jueves, 29 de junio de 2006
Fin de carrera
de mis sabias lecciones pudo daros
más que triviales fórmulas y algunos
estereotipos que la gente ignora
ya que de otra manera no es posible
sacar ningún provecho de este docto
título que hoy gozáis. Es necesario
que esto quede muy claro para nunca
caer en los errores en que muchos
han caído de forma irreversible
y muy triste en lo que en mi modesta
opinión se refiere. De estas aulas
lo bonito sería que salierais
--amén de preparados para la útil
ganancia de un dinero-- con la mente
al menos respetuosa y bien dispuesta
para admirar las artes que al contrario
de cuanto os he enseñado... sí perduran.
[Historia Antigua. Víctor Botas]
miércoles, 28 de junio de 2006
Intrahistoria
Pero que nadie se engañe: el repliegue no es una retirada. Se trata de ahondar en las raíces para florecer con más fuerza.
lunes, 26 de junio de 2006
Albada
Con tanto ajetreo, por muy temprano que uno se levante, lo que empezó como una albada, sólo acabará a media mañana, convertido ya en trotadora prosa de cada día, que es justamente lo que uno tiene que convertir en...
sábado, 24 de junio de 2006
Visita al oculista
(Aunque si yo fuese político, la receta hubiese sido demagogia, que es lo mismo adaptado a los medios de comunicación de masas.)
Contra las bodas
Tampoco es que tenga nada contra el matrimonio. El día de tu boda es el más feliz de tu vida, dicen. “Sobre todo”, bromeé alguna vez, “de tu vida de ahora en adelante”. Me equivocaba: la cotidianidad conyugal depara días muy dichosos. De lo que de verdad estoy en contra es de las bodas, esto es, de la preceptiva celebración festiva del evento. “Qué misantropía”, dirán ustedes, “si sólo es una lógica noche de fiesta”. De sólo una noche, nada: desde que, varios meses antes, uno recibe la invitación, está condenado; además de agradecido. A partir de entonces, inútilmente intentará hablar de la manifestación de la AVT o de las peripecias de Maragall: la conversación se centra, por arte de magia, en cuestiones de vestimentas, de hoteles y de listas de regalos. Todo muy barato.
El día más feliz dura una infinidad de horas seguidas donde, como en el poema de Bécquer, se confunden los crepúsculos. Si pagaran un salario por asistir, sería un trabajo insoportable, que incumpliría todas las normas que regulan una jornada laboral digna. Cuenten las horas que se pasan de pie, conversando a voz en grito, saludando con cara de felicidad, bebiendo sin sed y comiendo sin hambre…
Desde la boda de Letizia, se hace mucho hannover, quiero decir, que se imita al famoso Ernesto saltándose la ceremonia religiosa para acudir directamente al convite. Grave error, porque la iglesia es el único sitio donde podrás estar sentado tranquilamente, deseando felicidad a esos aventureros que unen sus vidas, sin la obligación de dar carrete a un señor que te pusieron al lado.
A partir de ahí, todo es una vorágine de canapés y un vértigo de conversaciones. Enseguida olvidamos cuánto nos costó adelgazar y que, por cada copa, uno tendrá que tomarse al día siguiente un vasito efervescente con paracetamol. La fiesta no acaba nunca porque, cuando por fin decidimos irnos, empiezan las despedidas, que se eternizan. Y se repiten: hace tanto tiempo que habías dicho adiós a la primera persona que vuelves amnésico y afónico a pegarle otro abrazo.
Hubo un tiempo en que pensé, con alivio, que había casado felizmente a todos mis amigos. Sin embargo, yo mismo me casé, y con una mujer tan extremadamente joven que ahora comienzan a hacerlo sus amigas. Algún día terminarán, supongo; pero ya no concibo esperanzas. El gobierno ha inventado el divorcio exprés y, dentro de nada, empezaremos a celebrar reincidencias.
—Amigos, parientes y conocidos, por favor, sed matrimonios felices y duraderos, aunque sólo sea para ver si podemos pasar un fin de semana en casa leyendo un poco.
[Artículo que publiqué en el Diario de Cádiz allá por mayo pasado, pero que --ante el fin de semana que me espera-- he considerado conveniente recuperar.]
viernes, 23 de junio de 2006
La cita de todos los veranos
Y he recordado un versículo de Luis Rosales, que me viene como anillo al dedo:
No olvido --haciendo un juego de palabras en honor de AnaCó-- que no hay Rosales sin espinas, o sea, sin algo punzante y doloroso. En este versículo, tal vez se deba al hecho de que la escritura resulta sólo un fruto de estación, porque antes no hay tiempo, ni silencio, ni paz, puede que ni ganas. O quizá --con más dramatismo-- a que el poeta se siente existencialmente perdido durante el resto del año.Escribir es la cita que todos los veranos tengo conmigo mismo
Pero Rosales da siempre su perfume. Qué preciosa verdad poética: escribir es encontrarse con uno mismo; es una esperanza a punto de cumplirse...
¿Acudiré yo estos dos meses a mi cita conmigo? Y que el paciente lector no proteste diciendo: "pero si no paras, grafómano, entre el blogg, los artículos, las críticas..." No: escribir, escribir es escribir poesía.
¿Y acudirá ella a la cita?
jueves, 22 de junio de 2006
Poesía y prosa
El poema, muy conocido, es:
La diferencia más evidente es el tamaño. El poema, breve y esencial: una verdad desnuda con un tono visionario. El artículo, largo y narrativo, de tono biográfico. Uno es memorable, el otro es memorístico. Cuando se leen juntos, se piensa que el artículo podría ser la nota al pie que explicase qué hechos concretos están debajo de aquellos tres versos. Sosteniéndolos, porque sin esa experiencia previa el poema no habría sido concebido.SPOON RIVER, EUSKADI
¿Te preguntas, viajero, por qué hemos muerto jóvenes,
y por qué hemos matado tan estúpidamente?
Nuestros padres mintieron: eso es todo.
Técnicamente, tiene interés el uso tan diverso que se hace de la tradición literaria. El título del poema se refiere al del poemario de Edgar Lee Masters, Spoon River Anthology, que es una colección de epitafios. Juaristi no pretende perpetrar un culteranismo, sino propiciar una evocación emocional. Nombrar Spoon River nos sitúa en el marco de un cementerio (allí ocurre todo aquel libro) y nos introduce en un mundo de reproches (que es, principalmente, a lo que se dedican los personajes de Masters). En el artículo se acaba haciendo, es cierto, una paráfrasis de un verso de Cernuda —que posiblemente ayudó a Jon Juaristi a concebir la idea del poema—, pero el uso esta vez no es evocativo sino discursivo, para volverlo del revés y explicarlo.
Mientras que en "Breve historia de una saga sabinista" el autor nos cuenta una historia en la que él juega, como es lógico, un papel clave como testigo; en "Spoon River, Euskadi", el poeta —a pesar de la (mala) fama de los vates en este sentido— brilla por su ausencia. El personaje central del poema --quien tiene que entender-- es el “viajero”, o sea, el lector. Y la voz, una de ultratumba.
No podemos olvidarnos del tiempo. La enseñanza también es nítida: en el poema el tiempo es un futuro abstracto (casi un destino) que se basa, puenteando al presente, en un pasado mítico. El tiempo de la prosa es el presente que se abre paso entre una maraña de causas y de efectos. Ambos textos son complementarios.
miércoles, 21 de junio de 2006
En tres líneas
*Yo diría que el Cristianismo propone, entre otras cosas, lo contrario: "Hacer de la virtud necesidad". Pablo de Tarso, más atrevido, prefirió decir: "Hacer de la necedad virtud, como del escándalo" (1Cor 1,18-23) .
*Lo que motivó la actuación del Grande-Marlaska contra ETA fue una portada de periódico. Qué muestra del inmenso poder de los medios... El mismo daimon juguetón me susurra al oído: "Claro, el poder de los fines está desaparecido".
martes, 20 de junio de 2006
La realidad y la poesía
Más fundamento tiene si aplicada a la lectura. La buena poesía enriquece al lector mientras que un buen lector enriquece al poema, en lo que la gente llamaría un círculo vicioso, pero que es una espiral benéfica. Cuando un poema me habla de lo que no viví, aumenta mi experiencia, y cuando habla de algo que conozco es mi vida pasada la que da sentido y matices al poema, que vuelve a influir sobre uno con renovado vigor. Suena complejo, pero todo lector de poesía ha pasado por esa experiencia. Ahora bien, para que el mecanismo gire, tiene que rodar sobre el eje fijo de la realidad, que es la tierra firme que comparten poeta, lenguaje, lector y tema del texto.
Dos pequeñas anécdotas reafirman la teoría. La primera, la flor del asagao. Miguel d’Ors reprodujo en su Sol de noviembre un haiku de Basho que a mí, en principio, me dejaba frío:
Yo soy un hombre
que come su arroz
ante la flor de asagao.
A Arp, sin embargo, le gustó muchísimo y, con instinto de filólogo, se puso a investigar qué flor era el asagao. Pensó que la prímula, y yo seguí quedándome frío: una flor bonita pero cursi que no me decía nada. En Arp se puede confiar, no porque no se equivoque a veces, sino porque rectifica enseguida. A los pocos días nos informaba de que la flor de asagao es, en realidad, nuestra corregüela. Y, entonces, cuando el haiku de Basho arraigó en la tierra de su verdad, me emocionó: la corregüela es una flor silvestre, humilde y feraz, delicada sin embargo. Una flor delante de la cual el hecho de comer arroz es significativo.
Chiyo también habla de la flor del asagao. Este haiku, en cambio, siempre me había gustado mucho por esa sensibilidad femenina que prefiere salir a pedir agua antes que arrancar unas plantas.
Cegado el pozoConociendo la florecilla que merece su misericordia, llega más hondo aún.
por la flor de asagao,
salgo a por agua.
Ahora, cuando veo corregüelas por los arcenes y en las vallas de las casas viejas, me fijo más, y recuerdo a los maestros.
La otra experiencia tiene que ver con las cigarras. Su música, siendo sinceros, no es más que un ruido chirriante, valga la recurrente y socorrida aliteración. Le prestamos oídos —además de porque no nos queda otro remedio— por su prestigio literario y su reversible moraleja, que Inma nos recuerda. Así las cosas, cuando leí Partitura de la cigarra, de Eugenio Montejo, me pareció que la poesía del gran venezolano estaba muy por encima de su tema y de su título.
Hasta que hace unos días cayó en mis manos esta contestación de Jean-Claude Roché (célebre bioacústico o, como él prefiere, ornitomelólogo) a una pregunta sobre el canto de las cigarras: “cantan muy bien. Pero los cantos que resultan realmente hermosos son los de las cigarras de países tropicales, como las de Venezuela o Malasia, por ejemplo. Es extraordinario, porque todas cantan por la tarde, pero, a su vez, cada especie tiene su momento exacto. Hay una que canta a las cinco y media; otra a las seis menos veinte; otra a las seis menos cinco… nunca juntas. Cada cual respeta su turno, con una precisión tal, que podría poner mi grabadora en el momento exacto en que quisiera grabar una.”
Los subrayados son míos. Y la nueva emoción con la que he vuelto a Montejo también.
domingo, 18 de junio de 2006
Fun & Beauty
We hobble through this difficult world with the aid of two crutches: Fun & Beauty.[Unamuno pensaba que no era necesario traducir de los idiomas que se estudiaban en el bachillerato. Como soy profesor de instituto, no comparto el optimismo del Rector de Salamanca y ofrezco una versión de la frase de Belloc: "Renqueamos a través de este mundo complicado con la ayuda de dos muletas: la diversión y la belleza".]
viernes, 16 de junio de 2006
Cómo pensar de los demás sin equivocarse
Piensa mal y acertarás.No le gustó. Y aprovechando su tribuna para mejorar los usos y costumbres, se aventuró a corregir al genio (o el mal genio) del pueblo y propuso:
Prefiero pensar bien, aunque me equivoque.A primera vista, la propuesta pemaniana era estupenda. De segundas, plantea el problema de que nuestra inteligencia siente una repugnancia prácticamente invencible ante cualquier equivocación. No creo, siendo honestos, que esta versión lograse desactivar el refrán tradicional en muchas conciencias.
Afortunadamente, Jorge Luis Borges, conociendo el intento de Pemán o sólo lo que postula el refranero, cinceló una frase definitiva que convence, porque vence las resistencias de la realidad y las reticencias de la razón. No sé qué pensarán ustedes, pero desde mi punto de vista este argumento es inapelable:
Piensa que los otros son justos, y si no es así, el error no es tuyo.
jueves, 15 de junio de 2006
Los frutos del bien
Mañana seguiremos hablando de Pemán, pero ahora el barbero se alegra mucho de que no cayera en la cuenta, porque realmente los frutos del bien se pueden cosechar en los dos libros de notas del propio Charles Baudelaire, Cohetes y Mi corazón al desnudo. Véanse:
La franqueza absoluta, medio de originalidad.*
El espíritu de burla puede no excluir la caridad, aunque es raro.*
El trono y el altar, máxima revolucionaria.*
En la plegaria hay una operación mágica. La plegaria es una de las grandes fuerzas de la dinámica intelectual. Hay en ella como una corriente eléctrica.*
El rosario es un médium, un vehículo: la oración al alcance de todos.*
España pone en la religión la ferocidad natural del amor.*
El primero que llegue, con tal que sepa divertir, tiene derecho a hablar de sí mismo.*
La agudeza es una obra maestra.*
Las naciones no tienen grandes hombres más que a pesar suyo. Por lo tanto, el gran hombre es el vencedor de toda su nación.*
Hay que trabajar, si no por gusto, por desesperación, ya que está comprobado que trabajar es menos fastidioso que divertirse.*
Los abolicionistas de almas (materialistas) son necesariamente los abolicionistas del infierno: están, a buen seguro, interesados.*
Teoría de la verdadera civilización. No está en el gas, ni en el vapor, ni en las mesas giratorias. Está en la disminución de las huellas del pecado original.*
Siempre el gobierno anterior es el responsable de las costumbres del siguiente, en la medida que un gobierno pueda serlo de alguna cosa.*
No comprendo cómo una mano pura pueda tocar un diario sin una convulsión de asco.*
Ser rico y amar el trabajo.*
No hay trabajo más largo que aquel que uno no se atreve a empezar. Se vuelve pesadilla.*
Sé siempre poeta, hasta en prosa.*
Encontrar el frenesí diario.*
Una sabiduría abreviada. Aseo, oración, trabajo.
miércoles, 14 de junio de 2006
Tal como fue
La idea nos la explicó la víctima del terrorismo con la que cenamos después de la concentración del 10 de junio. Él decía que, si pudiera, borraría el sintagma “la sinrazón del terrorismo”: los asesinos tenían muy bien previstas las consecuencias, las ventajas que sacarían de los crímenes; y si no tuvieron razones, ahora el Gobierno, al negociar, se las iba dando.
martes, 13 de junio de 2006
Tortuga
Uno de mis recuerdos es mi padre leyéndome poemas de Marinero en tierra antes de dormirme. Le pedía obsesivamente la “Nana de la tortuga” y comenzaba así mi camino de poeta. Y renunciaba a la carrera de novelista, pues los cuentos no me interesaban tanto. Mi padre --imagino ahora que con gran paciencia-- me leía la nana una y otra vez y yo tengo grabada para siempre la música del verso en su voz varonil.
Hace dos o tres años, en una incursión de saqueo en la biblioteca paterna, di con la poesía completa de Alberti en la preciosa edición de Aguilar. La abrí y me encontré con que la cinta marcadora roja estaba aún en el viejo poema de la tortuga. Había dejado una marca sobre el papel y desteñido un poco. Aquello fue un golpe de emoción y memoria como de magdalena de Proust. Devolví el libro a su sitio, porque lo mejor me lo había llevado hacía muchos años.
NANA DE LA TORTUGA
Verde, lenta, la tortuga.
¡Ya se comió el perejil,
la hojita de la lechuga!¡Al agua, que el baño está
rebosando!¡Al agua,
pato!Y sí que nos gusta a mí
y al niño ver la tortuga
tontita y sola nadando.
Y ahora caigo en que quizá mi lentitud para todo la aprendiese igualmente de aquella tortuga. Aunque no sé si hay que llevar las influencias hasta tan lejos: el perejil, por ejemplo, me deja frío…
lunes, 12 de junio de 2006
domingo, 11 de junio de 2006
Masa

Al fin de la batalla,
y muerto el combatiente, vino hacia él un hombre
y le dijo: "¡No mueras, te amo tanto!"
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.
Se le acercaron dos y repitiéronle:
"¡No nos dejes! ¡Valor! ¡Vuelve a la vida!"
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.
Acudieron a él veinte, cien, mil, quinientos mil,
clamando "¡Tanto amor y no poder nada contra la muerte!"
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.
Le rodearon millones de individuos,
con un ruego común: "¡Quédate hermano!"
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.
Entonces, todos los hombres de la tierra
le rodearon; les vio el cadáver triste, emocionado;
incorporóse lentamente,
abrazó al primer hombre; echóse a andar...
[César Vallejo. España, aparta de mí este cáliz]
sábado, 10 de junio de 2006
En marcha
Yo para acompañar mi amargo café de madrugada, musito en la memoria estos versos de Sir John Harrington que tradujo Almuzara el Breve:
¿Por qué nunca prospera la traición?Tres versos así despiertan y animan a un muerto. Y a medida que vaya recogiendo colegas-y-sin-embargo-amigos los poemas de la memoria serán más y más alegres.
Porque cuando prospera
nadie sigue llamándola traición.
viernes, 9 de junio de 2006
Rota; Castillo de Luna

Aun a riesgo de ser pesado con Chesterton —valga la redundancia, diría él—, contaré algo de la presentación de anoche de La superstición del divorcio. Mi función se limitó a poner en hora este libro escrito en 1920, cuando en Inglaterra se discutía la admisión de una ley de divorcio. No fue difícil: apenas ha atrasado. (Lo de la sincronización es importante porque llevamos entre manos una bomba de relojería contra el discurso de valores dominantes.)
Lo curioso es que ese aspecto explosivo del propio Chesterton, que hoy parece desactivado por la imagen, igualmente cierta, de un escritor gordo, jovial y divertido, estaba muy presente para sus contemporáneos y hasta para él mismo. Dorothy L. Sayers, la impagable traductora de la Divina Commedia, explicó en 1952, en su prólogo a La sorpresa: “Para los jóvenes de mi generación G. K. C. fue una especie de libertador cristiano. Como una bomba beneficiosa […]” Justo esa misma imagen es la que utilizó el propio Chesterton para hablar de él y sus amigos, cuando parodió (sin entenderlo del todo, me temo) el poema "The Hollow Men", de T. S. Eliot, donde se leía que “el mundo no acabará con una explosión sino con un quejido”. Con el pretexto de caricaturizar al grupo Bloomsbury, se hizo este sonoro autorretrato:
La de ellos es desdén, risillas y gemidos;
fue nuestra juventud carcajada y canción.
Ellos quizá terminen con un leve quejido,
nuestro final será, seguro, una explosión.
Para defender el matrimonio, recurre constantemente a un ejemplo que pone melancólico: el del patriotismo. Chesterton argumenta que si somos capaces de dar la vida por la patria (y más cuando está más postrada), por qué no por esa pequeña nación que es la familia, que además sí hemos elegido. Hoy en día con qué lealtad, con qué heroísmo se podría comparar el sacrificio por la familia. Con el patriotismo, no. Lo triste es que nada está desconectado: en la sociedad no hay compartimentos estancos --y por eso se hunde tan rápidamente. Cuando las ideas de sacrificio y de entrega se desmoronan en todos los órdenes, ¿podrían mantenerse en el matrimonio?
Afortunadamente, con Chesterton, la melancolía dura poco. No ataca a los divorciados. Hace un profundo análisis del matrimonio indisoluble y de las razones por las que compensa defenderlo, luchar por él. La clave es su belleza superior. Las películas y las canciones se fijan usualmente en el enamoramiento porque el amor constante es más difícil: demasiado grande y a la vez demasiado sutil para filmarlo o cantarlo. Tenemos por delante toda una tarea cultural pendiente, amigos. En este sentido, Chesterton también es un adelantado. Escribió un poema ejemplar sobre el romanticismo de envejecer juntos, disfrutando desde los cambios más pequeños (en el vestuario o en el tinte del pelo) hasta los de la edad. Y frente a los cambios, lo que no cambia:
EL ÚLTIMO DISFRAZ
Tiñes tu blusa blanca con un verde más suave
como cuando volviste tu melena castaña,
y entonces brotó en mí esta oración tan rara,
la más rara que nunca haya dicho un amante:
“Que yo que vi tu juventud brillar
—arco iris cambiante de unas ropas a otras—
pueda verte en la tierra ciñendo la corona
de plata de la edad.
Empolvarás tu pelo de forma sorprendente,
maquillarás tu cara con pinturas muy pálidas;
pero, alegres, detrás del velo y de la máscara,
tus ojos inmortales mirarán como siempre.”[Traducción de J. J. Cabanillas]
jueves, 8 de junio de 2006
Palabras para Julia
Mientras releía ese libro, me he dado cuenta de que fui injusto con Julia. Ocurrió en casa de Ana Có. Julia defendía que todos los matrimonios son por amor; yo tan lewisiano como Beades, salí al paso; ella replicó que eran matrimonios por amor también si por amor propio; y entonces, ay, me sonreí y la acusé de no ser tan romántica como parecía. Pues bien, Chesterton, que es todo un caballero —una vez se levantó en el tranvía y dejó asiento a dos o tres señoras—, acude en auxilio de Julia y me desarma. Sostiene que a los que no cumplen su palabra de amarse hasta la muerte les falta amor (propio), y se burlan de sí mismos por la espalda. La paradoja resulta muy romántica: el amor propio como sólido sillar del amor matrimonial, el orgullo como razón de la entrega. Y yo, cortado, le ofrezco a Julia un ramillete de violetas o coloradas disculpas. A la romántica Julia.
miércoles, 7 de junio de 2006
El matrimonio y la muerte
Hoy la mención a la muerte no hay quien la resista y la frase, ciertamente, impresiona. Tal vez no habría que buscar métodos de disolución exprés si se dijera: “hasta que la eutanasia ponga fin a vuestro sufrimiento” o “hasta que os fundáis con la energía cósmica en plenitud”. Pero no lo creo: a la muerte le sientan mal los eufemismos. Por eso nos refugiamos en el divorcio, que remeda la rueda del eterno retorno o las reencarnaciones.
martes, 6 de junio de 2006
Soleá (¿o alegría?)
Que te la perdone DiosTeológicamente es impecable: Dios es misericordioso y, sobre todo, la fuente verdadera del perdón. Por otra parte, tiene mucho encanto la humildad cabreada del poeta, que se considera más pequeño, no ya que Dios, desde luego, sino que la propia ofensa. Detalle ése por el que sangra la herida. Otro matiz: presupone una conversación y que el ofensor —la ofensora, parece, en este caso— ha pedido perdón, sin lo cual no habría nada que hacer. Finalmente, el secreto de la soleá (¿o es una alegría?) consiste en que quien desea que Dios perdone a alguien lo está perdonando ya, aunque diga que no. En el contraste entre lo que se dice y lo que se desea palpita la fuerza poética de estos versos. Y la prueba de que el poeta, en el fondo, ha perdonado es el sobrentendido, pudoroso diminitivo, aderezado con la sal de la pronunciación: fartita.
que tu fartita es mu grande
pa perdonártela yo.
lunes, 5 de junio de 2006
Valientes socialistas
domingo, 4 de junio de 2006
La mejor angustia
El estandarte lo enarbola un joven: el mejor heredero --en la nueva generación-- de la sustancia larresca: José Ortega y Gasset heredaba --junto a la tumba de Larra-- el gaje del orgullo y de la melancolía, la mirada imperial y desencatada, la voluntad lírica de remozar este país tan viejo y el ansia íntima de vivir una vida noble, alta, exaltada, sutuaria, dandynesca. Heredaba Ortega la mejor angustia de Larra: la angustia de la cultura y salvación de España.¿Y no nos cumplen a nosotros los blogs esa ilusión máxima, superior a la de poseer un reino político?
Heredaba más: la ilusión típicamente figarina de poseer un periódico propio, un órgano de expresión --ilusión máxima de propiedad de un escritor--. Ilusión superior a la de poseer un reino político. Fígaro murió en 1837 a punto de conseguir un periódico --"Fígaro"-- que hubiera sido su "Boletín de teatros, música, modas, Bellas Artes, costumbres, amena literatura, política, Cortes, noticias, anuncios, etc.".
sábado, 3 de junio de 2006
El Barbero del Rey de Suecia (IV)
Él quería ser notario para levantar acta y dar fe de que Pasos, de Mario Míguez (Pre-Textos, 2006) es un poemario espléndido, que no se puede resumir. Yo le avisé que su trabajo es quitarnos trabajo, no dárnoslo. Si Pasos es tan bueno, poco a poco se abrirá camino: el boca a boca es el medio de difusión más eficaz de la literatura.
Al final, la lectura de la poesía del cordobés Mario López le ha traído de nuevo a Rayos y Truenos. Otro visitante anónimo de este blogg (no quiso que su mano derecha supiese lo que hacía la izquierda) nos lo recomendó. Se trata, efectivamente, de un poeta muy recomendable: a pesar del grupo Cántico, que era el suyo, fue una especie de Francis Jammes ceceante o un Thomas Hardy cetrino o un Fernando Fortún con buena salud o, incluso, un Luis Felipe Vivanco senequista. Tiene estupendos poemas camperos y habla mucho de caza. ¡Lo que habría disfrutado Pukka con un poeta así!
El barbero nos ofrece estos mechones fundamentales:
Es robusto y moreno como un hombre de campo [hablando del Ángel Custodio]*
cuando junio derrama su avispero de estrellas*
Teje el lugar común su telaraña*
la sonrisa te anudas igual que la corbata*
¿Qué ríos nuestras vidas que en Dios no desemboquen…?*
[la lluvia] hasta dejar el campo encharcado y absorto*
[La campiña] Inauguran las liebres la mañana*
Las silenciosas lluvias franciscanas han vuelto
viernes, 2 de junio de 2006
Elogio de la tautología
La perra es Pukka

Para no darle ni un solo motivo al usuario anónimo que me acusó con bastante gracia y/o mala leche de querer aristocracia para todos pero pedigrí para mi perro, traigo hoy al blogg a Pukka. Si no escribí antes de ella, no es porque su árbol genealógico sea menos frondoso que el de Carbón, sino porque nos trae de cabeza con sus escapadas venatorias. Los gatos del barrio están al borde de un ataque de nervios; como los vecinos, porque la muy perra acompaña sus hazañas de todo un recital de ladridos, gruñidos y latidos. Una vez, incluso, trincó una gaviota en la playa y la dejó moribunda, en la orilla. Tuve que aplicarle la eutanasia ante la mirada atenta de varios paseantes. A veces, cuando Pukka te hace unas cuantas jugarretas seguidas, acumulas cierto rencor. Una vez, mientras la perdonaba, le escribí este epitafio:
Descansarán, por fin, los pobres gatos,Tal vez extrañe a algún usuario anónimo que lo escribiese con la previsión propia del Ocaso S.A. Podrá parecer despiadado o morboso, pero yo también me he aplicado el cuento y he dedicado varios poemas a mi propio tránsito. Incluso hay quien proclama eso tan profundo de que todo poema es, en realidad, un epitafio. Los míos lo son stricto sensu, pues opino que es mejor no mezclar géneros. Cuando esté muerto (de cansancio), sin ganas de escribir nada nuevo, colgaré alguno aquí.
las ratas, los vecinos, las gaviotas.
Solamente sus dueños, medio idiotas,
de menos echarán los malos ratos.
jueves, 1 de junio de 2006
El huésped indigno
pero todos se hacían a la torre,
la torre los hacía semejantes.
Cierta vez fue ocupada por un hombre
que no gustaba de la acción guerrera;
llenó de libros los desnudos muros
e hizo llevar al sótano las armas.
Aquel hombre creía ser un sabio,
creía que los sabios eran justos
y dictaba sentencias comedidas.
Pero dentro del hombre había un monstruo.
Julio Martínez Mesanza
miércoles, 31 de mayo de 2006
Theotokos
Todo igual y, sin embargo, yo, por primera vez en mi vida, sentí rechazo. Me dije, con desdén: “He aquí la realidad nacional de Andalucía, sus hechos diferenciales y sus competencias exclusivas...” In extremis, la última carreta acudió a mi rescate. Llevaba un letrero enorme que proclamaba: “¡Viva la Madre de Dios!” y me volvió, entonces, de repente, la emoción rociera de siempre. Esto sí que es nuestra verdadera realidad nacional, andaluces: el Concilio de Éfeso. Y el cuarto Concilio Ecuménico de Calcedonia, y Constantinopla, y la liturgia romana, y el tropario “O monoghenis” de san Juan Crisóstomo. ¡Viva la Madre de Dios! y, por eso, las flores y las carretas que recuerdan al Partenón, los trajes de corto y los lentos bueyes y el vino del camino y los Land Rovers cargados de bártulos.
[Para los muy forofos sólo: hoy publico en el Grupo Joly]
martes, 30 de mayo de 2006
Lapsus linguae
lunes, 29 de mayo de 2006
domingo, 28 de mayo de 2006
Totum revolutum
¡Esta-mos-hartos-de-no-tener-lo-todo!, podría ser el lema de la manifestación, en un claro deseo de universalidad. O, para aprovechar el viaje a la Puerta del Sol -y los pulmones-: ¡No a la Eta-Sí Obras Completas!¿Por qué no tomárnoslo al pie de la letra? La realidad imita al arte, así que montemos un Congreso de poetas Blogg en un autobús que nos lleve a Madrid a manifestarnos el 10 de junio por las víctimas de ETA.
Sería un totum revolutum, donde se mezclase, como en la vida misma, lo humano y lo divino. Ya sé que hay visitantes de esta página que son partidarios del haiku pero no del cumplimiento íntegro de las condenas, que disfrutan con los Rayos, pero no con los Truenos; y al revés; y otros que, sin gustarles nada, entran por amistad, que ya es mérito. Tal vez a alguno de ésos no les llame esta iniciativa que implica mezclar las churras con las merinas. Puede que tengan razón y son, sin duda, más prudentes. A otros nos cuesta mucho hacer compartimentos estancos y no emocionarnos con aquel grito de la batalla de Salamina: "Es la lucha por todo".
Durante el viaje celebraríamos, a través del micrófono del autobús, lecturas poéticas y chistes navarros. Yo comentaría (si me dejáis) algunas escenas de la Divina Commedia que vienen al pelo, como aquéllas en las que se describe el más allá de los que dividen naciones, de los que matan con violencia o de los traidores a su patria, al fondo ya del Inferno. Cuando el autobús cruzara La Mancha, podríamos leer algún capítulo de El Quijote, para demostrar que se puede hacer aunque no sea el centenario. Habría que elegir entre el discurso de las armas y las letras, tan a propósito para nuestros propósitos, o el de la liberación de los galeotes, de tan amargo final. Tendría gracia un concurso de pareados subversivos para uso en la manifestación. Luego veríamos cuál tiene más éxito entre el pueblo soberano y coreante. El autor del eslogan más repetido por las calles de Madrid ganaría el viaje gratis, pagado entre el resto…
En Madrid, sería estupendo quedar con colegas y sin embargo amigos, como Jaime G-M. o Fernando López de Artieta, y ojalá con más, que acudan desde otras partes de España. Celebraríamos una cena en una ruidosa cervecería o, tal vez, en un restaurante argentino, en honor a Juan Ignacio y otros amigos, que no creo que puedan venirse desde la Argentina. El día siguiente, domingo, habría que ir, además de adónde a cada uno le impulse su conciencia, al Museo del Prado a reivindicar que no nos hace falta que “La rendición de Breda” del sevillano Velázquez vuelva a Andalucía. El mundo es nuestra casa.
En el viaje de regreso, trabajaríamos un poco más. Estaría bien hacer una antología, titulada Se canta lo que se pierde, de poemas dedicados a España. Si la selección la hacemos entre todos, repasando de memoria los mejores textos, desde el marqués de Santillana hasta Pedro Sevilla, haríamos un volumen estupendo (e instructivo) en un periquete.
Esto es sólo una propuesta susceptible de mejoras. Al viaje, por supuesto, junto a los poetas, vendrán las musas y los musos que quieran, y los lectores --si los hubiera o hubiese, que está por ver. Queda pendiente, entre otras cosas, la logística que, como la lógica, no es lo mío: ver dónde se alquila un autobús o microbús o furgoneta o motocicleta, dependiendo del éxito de la convocatoria.
sábado, 27 de mayo de 2006
Y viceversa
A ti, no, José Mateos, pero a nosotros, sí . La poesía, tú lo sabes, es servicio a los demás: dar a los otros lo mejor que hemos arrancado de nosotros mismos, a costa de dudas y renuncias. Aquello que es demasiado íntimo para la intimidad y que sólo puede decirse en público, publicado.LA PALABRA
De nada han de servirte los versos que ahora escribas.
La emoción que tú pones en ellos te hace digno,
pero nunca te salva, pues quedan sin respuesta.
¿Acaso no comprendes que el silencio es más claro
y que con la palabra das distancia y concluyes
lo que siempre es comienzo, y umbral, y estar en vilo?
Mira, tras la tormenta, amanecer el día:
en las ventanas deja dorada luz del alba;
tiemblan, sobre los charcos, las últimas estrellas…
¿Y ha de servirte a ti suplantar la hermosura?
viernes, 26 de mayo de 2006
Sobre maestros y discípulos
Yo también retocaría el adagio, pero al revés. Totalmente de acuerdo con Mora-Fandos, añadiría que, sobre la importancia de los maestros, está la necesidad de discípulos. Sin éstos no hay nada que hacer, se rompe la cadena. Hoy todos se apuntan a líder de opinión o, como mínimo, a rebelde. Las virtudes del discípulo, que son la paciencia, la humildad, el silencio, la atención, la memoria, el esfuerzo…, andan desaparecidas y así no hay manera. Al fin y al cabo, la relación personal con el maestro es muy enriquecedora, pero no imprescindible. Siempre nos quedarán los libros, como explicó Quevedo:
Retirado en la paz de estos desiertos,Yo, puestos a dar clases, que es mi profesión, procuro enseñar a aprender, o sea, lo que dicen los pedagogos progres, pero con otro sentido. Y puestos a predicar, trato de hacerlo con el ejemplo, siendo un discípulo aplicado. Mi lema sería: Discendo, doceo.
con pocos pero doctos libros juntos,
vivo en conversación con los difuntos
y escucho con mis ojos a los muertos.
jueves, 25 de mayo de 2006
Aristocracia

Hemos recibido el pedigrí de uno de nuestros perros, que por lo visto se llama Revertito Bombón (dan ganas de tratarle de “don”), aunque en la intimidad se le conoce como Carbón, porque nos lo trajeron por sorpresa los Reyes Magos, no se sabe en castigo de qué. Resulta que, entre las ramas de su frondoso árbol genealógico, hay nada menos que trece títulos: campeones de Inglaterra, de Brasil, de Estados Unidos... O sea, que es el más aristócrata de nuestra familia, por mucho que vaya a pesarle a algún tío de mi mujer.
Ese tío no debería preocuparse —¿o preocuparse más?— porque sabemos, desde El Quijote, que somos los hijos de nuestras obras. La aristocracia hereditaria es una ficción, una convención, llena de encanto, desde luego, pero a la que la prensa rosa ha dado un golpe más contundente que el de la guillotina. Somos nobles si lo somos, que no es tan fácil, porque como avisaba Machado:
Qué difícil esPodríamos pensar los escritores, tan tautológicos, que cada obra es un título. Por ejemplo, yo soltaría en alta sociedad, para envidia del corro de los snobs: “Tengo tres títulos” (por Haz de luz, Ardua Mediocritas y Casa propia). Pero no hay quien olvide, cuando se ha leído una vez, este caústico apunte de Jules Renard:
cuando todo baja
no bajar también.
—¡Creo yo —dice un señor— que cuando uno ha escrito más de veinte novelas y cuatrocientos relatos, puede llamarse escritor!En realidad, los títulos hay que ganárselos y te los tienen que otorgar. Ambos requisitos. Aquellos escritores que más o menos se sacaron de la manga unos condados de niebla, como Lasso de la Vega, el extraño González Ruano y no sé si Alejandro MacKinlay, quisieron tomarse la aristocracia por su mano, y eso no puede ser, y además es imposible.
—Sí, si son buenos.
Sin embargo, lo ideal sería que la excelencia en literatura se coronase en sociedad, como todo lo bueno. Nuestro Chesterton dijo en La superstición del divorcio que lo peor de la aristocracia es que había pocos aristócratas, del mismo modo que el problema del capitalismo es que los capitalistas son escasos. En un mundo donde todos fueran o pudieran ser nobles o ricos, no habría inconveniente en alabar estos sistemas cuyo pecado original es la exclusión. Así que pongámonos manos a la obra.
Sin esperar demasiado de nuestro rey, que es bastante republicano, y que ennoblece a los que ya han ennobelecido, como a Cela. Es por esto que yo, que soy soberano [pueblo soberano, concretamente], en el ejercicio de mis funciones, he concedido un título a José Julio Cabanillas. Desde hace unos meses, cuando le escribo, pongo Marqués de Benzelá en el sobre, en honor a su novela y a su poesía homónima. Me cuenta que el cartero, que debe ser un hombre bueno, amante de las tradiciones, lo mira con otros ojos.
Luego, tenemos a Aquilino Duque, que por el Registro Civil ya llevaba el título en el apellido, pero que por méritos propios es el gran Duque, Aquilino. No sabemos aún de qué, pero eso de Gran Duque suena a Rusia, que no está mal para quien nos ha traducido a Ossip Mandelstam. Y trae al recuerdo otro título de nobleza: Las veladas de San Petersburgo.
miércoles, 24 de mayo de 2006
Los pies

En la columna de hoy hablo de pies. No de pies de plomo porque ya dije que era de mal gusto. Y recordar que pie es pastel en inglés no me pareció una información ni agradable ni significativa.
—Tampoco es que hablar de pies sea una exquisitez, dirá alguno.
Cierto, cierto, pero la alternativa era dedicar el artículo semanal a los monstruos finlandeses que triunfan en Europa, ay, Europa. Mejor los pies, ¿verdad?
Cito allí un poema de Amalia Bautista, que dejo cojo, porque entero ocupaba medio artículo, y al que pagan por escribirlos es a mí. Aquí en el blogg, que hay espacio de sobra y que no cobra ni el Tato, para disfrute de todos y para que hasta los más escépticos contemplen cómo la poesía hace delicioso cualquier asunto, lo transcribo completo.
Qué feos son los pies de todo el mundo,
menos los de mis hijas. Qué bonitos
son los pies de mis niñas. Los mofletes
redondos y rosados de los ángeles
envidian sus talones, y sus dedos,
vistos desde la planta, diminutos,
tienen la suavidad de los guisantes.
Los tienen a estrenar. Y me conmueve
pensar en cada paso que aún no han dado.
martes, 23 de mayo de 2006
Tres estampas
*Ya en misa, una señora no para de abrir y cerrar una bolsa de plástico. Le hace un nudo, lo deshace, mete la mano, toca algo, saca la mano y vuelve a hacer un nudo. Y lo deshace. Nadie se hubiese fijado si no fuera porque la bolsa monta un ruido inconcebible. El pueblo fiel empieza a ponerse nervioso, a suspirar, a mirarla de reojo, incluso a chistar. No sirve de nada, porque como demuestra el jaleo del plástico, la señora está sorda como tapia de convento. Probablemente, a estas alturas, yo estaría también frenético, pero como me he sentado atrás y tengo una buena perspectiva de toda la escena, le veo la gracia. Luego, me he puesto a pensar en lo difícil que es la virtud, en que el humo de un diablillo entra enseguida por las rendijas de la iglesia y que estábamos a un tris de faltar a la caridad. Lo mismo que cuando en las filas de confesar se cuela alguien y nos indignamos tanto que, al final, tenemos otra cosa de la que confesarnos, adquirida allí mismo. Hago el firme propósito de no enfadarme más, al menos en la iglesia, y de no distraerme tanto —aunque esto último, como no le salga un definitivo nudo gordiano…
*Al volver de comulgar, recordé la angustia que me causaba cuando chico el que la Sagrada Forma se me quedase pegada al paladar, que se iba acabando la misa y no había manera... Supongo que tenía claro que no era digno y que sentía como un eco oscuro de eso de la Biblia: “Que se me pegue la lengua al paladar…” Contra aquella aprensión, mis tranquilizadores razonamientos lógicos y teológicos no servían de nada. Hasta que, de pronto, un día, el lenguaje vino en mi ayuda, como ha hecho siempre. Me di cuenta de que el paladar se llama el cielo de la boca. La Forma estaba, pues, en su sitio exacto: en esos momentos, en el verdadero Cielo de la boca.
lunes, 22 de mayo de 2006
Apología onírica
Aviso para navegantes
Al presidente
domingo, 21 de mayo de 2006
Buzoneo
Luego, en los arrinconados estantes de poesía, algunas sorpresas. Entre ellas, que cuando hojeo el último libro de Juan Bonilla me salta al encuentro este haiku:
Otra mañanaY recuerdo inmediatamente uno mío, que no sé si publiqué en Alguien distinto, el cuadernillo de haikus que sacó Abel Feu. Sospecho que se cayó en el último momento. Llegado a casa compruebo que, efectivamente, se cayó. O sea, que es inédito. En cualquier caso, el parecido es asombroso:
que me avisa la muerte:
buzón vacío.
Ya no soy joven:
en el buzón hay sólo
cartas del banco.
sábado, 20 de mayo de 2006
Greguería vs. Haiku
Para ser, a mi vez, breve, yo resumiría la cuestión diciendo que la greguería y el haiku son muy diferentes y que la confusión se produce, además de por su tamaño (o falta de), por una circunstancia histórica. Cuando el haiku desembarca en el español, la greguería está recién nacida. El contagio y la confusión eran inevitables como entre compañeros de colegio. Se pegaron las viruelas y se imitaron algunos gestos y juegos y temas y tonos. Pero han crecido, la vida les separó, como no podía ser de otro modo, porque una es prosa y el otro es verso, y ahora apenas se ven una vez al año, por la cena de antiguos alumnos: la greguería, un poco loca, divertida, con una risa que no oculta un fondo trágico; el haiku mucho más serio, íntimo, alegre sin alharacas. En los lejanos tiempos de su compañerismo, Tablada, como señaló Villalobos, escribió efectivamente algunos haikus que son talmente greguerías. Y el propio Ramón se lió un poco y dijo aquello tan desafortunado de que “el haikai es sólo rocío de greguería, seda de una oruga que se nutría como de hojas de morera de hojas de greguerías.”
En realidad, es al revés. En las greguerías de Gómez de la Serna hay de todo, como si fuese una maravillosa, inagotable y agotadora biblioteca liliputense: tratados morales (Si vais a la felicidad, llevad sombrilla), poemas de Miguel d’Ors (La felicidad consiste en ser un desgraciado que se sienta feliz), estudios de psicología (Lo malo del deseo es que vuelve sin avisar), llamadas al Carpe diem (La vida obliga a la prisa de vivir porque el pan enseguida se pone duro), observaciones sociológicas (Lo grave del solterón es que se va volviendo viudo), guiones de cine (Cuando una mujer te plancha la solapa con la mano ya estás perdido), novelones decimonónicos (Hay pupilas en las que quedó para siempre el punto de luz del candelabro de una fiesta), españoladas que todavía nos gustan mucho (Tenía la apretada cintura del clavel), folletines picantes (Ante las que llevan una pulsera en el tobillo, intriga cómo ha podido llegar hasta allí desde la muñeca), melodramas (¡Qué tragedia! Envejecían sus manos y no envejecían sus sortijas), comedias de Willy Wilder (El champaña muere en las copas como el borde de la ola en la playa) y hasta toda una novela de Conrad que debería encantarle a Mora-Fandos (Al agonizar el viejo marino pidió que le acercasen un espejo para ver el mar por última vez), también hay jueguecillos de palabras (Aquel tipo tenía un tic, pero le faltaba un tac: por eso no era reloj), ciencias políticas (Un tumulto es un bulto que le sale a las multitudes), metafísica (Hazte una fotografía y si sales es que existes), chistes ingenuos (El colador está harto de pepitas), humor negro (La morcilla es una transfusión de sangre con cebolla), un ensayo de Sartre (Hay momentos en que las moscas hacen gestos de querer arrancarse la cabeza como desesperadas de ser moscas), ironías borgianas (A Víctor Hugo su esposa lo llamaba Víctor; su amante: Hugo), definiciones de Ambrose Bierce (La jota: dos que quieren ponerse banderillas), conversaciones de Oscar Wilde (-¿Por qué cuando vamos a pedir los gemelos de teatro al compañero de palco es cuando él se los lleva a los ojos? -Porque ha visto a la misma mujer), cuentos de P. G. Wodehouse (Golf: juego para ratones que se han vuelto ricos), documentales de Félix Rodríguez de la Fuente (Grajo: palabrota con alas), meditaciones sobre las postrimerías (Ya sé: sudario cuando es verano y mortaja cuando es invierno), sumas teológicas (¡Cómo serán los ojos de Dios que con uno ve el sol y con otro la luna!) y, lo mejor, lo más emocionante y verdadero, unas gotas del rocío de los haikus, que calman, cuando menos lo esperábamos, nuestra sed de poesía:
Chopo: el árbol de las mariposas verdes.
En las cajas de lápices guardan sus sueños los niños.
Las rosas rompen sus cartas de amor.
¡Qué pocas letras enseña el viento a la veleta!
Los solares están soñando altas ventanas.
La luna y la arena se aman con frenesí.
La vida es decirse ¡adiós! en un espejo.
viernes, 19 de mayo de 2006
Il mestiere delle armi

Ayer vi Il mestiere delle armi. Hace varios días que teníamos prevista la película de Ermanno Olmi, así que no fue un homenaje privado a las palabras del general Pitarch. Por otra parte, el militar no ha dicho nada que no se le suponga, como el valor. Tampoco un poeta nos podría dejar de recordar que “la verdad no se vota. Y mucho menos, la Belleza”, como hace Andrés Trapiello desde El arca de las palabras. Ni un sacerdote callarse que “hay que servir a Dios antes que a los hombres”. Por eso, ni los guerreros ni los poetas ni los curas podrán gustarle nunca del todo a los demagogos y gobernantes de hoy.
Es curioso que haya pensado en estos oficios otra vez. Cuando era adolescente, sentí claramente —en esa época no se piensa bien, pero se presiente con gran perspicacia— que solamente una de esas tres vocaciones era una forma seria de pasar por la vida. Igual le pasaría a Amalia Bautista cuando en el primer poema de su primer libro esculpió: "Quiero ser la mujer de un mercenario, / de un poeta o de un mártir, es lo mismo."
Y, aunque lo parezca, no cambié demasiado de opinión: simplemente ahora sé más y he aprendido que todo bautizado, sea mecánico, notario, ama de casa o hasta político o profesor, es sacerdote, profeta y rey. Estar a la altura es la cuestión, el heroísmo.
jueves, 18 de mayo de 2006
Apuntes
*Soñé un chiste del que sólo recuerdo que entonces me pareció malo y ordinario. ¿Mi inconsciente juzgando a mi subconsciente?
*La expresión ‘sudar tinta’ sólo se le pudo ocurrir a un escritor.
miércoles, 17 de mayo de 2006
Resumen
Heridas tenéis, amigo,Y a cuántas personas, me pregunto, podría cantarles esta canción, y no me estoy refieriendo -ustedes ya me entienden- a saberme la música, a entonarla bien o a hacerlo con una voz melodiosa...
y duelen os.
Tuviéralas yo
y no vos.
martes, 16 de mayo de 2006
Enlaces o ensalces (marianos)
Lo de Berceo (que nin lilio ni rosa) me ha recordado a los poemas que hacíamos en el colegio por el mes de mayo, con su cuidadosa rima en -osa y todo. Berceo o nuestro idioma, el castellano, niño, estrenándose con piropos a la Virgen. Con García Baena el idioma ha crecido, para bien y para mal, pero no ha olvidado su primera devoción y sigue acogiéndose a María.
Académica palanca
La COPE es, sin duda, imprescindible, pero muy liberal. En el fondo, los conservadores sólo podemos oír sin sobresaltos Radio Clásica, y no siempre, que también echan (en este caso, es el verbo) música dodecafónica de vez en cuando.
*
Escucho al ignoto cantautor Nino Sánchez hablar de las tradiciones de Salamanca, especialmente del Mariquelo —que ahora es, extinguida la familia de los Mariquelos, un tal Ángel Rufino de Haro—, que, en la víspera de Todos los Santos, cada año, en acción de gracias porque no hubiera muertos en el terremoto de 1750 de Lisboa, toca una charrada subido al campanario de la Catedral. (Decía d’Ors —esta vez Eugenio— que la mayoría de nuestras tradiciones eran, paradójicamente, del Siglo de las Luces.) Lo curioso es que me emociono como si fuese una costumbre de mi propio pueblo. ¿Me emocionaría igual una tradición catalana? Hasta hace poco sí, ahora ya no sé.
*
En la misma entrevista radiofónica, canta Nino Sánchez estos ripios de Unamuno, que son tremendos, ¿no?
Salamanca, Salamanca,
renaciente maravilla,
académica palanca
de mi visión de Castilla.
(Por mucho menos a mí me apedrean.)
lunes, 15 de mayo de 2006
Lecturas interruptas
domingo, 14 de mayo de 2006
¡Rayos, el Capitán Trueno!
Por muy forofo de Tintín que uno sea, que no se me pase que hoy es el cincuenta cumpleaños del Capitán Trueno. Muchas felicidades --las que nos dio en la infancia y en la primera juventud. Y aquello marcó carácter, ¿no?: "Santiago y cierra, España". Aprovechando la ocasión no quiero dejar de felicitar a la Asociación de Víctimas del Terrorismo y a su alcázar, Alcaraz. La reelección es una gran noticia para el Estado de Derecho, como no hará falta, creo, que explique.
Nuevo ensayo dantesco (IV-b)
1) Si ahora nos parece extraño que Dante se ocupara tanto de la política en su Divina Commedia es, en parte, porque hemos ido reduciendo el campo de poesía hasta límites minifundistas. Tanto que a veces no me extraña que los lectores huyan despavoridos, aquejados de claustrofobia. Urge una reconquista de temas para la poesía; y los poetas que más me interesan avanzan en este sentido. Piensen en Pound, en Eliot, en Ibáñez Langlois o en el mismo Miguel d'Ors sin ir más lejos. Dante es un ejemplo máximo, pues a él nada le fue ajeno: ni la metafísica ni la metapoética ni, tampoco, el humor, la historia, el amor, la amistad, el arte… Desde luego, tampoco la política, que en su parte más noble, de servicio a la sociedad y de preocupación por el bien común puede provocar (y provoca) grandes sentimientos, dignos de la más elevada poesía. Y, también, duras reacciones, perfectamente aprovechables para afilados epigramas.
2) La imprescindible lección que nos da la generosidad de Dante y su honradez. Por el hecho de serlo, no echa al Inferno a sus enemigos ni premia con el Paraíso a sus compañeros de partido. Muestra a las claras que el juicio de Dios está muy por encima de la pasión política y que sólo se basa en la moral y en el amor. Toda una lección de tolerancia en la cumbre de la Edad Media.
3) Dante, además, tuvo la suerte de que el problema de fondo de las luchas políticas de entonces, aunque teñidas como siempre de intereses espúreos, tocase un punto medular de la Historia de la Humanidad, como son las relaciones entre el poder civil y la Iglesia, que es lo que se debatía, al fin y al cabo, entre güelfos (blancos y negros) y gibelinos. La cuestión aún no está resuelta.
4) Y, finalmente, detecto en el desprecio a los comentarios políticos de Dante una extraña (pero extendida) repulsa a la realidad. Si Dante, en vez de retratar magistralmente en cuatro trazos a numerosas personas de su época y lugar, hubiese inventado unos personajes y los hubiese situado en una trama novelesca, no tendría que soportar tantas objeciones. Contra esta misteriosa alergía al realismo, muy extendida, yo he descubierto una vacuna extraordinaria en los versos de Luis Cernuda:
Dostoievski no puede ya decirnos
Si inventó a Falalei o lo encontró en la vida,
Si inventó la hermosura o supo verla.
Pero el mérito igual en ambos casos.
sábado, 13 de mayo de 2006
EPITAFIO
[Iglesia de San Gregorio. Roma. Traducido de una versión inglesa, pues no fui capaz de encontrar el original en latín. Tampoco el año exacto, aunque sospecho que sería poco después de la ejecución de santo Tomás Moro, pongamos que hacia 1537]
viernes, 12 de mayo de 2006
Diálogo doméstico
—Hay que ver como sois las mujeres, Leonor. Tengo tres libros, dos traducciones, varios prólogos, copiosos artículos… y quieres leer lo único que es íntimo, personal e intransferible.
—Eso no es verdad: he leído varias veces todos tus libros, y no digamos nada, ay, de esos artículos que no acabas nunca de corregir y retocar.
—Tienes razón, lo decía sólo por hacer una frase interesante…
—Pero es que las frases, para ser interesantes, tienen que ser verdad.
jueves, 11 de mayo de 2006
Si fuese sacerdote…
............SI FUESE SACERDOTE
Si fuese sacerdote, en mis sermones
no hablaría de Dios ni del pecado
—mucho menos del ángel condenado
ni del encanto de sus seducciones;
no citaría santos ni profetas,
ni tampoco sus místicas promesas
ni aquellas sus terribles maldiciones...
¡Si fuese sacerdote, a los poetas
citaría. Yo rezaría versos
—y algunos ojalá que fuesen míos—
con la emoción temblándome en la voz...!
Pues la poesía purifica el alma
y un buen poema, aunque de Dios se aparte,
un buen poema siempre lleva a Dios.
miércoles, 10 de mayo de 2006
Alabanza de aldea (global)
Y, a la vez, la alabanza de la aldea global se impone. Con las nuevas tecnologías, cada mañana el mundo amanece más diminuto. Mientras lo enorme estremece, lo pequeño es hermoso, como escribió Schumacher. Y despierta de paso ternura y nos invita a protegerlo, que es importante, porque la Tierra necesita cuidados intensivos.
Se sabe, pero asombra comprobar lo cerca que estamos todos gracias a internet. Por abrir un canal de comunicación con los lectores, abrí este blogg. Tuve que acortar mi artículo para poner la dirección al pie de esta columna. Fue un sacrificio, ya que uno, optimista crónico, siempre espera que en las últimas frases salte la liebre de la genialidad. Pero ha merecido la pena, pues ahora unos pocos me leen en Inglaterra y en Argentina, en Puerto Real y en Australia. Y más que vanidad --son unos pocos--, el hecho produce la estimulante sensación de ser un ciudadano (o aldeano) del mundo. Antes, el nacionalismo se curaba viajando; ahora, basta navegar por la red, desde casa, sin pesadas maletas ni retrasos en los aeropuertos. O sea, que ser nacionalista a estas alturas no tiene excusa.
Claro que los blogs, junto a sus grandes posibilidades, presentan algunos peligros. Uno paradójico consiste en que, ante la extensa oferta mundial, se tiende a ir visitando sólo aquéllos con quienes compartimos ideas e intereses, creando un grupo de relaciones muy valioso, homogéneo y acogedor, pero donde se pierde la riqueza de la diversidad y la luz que encienden a veces las chispas de las discusiones.
Por esto, no creo que el auge de internet acabe con la prensa de papel, como auguran algunos. Se complementan. El gran valor del periódico es el del foro público. Insustituible cuando en él se refleja la composición real de la sociedad a través de columnistas de distintas sensibilidades, como es el caso. El futuro que no veo nada claro es el de los políticos, empeñados en crear pequeños problemas para no hacer frente a los globales, que les superan, y levantando temerosas fronteras para guarecer unas identidades culturales que se desarrollarían mucho mejor sin defensas cerradas.
Qué escena más anacrónica, por ejemplo, la del conseller tratando de evitar que se vendan muñecas flamencas o toritos bravos en una Barcelona por la que cruzan coches fabricados en Corea, abren restaurantes chinos, indios y mexicanos, y donde un trabajador nigeriano, desde un cibercafé, entra en una página web escandinava.
martes, 9 de mayo de 2006
Apercibimiento
pero igual fobia tengo al balón, sañudo y cejijunto.Quisiera que ustedes se fijen en la adjetivación, excéntrica pero exacta, llena de magia, que te pone el balón delante de los ojos: "el balón cejijunto". Qué acierto. Una de las dos o tres cosas que hacen a un poeta es el arte de adjetivar. Así que, amigos, no pierdan la oportunidad y aprendan como lo intento yo. Hoy, con admiración, rendimos la entrada a ese adjetivo redondo.
lunes, 8 de mayo de 2006
Hasta en los lunes hay literatura
Alegre, a pesar del trasfondo existencialista de los versos, pensaba que ya había salvado el día, que esa imagen madrugadora bastaba para justificarme al menos hasta el martes. Pero a mitad del afeitado me empezó a sonar que Gómez de la Serna podía haberlo visto antes, también esto. Efectivamente:ARCO
Cada flecha es un día. Tiene un punto
cercano al sol, y luego, exhausta, baja.
El arco que dispara tanta flecha
pudiera ser la vida. Si quebrara
su duro nervio, el ansia moriría.
Los que se desperezan son como salvajes que disparan su flecha al aire.
Ahora me tengo que volver a ganar mi día. Tal vez mi memoria me había engañado, disfrazándose de inspiración. O simplemente es que Gómez de la Serna ha escrito ya todas las imágenes juguetonas imaginables. Aunque mi enfado con Ramón no es tanto porque me haya chafado la originalidad ni porque me haya llamado salvaje, sino porque con su greguería, fría como un corte, empaña un poco el simbólico mensaje del poema de Martínez Mesanza y el sabor de cotidianidad trascendida de mi pobre gesto.
domingo, 7 de mayo de 2006
Sobre un chiste
Una compañera de instituto, cuando lo leyó, pensó en mí, en que me gustaría especialmente. Y yo, tan sensible a los elogios, le agradecí mucho el detalle, porque no es sólo que el chiste se meta con los socialistas, sino que además lo hace con encanto, ¿no?, salvándoles sus virtudes, sus buenas (o malas) intenciones, dando a cada uno lo suyo, reconociendo siempre algo a todos. Y ciertamente yo quisiera ser así hasta en mis más aceradas críticas políticas.
Por otra parte, el requisito fundamental para que un chiste tenga gracia es que sea verdad, y aquí todos conocemos a muchas personas que encajan perfectamente en alguno de los tres apartados. Pero todavía puede que algún socialista (del tipo B, por supuesto) se moleste. En su honor, podríamos cambiar “buena persona” por “buen español” y, entonces estaría claro, incluso para él, que a la vista de los últimos acontecimientos los silogismos son incontestables. Aunque ya no tienen tanta gracia: de hecho, son más bien tristes.
Nuevo ensayo dantesco (V)
Dante, en realidad, es exactamente lo contrario a un pedante. Repasemos algunos datos. Lo lógico era que el poeta del siglo XIII hubiese escogido para una obra de gran aliento el latín, que era el idioma culto. En vez de eso, prefirió arriesgarse con el toscano, una lengua vulgar, de uso cotidiano. Por otro lado, Dante le puso a su obra el título de "Commedia" porque no tenía las pretensiones elevadas de una tragedia y se conformaba con un estilo medio [De vulgari eloquentia (II, IV, 5-5)]. Y finalmente, durante el transcurso de su viaje por el Más Allá, toca todos los registros, desde el más sublime, sí, lo siento, hasta los más humorísticos, llegando incluso a los chuscos, que avergonzarían a nuestros realistas sucios de salón. Por ejemplo, el caústico Canto XXI, con su escatológica traca final:
Ed elli avea del cul fatto trombettaÉstos son hechos indiscutibles y sólo se me ocurren tres posibles motivos por los que el Sr. Anónimo Comentarista pueda relacionar la pedantería con Dante.
Porque no lo ha leído.
Porque la Commedia es una suma de todos los intereses y saberes del ser humano y porque está transida por el amor a la sabiduría, a la belleza y a la bondad, que son realidades que, desde la mugre de la modernidad, se ven como cursilerías, como pasa, a un nivel mucho más cotidiano, con la simple buena educación.
O porque piensa que el pedante soy yo, y me suelta una indirecta en la cabeza de Dante, que pasaba por ahí. Que yo sea un pedante es también discutible, pero menos, y además discutirlo carece ya de interés…
viernes, 5 de mayo de 2006
Sufragio universal
jueves, 4 de mayo de 2006
Felix Culpa
[W. H. Auden]
El tiempo te ha enseñado
la mucha inspiración
que trajeron tus vicios,
cuánta imaginación
pudo la tentación
producir,
la cantidad de versos,
expresivos, perfectos
que hoy no existirían
si hubieses resistido…
Como poeta, tú
sabes bien que es así.
Y aunque en la iglesia
con frecuencia has rezado
por sentirte contrito,
no funciona.
Felix culpa, te animas
puede que con razón.
Esperas, desde luego,
que tus libros te justifiquen,
te salven del infierno.
Y, sin embargo,
sin que parezca triste,
sin que de ningún modo
Dios te culpe de nada
--no le hará falta
sabiendo bien
a qué das importancia
como amante del arte--,
Él puede reducirte
en el Día del Jucio
a un llanto de vergüenza
al recitarte de memoria
los poemas que tú
habrías escrito, si
tu vida hubiese sido buena.
***
[Hablábamos sobre las relaciones entre la bondad de una obra de arte y la de la vida del artista. Después de la entrada de Beades, yo no tengo más que decir; pero Auden sí. Creo que su poema sobre este asunto es definitivo. Por eso me atreví a traducirlo. Quien pueda, mejor lo lee en versión original. Quien no, que al menos observe la disposición tipográfica, que he sido incapaz, como otras tantas cosas, de reproducir aquí.]