la cocina, como un pequeño héroe griego o como un personaje veterotestamentario, se tiró cuan largo es en el suelo, y lloró, cubierto de polvo y de ceniza, suspirando: "Está frío, quiero que esté caliente". Eso ya era demasiado tremendo y no tengo documento gráfico, porque no tuve cuerpo de grabarlo. 



martes, 3 de diciembre de 2013

El extraño caso de las opiniones mutantes


Escribo una crítica y cada vez que la releo o la recuerdo pienso que fui, sucesivamente, demasiado duro, blando, tajante, oscuro, taimado, imprudente, injusto, inflexible, misericordioso, implacable, obtuso, clarividente, perspicaz, torpe... Eso me había pasado con las reseñas casi siempre, pero últimamente me pasa con los consejos que inflijo a los amigos, con las opiniones que doy en las cenas, con las charlas que tengo con mis alumnos, con las clases, con todo. Un poco de Parménides, por favor, que estoy de Heráclito y el todo fluye hasta el cuello.


domingo, 1 de diciembre de 2013

Paños menores


El inolvidable Carlos Pujol, que tanto echamos de menos, dijo que "enseñar un borrador es mostrarse en paños menores". Yo, que tanto le enseñé los míos buscando sus consejos, y que los sigo enseñando a los amigos, no siento ese pudor, lo confieso. En cambio, para mí, "enseñar al escritor es mostrarme en paños menores". Qué vergüenza me da que me conozcan mis lectores, con razón.


sábado, 30 de noviembre de 2013

Como en un espejo


En el Cielo veremos que veíamos todo como en un espejo. También los chistes. Aquel de que el mejor negocio del mundo es comprar a un argentino por lo que vale y venderlo por lo que se cree que vale, allí es al revés: el mejor negocio del mundo es comprar a uno (incluso argentino) por lo que se cree que vale y venderlo por el pretio magno de lo que en verdad vale. 


viernes, 29 de noviembre de 2013

Eureka


Por fin me he comprendido. Ya era hora. No es que no me guste viajar, es que quedarme en casa me gusta todavía más. 

¡Pero viajar me encanta!



martes, 26 de noviembre de 2013

Alejandrinos


Un deseo vehemente de hacer alejandrinos
apenas por su música, sus acentos, su forma... 
Aunque luego sospecho que hay un ansia escondida 
por alargarlo todo, por alargarlo todo.


domingo, 24 de noviembre de 2013

Irene Vázquez Romero


Este blogg está de luto. 

Por Irene Vázquez Romero, que leía con nosotros. 

* * * 
Y dos reflexiones al paso, en su honor. Pensaba haber titulado la entrada con "Este blogg está de luto", pero hay un consuelo en usar su nombre, en escribirlo como un pequeño desafío a la enorme muerte analfabeta. Y luego hubiese querido poner color de luto al enlace, pero el color de luto es el negro, que no es un color, y con él escribo siempre. Escribimos de luto, con la muerte presente, sin color. Y es un símbolo, lo veo. 




viernes, 22 de noviembre de 2013

La llama de la jacaranda


Mi padre había podado su jacaranda y me ofreció la leña. Corrí a recogerla ilusionado y de vuelta a casa a encender la chimenea. Esperaba una llamarada azul, como si fuese de gas, pero de flor. La llama era como siempre, pero nos gustó lo mismo, y además les conté a mis hijos lo del verso de Sánchez Mazas que asimila las hogueras a tremolantes —rojo y oro— banderas nacionales. Ellos me miraban como quien oye arder. Sin embargo, igual que a la puesta de sol las últimas tardes de verano le veíamos el rayo verde, aunque no, a la primera chimenea del invierno le veíamos la leve flor de la jacaranda, y quizá, eso sí, su olor. 



jueves, 21 de noviembre de 2013

Molina en la balanza




Atormenta mi conciencia de veras la cantidad de libros que os aconsejo. ¿Qué pasa con vuestras economías y con vuestro tiempo, de los que tan poco cuidadoso os estoy resultando? Siempre podéis no hacerme ni caso, me digo, pero no es un consuelo digamos que muy redondo, la verdad. Más me vale el mal de muchos y saber que de cada libro que recomiendo, salgo yo con varios pendientes por leer, en una cuesta geométrica que Dios sabe dónde va a terminar, o mejor dicho, que sí sé dónde va a terminar, y sólo Dios sabe cuando. 


Del libro de Jerónimo Molina, que se titula Nada en las manos, me llevo en las mías una lista que va desde don Diego de Saavedra Fajardo —¡ya he empezado con una empresa al día!— hasta retomar más sistemáticamente a tío Gabriel Miró, pasando por Julien Freund, Raymond Aron y Ángel López-Amo. Uf, qué de tarea, por delante, gracias a Dios. 

miércoles, 20 de noviembre de 2013

Unas gotas de Haendel


José María Jurado (Sevilla, 1974) es ingeniero de Telecomunicaciones y poeta culturalista. Acaba de publicar Una copa de Haendel (Siltolá). El Barbero del Rey de Suecia selecciona un verso por cada poema.

* * * * *

Mientras llega la noche con su reloj de estrellas 
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caderas de champán, ojos de escarcha. [las princesas de Austria] 
* 
Esqueleto del alma, los árboles desnudos 
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Por la Quinta Avenida
                                    y de Medina a Olmedo. 
* 
una lenta garganta en pugna con la muerte [el violoncelo] 
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por el desfiladero hondo del silencio 
* 
sobre un fondo de estrellas imantadas 
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se mezclan en el barro la sangre y el espíritu 
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Y justo ahí se acaba la partida. 
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galopan por canales eruditos ["Apertura veneciana"] 
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el oro o el dolor, dólar del mundo. 
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No conozco la flor del sicomoro 
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Pero tu padre es rico  
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bajo la copa tenue miramos las estrellas 
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La mañana del viernes, pleno mayo 
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cuando el breve vencejo y la lenta espadaña 
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el seno palpitante, mano y luna 
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hay párpados en las cosas 
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esa inane existencia de la desesperación. 
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a la página en blanco de la noche 
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son of man, I will show you fear in a handful of dust 
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o el lento florecer de las arrugas 
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la luna es una flor de ciruelo. 
* 
como en un haiku. 
* 
En torno de la fuente gira el cielo 
* 
Rocinante vencida que cabalgas [la guitarra española] 
* 
el cardo inmaculado de Juan Sánchez Cotán 
* 
Sobre un fondo de antenas y tejados 
* 
Redoble de tambores, fanfarrias al ocaso 
* 
la tarde morirá crucificada 
* 
o como a esa brias de mármol que a través de los siglos desciñe dócilmente los pliegues de una túnica sobre un cuerpo de nieve y todavía cautiva la mirada 
* 
cuando el viento levanta acantilados 
* 
los hijos de la rosa de los vientos 
* 
los que aquí te contemplan no son dioses 
* 
Nadábamos, nadábamos con una risa floja 
* 
¿Y qué luz podré dar? 
* 
también Marcel y Lope y don Antonio 

* * * * *


Corro el riesgo de dar la falsa impresión de que no hay poemas completos en este libro. Y claro que los hay, pero corro el riesgo a gusto porque la manera de sentirlos es paladearlos versos a verso y, sobre todo, porque con estos pocos escogidos se transmite, de un sorbo, la música de la copa de Haendel de José María Jurado, y sus imágenes que son un símbolo, uno, aunque no sé de qué, y su espíritu, que es suyo y es de todos.

martes, 19 de noviembre de 2013

Lamento lunar


Acelerado, 
rodando se me escapan 
las lunas llenas. 

Una entrada de nada


Me he dado cuenta de que uso el diccionario de sinónimos como un diccionario de rimas al revés, de la antirrima. Cuando escribo en prosa, y me sale una horrorosa rima interior, corro veloz y busco una palabra similar, que aunque no sea igual, me aliviaría de la cacofonía. 


lunes, 18 de noviembre de 2013

Cambio de opinión


Me he despertado convencido de que había pasado una noche muy mala. Tras los dos días en Madrid, de bautizo en bautizo, la casa estaba helada y húmeda. Carmen se despertó a media noche y yo, luego, a tres cuartos de noche lo hice yo con un espantoso dolor de cabeza. Busqué ibuprofeno por toda la casa y nada: cuchara de palo. 

Sin embargo, he recordado que he soñado con mi madre en alguno de los intervalos en los que he dormido. Estaba muy guapa. En el pelo le habían salido algunas canas, que me enseñaba orgullosa, sonriendo. Le divirtió ver que yo tenía también alguna. Y me dio unos consejos muy suyos para sortear este periodo de trabajo intenso en todos los frentes. ¿He dicho ya que sonreía sin cesar? He cambiado de opinión: ha sido una noche estupenda. 


domingo, 17 de noviembre de 2013

Carmen miraba


En la fiesta que siguió al bautizo apareció un animador, disfrazado de pirata. Y enseguida puso a bailar y a saltar a todos los niños. Enrique, el primero. Carmen, sin embargo, desde fuera, abría los ojos, callaba y miraba. Yo la miraba mirar, sin pestañear siquiera, y, vanidoso, me reconocía. 

jueves, 14 de noviembre de 2013

Correctores


Ayer, hablando de mi artículo, comentaba la tranquilidad de conciencia que me daba mandarlo, antes que a la redacción, a tres o cuatro amigos para que me diesen el visto bueno. Cargado de razón, me replicaba un compañero: "Siendo amigos tuyos, eso no debería consolarte, porque pensarán como tú". Claro —le repliqué, viéndolo, efectivamente, claro–, no se lo mando a ellos para hacer un plebiscito, sino para estar seguro que dije lo que yo pienso.

[Si ayer, hice metadiarística y ayer, metapoesía; la entradita de hoy es metacolumnismo.]


miércoles, 13 de noviembre de 2013

sábado, 9 de noviembre de 2013

No hay dos sin tres


Esta foto no es de mi hija ni de mi hijo, sino de los del gran fotógrafo brasileño Alecio de Andrade. Pero una amiga me la envío porque le recordó a mi hermano Jaime y a mí, y es un retrato muy retroactivo muy favorecedor que nos hacía, aunque es mi hermano pequeño el que me señala los aciertos de los cuadros. Por un poco de vanidad, por otro poco de nostalgia de los hijos que no acabaron de llegar y porque la fotografía es preciosa, la traigo aquí, a culminar la serie de fotos de mis hijos. 

jueves, 7 de noviembre de 2013

Clavadita a mí




Ya sé que no debería poner fotos de Carmen aquí, pero Leonor las cuelga en sus sitios y no sé por qué vais a tener vosotros más peligro que los amigos de ella. Así que aquí va. 

Cuando enseñé las fotos de mis hijos a mis alumnas, exclamaron: "¡Qué guapos!". Si alguien piensa que me estaban haciendo la pelota es que no oyó la frase completa: "¡Qué guapos! ¿Se parecen a la madre, verdad?"

Verdad de la buena. Pero Carmen ha salido clavadita a mí en dos cosas indudables. La primera es mi superstición, la segunda es mi hipocondría. 

La única superstición que practico es un prejuicio arraigado contra el número 6. Si un amigo tiene un teléfono que empieza por 666 me comunico con él por correo electrónico. Si mando un correo colectivo a varios amigos y son 6, rebusco otro por mi agenda. Así he fundamentado grandes amistades nuevas. Cuando un artículo me sale con un número de palabras que acaba en 6 añado un adjetivo. Si es el número de caracteres, echo a voleo una coma por ahí. Cuando no me queda más remedio que pasar por el 6 leo 3+3 o 5+1. Bien, pues Carmen, de modo genético, sin que yo la haya instruido, cuando cuenta ¡ya hasta el quince!, siempre se salta el 6 y es el único que no reconoce por la calle. Oh. 

Y luego hay que verla cuando le duele algo. Exclama muy lastimera, ya con mejor sintaxis: "¡Me duele, me duele muchísimo!" y se pregunta en voz alta: "¿Qué me pasa?" o "¿Qué le pasa a mi pierna?" y acaba metafísica y gritando: "¿Por qué, por QUÉ, POR QUÉ!?" Entonces es el vivo retrato (agónico) de su padre. 

No es una herencia para estar principalmente orgulloso, eso es cierto; pero peor habría sido mi nariz. 


miércoles, 6 de noviembre de 2013

Palobras


Ahora que estoy muerto, por unas razones y otras,  para la literatura, qué alegría más honda encontrar que mis libros, mis poemas y mis artículos siguen latiendo por mí. Mientras yo, con el alma en un puño, estaba revisando mis programaciones de aula, alguien ha leído con simpatía e inteligencia  Lo que ha llovido. He vivido más allí con él que aquí conmigo. Habría bastado con eso, pero Antonio Moreno y Josep Maria Asencio han tenido a bien escogerme un poema para su interesante antología Vida callada. Además, un poema de Ardua mediocritas, que es un libro que tenía echado al olvido, que ya ni siquiera me llevo a las lecturas. El efecto de resurrección ha sido mayor aún: 

UNOS POCOS INSTANTES PERSONALES 

Ser o no ser no es la cuestión. La cuestión es 
saber quién soy. Buscarme el rostro sin cansancio 
con las palabras y las obras, con palobras. 
Rasgar la niebla con abrazos y mordiscos 
tras esa sombra que se dice yo y es alguien 
aunque a menudo se confunda con la sombra 
o se confunda con la niebla o se confunda 
con unos pocos que son sombras o son otros.  
La cuestión es buscarme el rostro  a cada instante 
y vislumbrarlo en un reflejo en el cristal 
de mi reloj mientras observo que por dentro 
raudas avanzan por debajo las agujas.  
es la cuestión buscarme a  mí buscando en mí 
tal vez un nombre que me  nombre o una acción 
que me realice o un destello que me alumbre 
o una persona que me quiera..., 
...................................................y que Dios quiera 
que en ese instante personal (o en esos pocos)  
yo esté pasando por allí y me reconozca. 

 Cierto que la antología hace una muy juanramoniana apuesta por el anonimato (el vacío del yo, como silencio paradigmático y esencial) y los poemas no van firmados. Resulta muy bonito y, paradójicamente, contribuye a hacer más misteriosa, por delicada y tenue, mi intensa sensación de resucitado, como si flotase el alma, sin el cuerpo del nombre propio. 

Para colmo, veo ahora que incluso mis artículos, incluso ellos, me hacen la respiración asistida y ahí me ponen, en magnífica compañía. 

Quizá les parezca que me doy mucha importancia, pero será, como decía despectivamente Unamuno, que la necesito. Vuelvo a enterrarme en mis programaciones de aula, sabiendo, feliz, que hay vida más allá, a Dios gracias. 

martes, 5 de noviembre de 2013

El ángel de la muerte


Desde fuera costará entender la gracia que me hizo. Veíamos The Wire y apareció por las oficinas un agente de Asuntos Internos y dijo Jimmy McNulty: "El ángel de la muerte", y yo me reí muchísimo. ¿Por qué?, preguntará alguno. Mi IES está este año bajo una revisión exhaustiva, aunque rutinaria (para ellos), de la Inspección de Educación. Me entraron unas ganas irreprimibles de abrazar a McNulty con un afecto baudelairiano: Hypocrite inspecteur  — mon  semblable, — mon frère!

Aprovechando que ayer o más traíamos aquí el poema homónimo de Jesús Cotta, es una oportunidad magnífica de citar a Carlos Bousoño, que tanto hizo por acercar y diferenciar el chiste de la poesía, el ángel inspector del ángel símbolo, en este caso. Y ya se ve bien aquí que, mientras en el chiste, paradójicamente, lo que hay es miedo (cerval) y humor negro, en el poema lo que hay es valor y mucha esperanza. La poesía juega en la delantera y el humor de defensa central, podríamos decir también. 


lunes, 4 de noviembre de 2013

Deformación profesional


Con cortes y pérdidas de líneas, vamos viendo The Wire, la aclamada serie sobre polis y camellos. Esta noche he soñado que era profesor de instituto en el barrio de las Casas Bajas. Curioso, porque hasta ahora no ha salido un IES allí ni por casualidad y porque yo creí que me identificaba con los polis buenos —que de todo hay ahí, ay—. Se ve que el subconsciente, como un subteniente sabio, tiene claro cuál es mi puesto y dónde se lucha mejor. 


domingo, 3 de noviembre de 2013

Todavía hay más


Aunque en el artículo de hoy el pudor brilla por su ausencia, todavía me he cortado un poco. Escrito en el fin de semana de los difuntos, lógicamente las manos que uno siente en lo que escribe no son sólo de vivos. Eso es lo que no me he atrevido a decir. Y es un motivo más para no rechazar los elogios. No me imagino a San Isidro Labrador quitándole méritos a aquella cosecha que le hacían los ángeles, que le regaba la lluvia, que le maduraba el sol. 




sábado, 2 de noviembre de 2013

Variación a Camba


Camba decía que el mejor género literario es la entrevista, porque trabaja el que contesta, pero cobra el entrevistador. Me parece que todavía hay un género literario mucho más rentable: la crítica literaria. Trabajó el escritor o el poeta, y el crítico no hace más leer y subrayar.

Un amigo me preguntaba ayer por correo que si tenía uno o dos negros en el sótano para que me hicieran tanto trabajo. El negro —como en "La carta robada" de Poe— era él. Pienso reseñar su libro, que tanto le habrá costado escribir, que con tanto placer estoy leyendo.

viernes, 1 de noviembre de 2013

Las paradojas son guerreras


No tengo claro si el secreto de confesión atañe también al penitente, pero creo que no. Anteayer en esa sede sacramental a la que tanto debo me dieron este consejo: "La paz hay que conquistarla". Se me encendieron todas las alarmas chestertónicas o, mejor dicho, repicaron todas las campanas góticas del alma o, mejor aún, resonaron todos los clarines de batalla.

Paz—deber—conquista. Qué excitante aventura.