martes, 18 de enero de 2011

Ángel Mendoza 2/4

....................CUATRO OJOS

Me emociona ese niño que está en la biblioteca
mirando viejos tomos
de Juan Ramón, de Rilke, de Alberti (de quien guarda
autógrafo con foto).
Me emociona mirar cómo pasa la tarde
con tanta noche al fondo.
Cómo una voz lo avisa, cómo apagan las luces,
cómo él se apaga, cómo
de regreso a su barrio donde le espera nadie,
donde le esperan todos,
va pensando unos versos, va soñando esa música
que no dirá a los otros.
Golfillo que apedrea las farolas del parque
y gasta malos modos. 

[Cercanias, Pre-Textos, 2001, pág. 48] 

lunes, 17 de enero de 2011

Meta chinchetas

Los aforismos florecen en los amenos prados de nuestra literatura. Bien. Claro que entre ellos, para el lector atento, como para el botánico en el campo, hay de todo. Ya me metí en el feraz jardín de Gómez de la Serna para picar unas flores y otras, y ordenarlas en alegres ramilletes. También hice un poco de Teofrasto en general, siguiendo a Cristóbal Serra. Se agradece cuando los autores ayudan, y clasifican a los suyos, como hizo Ramón, llamándooles greguerías, o Mario Quintana, con sus quintanares, o Sánchez Ferlosio con sus pecios, o Nietszche con sus flechas, o Ramón Eder con sus ironías, o José Mateos con sus divinanzas, o Enrique Baltanás con sus volaterías... Yo también me apunto, y a los míos los llamo, qué remedio, chinchetas.

Menos punta que un alfiler, pero más cabeza.
*
Ya querría yo que fueran imperdibles, pero son chinchetas.
*
Chinchetas de quita y pon. Las prendo en mis artículos de prensa o en mis reseñas, y después las vuelvo al corcho, hasta otra ocasión.
*
Chincheta salomónica: tornillo. (¿Demasiado barroca para mí?)
*
Menos genial que la greguería, pero la chincheta lo clava. 
*
Del derecho, lo clava; del revés, pincha.
*
Chinchetas de colores, un guiño a la fantasía.
*
El mundo, la peonza de Dios. La peonza del escritor, la chincheta.
*
Estrellas: chinchetas gloriosas.
*
Las mejores chinchetas son aforismos fantasmas: me sopla el espíritu de la escalera.
*
Chincheta rima con poeta.  Sí, y con cuchufleta.
*
No querrían que chincharan, pero lo llevan en el nombre.
*
Coma, chincheta doblada.
*
Punto final: chincheta clavada hasta la bola.

domingo, 16 de enero de 2011

El discurso del rey

Entre los argumentos que voy enumerando para convencer al respetable de que que corra a ver la película, me dejo fuera dos: el más metapoético y el más personal. Empecemos por el más personal, para acabarlo cuanto antes: la abuela de mi mujer decía de mi tartamudeo (levísimo, creo), que era muy elegante pues recordaba al del rey Jorge. Después de ver la película, yo me preguntaba: "Ups, ¿pero tanto?" En todo caso, conociendo la anglofilia sin resquicios de la señora, hay que tomárselo como un pi pi piropo real.

Pasemos a lo metapoético. Decíamos ayer que la emoción poética aumenta cuando se vence una dificultad de expresión. Si en Poetry era una emoción lírica, aquí es épica, pero en ambos casos un problema lingüístico redunda en un resultado literario. El peligro que se sigue --nunca se avanza sin peligro en el campo de minas literario-- es fingir cualquier dificultad expresiva o incorrección: lo que algunos se creen que es la sprezzatura. El problema, entonces, no está en la dificultad o la incorrección, sino en el retórico fingimiento: la retórica de la antirretórica. El camino es otro: a medida que se domina el lenguaje, han de acometerse retos más difíciles, de modo que aquél vaya siempre por detrás de éstos, sin llegar del todo a alcanzarlos, obligando al lector a empujar un poco, a echar una mano. [No sé si me explico, pero lo he intentado con todas mis fuerzas.]

sábado, 15 de enero de 2011

Aviso urgente

He sido siempre un quejica. Entre mis quejas, sobre todo, la falta de tiempo... y que nadie me echara cuenta y dedicara unas buenas horas a lamentarse conmigo. Pero últimamente sí me echan cuenta, y es, ay, peor. De pronto, un amigo y maestro se excusa por mandarme sus poemas inéditos y maravillosos. Pero leerlos en rigurosa exclusiva es un privilegio, y lo sé. Un conocido me manda su libro entre titubeos y disculpas, y resulta que es un libro precioso. Una amiga me llama, avergonzada, y sólo porque tiene un problema serio, que, si no, no me molestaría, se excusa. Otros no se atreven a invitarme a cenar. Salgo aquí y ahora, como en aquel poema de José Luis Tejada donde empezaba pidiendo que le dejaran solo y que terminaba suplicando: “Que era broma, que era broma”. Ya no me quejaré más.

viernes, 14 de enero de 2011

La mano que mece la cuna

A los pocos días de llegar Amparo a casa a cuidar a Carmencita, me di cuenta de que tenía que apuntar lo que iba diciendo para escribir cuanto antes una entrada. Fue cuando la oí llamar a grito pelado: “¡Carbón, ven aquí, ven a comerte a Carmen!” porque la niña no quería comer... Pegué un respingo que me duró tres días y no sé cuántas noches. Cuando estuve ya casi repuesto, dijo, pensativa: “Huy, esta niña está tan mona que la voy a vender”, y regresaron mis pesadillas. Cuando le da biberones, la anima al grito de: “¡Otro buche de vino blanco!” y cuando es tila o manzanilla: “Y dale otro trago a la cerveza”. Me consuelan: “Pero se nota que la quiere mucho”; y vaya si se nota, porque en sus momentos de arrebato, suspira: “Ay, ay, que yo me la voy a llevar a Chile”. De paseo sí se la lleva constantemente, despidiéndose de esta guisa: “Carmen se va al parque a ver a los muchachos”. Claro que no sé si es peor que se quede, porque luego nos asegura: “La niña y yo lo hemos pasado cachondo”. A todo se acostumbra uno, sin embargo. Y acabé olvidando el propósito de la terapia bloguera. Hasta que ayer, mientras cenábamos, nos aseguró que había visto una película preciosa. “¡Oh, sí, qué interesante —repusimos Leonor y yo al unísono—, y cuál, Amparo?”. “La ramera errante”. El respingo fue tan grande que esta vez nos lo notó. Por lo visto, no sale nada de nada en la película ésa, nada, es muy decente, es preciosa, de aventuras. “Ah, ah”, alcanzamos a decir con un hilillo de voz, boqueando.  

jueves, 13 de enero de 2011

Uf

"Incansable": un adjetivo más idiota para arreárselo a un crítico no lo hay. Que sea incansable, siempre que no sea cansino, es un motivo de agradecimiento, o debería serlo. Cuando se publica tanto como para que Enrique Andrés Ruiz sienta, ante los atestados anaqueles de las librerías, la tristeza del mundo, un crítico es un pequeño benefactor de la humanidad, a la que quita —ahí es nada— un motivo de decaimiento cósmico.

Lo cuento, entre otras cosas, porque ayer pasé por el vértigo de sentir que un crítico del que me fío (y no tenemos tantos) me iba a decepcionar. Y por triplicado, porque haciéndole caso (en realidad, me bastaron dos palabras suyas y un christmas) había pedido a los Reyes el libro para mí y para dos personas más. En las primeras páginas, cuando aún no había cogido vuelo la cosa, se me nubló la vista de pavor.

Pero todo estaba controlado por Echeve. Lo reconoce en la solapa: “La libertad en caída libre hacia la responsabilidad del arte y de la vida. ¿Funcionará el paracaídas?” Pocas veces una solapa ha sido tan descriptiva: ése, justo, era mi vértigo. Y pocas veces una pregunta en una solapa ha sido tan inquietante: ¿funcionaría...? Y qué suspiro de alivio: ¡uf, funciona!

Y con el paracaídas, funciona el crítico. Efectivamente, Título del libro es original, tierno, sorpresivo, juguetón, hondo, y muy inteligente. Merece la pena hasta el susto inicial. Va de que las páginas del libro nos hablan y cada una nos cuenta su historia o nos canta su casi poema o nos hace su número de baile o una proposición indecente o... o... o... Oh.

Un botón de muestra:
Las páginas nunca estamos solas. Siempre tenemos una delante o detrás. Lo curioso es que sin la otra no podemos existir. Nuestros destinos son inseparables y tienen un nombre común: hoja. Aunque yo prefiero hablar de amistad, amor o matrimonio. Unidas pase lo que pase. Lo contrario sería espantoso: girarse y encontrarse con... la nada. ¿Quién puede convivir con un abismo?
Este sí que es un argumento serio y lírico, valga la redundancia, para la defensa del libro de papel. Porque las brillantes páginas de internet, tan ágiles y versátiles, son páginas solteras, y quizá por eso este regusto a soledad que dejan, a pesar de tantas visitas [gracias]. Un hipertexto es otra cosa: una aventura momentánea, que está bien, pero no colma como esas hojas unidas indisolublemente. Meditaciones así, que Dios sabe adónde nos acabarán llevando, emprende uno leyendo a Echeve,...

A la alegría de dar con un librito maravilloso (y no hay, como sabe de sobra Enrique Andrés Ruiz, tantos), y a la de haber acertado con los regalos, se ha unido la de que no me había fallado uno de mis críticos incansables; y que no se nos canse, por favor.

miércoles, 12 de enero de 2011

Ea

Lo que más me emociona es la épica de la alegría. Hay a quien le emociona el drama o la tragedia o la melancolía, y a mí también, pero mucho menos; o a quien le basta la risa fácil, suelta. A mí, no. Ayer volvimos a llevar a Carmen a vacunar, que es asombroso lo vacunados que están los bebés. Le clavó la enfermera la aguja y no lloró en un primer momento. Puso cara de sorpresa. Dos segundos de ojos verdes bien abiertos y silencio. Luego soltó un “ayayay” hondo con su boca de dos dientes y se le escaparon unas pocas lágrimas redondas. Enseguida, cuando le frotó la enfermera el algodón en la piernecilla, de nuevo cara de sorpresa, esta vez fresquita. Su madre susurró: “Ea, ea”. Y la niña se tragó sus tres lágrimas; y sonrió de tal manera que me volví buscando el arco iris al fondo de la enfermería. La enfermera estaba estupefacta, halagada con su parte alícuota de sonrisa: no había visto a un bebé tan simpático y valiente nunca. Si hubiese sido algo mayor, habría salido Carmen cojeando un poco y consolándonos: “No es nada, ea, ya está” con una mirada dulce. También, si hubiese sido mayor, le podría haber ido explicando por qué me emocionó tanto, pero como es tan chiquitita la saqué en brazos, como a hombros, orgulloso. Ella iba riéndose, feliz, épica. 

martes, 11 de enero de 2011

Himno

Los contrarios a la guerra de los Boers cantaban en sus rondas por las calles de Londres este hermoso himno, altamente inspirador:
Somos los enemigos de la guerra y la sangre
y nadie nunca nos llamará cobardes,
¡nunca, nadie, jamás!
Si algunos nos pretenden resistir,
les partiremos la nariz.
¡Somos de la Brigada de la Paz!

lunes, 10 de enero de 2011

Meditación sobre el malditismo

Pasé unos días dudando si enlazar o no esta entrada, traviesa, aunque un tanto larga [resumen: El que quiera escandalizar que no se haga maldito, más bien debe hacerse del opus dei, es mucho más efectivo y más salvajede María Eloy-García. Decidí que no, no. Me pareció feo arrimar el ascua a mi sardina salvaje posando de maldito por lo que es una bendición. Algunas veces me he llevado un cosqui a cuenta del Opus, no lo niego, pero muy pocas, y las más de ellas por fuego amigo (que ésa es otra). Pero en cualquier caso, viendo todo lo recibido, ha sido un peaje pequeñísimo: el uno por ciento, digamos. En Ardua mediocritas lloriqueé algo, un poco por provocar, lo reconozco, pero hace tiempo que no recaigo. Sólo replico a los más inteligentes, y no quiero escandalizar jamás a nadie nunca, Dios me libre. A mi hermano Jaime le sacan el asunto en una entrevista, y aquí está. Lo enlazo porque contesta estupendamente; porque dice esta verdad de la buena: "La verdad es increíble; la mentira es lo de siempre. Lo que pasa es que, mientras que la mentira la regalan por la calle, la verdad es para quien la trabaja"; y porque un hermano es un hermano: Frater qui adiuvatur a fratre quasi civitas firma, ya saben.

domingo, 9 de enero de 2011

Novísima tradición

La inauguramos el año que viene. La víspera de los Inocentes pondremos en un sillón nuestro zapatito izquierdo. El derecho, naturalmente, lo seguiremos reservando para sus Majestades de Oriente.

sábado, 8 de enero de 2011

Escribiendo el diario (curiosidad)

Los días malos resultan mucho más narrativos que los buenos.

Ser, ser es la cuestión

Me preguntan qué gracias hace mi hija o, conociendo al padre, si hace alguna. Yo les miro estupefacto porque qué más gracia que ser, que existir. A los bebés les basta con eso y a los demás nos debería. Con los mayorcitos ya sé que no es así. Tenemos que andar por la vida cayendo, ay, cayendo si es posible en gracia. La verdad es que mi hija hace abundantes monerías: ha empezado a decir mamá, chapotea en el baño que ni Esther Williams y se come las orejas de la perra. Para mí -no sé para la perra- son graciocísimas, pero me da un poco de pena que empiece a abandonar esa feliz edad (tan metafísica en el fondo) en que se ganaba nuestras sonrisas con dormir y comer, sólo siendo.

viernes, 7 de enero de 2011

Ángel Mendoza 1/4

Con los cuatro libros de poesía de mi amigo Ángel Mendoza (Puerto de Santa María, pero Puerto de Santa María, 1969) me pasa una cosa muy simétrica, digo, curiosa. Gustándome mucho sus poemas, en cada uno de los libros hay uno que me entusiasma sobre el resto. Voy a ir señalándolos, como una mini súper antología. De Pequeñas posesiones, Renacimiento, 2000, éste:

............HABITACIÓN
Habitación de los silencios. Viene
con paso gris la abuela. Sigue el rastro
del Ángel del demonio que, otra vez,
abrió las jaulas de los chamarices
y los echó a volar. Derrama afónica
su voz de patio húmedo. Por vieja
conoce mi escondite,
.................................. pero sigue buscando.

jueves, 6 de enero de 2011

Un regalo de Reyes

Teniendo en cuenta que él no comulga con el tiempo sagrado del ritual que pauta mi vida, qué fino ha estado Antonio Rivero Taravillo haciéndome, justo hoy, este regalo de Reyes.

miércoles, 5 de enero de 2011

Foto oficiosa


La niña más fotografiada del hemisferio norte es Carmen. En ésta, por pura casualidad, aparezco al fondo. Aquí si doy la cara, sin perder la jerarquía de valores. Quizá consiga más aprobaciones que la foto oficial.

Alfonso y los RRMM

Alfonso es un chico de misa diaria. Hace unos meses me sorprendió al confesarme la especial ilusión que le haría ser el padrino de Carmen. Ya la habíamos bautizado y no pudo ser, pero le dije que moralmente se considerase, por favor, padrino de la niña. Raro es el dia en que no se interesa por su ahijada, muy cariñoso, en su papel. Ayer le pregunté qué le ha pedido a los Reyes Magos y me ha dicho: "Que me deje como estoy". Es uno de los deseos más felices que pueden hacerse, si no el que más. El singular, por cierto, tiene su importancia capital, como en aquel poema de Blas de Otero. Sabe Alfonso, que es síndrome de Down, a Quien hay que pedir las cosas.

martes, 4 de enero de 2011

Foto oficial

Una de las alegrías que me ha dado Nueva Revista al escoger un texto mío para su muestra de 22 escritores españoles del siglo 21 ha sido aceptar la foto que les mandé. Me temía que no y ha sido que sí. Es mi mejor foto.

La mejor no sólo porque estoy de espaldas. Me la hizo mi hermano Jaime. Estoy frente a mi cuadro por excelencia: por el tema, claro, y por la técnica, pero no por las dos cosas, ojo, una más una, sino por todo. Y encima en mi mano sostengo mi libro, no como los argentinos, que según César Fernández Moreno, si llevan un libro bajo el brazo, es porque es el suyo. Sino porque era el que le llevé a mi hermano Jaime, y me pidió que se lo sostuviese un instante mientras me hacía la instantánea. Todo a la vez, el Prado, Roca Española, Velázquez, la coronación, la gloria de los morados, el quinto misterio del rosario, mi hermano, el libro, mis espaldas hacen que ésta sea mi foto, la oficial, si puedo decirlo.

Cubrirnos las espaldas

Ángel no está de guardia. No el de la guarda, que no para, sino el de Compostela (y acabo de caer en que Gerardo Diego publicó un libro titulado Ángeles de Compostela, precisamente). Si estuviese a pie de blog, creo que habría enlazado este artículo. Por si acaso, para cubrinos las espaldas unos a otros, ahí está, que impresiona.

Tobogán

Duermo la siesta y suena el despertador. Le doy un toque y lo callo y caigo de nuevo dormido pero de pronto suena de nuevo. Está en modo snooze. Se repite la operación cuatro o cinco veces, y todas me duermo, y me despierto. Contra lo que pueda pensar el amable lector la sensación es agradable. Tiene un regusto a infancia que ya había olvidado. Es como tirarse por un tobogancito y el brusco aterrizaje enseguida y vuelta a subir y a caer, ups, y a aterrizar. Me he levantado, por fin, feliz como un niño.

lunes, 3 de enero de 2011

Ca mucho es débil mi fragilidad

Iba buscando de nuevo ese soneto al itálico modo del Marqués de Santilllana dedicado a España donde la llama "triste hemisferio". Pero en el camino me llevé la alegría de encontrarme con este otro "Al Ángel Guardador":
De la superna corte curïal
e sacro socio de la jerarquía,
que de la diva morada eternal
fuste enviado por custodia mía,


gracias te fago, mi Guarda especial,
ca me guardaste fasta en este día
de las insidias del universal
nuestro adversario, e fuste mi guía.


E así te ruego, Ángel, hayas cura
del curso de mi vida e breviedad,
e con diligencïa te apresura,


ca mucho es débil mi fragilidad;
honesta vida e muerte me procura,
e al fin con los justos santidad.

sábado, 1 de enero de 2011

Las campanadas con Uriarte

Pensé celebrar con una celebridad cada Nochevieja. Pero di las primeras campanadas con Kierkegaard, y los años siguientes ya no encontré a nadie a esa altura de campanario ni a esa claridad de espadaña. Este año se me ha ocurrido reinciar la costumbre apoyándome en las citas que espolvorea Iñaki Uriarte en su Diarios. Y después de los cuartos (esta introducción) ahí van las doce campanadas:

1) Karl Kraus: "Cuando dos tienen una idea, ésta no pertenece al primero que la tuvo sino al que la tiene mejor".
 
2) Joseph Joubert: "La más hermosa de las valentías es la de ser feliz"
 
3) Oscar Wilde: "Si eres bueno, no tienes por qué ser feliz, pero si eres feliz tiendes a ser bueno".


4) Montaigne: "Sería útil que apostásemos en la decisión de nuestra disputas".
 
5) Heine: "Mientras leía un libro aburridísimo me quedé dormido. Acto seguido soñé que continuaba mi lectura y el aburrimiento me despertó. Eso se repitió tres o cuatro veces".
 
6) Pascal: "El pueblo tiene opiniones muy sanas. Por ejemplo, haber escogido el divertimiento y la caza más bien que la poesía. Los sabios a medias se burlan de ello y triunfan demostrando con ello la locura de la gente, pero por una razón en la que ellos mismos no penetran, la gente tiene razón".
 
7) Cyril Conolly: "Igual que ciertas flores emplean para su fertilización a algunos insectos, otras plantas, como la vid, el café o el tabaco, explotan la tendencia a la adicción del hombre para sobrevivir y multiplicarse".    


8) Dr Johnson: Nada ha inventado el hombre que haya proporcionado a la humanidad tanta cantidad de alegría como las tabernas.

9) Mark Twain: "No es posible que un hombre cuente la verdad sobre él mismo, ni que deje de comunicar la verdad sobre él mismo".

10) Iñaki Uriarte: Yo le decía que no iba a escribir más, porque tenía la impresión de que lo que yo hacía no era poesía, sino "como poesía". [Su interlocutor, llamado Marcos, le replica que eso le pasa a todo el mundo (sic), a lo que triplica Uriarte que] Le pasaría a todo el mundo, pero yo ya no escribí más.

11) Kipling: “En un relato, quitar líneas es como avivar el fuego. No se nota la operación, pero todo el mundo nota los resultados. Claro que los párrafos suprimidos tienen que haber sido escritos honradamente, para algo, con voluntad de permanencia”.

12) Philippe Lejueune: “’Ya en aquel tiempo’ y ‘todavía hoy’ son las frases claves de la escritura autobiográfica".

Ni que decir tiene que la uva que se me atragantó fue la de la sexta campanada, pero es una tradición venerable la de la uva atragantada. En cambio la primera la ataqué con ganas, porque en realidad Uriarte dice que esa idea de Kraus pertenece a Borges que, aunque la dijo después, la dijo mejor. No creo. Y nada más que añadir. O sí, sí: ¡muy feliz año!

viernes, 31 de diciembre de 2010

Adiós, diez

En este 10 de 10, he conseguido llevar un diario del primer día al penúltimo (y es de suponer que hoy también lo haga). La experiencia la cuento y la publicito en Misión.
***
La experiencia de leerlo el último día ha sido impresionante, a pesar de la mala letra y de que la mayoría de mis sucedidos son rutinas diarias o anécdotas que no llegan a categoría. Sin embargo, alguna de ellas, leídas desde ahora, me han conmovido. Pondré algunos ejemplos.

El 5 de febrero creí que me llamaba la atención el porte señorial de un señor en misa. Fue cuando a la salida le dio un buen golpe en la espalda a otro señor que iba con una chupa de cuero negra, y le dijo: “Adiós, Paco”. Noté un estremecimiento de emoción en la espalda del tal Paco a través de la chupa. En la puerta, al señor le pidió fuego el mendigo, se lo dio y, cuando le dio las gracias, el señor señorial le contestó muy campechano: “A mandar”. El mendigo se hinchó de satisfacción. Aquello fue mucho mejor que una limosna. Cosas como ésas apuntaba. Tres meses después saltó la noticia de que Paco, al que yo sólo conocía de aquella vez, se había suicidado.

El 19 de febrero: “El agobio por no tener tiempo me hace perderlo”. Lo había olvidado cuando leí meses más tarde aquel endecasílabo inolvidable de Juan Marqués: “No tengo tiempo para tener prisa”.

El 12 de abril apunté esto: “Susana Salguero entusiasmada con mi asignatura”. Enseguida tuve que escribir esto.

No todo, gracias a Dios, han sido accidentes. En mayo don Julio, el párroco, nos puso el corazón en un puño al decirnos que probablemente él, que tiene un cáncer, no llegaría a ver la finalizacion de las obras de la capilla, pero que no importaba, que la capilla es para siempre y que él está de paso. Felizmente acaba el año: la capilla está flamante (y hasta provocando algún que otro conflicto) y don Julio sigue entre nosotros, dando guerra.

Descubro que entusiasmos y amistades que ahora siento como de toda la vida, son de ayer mismo. Un ejemplo bibliográfico: el 2 de mayo me deshago en elogios al recién leído Efigies de Cristóbal Serra.

El 2 de junio apunté que mientras Leonor pasó muy mala noche, ocupándose de Carmen, yo dormí “como un lirón careto”. Es una expresión muy portuense. Escrita ahí y entonces no habría que descartar, sin embargo, cierto juego de palabras del subconsciente: “como un lirón carota”.

El 15 de junio Carmen se duerme sobre mi pecho mientras leo y Leo me hace una fotografía, que inmortaliza lo que sólo duró diez o quince minutos. La mentira de la fotografía frente a la verdad de la memoria y el diario, que lo recuerdan para siempre, sí, pero en su fugacidad.

Y sin embargo el 25 de mayo consigné: “Una adolescente muy guapa en Atocha”. Me esfuerzo por recordarla, pero nada, ha desaparecido por completo entre la multitud…

El jueves 8 de julio sentía un fuerte dolor en el pecho y me preocupé pensando en un posible infarto provocado por la emoción del mundial. Tragicómica muerte para un poeta lírico, me temía. Por otro lado me compadecía si los aficionados al fútbol viven así toda la liga todos los años, pobres.

El 22 de septiembre di con una industria humana. Cuando se tiene mucho trabajo, conviene aprovechar la energía centrífuga de la pereza... y sacar adelante los otros encargos mientras tanto.

El 1 de octubre, a primera hora, yendo al IES:
Corriendo, el sol
y yo: “¡Llegamos tarde,
llegamos tarde!”
El 15 de octubre, comida de profesores muy pesimista. La próxima bajada de sueldo, los rumores de desaparición de MUFACE, la jubilación retrasada, los horarios que dicen que nos ampliarán, etc. Gran día para celebrar a santa Teresa: “Nada te turbe,/ nada te espante”…

El jueves 28 de octubre fui a que me quitasen los puntos. Me indican: “Pase a la última consulta a la izquierda”. La puerta está cerrada. Llamo. “¿Sí?”. Paso de golpe y la enfermera está cambiándose. Cierro, sonrojado. Mutuas disculpas tartamudas. Hay más intimidad, a partir de ahí, entre nosotros, sin embargo. Ahora me quito yo la camisa. Me quita todos los puntos, uno a uno, suavemente. Todo es muy aséptico, chorreado con alcohol y abundante Betadine.

14 de noviembre: dos dientes de Carmen, y qué necesaria es la experiencia de la vida para leer poesía. Esas "diminutas ferocidades” de Miguel Hernández, qué exactas, veo ahora. Abre la boca Carmen contra mundum.

22 de noviembre: Rafael Morales Barba, en la cena posterior a la mesa redonda del Congreso de Luis Rosales, me detalla una escena: Claudio Rodríguez llorándole como un niño: “¡Yo me quiero salvar, yo me quiero salvar!”

26 de diciembre. Gracias a mi suegra, que baja sola todas nuestras maletas y que se queda aparcando nuestro coche mientras que nos vamos en un taxi, no perdemos el tren de vuelta. El diario está cuajado de pequeños favores de mi suegra, para que luego venga yo en los artículos...

jueves, 30 de diciembre de 2010

Método

En sus Diarios, Iñaki Uriarte propone este método: “Escribir de mal humor, corregir de buen humor”. Lo hace en la página 136, cuando ya ha dejado claro que tiene autoridad de sobra para exponer métodos de escritura. El mío es exactamente el contrario: escribir de buen humor, corregir de mal humor; y, sin embargo, creo que salva lo esencial del consejo uriartiano, que no es tanto el orden de los factores, como el contraste. Un malhumor que no nos hiele la sonrisa o que, incluso, la provoque, o una sonrisa que nos consuele un poco o que, al menos, no nos amargue más.

miércoles, 29 de diciembre de 2010

Ley Sinde

Sólo tengo una verdad que recordarles, pero algo es algo.

Lo siento y otras pintadas

Si cada vez se jura y perjura más, es porque la palabra cada vez vale menos. Lo he pensado viendo la cantidad de pintadas que hay en nuestras calles proclamando: “Te quiero” o, más melodramáticamente, “Lo siento” o “No volveré a hacerlo” o “Perdón” o “Estoy muy arrepentido”. Esas cosas quedan más sugerentes susurradas suavemente al oído, digo yo. Y me pongo a imaginar el culebrón que habrá detrás de cada una de esas pintadas. Culebrones que tendrán poco arreglo, pues si para que les crean, han de ensuciar las fachadas de otros prójimos, apaga y vámonos. Es lo que tiene la mentira campando a sus anchas: acaba con las palabras por el suelo o las paredes, en parajuramentos y graffiti.

martes, 28 de diciembre de 2010

Clara y limpia

De Luys Santa Marina (1898-1980), en el libro Laredo:
....LA VIRGEN DE BELÉN

En la penumbra grata de la iglesia
fulge el retablo como un sol de tarde
sobre oros delicados de un otoño
que perdurase por años y siglos.

En medio de él Nuestra Señora ofrece
el pecho al Niño. Es una talla pura
de muchacha flamenca, blanca y rosa,
que sentada a la puerta de su granja
con el niño en sus brazos, mira al campo
esperando la vuelta del esposo...

Y se piensa que tras de la hornacina
ha de hallarse una casa clara y limpia
con los muebles en orden, y la cena
sobre la mesa puesta, y unos lirios
en la jarra de barro a la ventana.

Prohibido decir: "¡Qué bien la parejita!"

El inocente es niño, y no es una inocentada. Pero mucho cuidado con felicitarme con un “¡Qué bien: ya tenéis la parejita!”, como si uno acabase de completar una colección de cromos. Siempre me dio un poco de grima la expresión ésa y a ver, ay, cuántas veces la voy a tener que oír a partir de ahora… Dan escalofríos.

El médico, sin embargo, saltaba exultante. Si en vez de nosotros, le pilla una parejita de modernos feministas le ponen una demanda en cualquier tribunal de Igualdad de género o de Laicidad. Porque gritó, me parece que hasta alzando los brazos: “¡Dios ha bendecido a esta familia: es un niño!” (sic). Se levantó del ecógrafo, me dio la mano, me miró a los ojos y dijo: “Enhorabuena, sí, enhorabuena”. En su honor hay que decir que no dijo ni una vez lo de la parejita.

Encabezamiento

Los padres del colegio público de mi barrio estuvieron a punto de poner este encabezamiento a su notificación (que reproduzco en comentarios). Como el asunto es serio, hicieron bien en no ponerla, pues hubiese desviado la atención. Ya saben lo que advertía Johnson: "Vamos a ponernos serios, muchachos, que ahí llega un tonto". Decía:

NOTIFICACIÓN DE LAS MADRES  Y DE LOS PADRES, TODAS Y TODOS,  MIEMBRAS ELLAS Y MIEMBROS ELLOS, DEL CONSEJO/A ESCOLAR/OR DEL COLEGIO/A COSTA/O-OESTE/E

Talabartero

Parafraseando a Marañón o a Eliot, diría que soy liberal de talante, reaccionario de razonamiento, conservador de corazón y cristiano de buenas intenciones. Centrémonos hoy en el corazón. Me da muchísima lástima que se pierda cualquier cosa, mantendría todo. Una alumna me cuenta, muy orgullosa, que su abuelo es talabartero. Además de la belleza del nombre del oficio y de sus alegres arreos para burros (véase la foto, cortesía de mi alumna), qué temblor de emoción nostálgica pensar que estoy ante uno de los últimos artesanos. Dan ganas de criar burritos, aunque sólo sea para que una palabra tan hermosa, talabartero, no se nos quede encerrada en el establo del diccionario.

viernes, 24 de diciembre de 2010

¡Feliz Navidad!



***

***


Detalle

En el viaje de tren, Carmen ha sido la estrella rutilante del coche 5, entre una nube de niñas de las más diversas edades que se deshacían en ohs-qué-mona, vaya ojazos, se-los-come-todo y ays-me-ha-sonreido. Y vaya si sonreía viéndose el centro de la fiesta, el centro y eso que había una chica preadolescente que cómo, ay, le sonreía. Viaje feliz, como pueden ver, y casi corto. Pero ha sido topar con Madrid y ponerse a llorar, como la otra vez. Por la noche, en un aparte discreto, le he susurrado al oído un pequeño detalle: "Mira, Carmen, mi vida, recuerda que tú no vienes a casa de tu suegra, sino de tu abuelita". 

jueves, 23 de diciembre de 2010

miércoles, 22 de diciembre de 2010

En serio

Que le toque el Gordo a un lector de Chesterton es una redundancia.

Si yo fuese Juan Manuel de Prada, llevaría inmediatamente la película coreana Poetry (Lee Chang-dong, 2010) a mi programa Lágrimas en la lluvia, y dedicaría el debate posterior a la poesía. Pero no lo soy, así que la traigo a Rayos y truenos en esta noche de lluvia. Intentaré no reventársela a quien no la haya visto, y me limitaré a enumerar las lecciones poéticas que, como quien no quiere la cosa, me ha dado Chang-dong.

1) Las clases del taller literario son ligeramente ridículas y, en última instancia, no sirven para nada. La única alumna que escribe un poema es la peor alumna del curso, nuestra protagonista. La poesía, nos dice tácitamente Poetry, no se aprende en un taller, como si fuera una mecánica, sino en la vida, porque es la vida. Necesita maestros, no profesores.

2) A quien quiere escribir poesía, en un momento dado se le dice que querer no basta, que hay que mendigarla. (Naturalmente, recordé a Gaya, emocionado.)

3) Y hay que tenerla en el corazón, se insiste. Se hace una defensa acérrima de la emoción y de cierta cursilería, incluso, y de la limpieza y la elegancia, y de las flores y de las canciones tradicionales. (Recuérdese esto cuando lleguemos al punto 6.)

4) Se nos muestra cómo la poesía verdadera no nace del dominio de las palabras, sino de la dificultad de su trato, de una enorme dificultad vencida aunque sea a medias. La protagonista empieza a padecer los primeros síntomas del Alzheimer. (Recordé, vanidoso, mi leve dislexia.)

5) La poesía será moral o no será. Cae por su propio peso del lado del inocente y de la víctima, y ese es su punto de contacto, de fricción, con la actualidad. Escribirla es un acto de justicia. Las palabras justas, pues, en los dos sentidos.

6) Desternillante retrato del poeta joven, premiado y genialoide (el único verso suyo que se cita ¡entre signos de admiración! es uno que habla del cielo color de gato que lleva muerto una semana). Sale muy poco, intencionadamente, a pesar de sus premios. Atención al lenguaje corporal del actor, que lo borda.

7) “La poesía ha muerto”, sentencia el profesor, cuando está con el joven genio, causalmente. Pero se confunde. La poesía se pone del lado de los muertos, que es bien distinto. De los muertos o, como mínimo, de la infancia.

8) Al final de la película, son inolvidables los breves fotogramas de la señora mayor sentada bajo un árbol, oyendo el viento entre las hojas, feliz. Es el mismo árbol bajo el que la protagonista se había sentado a oír el viento y cuya actitud tanto había chocado a esa misma señora mayor. La poesía ha de tener un valor último de ejemplo vital, que va más allá (o viene más acá) de la literatura.

9) Me he comprometido a no revelar el argumento, pero mantener la cabeza fría en medio del torbellino sentimental es clave para el poeta: su sitio es la extraña calma en el ojo del huracán. La mayor delicadeza conlleva a menudo una dureza extrema. La película lo ejemplifica magistralmente.

10) Por último, esta contestación extraordinaria de la protagonista cuando le preguntan si quiere ser poeta. “De momento, quiero escribir un poema”.


martes, 21 de diciembre de 2010

Sin entrada

La escribo, sí, pero espero un día para publicar la entrada, la releo y no, no la publico, no. (Algo me dice que esto va a pasar mucho aquí a partir de ahora, por fortuna.)

lunes, 20 de diciembre de 2010

Así es

Empiezo a leer por fin Luz del mundo, el libro de entrevistas del Papa con Peter Seewald. Dicen todos, y yo lo comparto, que nada de lo que dice Benedicto XVI puede ser tomado a humo de pajas, que hasta la última coma está muy pensada y sopesada. Bien, ¿y qué me dicen de estos signos de admiración, eh?
PS:¿Utiliza la bicicleta estática que le regaló su anterior médico personal, el Dr. Buzzonetti?
B16: No, no me alcanza el tiempo para hacerlo, y por el momento no lo necesito tampoco, gracias a Dios.
PS: O sea que el papa hace como Churchill: nada de deporte.

B16: ¡Así es!

domingo, 19 de diciembre de 2010

Augur de los semblantes del privado

Aquí tienen mi artículo de hoy.

Bueno, efectivamente, ése no es mi artículo, por mucho (y es mucho) que me haya inspirado para el mío-mío, escrito a medias entre Paco Sánchez y Andrés Fernández de Andrada.

A propósito, la lectura de la Epístola moral del último sería una de las primeras medidas anti-crisis que yo impulsaría.

sábado, 18 de diciembre de 2010

Risa

Qué gracia si yo me atreviese a hacerlo. Colar en la antología de poesía de José Jiménez Lozano, que he empezado a preparar, este poema del último libro de Isabel Escudero, Nunca se sabe, del que seguiremos informando. Creo que nadie sospecharía nada... si no fuese por la extrañeza de no recordarlo, ciertamente.
...............RISA

Escucha: ¿no oyes en el aire todavía
la ultima risa de aquella viejecita
que al terminar su blanco paño de ganchillo
como una novia se lo puso en la cabeza
y con la risa de sus ojos nos miraba
más feliz que nunca
habíamos visto reírse a novia alguna?

viernes, 17 de diciembre de 2010

La segunda oportunidad

Recibo la antología Poesía para niños, do tengo el honor de participar (habrá que firmar un nuevo manifiesto en defensa del do, otro monosílabo en peligro de extinción), y salto de alegría. Por supuesto, por la grata compaña, por las horas de lectura infantil que me esperan y por la exquisita edición, pero, sobre todo, porque un poemita de mi primer libro, que había sido escrito en un ataque agudo de platonismo tardoadolescente y que yo pensaba desechar sin remisión, ahora, releído como una canción a un bebé, se salva. O a mí me lo parece. Quizá se escribió para eso, y yo no lo sabía, y han tenido que pasar veinte años.

Se lo leo a Carmen:
NANA
De siempre te he querido
sin conocerte.
¿Que te parece extraño
que desde siempre
te haya querido?
Te parecerá extraño,
pero así ha sido.

Traer carbón

Los profesores discutimos a menudo qué es lo peor de nuestro trabajo. Lo mejor está claro: julio y agosto. El puesto pésimo se lo disputan corregir exámenes, el creciente papeleo administrativo y los problemas de disciplina en el aula. Yo suelo votar por el papelón administrativo, pero ahora, con montañas de exámenes malísimos que corregir, dudo. La cantidad es lo de menos. Sufre sobre todo la autoestima: “¡Esto es lo que les he enseñado, ay, tras un trimestre desgañitándome!” y sufre la misericordia: “Qué pena dejarles una calabaza o carbón por navidades a estos alumnos tan simpáticos, en el fondo”. ¡Qué admiración a Dios, nuevamente! A Él, que sabe ser a la vez justo y misericordioso.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

El sexo y el ángel

Esperaba para daros la buena noticia bomba, la bomba bis, la noticia de nuestro estado bueno de nueva esperanza, esperaba, digo, a saber el sexo de la criatura. Al saberlo, se concreta la personalidad del nasciturus. El sexo (que tienen desde el primer momento) humaniza. Pero nuestra criatura se resiste a revelarse. Carmen no tuvo tantos prejuicios, pero éste o ésta está resultando muy pudoroso o pudorosa, y se esconde. El ginecólogo no logra ver nada, y, mientras, los amigos se van enterando por ahí, en vez de por aquí, que es el official web site. Pero ¿qué podía hacer?

Hasta que en la última visita al médico, éste se asustó con no sé qué medida, y mantuvo unos tensos minutos de silencio. Yo aproveché para rezar al ángel de la guarda del niño con mucha intensidad y… ¡eureka! No sólo fue una falsa alarma y todo va bien, sino que desde entonces ya está personadísimo en nuestra vida, aunque todavía no sepamos su sexo. El ángel como agente humanizador, también.

martes, 14 de diciembre de 2010

Uf

Algo me pasa con el lenguaje, que no está superando mis pruebas de estrés. No sólo 'juro y perjuro'. Mi hermano Jaime no tenía carnet de conducir, lo cual era un mérito poético-bohemio, pero un incordio cotidiano. Ayer aprobó el teórico, y yo, por teléfono, le felicitaba muy alborozado. Dije: "Y como sabes conducir, pues ya  prácticamente tienes el carnet..." Jaime, a pesar de su respeto por mi primogenitura, atajó: "Hombre, prácticamente es justo lo que me falta". Uf, y a mí finura.

lunes, 13 de diciembre de 2010

Guay o no guay, ésa es la cuestión

La pregunta no es retórica. Es una petición de socorro con todas las de la ley. No sé si atreverme con el guay en esta traducción  (v.o. en comentrario) de un poema satírico de G.K.C. :
Nuestras exportaciones, muy bien etiquetadas,
hasta la última esquina del mundo son llevadas.
El jabón o el salmón pueden viajar muy bien
de un polo a otro en latas, y en un santiamén.
Así, los comerciantes ingleses pueden ya
aguarle la cerveza a un hombre en Canadá
o envenenar la carne de un hombre de Bombay.
Eso celebra el Día del Imperio, qué guay.
ACTUALIZACIÓN.- El guay ha muerto, qué caray. Es lo que hay. A cambio, esto sí, sin duda, qué guay.

Juro y perjuro

Me desespero y con el puño apretado y los pelos de punta y los nervios chasqueando, clamo a quien me quiera oír y a Leonor, que quiera o no quiera, me tiene que oír: “¡Juro y perjuro que no volveré a pasar angustia, que no volverá aceptar jamás ningún embolado literario, ni una traducción ni un prólogo ni una presentación ni nada de nada…!” De pronto, reparo en mi lapsus linguae y me hago gracia. Ya veo que en el fondo sé que seguiré metiéndome en líos, ay. Además, parece que el “juro”, por asociación automática, trae casi pegado el “perjuro”. Con razón nos aconsejó el Maestro que nos dejásemos de juramentos y perjuramentos y parajuramentos y que nuestro sí fuese sí, y el no, no. Y otro maestro, que aprendiésemos a decir que “no”, aunque pasan los años, y no, no aprendo, no.

sábado, 11 de diciembre de 2010

Rosales, en la segunda fila

Suele ser queja muy habitual que los escritores de derechas gozan de menos predicamento que los de izquierdas. Y entre los airados ejemplos, sale a relucir invariablemente Luis Rosales, de cuyo nacimiento celebramos el centenario este año.

Aunque ganó premios de postín, entre ellos el Cervantes, nada menos; y fue académico de la Española; y publicó en las más importantes editoriales; y tuvo siempre alrededor un puñado de admiradores rendidos; y aunque, lo que es más raro, fue un poeta auténtico y poderoso, es verdad que la figura de Rosales ha quedado un tanto desdibujada y brumosa, en una segunda fila. Dos ejemplos. En Madrid, el poeta vivió en la calle Altamirano, donde sucede su libro capital, La casa encendida. En esa calle hay una espléndida librería literaria que se llama… “Rafael Alberti”. En Granada, en la casa familiar de los Rosales, donde transcurre buena parte del libro El contenido del corazón, hay, ahora, un restaurante exquisito, que se llama… “El rincón de Lorca”. ¿A qué se deben esas pretericiones?

En 1936 su amigo García Lorca se refugió en su casa, de la que fueron a arrancarle, y Luis Rosales trató de salvarle con riesgo de su propia vida. A partir de entonces y hasta el final de sus días, sin embargo, tuvo que soportar todo tipo de acusaciones, directas o veladas. Dispuesto a no sacar rédito de aquella canallada, calló; y aquí cometió un fallo de “política comunicativa”. Su silencio, hecho de dignidad ofendida y de meticuloso respeto a los muertos, acabo pareciendo el mutismo de una conciencia culpable.

Por otra parte, su propia evolución política, pasando de su inicial catolicismo al falangismo y, luego, al escepticismo y, finalmente, al monarquismo (llegó a pertenecer al Consejo de don Juan), hizo difícil que con él se identificará ningún grupo ideológico. Desconcertaba a todos. Otros escritores falangistas (Sánchez-Mazas, Panero, Foxá, García Serrano) han tenido en el fervor de unos cuantos lectores (no en los reconocimientos oficiales de los que, ya digo, Luis Rosales no puede quejarse) mejor suerte. Quizá ningún sector ideológico pueda identificarse con un elusivo Rosales, definido por Pablo Neruda como “gran antipolítico”.

Pero en lo literario Rosales tampoco dio facilidades. Lo suyo es una constante evolución. En Abril (1936) dio comienzo al soneto garcilasista que tanto éxito tendría tras la guerra civil, pero él apenas reincidiría. En Rimas (1951) pasó al poema existencial, confusa la historia y clara la pena; y, para mayor confusión, ese libro anterior se publicaría con posterioridad a La casa encendida (1949), eclipsando parcialmente su radical novedad. Ese logro se había conseguido gracias al trabajo de un extraordinario libro de poemas en prosa sobre la muerte de la madre, titulado El contenido del corazón, que se publicó veinte años después de escrito: en 1969, con lo que la línea del desarrollo quedaba enterrada. Las desordenadas publicaciones iban seguidas de largos años de silencio. Su carrera literaria acabó con un proyecto hercúleo, llamado La carta entera, que quedó incompleta. Iba a ser una tetralogía de poesía total, que anudaba narración, ensayo y autobiografía con un versículo poderoso, a ratos surrealizante, a ratos humorístico, siempre trágico. Dio las tres primeras entregas, dejando la última inédita. Ésta tenía un título profético de resonancias lorquianas: Nueva York después de muerto.

La profesora Noemí Montetes-Mairal acaba de editar en Cátedra tres libros de Rosales en un volumen: Rimas / La casa encendida / El contenido del corazón. La experta añade dos motivos más que explican el misterio de por qué Luis Rosales no está en la primerísima línea de poetas españoles, a pesar de su calidad y de su condición de cabeza de la generación del 36.

Revisaba sus versos de una manera compulsiva, de manera que hay muchas versiones distintas en periódicos y revistas, además de las variantes entre diversas ediciones. Eso ha forjado un laberinto para cualquier estudioso. La asombrosa falta de estudios críticos quizá venga explicada, por tanto, por cierta prudencia profesoral.

Por otra parte, Rosales es un poeta que queda mal en las antologías. Su obra es unitaria y entre narrativa y cinematográfica. En foto fija, se le entiende mal. Pero el público de poesía suele seleccionar en antologías a los autores que leerá luego con más detenimiento.

Son explicaciones muy inteligentes y ciertas; aunque no excusas absolutas para no adentrarse en una obra esencial. Ahora, que la política de su tiempo se ha apagado y, sobre todo, que podemos ir encajando en su sitio las desordenadas piezas de sus libros, debería verse clara la importancia y la coherencia de su poesía. Quizá para escribirla el autor necesitó un cierto esquinamiento y ese dolor que la cruza de parte a parte. Hemos de estar muy agradecidos, si fue para eso, a la extraña dosis de marginación que Luis Rosales supo atraerse con habilidad implacable. Su obra merece la pena.

viernes, 10 de diciembre de 2010

La finta

Una profesora de mi IES, la de religión, para ser exactos, me pregunta muy educada en un cruce de pasillos: “¿Qué tal el puente?”. Suspiro, cojo mucho aire como quien coge carrerilla, y me dispongo a contarle todas mis penas de carretero con las ruedas partidas por el eje… Pero ella me ve venir a tiempo (debe de ser el don profético) y, rauda, me pregunta por Carmen. “Oh”, exclamo, “estupenda, graciosa, guapísima”. “Je”, sonríe, con cara de alivio, pensando —se le nota—: “¡Uf, de buena me he librado, por los pelos!”

jueves, 9 de diciembre de 2010

Insomnio

Después de unas cuantas vueltas en la cama, me levanto y me asomo a la ventana. Son las tantas. Un vecino está viendo la televisión: sale de su cuarto de estar esa luz azul semoviente que es inconfundiblemente catódica. Siento una oleada de superioridad. Yo, con Borges y Cioran, en los cultísimos brazos del insomnio y él, que no conozco, en los de su sillón, con el mandito en la mano. Enseguida me arrepiento. El viernes mismo vi a las mil In the mood for love y me pareció una maravilla, mucho mejor que el insomnio, dónde va a parar. Tras un golpe de pecho, me voy a la cama. Imagino qué maravillosa película estará viendo mi exquisito vecino. Casi le envidio. Sigo sin dormir. Le envidio. Hago una lista de películas que quisiera ver y de las cuales mi vecino estará viendo alguna. Me levanto. Ha apagado la tele. ¿Se habrá dormido? Vuelvo a envidiarle. Su casa parece dormida desde mi ventana. Claro que la mía también lo parecerá. Ah, las apariencias... Vuelvo a la cama. ¿Y si mi vecino, mi hipotético vecino, mi semejante, mi hermano, está también despierto, dando vueltas en la cama? ¿En qué pensará? ¿Le habrá gustado su película tanto como a mí In the mood for love? Etc.

Post alerta

Impresiona que Carme Chacón reconozca que puso al Ejército del Aire en prealerta todo el viernes, y que Rubalcaba confiese que ya sabía él (bueno es) que la iban a liar. ¿O no impresiona, premilitarizados amigos?

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Presentación de Con el tiempo

Hoy es un día estupendo para hacerla. Sería raro que mi nuevo poemario estuviese circulando por ahí, sin haber hecho una presentación en Rayos y truenos, por donde pasáis amigos, conocidos, saludados, seudónimos y anónimos. Os podría parecer que me hago el interesante, y no. Pero tampoco querría parecer interesado, ni que esto fuese un blog-spot publicitario. Entre Escila y Caribdis, pues, como siempre...

Sí tenía pensada una larga lista de muy sentidas deudicatorias, explicando qué le debo a unos y a otros: poemas caídos, versos limados, orden afinado, títulos nuevos, etc. Es un libro éste muy de su tiempo, con una colosal deuda oculta, como las finanzas mundiales. Pero amigos de los que me fío (y que son mis acreedores) me han desaconsejado con gran autoridad (en los dos sentidos) esas deudicatorias. Uno me escribió: "Y algo que debo pedirte (o aconsejarte, si me lo permites): no me cites (ni a mí ni a nadie) en público para agradecer ciertos ajustes de pura y mera carpintería. Los poemas son tuyos. Es normal que pidamos a otros amigos poetas que nos ayuden a ver, desde su distancia, lo que nosotros, de tan cerca, no acabamos de ver. Pero eso debe permanecer inter nos, como secreto 'de secta', sin más trascendencia". Bien, bueno.

Quitando eso, no tengo nada que decir.  Con ninguna publicación de mis anteriores libros, había sufrido esta sensación también física de quedarme hueco, silencioso, incierto, casi desolado, incapaz de trabajar. Quizá no sea vanidad lo de los escritores, sino un vacío... que se tiene la esperanza que colmen los lectores. La vanidad estaría entonces en querer tener muchos o todos, y no unos pocos, hondos. Yo ya los he tenido. No me puedo quejar.

Se entiende que el ritual de las presentaciones de libros consista en poco más que en una lectura de poemas, porque, ¿qué otra cosa podría uno decir ahora? Aquí sólo os leeré uno, y he pensado en "Versión":
Estas líneas traducen un poema
de autor desconocido.
Una música antigua, oída un día
en el coche, camino del trabajo,
o la conversación en la que hablaban
de novios unas chicas jovencísimas
que espié sin querer, transido de nostalgia.
O puede que traduzcan la sonrisa
que salva una mañana, o bien las voces
que nos hieren en sueños, o un paisaje,
o una historia olvidada... Es un poema
incierto de autor desconocido el que estas líneas
traducen torpemente consultando
un diccionario oscuro.
Su lengua original fue la del fuego
y nunca nadie ha hecho una versión exacta.

martes, 7 de diciembre de 2010

Quedar como un carretero

Voy a incumplir, por más que me estoy pasando el puente currando como un loco, los plazos de entrega de dos trabajos con eiditoriales serias e importantes. Antes que nada: Carmen es inocente. Este verano me lo pasé dando vueltas a Con el tiempo sin cabeza, casi, para otra cosa, y ya para el otoño no doy abasto. Voy a quedar, me reprocho amargamente, como un carretero. Pero, ¿no se decía "como un cochero"? ¿Me habré confundido porque soy de pueblo? ¿O es mi subconsciente, para acabar recetándome, digo, recitándome este ansiolítico de Alberti:
...........PEÑARANDA DE DUERO
¿Por qué me miras tan serio,
carretero?

Tienes cuatro mulas tordas,
un caballo delantero,
un carro de ruedas verdes,
y la carretera toda
para ti,
carretero.


¿Qué más quieres?
Y luego hay quien se pregunta para qué sirve la poesía. Uf, qué paz, por fin.

sábado, 4 de diciembre de 2010

L. P. S.

Hay que tener humor (y valor) para titular Trivia la obra a la que uno dedica su vida. Lo hizo Logan Pearsall Smith (1865-1946), recientemente traducido por Héctor Blanco para Trabe. Su aspiración: “Seguir viviendo tras mi funeral en una frase perfecta”. Y tiene muchas frases perfectas: “¡Qué desagradable darse cuenta de que lo que dicen de nosotros es verdad!” [aunque no siempre, la verdad], “La bondad no es suficiente, pero qué delicado brillo da a las personas que además de encantadoras son buenas”, “No se puede ser a la vez moderno y de primera”. Saludó así a sus lectores del futuro: “Qué abrigos tan extravagantes lleváis […], y creo que vuestras teorías sexuales son horrorosas”. Uno, mirando alrededor, y no sólo a los abrigos, se pregunta: Pero… ¿cómo, ¡cómo lo supo!?

viernes, 3 de diciembre de 2010

Cadena 100

Ahora que la Cadena COPE se ha convertido en una radio deportiva con alguna cuña informativa, sería interesante volver la vista (el oído) a Cadena 100, que también vive con una gran indiferencia el hecho de ser propiedad de la Conferencia Episcopal. No lo digo sólo por los desinhibidos comentarios de sus presentadores ni por las letras de las canciones que ponen. Simplemente, me da mucha pena que a las doce no paren el chunda-chunda, como al menos siguen parando la información deportiva en la COPE, para rezar el ángelus. ¿Por qué? ¿No será que a los jóvenes los dan por perdidos? Es un detalle anecdótico, pero bien (mal) significativo. Y triste. Para ir calentando motores con la JMJ podrían empezar por ahí.

jueves, 2 de diciembre de 2010

Una barbarie que someter

[Reseño hoy en La Gaceta el último diario de JJL, Los cuadernos de Rembrandt. La página es una maravilla, con una gran semblanza del maestro por Dani Capó, y dos hermosas fotografías.]
Dentro del auge del género del diario en los últimos decenios en España, destacan, junto a los de Andrés Trapiello y José Luis García Martín, los de José Jiménez Lozano (Langa, Ávila, 1930). Éstos se inclinan hacia el glosario, donde el “yo” del escritor queda en un segundo plano. Los primeros que publicó, en 1986, ya fueron “cuadernos”, Los tres cuadernos rojos.

Los abría una larga cita de Jünger, como una exposición de motivos: “El llevar un diario, es decir, la puesta en orden de acontecimientos y pensamientos que afluyen, forma parte de la tarea que se ha asignado al escritor. Es también un consuelo solitario del que siente necesidad. En un momento en que el técnico dirige el Estado y lo modela según su idea, no solamente están amenazadas de supresión las digresiones artísticas y metafísicas, sino también la simple alegría de vivir. […] Ahora se considera como un lujo ese carácter propio del individuo que Heráclito llamaba el daimon del hombre. Nuestra lucha por defenderlo y nuestra voluntad de conservarlo es uno de los temas más grandes y más trágicos de nuestro tiempo”.

Los diarios de Jiménez Lozano se inscriben, pues, desde el principio, en esa lucha trágica y con esa voluntad. Como en anteriores entregas, se parapeta el autor en la que considera su familia literaria, formada por Pascal y los señores de Port-Royal, Simone Weil, Edith Stein, Nadiezha Mandelstam, William Faulkner, Flannery O’Connor y René Girard, y a la que se han incorporado G. K. Chesterton, Christian Bobin o Nicolás Gómez Dávila. Con ellos se pone del lado de los seres de desgracia, abomina insistentemente tanto de las glorias literarias como de los grandes del mundo y defiende una literatura escrita desde el dolor y que se acerca con suma precaución a la belleza, temerosa de sus seducciones y de su poder.

Una novedad de esta entrega es que en ella el tiempo nos alcanza. Escrita entre 2005 y 2008, habla de acontecimientos casi contemporáneos, como los terribles abusos de las clínicas abortivas o el atentado de Barajas, y de personajes reconocibles, como el juez Garzón o Zapatero.

El tono general es, por tanto, muy pesimista. La lucha para conservar el daimon está perdida en nuestra sociedad actual, piensa; y cita a Louis Auchincloss en El rector de Justin, para lamentar que en una riada (y eso es la modernidad para Jiménez Lozano) no se puede escoger lo que se salva. Acaba el libro reafirmándose, a pesar de todo, en el combate, con las luminosas palabras de Rémi Brague: “Ser romano es tener, aguas arriba de sí, un clasicismo que imitar y, aguas abajo, una barbarie que someter”.