viernes, 22 de abril de 2011

El nazarenito y su padre

Del clarín estridente al son grotesco
cruza una cofradía el Altozano,
bajo el brillante cielo sevillano,
en desorden alegre y pintoresco.

Un flamenco cetrino de aire hampesco
marcha a compás, llevando de la mano
un chiquitín con túnica de hermano
al sol el rostro de ángel picaresco.

Un viejo que pregona lo que vende
apoya su canasto en una silla,
el niño mira al padre, él lo comprende,
de avellanas le compra una perrilla,
le entrega el cucurucho, le da un beso
y vuelve a andar acompasado y tieso.

“En 1930 se publica un librito de 40 páginas bajo el título Lirios y claveles. Lo firma ‘El Bachiller Fulano de Tal. Capillita sevillano’. Prácticamente desconocido para la mayoría de los lectores —y para las minorías, para qué vamos a engañarnos— este poemario es todo un hallazgo”. Así nos presenta Francisco Robles, compilador de la espléndida antología literaria Semana Santa, a  ese misterioso poeta que salió a luz pública con un velillo ocultando su rostro, como los penitentes que retrata. Firma “un capillita” como esos monjes que firmaban “un cartujo”sus tratados ascéticos, porque la humildad es la misma, aunque la vocación y el talante sean muy distintos. Nuestro capillita observa bien el mundo, con el que se mezcla y confunde. Sin hacer de menos a la perfección formal de sus versos, su mayor mérito consiste en la amplitud y a la vez en la minuciosidad de su mirada, que va desde la emoción religiosa más álgida hasta el detalle chusco, y sin perder detalle. En el soneto escogido hay una asombrosa mezcla de guasa de sal gorda y de ternura delicada, que nos explota en el pecho en forma de emoción. “El Bachiller Fulano de Tal”: poco importa no saber quién fue si sabemos qué es: un poeta como la copa de un pino. 
*
¡Y cuántos han escrito de la Semana Santa…! Un somero repaso, aquí
*
Después de leer el soneto, entenderéis por qué, de entre todas las espléndidas fotografías de Ramón Simón, me ha emocionado especialmente ésta: El nazarenito y su madre. 


jueves, 21 de abril de 2011

Creer que anda

Mi hija no anda, pero ella cree que sí. Por eso se abalanza a lo loco, sin pensárselo dos veces, ni una quizá, y se revuelve muy digna contra el progenitor A o B que la sostiene por la espalda o la recoge del suelo. Que la suelte, que quiere ir por libre. “¡Dejadme sola, dejadme sola!”, gritaría, si pudiera, como el matador que rechaza la ayuda de su cuadrilla muy digno después del revolcón. Esa ingenuidad de mi hija nos iba haciendo mucha gracia, hasta que hemos caído (intelectualmente, que quien cae cae es ella) en su valor paradigmático. El hombre siempre aprende así, creyendo que ya sabe y lanzándose muy confiado a la aventura de lo que no sabe aún. Se aprende sobre todo por la fe, por tanto. Qué razón para tenerla, Dios mío.

miércoles, 20 de abril de 2011

Redoble

Os había dejado a solas con mi previa pereza procesionaria, lo siento. Ahora hablo desde después, y me asombra y reafirma la coincidencia con los comentarios de Ignacio T. y de G

domingo, 17 de abril de 2011

Penintente

No hablo del Domingo de Ramos, y eso que tenía una chincheta para empezar bien un artículo litúrgico: "El primer milagro de la Semana Santa es que tiene ocho días". Me distraje con el vuelo de un mosquito. Pero sobre la última frase sí gravita y cuánto aunque en secreto mi salida procesional de esta tarde-noche. Hace siglos que no hay disciplinantes  y años que salgo sin cruz, con un cirio, y nunca fui descalzo ni con cadenas en los tobillos. Parece que el contenido penitencial se va perdiendo. Pero como a la vez somos más comodones y sensibles y perezosos y susceptibles, la túnica, la capa (de la que dan tirones los niños malotes), el velillo, la velita y las siete horas de pie por la calle se vuelven casi insoportable. Qué pocas ganas o ninguna.  

sábado, 16 de abril de 2011

Con seis diminutas felicidades

Las cinco diminutas ferocidades de las nanas de Miguel Hernández son mucho más potentes, como metáfora. Pero lo nuestro, quiero decir, sus dientecillos son felicidades y no tan diminutas. Hoy Carmen cumple 11 meses: 
Y lo ha celebrado dejando sus obligaciones domésticas del día a día



y dedicándose a la gran literatura. Como aún no sabe leer, lo suyo son los audiobooks
Éste es (o era) Brideshead Revisited, nada menos, leído por Sir John Gielgud
Bien está lo que bien acaba, sería un bonito epitafio shakesperiano para la cinta. 

viernes, 15 de abril de 2011

Mc 15, 44

Hay un detalle doloroso de la Pasión de Jesús que sólo cuenta Marcos. Todos los evangelistas narran el arranque audaz de José de Arimatea, miembro ilustre del Consejo y discípulo secreto de Jesús, de pedir el cuerpo de su Maestro al procurador romano, pero Marcos añade que “Pilato se sorprendió de que ya hubiera muerto y, llamando al centurión, le preguntó si efectivamente había muerto”. Según se puede leer, Pilato se había desentendido enseguida de lo que había autorizado. Queda claro que no estaba pendiente. Y, por lo que se puede deducir, andaría bastante entretenido en sus cosas. No cabe mayor anonadamiento del Hijo de Dios. Y admira la insobornable veracidad del evangelista al recogerlo.

jueves, 14 de abril de 2011

Levante en el estrecho callejón

Qué oportunamente hablé ayer en el periódico del gusto de vernos vivir, porque así estaba preparado y predispuesto para observarme desde fuera. Había recogido del restaurador un cuadro del XIX, una romería costumbrista, sin firmar, pero bonito y, sobre todo, grande: 2 por 1’50 m. Con una mano llevaba el cuadro, flamante de nuevo, y con la otra llamaba a Leonor para darle la buena nueva de que con la restauración le habíamos sacado los colores, además de reentelarlo, que era lo urgente. En eso entré en un callejón estrecho y la levantera furiosa que hacía se enconó más y arremetió contra aquel paisaje bucólico de suaves brisas, que, acobardado, quiso salir volando. Tuve que dar una vuelta airosa y otra, con el brazo extendido y los pasitos cortitos, en plan Gene Kelly, para que no se me escapara del todo. Con el otro brazo hacía contrapeso y allá lejos, al borde de mi mano, gritaba la voz de Leonor por el teléfono: “No te oigo, oye, ¿se ha cortado?, ¿me escuchas?, ¡me escuchas!” Lo de Gene Kelly es un pegote, lo reconozco, porque no quedaba tan atlético, ni mucho menos. Ni el final fue feliz del todo: logré evitar que el cuadro se me volara, sí, que se estampase contra la esquina, también, pero dio un sonoro costalazo —aunque sin graves consecuencias— contra una farola. El lienzo había empezado su carrera hacia la próxima restauración, y ése fue el disparo de salida. Cuando dominé los elementos, di otra vuelta, torera, por ver si tenía público. No, nadie. Bueno, sí: yo me había visto. Me reí, y, si no aplaudí, fue porque no tenía manos.

martes, 12 de abril de 2011

Alianza

Todo vuelve: las cosas naturales, como decía Unamuno, lo hacen siempre, y las humanas, a menudo. Volvió la literatura epistolar con el e-mail cuando parecía que el teléfono la había dejado fuera de juego. Volvieron los telegramas, bajo la forma del sms. Y ahora, como llevamos la hora en el móvil, que miramos constantemente, ha regresado el viejo, el decimonónico reloj de bolsillo. Yo cada vez me pongo menos el reloj de pulsera, que se queda descansando en la mesilla. Con la primavera, además, me remango las camisas, así que queda claro que el único adorno que llevo es la alianza de casado. Esa sobriedad sobrevenida ya me había llamado la atención y me gustaba, pero ahora, que he releído El taller del orfebre de Karol Wojtyla, mucho más. No es lo mismo leerlo con una alianza. El libro gravita y da vueltas sobre el signo del anillo de casado, que cada vez veo más claro y miro más.

(Qué bien captó Tolkien el poder simbólico de los anillos.)


Momentos redondos del libro: 

No dijo: “quieres ser mi mujer”,
sino: “la compañera de mi vida”.
Lo que iba a decirme era, pues, premeditado.
La belleza accesible al espíritu, es decir, la verdad.
El amor es un continuo desafío que nos lanza Dios, y lo hace, tal vez, para que nosotros desafiemos también el destino. 
A pesar de todo, poseemos tanta verdad que descubrimos más libremente en el torbellino de la exaltación las humildes cosas de siempre
*
[Teresa, sobre los hijos] Nos hemos convertido para ellos en el umbral que cruzan con esfuerzo. [...] Y aunque se cierren por fuera, seguimos en su interior.
¡crear algo que refleja la Existencia absoluta y el Amor es la más hermosa de las tareas!
Pero se vive sin saberlo. 
*

Estos años han sido el tiempo indispensable
para podernos orientar en el complicado mapa
de los signos y los símbolos.


domingo, 10 de abril de 2011

¿Por qué no van a poder ir los señores eurodiputados en primera clase, eh?

"Porque no, no y no", contestan unas voces desde el fondo de la sala (o del avión). Cada no de esos noes, despierta antipatías innatas en el poder, incluso en aquellos que pretenden adornarse con su prestigio. La anécdota de la semana puede servirnos para atisbar las razones, creo. 

sábado, 9 de abril de 2011

Arranca la primavera

Con la llegada de la primavera, se levanta mucho polvo y cae mucho polen. Mi coche está perdido, lo confieso. No me veo echando las mañanas de domingo limpiándolo con la manguera, pero un mes de estos voy a tener que arremangarme. Mientras tanto, alguien ha dejado un mensaje en el cristal de atrás. He tenido mucha suerte. En vez de un imperativo “Lávalo guarro” o un fisiocrático “No lo laves, siembra papas”, han puesto “Roberto”, un corazón, una flecha y “Julia”. No los conozco, pero es un cartel bien romántico y primaveral, y qué muestra de amor mancharse el dedo así (que da grima) para declarar al mundo el amor. Quizá retrase un poco más (aún) el momento engorroso de la limpieza.

viernes, 8 de abril de 2011

Centenario Cioran

Sin ironía ninguna, de verdad cuánto trabajaría yo si fuese rico… Pensaba haber escrito un homenaje a Cioran para celebrar sus cien años de vida explicando que, contra la tristeza y la desesperación, él ofrece un tratamiento homeopático, que funciona. Para hablar de su obra, no ahorra metáforas médicas y farmacéuticas, porque él era muy consciente de esos efectos suyos paradójicamente vitalizadores. Claro que, porque usaba principios activos un tanto venenosos, los daba en aforismos, como si fuesen pequeñas dosis, en grageas. Al final, cada libro suyo, afirmaba, difería el suicidio. Y, de hecho, se pasó la vida recibiendo a suicidas potenciales y convenciéndoles para que pospusiesen la decisión. Pero no me ha dado la vida para escribir nada especial. Bueno, el escritor homenajeado es él, así que pondré cosas suyas y saldremos ganando. Sólo he llegado a repasar su primer libro, que escribió muy joven y que es impresionante, De lágrimas y de santos:

En el Juicio Final sólo se pesarán lágrimas.

¿Poseeré la suficiente música dentro de mí como para no desaparecer jamás? Hay adagios tras los que no puede uno pudrirse. 
*
Comparado con Aristóteles, un santo es un analfabeto. ¿Por qué, entonces, nos parece que podríamos aprender más de este último? 

*
Los filósofos tienen la sangre fría. Sólo existe calor en las inmediaciones de Dios. 

*
Un filósofo sólo puede evitar la mediocridad mediante el escepticismo o la mística, esas dos formas de la desesperación frente al conocimiento. 

*
El mérito de España ha consistido no sólo en haber cultivado lo excesivo y lo insensato, sino también en haber demostrado que el vértigo es el clima normal del hombre.

*
Sin Dios todo es noche y con Él hasta la luz se vuelve inútil. 

*
Desprecio al cristiano porque es capaz de amar a sus semejantes de cerca. Para volver a descubrir al hombre yo necesitaría el Sahara. 

*
La mística es una irrupción de lo absoluto en la historia. Al igual que la música, ella es el nimbo de toda cultura, su justificación última. 

*
Quien no piensa en Dios continuará siendo un extranjero para sí mismo, pues la única vía del conocimiento de sí pasa por Dios.

*
¿Existe en el arte otro criterio fuera del acercamiento al cielo?

*
En el Greco, las figuras y los colores flamean verticalmente. En Van Gogh también los objetos son llamas y los colores queman. Pero horizontalmente, esparcidos por el espacio. Van Gogh es un Greco sin cielo, un Greco sin más allá. 

*
El deber de un hombre solo es estar aún más solo. 

*
He comprendido: Dios es un absoluto que se economiza

*
Legitimando la fiebre, el cristianismo creó las condiciones favorables para un “cultivo” de santos. Él ha elevado la temperatura del hombre…

*
No creo haber perdido ni una sólo ocasión de estar triste. (Mi vocación de hombre.)

*
Cuando busco una palabra que me agrade y me entristezca a la vez, sólo encuentro una: olvido. 

*
Con un poco de celo hubiéramos podido hacer más feliz a Dios. Pero le hemos abandonado y se encuentra ahora más solo que antes del comienzo del mundo. 



    jueves, 7 de abril de 2011

    Incoherente II

    Nadie más cascarrabias que yo con (contra) el culto actual a la juventud. ¡La lata que os he dado en mis artículos! Sin embargo, en la presentación gaditana de Con el tiempo, a media altura de la sala, se sentó una pandilla de cinco y, más atrás, tres chicas solas, más indubitablemente de instituto, a las que no volví a ver después. Cuando acabó el acto, los cinco, dos muchachas y tres muchachitos, se acercaron a saludar a un profesor suyo de latín en la universidad. El profesor no daba crédito a que hubiesen ido a una lectura de poesía sin que nadie se lo hubiese mandado en la Facultad (de Filología) ni les pusieran un positivo o algo así, sino por gusto y curiosidad. Le faltó un pelo para decirme que había sido lo más emocionante de la velada. La responsable del CAL también flipaba (sic), y lo comentó varias veces. Qué raro que vengan los jóvenes, qué bien, es la primera vez que pasa, no te quejarás, eh. Incluso Leonor, contagiada, comentó: “Qué monos”. Supuse que se refería a todos, y no sólo a los chicos, aunque podría ser. Las chicas, por cierto, eran muy monas. A mí me habían emocionado más otras compañías. Mónica, por ejemplo, una compañera de oposiciones de hace casi quince años, que había guardado con cuánta delicadeza el rescoldo de nuestra vieja amistad agobiada de entonces. Me acordé, claro, de Pia de Tolomei. Y había un señor mayor, muy bien peinado su pelo blanco, que me lee todos, recalcó, los miércoles y todos, insistió, los domingos, y que había venido —le costaba andar, aunque lo hacía muy derecho, apoyado en su bastón— ex profeso, subrayó, a oírme. Hubo otros casos, pero lo que quiero decir, resumiendo, es que yo no veía un mérito especial en lo de los jóvenes, oh los jóvenes, los jóvenes. Pero incoherente con mi natural combativo, no dije nada de nada y me sumé, agradecido, al coro de los admiradores.

    Incoherente

    Protesté de aquella pintada, y ahora pongo ésta, tan orgulloso como si la hubiese escrito yo. 

    ¿Incoherente? Bueno, claro, por supuesto, pero con razones: 


    1) La otra estaba en una tranquila esquina bodeguera, entre jacarandas; ésta está en la barriada José Antonio, una de las más peligrosas de España, sí, de España. (La foto la hice con cierta desazón, observado por dos grupos de inquietantes ociosos, agarrando con fuerza el móvil, por si las moscas.) 
    2) La exquisita sintaxis y la cuidada caligrafía del primer grafittero permiten suponer que una carta al director ya se la habrían publicado; no es el caso, la verda, del autor de esta pintada mía. 
    y 3) Aquello era una tesis de puro sentido común, perfectamente defendible, mientras que lo de aquí es un grito salvaje de entusiasmo y de alegría y de esperanza donde más falta hace.

    miércoles, 6 de abril de 2011

    La crisis

    A vista de pájaro (desplumado)

    Anuncios locales

    Hoy, a las 8, en la Biblioteca Provincial de Cádiz (capital), presento (de nuevo) Con el tiempo. En Madrid, los amigos analógicos y virtuales, todos reales, se portaron de maravilla y me acompañaron en el sentimiento. No creo que nadie tenga interés en moderar mi furibundo centralismo, pero, bueno, aquí tendría, quizá, una oportunidad. (No enlazo a la invitación o a los previos de prensa porque en todos los casos endosan una fotografía, como si fuese un cartel de "Se busca", y es demasiado.)

    martes, 5 de abril de 2011

    Definición

    La risa es la rosa con la espina dentro.

    Implacable lógica femenina

    Fuimos corriendo a Cádiz para comprarle a Carmen… unos zapatitos ¡ya! de andar. Leonor se iba parando en todas las tiendas de bolsos (necesita uno) y me los enseñaba todos, probándoselos con parsimonia, y arqueando el cuerpo para vérselos puestos. A mí no terminaba de convencerme ninguno: “No”, cortaba tajante, con aires de entendido. “Es muy difícil, casi imposible, encontrar un bolso completamente convincente. Hay que venir otro día con más tiempo, más tranquilos”.

    “Ya, ya”, respondió Leonor con un brillo afilado en los ojos, “te lo voy a pedir por mi cumpleaños, y verás lo pronto que das con uno que te encanta, enseguida, el primero”.

    Y, aunque parezca mentira, puede que tenga razón. ¿Dotes proféticas?

    lunes, 4 de abril de 2011

    Perder y ganar

    Hacía tiempo que no soñaba con mi madre. La vi muy bien, estaba como antes de la enfermedad. Iba y volvía de la cocina al cuarto de estar y yo la seguía mientras hablábamos de esto y de aquello. Aunque ahora no los recuerdo, me sorprendieron especialmente sus consejos, muy concretos, sobre algunas de mis pequeñas preocupaciones de ahora, y eso que eran tan como siempre, sensatos y vigorosos. Yo había presumido que ya no me hacían falta por lo de aquel poema de Navarra:

    .................NO HAY DISTANCIA 


    Cerca. 
    Tengo tanto de ti 
    en mi interior 
    que estando yo conmigo 
    tú estás siempre presente. 
    Ahora veía, soñaba, veía en sueños que estaba muy equivocado, que el poema es precioso, pero no lo soluciona todo. Su presencia y sus consejos me hacían mucha falta porque eran sólo suyos, únicos, de ella y de nadie más.

    No he podido entender del todo la alegría con que me he despertado esta mañana.

    domingo, 3 de abril de 2011

    Artículo no sustantivo

    Escribir en un periódico-diario tiene sus servidumbres o, mejor dicho, sus exigencias, que asumo, como ZP su despedida, con ánimo deportivo. Tratar de llevarle el paso a la actualidad es una. El anuncio de Zapatero me cogió con el pie cambiado, pero cambie de planes y eché el balón fuera. Después de enviado, me lamenté por no haber escrito algo más humorístico o algo más crítico. Esta mañana, sin embargo, me he levantado con el pie derecho, y creo que, siendo un artículo indeterminado, es la despedida que se merece el hombre. O la mejor que yo le puedo dar. Vale.

    sábado, 2 de abril de 2011

    Cinco citas con René Girard y una de Vattimo

    El rechazo de la ética es uno de los grandes tópicos de la modernidad y hace referencia a un período que data del siglo XVIII, o aún antes y que, sin embargo, creo que en la actualidad ha agotado su fuerza, incluso estética. [p. 59]


    Personalmente, coincido con Vattimo cuando dice que el cristianismo es una revelación del amor, pero no excluyo que sea también una revelación de verdad. Porque en el cristianismo verdad y amor coinciden y son una misma cosa. [p. 64]

    [fueron promulgados en un mundo con millares de leyes complejas] La simplicidad y la potencia de los diez mandamientos los convierten en el documento más místico de todo el Antiguo Testamento. [p. 79]

    [Vattimo:] Lo único que realmente no me convence de Girard es su confianza en el poder salvífico de la verdad, ya sea revelada o descubierta por la ciencia. [85]

    Si tomamos en consideración las novelas, por ejemplo, nos damos cuenta de que nuestra existencia se plantea más bien como una comedia que como una tragedia, pero para cada acontecimiento hay una puesta en escena.[…] Nuestra naturaleza de criaturas estéticas es muy importante. [p. 86]

    Creía, como Vattimo, que el uso del antiguo lenguaje sacrificial y la definición de Jesús como “víctima perfecta” impedían una verdadera comprensión de la Pasión como algo completamente “antisacrificial”, pero ahora me doy cuenta de que estaba equivocado. Mi rechazo a la palabra “sacrificio” era, en buena medida, un error cometido de buena fe. No obstante y sin duda, fue instigado también en parte por el antiguo deseo de pisar la cola al león envejecido y disentir clamorosamente de la Iglesia, por el simple gusto de hacerlo. En cierto modo, estaba intentando redimirme a los ojos de mis compañeros intelectuales. [p. 134]

    ¿Verdad o fe débil? Diálogo sobre cristianismo y relativismo. René Girard y Gianni Vattimo. Paidós Contextos, 2011

    viernes, 1 de abril de 2011

    Cuarto alrededor de mi viaje

    Tener que salir de mi despacho para ir a Madrid me dio pena. No  pereza, pena. Me parecía una traición a Pascal y a Xavier de Maistre, dos amigos íntimos de antiguo. Pensé resistirme: no rendirme tan pronto a la fatalidad del viaje. Quizá, para los problemas de la humanidad, sea también una solución: si hay que salir, no salir al menos mentalmente del propio cuarto, aunque el cuerpo de uno vaya dando vueltas por el espacio aéreo español. Si el pequeño Maistre pudo hacer un viaje alrededor de su cuarto, ¿no podría yo llevarme mi cuarto alrededor de mi viaje?

    Los libros que estaba leyendo los metí en una bolsa y mi ordenador lo jibaricé en mi iphone. Salí de casa como el que está repasando mentalmente un itinerario desde su butaca. Los primeros y deslumbrantes metros al sol, titubeando como san Pedro andando sobre las aguas, me convencieron de que podría conseguirlo. No era tan difícil, con un poco de fe, el arte de la bilocación.

    El aeropuerto de Jerez estaba lleno de alemanes y alemanas guapísimas. Por un instante sentí el vértigo de haberme colado en un rodaje de Leni Riefenstahl. Hasta que vi en sus bolsas que eran los miembros del equipo olímpico o así, y respiré aliviado: “Ah, si estos cuerpos son a base de entrenamientos, eso lo hace cualquiera”. ¿Cualquiera?, qué cosas respira uno aliviado…, pero la tentación del racismo acomplejado había pasado de largo y rápido como un velocista en los 100 m. lisos. El deporte es un dopaje, sentencié. Volví a arrellanarme en el sillón (virtual) de mi despacho.

    Leía Doña Inés de Azorín. Ahora estaba, pues, en Segovia y, sin embargo, más en mi cuarto que nunca. La prosa de Azorín,
    con tanta descripción de habitaciones en penumbra, muy limpias, con un ramito de flores casi siempre o de hierbas aromáticas, incita a sentirse dentro, esté uno donde esté. La pobre Inés, qué desgracia la suya más tonta, y cómo la sentía yo, ay.

    Para el vuelo saqué el libro Posturas difíciles de Luis Carlos López. No fue premeditado, pero mejor título para leer en un sillón de avión no hay. Me hizo gracia (por no llorar) releer el poema aquel de cuando la negociación [¿cuá, cuá? Éste]. Y estos versos me parecieron apropiadísimos para leer con un ojo en el libro y otro (como el propio López, estrábico) mirando por la ventanilla: 

    Las casitas de campo, las casitas
    enjalbegadas, acurrucaditas
    y risueñas.
    En el tren se recuerda mejor a Machado: "Campo, campo, campo./ Entre los olivos,/ los cortijos blancos", pero el Tuerto López se reveló como apropiadamente aeronáutico. Me vi en el despacho leyéndole imaginándome la vista aérea que estaba viendo.
     
    Lo más duro de la ciudad para los pueblerinos es nuestra costumbre de mirar a todo el mundo a la cara, acostumbrados a conocer a cuantos te cruzas, y saludarlos. Qué mareo. En las urbes, todo son falsas alarmas. La gente te suena: te evoca con un respingo a conocidos, y luego, nada, polvo, sombra, humo, como en el epitafio de Portocarrero. Pero como había decidido no salir de casa, me senté, ya digo, como si estuviera en mi cuarto, y me dediqué a pasear por mi memoria. La gente pasaba vertiginosamente, dando vueltas, como en una ruleta y yo los miraba y no reconocía a nadie pero todos me recordaban a otros, y al azar de los parecidos hice un recorrido difuso y fragmentario, como un poema actual, por todos los recodos de mi pasado. No sé qué oído le pita a aquel a quien alguien recuerda, si le pita, pero si pita, ayer hubo un concierto de flautas travieseras en la aldea global. Qué de personas tengo dentro, madre.

    Dispuesto a recibir en mi despacho, la clase en la universidad fue muy afable y doméstica. “Me he sentido como en casa”, confesé al agradecer a los alumnos su atención y sus atenciones, y estaba siendo literal.


    Normalmente hablo con Leonor a gritos, aunque no suene muy romántico. Yo desde el despacho, mientras ella viene y va, nos decimos las cosas a base de pulmones. El teléfono, por tanto, me la acercaba, um, al oído y hablábamos prácticamente besándonos. Um, um. Y suponía, de paso, un descanso para mis cuerdas vocales. 

    En el avión de vuelta se me sentó al lado un nicaragüense vestido de cantante de rap. Me preguntó que adónde iba el avión. Dije buscando de reojo la cámara oculta: “A Jerez”. “Ah, ya, ¿y dónde estamos?” Me asusté en serio: “En Madrid”. “Ah, ya, y Jerez, ¿es una isla?” La chica del asiento de al lado, de ojos cada vez más abiertos, no me dejará mentir. Jamás encontré a nadie tan perdido.

    Para saber adónde voy y quién soy y para no alarmarme más, me parapeté tras el tercer libro: ¿Verdad o fe débil? Diálogos sobre cristianismo y relativismo, de René Girard y Gianni Vattimo. Estos libros de entrevistas lo que pierden en hondura lo ganan en anchura. Recordé el de diálogos entre Borges y Sábato en el que el primero repite con mucha guasa constantemente: “¿Sabe, Sábato?”. Aquí uno espera que, en cualquier momento, Girard replique a su interlocutor: “Va-ya-ttimo”, y la verdad es que pasa rozando varias veces, pero, como es un caballero, se resiste, y se limita a reconocerle a Gianni una simpatía muy grande y unas espléndidas intenciones. Emociona el mea culpa que entona por haber quitado en sus primeros libros contenido sacrificial (huyendo del sacrificio pagano) a la Cruz de Cristo, y como eso, apunta y excusa, puede haber sido la causa de la confusión --recordé a mi vecino, el nicaragüense-- que su teoría ha causado en Vattimo. Llama la atención sin descanso: “Pero resulta que hay hechos, Vattimo, hay hechos, no todo es interpretación y bonitos discursos deconstruidos”, repite suavemente, supongo que arrastrando las erres. Para contestar a un ensayo que ha escrito Vattimo, admirativo, sobre su teoría, se la explica de nuevo desde el principio con mucha paciencia, que es la réplica más deconstructiva que yo he visto nunca. Casi todo lo de Girard lo había leído ya en otros libros, pero me impresionó esto:


    El contagio de la violencia es tan poderoso que ni siquiera respeta a quienes comparten el sufrimiento de Jesús, como los dos ladrones crucificados a su lado (uno solo en Lucas). Ya clavados en la cruz, aún quieren ser crucifixores, desean pertenecer desesperadamente a la multitud de los linchadores.
    Eso explica muy bien el agradecimiento de Jesús al buen ladrón, esa figura tan mía. Y, plof, ya estábamos de nuevo en Jerez, aunque a mí, plim, porque no había salido aún de mi despacho. Lo estaba consiguiendo. Vi alejarse al errático nicaragüense hacia dónde, Dios mío.

    Y en veinte minutos estaba en mi despacho. Mi espíritu y mi cuerpo se dieron un abrazo, bajo la mirada aprobatoria, espero, de Xavier de Maistre y Blaise Pascal, esos viejos compañeros de viaje.

    jueves, 31 de marzo de 2011

    Prada eres y en Prada te convertirás

    Seamos sinceros, como José del Río Sanz cuando confesó: “He recibido banquetes y homenajes, una puñalada y una flor natural, que es lo que más me duele”. Diré que esa adscripción a la estela de Prada, del que no pude terminar casi ningún artículo nunca aunque lo intenté varias veces, sí es un inesperado golpe de ceniza en mi frente. Bueno, estando en cuaresma, no dejará de serme útil.

    Por lo demás, que un señor que sueña 
    con Baltasar Garzón de presidente de la tercera república o que lee el diario Gara con hondas cabezadas de asentimiento ponga ciertas objeciones a mis ideas, me parece lo más natural del mundo. Lo chocante sería lo contrario. Como ese señor es, fuera aparte, uno de los mejores críticos literarios de España, lo que me importa es esto: "Enrique García-Máiquez, un poeta a la vez ingenioso y hondo, un prosista tocado por el dedo de la gracia", que le agradezco de veras.

    miércoles, 30 de marzo de 2011

    La impotencia del poder

    Por favor que no parezca que califico esto de buenas noticias por optimismo antropológico. En verdad, nada puede alegrar más a un partidario del Estado de Derecho que ver al poder ejecutivo limitado por el poder judicial. Esa impotencia de los emisarios y los etarras que reflejan las actas vale su peso en oro. También hay un motivo personal: comprobar que asistir a aquellas manifestaciones convocadas por las víctimas sirvió de algo. La sospecha de la insignificancia es el gran peligro del compromiso social. Estos ánimos nos vienen bien. El domingo estuvimos en la plaza del Ayuntamiento del Puerto convocados por Derecho a Vivir. Algunos entusiastas corearon esta aleluya: 
    Contadnos bien: 
    estamos más de cien. 
    A la que uno estaba tentado a responder:
    Aunque quizás 
    no muchos más. 
    Pero conste que con orgullo. Como Heráclito el Oscuro, no hay que hacer nunca del número una cuestión esencial. Lo importante es estar y tener razón.

    martes, 29 de marzo de 2011

    Al fondo de la foto

    Propone Suso que engorde un poco en solidaridad con mi embarazadísima mujer. ¡Qué deliciosamente ingenuas son estas amistades virtuales! Nadie a doscientos kilómetros a la redonda me diría eso, porque no hace falta, ay, decirlo. Y encima no he llegado a este estado por solidaridad, sino por glotonería. Si hasta me como los rotuladores…
    Con todo, Suso, se agradece.

    Lección de estilo

    Más o menos es menos.

    Automatismo

    Nuestro embarazo sigue avanzando, y ya se nos nota mucho. En Leonor, salta a la vista. Nadie duda ahora si habrá engordado un poco y por fin la felicitan directamente, sin prudentes circunloquios.  Y a mí me salta la vista tras todos los que me cruzo. He adquirido el hábito mental de imaginármelos en estado de buena esperanza, quiero decir, en situación fetal, cuando eran esperados por sus santas madres, tan chiquititos e inocentes, tan indefensos y puros. Me cruzo con un ejecutivo y lo pongo, sin chaqueta y sin corbata, a palpitar, tan tranquilo, sin estrés, en su ecografía de los tres meses. O adelanto —bajándome de la acera— a un vejete y no puedo evitarlo: pienso en sus padres del año del catapún, jovencísimos, cogidos de la mano, cuando lo esperaban con tanta ilusión…, tanta que setenta y tantos años después aún le nimba la figura encorvada. Si me cruzo con algún tipo feúcho, me lleno de ternura, pues sé lo guapo que lo encontraría su madre en el momento luminoso de darlo a luz. Sé que debería ver a todos mis prójimos como hijos de Dios, y lo intento, repitiéndome al oído la teoría. En la práctica sentimental, hasta hace poco sólo llegaba a verlos como hijos de vecino. O en ciertos instantes a recordar intensamente a Montaigne, cuando decía que todos son condenados a muerte y por eso había que tratarlos con piedad y concederles sus últimos deseos. Ahora para mí son los viejos hijitos de sus padres. Y siendo un paso atrás en el tiempo, es un progreso, aunque todavía me queda mucho que avanzar, claro. 

    lunes, 28 de marzo de 2011

    Un jugadón

    Salgo de misa en los jesuitas. Los alumnos juegan al otro lado de la verja un partido de fútbol. Ha de ser importante, por las equipaciones de gala, por el afán con el que corren, por la cantidad de público y por los gritos de ánimo. Entonces, el balón salta la valla y se pone a botar a cámara lenta, ufano de su travesura, en la calle. Pienso en mi dignidad y no cruzo corriendo para devolverlo… Ya saldrá, me excuso, algún muchacho encantado de su fugaz escapatoria del colegio. Pero aparece en el horizonte una furgoneta vieja de Cárnicas Ortega con un cerdito pintado en su flanco. Veo nítidamente como al conductor se le iluminan los ojos a la vista del balón. Frena. Echa ruidosamente el freno de mano. Pone las luces de posición. Salta de la furgoneta. Corre a la acera. Y con un hermoso estilo, devuelve de un chute perfecto el balón, que dibuja una nítida parábola de vuelta por encima de la verja. Corre. Desenfrena. Quita las luces de posición. Acelera. Los coches de atrás ni tiempo de pitar han tenido. Cuando pasa a mi altura —yo no he dejado de andar durante toda la jugada— todavía va sonriendo.

    domingo, 27 de marzo de 2011

    Ángel Mendoza 5/4

    ,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,LLUVIA

    Después de largas décadas de sol
    (tierra amarga de fiebre, malheridas
    praderas, peces muertos, viento gris,
    luna sin pozos, nubes descosidas),
    está lloviendo azúcar. Mójate
    del invierno más dulce de tu vida.
    ........................................[Inédito. Vía]

    Sin marcha atrás

    Tengo mis dudas de que el artículo no sea demasiado íntimo-costumbrista-pijillo-falto-de-moraleja, pero se lo leí a Amparo para pedirle permiso, y desde ese momento fatídico ya no había marcha atrás. Le encantó, se rió a mandíbula batiente y lleva unos días preguntándome que cuándo y dónde lo publicaría, cuándo, dónde.

    Una curiosidad. ¿Imagináis qué es lo único que objetó Amparo a la cosa?

    Nada del sueldo, naturalmente, ni del marquesado. Eso le parece muy bien. Precisó que no tiene especial interés en que trabajemos tanto. Ha prometido, incluso, que si le toca la primitiva nos pagará un viaje, un viaje largo alrededor del mundo, los dos solos, y que no tengamos prisa por volver, que ella se encarga de todo.

    sábado, 26 de marzo de 2011

    Ángel Mendoza 4/4

    ................EL EQUILIBRIO

    La tuya era de un verde tristón, casi oxidado.
    Sobre aquel armatoste de huesos de metal yo te veía
    perderte hacia el trabajo con las primeras luces.

    La mía era de un rojo vivo, alegre
    (los Reyes la trajeron un buen año de pagas).
    Me dejé las rodillas, tú la voz, intentando
    aprender la imposible lección del equilibrio.

    Sueño que es tarde y llega tu hora de volver,
    que se acerca, cansada, la bicicleta verde,
    y que te estoy esperando, ansioso por contar
    que ya he logrado conducir la mía. 
    ...................................[Pájaro negro. Siltolá, 2010]

    La Vanessa, ay, la Vanessa

    Portentos de la lírica, ¿quién me iba a decir a mí que en una chica llamada Vanessa, con las risitas que nos traíamos entonces con ese nombre y con otros análogos, iba a recordarme así, con tanta intensidad y ternura, mi primera adolescencia?

    Qué gran canción, digo, qué gran poesía de Manel, en 10 Milles per a Veure una Bona Armadura, un disco de hermoso título que homenajea a Shakespeare, nada menos, y a una comedia, claro: Much Ado About Nothing. Pero lean la letra, y verán. En ese "Estáis morenos" que exclama el tío, cuánto verano, Dios mío. Y luego, a pesar de la incipiente adolescencia, todavía la emoción de un juguete nuevo, mejor aún, exótico, y las ganas de hacerlo volar. Y la torpeza total de los trece años, ay, con las manos sudadas. Y el aburrimiento de Vanessa, ¡comiendo pipas! Y la decepción de fondo de Induraín, para teñir de melancolía el aire ardiente. La figura del joven mayor, con "pericia de profesional", era insoslayable. Está todo.

    Y aún hay más. Dos grandes aciertos narrativos. Cuando se pregunta que si Ignasi se dio cuenta de la mirada admirativa de Vanessa, o sea, que ni se atrevió a hablar de esa humillación con su amigo del alma y compañero de infortunio. Eso desgarra. Y luego, el mensajito final, ya fuera de la canción, a la chica, a la que perdió la pista, que nos avisa: 1) ojo, que esto es verdad, verdadera; 2) otro ojo, cuidado que me dolió, que aún la recuerdo; y también, una gotita de justicia poética, dice 3): mira, Vanessa, que ahora somos famosos, y tenemos, sobre  todo, la pericia de un profesional: mira, mira como el boomerang de nuestra adolescencia, con un poco de muñeca y un juego de brazo, vuelve, vuelve en esta canción.

    Rima Berzosa

    El Excelentísimo Rector de la Complutense, Berzosa, ha dicho, como gallarda respuesta al ataque sufrido por la capilla de Psicología, que no deberían existir capillas en la Universidad. Ea: la víctima tiene la culpa. Eso es, además, como decir que los árboles tendrían que prescindir de sus raíces o que a los niños les sobran las madres. Como todo el mundo —menos Berzosa— sabe, la Universidad nació en Edad Media de la Iglesia Católica y sus estudios de Teología. En la constelación de blogs cristianos, numerosa y combatiente, se clama por su dimisión. A Berzosa en persona sólo le he visto una vez, cuando inauguraba un congreso sobre Ramón Gaya, uno de los principales pintores y escritores del siglo XX. Dijo que, como él era economista, no conocía a Gaya (comentario muy universitario), pero que había leído algo en Público, único periódico, junto a El País, que sigue, afirmó, fervoroso, como quien reza el credo. Ver a Gaya citado allí le sorprendió grandemente. Nos leyó por encima los datos de la solapa de un libro de Gaya que acababa de comprar: el pintor había nacido en Murcia y tal. No sé cómo lo enlazó, si lo enlazó, pero habló mucho de lo que sufría él con las injustas críticas que le hacían a él los medios de derechas, que iban a por él. Para terminar, reconoció estar emocionado porque había visto, hojeando el índice del libro, que Ramón Gaya hablaba de Miguel Hernández, víctima del franquismo. Ni corto ni perezoso, empezó a leernos la reseña de Gaya a Vientos del pueblo sin darse cuenta de que lo ponía bastante regular. Desde entonces supe que de Berzosa no se podía esperar gran cosa.

    viernes, 25 de marzo de 2011

    Día envuelto con dos cintas

    Desde el avión, cuanto más subía, más cerca veía el Guadalquivir. A contraluz, una cinta de plata. Tan brillante, que no me iba a servir para un poema, desde luego, pero ni siquiera para un artículo o para el blogg, me lamenté. La realidad, a menudo, es demasiado bonita para ser verosímil.

    El nombre del avión y su dibujillo me pareció todo un detalle de Iberia (o de la Providencia) para un poeta de jardín que anda releyendo, precisamente, a la Dickinson. 




    ¿Iba a Madrid? ¿Es ir a Madrid ir a Madrid y no visitar El Prado (y a Jaime tendido allí, entre tantas sensualidades, perfectamente vestido, como en un cuadro, con perdón, de Manet), es ir, ir sin tomarme un café y un croissant y un zumo de naranja natural en Atocha en un cuarto de hora con Cereijo (¡gracias!), ni dejarme recoger y llevar a todas partes por Kiko M-M, ni saludar un poco a mi suegra, ni pagar (en todos los sentidos) visita a Hiperión, quiero decir, a Susana, ni cabrearme en La Casa del Libro, ni cruzar la plaza de España entre palomas y chicas tomando el sol talmente como en provincias, ni charlar a contrarreloj
     con David Arias, mientras visitamos su casa y la de algún amigo suyo y un club, ni cenar en el piso de soltero, ni ver si veo entre horas a CB, ni soñar, sueños son, con una copa con los viejos amigos de Navarra, es o no es ir a Madrid?

    A pesar de mis sesudas reflexiones tuve tiempo de repasar mi clase. Para hablar de lo que un poeta, a pesar de todo, aporta a su país, además de citar a Ezra Pound, recitaría a Antonio Machado:

    Y al cabo, nada os debo; debéisme cuanto he escrito.
    A mi trabajo acudo, con mi dinero pago
    el traje que me cubre y la mansión que habito,
    el pan que me alimenta y el lecho en donde yago. 
                                                    [“Retrato”] 
    y a Rafael Alberti: 
    Aquella tierra con nosotros
    no fue lo buena que quisimos.
    Cuántas cosas en ella dejamos.
    Cuánto le dimos, amigo. 
                          [“A Pedro Salinas”] 
    En un primer momento, me extrañó que, a pesar del paisanaje y la admiración, lo de Alberti me sonase tan antipatiquísimo, mientras que lo de Machado desprendía una dignidad indiscutible. De pronto, en el avión, caí en la diferencia. Alberti exige y exagera: quiere que España ("aquella tierra", señala desde el Paraná) hubiese sido más buena con Pedro Salinas y con él, ea, y presume de que le dieron “cuántas cosas”, cuántas, uf. Don Antonio Machado no pide nada, nada, y sólo dice que ha dado y le debemos lo que ha dado y le debemos: lo que ha escrito. Es la diferencia que va entre un señor y un señorito. (Pues bien, a pesar de verlo tan claro, casi sin solución de continuidad, esa tarde me puse exigentito, que no aprendo ni de mis propias clases.)

    Corrí, di (la clase) y volví (a Barajas). No vencí, pero no se trataba de eso: disfrutí.

    El avión de vuelta no sé cómo se llamaba, pero por el retraso ya podía ser “mochuelo” o “lechuzo”. Y de eso no me quejé, que me vino muy bien. Había llegado a Barajas sin resuello por la clase y por la hora, y pude respirar. Hondo.



    Y respirar más y más.Y tras respirar, resoplar.

    Al final (muy al final) despegamos. Por la ventanilla, una autopista iluminada parecía una cinta de oro, hasta con sus lazos perfectamente hechos, que eran los cambios de sentido.

    Y supe dos cosas: que tendría que empezar con lo de la cinta de plata del Guadalquivir, por amor a la simetría. Y que, en definitiva, Madrid tiene más placeres, Horacio, de los que añoraba mi amor por las dulces rutinas. 






    jueves, 24 de marzo de 2011

    Nada es perfecto

    La autoironía es un arma defensiva, como se sabe. Pero sólo funciona, ay, si nos hace daño de verdad.

    Autonomías

    Un momento estelar de la historia de la humanidad ocurrió cuando Cristo, con un denario entre los dedos, lo miró un instante, atisbó la efigie del César y determinó: “Dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios”. Quedaba establecida la autonomía del poder público, gracias a Dios. Se desacralizaba todo ese ámbito.

    Aunque menos citado, tampoco fue manco el pasaje en que, instado para que interviniese en el reparto de una herencia entre hermanos, replicó: “¿Quién me ha nombrado juez entre vosotros?”. Esto es, que el derecho privado rige esas cuestiones enfadosas, y al juez competente hay que acudir, aunque lo ideal es evitarlo. Se desacralizaba ahora el derecho civil.

    No acaba ahí. El mismo Jesús desacraliza la literatura con una sutileza impagable. Al menos, ese es el sentido que yo le veo a algunas de sus parábolas, tan extrañas, en principio, a su propio código moral. ¿Qué me dicen del tan alabado administrador injusto, o de aquel juez que sólo impartía justicia al final para que le dejasen dormir en paz, o de aquellas vírgenes virtuosas, puede, pero qué egoistonas?

    (No hace falta decir que autonomía no es independencia ni soberanía, ¿verdad?)

    miércoles, 23 de marzo de 2011

    El libro

    Le he pedido este poema a mi hermano Jaime para citarlo en la clase que mañana doy en la Universidad Francisco de Vitoria, pero al leerlo no me he podido resistir a traerlo aquí. Es de Otro cantar (Pre-Textos, 2007):
    .................EL LIBRO

    El tiempo es como un libro que Dios tiene en las manos.
    Lo recita en voz alta, o baja, lentamente,
    y así pasan las hojas de los pobres humanos
    que casi apenas oyen la línea del presente.

    Allí, toda la historia de Roma y los romanos;
    las guerras, y las paces al párrafo siguiente,
    allí, las experanzas; allí, los cotidianos
    susurros y quehaceres del amor de la gente.
    Allí, también, mi vida con sus pequeñas cosas,
    y la tuya, con todo tu futuro, tu miedo,
    tus sueños entrelíneas como en un escondrijo...

    Y en el centro del libro, con las letras borrosas
    de haber pasado el Padre tantas veces el dedo,
    la página que cuenta la muerte de Su Hijo.

    martes, 22 de marzo de 2011

    lunes, 21 de marzo de 2011

    Un epígono de Job

    El barbero en Conversaciones de E. M. Cioran:

    [Sobre si es reaccionario] Henri Thomas me dijo un día: “Usted está contra todo lo que ha ocurrido desde 1920”, y yo le respondí: “¡No, desde Adán!”
    *
    Un libro debe ser un peligro.
    *
    El poder es diabólico: el demonio no fue más que un ángel con ambición de poder.
    *
    En el momento en que escribes, estás tú solo contigo mismo o con Dios, aunque no seas creyente.
    *
    Pero, a decir verdad, soy casi incapaz de leer novelas, casi incapaz. […] Nunca he leído ese libro [El ser y la nada]: por culpa del estilo.
    *
    Hacer la torre de Montparnasse después de haber hecho catedrales: ¿podemos decir que la historia tiene un sentido?
    *
    ¡Ay del libro que podemos leer sin hacernos constantes preguntas sobre el autor!
    *
    [¿Cuánto tiempo trabajó hasta que su primer libro quedó escrito en francés?] No mucho, pero día y noche durante tres años.
    *
    Estoy incapacitado para tener fe, pero no soy indiferente a los problemas que nos plantea la religión. La fe va más al fondo de las cosas que la reflexión. A quien nunca se haya sentido tentado por la religión le faltará algo: saber lo que es el bien y el mal. A veces imagino la historia universal como un gran río del pecado original. Leo y releo el Libro del Genésis y tengo la sensación de que eun unas pocas páginas está todo dicho. Es muy emocionante. Aquellos nómadas del desierto tenían una visión completa del hombre y del mundo.
    *
    Hay que elegir el sitio en que uno quiere fracasar en la vida.
    *
    He escrito aforismos por repulsión hacia todo.
    *
    Sin Bach, yo sería un nihilista absoluto.
    *
    Hay momentos es que, por alejados que estemos de la fe, sólo concebimos un posible interlocutor: Dios.
    *
    La profundidad es el monopolio de los que han sufrido.
    *
    Mientras frecuentas la poesía, no te arriesgas al vacío interior. La obra y el lector pertenecen al mismo universo, una intimidad extraordinaria los vincula. Como en el caso de la música, te aproximas a algo esencial que te colma: como una gracia, una complicidad sobrenatural con lo indefinible. El tiempo queda eliminado, te ves proyectado fuera del devenir. Música y poesía, dos aberraciones sublimes.
    *
    [¿Por qué rompió usted con la poesía?] Por agotamiento interior, por debilitamiento de mi capacidad de emoción.
    *
    Creer en Dios significaba para mí humillarse. Hay una faceta demoníaca en eso, muy grave, lo sé…
    *
    Toda mi ambición estribaba incluso en ser un pensador privado, un epígono de Job.
    *
    En general, quienes no tienen ninguna religión tiene una, que es la negación. […] el hombre que se vuelve arreligioso por su propia voluntad se esteriliza y lo más antipático es que eso va acompañado siempre de un orgullo exagerado y desagradable.
    *
    [sobre la escritura autobiográfica] Todo lo que no es experiencia interior no es profundo.
    *
    Tengo un auténtico culto por España.
    *
    Y ahora me preguntan: “¿Por qué ha dejado de escribir?”. ¡Porque estaba harto de hablar mal de Dios y del universo!

    domingo, 20 de marzo de 2011

    Río ¡bravo!

    Hasta cierto punto hasta tiene gracia estos políticos andaluces nuestros queriendo que nos ofendamos mucho por lo del río.

    Y el PP que votó a favor del Estatuto, ahora hace un trasvase y se pone la medalla de la sentencia negativa.

    ¡Qué truchas!, digo, qué tropa.

    sábado, 19 de marzo de 2011

    Arsa

    Fíjate si te olvidé
    que escribo esta soleá
    sin saber siquiera a quién. 

    El barbero barberizado

    El barberizador que lo barberice buen barberizador será.

    Perigeo

    Este fin de semana, como si el universo se dispusiera a celebrar san José por todo lo alto y a rendir un homenaje a Japón, tendremos la Luna más cercana a la Tierra en 18 años. Pasará casi rozándonos a 356.577 kilómetros. (Los que más me impresionan son esos últimos siete km., tan precisos.) Y será luna llena, lo que engrandece el espectáculo. La cercanía y el plenilunio producirán unas mareas de coeficientes altísimos: grandes pleamares y bajamares amplísimas. Hay quienes se han dedicado a propagar por internet mensajes milenaristas, pero es que hay gente para todo. Para la gente como yo, será un fin de semana dedicado al paseo: por la noche a la luz de la luna, por el día al borde extraordinario de la marea baja.

    viernes, 18 de marzo de 2011

    A vueltas con la intimidad

    La entrada de ayer me recordó mi compromiso de hablar de la intimidad. José Manuel Benítez Ariza, con su perspicacia indesmayable, escribió una entrada sobre el particular partiendo de mi poema "No hay cuidado". Se lo agradezco mucho, y más porque considera mi respuesta "satisfactoria desde un punto de vista poético". Viniendo de un poeta exigente y riguroso, suspiro aliviado. Más polémica la ve en "una discusión abierta". Yo, sin embargo, tampoco en abierto voy a polemizar demasiado, porque estoy muy de acuerdo con dos de las cosas que dice. Sólo con una, no.

    El primer acuerdo es evidente. Se trata, sí, de un tema fundamental, casi el tema (literario) de nuestro tiempo, que las nuevas tecnologías han puesto todavía más, si cabe, en primer plano. El mismo Arcadi Espada echó su cuarto a cuenta de un poema de Juan Bonilla.

    No estoy de acuerdo, en cambio, con Benítez Ariza en que el telón de fondo de la intimidad consista en "las miserias fisiológicas, las fijaciones mentales, las trapacerías del día a día, las pequeñeces domésticas y las mañas que dicta la supervivencia en el medio laboral, social, vecinal e incluso familiar". Eso vendría a ser --más allá de si las claves son verdaderas o falsas-- lo que yo objeto al poema de Juan Bonilla: confundir la intimidad con lo individual. Ya me gustaría ser más preciso señalando en qué consiste la intimidad interminable que interesa, la que da un tono, configura la personalidad o incluso, como dijo Gaya, muestra el ser; pero es que no lo sé aún del todo, como reconocí en el poema comentado. Dejaré, por eso, que la explique, a la contra, Cioran:
    Si los lees, no están del todo mal, pero se agotan en fórmulas, no tienen prolongación. Y no hay necesidad de profundizar, no hay nada que hacer, es una confesión sin secretos. No esconde nada, pese a que todo está bien formulado en ellos, tiene un sentido, pero sigue careciendo de futuro. Lo que constituye el secreto de una persona no lo sabe uno mismo. Y a eso se debe el interés de la vida, del comercio entre las personas; de lo contrario se acaba en un diálogo de monigotes.  
    Mi principal y más emocionante acuerdo con José Manuel radica en la importancia del diálogo y la expresión pública en la configuración de nuestra intimidad. Se trata del gran descubrimiento de los trágicos griegos y el fundamento de los diálogos platónicos. La claridad se revela, por tanto, como algo mucho más trascendental que una cortesía con el lector, que quería Ortega. Se trata, más bien, de una forma de caridad, que empieza con uno mismo. Ser claro es iluminarse por dentro y descubrirse, en ambos sentidos:  ante el otro y, a la vez, a uno mismo. 

    (En mi caso, acude a complicarlo --en realidad, a simplificarlo-- Dios, el Interlocutor por excelencia, cuyas delicias son oír las cosas de los hombres. Me descubro en el diálogo con Él. Lo recalcaba Kierkegaard: "La persona que no es ante Dios, tampoco es ante sí". Aunque uno es finito y superficial, la mirada infinita de Dios me va haciendo hondo e inabarcable. Sólo hay que sostenérsela, que no es fácil.)

    jueves, 17 de marzo de 2011

    Dudoso murciano

    Lo que menos me ha gustado de Sueño de origen, el último poemario de Eloy Sánchez Rosillo, es la dedicatoria de mi ejemplar. Es muy generosa por otra parte, pero me califica como “dudoso murciano”.

    ¡Dudoso, yo!, con la de vueltas, casi mareantes y quizá ridículas, que doy para no dejar atrás mi lugar de nacimiento. Pongo “Murcia, pero el Puerto de Santa María”, que es demasiado largo, lo sé, porque no quiero renunciar a nada. Cierto que sólo nací allí, como todos mis hermanos, uno tras otro. Mi madre buscaba el amparo de su familia para dar a luz, pero enseguida nos volvíamos aquí, donde mis raíces paternas. Luego volvíamos unos días en Navidades y otros en Semana Santa y pasábamos en verano camino de la playa, hasta que mis abuelos maternos se hicieron mayores y se vinieron al Puerto también, y ya nada. Sin embargo, está la frase honda de Ramón Gaya, que llevo en el alma:
    Para mí las cosas murcianas, este paisaje por ejemplo, tienen mucha importancia. No tengo raza allí, pero se ve que ese primer llanto cuando uno aparece tiene mucha importancia, no sé, son cosas secretas
    Entre esas cosas murcianas de mucha importancia, la poesía de Eloy Sánchez Rosillo, el mismo Eloy que duda de mi murcianidad, sin saber que uno de sus fundamentos es su obra. Y todo se intrinca. No ha sido frente a la dedicatoria la única vez que he recordado a Gaya con Sueño de origen entre las manos. Hay varios poemas fundamentales del libro que se entienden aún mejor si uno tiene presente lo que escribió Gaya de Velázquez:
    Con Velázquez sucede al revés; que en estos extraños retratos se represente a la Infanta Margarita, o al Niño de Vallecas, o al Conde–Duque, no significa mucho ni ellos se diferencian gran cosa aquí, y no porque Velázquez confunda a unos con otros, sino porque él no los retrata nunca como personajes, ni como personas, sino como seres, como seres desposeídos; y los seres, llevados a su anónimo rincón vital, original, resultarán todos muy semejantes. De ahí que un gran retratista como él no caiga en esa prestigiosa trampa de la psicología, o en esa otra del carácter, y nos entregue a todos, como purificados, salvados de sí mismos. 
    A partir de ahí se puede leer con total conocimiento de causa el poema “Un paso” de Sánchez Rosillo:
    Más allá de quien eres. 
    Aunque sólo sea un paso bastará. 
    Atrévete; confía y nada temas.
    Si das un paso, al fin habrás llegado. 

    Traspasar esa línea de sombra que trazara 
    en torno a ti la culpa de ser tú. 
    Y allí, inocente, libre 
    del triste encierro de la identidad, 
    ver en el ámbar puro de la mañana nueva 
    que la luz te perdona 
    y te signa la frente con su mano. 

    E insiste en “Sin mí”:
    Paso deprisa por mi propia puerta: 
    hoy no quiero encontrarme a ese que soy. 
    Andar solo, sin mí, qué maravilla, 
    cuánta despreocupada libertad. 
    Y en torno esta mañana de incipiente junio. 
    Son muy personales estos versos que celebran la impersonalidad, paradoja presente en los propios retratos de Velázquez, inconfundibles. Esto se explica, creo, en el poema “La belleza”, tan redondo en su paralela paradoja:
    La belleza es de todos 
    (huerto con sombra y sol, aljibe y cielo 
    y acequia rumorosa, 
    con su fruta y su rosal, 
    y con su adelfa amarga): 
    patrimonio común que sin embargo 
    sólo es de cada uno. 
    Y sin restarle alcance universal al poema, mi murcianía se emociona con ese epítome huertano de la belleza: la huerta, el aljibe, la acequia, la fruta, el rosal y la adelfa. Y cuánta agua fresca corre entre esos versos. Agua que nos trae de nuevo a la memoria, naturalmente, a Ramón Gaya…

    martes, 15 de marzo de 2011

    Elogio de la misma piedra

    Mi hija juega con la gomita de cierre de mi moleskine. La estira y la suelta y hace plas con la fuerza de un tirachinas. A mí me va a desfondar el elástico, pero a ella le hace mucha gracia. Hasta que de golpe llora: la goma le soltó un latigazo. “No lo hará más”, suspira aliviado alguno de los presentes, que estaba ya de los nervios. Pero no ha terminado de caer la última lágrima, y vuelve a las andanadas. “Está visto”, se resigna el mismo, “que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra”. Que me la llame “animal”, me subleva, y, de la mano de mi indignación, descubro con orgullo de padre que esa insistencia en el peligro y la curiosidad, despreciando el riesgo y el dolor, es lo que nos diferencia, efectivamente, del mono y los demás animales. ¡Ea, dale sin miedo, Carmencita!

    lunes, 14 de marzo de 2011

    Hombre de demasiada fe

    No llueve, jarrea. Y yo tengo que ir a Correos, vaya por Dios, a Correos, que está en el centro del pueblo, donde aparcar es imposible. Y no llevo paraguas. Cuando paso por la puerta de la oficina, veo coches en doble fila y sobre el paso de peatones y parados y sonando los cláxones, y me acuerdo de pedir a lo Alto, como me enseñaron de pequeño, un aparcamiento. Pero enseguida me corrijo, y me parece ése un favor a la vez insignificante y, a la vista del tráfico, muy difícil. Prefiero pedir, pues, otro milagro, más a la medida de la misericordia de Dios. Que yo, como es de esperar, no encuentre un sitio y tenga que ir muy lejos a aparcar, sí, pero que deje de llover entonces y salga el sol y luzca un arco iris, y yo vaya felizmente paseando, oliendo a aire limpio y a agua dulce, viendo las gotas indecisas —como en un anuncio de colonia— aún sobre la piel tersa de las hojas de los naranjos, hasta llegar, al fin, saltando (casi bailando) para no meter el pie en ningún charco azul, dando gracias a Yavé, como el rey David, hasta la puerta de Correos… En mitad de esas ensoñaciones, veo que va a salir un coche, ¡salir!, ¡un coche!, pero me lo he pasado, pero no viene nadie, oh, nadie, así que puedo dar marcha atrás y aparcar, sí, aparcar. Sigue jarreando, y qué: estoy a veinte metros de la puerta de Correos. Doy dos saltos, dos pasos de baile breve bajo la lluvia, que apenas puede darme dos manotazos en la espalda.

    La importancia de este sucedido radica en que no se trata de un caso aislado. Mutatis mutandis, estoy siempre en las mismas. Por poner el peor ejemplo, cuando me cuentan que alguien está muy enfermo, mi tendencia es ponerme a pensar ipso facto en el paraíso, en vez de rezar mucho para que se cure. Mientras esperaba mi turno en Correos, me he hecho el firme propósito de pedir más y, sobre todo, más humildemente por los aparcamientos y por las curaciones.

    Nel mezzo del cammin de nostra vita

    "En mitad del camino de la vida", o sea, en la mediana edad, me pareció siempre una bonita cita dantesca. Hasta que he llegado a esa encrucijada, y me he dado cuenta de que el Dante sabía lo que se decía. Uno se siente, a veces, aplastado entre su pasado y su futuro, exactamente en medio. La juventud otea un futuro fantástico, que da gusto soñar. La vejez, un pasado agridulce, que resulta entrañable recordar. En la mediana edad es cuando uno ya tiene un pasado, que le compromete, y un futuro, que exige ser hecho realidad. Con todo, la situación también tiene sus encantos y sus posibilidades. Dante, sin ir más lejos (porque más no se puede), se marcó la Divina comedia.

    domingo, 13 de marzo de 2011

    De ida y vuelta

    Cumpliendo mi palabra cenicienta del miércoles de ídem, hoy hablo de política. En la redacción del Diario se han comido todos los puntos y aparte.

    A Carmen los puntos y las comas se le quedan en nada. Prefiere comerse entera la pequeña selección de artículos menos políticos que me publica Siltolá. Están --parece que dice-- para comérselos.

    Pero es publicidad engañosa, os desengaño, porque 1) ella no es objetiva y 2), como Plinio el Joven, piensa que no hay libro que no tenga algo bueno. Le hinca el diente a todos.

    sábado, 12 de marzo de 2011

    Imitación

    A mí, que me gustan las comidas muy sabrosas, me han dado En Compostela una excusa contra tantos sosos avisos saludables e hipotensos, además de una industria humana para vivir con salero la presencia de Dios en la mesa. También recuerdo el Evangelio cada vez se me cae algo de la mesa y se lo comen mis perrillos, atentísimos. O si olvido lavarme las manos, como los apóstoles. A veces, soy descuidado a posta, y hago el papel de monstruo de las galletas. Podrían advertirme ustedes que Jesús no quiere que le imitemos en esas minucias discutibles, sino en su entrega incondicional a los demás y en su amor al Padre. Desde luego, pero aquellos pequeños detalles tienen gracia (son muy salados, como se dice) y lo otro es una labor para toda la vida. La caridad bien entendida acaba con uno mismo. 

    viernes, 11 de marzo de 2011

    Antes que el aire la manche

    Agustín Porras no para de hacer descubrimientos sobre Gustavo Adolfo Bécquer, aunque no sé si éste le pediría que parase. El último, publicado en la nueva revista El alambique, son unas cuantas coplas flamencas que el poeta sevillano firmó como G. M. R. Para explicar el seudónimo, propone Porras que el gran (y breve) Bécquer, llevado por el amor a la poesía popular y a su casi consustancial anonimato, no quiso marcarlas a fuego con su nombre. No: para eso mejor las hubiese dejado sin firmar. Más bien creo que no las consideró a la altura de sus poemas, como salta a la vista que no lo están. No quita para que alguna valga. Como ésta, transparente y sensual:
    Al decirme: ‘yo te quiero’
    deja que tan dulce frase
    recoja yo con mis labios
    antes que el aire la manche.

    jueves, 10 de marzo de 2011