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sábado, 6 de junio de 2015

Hadjadj en el barbero

 No seríamos capaces de heredar el ordenador de nuestros abuelos.
La misma naturaleza es tachada de fascista, porque el rosal da rosas y nunca banderas.

El relativista es normativo de manera insidiosa, porque deja que se imponga una norma en función de la relación de fuerzas del momento.
 
En la familia se ejerce una libertad sin independencia… una libertad de consentimiento a lo ya dado.
[familia] Como primer lugar de la existencia, es también lugar de resistencia.
Hacía falta un Dios judío, esto es, un Dios que tuviese sentido del humor. 
Cézanne: 'Quiero asombrar a París con una manzana'
 *
Céline: ''Estar enamorados no es nada, lo difícil es estar juntos''
Dejar sitio para el otro no es la negación de uno mismo, sino, por el contrario, el poder mismo del creador...
 
Originalmente el hambre de leche es también hambre del otro.
 *
Anders: el individuo moderno, tan requerido por la multitarea, es un dividuo.
Hay que constatar que lo que para la colectividad es un progreso tecnológico, para el individuo induce con frecuencia una regresión técnica.
Como hemos entregado la cocina a los congelados, la conversación se ha hecho glacial.
La crisis es más radical de lo que queremos admitir (hasta el punto de que la palabra ''crisis'' puede parecer eugemismo engañoso) 
En el imaginario antiguo la materia es la madera.
 
El individualismo, si bien no se confunde con el totalitarismo, es al menos una de las condiciones.
 Si el nombre ha recibido sin merecer, está obligado a dar sin esperar.
''hemofobia'', que es la manía a los vínculos de sangre.
 
Después de ese acontecimiento, para no sucumbir a la tentanción de tal empresa, para aprender a no confundir alumbramiento con adquisición, paternidad y propiedad, todas las matriarcas comienzan siendo estériles.


Y aquí la reseña en Misión: 





jueves, 20 de marzo de 2014

Signo de la edad


Yo soy ya mis circunstancias. 

[Y justo el día que anoté este aforismo, se publica mi último artículo de Misión, que mandé hace unos meses —justo después de mi viaje a Lisboa— y que demuestra que los aforismos no son ocurrencias sino decantaciones.]

martes, 12 de junio de 2012

domingo, 14 de febrero de 2010

Unos minutos de publicidad

Aprovechando que hoy es san Valentín, el patrón de la publicidad y la mercadotecnia, les enlazo el pdf de la revista Misión. Yendo a la página nº 8 del documento (la 14 de la revista) encontrarán ustedes un artículo mío que habla, esta vez sí, del amor, oh. El consejo publicitario es que se suscriban, que tiene la mejor relación calidad/precio del mundo: es absolutamente gratis. Podrán leer mis artículos, diría uno, embalado con el marketing, pero no sé si eso , con lo leidísimo que me tienen ustedes (gracias, gracias), tiene mucho gancho. Las ilustraciones, en cambio, son extraordinarias y merecen la pena. En el retrato de este número, yo he salido favorecido, naturalmente. Incluso Leonor se ve mejor, lo que ya es más discutible. Lo insólito es Carbón convertido en un lindo gatito, pero como él no se ha suscrito, pues ojos que no ven corazón que no siente.

miércoles, 25 de febrero de 2009

Una historia ejemplar

Nos informa el narrador argentino Marco Denevi, citando como fuente la obra Alandalusi, Murcia, 1238, de Omar-ben-Budur, que Abderrahmán decidió fundar la ciudad más hermosa del mundo. Para ello mandó llamar a Kamuru-l-Akmar, el primero y más notable de los ingenieros árabes.

Kamuru prometió que en un año la ciudad estaría edificada y sería, sin duda, la más bella del mundo, pero exigió del califa que le permitiera construirla con entera libertad, sin reparar en gastos, y que no se dignase a verla sino cuando estuviese totalmente construida. El poderoso califa, satisfecho del temperamento artísitico de su ingeniero, accedió.

Al expirar el plazo, Kamuru-l-Akmar pidió un año de prórroga, que el califa le concedió con gusto. Esto se repitió varios años. A los diez años el califa se encolerizó por fin, y todos los que nos hemos visto en tratos con la construcción hemos de reconocerle paciencia suficiente.

Sin embargo, al asomarse a las obras una sonrisa le borró el ceño adusto. “—Es la más hermosa ciudad que han contemplado ojos mortales! ¿Por qué no me avisaste, oh gran ingeniero, de que estaba concluida?”

Kamuru-l-Kamar inclinó la frente y no se atrevió a confesarle al monarca que lo que estaba viendo eran las casas que los artistas habían levantado para sí mismos mientras estudiaban los planos de la futura ciudad.

Hasta aquí la historia. Lo curioso es que caben varias interpretaciones del final: 1) El proyecto era tan sublime que, aunque no se llegó a construir, contagió a todos los trabajadores y éstos hicieron casas bellísimas. 2) Esos mismos hombres eran unos egoístas y sólo se preocuparon de su disfrute, embelleciendo sus viviendas y pasando de Abderrahmán. 3) Los artistas eran tan excelsos que hasta sus efímeras casetas les salían extraordinarias. 4) Abderrahmán, nada más asomarse a las obras, vio que aquello había sido un timo pero prefirió hacerse el tonto a asumir que lo era. 5) El califa, cohibido por el prestigio y la trayectoria internacional de Kamuru-l-Kamar no se atrevió a dudar de la hermosura de aquel lodazal y, en una versión inversa del cuento del traje del Emperador, decidió proclamar que todo era extraordinario.

Que la historia narrada por Marco Denevi (o por Omar-ben-Budur), tenga tantos finales posibles no es un fallo, sino todo lo contrario. Viene a decirnos, quizá, que ante cualquier prestigio artístico tenemos que interrogarnos a nosotros mismos y a nuestra sensibilidad. No es oro todo lo que reluce y hay palacios que en el fondo no pasan de casitas, pero a veces lo que reluce sí es oro o hay casitas más valiosas que palacios. Debemos juzgar con tiento.