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miércoles, 21 de junio de 2017
Rompimiento
Me he hecho el firme propósito de no echarle la culpa de nada [de la que no lo tenga] a la jefatura de estudios, que se me había convertido en la coartada universal. Tampoco la culparé a partir de ahora de la falta de continuidad de este blogg.
Que enfrenta sus propios problemas interiores, como yo. En su caso, el de la repetición. Ayer vi al Rey, desde mi posición esquinada de caballo o peón, pero eso es de columna de opinión, y también vi a dos pájaros carpinteros, y eso sería de Rayos y truenos, porque tuvo mucho de rompimiento de gloria. Y porque se puede poner una foto:
El problema es que, foto aparte, la historia se parece a la que ya he contando mil veces.
Me quedé un rato más en el IES para mandar mi artículo (supra) y salí tarde. A medio camino, me entró la duda de si había apagado o no el aire acondicionado del despacho. Como iba a la fresca del aire acondicionado del coche, no me costó casi nada volverme. Fue entonces, en el IES, cuando descubrí [que sí había apagado el aire acondicionado y] a dos pollos crecidos de pájaros carpinteros. El de la foto, que no es mía, podría ser su padre. Me hizo gran ilusión, porque los había oído muchas veces, pero visto ninguna. Como el calor que hacía era aplastante, estaban muy quietos y posados y yo los veía desde el coche muy cerca y muy tranquilo, aunque sin bajar la ventanilla. Tenían tanto calor que parecía que su cresta roja era que les había salido ardiendo el cerebro. Ahora pienso que si llego a abrir la ventanilla lo mismo se me meten al abrigo (ejem) del aire acondicionado del coche.
Lo que he contado mil veces ya es lo maravillosa que es la vida. Uno se da la vuelta como un idiota en un día duro y se encuentra el regalo de unos pájaros bellísimos sólo para él. Pero ¿cómo resolver el problema diarístico de la repetición? Los pájaros carpinteros no se calentarían la cabeza: martillearían siempre con lo mismo.
martes, 30 de mayo de 2017
No todo es glamour en Waugh
No sé si directamente mendigos o mochileros, me cruzo con dos nórdicos. Una va en una silla de ruedas y su amigo empuja con brazos tan fornidos como tautuados o directamente sucios, y carga con una mochila de dimensiones dobles. Me parece una imagen enternecedora de la amistad, de la caridad si nos ponemos exactos. Y recuerdo a Sebastian Flyte cuidando de su alemán. No todo en Retorno a Brideshead es glamour, pero todo es elevado.
lunes, 15 de febrero de 2016
Feminidad
La paternidad es un asombro constante. Diariamente aprovecho el tiempo que pasa desde que desayuno con Leonor, que entra a trabajar a las siete y cuarto, y mi marcha al IES, para leer la prensa y hacer la corrección importante de mi artículo, la decisiva, como tal vez recuerden vagamente. Ahora sigo de baja, pero, absoluto silencio aparte, mantengo el ritmo. Sin embargo, Carmen, esta mañana, cuando he ido a darle el beso de buenos días, me ha dicho: "Siéntate a desayunar conmigo, anda, que hoy tienes todo el día para escribir tu artículo". Como suena. No sé cómo ha aprendido tan bien con cinco años mi horario, mi baja actual ni esa manera tan femenina de cogerme las vueltas. Me he quedado allí, petrificado, viéndoles desayunar, pero sin poder decir ni mu.
martes, 19 de enero de 2016
Un nudo en la garganta
Ayer caí presa de mi hipocondría.
En la cena con mis hijos, disimulando mi angustia, les pregunté: "¿Qué habéis aprendido de papá?", pensando en el recuerdo que les quedaría a ellos, tan chiquititos, los pobres. Carmen levantó la mano rápido, como en el cole, y dijo: "A entrenar duro". Cuando sale a patinar con su madre, no se suelta; y conmigo ("hay que entrenar duro", le digo, en efecto) tiene que ir suelta y, si es menester, cayéndose y levantándose. Bueno, no estaba mal. Le pregunto a Quique, pero es Carmen la que habla por él, que piensa: "Quique, a manejar la tableta". Y también eso es verdad. Pero entonces él, que parece que ha entendido la razón de mi pregunta, me mira a los ojos y dice muy serio: "Tienes que enseñarme a leer".
Se me puso un nudo —analógico— en la garganta.
viernes, 15 de enero de 2016
Eureka
Qué espléndido regalo. La edición de Villegas Editores de Nicolás Gómez Dávila. Yo la busqué como un loco en su momento, pero fracasé. No me importaba tanto la calidad de la edición como el mito y la obra completa, pero cuando la tuve en las manos descubrí que el estuche es el de una joya.
Y, de pronto, una inquietud. Yo leo subrayando y casi no me hallo sin un lápiz, pero quién pone sus sucias manos sobre estas páginas, quién. Y así andaba, desazonado. Sin querer meter el libro en una vitrina, sin querer pintarrajearlo, sin querer, queriendo, sin querer...
Hasta que de pronto, ¡eureka! Abro la primera página y me doy cuenta de que todos los escolios tendría que subrayarlos. Fíjense, fíjense. Y entonces, dándolos todos por destacados, el guión de cada uno me vale de llamada de atención.
miércoles, 30 de diciembre de 2015
Un gran monociclo
Me ilumina la "Sinfonía 'Le Matin'"
Poco a poco la máquina del día,
con su crescendo añil en los violines,
va ensamblándolo todo mientras duermen
los hijos en sus camas. Los oigo respirar
a la vez que los cuernos y las flautas
del primer movimiento de la sexta de Haydn
va excavándome dentro la luz de la mañana.
Sobre el cristal del mundo,
Dios afina el perfil de las torres antiguas,
equilibra las rosas con los verdes profundos
del pincel de los cedros,
y echa a rodar al sol, generoso y quemante,
como un gran monociclo por la cuesta del cielo.
Pero lo álgido es la segunda mitad, con la sorpresa del cuarto verso del tercer cuarteto, del poema final "Stat Crux dum volvitur orbis", que doy entero porque es irrompible:
Así pasan las nubes y los surcos
de espuma —sobre azul— de los aviones,
y así pasan la lluvia, la semilla,
y el sol que se suicida cada tarde...
Todo sobre esta cruz que nunca es otra.
Siempre es la misma cruz, la del Calvario,
caminos que coinciden en el punto
de Jesús, llaga abierta al infinito.
Cruz trazada de piel sobre mi carne
el día que otras manos me llevaban,
con crismas, con velones, al naufragio
de lo mortal en aguas del bautismo.
Todo pasa, Señor, mas tu cruz sigue
apuntalando el mundo cada tarde.
Y eres faro marcando mi destino...
Cruz, descanso sabroso de mi vida.
jueves, 17 de diciembre de 2015
Las fases de la luna
Estaba tan compungido ayer por la tarde que era mi hijo el que me llevaba por la calle de su mano.
*
Cuando se le cayó la piruleta que le habían dado en la peluquería por portarse tan bien, y se partió en tres, y lloró un poco, no tuve fuerzas para consolarle.
*
Me confortó —me llevaba, ya os lo he dicho, de la mano del corazón— que en ningún momento propusiera quedarse con la piruleta roja, intacta, que él había pedido para Carmen en la peluquería.
*
Le dije que ahora tenía dos caramelos y una piruleta, que era el trozo (media luna) que aún quedaba en el palito. Era esa luna —hipálage— azul oscura como la noche. No le convenció, pero se rió, que es más. Y yo supe que mi alma a pedazos ahora valía —arte de magia— el triple.
*
Cuando dijo que "la luna llena / es una piruleta / que no se ha roto", di las gracias a Dios por las fases de la luna.
martes, 17 de junio de 2014
A Dafne ya los brazos le crecían
Impresiona a Carmen que el sol (y la luna) la sigan y persigan. Va en coche y lo dice cada dos por tres, asomada a la ventana. A mí en general me sale el piropo: "No me extraña, Carmen, no son tontos los planetas ni las estrellas, yo te seguiría igual a todas partes". Otras veces recuerdo con nostalgia que yo también me fijaba con asombro. Ayer, sin embargo, pensé en Dafne, perseguida por Apolo, y vi que la escena mitológica está fundada sobre ese delicioso efecto óptico. Lo cual, siendo tan poca cosa, le da a la fábula y al laurel y al sol y a los sombras y a Apolo y a Diana un encanto mayor.
miércoles, 9 de mayo de 2012
Telepatia (pasiva)
He esperado pacientemente toda la tarde a que me ocurriese por tercera vez. Dos podría ser sólo una inquietante casualidad, pero no ha terminado de ocurrir. La vida pasa de las triadas. Lo cuento, pues, como me pasó: dos veces.
Esta madrugada pensé que se podía leer mi pensamiento. A Enriquito le dio por llorar y, mientras su madre lo acunaba pacientemente, yo envolvía mi cabeza con la almohada y pensaba: "Qué cabroncete, no calla ni bajo agua". Justo entonces la madre suspiró: "Hay que ver lo que se parece a su padre el niño".
Esta madrugada pensé que se podía leer mi pensamiento. A Enriquito le dio por llorar y, mientras su madre lo acunaba pacientemente, yo envolvía mi cabeza con la almohada y pensaba: "Qué cabroncete, no calla ni bajo agua". Justo entonces la madre suspiró: "Hay que ver lo que se parece a su padre el niño".
Al final de la mañana, en el IES, me cruzo con la camarera de la cafetería, que parece escapada de una de las ventas del Quijote: rubiasca, baja, gordilla, brutota. Es graciosa de puro mal humor que gasta. Y es lo único que gasta, porque generalmente contesta con una sola palabra. Le pregunto: "¿Qué tal, Lupe?". Me replica con cara de hastío o de estío: "Calor". Por dentro, me parto de risa: "Hace tres días me hubiese dicho: 'Frío'; el caso es quejarse con laconismo". Y portentosamente, usando varias palabras y haciendo una pirueta de auto ironía espectacular, me contesta, como si me hubiese leído el pensamiento: "El caso es que siempre tenemos que ir huyendo de algo". Me quedo frío.
Y ahora que lo pienso, menos mal que no me ocurrido por tercera vez. Ya me habría dado yuyu.
domingo, 6 de mayo de 2012
jueves, 29 de marzo de 2012
¿Preadolescencia?
LEONOR: ¿Qué estás comiendo, Carmen? ¿Pepino?
CARMEN: Cebolla.
LEONOR: Es pepino.
CARMEN: Cebolla.
LEONOR: ¿Es que no sabes decir "pepino"?
CARMEN: Pe-pi-no, ¡pepino!
LEONOR: Ah, entonces, ¿qué estás comiendo?
CARMEN: Cebolla.
CARMEN: Cebolla.
LEONOR: Es pepino.
CARMEN: Cebolla.
LEONOR: ¿Es que no sabes decir "pepino"?
CARMEN: Pe-pi-no, ¡pepino!
LEONOR: Ah, entonces, ¿qué estás comiendo?
CARMEN: Cebolla.
sábado, 16 de julio de 2011
Saltar sin red
Ayer se cayó la Red, de modo que no pude colgar la buena pipa del día. Eso trajo otra buena pipa: os imaginaba (no a muchos, a unos pocos) lamentando mi día terrible o sosísimo y esa conmiseración de dos o tres amigos me supo muy dulce. Gracias.
Otra consecuencia de las nuevas reglas es que sólo puedo colgar una pipa al día, de modo que parezco un polifemo, con un ojo nada más. Bueno. Ayer pasó, entre otras cosas, que a media misa entró una mujer con una evidente deficiencia mental y se sentó, después de una amplia señal de la cruz y una tambaleante genuflexión, en la primera fila, como siempre vacía. A los cinco minutos apareció su padre buscándola. Ella debe de tener querencia a las iglesias porque el padre venía a tiro hecho: sabía que la iba a encontrar allí. Cuando la vio dijo: "¡Ahí está!" y se fue a por ella. No quería irse y forcejearon un poco, pero al final obedeció muy resignada. El cura paró la celebración y dijo: "Déjela aquí, señor, que no molesta", y había algo en esa frase, además de ser un endecasílabo, profundamente emocionante: el cura estaba suplicando, reconociendo que su presencia era valiosísima, más valiosa que la nuestra, y todos asentíamos con ese ruego. El padre, impertérrito, se la llevó.
Y hoy llevo yo a mi hijo a bautizar. Don Álvaro d'Ors me recordaría que hoy será el día más feliz de su vida. Tanto como para eclipsar del todo mi buena pipa de hoy. Y Kierkegaard que eso sí que es un salto sin red.
martes, 5 de julio de 2011
Otra metapipa
En Diario de la felicidad de Nicolae Steinhardt, p. 505:
Nos falta totalmente el sentido del misterio. En este siglo XX el número de los aficionados a las novelas policiacas —a cuya cabeza yo me encuentro—es enorme. Nos gustan Edgar Poe, Conan-Doyle y Edgar Wallace, nos apasionan las aventuras del impecable lord Peter Wimsey, del bigotudo Hércules Poirot, del emperifollado Philo Vance, de los comisarios Ellery Queen, padre e hijo, del cínico Sam Spade, del discreto Mr. Fortune, del banal Maigret o de los complicados héroes de John Le Carré —¡y no percibimos el misterio que nos rodea a cada paso!— [A estas alturas, ya lamentaba yo la ausencia de Father Brown, cuando enseguida la explicación.] El padre Brown, el cura-detective de Chesterton (tan poco insólito como el cura-trabajador de la fábrica), llama nuestra atención sobre la omnipresencia del misterio, que reaparece en cda una de las novelas metafísico-policiacas protagonizadas por este Father Brown.
El catecismo de los obispos católicos holandeses detecta el misterio en los sitios más insospechados. Los esposos, dice el catecismo, ni siquiera saben de qué profundos misterios están rodeados y qué insondables secretos expresan cuando, al volver del trabajo, él le dice a ella: "¡Qué guapa estás esta noche!", o ella le dice a él: "Te estaba esperando, amor mío; has llegado tarde".
Metapipa
Este poema de Cecilia Meireles empieza muy bien, aunque luego se le fue de las manos. Se nos cayó a nosotros de la antología, en fatal consecuencia, porque no podemos ir extrayendo fragmentos, versos, o aforismos. Mientras que el lector de a pie puede decir: "Todo me vale si vale", el antólogo ha de resignarse a un extremoso "Todo o nada". Pero sus dos primeras estrofas, traducidas por Marie Christine del Castillo-Valero, son un extraordinario lema de "El cuento de la buena pipa", y un bloguero tiene carta blanca:
¿De qué están hecho los días?
—De pequeños deseos,
inconcretas nostalgias,
silenciosos recuerdos.
Entre penas sombrías,
momentáneos destellos:
vagas felicidades,
pasadas esperanzas.
[…]
martes, 28 de junio de 2011
Luces, cámara, ¡acción!
Ya han acabado las evaluaciones y, por tanto, la de este blogg. Contagiado por el espíritu de hermanita de la Caridad que me ha embargado durante las primeras, he sido muy misericordioso con Rayos y truenos también. Pero como necesitaba un cambio --eso era evidente-- he decidido (véase el subtítulo) cambiarme las reglas del juego.
Mis antepasados, los paganos, echaban una piedra blanca o una piedra negra a una bolsa cada noche, según el día hubiese sido bueno o malo. Admira su capacidad de síntesis. Yo tendría que echar cada día a un saco una mina, un aluvión, una cantera de piedrecillas y pedruscos y pedradas multicolores. Algo dije ya.
Trataré de recoger aquí de cada día sólo su pepita de oro, o sea, su momento de hermosura, de emoción, de dulce melancolía o de humor, ese instante que lo justifique. Creo que hay un poema de JRJ que me vendría muy bien de cita inicial, que hablaba de no dejar escapar el día sin arrancarle su tesoro. ¿O era de Rabindranah Tagore? Bueno, eso, no dejarlo escapar. El tesoro por excelencia es, lo tendría que haber dicho el día del Corpus, para guardar el paso con la liturgia, la comunión diaria, piedra blanca por excelencia, que es la piedra angular, pero como eso no lo voy a repetir todos los días (lo voy a repetir todos los días, D. m., pero no lo voy a contar aquí), me dedicaré a una pipa más humilde.
La cosa tiene su riesgo. Mirarme las manos por la noche, y hallármelas vacías, como en la adolescencia, pero heladas de decepción, hundidas en las sombras, y asumir que el día se fue con sus cáscaras, huero. Bueno: el riesgo es lo que le dará emoción a la cosa. También lo mejor de un día puede ser un recuerdo. O un sueño. O una lectura. Apuesto que no hay un día (lo dijo Borges) que se nos disuelva sin que hayamos estado al menos una vez en el paraíso.
¿Paraíso, oh, o pipa, eh?, podríais decirme con una sonrisa zumbona. Sí, suenan contradictorios. Aunque se trate del paraíso, prefiero pipa, porque suena más humilde y porque me permite ponerme la venda antes de la herida. Cabe la posibilidad de que el resultado (un buen momento por día cada día) resulte un tanto monótono, monocolor. Como el dichoso cuento de la buena pipa, precisamente. Pero debo intentarlo. Si procuro hacer de mi poesía una comedia, ¿por qué no hacer de mi blogg una película de acción, de acción de gracias?
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