He dudado mucho (durante cinco minutos) si contestar a Javier Sánchez Menéndez. No me lo tomo por lo personal (ni en lo ético ni en lo estético ni en lo emético ni en lo hermético ni en lo dietético ni en lo hipotético ni en lo frenético) como sé que tampoco hará él, hombre de un agudísimo sentido del humor. De JSM yo tengo cosas buenas que decir en lo personal y en lo profesional. Sacó De ida y vuelta y, sobre todo, ha sacado libros muy buenos en Siltolá, y eso cualquier lector insaciable tiene que reconocérselo y yo se lo he ido reconociendo todo lo que he podido y seguiré haciéndolo (tengo pendientes reseñar La misma monotonía de Juan Peña y pronto hablaré de Mitos y flautas de SFS).
Su escrito, a mi entender, hay que entendérselo como una cosa paralepipoética propia de una personalidad aproximadamente pongamos pessoaesca. Pero como la calunnia è un venticello...
Como è un venticello, aclararé lo que pueda.
Es raro que JSM, tan mesurado en otros campos, supongo, califique un libro mediocre cuando no lo ha
leído.
¿Considera mediocres los títulos que hay en el catálogo de
los últimos años? Hay de todo, como es lógico, pero destaca lo contrario: la presencia de poemarios estimables y de nombres incuestionables: aquí. Javier Vela, Gómez-Coronado, Raquel Lanseros, Antonio Praena, Alfredo Félix-Díaz... No parece un premio, ni un catálogo ni una nómina para despreciar de un plumazo.
Es más raro, aunque se le entiende más, lo del latín y las
mortificaciones. Dejando aparte que de los cinco miembros del jurado, a tres de
ellos todo esto de el-latín-y-la-mortificación le sonará a chino y ciñéndome a
los tres años en que he sido jurado del Adonáis, no diría que los premiados en 2011, Jesús Bernal, tan
estoico, ni Vanesa Pérez-Sauquillo, tan epicúrea, ni Ruth Miguel Franco, tan
elegíaca, sean de mucho latín (en el ladino sentido sanchezmenendesco, se
entiende) ni de mucha mortificación (en sentido estricto); tampoco me lo parecen
en absoluto la ganadora del 2012, Martha Asunción Alonso, ni el gran Ángel
Talián. De Rocío Arana, la otra accésit en el 2012 hablaremos después. "Ah,
pero el premiado de este año, Joaquín Moreno…", dirá JSM. La relación de
Joaquín Moreno con ese latín y esa mortificación es exactamente la misma, qué
casualidad, que la de JSM, ambas pretéritas. Me parece muy desafortunado
ponerse hablar de cosas tan íntimas y que no tienen nada que ver con la poesía
de cada uno de ellos, así que yo lo dejo. El que entendiese las sotiles ("sotiles" no por arcaizar, sino por no llamarlas sutiles) indirectas de
JSM, lo entenderá todo, y quien no, no se pierde nada.
El asunto de fondo es que, entre los nueve publicados de estos
tres años, hay dos que pertenecen al llamado grupo Númenor, que nació en un
colegio del Opus Dei: una accésit, Rocío Arana, y el último premiado, Joaquín
Moreno Pedrosa. De los años anteriores, hubo otros tres accésits, Pablo Moreno, Jesús Beades y María Eugenia Reyes, que también pertenecen o pertenecieron al grupo Númenor, aunque
la proporción con respecto a los otros premiados es todavía menor porque el lapso es mayor y ninguno se alzó con el premio. Eso no
debería escandalizar a nadie con sentido común por dos razones: primero, Númenor
es uno de los grupos poéticos más activos y numerosos de la poesía joven —como lo es la
nueva hornada de poetas asturianos, que ha de llevarse muchos premios próximamente,
espero y deseo—; y, segundo, los de Númenor frisan los 35 años, que es el tope
para presentarse al premio, haciéndolo, por tanto, en condiciones de máxima madurez.
Son amigos míos, eso es bien cierto. También lo son otros de
los presentados. Lo cual sólo contribuye a mi sufrimiento porque yo, que les deseo a todos lo mejor, no voto por amistades (ni voto solo). Por fortuna, al publicar cada año tres libros, el curioso
lector puede contrastar nuestro fallo y ver si resultó fallido o acertado. En
ese sentido, animo al hidalgo JSM, el bueno, al caballero de los leones, a que,
siendo un editor arrojado, intrépido, aventurero y agitado, no se
nos quede a medias y publique en su Isla de Siltolá los libros de ésos que
piensa que hemos discriminado, para que la comparación pueda ser exhaustiva y el bochorno caiga sobre nuestras cabezas, si tuviera o
tuviese que caer. Me encantaría. Con algunos libros hemos sufrido en el jurado al ver que no los podríamos sacar. Yo desde aquí prometo reseñas elogiosas y merecidísimas para dos
de los finalistas de este año que no serán publicados por Adonáis porque no
cupieron, ay, ay. Leerlos ha sido un privilegio. Y también aplaudiré
la publicación de un libro que no pasó el corte, y que yo, que no hago la
preselección, tuve la oportunidad de leer de rebote, y que me pareció
excelente, y estoy deseando releer ya édito.
Si tuviese que desanimar a alguien a presentarse al Adonáis,
lo haría por el palo contrario a JSM: la competencia es altísima.