lunes, 16 de febrero de 2015

Bibliófago


Para escándalo de Abel Feu y otros amigos bibliófilos, leo subrayando, casi masticando el volumen. Cuando termino, leo mis subrayados. Cuando termino, apunto en una ficha los resubrayados. Eso explica que, al final del proceso, acabe entusiasmado casi siempre con el autor. Durante dos vueltas he leído sólo lo que me ha gustado mucho en la primera, y lo que no me gustó pasa al fondo de una pasta de papel que no sirve más que para recordarme la travesía que hice para llegar a lo bueno y que, por tanto, de una manera más vanidosa y pueril, también me gratifica. 

Eso, en general. Me acaba de pasar una cosa extraña. He disfrutado muchísimo un libro (O obvio ululante de Nelson Rodrigues), pero cuando he ido a por los subrayados he visto que no eran tantos como se podía esperar de mi entusiasmo. Y mis notas han sido poquísimas. Lo he visto como un buen augurio, otra forma de disfrutar de un libro. No por lo que me dice el autor, grandes frases memorizables, sino por cómo me lo dice y quién. Un encanto personal, digamos. Supongo que me habrá pasado muchas otras veces, pero esta vez me ha sorprendido tanto el contraste entre placer y ficha que he sido consciente. Ha resultado un descubrimiento muy agradable también. 






sábado, 14 de febrero de 2015

Cuatro o cinco gestos


El día me da la propina de cuatro gestos o cinco. El primero es mío. Como digo (excusándome) en el artículo de hoy, soy miope. Y colecciono monedas de 2 euros de Dante. El resultado es que cuando me dan cualquier vuelta me vuelco sobre la palma de mi mano, tocando las monedas, para ver si me ha tocado algún Alighieri. La imagen tiene que resultar muy dantesca: por esa aparente avaricia minuciosa y por la misma cortedad de vista, que sale mucho en la Divina comedia. 

El segundo gesto. Me fijé quizá porque todavía iba pensando en el mío. Una chica por la calle se para a ver su móvil. Como hace sol, arquea su mano sobre la pantalla exactamente igual que se hacía antes con una cerilla para encender un cigarro. Como acerca la cara, la similitud es asombrosa. Falta el humo.

El tercer gesto, otra chica. [¿Me fijaré más en ellas?] Me cobra de la tarjeta, y mientras marco mi pin, como sostiene el datáfono, vuelve ostensiblemente la cara al infinito. Sobreactúa, por supuesto, pero qué remedio. No se va a poner a mirarme los ojos ni puede hacer otra cosa. No se me ocurre solución a esa torsión de cuello tan incómoda, que no se merece. 

El cuarto. Llego a misa y Manuel el mendigo está mirando por unos prismáticos a la auraucaria de las bodegas Caballero. El gesto, como de capitán de barco de la Armada, a lo que ayuda su barba poblada, canosa y polvorienta (que podía ser por el salitre en vez de por el polvo), ya vale mucho. Pero me explica que observa a los cernícalos que cazan gorriones tirándose en picado. Piensa uno que admira esa capacidad vertiginosa de conseguir comida, pero enseguida le ve un amor a la ornitología que lo redime y le ennoblece. Pregunto: ¿Y les va bien la caza?. "De cada cien picados, fallan 90, pero 10, ¡vaya si los cogen!". Entro en misa. A la salida, me está esperando y me muestra un puñado de plumas, más delicadas si cabe en su mano tosca. Pienso que ha cruzado la calle, ha entrado en el patio de la bodega y ha rebuscado esas plumas, para demostrarme algo que yo le había creído absolutamente. El gesto me enternece. 

El quinto gesto es de Carmen. Le digo: "Eres la hija perfecta, apenas tienes un fallo". Se trata, como han adivinado, de una pura estrategia pedagógica. Ella levanta la vista como un rayo, muy extrañada por ese fallo y dispuesta a preguntarme, como yo había previsto. Eso me permitiría entrar a comentarle un detallito. Pero se para a tiempo. La luz fiera de sus ojos se serena. Sonríe. Y dice: "Gracias". Sin preguntar. 


viernes, 13 de febrero de 2015

Encarnizada reina


Hoy mis hijos han ido al cole disfrados de encarnizada reina y de torre implacable. No es por el carnaval, sino por el ajedrez. 

jueves, 12 de febrero de 2015

AP-4 Sevilla-Cádiz

De día voy
y vuelvo. Hoy, la luna
es de memoria.  
 

Carta de un amigo


Un amigo, tras leer mi artículo vinatero, me escribe esta delicia, que no me resisto a copiar. Dos datos que os harán falta: está escrito en el móvil y mi amigo quiso ser torero. 

Cómo recuerdo cuando tu padre decía q la cerveza es ordinario, y la copa de vino es elegante. Si elegante es una copa de vino, no te quiero ni contar, una copa de fino. Pero, fino de Jerez!!. Y lo máximo, Tío Pepe. Yo, te confieso, q compro algunas veces el de Montilla. 2,20€ en el cobiran. Tío Pepe 5,60€ en el MÁS. El de Montilla, si le das 30 minutitos de congelador, medio se puede tomar. Hay amigo, pero el día q engancho la botella de Tío Pepe...me acuerdo de Pepe Luis Vazquez, un día q estuve muy bien con una vaca con el capote. Y, el maestro, dando unos lances al aire con su inconfundible naturalidad, le decía a mi entrañable Alvaro Collado (catalán). Santiago coge el capotito "asin", le echa la bamba del capote al hocico, y tira suavemente. En esto, se pone muy serio, y le dice a Alvaro. El problema, es que Alvarito: tu eres de Barcelona!!!!. Lo reventó.La otra vez q estuve bien, fue este verano, en lo de Carlos Nuñez. Torre una vaca con el capote despacio, despacio. Me preguntaban si yo escuchaba crujir al personal. Me dio vergüenza, y dije q no. Pero, lo oía perfectamente. Mi máxima satisfacción fue cuando Javier Nuñez (es el "Más Allá" toreando en el campo) se acercó y me dijo q hay q ver muchos tentaderos para ver torear tan despacio. Eso ha sido todo, en más de 20 años de aficionado. Breve palmarés. Como tu me decías "todos tenemos los 5 minutitos de gloria". Volviendo al vino. El Montilla y el Tío Pepe, es pa decir: Alvarito, tu eres de Barcelona.Como te darás cuenta. Estoy en la cocina de mi casa. Y me acabo de soplar media botellín a de Tío Pepe. La maravilla de las maravillas. Fuerte abrazo de un humilde banderillero.
Enviado desde mi iPhone

Y esta posdata, igual de deliciosa: 

En donde pone medio botellín, era media botella. No se si fue el corrector o la media botella, el causante del error.
Fte abrazo.
Enviado desde mi iPhone

martes, 10 de febrero de 2015

Arrefranar


Tras el análisis, fui a desayunar. En el bar, atestado, nos mirábamos unos a otros sospechando: "Qué harán aquí en vez de estar trabajando, qué país sin remedio". Yo leía y se me escapó una carcajada. El de la mesa de al lado me miró como a un loco. Y todavía tenía que sonreír más. En otra mesa, quedaban unas señoras mayores, e iban llegando todas. Supongo que al ver que no faltaba nadie, una de ellas dijo:
"Querer es poder", 
qué verdad es. 
Y lo repitió varias veces, con acento y entonación, casi con música, regodeándose:
"Queré es podé", 
qué verdá é.
Yo la oía encantado. Era una vindicación subconsciente de la rima, como subrayador, como contundentizador, digamos. Eso arrefranaba la frase tópica. Y, además, de alguna manera la salvaba. La alejaba del campo tonto de la automotivación y la acercaba al de la voluntad y la recta intención. A ver si me explico: el remate del segundo verso vendría a decir, si lo entiendo bien, no es que uno pueda todo lo que quiera, qué disparate, sino que la predisposición a hacer algo suele ser el camino más corto para hacerlo, y viceversa. 


lunes, 9 de febrero de 2015

Una aventura


Por muy feliz que sea un matrimonio, o por eso mismo, uno entiende a la perfección la frase de Oscar Wilde de que es una carga muy pesada para llevarla sólo entre dos. Eso serviría para una reflexión teológica, por supuesto. Qué introducción a la importancia de que Dios forme parte de la pareja, piedra angular. Pero no rebajaré (alzaré, digo) la broma de Oscar Wilde a esas alturas, porque no se lo merece. Lo llevaré a la mía, sin traicionar, por tanto, la frivolidad fundamental del guiño. La literatura sí vale de aventura, de cana al aire, de divertida e irresponsable rotura de las reglas. Anoche me quedé leyendo una novela hasta la una y media, una novela que no tengo que reseñar ni que aprovecharé para escribir un artículo. Y, hablando de artículos, todavía no tenía ni idea de qué iría el mío de mañana (ni lo sé, ay, uf). Y cuántas cartas que contestar. Y trabajo del IES. Y libros que leer por motivos más serios. Pero allí estaba yo, leyendo, leyendo, disfrutando del placer de lo prohibido, sabiendo que a las 6:00 sonaría el despertador y que me levantaría con la mejor cara, porque en estas aventuras lo esencial es que tu mujer no sospeche nada o, al menos, no tenga nada que reprocharte. 


II

Maravillosa Leonor, que me llama a media mañana, tras leer esta entrada, ¡celosa! Dios se lo pague. 

III

Pienso ahora, examinándome a fondo, que quizá no habría escrito la entrada de esta mañana de haber sido el libro de un hombre. ¿Será posible que sea tan subconscientemente frívolo? 





sábado, 7 de febrero de 2015

Poética


Quique me señala la plaza de toros y me da una explicación bastante exacta de la tauromaquia. Caigo en que he estado desatendiendo mis deberes de padre, y le prometo que le llevaré muy pronto a los toros. Me pregunta: "¿Vas a torear tú?" Cuando lo explico que lo más probable es que no, siente una tremenda depresión, que casi le tira al suelo. Y no le puedo reñir ni consolar porque entiendo y admiro su berrinche. En efecto, en el arte (en todas las artes) el espectador no tiene que existir, eso es para los espectáculos. En arte, están sólo el creador, la materia y lo creado. En poesía se ve claro que el lector tiene que poner muchísimo de su parte, mientras que el poeta o desaparece o se convierte, como quería Gil de Biedma, en poema. En los toros, Ramón Gaya avisaba que el torero nos representa a todos. Yo no me siento con fuerzas para explicárselo aún a Quique, pero sí para agradecerle la lección de repaso que me ha dado hoy, al borde de la Plaza. 



martes, 3 de febrero de 2015

Quien no celebra no merece vivir


Ha llegado a mis manos un inédito, que dejará de serlo pronto, D.m. Y los privilegios (lo es en toda la extensión de la palabra) son para celebrarlos y compartirlos. Hablo de los aforismos de mi desconocido amigo Ander Mayora, y vienen reunidos en un libro de muy dulce título: La clemencia del tiempo.


Cuanto menor es el espacio de lo vendible, mayor es el lugar de lo santo.
*  
Reconocer una única aristocracia: la aristocracia de la alegría.
* 
quien no celebra no merece vivir.
*
El perdón no se pide, se gana.
*
La exageración es la condición sine qua non de la literatura.
*
La lucidez impide la novela.
*
Provocadores oficiales, los payasos de la televisión se empecinan en una transgresión subvencionada que sólo pone en cuestión la epidermis de los tópicos y los lugares comunes.
*
Las autodeterminaciones son, en última instancia, un absurdo. Aceptando el derecho, ¿cómo evitaríamos que nuestra cabeza se autodeterminase de nuestro cuerpo? La verdadera autodeterminación es el suicidio.
*
Todo castillo lo es de arena.
*
Hay algo que sitúa al conformista infinitamente por encima del contestatario: su capacidad de vivir como piensa.
*
La plenitud, ansiolítico de los místicos.
*

La realidad no es real, es religiosa.



lunes, 2 de febrero de 2015

Ojos y olfato


Seguía a Carmen, que se adentraba osadamente en los bosques, para que no se perdiera del todo. Me agaché al cruzar un paso espeso y entonces lo vi. A la retama ya le apuntan sus florecillas blancas. Desde el coche había visto algún almendro florecido. En Cádiz, a diferencia de la estepa del Alto Duero, la primavera no tarda. Será lo único que no tarda aquí. Y es tan bella y tan dulce cuando llega como allá. La puntualidad no empece. 




Pensé en la exactitud de esos cuentos que narran el hallazgo de un tesoro en medio del bosque. Qué diáfana metáfora de mi hallazgo de ayer. Y sólo me quedó la muy leve tristeza de que es mucho más romántico descubrir la retama en flor gracias al olor, como todos los años, que verla venir, como éste. Esos botoncitos blancos no huelen todavía, ni acercándose. Y el olfato, tan olvidado el pobre, para los asuntos del alma, tiene mucho que decir. 

miércoles, 28 de enero de 2015

Psch


Como sabéis, porque es de lo que más presumo, me levanto a las 6:15 para desayunar con Leonor, que entra al alba a trabajar. Me levanto dormido. De hecho, yo me levanto mucho más cansado de lo que me acuesto. Es un sacrificio diario en el altar del matrimonio. Y no es por masoquismo, sino porque, siendo yo tan nocturno, si no hiciera este esfuerzo por sincronizar nuestros relojes biológicos, acabaríamos viviendo una vida por turnos, como en "Cruz de navajas". Pero en el madrugón no acaba la dimensión espartana de cada día. Lo que llevo peor es que Leonor se pasa el desayuno chistándome. Con el sueño, voy tropezando con los muebles, se me cae la cuchara, vuelco la taza del café. Temerosa de que despierte a los niños (que duermen como troncos, los benditos), Leonor insiste: "Psch, psch, psch". Y habla bajísimo, como contando un secreto. Y yo no me entero y pregunto: "¡¿Qué?!". Y ella musita, bajito y contundente: "Psch, por Dios!" 


lunes, 26 de enero de 2015

Arte


No sé si a la abstracción se le ha reconocido su gran mérito. ¡Cómo ha aumentado la satisfacción de los padres ante los dibujos de sus hijos! Está claro que, gracias a ella, contemplo este cuadro de mi hijo con otro orgullo:






También al expresionismo tiene la paternidad moderna mucho que agradecer. Este dibujo de Carmen se titula: "Princesa india con gafas": 



Aprovecho esta oportunidad (no tengo muchas) de no quedar como un padre blandengue, y reconozco que la imagen del fin de semana que más me ha emocionado ha sido las iniciales de Miguel de Cervantes claveteadas en su ataúd:





domingo, 25 de enero de 2015

Querer ser más guapo


Varón de deseos, entre los muchos míos nunca he soñado con ser más guapo ni tampoco más delgado, bromas aparte. Pero ahora mis hijos han aprendido a hacer fotografías con el móvil y, mientras uno la hace, el otro o la otra posa conmigo. Salen guapísimos y me fastidia (me duele) no estar a la altura de mis pequeños. 

"Lo malo del deseo es que vuelve sin avisar", avisaba Gómez de la Serna. Y que, cuando menos lo esperas, cuando ya es muy tarde, te surge uno inédito. 


viernes, 23 de enero de 2015

El cashmere harapiento y otros sucedidos


El artículo de hoy es mucho más de Rayos y truenos que de Trampolínk. No sólo porque hable de literatura, sino porque lo hago con un tono casual muy nuestro. A ver si no hay un lector del Diario que se me enfada por hablar de un autor al que no he leído, y decirlo tan contento. Desde un punto de vista periodístico, tendrá más razón que un santo, lo reconozco. 

*

Lo bueno es que me pasé la tarde releyendo a Rosales. Nada más que en la primera parte de Oigo el silencio universal del miedo, la que supongo protagonizada por Antonio Hernández, qué de hallazgos:


[…] 
Un hombre circunspecto casi nunca es alegre. 
[…] 
Sólo es preciso amar para llevar el mundo en el bolsillo.  
[…] 
Lo que más calienta el corazón tenemos que vivirlo terminándose.  
[…] 
El paraíso es necesario hacerlo cada día, pues cuando el corazón llega a la cumbre se queda a la intemperie. 
[…] 
No debes olvidar que un rostro alegre siempre te está enseñando algo. 
[…] 
Cuando el amor termina aún nos queda escoger entre el humo y la sombra, cuando el amor se acaba aún tienes que elegir entre una forma y otra de quedarte sin nada. 
[…] 
El silencio tiene don de lenguas.  
[…] 
El silencio se ahonda cuando se calla en dos idiomas. 
[…] 
El amor es la única plenitud que no precisa madurez.  
[…] 
El sol nos saluda quitándose el sombrero cuando pasa una nube ocasional.  
[…] 
Los marineros son las alas del amor, según dice Cernuda, y él lo debe [de] saber cuando lo dice. 
[…] 
Hay que metodizarse alegremente.  
[…] 
La mujer siempre escucha porque tiene un teléfono en el oído que atiende todas las llamadas.
 […] 
Entre todas las cosas importantes que se pueden hacer en esta vida, la primera es seguir.  
[…] 
Un centímetro más en el sitio indicado justifica una vida.  
[…] 
La contemplación de un cuerpo de mujer nos hace hablar bajísimo para no despertar de estarla viendo.

*
Hacer leña del árbol caído, cuando es literalmente, es noble:




*
Aunque me estoy distrayendo, hoy y aquí tenía planeado hablar hoy del cashmere harapiento. Resulta que se me ha desvencijado del todo el jersey precioso que me regaló mi inolvidable abuela política. Es tan suave, aún, y tan calentito, que me resisto a tirarlo; pero no me lo puedo poner con Leonor, porque me riñe. Así que acudo al instituto con pinta de vagabundo:


*

Y cómo no contar, aunque no lo tenía planeado y se alarga la entrada y tengo que irme a la ducha, que no llego al instituto, cómo no contar, digo, esta explicación de Carmen a Quique, oída al pasar: "Algo es gracioso cuando se ríen los demás, no uno". 



jueves, 22 de enero de 2015

Vida de Manolo


Ayer tuve el día más tonto del año. No avanzaba en nada y, por tanto, llegaba tarde a todo. Tanto, tanto que me quedaba sin misa. Iba en el coche, acelerando, mirando el reloj, temiéndome lo peor. Aparqué malamente y me bajé convencido de que, para mi bochorno, me cruzaría con los fieles que salían. No. Y entré. Todavía estaban acabando la homilía, la capilla a rebosar. Era el funeral de un Manolo que había muerto joven. Resoplando, me acomodé en la esquina. En la acción de gracias, tras la comunión, el sacerdote contó que él le debía a Manolo mucho: le apoyó en una grave crisis personal. Animó a dar gracias a Dios por aquello bueno que Manolo había puesto en la vida de todos. Y de pronto me di cuenta que yo había podido ir a misa y comulgado y salvado, desde luego, mi día, gracias a Manolo, al que no conocí. Le debía lo más grande; y me sumé, emocionado, a la acción de gracias. 


miércoles, 21 de enero de 2015

(Risas)


Jonathan Swift, tan rápido, lo vio enseguida: "Nos encanta que los demás se rían de nuestras bromas, pero no de nosotros". Bueno, más o menos, que lo recuerdo de memoria, si me permiten la redundancia. El hecho es una prueba irrefutable de que no nos importa tanto la alegría de los demás, igual en ambos casos, o incluso mayor en el segundo —cuando se ríen de uno—, no nos importa tanto, ay, como quedar estupendamente nosotros, flotando por encima, jefes del estado de ánimo de nuestros súbditos, digo, prójimos.

Este recuerdo de Swift no me vino llovido del cielo. Llegó porque entre mi despiste, mi desconcierto y mi distracción, cometo fallos risibles sin cesar. Así, le dije a un compañero que, por fin, había encontrado la revisión de los resultados de la primera evaluación del año que viene, cuando era, obviamente, la del año pasado. Contestó alborozado: 



Creo que practico una variante nueva de la dislexia: no confundo la derecha con la izquierda, sino el pasado con el futuro. Y yo también me he reído de mí, que es una variante que quizá Swift no sopesó. Pero mi padre sí. Lo recuerdo en mi temprana adolescencia observando que, en vista de la gracia que me hacían mis defectos, me daba por incorregible. 


martes, 20 de enero de 2015

¿Por qué nos lanzamos al monzón?


Quizá, leyendo la entrada de ayer, alguien se pregunte por qué nos montamos en coche y atravesamos la tormenta y los riachuelos desbordados para ir al pueblo vecino. En realidad, íbamos a la China. Carmen tenía que hacer un trabajo. Y lo hicimos: 



lunes, 19 de enero de 2015

Río Bravo


La tormenta rompió un árbol del jardín por la mitad, como un palillo de dientes. Salí a verlo bajo la lluvia, que caía a mares, y fue todo junto, la épica de la lluvia de cara, la sensación de propietario rural, evaluando daños, el alivio burgués de que el ciprés muriese haciendo el bien, sin caer sobre la valla, que hubiese destrozado, o sobre los coches... Entré en casa calado y contento. De espaldas a la chimenea, informé a todos: el árbol se dobló mansamente sobre la parte del jardín más limpia y clara. Tuvo santa vida y buena muerte. Tendremos leña propia para lo que queda de invierno y para el año que viene.



Fuimos a comer a Rota, bajo una lluvia furiosa e incansable. A mitad de camino, la carretera estaba inundada y la cruzamos con el corazón en un puño. Iba lento, en segunda, con las luces de posición y la mirada fija en lo que yo suponía que era el camino. Sólo se veía la corriente de lado a lado. Pasamos. Dejé a todos en la puerta del restaurante y aparqué donde pude, lejos. Volví a calarme. Y no paró de llover. Y a la salida, la misma operación. Mi padre y yo íbamos asustados, pensando en la carretera, pero volvimos a cruzarla, quizá con más dominio y experiencia. Daban ganas de arrear a los caballos del coche, que no sé, ay que desagradecido, cuántos caballos tendrá. Y todo el día esa sensación de aventura y autenticidad, como un niño grande.


domingo, 18 de enero de 2015

Kotzwinkle, William: El nadador en el mar secreto








[Camino de la maternidad, cuando ya habían empezado las contracciones, Laski] Sabía bien que no debía preguntarle cómo estaba. [a su mujer Diane]
 * 
[Ya en el parto] Y ésta, pensó Laski, es la razón de nuestro esfuerzo, que pueda venir el amor al mundo.
 *
[El niño ha nacido muerto y el médico les dice que podrán tener otro. Piensa Laski:] Se ha creído que eso es lo que estaba en juego, nuestro deseo de tener un hijo, cualquier hijo, no este hijo en particular que hacíamos balancear entre nosotros dos por el camino. Es imposible que sepan lo especial que es.
 * 
Laski se agachó para darle un beso y notó en la mejilla el lento discurrir de las lágrimas de Diane.
 * 
[Siente la presencia muy viva de su hijo y lo sueña con él, luego…] Ya se va, pensó Laski. Ha madurado y me abandona.
 * 
[Un encuentro en la puerta de la Maternidad]
—¿Qué ha sido? —preguntó el hombre, sin volver la mirada atrás, con los ojos fijos en la pista.
Laski titubeó mientras se alzaban en su mente los fragmentos de distintas explicaciones —el bebé murió, no hemos tenido nada—, pero luego sintió brotar de nuevo repentinamente el espíritu del hijo en su corazón y respondió.
—Niño.
—Felicidades —dijo el hombre.
 * 
[el médico] Sé que es duro perder a tu primer hijo cuando ya tienes treinta años. [El libro es muy sobrio, deja al lector su parte. Aquí no glosa la insensibilidad del médico]
 * 
[Laski es escultor de madera y se dispone a hacer él mismo el ataúd. Al principio le da cierta aversión, pero] … pensando en los viejos tiempos, cuando se daba por hecho que los hombres armaban los ataúdes de sus seres queridos, y se dio cuenta de que estaba bien así, de que se trababa de un privilegio que ya pocos hombres conservan.
 *
[Duda si no será mejor incinerarlo para no quedar “atados a esa tierra para siempre”. Ya en la puerta de la funeraria, se vuelve, dispuesto a enterrarlo y le explica a Diane que la idea de incinerarlo] Sólo era un sueño con el que pretendía protegerme de la verdad de la muerte.
 * 
—La próxima vez tendrás más suerte —dijo la enfermera. [Y dale todo el mundo con la próxima vez.]
 * 
La caja estaba entre ellos, en el asiento delantero y por un instante Laski olió el dulce perfume de la muerte. ¿O era el olor de la madera?
 * 
Sus manos se tocaron al coincidir en la tapa de la caja de pino.
 *
[Han de realizar mucho papeleo para poder enterrarlo en el bosque que rodea la casa] Qué asustados estamos, pensó, si hasta para enterrar a los muertos necesitamos permiso del gobierno.


* 
[puso el pequeño ataúd sobre un trineo para llevarlo junto al río y el libro acaba con este párrafo] Por la cuesta que se extendía más allá del viejo granero, el trineo se desplazaba solo y Laski iba corriendo a su lado, guiándolo por medio de la cuerda y haciéndolo pasar entre unos pimpollos de piceas. Los brazos de aquellos arbolitos tocaban la caja y dejaban caer algunas agujas y unas pocas piñas diminutas. 

sábado, 17 de enero de 2015

Me distraigo


Voy tan acelerado que no encontraba tiempo para La vida lenta, el libro inédito que han montado con las notas de Josep Pla. Pero como estoy muy preocupado con este blogg, que se resiente de mi artículo diario, acudí a Pla, mi primo de Zumosol. Cómo gestionaba él, tan periodista a todas horas, el reto del diarismo.

Nada más abrir el libro al azar, me consoló y vi que la cosa está en Horacio y en su día con línea. Véase el 3 de enero de 1957: "La masía. Me levanto antes de comer —muy bien, muy animado". Y ya está. Lo que me trajo inmediatamente al recuerdo a Ramón Gaya, que en su Diario de un pintor tenía entradas de ese tenor. 

Ya había encontrado lo que venía buscando, pero sigo leyendo. Habla de un viaje por el Mediterráneo, y llega a Sicilia. Había dicho: "Palermo es una mezcla de pobreza y miseria, como toda Italia". Aunque a Pla lo miro con muy buenos ojos, me pareció una mezcla de adjetivos pobre, mísera; pero se ve que estaba tanteando, porque dos páginas después escribe: "Catania. Mezcla de ampulosidad y miseria", ah, y ahí si está Italia. Otra lección, de propina para RyT: no tener miedo a tantear. Esto son notas (también) para un diario. 

Y otra tercera distracción. Pla levanta acta de la impresión que le hicieron las barras catalanas en el castillo de Alfonso V de Nápoles. Yo por el sur de Italia iba igual, españolizando a cada golpe de vista. Esto se ha sumado a la experiencia —absolutamente recomendable— de leer El nadador en el mar secreto, de William Kotzwinkle, donde se nos cuenta un aborto, y cómo el matrimonio encaja ese mazazo inesperado. También Leonor y yo hemos pasado por ahí, y como en el caso de Pla y Nápoles, hay una emoción especial en recordarte en lo que lees. Una emoción muy platónica, por lo que tiene de reconocimiento de una idea y de un sentir. Tengo que pensar mucho más sobre eso, pero ya no en esta entrada, donde vine a decir que a partir de ahora recupero la entrada diaria, aunque sea breve, precisamente.