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viernes, 15 de octubre de 2010
jueves, 20 de mayo de 2010
Lema
Pasa el día un amigo con un escritor fecundo, brillante y reconocido, y por la noche, al escribirme, me hace este diagnóstico: "No pierde en las distancias cortas: ni complacencia ni maledicencia". ¡Oh, qué ejemplo!, exclamo sin ironía, casi sin envidia, con admiración doble: al escritor y a mi amigo, que supo verlo y expresarlo. Es la aplicación perfecta del In medio virtus aristotélico al mundo de la literatura.
"Ni complacencia ni maledicencia", me lo pido como lema.
"Ni complacencia ni maledicencia", me lo pido como lema.
sábado, 10 de abril de 2010
lunes, 2 de noviembre de 2009
Vidas y venidas
Por muy vulgar y corriente que sea la existencia de cualquiera, desde el momento en que se pone a contarla se da de bruces con un problema de primera magnitud: la verosimilitud. Con desconcertante frecuencia, nos pasan cosas extraordinarias, literalmente increíbles. El escritor ya irá viendo cómo soluciona esa papeleta, pero la enseñanza fundamental, desde el principio, está clara: la vida es fantástica.
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Cosas tan íntimas que sólo pueden decirse en público.
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Escila y Caribdis: la autocomplacencia y la falsa humildad.
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Cuando me recriminan tanto impudor y transparencia, me sale una respuesta grandilocuente: “Hay más cosas entre mi pecho y mi espalda, Horacio, de las que caben en mi literatura”.
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Escritor autobiográfico: redundancia (que muchos ignoran).
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El escritor de ficción se escapa; el autobiográfico se persigue. Sólo los buenos de uno y otro signo se alcanzan.
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Para salvarse, el personaje aspira a persona, la persona a personaje. Cuando se cruzan por la calle, se saludan ceremoniosos e irónicos, pensando: “¿A dónde se creerá que va éste?”
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El escritor autobiográfico es un vividor. El tiempo, de negro, le escribe su obra, menos el final, que es lo más difícil, que se lo encarga a una afamada profesional, la muerte.
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El Juicio Universal será menos violento para el escritor autobiográfico.
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El lema del escritor confesional: “También la verdad se inventa”.
viernes, 29 de mayo de 2009
El paraíso es hacer el paraíso
He recogido la frase en Los confines. Andrés Trapiello es muy trabajador y, por eso, sabe de sobra de lo que habla su personaje Clau: "Eso es lo extraño. Nadie diría que en un paraíso siempre está todo por hacer, y hacerlo no causa impaciencia ni inquietud. Al contrario, cada cosa que se hace es placentera; el paraíso es hacerlas. El infierno es lo opuesto, no tener nada que hacer". Se trata del trabajo gustoso de JRJ, pero más allá. Yo lo escojo, a partir de ahora, como lema hermosísimo de mis afanes: "El paraíso es hacer el paraíso". Y regalárselo a los demás. ("Las puertas de la felicidad abren hacia fuera", nos recordaba Kierkegaard.)
lunes, 13 de abril de 2009
Obligación ennoblece
A primera hora de la tarde del Sábado Santo, a las tres, yo estaba a la derecha del altar mayor de la Catedral de Monreale, Sicilia, ante la tumba de san Luis IX, rey de los franceses, cruzado de Cristo. El rey ya no está allí, salvo su corazón, que se encuentra en un cofre de hierro bajo el altar. A las tres de la tarde, por tanto, justo a mi espalda.
Y a mi espalda oí, de corazón a corazón, un lema o motto que me pareció tan bien que ya es definitivamente el mío: Obligación ennoblece.
Y a mi espalda oí, de corazón a corazón, un lema o motto que me pareció tan bien que ya es definitivamente el mío: Obligación ennoblece.
domingo, 8 de marzo de 2009
Si me equivoco, el error no es mío
Uno de mis lemas es de Borges: "Piensa que los otros son justos, y si no es así, el error no es tuyo"; pero nunca pensé que lo aplicaría a los políticos, donde en principio prefiero el refranero: "Piensa mal y acertarás". Sin embargo, en el artículo de hoy estoy borgiano, o, si prefiere, ingenuo. El que está mosca es Juaristi, que conoce mejor el paño (y me deja, por tanto, en mosquito).
[Ah, a propósito: yo lo escribí con puntos y aparte y cursivas, como puede leerse en el trampolínk]
[Ah, a propósito: yo lo escribí con puntos y aparte y cursivas, como puede leerse en el trampolínk]
viernes, 13 de febrero de 2009
Mote
En la soñolienta cena, mientras repasábamos la jornada, supiré:
—Uff, qué día más duro…
L. asintió y sumó:
—En realidad, toda la semana.
—Vaya mes.
—¡Y el año, qué!
—La vida es dura...
Aquí ya empezamos a sonreír. Bienaventurados los que tienen humor negro porque siempre acabarán riéndose.
Lo cual me hizo recordar una anécdota mía de la infancia en la que puede que brillara el talento que ahora me busco con tanto afán. Llegó mi abuelo muy agobiado de sus negocios y se quejó:
—Qué lucha…
A lo que yo, que tendría a la sazón seis o siete años, repuse:
—Pero qué lucha tan buena, ¿verdad, abuelo?
Anoche, al recordarlo, sin dejar de reírme, me puse serio Sería un lema de la casa, un mote del escudo precioso; y un gran título para una autobiografía: Qué lucha tan buena. Lo difícil es ganárselo, merecérselo.
—Uff, qué día más duro…
L. asintió y sumó:
—En realidad, toda la semana.
—Vaya mes.
—¡Y el año, qué!
—La vida es dura...
Aquí ya empezamos a sonreír. Bienaventurados los que tienen humor negro porque siempre acabarán riéndose.
Lo cual me hizo recordar una anécdota mía de la infancia en la que puede que brillara el talento que ahora me busco con tanto afán. Llegó mi abuelo muy agobiado de sus negocios y se quejó:
—Qué lucha…
A lo que yo, que tendría a la sazón seis o siete años, repuse:
—Pero qué lucha tan buena, ¿verdad, abuelo?
Anoche, al recordarlo, sin dejar de reírme, me puse serio Sería un lema de la casa, un mote del escudo precioso; y un gran título para una autobiografía: Qué lucha tan buena. Lo difícil es ganárselo, merecérselo.
jueves, 15 de marzo de 2007
Tempestatibus maturesco
En París, el 18 de julio de 1942, Ernest Jünger encontró un volumen de Les amours de Charles de Gonzague, de Giulio Capoceda, impreso en Colonia en 1666, con un viejo ex-libris: "Per ardua gradior". Lo aprobó enseguida escribiendo en la página de enfrente su lema, el que da título a esta entrada. Todo esto lo apruebo y lo admiro, desde luego, aunque yo, tirando más al monte ("Del monte en la ladera / tengo un huerto") y al jardín de Epicuro, haya echado también mi cuarto de espadas y escrito en el margen de mi ejemplar de Radiaciones: "Succisa virescit". Cuando ya iba a pasar de página, me acordé de G.K.C. que propuso: "An inconvenience is only an adventure wrongly considered; an adventure is an inconvenience rightly considered." [Una adversidad es sólo una aventura erróneamente considerada; una aventura es una adversidad correctamente considerada.] Y no es que la frase chestertoniana sea contraria a los lacónicos lemas latinos, sino que, apoyándose en ellos, da grácilmente un salto de baile. Sobre la nobilísima serenidad estoica, tan pagana, Chesterton construye una visión de la vida alegre y juguetona, quijotesca. Tal vez parezca frívola a quien no se fije que dentro de la frase está la dura concepción de Jünger, como el hueso de una fruta o como el eje sobre el que gira -como una peonza- el retruécano.
miércoles, 21 de junio de 2006
En tres líneas
Entre líneas, en mi artículo de hoy, resuena un marmóreo lema estoico: "Hacer de la necesidad virtud".
*Yo diría que el Cristianismo propone, entre otras cosas, lo contrario: "Hacer de la virtud necesidad". Pablo de Tarso, más atrevido, prefirió decir: "Hacer de la necedad virtud, como del escándalo" (1Cor 1,18-23) .
*Lo que motivó la actuación del Grande-Marlaska contra ETA fue una portada de periódico. Qué muestra del inmenso poder de los medios... El mismo daimon juguetón me susurra al oído: "Claro, el poder de los fines está desaparecido".
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