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jueves, 13 de agosto de 2020

La revolución de la paciencia (la reacción)

 

El barbero del rey de Suecia ha encontrado un sorprendente aliado en Francisco Ferrero, autor de La revolución de la paciencia (Apeadero de Aforistas, 2018). 

No debe de ser él muy consciente de lo reaccionario que es, porque utiliza la dichosa arroba para referirse tanto a hombres como a mujeres. Pero ¡cuidado! porque su paciencia (y su inteligencia) le pega un revolcón de aúpa a la revolución, siempre impaciente. 

Mis aforismos preferidos son:


Mejor que llevar una doble vida es llevar una sola vida de doble significado.

 

Si dijéramos todo lo que queremos decir no hablaríamos tanto.

 

La esperanza es la farmacia del ser.

 

Con el arte intentamos poner la realidad de nuestro lado.

 

Lo olvidado, jamás cicatriza.

 

Empezar de nuevo es terminar bien.

 

Si confías en mí, me dejarás caer.

 

Que tus ideas no te necesiten para luchar por sí mismas.

 

La flor es un reloj de la naturaleza.

 

En el olvido hay calma, pero nunca paz.

 

Hablando del alma es cuando sonamos más superficiales.

 

Hay más libertad en el orden que nos convence que en el desorden que nos tienta.

 

Para el alma humana no hay mayor caos que la orden exterior.

 

Si cuidas de ti con integridad, arriesgarás.

 

Cuando des mucho y recibas poco, sigue dando mucho, pero en otra dirección.


Y ahora un problema. Este aforismo: En el servicio encontramos la forma más refinada  del autoconocimiento. 

Yo tacharía el autoconocimiento y pondría  "señorío". O sea:   «En el servicio encontramos la forma más refinada del señorío». ¿Justificaría esa variante que lo incluyese en mi próximo libro de aforismos o sería una impertinencia o un plagio? 



martes, 11 de enero de 2011

Himno

Los contrarios a la guerra de los Boers cantaban en sus rondas por las calles de Londres este hermoso himno, altamente inspirador:
Somos los enemigos de la guerra y la sangre
y nadie nunca nos llamará cobardes,
¡nunca, nadie, jamás!
Si algunos nos pretenden resistir,
les partiremos la nariz.
¡Somos de la Brigada de la Paz!

domingo, 23 de mayo de 2010

Un contraste brutal

No recuerdo quién (y me gustaría saberlo) afirmó que un buen poema es aquel que puede recitarse en presencia de un moribundo. Puede hablar de cualquier cosa, ser alegre, por supuesto, o divagatorio, pero en todo caso ha de ser digno de ser oído en en la habitación de un enfermo. Tras lo de Susana, he visto claro que las clases deben ser igual, traten de lo que traten.

La vida es demasiado frágil para ser frívola.

sábado, 1 de mayo de 2010

Qué paliza

No soy capaz de recordar (ni Google me ayuda) qué escritor famoso recomendó a los padres del mundo que si algún hijo suyo salía con ínfulas de escritor, le diesen una paliza ipso facto. Si después de varias sesiones, el niño persistía, tenía auténtica vocación y, en consecuencia, la cosa era irremediable. Si no persistía, habían salvado al niño… y a los sufridos lectores. No sé qué pensará Maite Mijancos, nuestra experta pedagoga, del sistema. Yo tengo un vivo interés en recordar al autor de esta teoría educativa. Como otras veces, les pido auxilio a ustedes. Si alguien lo sabe, que avise. Este interés no tiene nada que ver —descuiden— con mi próxima paternidad.

Leyendo sobre Miguel Hernández, del que este año se celebra el centenario, he visto que su padre aplicó el método literalmente, y que no le dio ningún resultado o sí, según se mire, porque Cancionero y romancero de ausencias, qué libro. Y como una cosa lleva a la otra, he pensado en los ánimos y apoyos que siempre me dieron mis padres en todo, pero especialmente en lo literario. Me abrieron una cuenta en la Librería Universitaria. (Luego, espantados, me la cerraron, pero por una cuestión puramente financiera, sin afearme el desfalco.) A pesar de que les di motivos, no se quejaron jamás de mis veleidades ni de mis veladas ni de mis noches en vela ni de mis novelerías.

Quizá eso represente una desventaja grande para mí, me he suspirado. Quizá eso lo explique todo. Quizá sea mi pecado original: demasiada empatía. Una buena paliza a tiempo podría haberme convertido en un satisfecho registrador de la propiedad o, en su caso, podría haberme reafirmado y autentificado en esta grafomanía.

Sin embargo, no hay que precipitarse en las nostalgias. La vida misma, a poco que uno le pierda la cara, viene como una madrastra de cuento y me pega una buena paliza un día sí y otro, con mucha suerte, a medias. Si algunos noches consigo llegar—arrastrándome— hasta la mesilla y, a pesar de todo, enciendo la lámpara y leo poesía o, incluso, oh, me enredo con tres versos que no quieren coger aire, será que tengo verdadera vocación, ¿no? Y además un recuerdo extraordinario de mis padres.

sábado, 27 de marzo de 2010

La la, sí, la la, no

Yo marcaba el femenino de los apellidos anteponiéndoles el artículo “la”. Decía: la Pardo Bazán, la Bergman, la Callas. Pero hablé en un artículo de la Szymborska, y un amigo del que me fio me lo ha afeado: “Suena a machismo. Nadie dice el Pérez Galdós ni el Bogart ni el Pavarotti”. Ustedes, ¿qué opinan? Lo pregunto en serio. Y tanto que voy a abrir nueva sección del blogg, titulada S.O.S. para entradas como ésta, en las que pido socorro.

En legítima defensa diré que mi intención sólo es dejar muy claro que hablo de una mujer. Los nombres propios distinguen entre masculino y femenino, y algunos idiomas, como el ruso, hacen con los apellidos lo mismo con la absoluta naturalidad de su gramática. Qué envidia.

No se trata de un capricho. Se escribe con todo el cuerpo, como defendía Machado, y un dato esencial de nuestra corporeidad es el sexo, que va mucho más allá de las dimensiones meramente biológicas. Lo ha explicado el profesor Viladrich: “Atañe la distinción sexual a aspectos más amplios y profundos de la persona: temperamento, sensibilidad, mentalidad, estructura psíquica, etc.”

La literatura no es asexuada, como no lo es el alma. Discrepo de Mario Quintana, que escribió que “lo más desconcertante de la muerte es cuando la gente descubre que el alma no tiene sexo”, y estoy con Joubert: “Dicen que las almas no tienen sexo, pero por supuesto que lo tienen”. Por eso me cuesta tanto escribir una sola línea sobre una mujer que no transparente de un modo u otro su femineidad.

Según con qué tipo de feministas discreparé más o menos, pero en algo me encontrarán siempre con ellas: ser mujer es un valor fundamental en sí mismo. Desde mi pre-adolescencia, si no antes, lo tengo clarísimo (en la teoría y en la práctica). Paradójicamente, esta sociedad híper-sexual es a la vez furiosamente alérgica a las diferencias inherentes a la condición sexuada de las personas.

Si a pesar de este alegato, ustedes deciden que el “la” es una expresión machista, renunciaré a ella. El machismo no es lo mío. Pero entonces daré vueltas, circunloquios, usaré el nombre (Emilia, Ingrid, María, Wislawa), antepondré “la escritora, la actriz, la soprano”, lo que sea… Todo antes de dejar de inclinarme, levemente, al paso de una señora.

viernes, 5 de marzo de 2010

Se busca

He convivido con la duda más de veinte años. Estando yo en primero o segundo de Derecho, ganó el premio de poesía de la Universidad de Navarra este poema:

NO HAY AUSENCIA

...............Cerca.
Tengo tanto de ti
en mi interior
que estando yo conmigo
tú estás siempre presente.

Ni lo leí. Alguien me lo recitó y se quedó grabado ipso facto en mi generalmente mala memoria. En aquellos tiempos no era tan forofo de la poesía como después, no tenía ni idea de lo que era un tanka, eso lo aprendí años más tarde y tardé más aún en descubrir que ésa era, más o menos, la forma del poema, y no había pasado por la experiencia vital que refleja. Lo tomé por un poema romántico y nada más, quizá con un punto místico, que está muy bien. Tras la muerte de mi madre, estos cinco versos me han revelado su honda verdad inagotable. Hasta genéticamente tengo un 50 % de ella en mi interior, aunque eso importa mucho menos que su permanente presencia.

Mi duda no es por qué me lo aprendí entonces de memoria si lo necesitaba ahora, cuatro lustros después. La poesía se gasta esos misterios y esos caminos secretos. Se trata de ver si ustedes me ayudan a localizar al autor del poema, cuyo nombre olvidé o no supe nunca.

Estoy muy agradecido: quisiera saber a quién.