miércoles, 28 de noviembre de 2007

Quien aguanta gana

Repetía Camilo José Cela que en España quien aguanta gana. Como casi todo lo suyo, la frase es triste y más aún porque a menudo es cierta. Es el caso de las víctimas del terrorismo. La del sábado pasado fue su séptima gran manifestación, y eso exige una perseverancia admirable. Nuestra sociedad consumista reclama noticias y eventos novedosos, de usar y tirar, por lo que mantener un clamor ciudadano constante es muy complicado.

El PSOE ha objetado que no había motivos esta vez para otra manifestación. José Blanco la llamó insensata y absurda. Uno querría más respeto para Ortega Lara y la familia de Miguel Ángel Blanco y para todas las víctimas, pero con independencia del talante de cada cual, el caso es que motivos hay. El Gobierno se niega a revocar la resolución del Congreso a favor de la negociación, con lo cual deja al Estado en esa posición humillante de la mano flácida y tendida hacia quien no te la quiere estrechar. Tampoco muestra el Fiscal General fervientes deseos de ilegalizar al PCTV y a ANV, brazos políticos de ETA.

La manifestación puso en evidencia el doble fracaso de Zapatero. El presidente se empeñó en su proceso y para ello quiso ponerse en medio, entre las víctimas y los asesinos. Como era de esperar, con los asesinos fracasó pronto, en la T-4 de Barajas. Y ha fracasado con las víctimas, que no se han sentido nunca amparadas por él. Con frecuencia la equidistancia es el punto que más dista de la equidad, sobre todo si se pretende entre inocentes y culpables.

El sábado también se puso de manifiesto cierto doble juego del PP. Tienen razón los socialistas al denunciarlo. Las apariencias (tan importantes en política) indican que la oposición no ha estado como una piña con las víctimas. Esos problemas de agenda de Rajoy y Gallardón fueron mezquinos. Rosa Díez, por ejemplo, no los tuvo y fue.

Pero más importante que las posturas malabares de algunos políticos es el nítido aviso que se daba a ETA. A estas alturas la banda tiene que haberse percatado de que por mucho que cualquier Gobierno esté dispuesto a sentarse con ellos, hay un movimiento cívico que, con una perseverancia imparable, defenderá el Estado de Derecho, el cumplimiento íntegro de las condenas y la memoria y la dignidad.

Por último, moralmente sabíamos que el que sufre un mal es más fuerte que quien lo perpetra, aunque a veces no se vea claro. Las siete manifestaciones convocadas por la AVT han venido a demostrarlo. Contra la hostilidad de demasiados y la tibieza de algunos, frente al aburrimiento, a pesar del frío o del calor, pidiendo justicia y firmeza, jamás venganza, las víctimas lo aguantan todo. Por eso ganarán. Lo merecen.
[Grupo Joly]

martes, 27 de noviembre de 2007

Desarmado

—A ver, Romero, ¿quieres hacer el favor de concentrarte y dejar esa sonrisita para el recreo, hombre? ¿Pero qué estás haciendo?
—Pues… leyéndote —y saca el tío un recorte bastante manoseado con mi artículo sobre los alumnos.
Así las cosas, ¿cómo reñirle a Romero? Y tras unos momentos de desconcierto, reanudo la clase.
—Bien; todos los que no estén aprovechando el tiempo como Romero, que atiendan…

lunes, 26 de noviembre de 2007

Elogio del potaje

Una crisis económica asoma por el horizonte y los adeptos al materialismo y al consumismo feroz tiemblan como si el cielo fuese a caer sobre sus cabezas. Muchos compatriotas nuestros atisban los nubarrones con más miedo que vergüenza. Y hay quien asegura que, si esos nubarrones descargan pronto, ganará el PP las elecciones de marzo y si se retrasan un poco, el PSOE. O sea, que todo es economía y sólo economía y nada más que economía. La verdad es que viendo lo que ha hecho ZP en estos años, si es así —como me temo—, no es para admirar mucho al electorado nacional.

Pero yo venía a hablar del potaje, que ahora, gracias a la inflación y al precio del barril de petróleo, se ha convertido en un tema aceptable para un artículo de prensa. Cuando el crudo sube, el cocido se dispara; y sólo entonces podemos nosotros, los columnistas, hablar de la olla. Sin embargo, su importancia, como la de todo, es independiente de la cartera. Bien lo avisaba Antonio Machado: “Todo necio/ confunde valor y precio”. Un buen plato de garbanzos es un valor sustancioso y merece siempre un elogio y esperemos que nunca una elegía.

Riesgo de extinción ya lo corre. La vida moderna, con sus ritmos sincopados y sus frenéticos horarios de trabajo, no deja tiempo a una cocina demorada. Mi mujer es una joven ejecutiva y eso me sirve para presumir mucho, pero para comer fatal. Entre precocinados y congelados y cenas frías pasan mis días laborables. Si le sumamos que se han puesto de moda los restaurantes japoneses, puedo pasarme semanas sin probar bocado caliente.

No es una anécdota más o menos triste. Nada ocurre por casualidad y esta manía nueva de los españoles de ir abandonando la cocina mediterránea indica un desarraigo cultural y, además, simboliza una bajada drástica de las temperaturas afectivas. La familia se hace, entre otras cosas, alrededor de una buena sopera humeante.

Quizá la crisis nos salve y nos dejemos de sushi, steak tartar, carpaccio, cocktails de marisco y canapés, y volvamos a los humildes garbanzos de antaño. Um. Las depresiones económicas no son una broma y suponen noches echando cuentas y muchos caprichos de los que desengancharse, pero tampoco son el fin del mundo. ¿Quién sabe si no serán el comienzo de una vida más saludable?

domingo, 25 de noviembre de 2007

El dolor del antólogo (y II)

Creí que la serie sobre Pedro Sevilla iba a tener tres entregas, pero ayer con La luz con el tiempo dentro (1996) descubrí, con sorpresa, que lo tengo todo más claro: los sís, los nos. Hoy, con Tierra leve vuelve la pesadumbre. Qué pena dejarme fuera estos versos:

De “Huertas de San Vicenç”:
Mordido por el tiempo, lejano de la luz,
reconforta saber que hubo un pasado
feliz e irrepetible.

De “Demonios”:
Podríamos vencerlos, escalar la alta noche
y dejar que la luz nos acribille…

Pero dime qué haríamos entonces.

Y de “Día de lluvia”:

el murmullo apacible de esta lluvia

viernes, 23 de noviembre de 2007

El dolor del antólogo

Voy ultimando mi antología de Pedro Sevilla para la colección de rayas de Renacimiento. Es un oficio duro éste de antólogo. Qué tristeza dejar atrás algunos pocos poemas, que tal vez piense uno, sin demasiada seguridad, que no funcionan del todo, pero que tienen momentos extraordinarios sin duda. Para intentar calmar los remordimientos, traigo aquí —a medias con el Barbero, aprovechando su método— lo que más duele que se me escape entre los dedos:

Del poema “Gloria marchita”:
No hemos hecho el amor, pero te debo un libro.
Es decir que te debo
unos días de otoño,
cierta felicidad y unos veinte poemas
dictados por la lluvia cuando más me dolías.
De “Maniquí”
En los supermercados —debe ser la opulencia—
me crece la ironía.
De “No era la lluvia, amor”
y lanzar improperios contra los jovencitos
que aguardan en la calle
—como tú en otros días, los zapatos
mojados de ternura— a una chica que llegue
con el pelo vertido como un jarrón de miel
sobre la espalda.

De “Naturaleza”
Les conté, en confianza, que me asusta la Luna
De “Consejos inútiles”
Tanta tarde gloriosa dilapidada en versos
Éstos de su primer libro, Septiembre negro (Renacimiento, Sevilla, 1992). Continuará.

jueves, 22 de noviembre de 2007

miércoles, 21 de noviembre de 2007

Elogio de los alumnos

En noviembre, mes de los difuntos, resucita mi amor por la enseñanza. No es tan, tan milagroso porque doy clase en Formación Profesional, una isla habitable en el océano del fracaso escolar. Aún así, los dos meses anteriores, entre el papeleo iniciático, la puesta a punto de horarios y el suspense por cómo saldrán los cursos, nunca estoy muy eufórico.

Lo peor es el suspense. Al principio, esperando que las apariencias engañen, contemplo atónito a un alumnado anónimo que me examina a mí. Hay peinados que ponen los pelos de punta, piercings penetrantes, tatuajes inolvidables, carpetas con fotografías y dibujos como para susurrar: “Vade retro!”. Y qué pensarán ellos de mi triste curva de la felicidad o de la camisa a rayas. Esos momentos de estudio recíproco son los más graves y gélidos de todo el curso.

Hasta que al fin sonríen y es que el hielo ha hecho crac. Empieza lo que los pedagogos llaman proceso de enseñanza-aprendizaje, en el cual enseño unos temarios y aprendo más de lo que doy. Resulta emocionante verlos individualizarse, a ellas —por razones obvias— primero, luego a ellos, poco a poco emergiendo, casi siempre para bien, de la masa gris y compacta, hasta que cada uno es cada cual, con su nombre —porque ya me lo sé— y su historia, sus problemas y sus ilusiones.

Me asalta entonces una nueva crisis, ahora de entusiasmo. La tentación es dejar medio aparcados los contenidos de mis módulos socioeconómicos (con perdón, que así se llaman) y darles buenos consejos de cultura general y filosofía práctica. Explicarles con mis palabras o con las del poema “Fin de carrera” de Víctor Botas, que, aunque lo lógico es que de las aulas salgan preparados para la ganancia de un dinero, uno quisiera dejarles también con la mente bien despierta para las cosas que de verdad importan en la vida.

Pero soy funcionario. Debo vencerme y ceñirme a la programación y a los objetivos, que es para lo que me pagan. Lo hago sabiendo que no es del todo equitativo, pues los alumnos, a cambio de esos contenidos mínimos prescritos en un Decreto-Ley, me recuerdan que el sentido común —diga lo que diga el dichoso aforismo— es bastante común, y me inoculan esperanza, que falta me hace, y me animan a protestar, aquí mismo, en el periódico, o en otras partes, porque a gente así de buena se le presenten sólo modelos sociales utilitaristas y tristísimos.

Llegarán otras crisis, las navidades, los exámenes y los nervios del final de curso, como es natural, y tanto ellos como yo haremos lo que podamos, que será suficiente. Cuando se vayan, tan contentos, y yo me quede, melancólico, no seremos exactamente los mismos.
[Grupo Joly]

lunes, 19 de noviembre de 2007

Escrito a tientas

Buscar las gafas es un clásico. No sólo de la vida sino de la literatura, valga la redundancia. Véase a José Luis Tejada ("y no encuentro los lentes con que buscar los lentes") o el maravilloso poema ad hoc de José Antonio Muñoz Rojas. Se ve (es un decir) que, mientras se buscan las gafas borrosamente, puede pensarse con gran claridad. Tal vez no se encuentren porque no están hechas para ser vistas, sino para ver, como los poetas.

domingo, 18 de noviembre de 2007

Ranas

Ayer, cenando, volvíamos, uf, al Divorcio Universal, y entonces una amiga saltó: “¿Y si tu marido te sale rana, eh, eh?” Yo me quedé colgado de esa expresión curiosa. Supongo que en el fondo del estanque, quiero decir, de la expresión, subyace que la otra persona (o grácil renacuajo) cambió hasta el extremo de una metamorfosis o metáfora resbaladiza. O viceversa, que no se transmutó en principe encantado (esto es, desencantado) al contacto del beso. O ambas cosas a la vez. Para el segundo supuesto, sería más exacto exclamar: “Se quedó rana”.

viernes, 16 de noviembre de 2007

Mutatis matandis

La sombra de Jane Austen es alargada. Su influencia se percibe por todas partes: en el brillante Wilde, en la encantadora descripción de la Comarca de El Señor de los Anillos, en Brideshead, por supuesto, o en el hilarante Blandings de P. G. Wodehouse. Pero donde más en Agatha Christie, porque ya no se trata sólo de un tono social, la landed gentry y tal o la pátina de humor y eso, sino que estamos mutatis mutandis ante el mismo mecanismo narrativo, que es un tácito juego con el lector. Con la Austen uno se pregunta quién se casará con quién; con la Christie, quién mató a quién.

miércoles, 14 de noviembre de 2007

El Divorcio Universal

En España, país de pasiones, se rompen, según los datos del Instituto Nacional de Estadística, siete matrimonios de cada diez. El número de los divorcios se está acercando tanto al de las bodas que las proyecciones auguran que para 2010 se habrán igualado. Y no quiero ni pensar en 2011. ¿Importaremos parejas felices a las que amargaremos aquí? ¿Cómo se conseguirán, si no, más rupturas que matrimonios para que sigamos progresando?

Conmigo, en todo caso, que no cuenten, que me saquen de los vaticinios, que yo no juego. Lo sencillo es divorciarse. Con el método exprés, te descuidas un minuto y, zas, ya estás soltero, teniendo que ir al gimnasio a estas alturas y a los bares de copas y a comprarte un descapotable a ver si rehaces tu vida y ejerces el dichoso derecho a la felicidad.

La indisolubilidad es tan difícil como pronunciarla. Lo cuentan los sociólogos, ojo, no yo, que estoy encantado con mi mujer (a la que mando desde aquí un afectuoso saludo). Y lo confirma lo que vemos y escuchamos por la calle. El divorcio se está convirtiendo en la muerte natural del matrimonio; lo milagroso —o como mínimo lo más original— es lo de toda la vida.

Para lo que no ayudan en absoluto ni las canciones ni las películas con esa exaltación suya llorona del amor adolescente a todas las edades. Escuchen las letras, reparen en los argumentos, lean los best-sellers…, y recuerden que Oscar Wilde demostró que la naturaleza imita al arte —al arte malo, añadiría uno. Para remate, cuando en la televisión sacan un matrimonio, es para mofarse de él, como en ese bodrio de “Escenas de matrimonios” de tanto éxito.

Lo más triste del programa de marras es que desvirtúa la solución. Reírse es sanísimo, pero no del matrimonio, sino en el matrimonio. El libro Mi familia al derecho y al revés de Ephraim Kishon sería un buen ejemplo (en todos los sentidos) y bastante más divertido. Hay que proponer otro modelo amoroso más amable y duradero: no sólo el del deslumbramiento inicial, que estuvo muy bien, sino el de la lumbre encendida todos los días.

Aunque ya casi no me acuerdo, me suena que nada halagaba tanto la vanidad como esos escasos meses en que la otra persona te admira sin fin. Luego, pronto, cae en la cuenta de que Miguel de Cervantes fue mejor escritor, que repites los chistes, que te quejas mucho de la hernia de hiato, que tu exquisita especialidad era un congelado de Bofrost. Comienza lo arduo. Pero también lo interesante, porque el reto, la auténtica aventura es saltarse a la torera los altibajos sentimentales, empeñarse en los proyectos, quererse más y más y más y, al final, destrozar las estadísticas.
[Grupo Joly]

martes, 13 de noviembre de 2007

Dos encuentros

Como no podía llevársela por la mañana, había quedado con el mecánico en que aparcaría la moto a la puerta del taller esa noche. Luego metería la llave por la ranura y él ya se encargaría de todo al día siguiente. Y ahora yo estaba allí, esperando que Leonor me recogiese, un poco inquieto de dejar mi moto en un callejón tan oscuro y solitario. De pronto, salió de no sé dónde una sombra: el yonqui que pide en el semáforo de la avenida Valdés. En los pueblos se conoce de vista hasta a los marginados. Ése, una vez, le tiró a la cara a un amigo de mi padre la moneda de diez céntimos que le había dado. Ahora, desde lejos, me pedía un cigarro. “No fumo”, contesté mientras me guardaba la PDA en el fondo del bolsillo. Vino hacia mí con la mirada gacha, diciendo: “No hay que asustarse…” “¿Asustarme yo?”, pensé en un ataque de orgullo, “…te doy con el casco y, y...” “No hay que asustarse”, insistió él, “de fumarse esta colilla del suelo”, y se agachó casi a mis pies, “que el cuidado no sirve de nada, que uno coge lo que tiene que coger, si lo sabré yo, picha”. Y se alejaba calle abajo.

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Eso fue antes de anoche. Ayer por la mañana iba al Instituto, pero me animé con la bruma tan bonita de noviembre y entré a tomarme un café rápido en un hotel de la playa, dispuesto a leer un poco de La piel de los tomates, de Jiménez Lozano. Aprovechando la temporada baja, había allí un grupo de disminuidos, con sillas de ruedas unos, otros con muletas. Pedí muy serio mi café y con el rabillo del ojo observaba a una madre con su hijo, más o menos de mi edad, Marcelino le llamaba. La señora había olvidado algo en la habitación y le dijo a Marcelino, gesticulando mucho, que esperara quieto. Se fue. Marcelino sin perder un minuto se acercó a mi mesa, cojeando, y agarró la PDA con su mano buena. Con la otra tocaba la pantalla y le hacía gracia que se encendiera, que cambiase de función. “Ten cuidado”, le pedí, “es un aparatito muy delicado”. No me contestó. “¿De dónde eres?” Tampoco. “¡Cómo le obsede la PDA a Marcelino!”, pensé. Le invité a sentarse, en parte por educación, yo ahí sentado y él de pie, y en parte por la PDA, para que cayese de menos altura. Tampoco se inmutó. Le separé la silla y entonces, sonriendo, sí que se sentó. Dejó la PDA en la mesa y se puso a mirarme con su único ojo bueno. Se le veía contento. Entonces, por fin, me volví a mi café, que todavía estaba hirviendo. Llamé al camarero, para pedir leche fría, y naturalmente ni caso. Volví a llamarlo, y Marcelino, de repente, tomó un enorme interés, que emocionaba, en avisar para mí al camarero. La que llegó corriendo entonces fue la madre: “¿Qué haces aquí sentado, Marcelino!”, y se volvió hacia mí: “Es sordo también”.

lunes, 12 de noviembre de 2007

Especialidad

En una esquina de El Puerto atisbé ayer una tienda de las de todo a cien que se llama “La esquina”. Hasta ahí no es un derroche de originalidad. Lo curioso es el subtítulo: “Especialidad en todo tipo de artículos”.

Y no crean que me reí, qué va. Me puse a pensar, muy melacólicamente, en el oficio de columnista.

sábado, 10 de noviembre de 2007

jueves, 8 de noviembre de 2007

Ubicacionista

“Hablando de bibliotecarios dice: ‘¿Qué intelectuales son ésos? Son clasificadores, ubicacionistas’”.
Me ha encantado leerlo, porque matiza todo ese prestigio culturalista que les dio Borges a los bibliotecarios con eso de que ordenar los libros es ejercer la crítica literaria. Y para colmo de dicha, la frase es del mismo Borges [véase Borges, de Bioy Casares, en la entrada del sábado, 3 de septiembre de 1960], que así se nos humaniza bastante, tan contradictorio como todos. Y sobre todo me gusta porque me viene como anillo al dedo: yo tendré —D. m.— que colocar —tiemblo al pensarlo— mis volúmenes y todavía titubeo. No sé si hacerlo por temas, por orden alfabético, por idiomas, por fechas de nacimiento del autor, a la buena de Dios, por colecciones, por orden de llegada, por géneros literarios, por algún criterio mixto… Como crítico literario no estoy teniendo la cabeza muy clara, no. Pero al menos como ubicacionista lo haré bien, qué remedio.

miércoles, 7 de noviembre de 2007

Moratinos en la costa

Cada vez que visito Zahara de los Atunes, como el día esté medio claro, se produce el mismo ritual. “Mira, mira”, señala alguno, “se ve Marruecos”. Todos se entusiasman. Y el más metafísico apostilla: “Está al lado”. Yo me quedo de lo más mohíno. Entre los encantos de Zahara no cuento por ahora la proximidad marroquí.

Para un iberista como yo, la vista de Vila Real de Santo António desde Ayamonte, con el Guadiana de guarda fronterizo, es saudosa, esto es, melancólica. Y siendo una especie en extinción, quiero decir, español, y lector de Cadalso, la figura del Muñón de Gibraltar desde La Línea me da ardores, si no patrióticos (que en estos tiempos sonarían excesivos), al menos de estómago. Nunca soy menos anglófilo que en Gibraltar, único pueblo andaluz que —en palabras de Gerardo Diego— ha conseguido ser feo.

Pero mientras que mis sensaciones en Ayamonte y en la Línea se quedan en lo histórico-sentimental, en Zahara son analíticas. Parece que no existe una frontera en el mundo con mayor diferencia de renta per cápita que la nuestra con el Reino de Marruecos, lo que no es, desde luego, un factor de equilibrio. Si a eso unimos un régimen de libertades manifiestamente mejorable, y el conflicto del Sáhara, tan árido, y las aspiraciones expansionistas sobre Ceuta, Melilla y las Canarias, y, además, el bullir de un incipiente islamismo, la suma sale negativa, casi una resta.

La labor diplomática resulta capital. Y está saliendo calamitosa: ya teníamos enfadados al Frente Polisario y nada menos que a Argelia. Ahora, viendo lo sumiso y demorado que se muestra Moratinos, que andaba de viaje privado por la costa marroquí y siguió descansando mientras Mohamed VI mandaba llamar a consultas al embajador en Madrid, viendo a Moratinos, digo, uno tiene más confianza en el movimiento de las placas tectónicas —que vaya ensanchando el Estrecho— que en nuestra política exterior. Las placas tectónicas se mueven con una velocidad media entre la pachorra de pachá del ministro y la eficacia del presidente Sarkozy, tal y como la hemos comprobado en la crisis del Chad.

Por suerte, ni España es sólo el Estado ni el Estado es sólo el Gobierno, y algunas cosas han quedado bastante claras tras la visita de los Reyes a Ceuta y a Melilla. El mismo mosqueo sordo de Marruecos es una demostración irrefutable de la necesidad del viaje. Resulta una extralimitación en las relaciones de buena vecindad que el vecino decida qué habitaciones de nuestra propia casa podemos utilizar y cuáles no. Sueño con un día en el que, cuando alguien repita: “Mira, se ve Marruecos”, atisbemos el horizonte sin la más mínima inquietud.

martes, 6 de noviembre de 2007

Leonor y yo (transcripción literal)

—Mi abuela me dio compota.
—Qué bien.
................... —¿Quieres?
........................................ —No.
.................................................. —¿Te gusta?
—Muchísimo.
....................... —Ya. Se nota.

lunes, 5 de noviembre de 2007

El chasco del casco

Aparqué la moto en la puerta de la capillita y dejé el casco sobre el sillín. Al salir, el casco ya no estaba. “Natural”, pensarán ustedes que no saben que la capilla es la de mi urbanización y que está en una calle por la que no pasan más que los feligreses. O sea, que me lo había birlado alguien que salía de cumplir con el precepto dominical.

El chasco, sin embargo, no me lo daban en la fe. Por motivos personales, no olvido aquella historia, creo que del Cardenal Newman, aunque la he oído contar también de Chesterton, en la que uno de los dos conversos, antes de dar el salto, consulta sus dudas a un amigo. Éste se extraña: “¿Católico romano?, si ésa es una Iglesia de sinvergüenzas, fíjate que las mujeres, cuando van a comulgar, no dejan el bolso ni el abrigo en el banco como hacen las señoras protestantes: los agarran bien no vaya a ser que se los roben.” Entonces el futuro converso contestó: “Pues ésa es mi Iglesia: la de los pecadores”. Como digo, yo sabía esa historia, así que lo del casco, por ahí, fue lógico.

Mi snobismo era el sorprendido. ¡Que en mi urbanización, tan chic, me birlaran el casco, ay, qué decadencia de costumbres, con lo familiar y decente que fue! En su época dorada los de Madrid la llamaban Costa Casta, O tempora, O mores.

Me quedaba, pensé, el consuelo ético: el mal más vale padecerlo que infligirlo. Menos pierde el robado que el ladrón, me susurré muy digno al oído, recordando aquello que se decía Juan Ramón Jiménez de “Yo pierdo siempre en la vida corriente, pero gano en lo eterno”.

Sin embargo, la imprevisible memoria, con lo que se atranca la memoria cuando se la necesita, reaccionó rápida con una idea de Max Jacob en un magnífico libro que leí, como su propio nombre indica, hace muchísimos años. En Consejos a un joven poeta, el vanguardista francés, cubista y converso, llamaba la atención sobre el hecho de que quien da muchas facilidades para ser robado está escandalizando al prójimo. Si yo hubiese sido más prudente, habría evitado que otro cometiese un hurto. El argumento es irrefutable y me volví a casa sin casco y con cargo de conciencia.

Me he hecho, eso sí, dos buenos propósitos: comprarme enseguida otro casco y ser más vigilante de mis cosas y más exigente de mis justos derechos. Por mi economía, pero sobre todo por no escandalizar al próximo prójimo. Lo escribo medio en broma, vale, pero lo pienso muy en serio.

sábado, 3 de noviembre de 2007

viernes, 2 de noviembre de 2007

El barbero del barbero de Colombia

Darío Jaramillo se mete en el gremio de la barbería y selecciona varias frases de entre la extensa obra poética de Rafael Cadenas. Pueden leerse en su muy meritorio prólogo a Obra entera. Mi reseña entera a ese libro puede leerse aquí. Y aquí, en el blogg, sin más comentarios, haré un poco de barbero de segunda generación y, entre las frases recortadas por Jaramillo, reseleccionaré:


Realidad, una migaja de tu mesa es suficiente.

*

Florecemos en un abismo

*

Vivir en el misterio: frase redundante.
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No se puede escribir cosa valedera sin haber estado en el infierno.

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Sólo en un sitio puede ser derrotada una sociedad: en el pecho de cada hombre.

*

Desde que vi mi pobreza dejé de sentirme pobre.

Y ya por mi cuenta y riesgo, de primera mano, recorto estas otras:

El poeta moderno habla desde la inseguridad.

*

Los lectores de poesía buscan en el fondo revelaciones.

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La dificultad ya indica conciencia del lenguaje, y desconfío de muchas solturas.

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El cómo es importante, el cómo es la literatura.

*

La literatura va siempre de adentro hacia fuera.

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Literatura: la manera más entrañable del habla.

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Es posible recordar a cada instante que olvidamos y así recordar.

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Todo hombre es antiquísimo, pero no lo quiere saber.

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Lo esencial no es de ninguna época.

*

Si lo que existe nos parece poco, ¿qué puede sosegarnos?

*

Lo inmediato, esa cima.

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Si no fueras elemental, ¿qué podrías decir?

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El brillo no es importante, sino para sentirse importante. Importante es sentirse.

*

La actividad febril te destierra.

*

La humildad es un refinamiento.

miércoles, 31 de octubre de 2007

O zombis o santos

Ésta es la noche de los muertos vivientes. España, la sociedad más antiamericana de Europa, se lanza a celebrar el Halloween con fervor. A mí no me lo despiertan, uf, ni las inquietantes calabazas ni esos jovencitos uniformados de cadáveres ni ésas de diablesas.

Sin embargo, admiro la justicia poética del Halloween. Resulta natural que una sociedad que ha entronizado la cultura de la muerte tenga festejos de este estilo. Con la eutanasia a la vuelta de la esquina, no hay que extrañarse de que por todos los rincones del país la gente se disfrace de calaveras y se marque una danza macabra. Si el aborto es la solución natural, como enseñan en la tele, es lógico que surjan brujas de debajo de las alfombras. En la cultura popular, como en la alta cultura, como en el mundo físico, nada surge por casualidad ni por generación espontánea. Las causas y los efectos son un laberinto que se puede recorrer bastante bien con el hilo de Ariadna del sentido común.

La cultura española tenía una manera propia de celebrar estos días con huesos de santos, misas de mucho sentimiento, ofrendas florales y representaciones del Tenorio. Era una manera empapada de catolicismo, que ahora está difunta o, con suerte, moribunda. El laicismo militante tiene esto, que vamos a acabar todos con la gorrita de béisbol y diciendo “Oh yeah”. España será católica o no será más que un apéndice cultural de los USA.

En ninguna otra época del año se muestra esta disyuntiva con tanta crudeza. Para mayor claridad, la coincidencia en el tiempo de la ley de la memoria histórica y de la beatificación de aquellos que murieron perdonando a sus asesinos incide en lo mismo: mientras la primera se propone desenterrar muertos, la segunda los eleva a los altares. Conste que, aunque no lo comparto, comprendo y respeto el interés de los familiares por encontrar los restos de sus antepasados. Con todo, se constata que estamos ante dos cosmovisiones cada día más distintas.

Este Halloween o, mejor, esta víspera de Todos los Santos, la ocuparé en reflexionar sobre el dilema extremo de si zombi o santo. Cuando no te sobrepones, la fuerza de la gravedad te va enterrando en rutinas y egoísmos… hasta que acabas yendo por ahí como un muerto viviente o un vivo amortizado, con disfraz o sin él. Hoy pondrán alguna película de terror de serie B y yo volveré a pensar que al menos como retrato social, como símbolo, está muy lograda. Incluso me recitaré, para espantar el miedo, estos versos: “La imagen de los zombis / asusta y es espléndida. / Que hay muertos y que andan / lo sé por experiencia. // Por esperanza sé / también —y me reanima— / que la resurrección / es otra alternativa”.
[Joly]

martes, 30 de octubre de 2007

Hipocondría nel mezzo del camin

Antes, cuando olvidaba un nombre, se me trastabillaba una palabra o me despistaba con una dirección, lo atribuía a la dislexia. De un tiempo a esta parte, ya no. Ahora me preocupa el Alzeheimer.

lunes, 29 de octubre de 2007

499

Los milicianos lo sacaron a empujones de su casa, dispuestos a convertirle en el mártir 499 de una futura beatificación. Don Bartolomé se dejaba empujar, sabiendo que esperanzas tenía pocas. En cambio, esperanza la de siempre. Cuando descubrió que el jefe del autodenominado “Escuadrón de la Canina”, era Manolito, el de las Tejas, pensó que tal vez no estuviese todo perdido. Había sido su profesor en la escuela del pueblo y conocía bien que su fuerza bruta tenía un parangón: su orgullo.

—Manolito…. —gritó.
—Me llamo Sangre, don Bartolomé, y no me llamo don Manuel porque ya no hay dones que valgan…
—Pues don Sangre, ¿no pensarás matarnos a mí y al señor cura y a las monjitas de la Encarnación así como así, sin convencernos de que morimos por la Revolución y por la Libertad?
—Yo pensaba no dejar para mañana lo que puedas hacer hoy, como usted nos enseñó. Los muchachos, ya ve, están deseando darle al gatillo… El boticario y el alcalde se nos han escabullido, los muy maricones…
—Pero, hombre, Manolo, recuerda que sois unos animales (hizo una pausa, mirando en redondo, como si estuviera dando una clase) racionales y que no podéis matarnos sin más, que hay que conseguir que las víctimas os demos la razón, que vayamos tan contentas al paseo, que os agradezcamos de corazón vuestra labor revolucionaria…
—A usted seguro que le podría convencer yo, pero no al cura que es cerril al máximo, y a las monjas, qué, que ni me miran a la cara...
—Trato hecho, Sangre, si me convences a mí, nos das matarile a todos.
Y le tendió la mano.

A partir de aquella noche de julio, en el pueblo, Manolito, alias el Sangre, y don Bartolomé, el maestro-escuela, discutían de filosofía política ante las impacientes escopetas de caza de los milicianos y los hiperestésicos oídos del clero local. Sangre se destapó como un polemista eficaz, a pesar de algún que otro trabucamiento y exabrupto. Iba convenciendo al asombrado maestro, ante el pavor de las monjitas, que, entre avemaría y avemaría, seguían mareadas los meandros de la discusión. Suspiraba don Bartolomé:

—¡Anda, Manolito!, pues en eso de la colectivización no había yo caído…

Y a Sangre se le esponjaba el pecho. Sólo que un poco antes del alba, cuando avisaban los gallos, don Bartolomé añadía:

—Pues sí, por la colectivización estaríamos dispuestos a ser asesinados, pero ya mismo, vamos... Lo malo es que la Revolución Rusa, no sé, me pilla un poco lejos, Sangre, me deja frío.

—Tengo que documentarme, don Bartolomé, no me va usted a coger por sorpresa… Además estoy cansado. Mañana por la noche le convenzo en un periquete de las bondades de don José Estalín, pierda cuidado.

Sangre saboreaba cada noche las mieles de una victoria intelectual. Tanto, que no quería ventajas sobre su oponente. Así que dejó que el maestro volviese a su casa: que tuviese cerca sus libros para preparar el último, siempre el último, punto pendiente. Las monjas, como con tanto cuchicheo distraían el debate, volvieron a la clausura. Y el cura, que ciertamente era cerril y no se dejaba convencer ni un ápice, fue el único que se quedó en el calabozo que habían improvisado en la iglesia. Los milicianos se dividieron en dos: los que le cogieron gusto a las tertulias nocturnas y a la bohemia de la intelectualidad y los que, aburridos, volvieron aliviados a las labores del campo.

No habían pasado mil y una noches, sino un poco menos de la mitad, cuando un destacamento de la Guardia Civil entró en el pueblo. Allí parecía que la guerra no iba con ellos. Sangre estaba dormitando en una silla de anea con el libro de Paul Laforgue, El derecho a la pereza, entre las piernas; y don Bartolomé andaba por el río, pensando en la colectivización. Los guardias arriaron dos o tres banderas rojas y raídas y abrieron la boca oyendo que el “Escuadrón de la Canina” era, prácticamente, un diálogo platónico.

Antes de irse, tenían que dejar nombradas nuevas autoridades. El cura propuso a don Bartolomé y don Bartolomé a Sangre, quiero decir, a Manolito.
— Hombre, maestro, no se pase —repuso el capitán de la Guardia Civil.

domingo, 28 de octubre de 2007

Propuesta

Amalia y yo seguíamos hablando en casa de Rocío Arana, indiferentes al paso del tiempo, o disfrutándolo. Hacía poco habíamos llegado al acuerdo de que ambos éramos noctámbulos impenitentes. Rocío, Marita y Leonor podrían haber saltado: “No hace falta que lo juréis”, de no estar demasiado cansadas. Avanzaba la noche…, y volvíamos a coincidir Amalia y yo en lo duro que se nos hace recitar, sobre todo ante tantos poetas. Y de ahí pasamos a considerar lo interesante de un ciclo de “Los versos más míos los han escrito otros poetas”. Para leernos a nosotros basta ir aclick o aclick, pero viendo qué poemas de entre toda la literatura universal antologaba cada ponente habría curiosas sorpresas, fecundas conexiones, cierto morbo, conclusiones jugosas sobre su propio gusto (o no) y, en todo caso, un recital antológico. Las hondas cabezadas de Rocío, de Marita y de Leonor no se debían al asentimiento, sino al sueño, aunque habrían asentido quizá a una hora más cristiana. Pues bien, ahora que es temprano, lanzo la propuesta a la red por si alguien más madrugador que nosotros y más gestor cultural se anima y organiza el ciclo.

Y luego nos invita, eh.

jueves, 25 de octubre de 2007

Libros de arenas (movedizas)

Lo habrán notado en mi sincopada sintaxis o en que no respondo a las llamadas o en que no contesto las cartas o en que olvido, incluso, las citas: la mudanza inmutable me está matando. Ahora vengo a llorarles sobre el hombro con un símbolo. Busco mis libros, no para regodearme, ni mucho menos, sino para preparar una lectura, los busco y no los encuentro, mis propios libros, ¿entienden?, que no es perder los de cualquiera de ustedes, que sí, que están muy bien, incluso mejor, pero son otra cosa, como es natural, y ya aparecerán. Ni mi vanidad, tan perspicaz para lo suyo, se orienta por una biblioteca a medias desmantelada, mudada a medias.

miércoles, 24 de octubre de 2007

Qué puñeta

Resultan muy sospechosos los que se lamentan de las desventajas que les acarrea su exquisita educación en el mundo actual, como si la elegancia fuese por interés. Sin embargo, yo he estado a punto. En una clase de secundaria, observé como a un muchacho se le caía al suelo una moneda. Para que no se levantara a recogerla, me agaché enseguida. “¡No, no!”, me gritó la criatura, pero yo ya había sentido en mis dedos la humedad solidificándose de un eficaz pegamento de contacto. Con perdón de Zapatero, no miré al muchacho con una sonrisa. Él se deshacía en disculpas: “Era una broma a mi compañero…” “¡Hombre, es que esto ni a un compañero!”, contesté, mientras realizaba esfuerzos por limpiarme la mano… y por no lamentar la esmerada educación que me dieron mis padres.

No lo hice gracias al sabio aviso de Oscar Wilde: la buena educación es lo primero que se pierde cuando no se tiene. Yo tenía la frase fresca de unos días antes, cuando contemplé, atónito, cómo María Teresa Fernández de la Vega perdía los estribos y abroncaba en medio del desfile del día de la Hispanidad a María Emilia Casas, presidenta del Tribunal Constitucional, nada menos. Desde lejos, la cámara no capta lo que le dice, parece que de todo menos bonita. Ni lo que excusa Casas, sumisa, aunque no llegaría a llamar bonita a la Vicepresidenta, espero. En un momento estelar se puede leer en los tensos labios de De la Vega: “¡Qué putada!”.

Qué mal hablados son nuestros políticos en la intimidad o en cuanto se acaloran. Todos, también Trillo-Figueroa con su celebrada gracia (que maldita la tuvo) del “Manda huevos”. Estos políticos nuestros, que se muestran tan finolis delante de las cámaras, a la media vuelta juran como en una taberna. Sufren doble personalidad o, como poco, hipocresía verbal. Quieren engañarnos hasta en el tono.

Yo, mientras tanto, recuerdo a Góngora. No por su elevado estilo, desde luego, sino porque don Luis, para echarle en cara a Lope su pluma popular, le espetó: “con razón Vega por lo siempre llana”. Con mucha más razón Vega, Fernández de la, por lo plana que se ha mostrado la Vicepresidenta.

Pero lo peor, por supuesto, no es el desahogo “qué putada”, tan poco feminista, por otra parte. Lo peor es lo que estaba detrás o debajo y ha venido después. El Gobierno hace denodados esfuerzos por controlar al Tribunal Constitucional, al CGPJ y a la Justicia misma, aprovechándose de que ésta lleva los ojos vendados. La Justicia, escuchando a Bermejo, sí que podría decir: “Qué putada”; aunque, como es más fina y acostumbra a moverse entre sus prudentes señorías, apenas exclamará, la pobre, con gesto levemente contrariado: “¡Qué puñeta!”
[Joly]

domingo, 21 de octubre de 2007

Allí

Cuando se despertó el dinosaurio, Augusto Monterroso también estaba allí, en el Valle de Josafat.

sábado, 20 de octubre de 2007

Postal

En mi buzón, entre cartas de banco, una misteriosa postal


con este texto: "Lo dijo el Padre: 'Tenéis que ser como ángeles'... aunque no especificó la clase. Espero que éste te asista en tus quehaceres periodísticos. Un abrazo."

Yo espero que alguien que se ha tomado la molestia de averiguar entre otras cosas mi dirección postal, visite de vez en cuando el blogg. Más que nada, para darle las gracias.

viernes, 19 de octubre de 2007

Ay

La gramática hace una confesión de narcisismo universal con eso de que la primera persona del singular es, indiscutiblemente, “yo”. Los ingleses, en el colmo de la sinceridad, se lo ponen en mayúscula y escriben un number one (en números romanos incluso, que da más prestancia). A cambio o en consecuencia, cuando lo pronuncian se lamentan: ay. El egotismo es lo que tiene: duele. Yo, ay, algo anglófilo, lo sé por experiencia.

miércoles, 17 de octubre de 2007

Premios gordos

Jorge Luis Borges pensaba que a los suecos se les daba mejor inventar la dinamita que otorgar premios. Qué clarividencia tuvo, pues él mismo se quedó sin Nobel por razones explosivas que nada tenían que ver con la literatura.

Este año el de Literatura, comparado con el de la Paz, es un remanso de ídem. Doris Lessing, tan feminista -ista -ista, no provoca ni frío ni calor. En cambio, las teorías del calentamiento me dejan frío. Por no pecar de frívolo, procuro no entrar en la discusión sin un estudio en profundidad que no me propongo hacer. Mi intención es esperar tomando el fresco a que los científicos se pongan de acuerdo, aunque en la intimidad me permito —perdonadme— cierto escepticismo. Es lógico: en mi adolescencia los algoreros se dedicaban a predecir una inminente glaciación y ahora, como en una ducha escocesa, auguran que nos asamos. Eso no hay credulidad que lo aguante.

Ni ayuda a despejar mi escepticismo que los más firmes partidarios del fatal desenlace se dejen una pasta en consumo de energía, como Al Gore, que en su mansión de Tennessee gasta más electricidad en un mes de la que utiliza un americano medio en un año. O como Zapatero, que, a pesar de su honda preocupación por el calentamiento global, se ha comprado en Almería un chalet a la vera de la playa, sin demostrar demasiado pavor a la anunciada subida del nivel de las aguas.

Hubiese sido prudente que los miembros del jurado del Nobel esperasen a que la comunidad científica alcanzara un consenso más amplio sobre la verdad (o no) incómoda (o no) del vídeo de Al Gore, aunque tampoco hay que pedirle peras a Oslo. El Nobel da para lo que da: un poco más que el premio Planeta. Su millón de euros ayudará al agraciado a pagar las facturas de la luz y tanta publicidad le permitirá colocar más conferencias al módico precio de 200.000 euros.

Ningún premio hace más admirable a un escritor ni convierte en ciertas las teorías de nadie. Las novelas de Doris Lessing no son hoy mejores que ayer. Ni aún peores. Ganará, eso sí, un montón de público, entre el que no me encontrarán a mí. Yo me haré el sueco, quiero decir, que seguiré siendo el juez de mis particulares premios nobeles. No me parece de recibo que unos señores que no tengo el gusto de conocer alteren mi plan de lecturas o suplanten mi veredicto personal.

Menos todavía cuando a uno le queda el regusto de que los jurados se eligen a sí mismos. Lo que buscan, sobre todo, es quedar ellos bien. Este año han querido posar de súper-fashion, o sea, de concienciación ecológica y alegato feminista. Y lo han conseguido. Pues hala, los felicito, señores, enhorabuena: ¡sois la bomba!
[Joly]

martes, 16 de octubre de 2007

Paradoja

Las tonterías más grandes las he leído en aforismos.
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— ¿Las llamarán máximas por eso?
— Y en otra versión: Lo malo, si breve, garrafal.
— ¿No sería al revés: Lo malo, si largo, catastrófico?
— Al revés es peor, pero se nota menos. Lo malo, si largo, aletarga. (Recuerden los versículos de Vicente Aleixandre.)

lunes, 15 de octubre de 2007

Evidente

En clase de Derecho Laboral tratamos el caso del profesor ciego que el año pasado daba clase en el instituto. Por Borges, por Milton, quizá por Homero y, de oídas, por Groussac, uno apenas ve la ceguera como una minusvalía, si me permiten la pose. Eso no se lo digo a los alumnos para no liarlos. Y porque no me da tiempo, que enseguida sentencia una alumna: “Aquel hombre era un malaje”. Intento poner la cara de malaje que corresponde en estos casos, pero no me sale. Sonrío sin remedio. La chica es lo que se dice bastante mona y debe de estar acostumbrada a que todos sus interlocutores se dulcifiquen ante ella. Por razones evidentes, ése no era el caso de mi compañero del año pasado.

viernes, 12 de octubre de 2007

Rojigualda


El viejo adagio “Timeo hominem unius libri” [Temo al hombre de un solo libro] necesita una readaptación. Para empezar está en latín, que es un idioma muy complicado para nuestra ministra de Cultura. Luego, la frase no es políticamente correcta porque parece que se refiere a los fundamentalistas del Corán, y eso hoy es inadmisible. Y ni siquiera vale contra el Cristianismo, pues la Biblia no es un libro, sino toda una biblioteca de 73 títulos, más de los que mucha gente ha leído en su vida.

Los hombres de una sola bandera sí que dan miedo. Lo lógico, en este mundo globalizado de múltiples intercambios y relaciones, es vivir varios patriotismos jerarquizados según los diversos intereses, afectos y lealtades. Querer ver el planeta a través del color de una sola enseña (sea del país, del partido o de la pedanía) es síntoma de una peligrosa estrechez mental.

La actitud cateta del nacionalismo excluyente es, para colmo, contagiosa como una gripe aviar. Algunos políticos creen enfrentarse a él defendiendo un neo-nacionalismo: “Si ellos catalanistas, nosotros andalucistas o valencianistas, ea.” En realidad, están bailándole el agua a los que aspiran a que España sea un catálogo de banderitas, como una verbena de barrio. Frente a la cerrazón nacionalista, la bandera a ondear, sin dejar de sentir los colores de cada región, es la rojigualda: la misma que defienden heroicamente los vascos y los catalanes que, amando su tierra y sus costumbres, se saben españoles.

Nuestra bandera no tiene un escudo único. El águila de Patmos voló al pasado. Pero el escudo actual, llamado constitucional, no termina de cuajar en las banderas que vemos en el fútbol, en algunas manifestaciones o en las pegatinas de los coches. Tal vez se debe a que el pueblo soberano, que es sabio, presiente oscuramente que la Constitución no está resultando un verdadero escudo capaz de proteger a España. Con frecuencia, podemos ver nuestra bandera sin escudo ninguno, a pecho descubierto.

Y sin embargo, poco a poco, el subconsciente colectivo va colocando en la bandera, como un símbolo, al toro bravo. No me extraña. Es el tótem de Iberia desde la Antigüedad: su piel extendida es nuestro mapa y en la fiesta nacional se hunden nuestras raíces míticas. Este país, tan trágico, podría hacer suyos los versos de aquel soneto de Miguel Hernández y decir “Como el toro he nacido para el luto/ y el dolor, como el toro estoy marcado/ por un hierro infernal en el costado…”

Hoy, entre todas mis banderas, entre la europea, la andaluza, un poco la murciana, la de El Puerto de Santa María, entre todas, pongo en el mástil más alto a la española, porque es la que está siendo banderilleada y picada por los fanáticos de las banderas únicas. Y les recuerdo que, con un verso impresionante, España, en aquel soneto, da este aviso a los nacionalistas: “Como el toro me crezco en el castigo.”
[Publicado a principios de 2006 en Alba]

jueves, 11 de octubre de 2007

Lo que falta

De un día para otro se dio cuenta de que su prosa no fluía. Leyó más, lo planificó todo mejor, fatigó borradores, cuidó cada coma, y seguía sin fluir. Sus amigos más perspicaces empezaron a notarlo y él notaba que lo notaban. Se obsesionó con un poema de d’Ors que habla de una hoguera apagándose. Yo le habría aconsejado que no se torturase, que en su mano no estaba devolver a sus escritos el calor y la música. Como soy el autor omnisciente de este microrrelato, no ignoro lo que ocurre. En un rincón un hombre anónimo ha dejado de leerle, no necesariamente por aburrimiento o disgusto, quizá por causas más circunstanciales, como defunción o traslado de localidad. Ni ese lector humilde, que bien podría ser lectora, ni él lo saben, pero la gracia alada de su prosa no era suya. Manaba de la mirada generosa que ahora falta, se pasaba a su prosa, contagiaba a sus perspicaces amigos, llegaba hasta algún crítico...

miércoles, 10 de octubre de 2007

Tenue elogio de la tristeza

Hasta Nehemías, cuya fuerza era la alegría de Dios, pasó por el trance de la tristeza: “En el mes de Nisán, el año veinte del rey Artajerjes, siendo yo encargado del vino, tomé vino y se lo ofrecí al rey. Anteriormente nunca había estado triste. Me dijo, pues, el rey: ‘¿Por qué ese semblante tan triste? Tú, enfermo no estás. ¿Acaso tienes alguna preocupación en el corazón?’ Yo quedé muy turbado, y dije al rey: ‘¡Viva por siempre el rey! ¿Cómo no ha de estar triste mi semblante, cuando la ciudad donde están las tumbas de mis padres está en ruinas, y sus puertas devoradas por el fuego?’” O sea, que la misma Biblia bendice, mutatis mutandis, el dolor de España, de tanta raigambre literaria. Y de tan rabiosa actualidad.

Por otra parte, la vida privada, fecunda en felicidades, también pega sus zarpazos en cuanto te descuidas. Entre anuncios de televisión, cojines, almohadones y promesas electorales, se nos olvida que la realidad presenta aristas cortantes. Olvidarlo es una pena (otra), porque los disgustos nos cogen por sorpresa. Más prudente sería preguntarse con frecuencia lo que el poeta Eduardo García: “¿Cómo reconciliarse con el mundo/ si es tan necio, veleta, tarambana,/ que es capaz de albergar al mismo tiempo/ el Taj Mahal, los campos de exterminio,/ la mezquindad, tu risa, la traición,/ los libros, la ignorancia, un cuerpo que fascina,/ el carbón y la sal, los muros y el espacio,/ el cáncer y las playas tropicales?”

Ante el dolor y el mal, el corazón nos pide embestir, lanza en ristre, contra los gigantes. Gigantes o molinos, que a saber… Lo malo es luego, molido, cuando no queda otro remedio que ser más cervantino que quijotesco, y asumir que la tristeza es la única manera de enfrentarse a ciertas cosas.

Pero entonces la tristeza es de justicia y nos afina y nos une a los otros y hay que llevarla en alto. Aunque sin olvidar aquella honda verdad de la que nos hablaba Claudio Rodríguez: “Déjame que te hable, en esta hora/ de dolor, con alegres/ palabras: Ya se sabe/ que el escorpión, la sanguijuela, el piojo,/ curan a veces: Pero tú oye, déjame/ decirte que, a pesar/ de tanta vida deplorable, sí,/ a pesar, y aún ahora/ que estamos en derrota, nunca en doma,/ el dolor es la nube,/ la alegría, el espacio;/ el dolor es el huésped,/ la alegría, la casa./ Que el dolor es la miel,/ símbolo de la muerte, y la alegría/ es agria, seca, nueva,/ lo único que tiene/ verdadero sentido./ Déjame que,/ con vieja sabiduría, diga:/ a pesar, a pesar/ de todos los pesares/ y aunque sea muy dolorosa, y aunque/ sea a veces inmunda, siempre, siempre/ la más honda verdad es la alegría”.

lunes, 8 de octubre de 2007

Una feliz desilusión

Pues resulta que aquel cuento que premiamos hace dos cursos y que tanto nos gustó (a mí, al resto del jurado y a ustedes mismos, lectores de este blogg) era un plagio como la copia de un pino. Ayer por la noche me lo encontré de cuento presente, presentado como historia popular, en el libro Francisco Fernández-Carvajal sobre [contra] la tibieza.

Y uno, en un segundo momento, se alegró mucho, porque la autora no me saludaba por los pasillos, me huía por el IES. Yo, que me quejé con mis compañeros y lo comenté en alguna cena de amigos, lo achacaba a que a nuestra juventud le avergüenza la excelencia y el talento, y que prefiere perderse en el magma de la mediocridad. Anoche descubrí que no. A la violinista le escocía la conciencia, lo que es una noticia prometedora.

Mi duda es si trincarla, antes de que se me escabulla, como suele, por las esquinas y explicarle que uno ha aPLAudido alguna vez comPLAcido el PLAgio, que la expresión sí era suya y estaba muy bien y que, en cualquier caso, la mala conciencia es un timbre de honor. No creo que lo haga, entre otras cosas, porque, ya digo, no hay quien la trinque por los pasillos.

domingo, 7 de octubre de 2007

Línea y literatura

La literatura no da para comer, pero no se para. Lo bueno de comer bien y tanto es que te permite oír hablar de Gamoneda sin atragantarte demasiado, en una amable modorra. Todo fluye a la orilla de un vino sardo. Y a la mañana siguiente se levanta uno sensible hacia los Special K que tiene mi suegra en su cocina. He leído con Special Kuriosidad la caja y he dado, cómo no, en los significativos resquicios que dejan las traducciones. En concreto, veo que los señores de Kellogg’s consideran a los españoles bastante vanidosos [“Presume de tu línea este verano”] mientras que destacan en los portugueses su motivación de logro [“Alcance a sua linha este verâo”]. No sé cuánta razón tendrán los cerealistas, porque hace decenios que ni presumo de línea ni la alcanzo. Y no es extraño, con tanto amor por la literatura...

viernes, 5 de octubre de 2007

Seguridades chestertonianas

Siempre brillante y siempre confundido, Ignacio le atiza este aforismo a Chesterton: Mi desacuerdo con Chesterton se puede resumir en que estoy seguro de que tendría problemas para condenar a ETA.

Efectivamente, como luego explica Ignacio en los comentarios, Gilberto creía en las patrias y creía en el deber de defenderlas y además tenía predilección por las pequeñajas y oprimidas, como Irlanda. Ignacio, en cambio, no cree en las patrias por lo mismo que piensa que para acabar con la rabia lo mejor es terminar con los perros. Ésta es su idea fuerza porque también quiere acabar con el fanatismo arrasando las religiones. Que Ignacio piense esto, mientras no se ponga manos a la obra, me parece bien y anima mucho las discusiones blogueras.

Lo que sí me importa es añadir que estoy seguro de que Chesterton no tendría ningún problema en condenar el terrorismo de ETA. Primero, por sus métodos, nada gallardos ni medievales, muy poco heroicos. Segundo, porque los pequeños y oprimidos en las Vascongadas son otros. Y tercero, porque quien ama las patrias (también las de los demás) prefiere las auténticas a las falsas. Chesterton era un forofo de la historia y no le hubiese pasado desapercibido el débil fundamento del fundamentalismo vasco.

Otra cosa es que los particularismos le hacía una gracia particular. Pero a él se la hubiera hecho no tanto el de los vascos y las vascas, como el particularismo de cada pueblo, el de cada barrio y, sobre todo, el de cada caserío. Los patriotismos de Chesterton se confundían, al final, con su pasión por el matrimonio y la casa propia. El fervor por Notting Hill fue una megalomanía de juventud, prácticamente un imperialismo.

Lo que sí habría hecho el gordo es excusar a aquellos que, creyendo que su patria está invadida, se revuelven como gatos. No sé qué pensará Ignacio de la Guerra de Independencia, pero yo estoy encantado con que nos sacudiéramos a los franchutes. Y para que nadie me acuse de francofobia, reconozco mi tierna devoción por Juana de Arco, que zumbó de lo lindo a mis admirados ingleses. Como el patriotismo tiene derecho a la legítima defensa, lo prudente sería que nadie envenenara a los niños vascos, ni catalanes, ni andaluces con patrias ficción. Por eso, como siempre cuando hablo del problema vasco, acabo con la educación, que es la clave. Y en mi Jon Juaristi, bien en prosa, bien en verso:

.....................SPOON RIVER, EUSKADI

¿Te preguntas, viajero, por qué hemos muerto jóvenes,
y por qué hemos matado tan estúpidamente?
Nuestros padres mintieron: eso es todo.

jueves, 4 de octubre de 2007

¡Adiós, patinadora!

Al fin caí en por qué me gustan tanto. Las patinadoras son la imagen exacta de la juventud: parecen mucho más altas, casi altivas, y pasan, pasan rápido, suavemente deslizándose.

miércoles, 3 de octubre de 2007

Autoridad

No sé por qué nos referimos sistemáticamente a la escuela cuando se habla de crisis de autoridad. Toda España la sufre, y la escuela sólo es un reflejo, bastante mitigado. Empecemos aclarando el concepto de autoridad, que para muchos son los policías. Y no: ellos son los agentes de la autoridad o, mejor dicho, de la potestad.

Paralela a la potestad, que es el ejercicio del poder público, la autoridad es el saber reconocido, la capacidad creativa —autoridad viene de autor—, el prestigio personal y profesional, la integridad moral y el liderazgo auténtico que se hacen respetar por sí mismos. Aunque suene a paradoja, un componente fundamental de la autoridad es la obediencia. Obediencia a la verdad, a la justicia, a todo lo superior, en suma. Ése era el sentido del lema “por la gracia de Dios” de la monarquía: no tanto fardar de un privilegio como asumir la sumisión de la que emanaba su autoridad.

En el sistema actual, la autoridad de los gobernantes debe nacer de su obediencia al imperio de la ley. Si el presidente del Gobierno, los ministros, el Fiscal General no terminan de guardar ni de hacer guardar la Constitución, como juraron o prometieron, se desautorizan y la potestad se va quedando coja. Los radicales, entonces, se crecen: amenazan con “pim-pam” y Pumpido se esconde; cualquier municipio se salta la ley de banderas; o unos tipos queman retratos del Rey —riéndose, de paso, del Código Penal— y aquí no pasa nada, humo, cenizas, aire.

En cambio, a los ciudadanos de a pie se nos aplican las normas al pie de la letra. La cosa mosquea, porque la ley parece una telaraña que atrapa a los pequeños, pero que se quiebra y deja escapar a los animales más gordos. Lo más grave, con todo, es el desprestigio acelerado de las instituciones. Una democracia desautorizada se descompone en luchas de poder y demagogia.

Un síntoma de esta demagogia es el protagonismo que se da a la palabrería para la resolución de los problemas reales que plantean los incumplimientos descarados de la ley. Con los asesinos de ETA se dialoga; a los que incumplen la ley de banderas hay que convencerlos; Ibarreche, tras su órdago constitucional… va a oír a Zapatero, etc. ¿No sería más sencillo aplicar la ley sin tantos sofisticados sofismas ni zalameras soflamas?

Piénsese también en Educación para la Ciudadanía. En vez de clases magistrales y curiosos temarios, los políticos tendrían que dar el ejemplo cívico de un estricto ejercicio de sus funciones. Sería más pedagógico. Con lo que ven los alumnos, pobrecillos, bastante buenos son. Ni queman retratos invertidos de los directores ni exigen, a cambio de dejar de patear al profesor, un aprobado general en matemáticas. Al menos por ahora.
[Joly]

martes, 2 de octubre de 2007

Bloggsesión

Esta noche he soñado que ardía del todo nuestra casa nueva, que es vieja, pero reformada o, mejor dicho, reformándose... Aunque una ventaja de la inmóvil mudanza, ahora que caigo, es que las llamas no nos cogieron dentro. Ni las llamas, ni la Navidad, a este paso. A lo que iba es que en el sueño, cuando estoy hablando con los bomberos por el móvil, todo muy vívido y dramático, y me están detallando el desastre, voy y pienso: “Huy, con este lío mañana no voy a poder escribir nada en el blogg”.

lunes, 1 de octubre de 2007

Ring, ring

Sonó el timbre otra vez. Esta vez eran Silvia y Teresita, dos niñas de siete u ocho años, de la urbanización, que vienen de vez en cuando (como otras niñas de la urbanización) a visitar a Carbón y a Pukka. Bajé los dos pisos del adosado, otra vez, para abrirles la puerta.

—¿Y Leonor? —preguntaron nada más entrar, mientras se abalanzaban sobre los resignados Pukka y Carbón.
—Este fin de semana no está. Ha ido a Madrid…
—Uy, pobre, te ha dejado solito… —se condolió Silvia muy sinceramente.
—¿Y la cuidadora? — terció Teresa, más práctica.

Como a mí quien me cuida es Leonor, iba a repetirle, por si sorda, que ¡este fin de semana no está, que se ha ido a Madrid! Justo a tiempo recordé que en una boda nos tocaron en la mesa unos que se la pasaron hablando de cuidadoras, de sus virtudes y defectos por nacionalidades. Ah, me dije, cuidadora es el nombre chic de lo que toda la vida fue tata, cuando era mayor, o muchacha, cuando era muchacha…

—¿Te refieres a Ángeles, la chica que viene a limpiar?
—Sí, ésa, tu cuidadora, ¿tampoco está?
—No, viene entre semana.
—Pobre —insistía Silvia, meneando la cabeza mientras retorcía las orejas de Pukka.

No sé si era solo solidaridad infantil, que pensaban ellas que necesito también una cuidadora; o ya caridad femenina, ese peligro, porque van descubriendo que no es nada bueno que el hombre esté solo. Sé que subí otra vez los dos pisos hacia mi buhardilla con el corazón en un puño, y no eran taquicardias de tantas escaleras.

sábado, 29 de septiembre de 2007

Gillette Match 3 Power

"Una cuchilla de tres bandas, con filamentos cruzados que vibran gracias a su sistema match 3 turbo, que antes de cortar el pelo lo va levantando, así consigues un afeitado bastante apurado". El barbero del rey de Suecia lee esta publicidad con envidia, pues él usa la navaja de toda la vida, afilada a la piedra, que no deja ni soñando ese apurado de la Gillette. Ya se quedó el hombre bastante amoscado con el aviso de Neuman de que "todo resumen es una exageración", pero ahora mismo, cuando devolvía El equilibrista a la estantería, ha leído:
No hay arte sin piedad.
Y le he entrado piedad de sí mismo, porque se le escapan las mejores. Como hace días, que después de haber hablado muchas veces de los Diarios de Bloy, vino la segunda cuchilla del afilado Dal, en otra entrada, y dejó en el último comentario una inestimable cita del mismísimo libro.

viernes, 28 de septiembre de 2007

Le mot juste

—¿Qué tal el comienzo de curso, Fernando? —Fernando es el carpintero-mantenedor del Instituto.
—Mucho trabajo, Máiquel [sic], mucho: esto es no parar.
—Bueno, y que no falte…
—Sí, que no falte, pero tampoco hay que masacrarse…
Es admirable: ¡Inteligencia, dame el nombre exacto de las cosas! No es "cansarse", ni tan siquiera "machacarse", sino "masacrarse".

El trabajo, esa masacre.

jueves, 27 de septiembre de 2007

Unos segundos de publicidad

Hay quien dice —yo, sin ir más lejos— que lo mejor con diferencia de la televisión son los anuncios. Como todo me sale en la nariz, lo mismo en este blogg, porque miren qué libros en Los Papeles del Sitio. Y si los leen, ya ni les cuento. [Los prólogos, eso sí, pueden saltárselos, menos el de Juan Arana, claro.]

miércoles, 26 de septiembre de 2007

Dios es

A una prudente distancia los nuevos laicos, éstos que hablan constantemente de Dios, nos traen al recuerdo los versos de Mario Quintana: “En este mundo de prodigios/ y de la magia de Dios lleno/ lo más sobrenatural que existe/ son los ateos”. Lo malo es si te acercas, lees sus libros o te cuentan de sus repetidas exposiciones contra Jesucristo y la Iglesia. ¿Cómo es posible, se preguntaba san Agustín, que la persona más amada de la humanidad sea un crucificado? ¿Cómo es posible, me pregunto yo, que sigan crucificando —simbólicamente, que es como pueden— a la persona más amada del mundo? Por ahora las últimas exposiciones han sido Dios(es). Modos de empleo, en Madrid, y otra de fotografías directamente pornográficas en Ibiza.

En la de Madrid se equipara a Teresa de Calcuta con Jomeini, se dice que las religiones politeístas son pacíficas (véanse las Guerras Médicas o los sacrificios humanos aztecas, por ejemplo) mientras que las monoteístas son violentísimas, y, para salvar la contradicción de que no hayan existido regímenes más sanguinarios que los muy laicos de los comunistas o el nazi, se los califica de "religiones ateas". Todo muy sesudo y riguroso, como ven.

¿Qué les mueve? Para empezar por lo más tonto, los intelectuales y los artistas han encontrado un chollo publicitario en los escándalos. Ya que no logran levantar entusiasmos, lo compensan provocando rechazos. Algunos no ignoran que lejos de la trascendencia no puede hacerse un arte hondo, pero quieren ser los más materialistas, desde luego. La manera de conjugar lo uno con lo otro es acercarse a lo sagrado… para criticarlo.

Otros protagonistas son los paganos, esto es, los políticos que pagan —con nuestro dinero— porque así ellos quedan como muy modernos y tolerantes y tal. Y porque se revuelven, quizá inconscientemente, contra un límite a su poder: Jesucristo es la última instancia de juicio moral sobre las actuaciones de los grandes del mundo. A lo que hay que unir que un pueblo sin fe resultaría mucho más maleable. No hay que ser un lince para encontrar ciertas conexiones entre estos eventos, el interés por imponer la Educación para la Ciudadanía y tantas proclamas de confesionalidad laicista que se lanzan al viento.

Sin embargo, casi dan lástima o caridad. Si, como creemos, Él es el que es, Dios es (sin paréntesis que valgan, por más que los pongan); y la Iglesia tiene dos mil años (y los que te rondaré, morena); y a mí, aquí me tienen (disfrutando). Gracias a Dios(es). Modos de empleo, hoy he podido dedicar esta columna de actualidad a la persona más amada de la humanidad y hasta me sobra una línea para recomendarles el último libro de Benedicto XVI, Jesús de Nazaret. Es espléndido.
[Joly]

martes, 25 de septiembre de 2007

El barbero equilibrista

El otro día abominaba de los sonetos del extraño Neuman. Extraño, porque a pesar de los sus sonetos sabe lo que se trae entre manos, como demuestra de sobra en El equilibrista. El barbero, para no ser menos equilibrista, se sube al cable de una cal y una de arena y os ofrece ahora los mejores aforismos del libro, con aplauso en off, para que me perdonen la crítica a los sonetos. El último parece especialmente escrito para el barbero, ¿no?

Mirar es una antología
*
Si no aceptamos nuestros demonios, sólo podremos aspirar a ser pésimas buenas personas.
*
También nos enamoran las ideas.
*
Nadie se toma en serio al que lo admira demasiado.

*

Conviene burlarse un poco de casi todo, y mucho de casi nada.
*

Procurar no hacer daño a nadie. Pero dar la impresión de ser muy capaz de hacerlo.
*
Noticia trágica: el sentido del humor tampoco nos hace invulnerables.
*
Amar es una obra de arte.
*
No ser vulgar cuesta trabajo. Más que una naturaleza, la vulgaridad es una renuncia.
*
Sin moral no hay mirada. Hay, como mucho, testificación.
*
Alguien casi genial es un idiota.
*
Epígonos, epígonos. Qué modernos seréis.
*
La corrección es el segundo turno del talento.
*
Uno no lee poemas: se entiende con ellos.
*
“Pellízcame para saber si es cierto”: ese pellizco vendría a ser, exactamente, la poesía.
*
Sólo me interesan las prosas extremas: la grácil o la grávida, la que vuela o la que excava.
*
Escribid mal y os llamaran rupturistas.
*
Todo resumen es una exageración.

lunes, 24 de septiembre de 2007

Se non è vera, è ben trovata

Lo mejor para todos sería que nada de lo que cuenta Gara sobre la negociación fuese cierto. Reconozcamos, no obstante, que la Guardia Civil, incluso en Gara, queda estupendamente. Sobre ella, los enviados de Zapatero, cuando los terroristas les exigían que cumplieran con el compromiso de rebajar la presión policial, contestaban: "Ésos sólo obedecen al duque de Ahumada".

Uno hablaría de buena gana del honor es su divisa, pero ya sabemos que hay épocas que no están para épicas y cómo se ríen del honor los que ni idea. Lo dejaremos, pues, en que ahora me duelen mucho menos los puntos del carnet que me quitaron este verano. Así, en tono irónico, el único que permiten estos tiempos, pero con una emoción muy honda y antigua.

domingo, 23 de septiembre de 2007

Un cumplido consuelo

En la playa de Zahara, por donde paseo desocupado, los pescadores observan fijamente las olas, llevando una pequeña red entre las manos y —entre los dientes— un cabo. Procuran atrapar a unos curiosos peces, los buceles, que se acercan demasiado a la playa. De pronto, algún pescador lanza la red como un frisbee, como si en una foto del National Geographic. Normalmente no hay suerte y la recoge con el cabo y vuelve a escrutar las olas, como si nada. Yo miro a los pescadores mirar la orilla muy quietos, con una atención intensa, y pienso con envidia que si lograse observar el mundo así sería un gran poeta.

Pero enseguida me distraigo, y me echo a leer. Como a propósito, Rafael Cadenas, en el primer poema de su primer libro, Una isla, recogido en Obra entera (Pre-Textos, 2007), me ofrece estas palabras consoladoras y sin embargo ciertas:
SI EL POEMA no nace, pero es real tu vida,
eres su encarnación.
Habitas
en su sombra inconquistable.
Te acompaña
un diamante incumplido.

sábado, 22 de septiembre de 2007

Estoy aquí

Con toda toda mi familia política.

No es excusa

La falta
de ortografía era perfecta.
El orador dubitativo coje
la palabra, no coge, que la coje-
a cojeando
de frase en frase en frase,
torpezando hasta el punto
final, redondo y aliviado del aplauso.

viernes, 21 de septiembre de 2007

La pícara molinera

Ayer, presentación en Arcos de La molinera de ídem, de Alejandro Casona. El editor fue Feu, y fuimos de fiel infantería o clac. La política de Arcos la hemos seguido bastante, porque nuestro amigo Pedro Sevilla fue cabeza de lista de IU en la anterior legislatura y porque hubo un conflicto con la central de ciclo combinado de Iberdrola, que cuando gobernaba el PP no quería el PSOE, con manifestaciones populares y eso, y ahora que gobierna el PSOE sí que quieren. Como lo de la OTAN, pero en versión municipal y expresa. ¿A lo que íbamos, dirán ustedes, no era a la presentación de un libro? Ay, este Máiquez mezclando la política con la aséptica literapura, ay. Pero es que --me defiendo-- si no os pongo en antecedentes no entenderéis lo que pasó. Que allí estábamos cuando coge la palabra el director de la central de ciclo combinado de Iberdrola y se justifica por el mecenazgo perpetrando este comentario a todas luces poco brillante: "Iberdrola quiere así devolver al pueblo algo al menos de lo que le quita".

Ahora lo normal sería poner "[sic]", pero allí no hizo falta porque la que se sentaba justo detrás de mí, una chica de unos cincuenta desarrapadamente ecologista, con un ojo semi cerrado, pensé yo respetuosamente que por minusvalía, aunque en vista de lo que pasó después no hay que descartar un sopapo previo en algún otro acto, ésa, digo, cuando el Iberdrolo dijo aquéllo, replicó: "ejem, ejém", fuerte, fuerte. No digo yo que no se lo hubiesen puesto a güevo, no. Lo malo es que todos, en la mesa, se volvieron hacia al ruido, la alcaldesa, el concejal de cultura, la profesora de la UCA, los de la primera fila. Y allí lo que se encontraron fue naturalmente mi cara de pan. Lo que me faltaba.

Que yo recuerde, nunca he tenido unas tentaciones mayores de ser un acusica, de protestar: "yo no he hecho" como mis alumnos, y de señalar con un índice temblón a la susodicha carraspeante. La muy pícara estaba tras mis anchas espaldas, con la cabeza en la mano, cual grave pensador de Rodin. Callé como un caballero.

jueves, 20 de septiembre de 2007

Misterio

En el paso de cebra del cementerio, cebro el paso a una señora que salía con un precioso ramo de flores blancas. Un momento —pienso— que sale del cementerio con un ramo de flores... ¿No debería estar entrando, o saliendo, sí, pero sin las flores? Y se sonreía. Y yo me preguntaba si las habría birlado, quizá para una cita, aunque era mayor, o para el hospital, para una hermana. O tal vez las llevó a su difunto marido, y una vez allí, delante de la lápida, pensó que no las merecía de ninguna manera y se las traía, traviesa, al jarrón del saloncito. O quizá sintió que mejor que entre cipreses las dejaba a la Virgen de los Milagros, que así le aprovecharían más a su esposo, que le fue muy devoto... Ya había pasado ella con mucho el paso de cebra y seguía calle abajo con su ramo de flores blancas, tan contenta. El de atrás me pitó un poco y tuve que marcharme acelerando carretera adelante, con mi ramillete de dudas, intrigado.

miércoles, 19 de septiembre de 2007

Champaña electoral

El primero en descorchar, pum, la botella fue Zapatero con el cheque-bebé: burbujas, sonrisas y chin-chin. Los ministros se han apuntado rápido a la fiesta: pisos pa tós, dentistas, convites a los nacionalistas, ayudas al alquiler y vámonos que nos vamos…

Qué alegría; pero Solbes, sobrio, avisa que esto hay que pagarlo. Su gesto, sin embargo, no impone demasiado. Recuerda más bien al del gordito que no se integra, que no sabe bailar y que está deseando que se acabe la charanga para irse a dormir a casa.

Lo fácil sería unirse al jolgorio general, como ha hecho Ryanair con su anuncio, pero mejor tomárselo en serio siquiera sea por respeto a las ilusiones que se despiertan. A mí no me costará mucho: más que el champagne me gusta el buen vino, el de al pan, pan y al vino, vino.

Hoy por hoy, la democracia es indiscutible; pero no inmejorable. Junto a las amenazas externas —el fundamentalismo islámico, fundamentalmente— están las internas, más graves aún, porque las civilizaciones se pudren primero por dentro. La peor es la extensión de los límites del sufragio: ¿hasta qué punto los derechos humanos y los principios fundamentales deben someterse a los vaivenes de unas mayorías momentáneas? Otra amenaza es la presión excesiva de los partidos sobre la división de poderes. Y otra, la que nos ocupa: las promesas populistas y el tobogán del todo vale.

Un crítico argumentaba que el sistema democrático no puede funcionar porque es como una escuela en la que se preguntase a los alumnos si prefieren matemáticas o recreo. Los políticos que se lanzan en periodo preelectoral a prometer el oro y el moro comparten, no nos engañemos, ese concepto de la democracia. Están convencidos de que todos votaremos siempre por el recreo, por el oro y por el moro.

Por fortuna, la historia desmiente en algunas ocasiones trascendentales esa visión en apariencia festiva y en el fondo amargamente pesimista. Winston Churchill ganó sus elecciones ofreciendo sangre, sudor y lágrimas, nada menos.

Claro que cada pueblo tiene el gobierno que se merece: ésa es la grandeza de la democracia y a menudo su miseria. Habrá tiempo de aquí a las elecciones de marzo para ver cómo va reaccionando la gente ante tantas promesas espumosas. Después es muy probable que se vuelva a repetir el viejo chiste de Juan Bonilla de que para los políticos lo prometido es duda. Pero incluso poniéndonos más ingenuos y menos ingeniosos, aunque cumpliesen, lo prometido seguiría siendo deuda. Deuda pública, en concreto. Así que un poco de compostura, señores, no se les suban las burbujas a la cabeza. Hagan caso del gordito Solbes, que no es del PP. Si bebes, no conduzcas (tampoco pueblos).

[Joly]

martes, 18 de septiembre de 2007

Para mayores, con reparos

A Josep Pla le gustaba mucho el Conde de Chesterfield. Citaba a menudo su famosa frase, como aquí:

En las cartas de Chesterfield a su hijo —que son consideradas un documento clásico de la literatura inglesa— se escuentra este consejo o, si se prefiere, esta reflexión sobre el acto carnal:
The pleasure is momentary. The cost is exorbitant. The position is ridiculous.’
Eso está muy bien, no puede estar mejor observado… pero ¿qué remedio?

Como digo, la citaba a menudo, y la citaba fatal. Lo que escribió Lord Chesterfield en realidad fue: “The pleasure is momentary, the position ridiculous, and the expense damnable”. Objetarán ustedes que no hay cambios sutanciales, pero yo creo que de los cambios que hay pueden extraerse con facilidad al menos tres sustanciosas conclusiones:

1- Para el catalán el cost es más importante que la position, que el circunspecto conde ponderaba antes.
2- Siguiendo con lo mismo, no es igual “exorbitant” que “damnable”, ni mucho menos.
y 3- Finalmente, centrándonos sólo en el estilo, nótese hasta donde llega el amor a los puntos y seguido de Pla.

domingo, 16 de septiembre de 2007

Sonetos del extraño

Este libro de sonetos* con Andrés Neuman en el papel del extraño comienza con una cita de Alberti en el papel de "Harold Lloyd, estudiante" de Yo era un tonto y lo que he visto me ha hecho dos tontos: “Aunque la policía ignore que un soneto / consta de dos cuartetos / y dos tercetos”. La cita resulta muy esclarecedora porque eso es lo que no ignora Neuman, del que, para que vean que no es nada personal, recomiendo encarecidamente sus aforismos**. Volviendo, ay, a los sonetos, el barbero nos asegura que al menos podemos perder “el miedo a que el placer nos deje bizcos”, por usar la expresión de un su endecasílabo (p. 19) que sirve para rimar muy bien con “mordiscos”. Puestos a hacer una generosa selección, quedémonos con el último verso del poemario, donde, tras reconocer —a buenas horas, mangas verdes— que no está para sonetos y que se despide —nunca es tarde— porque “la palabra reclama nuevos cuerpos” —y tanto—, asevera sobre los del Bardo:
Los de Shakespeare me dejan aún perplejo.
Y a mí, los de Shakespeare***.

* Sonetos del extraño, Andrés Neuman, Editorial
Cuadernos del Vigía, Granada, 2007
** El equilibrista, Andrés Neuman, El Acantilado,
Barcelona, 2005

***Sonetos, William Shakespeare, versión de Carlos Pujol, La Veleta, Granada, 1990

sábado, 15 de septiembre de 2007

No te fíes

Lo mejor de la entrada de ayer fueron los comentarios. Los más jóvenes se llevaban las manos a la cabeza: "hala, lo que has dicho" o "tu señora te va a abroncar". Los más... de mi edad reconocían el guiño sentimental del método. Yo estoy, qué remedio, con los más... de mi edad. Cuando uno se adentra —por decirlo de algún modo— en el matrimonio, hay que armarse de un romanticismo de tercera generación, humorista y correoso. En concreto, a mí, de la entrada de ayer me preocupaba lo contrario: dar una imagen de marido envidiable, como que aparca siempre muy bien y encima sonriendo. No tanto por vosotros, que a fin de cuentas no está mal que recibáis de vez en cuando entre tanta televisión algún ejemplo moralizante, sino por mi mujer, que palpa la diferencia día a día. Para defendernos de las naturales protestas de las musas conyugales escribió Abel Feu uno de sus antídotos más dichosos. Romanticismo ya de cuarta generación.

..........NO TE FÍES

.....Te quejas a menudo —y te pones
bastante pesadita, dicho sea
de paso, no te ofendas— porque dices
que mis versos te quieren más que yo.

.....Bueno, bueno. Podría replicarte, pero, ¡huy!,
te conozco de sobra, no me oírias,
así que bueno, vale, O. K., d'accord.
Y no es por defenderme, pero, vaya,
al menos, digo yo, si estás de acuerdo,
podríamos discutirlo, ¿te parece?

.....Porque, vamos, ¿qué hacen ellos por ti?,
eso, ¿qué hacen? ¿Te acompañan? ¿Van
contigo al cine, de paseo? ¿En bici?
¿Te escuchan cuando estás que bla, bla, bla?
¿Te llaman, cada día —repitopitopito:
cada día (que menuda factura)—
por teléfono? ¿En?

.....Ten cuidado, so ilusa. No te fíes
ni un verso. Mira que ellos
—después no vengas con que no te aviso—,
ellos te quieren, sólo, de palabra.

[Abel Feu, Feu de erratas, Renacimiento,
Sevilla, 1997, pp 58-59]

viernes, 14 de septiembre de 2007

El método

No importa si Leonor no me dijo dónde aparcó ayer. Salgo a la calle, me pongo en la línea de los coches y miro a derecha y a izquierda: hay uno que sobresale mucho más que el resto. Es ése.

jueves, 13 de septiembre de 2007

Ya se van las oscuras golondrinas

Tengo debilidad por Mario Quintana, que acierta hasta equivocándose. Hablando en una entrevista de sus influencias literarias, cuenta cómo su madre, educada en Uruguay, le recitaba poesía española, especialmente de Espronceda y Bécquer. Entonces se pone estupendo y declama: “¡Ya se van las oscuras golondrinas!” Ea.

Y sin embargo este neoverso pseudobecqueriano me viene mucho mejor que el auténtico, con su melancolía complejísima mezclando memoria y deseo. JRJ copió el bueno con aquello de “y se quedarán / los pájaros cantando”, y Eliot confluyó con “April is the cruellest month” cuyo eco recogió, a su vez, Miguel d’Ors en “Pero no por abril”, etc. A mí, con todo, me viene mejor el de Quintana, pues ya se van, simplemente, las oscuras golondrinas.

La semana pasada fui a pescar con mi padre, Abel Feu y sus niñas. No pescamos nada, ni un resfriado siquiera, porque el día era bochornoso. De pronto, en vuelo rasante sobre las aguas, vi pasar una golondrina en dirección sur, muy seria, sin entretenerse como suelen en arabescos aéreos, sino en línea recta, como una flecha, atravesando nuestro aburrimiento. Luego, pasó una bandada de treinta o cuarenta. Estaban yéndose.

Tengo un amor constante más allá de las estaciones, así que no me puse a lamentar lo que se encontrarán cuando vuelvan, que —D.m— me lo imagino y me encanta. Pero soy profesor y no me dio buena espina que se fueran ya, tan pronto. Y además, aunque es la misma vocación, tienen distintas alturas de vuelo, y a don Enrique Monasterio le gustan los vencejos, pero a mí ellas y mucho, las golondrinas, con su vuelo en volutas, su pases rasantes, su baberito rojo y también con su canto. Y se van, se van las oscuras golondrinas.

miércoles, 12 de septiembre de 2007

En la duda saluda

El título de este artículo es un refrán mío particular que ofrezco al respetable en vista de la falta que nos hace. Por la calle, algunos ponen cara de velocidad, gesto adusto y córneas esquinadas, sin ganas de perder un segundo en decir hola, dándose aires de gran metrópoli, cuando aquí lo que sopla es el levante.

Ahórrense ustedes el esfuerzo de tratar de resolver el misterio de qué pasa por la mente del que no saluda. Nada: no pasa más que esa línea recta que los médicos identifican con el encefalograma plano. Porque, a ver, ¿cuesta dinero saludar? Parecería que sí, teniendo en cuenta que los muy hoscos son los más tiesos (en todos los sentidos). Pero no: saludar es gratis, de verdad. También es posible que se intenten prevenir —sobre todo a partir de cierta edad— las arrugas gestuales. Que se remedian con sencillez sustituyendo la sonrisa por una noble inclinación de cabeza o un levantar leve la mano. Habrá quien piense, me temo, que lo elegante es no saludar; pero que se fije en su Majestad el Rey, lo bien que lo hace. O quizá es que no quieran dar pie a una amistad íntima con el vecino. Se conoce que no han leído tampoco al indispensable Pla, que dejó sentado que hay amigos, conocidos y saludados: uno puede cumplir perfectamente con la tercera categoría sin tener por ello que pasar a mayores.

Quienes no saludan tienen una confianza ciega en su memoria. Justo la misma que los tontos en su inteligencia: oigo “Yo no soy tonto” y me echo a temblar. “No recuerdo que nos hayan presentado”, zanjan estos selectos memoriosos. ¿No? ¿Seguro, seguro? Además, ¿dónde está escrito que para saludar a alguien tengamos que haber sido presentados? Basta llevar cruzándonos por el barrio veinte años sin solución de continuidad, digo yo.

Dejemos aparte, pues, los motivos: todos acaban dando de plano en el encefalograma. Y es que, antes o después, ellos acabarán coincidiendo con el no saludado en una cola de la compra y les faltarán cincuenta céntimos o se les pinchará el coche o simplemente los sentarán juntos en la cena de una boda, y qué bochorno innecesario.

Siendo posible que quien se cruce con nosotros sea vergonzoso, o miope, o padezca astigmatismo snobicus, o al revés y tenga la vista cansada de tantas veces como le dejaron colgado un buenas, lo mejor es saludar sin dudar, enseguida, el primero. Nuestra solícita amabilidad será muy bienvenida (o dejará en evidencia al vaina, que también tiene su gracia). Seguir mi consejo implica el riesgo de saludar con entusiasmo a un total desconocido. No importa. Puede ser el comienzo —lo digo por experiencia— de una hermosa amistad.
[Joly]

lunes, 10 de septiembre de 2007

A un humanista entristecido

Recuerda: Leonardo se ganaba
la vida actualizando para el Moro
Ludovico retruécanos romanos.


Aunque de madrugada retocase,
con celo inmarcesible, las sublimes
tablas que le encargase su pasión.

[José Antonio Bablé, Presente anterior, Pre-Textos, Valencia, 2007]

domingo, 9 de septiembre de 2007

Ah, bueno

Pues resulta que la zeta de Letizia no era una originalidad de la prinzeza, con lo que yo me he reído. Borges dedica el poema “La noche que en el sur lo velaron” a Letizia [zic] Álvarez de Toledo. Y hombre, si lo dice Borges, pues se lo perdono a la de Asturias.

sábado, 8 de septiembre de 2007

La frente / coronada de un castillo

Aprovechando que la Virgen de los Milagros / es una Virgen guerrera y que la actualidad me empuja hasta las últimas consecuencias, voy a dedicar este ocho de septiembre a -entre otras cosas- reflexionar sobre una frase de Nicolás Gómez Dávila. La frase trae a la memoria otra de Cioran, sólo que Gómez Dávila tiene para mí, además, la autoridad de las afinidades. El aforismo:
Si el reaccionario no despierta en el conservador, se trataba sólo de un progresista paralizado.
Y ahora lo dicho: a reflexionar.

viernes, 7 de septiembre de 2007

Cuatro bodas y un funeral

Ana Liniers, amiga de Leonor y mía, perspicaz psicóloga, fue la descubridora del atasco del novio en las bodas cuando le tocaba decir “fidelidad” en “recibe este anillo como prueba de mi amor y de mi felicidad o fifelidad o facilidad o fififidad…”. En nuestra boda me felicitó porque lo había dicho claro, sin interferencias, como un aparato de alta fidelidad. No tenía especial mérito porque, entre otras cosas, llevábamos tres o cuatro años fijándonos —y riéndonos— en cada celebración. Ahora he descubierto donde tropiezo yo, que también es sintomático. Hace unos días tuve que llevar el rosario ante un grupo considerable. Empezaba con una dicción excelente hasta que llegaba al final de cada Ave María y al hora y el ahora de muestra nuerte con la boca reseca. Creo que me atraganté de cincuenta formas distintas… Bueno, no importa, con tal de que la última salga bien.
Amén.

miércoles, 5 de septiembre de 2007

Ciudadanía para la Educación

Este curso la vuelta al cole tiene otro aliciente: la polémica de la Educación para la Ciudadanía. En nuestro mundo los criterios de importancia son el dinero y la presencia en los medios de comunicación. Por el primero, está bastante claro que la sociedad prefiere un notario a un profesor. El tratamiento mediático tampoco era muy boyante para los docentes. Tenían que agredirnos para que saliésemos en un telediario. Lo del sueldo no ha cambiado, pero ahora se habla más de nosotros.

Lo sencillo es achacarlo a la habilidad de Zapatero para liarla. Yo quiero ser optimista y ver además en la polémica un valor de fondo. Hay que reconocer a las partes, esto es, al Gobierno, empeñado en imponer una asignatura para sus creencias (positivismo jurídico, laicismo, ideología de género); a los padres, que se resisten a entregar la formación de sus hijos; a las organizaciones de profesores; a la Conferencia Episcopal hay que reconocerles, digo, su homenaje a la educación, con independencia de las posturas. En vez de pensar que al fin y al cabo los alumnos no se enteran de nada, ahí están, peleándose por lo que se les diga en clase. Emociona tanta fe en la enseñanza.

Cuya trascendencia no es nueva. Ya Platón la reconoció y, en 1836, el Duque de Rivas escribía en el preámbulo del Plan de Instrucción Pública: “El pensamiento es de suyo lo más libre entre las facultades del hombre; y por lo mismo han tratado algunos gobiernos de esclavizarlo de mil modos; y como ningún medio hay más seguro para conseguirlo que el de apoderarse del origen de donde emana, es decir, de la educación, de aquí sus afanes por dirigirla siempre a su arbitrio, a fin de que los hombres salgan amoldados conforme conviene a sus miras e intereses. Mas si esto puede convenir a los gobiernos opresores, no es de manera alguna lo que exige el bien de la humanidad ni los progresos de la civilización. Para alcanzar estos fines es fuerza que la educación quede emancipada; en una palabra, es fuerza proclamar la libertad de enseñanza”. Más claro el agua.

Ante la avalancha de objeciones de conciencia hay quien piensa que la Educación para la Ciudadanía nace muerta. Si fuese así, murió en acto de servicio, despertando sensibilidades y saltando alarmas, y eso tiene un mérito. Su demérito consiste en imprimir un carácter instrumental a la enseñanza, en que ésta sea para la ciudadanía o, peor aún, para crear ciudadanos en serie con el molde de una ideología muy concreta. Lo justo es al revés: que la sociedad esté para servir a la educación, que sólo sirve a la persona. Lo que hace falta es una ciudadanía para la educación.
[Joly]

martes, 4 de septiembre de 2007

Tribulaciones del traductor

Sigo con los aforismos de Quintana. Disfruto mucho, hasta que me atasco. He aquí el original y mi primera propuesta:

E TAMBÉN VAI PASSAR NA RUA
... una negrinha tâo esbeltinha que parecia o negativo de Brigitte Bardot...

LO QUE PASA EN LA CALLE
… Una negrita tan esbelta que parecía el negativo de Brigitte Bardot…

La traducción del título es perfecta: guiña nada menos que a don Antonio Machado, pero es lo único que funciona en mi versión. El gran fallo son los diminutivos, sobre todo “esbeltihna”. Si lo traduzco por esbelta parece que en vez de Mario Quintana hablara Tico Medina. Si esbeltita, reduzco la impresión que produce la negra, que tiene que ser de aúpa. Si esbeltiña, el aforismo sólo sirve para leído en una galeosca. ¿Qué hacer, qué hacer? El procedimiento habitual es ponerse a visualizar la escena, la negrihna, sus andares suntuosísimos, a Brigitte Bardot, la luz de la calle, la del cine en la memoria, la tarde, el plas-plas de las sandalias… Pero antes de que se me ocurra la palabra exacta, tengo que apartar la vista: soy un hombre casado y…

domingo, 2 de septiembre de 2007

Verano

Las lecturas son múltiples o, poniéndonos geómetras, poliédricas. El sonetín "Verano" de Manuel Machado da, quién lo diría, para mucho. La virguería métrica es evidente y todos la admiramos un montón; Javier Salvago, además, fue capaz de emularla. Vicente Sabido en su espléndido ensayo sobre el haiku en Manuel Machado, recogido en La lluvia de Cartago, acierta al ver que fue aquí donde más cerca estuvo del espíritu descriptivo de la estrofa japonesa, mucho más que en lo que él llamo haiku con un exceso de optimismo y despiste. Y hoy a mí, por una hipálage melancólica, eso de la paleta completa me suena a vacaciones completadas.
Frutales
cargados.
Dorados
trigales...

Cristales
ahumados.
Quemados
jarales...

Umbría
sequía,
solano...

Paleta
completa:
verano.

sábado, 1 de septiembre de 2007

Envío

Este ensayo de ensayo dedicado a las dedicatorias está ídem a José Cereijo y a Jesús Beades a los que debía sendas. Va.