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lunes, 5 de junio de 2017

Gran poema de Chesterton (de Juan Bonilla)


Me he mordido la lengua (los dedos) para no decir nada de este gran poema de Chesterton de Juan Bonilla esperando a que saliese mi reseña del libro Poemas pequeñoburgueses en Nueva Revista. Pero ha salido la reseña y no hay enlace que llevarse a la boca. Tampoco importa demasiado: digo que el libro está muy bien, aunque a primera vista parezca que está bien y ya. Y está este poema chestertoniano, que es asombroso. Porque da una voltereta de sentido majestuosa: el camello es una imagen, claro. Qué maravilla. Léase:





lunes, 1 de mayo de 2017

La finura de Chesterton



Chesterton bromeó mucho con su gordura, pero jamás presumía de su altura y medía 1'93. Conozco personas con diez centímetros menos que van por la vida la mar de estirados. Él podía, como mínimo, haber hablado no tanto de su gordura como de su tamaño, y hubiese sido, además, más exacto. Pero prefirió mirarse -y hacernos verle- por el lado más grotesco. Sabía que era lo más sano para el alma. Y lo más fino: lo que menos hiere la susceptibilidad de los pequeñitos, lo que más les divierte. 

También pesaba 13o kilos, o sea, que no se inventaba nada. Y otro rasgo de finura, esta vez intelectual es que alguien con tal sobrepeso hiciera una literatura tan ligera y ágil. Mi experiencia es que la gordura acaba embotándote el ingenio. Tiene el detalle con nosotros de que no le notemos los kilos de más ni el resuello en su prosa. 




jueves, 2 de octubre de 2014

Chestertonina


Me he levantado tan cansado como me había acostado. Podría haberme ahorrado la noche, con la falta que me hacen esas siete horas. Para seguir, entre otras cosas, rechazando, seleccionando y corrigiendo las entradas de mi próximo diario. Hoy he llegado a este auto-aviso contra el peligro de usar a Chesterton como fermosa cobertura. Aunque ha sido mucho más eficaz el propio Chesterton, cuando he pasado a mi siguiente tarea, que es ir seleccionando aforismos del maestro. Éste, como un clarín que me ha despertado mucho más que mi afónico reloj, toda una llamada a la acción:

Una cadena es tan fuerte como su eslabón más débil; un frente de batalla es tan fuerte como su hombre más débil; un movimiento envolvente es tan fuerte como su punto más débil, ese punto en que el círculo se puede romper aún. Así, para empezar, si alguien me pregunta: "¿Qué puedo hacer yo?", le contesto: "Algo, aunque sea pequeño, que impida la consumación del complot capitalista. Cualquier cosa que lo retrase. Salva una tienda de barrio entre cien. Salva un huerto entre cien. Mantén una puerta abierta entre cien, porque mientras una puerta esté abierta, no estamos en prisión. Pon una barricada en su camino, y veremos pronto si era el camino del mundo. Pon un palito en la rueda, y veeremos pronto si era la rueda del destino.
Ahora sí puedo salir con otro ánimo. 

martes, 24 de septiembre de 2013

Chesterton en 1930 para hoy mismo


Pero la unidad nacional es una verdad, una verdad que no puede y no debe negarse, que no se deja negar, pero sobre todo por estas razones: que la nacionalidad es humana, y que la nacionalidad es europea. El hombre que olvida la nacionalidad se vuelve, ipso facto, menos humano y menos europeo. De alguna manera se convierte en una abstracción andante, en la resolución de algún comité, en el programa de alguna plataforma política; mediante una transformación inconfundible, que deja helado como el tacto de un pez, es menos hombre. El hombre europeo es hombre por su patriotismo y por la civilización peculiar de su pueblo.
 Puro güelfo blanco.


jueves, 5 de septiembre de 2013

Oportunista de la dicha, y otros asombros



 He guardado mis notas de este libro de Almuzara durante un año largo por si conseguía colar una reseña en algún sitio, pero no he visto el hueco. Yo soy muy de Almuzara. Y si ustedes no lo son, lo serán, seguramente, tras leer un puñado de asombros suyos. Ya míos. Van: 


Escribir un soneto es muy difícil. Escribir cientos es muy fácil, a poco que uno se descuide.
*
Si seguimos hablando, cuando ya lo hemos dicho mejor con anterioridad, empezamos a desdecirnos.
*
Más vale soneto esforzado que ciento volátil.
*
Deja de haber sido un buen escritor quien termina siendo malo.
*
Si una mosca grande es un animal pequeño, un elefante pequeño es un animal grande.
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Al mar siempre le ha atraído el escote de la playa.
*
La belleza es imperfección con encanto.
*
[Volúmenes de poesía] Delgados, anémicos, con hambre de lectores.
*
Quien nunca da por acabada una obra siempre termina acabando con ella.
*
La poesía es música que piensa.
*
El corazón es codicioso y sólo se conforma con el oro del instante. No se conforma con la calderilla del recuerdo.
*
Hay una belleza que no está en los rasgos sino en los gestos.
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El circo del mundo es el mayor espectáculo.
*
Un avión es una cruz que nos lleva al cielo.
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Una comparación es un puente.
*
La oscura sonrisa de las góndolas.
*
Góndolas: el primer garabato de una clave sobre el primer compás de su partitura. La música en Venecia está siempre a punto de sonar.
*
El arte permite que se desborden las pasiones sin que nos ahogue el drama.
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La envidiosa maledicencia (que recela por sistema del talento prolífico)
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A menudo fingimos ser quien no somos para gustar más, pero luego queremos que nos quieran por lo que somos.
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Poner nuestra mejor cara: posar con la verdad.
*
La ambición es la altura del alma.
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Nunca se pierde lo que se canta.
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La gaita, ese altavoz de las cabras.
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Mozart: "Estoy buscando las notas que se aman"
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Mark Sennet: "Tragedia es que nos salga un padrastro; comedia, que el vecino se descalabre en una zanja".
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Sólo podemos juzgar el arte que amamos.
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Siempre me ha sorprendido la vanidad de los intérpretes [de música] en comparación con la modestia de los traductores.
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Bierce: "Una vez, sea de lo que sea, ya es suficiente".
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Eugenio d'Ors: "Dichoso el hombre de cuarenta y cinco si su personalidad tiene ya un quinquenio".
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La añoranza, variante necrofílica del amor a la vida.
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Con la poesía no me ganaré la vida hasta después de muerto.
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Qué raras son las cosas que nos pasan cuando no pasan inadvertidas.
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[hablando de la noche de Reyes] Ahora sucede todos los días, pero exige estar mucho más despierto.
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Ni siquiera en el espejo puede uno besarse a sí mismo en la frente.
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Vivir de este lado de la eternidad obliga a estar atentos al tiempo. Es ahora o nunca.
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Si están cubiertas las necesidades básicas, sólo es infeliz el que no sabe lo feliz que es.
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Eliot: "Todo poema debería ser un epitafio". Javier Almuzara: Por la misma razón todo epitafio debería ser un poema.
*
Martínez de la Rosa:
"Fray Diego aquí reposa.
Jamás hizo otra cosa".
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Verso es lo que vuelve.
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Ironía, la luz indirecta de la inteligencia.
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¿Cómo he llegado hasta aquí? ¿Cómo he llegado hasta mí?
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Creo que solo los prodigios constantes lo son en un sentido pleno. De hecho el milagro está en la reincidencia. […] Lo demás son trucos de azar. […] No hay fe sin resurrección.
*
La belleza es la gloria del presente.
*
Soy un oportunista de la dicha.
* 
A la noche le pides la luna, y te la da.



¡

domingo, 9 de diciembre de 2012

Sorteo universal


Para democratizar la monarquía en serio y sin componendas, la elección por sorteo universal que propuso Chesterton en El Napoleón de Nottingh Hill. Lo de ahora ni es tradicional ni es igualitario, no's ná


sábado, 8 de septiembre de 2012

Encuentros

Hay un puñado de autores a los que me encanta encontrarme por casualidad citados en los libros y los artículos de otros. Es verlos, y me da un vuelco el corazón. Como encontrarse a un amigo íntimo en la cena de unos conocidos; aunque es más raro, porque no son mis autores de cabecera (Joseph Joubert, Nicolás Gómez Dávila, G. K. Chesterton, Mario Quintana, René Girard, Josep Pla...) con los que me pasa, sino sólo con algunos. Quizá sea con aquellos más inabarcables o cuyas obras, por un motivo u otro, se me escapan. Intentemos otra comparación: es como encontrarse en la cena de unos conocidos con un amigo íntimo, al que uno tiene pocas oportunidades de ver lo que quisiera. Tal vez haya otro autor que reconoceré cuando me lo encuentre, pero a bote pronto, son: Kierkegaard, Tomás de Aquino, Heráclito de Éfeso, Flannery O'Connor, Cristóbal Serra, el Talmud y Simone Weil. 

domingo, 1 de julio de 2012

Un problema sin remedio

El problema del escritor confesional no es, desde luego, éste. El verdadero problema del escritor confesional es la confesión, pero la sacramental. Con El pábilo vacilante ya me ha ocurrido tres o cuatro veces que se me destaca la bondad antinatural de la voz cantante o del personaje. Y yo, que no fui consciente de ello mientras lo escribía, no puedo estar más que de acuerdo, y más aún teniendo tan cerca el modelo, al otro lado del espejo. Ocurre que mis maldades —aunque para no ser pretencioso, mejor decir mis ruindades— y mis malos humores e intenciones los vuelco sobre el confesionario. Y allí los olvido y se hacen nada, inexistentes, ni escoria. Eso hace que al blogg llegue un Enrique García-Máiquez ligero, alado, divertido, feliz, con una mirada limpia. Un Enrique García-Máiquez, concedo sin problema a mis inquisitivos interlocutores, algo falso. Pero sin remedio, porque, como algunos de ustedes comprenderán, no voy a dejar de confesarme para salvar al blogg. 


Se me ocurren dos soluciones. La primera, ir dejando caer o sugiriendo algunos de mis pecados o errores o debilidades o mezquindades. Pero, paradójicamente, sería un hipócrita si lo hiciese, porque, tras confesármelos, veo que son nada y aquí estaría usándolos de ingredientes, qué asco. La otra solución, consistiría en ir informando periódicamente: "Hoy confesión, u hoy, agujero negro, u hoy, reciclaje, y hoy, coche escoba, u hoy desintegrador de partículas, o repitiendo como una letanía aquella cita de Chesterton de que la confesión se salía como un niño recién nacido, un bebé con diez minutos". El problema de esto es que alentaría a las imaginaciones más calenturientas, y tampoco es eso.

Lo mejor es dejarlo como está. Puestos a tener límites, el de la bondad no está mal. Y si uno no alcanza a ser santo, bueno, a ver si lo consigue su personaje. 

jueves, 14 de junio de 2012

San Chesterton, ruega por nosotros


Lo propone y lo reza Steinhardt, a imitación del "San Sócrates, ruega por nosotros" de Erasmo. Y anteayer, un amigo me leía por teléfono una frase de tío Gilberto: "Hay tres cosas que las mujeres no entienden: la Libertad, la Igualdad y la Fraternidad". Qué tío, qué caballero, GKC, cómo admiraba a las mujeres, sólo les veía virtudes. 

jueves, 7 de junio de 2012

Now I am in a holiday humour

En la reseña, me recreo poco en Rosalinda, pero no hace falta decir la admiración que me produce una chic capaz de verso tan claro: "A traveler! By my faith, you have a great reason to be sad". 

miércoles, 29 de febrero de 2012

Rectitud de intención


He descubierto en el Congreso Internacional, G. K. Chesterton, 75 años después de su muerte, un serio peligro personal. Que Chesterton funcione como una inmensa coartada mía.

Ya lo venía notando con las cuestiones dietéticas y con el dichoso diastema; y durante mucho tiempo me consoló (y cómo (y cuánto se lo agradezco)) de la pena de no tener hijos. Pero en el Congreso nos contaban —y eso yo no lo sabía— que era un orador mediocre, y que solía perder sus debates, y que no estaba a la altura de sus escritos, y yo suspiraba de alivio: uf. Hablaban de su torpe aliño indumentario… y a mí se me quitaba el agobio por llevar marcada en la pierna derecha del pantalón, durante todas mis vueltas por la elegante capital del reino, la manita caramelizada de mi hija Carmen. Se nos decía que él a veces escribía dos artículos a la vez y yo perdía el cargo de conciencia por estar atendiendo atentamente a los conferenciantes mientras escribía concentradísimo un recordatorio de urgencia por el cincuenta aniversario de la muerte de Julio Camba o mi artículo para Joly. Dorothy Collins, cada vez que le preguntaban por los idiomas que hablaba Gilbert, respondía: “En profundidad, ninguno. Recordaba algo de francés del colegio, pero nada más”; pero a la vez su traducción del soneto de De Bellay ha recibido los mayores elogios, ha sido recogida en las mejores antologías de traducción y Steiner se deshace en palabras de admiración. Eso a mí, que llevaba muy mal mi muy mal inglés en un congreso en el que todos me presentaban a los conferenciantes ingleses y americanos como un traductor de la poesía de GKC, me levantó bastante los decaídos ánimos. También me alivió que me recordaran su nulo sentido de la economía práctica, o su facilidad para llegar tarde. Y qué decir de su habilidad para citar aproximativamente, de su desdén por el rigor de los datos —que tantas veces enturbian la verdad— de su anémico academicismo, etc.

Supongo que en mi caso será más exagerado que en otros, pero creo que todos los chestertonianos del mundo hemos de evitar usar al gran Gilbert de primo de Zumosol. Puestos a imitarlo: en su talento, en su bondad, en su brillantez, en su fe, en su amor por la razón, en su amor por su mujer, en todo lo suyo inimitable, que es tanto.

miércoles, 8 de febrero de 2012

Contrafiguras


Rutler, en su introducción a la edición inglesa de San Francisco de Asís de Chesterton, recuerda que un filósofo francés dijo que la peor tragedia es no ser santo; y que Chesterton asintió a su modo al afirmar que la mejor comedia es serlo. Debe de referirse a Léon Bloy, que escribió: “Sólo existe un dolor, y es no ser santo”. Yo confieso que a veces me he sentido tentado a contraponer la figura quejosa de Bloy con la jocosa de Chesterton, como los auténticos Heráclito y Demócrito cristianos, esto es, el filósofo que siempre llora y el que siempre ríe. Pero nunca me he decidido. El cristianismo disuelve al final todas las diferencias y he terminado apostando por Cioran como la auténtica contrafigura chestertoniana. Él sí apostó por la amargura y por un desbordante nihilismo, mientras que Bloy & Chesterton, cada cual según su humor, apuestan por la santidad, que es todo lo contrario. 

jueves, 12 de enero de 2012

Poemita de un GKC adolescente

Los españoles piensan que Cervantes 
vale lo menos como siete Dantes. 
Reputan en Italia estrafalaria 
semejante opinión: les da urticaria. 
[The Spanish people think Cervantes/ Equal to half a dozen Dantes; / An opinion resented most bitterly/ By the people of Italy]

viernes, 18 de noviembre de 2011

Carmen bate récords

El récord absoluto de visitas de este blogg fue el anuncio del embarazo de Carmen, cuando no sabíamos que sería Carmen, aunque se la veía venir. Hoy he visto que el segundo pico histórico han sido los limones de anteayer. Jo, con la niña. Menos mal que ni Dante ni Chesterton se pondrían nunca celosos con esto. Yo sí soy más quisquilloso, pero con Carmen no. 

martes, 15 de noviembre de 2011

El dragón

Escribiendo un miniensayo sobre G. K. C. titulado “Chesterton, aforista sobrevenido”, doy como ejemplo de la naturalidad con que le salían sin querer máximas, sentencias y greguerías la primera frase que publicó en su vida, siendo un preadolescente, en la revista de su cole:


El dragón es la más cosmopolita de las imposibilidades.


Y me quedo pillado del genio del maestro, de su precocidad y de su coherencia. Literalmente con la boca abierta. Porque:


1- Efectivamente, es una greguería como la copa de un pino.


2- Ahí está ya (¡en su primera frase!) su amor, que sería vitalicio, por los cuentos de hadas con un toque medieval.


3- Y su enfrentamiento, como un san Jorge, contra las fantasmagorías en defensa de esa doncella encantada que es la realidad.


4- También su desdén genético por el cosmopolitismo.


5- Y desde luego la gracia.


Qué monstruo.

miércoles, 27 de julio de 2011

La rima es sexy


En la playa me resguardo bajo la sombrilla y me parapeto tras un libro. Sí, pero todo apunta a lo mismo: la rima también es sexy. Lo deja caer Chesterton en Tipos diversos: "Las rimas se responden mutuamente igual que los sexos en las flores y en los seres humanos".  Y podría ser una feliz casualidad, el primer ejemplo –en qué estaría pensando– que se le ocurrió a ese genio aturullado, pero tres páginas más atrás, remacha: "y pertenece aún más decididamente a la cuestión que estamos tratando, pues se trata de una comedia en verso en la que todos los personajes hablan poéticamente de un modo tan natural como cantan los pájaros en la época de apareamiento". Yo estoy de acuerdo, faltaría más. 

martes, 5 de julio de 2011

Otra metapipa

En Diario de la felicidad de Nicolae Steinhardt, p. 505:

Nos falta totalmente el sentido del misterio. En este siglo XX el número de los aficionados a las novelas policiacas —a cuya cabeza yo me encuentro—es enorme. Nos gustan Edgar Poe, Conan-Doyle y Edgar Wallace, nos apasionan las aventuras del impecable lord Peter Wimsey, del bigotudo Hércules Poirot, del emperifollado Philo Vance, de los comisarios Ellery Queen, padre e hijo, del cínico Sam Spade, del discreto Mr. Fortune, del banal Maigret o de los complicados héroes de John Le Carré —¡y no percibimos el misterio que nos rodea a cada paso!— [A estas alturas, ya lamentaba yo la ausencia de Father Brown, cuando enseguida la explicación.] El padre Brown, el cura-detective de Chesterton (tan poco insólito como el cura-trabajador de la fábrica), llama nuestra atención sobre la omnipresencia del misterio, que reaparece en cda una de las novelas metafísico-policiacas protagonizadas por este Father Brown
El catecismo de los obispos católicos holandeses detecta el misterio en los sitios más insospechados. Los esposos, dice el catecismo, ni siquiera saben de qué profundos misterios están rodeados y qué insondables secretos expresan cuando, al volver del trabajo, él le dice a ella: "¡Qué guapa estás esta noche!", o ella le dice a él: "Te estaba esperando, amor mío; has llegado tarde". 

miércoles, 11 de mayo de 2011

Hunos y hotros

A estas alturas y con los champús tan buenos que hay, nada más casposo que acusar de casposo a nadie. Huele a naftalina y a discurso de los años setenta del siglo pasado. En consecuencia, a nuestros viejos progres les apasiona: “casposo, casposo”, acusan a troche y moche. Observen  el lenguaje de opereta que gastan últimamente. Es una experiencia inolvidable oírles exclamar: “deleznable, bazofia, infundio, infamia, desmán, detestable, proclamo, miente como un bellaco” cuando alguien les pide explicaciones de presuntas ilegalidades o de su gestión. Qué castellano más rancio gastan. Si la cara es el espejo del alma, el vocabulario es el eco de la conciencia. Y sus poses ofendidas, oh, sus poses ofendidas, qué teatralidad más grande. 
**
Tampoco podría votar a otros que dicen “los ciudadanos y las ciudadanas”. Vamos a ser pocos los que no, pero los motivos son muchos. Algunos desconfían tanto de los extremismos que les repele apostar por quienes se confiesan “extremistas de centro” [sic y toma oxímoron]. Otros no ven clara (porque es oscura) su posición ante el aborto. O ante las autonomías y los nacionalismos. O su posición de perfil (viva moneda que siempre se volverá a repetir) ante la aprobación de Bildu. Mentiría si dijese que soy indiferente a esos extremos (de centro), pero para mí la importancia del lenguaje es inmensa. Relatando Hannah Arendt el juicio a Eichmann, se refiere a la incapacidad de éste para expresar “una sola frase que no fuera una frase hecha. […] Cuanto más se le escuchaba, más evidente era que su incapacidad para hablar iba estrechamente unida a su incapacidad para pensar”.
***
Y viendo lo que hay, ayer me decían que nuestra democracia no tiene remedio, y yo replicaba, encomendándome a Chesterton y a Capra, que el remedio es más democracia nuestra

jueves, 10 de marzo de 2011

La eternidad que anhela ha comenzado

Sale G. K. Chesterton, mi amigo, de W. R. Titterton, que me ha tenido ocupado en los últimos meses, como me quejé aquí. Reclamé ayuda allá. Mencioné acá. Y transcribí un himnillo acullá.

Titterton es un perfecto desconocido. Normal: se pasó la vida detrás de Chesterton, como segundo de a bordo de varias empresas suyas, y detrás de Chesterton es difícil que pueda verte nadie. De remate, murió el 22 de noviembre de 1963, el mismo día que asesinaron a John F. Kennedy, y en el que murieron, nada menos, que C. S. Lewis y Aldous Huxley. Su humildad (palpable en las páginas de su libro) y su tendencia a ocupar el segundo plano fueron quizá un poco exageradas ese último día.

Para que conste que éste no es un artículo blog spot publicitario, advertiré enseguida a todos que se trata de un libro indispensable exclusivamente para chestermaniáticos. Los chestertófilos pueden releer Ortodoxia, tranquilamente. Y para dejarlo más claro aún, paso a recortar y pegar los momentos estelares que recorto y pego en mi prólogo:

Titterton, que suele hacer gala de un magnífico humor, se enfada de la fama de bebedor pantagruélico que le han echado encima a su amigo. Consigue, arrastrado por la indignación, una de las frases más encendidas, con una comparación más brillante, de todo el libro: “No entendían el hecho, muy sencillo, de que era un gran bebedor igual que Robert Browning era un gran amante, y Don Juan y Lord Byron no lo eran”.

A la vez, porque lo cortés no quita lo valiente, cuenta varias chispeantes anécdotas tabernarias […] En ese ambiente, da Titterton con una imagen inolvidable. Describiendo al Chesterton que gustaba de tomarse una cerveza, observa: “Si está con un amigo, la eternidad que anhela ha comenzado”.

[…]

Se hacen muy pocas menciones al catolicismo, lo que puede sorprender en un converso como Titterton y que lo fue, en buena medida, por el influjo de Chesterton. Se trata, supongo, de la discreción inglesa. Pero también de la confianza en la unidad de vida: el Chesterton público era éste, hablando de sus ideas políticas. Y de su amor a Inglaterra: qué emoción épica cuando, para describir la grave alegría de la entrada de su país en la primera guerra mundial, Titterton escribe esta frase impresionante: “Y el milagro de encontrar a Inglaterra en el bando correcto era lo mejor que nos había pasado en cuatrocientos años”. Y hablando y escribiendo de trivialidades, minucias y frivolidades, porque como GKC decía: “Puritano era sinónimo de hombre cuya mente no tenía vacaciones… Es imposible estar serio trescientos años… En los templos eternos tiene que haber frivolidad. Es necesario estar cómodo en Sión, a menos que se esté de visita fugaz”. Mientras Chesterton hablaba de cualquier cosa, el catolicismo lo sostenía todo por debajo, y allí, debajo, lo ha dejado Titterton. Aunque pudorosamente nos hace alguna mención que no se nos debería pasar por alto, como cuando declara su convencimiento de que Chesterton tenía —susurra— la visión continua de la divinidad propia de los santos.

No se piense, sin embargo, que el libro rehúye lo más hondo. Con qué impresión se lee el rechazo de Chesterton a “su gran tentación”. G.K.C., según sus propias palabras, pudo ser un hereje. Pudo afincarse en la parcela de la verdad que más iba con su carácter y convertirla en un absoluto indiscutible. Esa verdad suya era la felicidad y la acción de gracias permanente. Y hubiese tenido muchos discípulos, como de hecho empezó a tenerlos. Pero abjuró de su herejía en cuanto comprendió que el mundo no es Dios, que no todo merece una celebración y que, junto al “Hágase tu voluntad”, hay que entonar a renglón seguido el “Y líbranos del mal”. Perdió sus discípulos. O convenció a sus seguidores para que le soltasen. Cayó entonces muy suavemente, dijo, sobre una roca; sobre la Iglesia. Por eso, ahora los discípulos de Chesterton no lo son suyos exactamente, sino cristianos. En rigor, nos viene a decir, no puede haber chestertonianos. Lean, pues, con mucha atención ese pasaje. No conozco una muestra más desnuda y directa de la humildad y la grandeza de Gilbert Keith Chesterton.