viernes, 30 de abril de 2010
Clic-clic-clic (cara y cruz y canto)
Veladas por los enlaces y la entradita entomológica anterior, dos cosas mías, pero mías-mías, quizá demasiado. La cruz, esta entrada en prosa que se me traspapeló y he llevado aproximadamente a los tiempos (menos alegres) en que fue escrita. La cara exige más clic-clic. Está en este pdf, en la pág. 15. (Obsérvese el retrato tan favorecido (y felizmente prolífico) que me han hecho los ilustradores.)
Y aprovecho la ocasión para agradecer a quien sea, que supongo que será lector del blogg, que me haya hecho un hueco en Wikipedia. Lo ha escrito con la sobriedad precisa, sin meterse en florituras biográficas ni jardines ideológicos. Además del detalle en sí y del tiempo dedicado, le debo un empujón de ánimo y de responsabilidad.
Y aprovecho la ocasión para agradecer a quien sea, que supongo que será lector del blogg, que me haya hecho un hueco en Wikipedia. Lo ha escrito con la sobriedad precisa, sin meterse en florituras biográficas ni jardines ideológicos. Además del detalle en sí y del tiempo dedicado, le debo un empujón de ánimo y de responsabilidad.
jueves, 29 de abril de 2010
martes, 27 de abril de 2010
El loco
Un co-colega (PES y poeta) me contaba que sus alumnos por los pasillos le llaman "el loco". Oyéndole sentí pena por los dos. A él se le notaba, sin embargo, una tranquila indiferencia, que me admiró mucho. Ahora releyendo Platero y JRJ, me lo he explicado todo:
Mi co-colega los gritos de sus alumnos los oía también entrecortados, jadeantes, aburridos, velados finamente… por la prosa juanramoniana.
Vestido de luto, con mi barba nazarena y mi breve sombrero negro, debo cobrar un extraño aspecto cabalgando en la blandura gris de Platero.
Cuando, yendo a las viñas, cruzo las últimas calles, blancas de cal con sol, los chiquillos gitanos, aceitosos y peludos, fuera de los harapos verdes, rojos y amarillos, las tensas barrigas tostadas, corren detrás de nosotros, chillando largamente:
--¡El loco! ¡El loco! ¡El loco!
...Delante está el campo, ya verde. Frente al cielo inmenso y puro, de un incendiado añil, mis ojos --¡tan lejos de mis oídos !-- se abren noblemente, recibiendo en su calma esa placidez sin nombre, esa serenidad armoniosa y divina que vive en el sin fin del horizonte...
Y quedan, allá lejos, por las altas eras, unos agudos gritos, velados finalmente, entrecortados, jadeantes, aburridos...
--¡El lo... co! ¡El lo... co!
Mi co-colega los gritos de sus alumnos los oía también entrecortados, jadeantes, aburridos, velados finamente… por la prosa juanramoniana.
lunes, 26 de abril de 2010
Mientras paso
Llegando a casa, paso al lado de un grupo de jovencitos, que tienen toda la pinta de ser alumnos de mi colegio. Yo me recuerdo así, apoyado en la moto, rodeado de amigos, hablando de intimidades, riéndome. Paso entre ellos como si fuese el tiempo: sin que me echen cuenta. Les parecería una figura alegórica si se fijaran. "Como os veis, me vi; como me veis, os veréis", pienso sin acritud, y hasta tengo el impulso (que reprimo) de declamárselo en plan discurso de don Quijote a los cabreros.
Luego, en casa, he leído este poema de José Luis García Martín:
Seamos sibaritas hasta de la melancolía.
Luego, en casa, he leído este poema de José Luis García Martín:
.......LA INVASIÓN DE LOS BÁRBAROSUf, una inscripción de cementerio y la decadencia del imperio romano. ¿Así estamos? Podría, claro está, leer el poema de Javier Salvago titulado "No volveré a ser joven", donde remata con este suspiro: "A Dios gracias". Pero no, gracias: la nostalgia es uno de los encantos, y no el menor, de la edad.
Me distraje un momento
(una música, un libro, nubes
que imperceptiblemente pasan),
y ahora miro mi reino
ocupado por esos
extraños animales,
los jóvenes.
Seamos sibaritas hasta de la melancolía.
domingo, 25 de abril de 2010
Dos puntapiés (en mi propia espinilla)
Sí, la cita de Chuang-Tzé está metida con calzador.
Corro el riesgo de que se me acuse de erigirme en árbitro del elitismo. Es un riesgo laboral.
Corro el riesgo de que se me acuse de erigirme en árbitro del elitismo. Es un riesgo laboral.
sábado, 24 de abril de 2010
A favor de la risa
En Contra el ruido (¡bellísimo título!), Francisco Alba va conversando (naturalmente en voz muy baja) de esto y de aquello, en una silva de varia lección, pero sin dar lecciones, con amenidad y multitud de datos curiosos. Por confluencia generacional o por afinidad electiva, comparto con él intereses, inquietudes, obsesiones y agradecimientos. Por ejemplo, su intenso y doliente homenaje a los inventores de la anestesia, esos benefactores de la humanidad cuyos nombres hemos olvidado injustamente, como bajo los efectos del éter.
Pero, al doblar una esquina, me encuentro con que sugiere que la fe perjudica el buen humor, y pone como botones de muestra a los talibanes y… a los opusianos [sic]. No he podido evitar sentirme aludido, y soltar una ruidosa (huy, lo siento) carcajada. A los talibanes los he tratado poco, por suerte, pero para muchas bromas no están por lo que uno ha visto en los telediarios. En cambio, los opusianos, dentro de la lógica diversidad de caracteres, ¡jo! ¿A cuáles habrá conocido Alba ? ¿O habrá caído en el cada día más corriente tic laico de la equidistancia por el cual, cuando uno habla, muy de vez en cuando, mal de un musulmán, automáticamente, por compensar, tiene que mentar a un católico, y meterlo en el mismo saco?
Una vez fuera del saco, no tengo más que discutir con Francisco Alba, cuyo libro he leído con una sonrisa de aprobación apenas interrumpida por mi estentórea risa opusiana. En ese mismo artículo viene a confesar que “cuanto mayor es la solemnidad mayor el ridículo. Sentir irrefrenables ganas de reír durante una misa, en una jura de bandera o en una lectura de poesía parece un síntoma de salud mental”, y ahí acierta. Yo aún diría más: sin solemnidad de fondo no hay muchas ganas de reírse. El sentido del humor sólo crece saludable a la sombra de lo sagrado. Tendría que explicarse con una sesuda y seria monografía, pero el meollo del asunto es muy sencillo: el humor es la ligereza ante la gravedad. Sin una no hay otro. Hasta el humor del absurdo necesita a la lógica, como contraste y red de seguridad de sus cabriolas. Los bufones tenían su puesto en las cortes de los reyes legítimos, y por eso Shakespeare, que no daba puntada sin hilo, en el reino descoyuntado de Dinamarca, nos mostró lo que quedaba del pobre Yorick: su seca calavera. Y la tristísima melancolía de Hamlet.
Pero, al doblar una esquina, me encuentro con que sugiere que la fe perjudica el buen humor, y pone como botones de muestra a los talibanes y… a los opusianos [sic]. No he podido evitar sentirme aludido, y soltar una ruidosa (huy, lo siento) carcajada. A los talibanes los he tratado poco, por suerte, pero para muchas bromas no están por lo que uno ha visto en los telediarios. En cambio, los opusianos, dentro de la lógica diversidad de caracteres, ¡jo! ¿A cuáles habrá conocido Alba ? ¿O habrá caído en el cada día más corriente tic laico de la equidistancia por el cual, cuando uno habla, muy de vez en cuando, mal de un musulmán, automáticamente, por compensar, tiene que mentar a un católico, y meterlo en el mismo saco?
Una vez fuera del saco, no tengo más que discutir con Francisco Alba, cuyo libro he leído con una sonrisa de aprobación apenas interrumpida por mi estentórea risa opusiana. En ese mismo artículo viene a confesar que “cuanto mayor es la solemnidad mayor el ridículo. Sentir irrefrenables ganas de reír durante una misa, en una jura de bandera o en una lectura de poesía parece un síntoma de salud mental”, y ahí acierta. Yo aún diría más: sin solemnidad de fondo no hay muchas ganas de reírse. El sentido del humor sólo crece saludable a la sombra de lo sagrado. Tendría que explicarse con una sesuda y seria monografía, pero el meollo del asunto es muy sencillo: el humor es la ligereza ante la gravedad. Sin una no hay otro. Hasta el humor del absurdo necesita a la lógica, como contraste y red de seguridad de sus cabriolas. Los bufones tenían su puesto en las cortes de los reyes legítimos, y por eso Shakespeare, que no daba puntada sin hilo, en el reino descoyuntado de Dinamarca, nos mostró lo que quedaba del pobre Yorick: su seca calavera. Y la tristísima melancolía de Hamlet.
viernes, 23 de abril de 2010
Día sin libro
Francisco Bejarano ha observado con perspicacia que cada vez que el santoral laico dedica un día a algo es porque está en peligro o languidece. Hay días internacionales de la paz, del agua potable, de la igualdad laboral de la mujer, de los inmigrantes, etc. Sería un buen signo que la ONU, agobiada ante la obsesión lectora de la población mundial, declarase el Día sin Libro. Cervantes avisó con el Quijote de los peligros de un exceso de lectura: eran otros tiempos y él, un lector impenitente que se paraba a leer los papeles que encontraba por el suelo. En cambio, este jaleo subvencionado y oficial de finales de abril con el Día del Libro, Sant Jordi y ferias anejas recuerda más una imagen de Dante (o sea, dantesca): los movimientos en la cama del enfermo que no acaba de encontrar una postura que le alivie un poco.
En el Día sin Libro habría que volcarse, por llevar la contraria, en la vida. Yo voy a contar dos sucedidos de mis alumnos. Claro que las cosas no son tan simples, porque si no llega a ser por la literatura no hubiese disfrutado tanto.
En el Día sin Libro habría que volcarse, por llevar la contraria, en la vida. Yo voy a contar dos sucedidos de mis alumnos. Claro que las cosas no son tan simples, porque si no llega a ser por la literatura no hubiese disfrutado tanto.
IUn alumno me contó su viaje a Alemania con su padre. Éste llegó una mañana muy decidido a su casa, en Jerez de la Frontera, y llamó a la puerta del cuarto de su hijo, diciendo: “¡Chico, haz la maleta que esta tarde nos vamos a Alemania a comprarnos un Mercedes!” Como suena. Alguien le había contado unos meses antes que en Alemania se podían conseguir coches de lujo de segunda mano muy baratos y le habían prometido unas gestiones que no terminaban de cuajar. Harto de esperas, había decidido actuar por su cuenta, ea. Cuando llegaron a Alemania, padre e hijo no sabían a quién dirigirse, llovía sin descanso, echaban las tardes enteras juntos en el hotel, tumbados en la cama, sin poder ver la tele, que no entendían y en los bares pedían por señas. Tuvieron que contratar a un traductor. Se volvieron —vaya si se volvieron, recalca orgulloso el hijo— con un coche. Era una cuestión de pundonor. Atravesaron conduciendo, casi sin parar, porque tenían muchas ganas de llegar, media Europa. Mi alumno, con todo, dice que no merece mucho la pena ir a Alemania a por un Mercedes, que no trae cuenta, lo desaconseja. Yo lo oía como el que lee un cuento de Flannery O’Connor. (Es una lástima que en el blogg no se escuche el acento sureño.)
IIInstruyendo a los de Soldadura sobre la conveniencia de poner todo de nuestra parte para conseguir las cosas que uno desea, un alumno aportó la historia del amigo de su tío, ambos soldadores. Ese joven quería casarse con una universitaria, explicó mi alumno, aunque yo supongo que entonces, al principio de la historia, simplemente le gustarían las universitarias, como tonto. Fuera lo uno o lo otro, a la hora del bocadillo en Astilleros, él se repeinaba y se iba todos los días, todos, al bar de la universidad, que está a diez minutos en coche. No perdonaba un día. Ahora, resumió el alumno, satisfecho como si él fuese el protagonista o al menos su tío, está casado con una universitaria la mar de guapa y que gana sus buenos billetes. Bien, ¿recuerda o no recuerda (y eso que nos faltan los detalles de la conquista) un cuento del Decamerón?
jueves, 22 de abril de 2010
Ramón Eder
De la última (ay, en todos los sentidos) entrega de Renacimiento me han gustado muchas cosas, pero me ha sorprendido Ramón Eder, al que no tenía el gusto. Excelentes aforismos. El Barbero se ha lanzado en plancha:
Y de wikipedia (lo siento), no he podido resistirme a este colofón:
Un político es un ciudadano menos.
*
Si nos alejamos mucho de la tentación caemos en la siguiente.
*
No ir al teatro es una forma de hacer crítica teatral.
*
Lo imperdonable de los que acuden sistemáticamente tarde a las citas es que lo hacen porque a ellos les irrita esperar.
*
Un aforismo es lo contrario de un mamotreto.
*
Los escritos que un buen escritor tira a la papelera son mejores que los que publica un mal escritor, y precisamente por eso es mejor escritor.
*
Contradecirse es la única manera de no tener ideas fijas.
*
También es cursi tener miedo a ser cursi.
*
El aburrimiento es un malestar producido por la ausencia de dolor.
*
Somos inmortales todos los días de nuestra vida, excepto uno.
Y de wikipedia (lo siento), no he podido resistirme a este colofón:
Sonreír es vencer la ley de la gravedad.
miércoles, 21 de abril de 2010
domingo, 18 de abril de 2010
Mañana, aniversario
Recuerdo muy bien la elección del Benedicto XVI. Habíamos tenido reunión o claustro o consejo escolar en el IES y me monté en el coche y encendí la radio. Justo entonces estaban dando la noticia. El corazón se me puso a repicar como una campana. Sonó el timbre de mi móvil y era un amigo que había supuesto mi alegría y me llamaba para contarme que se le había ocurrido lo de "Ratzinger Z", que qué me parecía. Me parecía muy bien, cómo no, y si llego a saber la que le esperaba, pues mejor me hubiese parecido. Camino de casa, paré en la de mis padres y mi madre salió a la puerta saltando de alegría. La recuerdo perfectamente, con un chaleco sobre los hombros, a la luz dorada de la tarde, riéndose, mientras el día se iba poniendo golonciélago. Luego vimos la noticia por televisión, de pie, como he visto que ven los forofos del fútbol los momentos más emocionantes. Aquella alegría de entonces es imborrable, todavía me dura, y tenía más motivos de ser aún de los que mi madre y yo, abrazados, imaginábamos.
viernes, 16 de abril de 2010
A dos voces
—¿Un proyecto de futuro?
Convertir mi vanidad
en orgullo.
—¿Y la humildad?
—Demasiado para mí.
—Di que sí.
jueves, 15 de abril de 2010
El escritor
Aunque no lo diga en la crítica, también me fastidia que se titule El escritor. La literatura brilla por su ausencia. Si no recuerdo mal, al susodicho nunca le vemos ejerciendo y sólo una vez tachando a vuela pluma dos o tres folios de su predecesor. Del marketing libresco, se ve más, pero es la politica, como en la vida real, la que se come la película. Y como en la vida real, es una pena. La figura del negro tiene fuerza dramática de sobra para atreverse con temas tan apasionantes como los derechos intelectuales, la vanidad del escritor, el orgullo del creador... que ya se explotaron magistralmente en Cyrano de Bergerac.
Por otra parte, estoy sensible con el tema: hace poco me propusieron a mí un negocio (salvando las distancias) similar. Sirvió para ver la importancia de las palabras: "El que trabaja como un negro no puede trabajar de negro", me excusé. Se lo pasé a un amigo menos ocupado, que contestó: "¡Sí, hombre, no trabajo de blanco, voy a trabajar de negro!"
Por otra parte, estoy sensible con el tema: hace poco me propusieron a mí un negocio (salvando las distancias) similar. Sirvió para ver la importancia de las palabras: "El que trabaja como un negro no puede trabajar de negro", me excusé. Se lo pasé a un amigo menos ocupado, que contestó: "¡Sí, hombre, no trabajo de blanco, voy a trabajar de negro!"
miércoles, 14 de abril de 2010
Chestertónico
El gran Benítez Reyes nos ha dejado esta greguería sorprendente y feliz, o sea, esta verdad: "La condición [de intemporales] a veces representa un defecto en el día preciso en que se publica un artículo y a veces una virtud al día siguiente de publicarse". A mí, esto me consuela mucho en el día preciso de publicarlo, aunque al día siguiente me inquiete y desazone.Parecerá mentira, pero la columna de hoy lleva segundas intenciones, y terceras, cuartas y quintas. Sería divertido retarles a ver si adivinan cuál fue el móvil principal que me movió a perpetrar esto, y cuáles fueron luego intenciones cogidas al vuelo, que las pintan calvas. Pero es miércoles, es temprano, estamos en crisis, y no para jueguecitos literarios, me temo.
Así que lo confesaré del tirón. Aunque he disfrutado con el codazo a d'Ors, con el aplauso a Chesterton, con el pellizco a JM de Prada, con la palmada en la espalda a JM Díez, con la defensa (en estos tiempos tristes en que nos empujan a la vergüenza) de la alegría universal del cristianismo, el móvil verdadero es... unos minutos de publicidad. Concretamente, a la maravillosa repostería tradicional del Convento del Espíritu Santo, sito en la calle Pozos Dulces, además.
martes, 13 de abril de 2010
La moral del microcuento
"Ningún ser merece nuestro interés más de un instante, o menos de una vida", afirmó Nicolás Gómez Dávila. El escritor de microrrelatos se apresuró a darle la razón con entusiamo: "¡Y que ese instante sea tan intenso que no se nos olvide en la vida!"
lunes, 12 de abril de 2010
Greguerianas
Dice Cristóbal Serra que “la naturaleza ofrece aforismos. Aforismo es […] la gallina y […] el más perfecto de los aforismos: el huevo”. De acuerdo en lo del huevo, pero la gallina es una greguería. Y el gallo, una frase francesa.
*
Refrán: greguería gregaria.
*
Máxima: greguería con aires de grandeza.
*
Aforismo: greguería fina.
*
Taco: una greguería gorda.
*
Graffiti: greguería + conffeti.
*
Slogan: extranjerismo
*
Cita: greguería egregia.
*
Sueños: algarabía de greguerías.
*
Verdad: greguería sorprendente y feliz.
*
Chiste: greguería de sal gorda.
*
Tontería: una greguería por la culata.
*
Gongorismo: greguería con gorguera.
*
Haiku: greguería levísima.
*
Soleá: greguería de mucho sentimiento.
*
Frase: agente de la greguería secreta.
*
Greguería: brevedad con uniforme de gala y condecoraciones.
*
Verso: greguería sencilla, musical, transparente... [o sea, un imposible, pero ya nos ha demostrado Gaya que "sólo en lo imposible es posible el arte"].
*
Firma: autogreguería.
*
La greguería no puede ser ni muy obvia (“El papel reciclado es una tostada muy delgada de pan integral”) ni demasiado insólita (“Los gorriones rebotan como pelotas de goma”). Debe buscar el punto medio entre lo Gómez y la Sorna.
*
Milagro: greguería inolvidable.
*
Greguería inolvidable: milagro.
*
Nicolás Gómez Dávila: otro nivel.
*
Nombre propio: greguería usual de identidad.
*
Diminutivo: exageración.
*
Piropo: greguería provenzal.
*
Insulto: piropo retorcido.
*
Elogio: greguería personalizada.
*
Epitafio: la última greguería.
*
Greguerianas: serie de treinta greguerías.
*
Refrán: greguería gregaria.
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Máxima: greguería con aires de grandeza.
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Aforismo: greguería fina.
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Taco: una greguería gorda.
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Graffiti: greguería + conffeti.
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Slogan: extranjerismo
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Cita: greguería egregia.
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Sueños: algarabía de greguerías.
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Verdad: greguería sorprendente y feliz.
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Chiste: greguería de sal gorda.
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Tontería: una greguería por la culata.
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Gongorismo: greguería con gorguera.
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Haiku: greguería levísima.
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Soleá: greguería de mucho sentimiento.
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Frase: agente de la greguería secreta.
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Greguería: brevedad con uniforme de gala y condecoraciones.
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Verso: greguería sencilla, musical, transparente... [o sea, un imposible, pero ya nos ha demostrado Gaya que "sólo en lo imposible es posible el arte"].
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Firma: autogreguería.
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La greguería no puede ser ni muy obvia (“El papel reciclado es una tostada muy delgada de pan integral”) ni demasiado insólita (“Los gorriones rebotan como pelotas de goma”). Debe buscar el punto medio entre lo Gómez y la Sorna.
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Milagro: greguería inolvidable.
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Greguería inolvidable: milagro.
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Nicolás Gómez Dávila: otro nivel.
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Nombre propio: greguería usual de identidad.
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Diminutivo: exageración.
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Piropo: greguería provenzal.
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Insulto: piropo retorcido.
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Elogio: greguería personalizada.
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Epitafio: la última greguería.
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Greguerianas: serie de treinta greguerías.
domingo, 11 de abril de 2010
News on Neuman
Pobre barbero, viviendo últimamente al filo de la navaja... Hoy sólo trae el rasurado de una página del periódico, o sea, el escamondado de lo que ya peló otro barbero, en este caso, Pilar Vera, que lo hizo muy bien. La vida no le da para más, pero la entrevista a Andrés Neuman en el Diario de Cádiz llama la atención. Quizá tardéis menos en leer toda la entrevista que esta selección:
Vuelve a gastar la broma de que Van Gogh, si no hubiese pintado, se habría cortado las dos orejas, que ya perpetraba en El equilibrista. Tratándose de alguien que se suicidó, no deja de ser un extraño ejemplo de las virtudes terapéuticas de la creatividad.
A mí me interesa no tanto la revelación del misterio, como su consecuencia.
*
Una vez desmontado el artefacto no hay manera de que vuelva a funcionar el mecanismo. Por eso me gustan las historias resueltas a medias, que piden relecturas.
*
Soy más constante que veloz.
*
Escribir es para mí un ejercicio terapéutico, no tanto de desahogo personal, como de tranquilidad de espíritu. Escribo porque si estoy ocioso lo paso mal. Mi espíritu judeo-cristiano me machaca si no trabajo.
*
Un escritor es un cleptómano […] Gracias, Dios, por crear al prójimo.
*
A mí no me gusta escribir, pero [cita a Paul Auster] si no escribo lo paso peor.
Vuelve a gastar la broma de que Van Gogh, si no hubiese pintado, se habría cortado las dos orejas, que ya perpetraba en El equilibrista. Tratándose de alguien que se suicidó, no deja de ser un extraño ejemplo de las virtudes terapéuticas de la creatividad.
sábado, 10 de abril de 2010
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