domingo, 21 de septiembre de 2008

Peña, ¿se despeña?

Teselas (Rapsoda, Jerez de la Frontera, 2007) no alcanza la altura media de Letras flamencas (La Veleta, Granada, 1995) o de Nuevas letras flamencas (Pre-Textos, Valencia, 2000). Sin embargo, no se despeña. El libro tiene unas cumbres que hacen que la escalada merezca la peña. Disfruten de la vista:

Al olor del jazminero
viajo al patio de mi casa.
Yo ni siquiera he nacido,
mi abuela es una muchacha.

*

Cuántas veces la vida
se nos escapa
por no hallar las palabras
donde guardarla.

*
Un sueño, si no se cumple,
es una estrella que espera.
Un sueño cumplido es
un peldaño de escalera.

sábado, 20 de septiembre de 2008

viernes, 19 de septiembre de 2008

Moscas

A veces nos inspiran las musas, a veces las moscas. Y sería maravilloso que eso no tuviera nada que ver con el resultado final. Ojalá, porque yo ahora escribo directamente inspirado por una cantidad impresionante de moscas.

He salido a leer al campo, llevado en volandas por la imaginería virgiliana. Oh amenos prados de flores llenos, luz de mosto y de membrillo de septiembre, pámpanos barrocos, lomas soleadas, salomónicos olivos… Me imaginaba un garcilaso de la vida, pero el campo real recuerda sólo vagamente al de los libros y los cuadros. Me senté sobre un hormiguero, salté de un brinco, donde no las hormigas picaba el sol, la sombra del pino no era segura con tantos alegres pajarillos encima… Y sobre todo en todas partes zumbaban las moscas fatales de final de verano, rebotando idiotas en el cristal del aire, posándose curiosas, incansables, sobre uno.

Hace tiempo, en mi despacho, escribí este aforismo: “Las moscas, mensajeros alados, me recuerdan mi exacta condición”. Pero aquí, cara a cara, las moscas me recuerdan mi despacho. Y de paso la importancia de la buena literatura. Si no hubiera sido por Virgilio, estaría en él, con las musas, no arrastrando los pies por el polvo de los caminos rurales. Qué bien si algún poeta convincente hubiese escrito al beato sillón, o la égloga del aire acondicionado, o la hermosa sinfonía, ay, de los insecticidas.

jueves, 18 de septiembre de 2008

Primer párrafo de la novela que no escribiré

Comprobó los grifos uno a uno, giró dos veces la llave del gas, cortó la electricidad, bajó las persianas y describió otros círculos por la casa, ya sin objetivo concreto. Abría los cuartos, se asomaba a los armarios. Mientras tanto, miraba el reloj a intervalos regulares, como si fuese un segundero. De pronto, se dirigió a la puerta de la calle con cara de determinación; se tanteó nervioso los bolsillos: primero el derecho para ver si llevaba las llaves, sí, después el izquierdo para palpar el móvil, sí, el de atrás para asegurar que tenía su cartera, sí, y finalmente el bolsillo de la chaqueta, de donde sacó de nuevo el billete de avión, que volvió a leer con atención, sí, sí. Todavía tenía tiempo, pero mejor iría con tranquilidad. Suspiró, salió y cerró. Le estremeció entonces una aguda nostalgia por lo que quedaba atrás (cuarenta centímetros atrás) y presintió que lo mejor del viaje llegaría cuando abriese de nuevo esa puerta.

martes, 16 de septiembre de 2008

Wall-E

Si no tienen hijos, búsquense un sobrino, pero no se pierdan Wall-E, la última de Pixar. De principio a fin no tiene desperdicio, y subrayo lo del fin, porque cuando salen las letras de crédito, con unos dibujos que recrean la historia de la pintura, mientras suena una canción preciosa, la película se redondea del todo. Hay que tener cuidado porque a esas alturas sus vivaces hijos o el inquieto sobrino querrán levantarse a desfogar su entusiasmo y pueden dejarles sin verlo. Lo digo por experiencia.

Como no quiero chafarles del todo el argumento, me ceñiré a dos imágenes. Wall-E, el pequeño robot elemental y oxidado, al enamorarse de Eva, comprende las diferencias: ella es brillante, moderna, misteriosa, letal y vuela con la elegancia de una golondrina. El pobre hombre, quiero decir, el robot, está a ras de tierra y hace lo que puede por empinarse. Yo veía la película, además de con el sobrinito de rigor, con mi mujer, y me sentí muy solidario con los ímprobos esfuerzos de Wall-E.

Más tarde, sin embargo, gracias a la ingravidez espacial y a un extintor de incendios, Wall-E vuela y baila con Eva. La película, que tiene sus dosis de épica, de humor, de crítica utópica clásica incluso, alcanza en esas dos secuencias un inolvidable lirismo del bueno, que no es ni cursi ni fácil. El amor nos iguala a la amada (y viceversa), y nos eleva. Del cine nosotros salimos flotando.

lunes, 15 de septiembre de 2008

Formación Religiosa

Ayer hubiera sido un día estupendo para comentar el único suspenso del pequeño Nicolás, mi sobrino de 6. Fue en religión, o en Formación Religiosa, como le llaman ahora con horrible nomenclatura. A mí me ha hecho gracia porque soy su tío y estoy para eso y porque religión fue lo único que suspendí yo en el colegio. Bueno, y otra vez gimnasia, cuando hubo que saltar el plinton, y objeté a conciencia.
Llevando al pequeño Nicolás a ver Wall-E, le saco el tema:
—Me he enterado de que te suspendieron religión…
—Y saqué tres sobresalientes en otras y muchos notables.
—Ya. A mí en tu cole también me suspendieron religión.
—¡Anda!
—Fue porque no me sabía el Credo. Y a ti, ¿por qué?
—El profe de Formación Religiosa me preguntó por qué Jesús, mientras lo mataban en la cruz, murió perdonando y queriendo a todos.
—Y tú, ¿qué contestaste?
—Que no me lo explico.

domingo, 14 de septiembre de 2008

José Julio Cabanillas

...........................LA ESPORTILLA

En Diciembre, antes del sol, las aceitunas. Caen negras y jugosas sobre el mateo. Un hombre varea las ramas: rodilla en tierra las mujeres las ponen en la espuerta. Luego ruedan sobre la criba alta y de allí a la almazara. A mí me han regalado una espuerta pequeña, casi un juguete, de pita blanca. Y con el sol, al olivo. Las aceituneras están hablando; me abren un hueco entre ellas, y al tajo. Estas mujeres se ríen por cualquier cosa; lanzan puyas al vareador: —¡A ver hasta dónde llegas! Se dan un codazo y guiñan y se ríen; se ríen hasta del mismo frío, se ríen en las barbas mismas del invierno.


El sol ya está algo y calienta; ya pasó lo peor. Las manos rojas, agrietadas, van con prisa del mateo a la espuerta una y otra vez. Parece que bailasen y las ramas se mueven a compás y el vareador mira. con intención, a una muchacha bonita. Es la única fiesta, cada invierno, que tienen los olivos. Les alivian la carga y luego, ya desnudos, pasan los meses solos, en muchedumbre igual, en hileras monótonas.

Mi abuelo me ha prometido que me dará diez céntimos por cada espuerta que llena. La muchacha morena, a mi lado, me echa un puñado de vez en cuando. Pero eso es un engaño y le digo que no muy serio, y ella se ríe. Debo tener, sin duda, la seriedad de un asno y el luto largo de un juez. Me pone otro puñado en la espuerta y ser ríe.

No la volví a ver más. Al día siguiente me tocó otra cuadrilla. Ni siquiera le pregunté su nombre y ahora me quema. Aceitunera de las madrugadas, te quitaste lo tuyo—y lo tuyo era poco—por darme tu alegría. En aquella pobreza—día largo, jornal corto—besaste a un chiquillo justiciero, a un don Quijote que detesta el engaño, aunque apenas lo entiende y no puede arreglarlo. Si alguna vez don Alonso Quijano, el loco, el bueno, sale de Sierra Morena, se vendrá aquí, al sur, a estos olivos. Sobre el caballo enclenque, con la adarga vareará para ti sola estas aceitunas. ¿Te reirás entonces de su triste, disparatada figura? Que él te lo pague todo. Muy largo te lo fío, es verdad: yo no he sabido hacerlo.
[La luna y el sol, Númenor, Sevilla, 2006]

sábado, 13 de septiembre de 2008

La Guerra de los Estores

No hace falta ser Lord Peter Wimsey ni Sherlock Holmes ni Hercules Poirot ni el Padre Brown ni el inspector Colombo ni Miss Marple ni Philip Marlowe ni Kurt Wallender para averiguar quién fue el último que estuvo en una habitación de mi casa. Si están subidos los estores y las cortinas abiertas, fui yo el último en pasar por aquel cuarto; si los estores están bajados del todo, fue mi mujer. El enfrentamiento entre los partidarios de la luz callejera y los partidarios de las sombras góticas ha llegado a unos extremos que podríamos calificar de bélicos.

Tampoco hace falta ser adivino para saber quién está ganando la guerra ni quien la va a ganar. Además de la ventaja que da el camuflaje de llamarse “sexo débil”, que ya es recochineo, en este conflicto se unen una serie de factores técnicos, estratégicos e ideológicos que hacen aún más segura mi derrota, si cabe.

Tecnológicamente, los estores de nuestra casa son mucho más fáciles de bajar que de subir. En parte por la famosa ley de la gravedad y en parte porque al subirlos se enganchan con el picaporte y hay que volverlos a bajar un poco, separarlos entonces de la ventana con la mano izquierda y tirar de la cadenita con la derecha. Una lata. Bajarse, en cambio, se bajan del tirón.

Encima mi sagaz esposa ha jugado mejor sus bazas diplomáticas. Ángeles, la asistenta, es aliada suya incondicional. Yo sospechaba que la había sobornado, hasta que después de un hábil interrogatorio se ha ido haciendo la luz (en mi cerebro, no en la casa) y he descubierto que hay una profunda razón antropológica para el empeño titánico de ambas. Las mujeres valoran más el pudor que las vistas a la calle; más la intimidad que el brillo.

Haber captado la idea me hace más vulnerable todavía, pues, aunque sigo prefiriendo las ventanas de par en par abiertas, no dejo de enternecerme con los entrañables motivos del desmedido amor a la semioscuridad de mi mujer. Ella concibe el hogar como una penumbra íntima y mullida, abrigada por las sombras. Cuando uno entiende a su mujer, está perdido.

Como consuelo me queda, al menos, haber desentrañado el misterio de las últimas palabras de Goethe, que tanto han intrigado a la humanidad desde su célebre agonía. El gran hombre murió gritando: “Luz, más luz”, el pobre.

viernes, 12 de septiembre de 2008

Décimas

Zapatero ha acudido al Parlamento a proclamar que no tiene medidas para la crisis (cuando las medidas son de infarto, 90-60-90, podríamos decir para animarnos un poco el subconsciente), pero que se apresura a traernos esperanza, no a la Aguirre, por supuesto, sino la tercera virtud teologal, dicho sea con perdón. Yo me he acordado de una décima de Nicolás Guillén, poeta cubano de la color de Obama, aproximadamente. El gran vate popular cantó a la patrona de la isla por guajiras así:

Virgen de la Caridad,
que desde un peñón de cobre
esperanza das al pobre

y al rico seguridad.
En tu criolla bondad,
oh, madre!, siempre creí,
por eso pido de ti
que si esa bondad me alcanza,
des al rico la esperanza,
la seguridad a mí.

Décima que para nuestro país laico, aconfesional y anticlerical tendríamos que traducir de la siguiente manera:
Oh, Zapatero, que das
la confianza que te sobra
a los pobres y a las pobras
y al PSOE seguridad.
En tu talente y bondad,
ZP, nunca creí,
pero si eres bueno y si
esa tu bondad me alcanza,
da al PSOE la confianza,
la seguridad a mí.
Releo las dos versiones y, qué quieren que les diga, me quedo con la de Nicolás Guillén. Soy tan recalcitrante que prefiero acogerme —antes que a lo que Zapatero me prometa— a lo que la Virgen de la Caridad quiera darme en su criolla bondad. Aunque también, quizá, porque hablar de décimas con esta crisis de fiebres amarillas es quedarse muy corto.

jueves, 11 de septiembre de 2008

Notas para un parábola

En la retaguardia, en la gran ciudad, la vida era tristísima. Las viejas sonrisas se habían helado en los labios, la radio no daba más que noticias —a veces buenas, a veces malas— y las gentes se arrastraban apesadumbradas con el recuerdo de los muchachos que se estaban dejando la vida en el frente.

En el frente, los muchachos, se dejaban la vida, y también cantaban canciones ligeras, recitaban “La balada del caballo blanco”, se reían, apuraban el sabor recio del riesgo, del miedo, del compañerismo y de sus petacas de whisky.

Cuando volvían a la ciudad de permiso o convalecientes, les rodeaba un nimbo. No era sólo el aura del heroísmo, sino la luz de una felicidad íntima y elemental.

Al principio, a la guerra iban los pobres mozos de reemplazo y algunos patriotas extravagantes y risibles. Poco a poco, fue aumentando el número de voluntarios, que acabó siendo una muchedumbre. Quizá nadie lo supo nunca, ni ellos mismos, pero esos voluntarios sobrevenidos desertaban de un vacío, buscaban el arrimo a la felicidad, un poco de frivolidad a ratos. O nadie lo supo o no se dijo; y en cualquier caso no importa, porque la felicidad es sólo otro nombre —con más fortuna publicitaria— del cumplimiento del deber.

lunes, 8 de septiembre de 2008

Isabel Escudero

Resultaría muy ilustrativo comprobar si el puñado de poemitas de Fiat umbra que me parecen extraordinarios a mí coincide con los puñados escogidos por otros lectores. Podría suceder que no, que Isabel Escudero hubiese lanzado al aire, como un sembrador parabólico, sus versos, y unos hubiesen arraigado en el pecho de uno, y otros en los de otro, al borde del camino. Pero dejemos ese experimento relativista para mejor ocasión, pues conviene que el crítico se crea en posesión de la verdad y hable ex cathedra. Así que vamos...

domingo, 7 de septiembre de 2008

Orgullo Joly

A veces uno asume demasiado rápido la soledad del escritor de fondo y, de pronto, descubre con indecible alegría que está jugando en equipo. Miren (y piensen) los dos chistes que se publicaban ayer en todos los periódicos del Grupo Joly, que es mi club digamos. Éste de Miki & Duarte:

Y sobre todo éste, tremendo, extraordinario, de Esteban. Fíjense en "El Gobierno de Guadaña", que tendría que habérseme ocurrido a mí, pero mucho mejor a él, claro.

Estoy como el portero, que celebra de lejos y eufórico los goles de los delanteros. Aunque el tema, por supuesto, no es para muchas celebraciones. Pero por eso mismo, más.

sábado, 6 de septiembre de 2008

Borradores y bañadores

Me he pasado el verano en paños menores. Para colmo, en paños menores metafóricos, no sólo analógicos. Los analógicos son los trajes de baño, cada vez más parecidos a la ropa interior por un proceso de acercamiento mutuo y consenso. Los bañadores reducen su tamaño mientras que la ropa interior adopta colores vivos y diseños italianos. A pesar de los vivos colores, a partir de cierta edad, uno mejora vestido de invierno riguroso. En esto al menos que se acabe el verano no me entristece tanto.

Yo venía a hablar de los paños menores metafóricos. La idea es del escritor Carlos Pujol: “Quien enseña un borrador se muestra en paños menores”, y es verdad. Este verano lo he comprobado en mis propias carnes. Aprovechando las vacaciones del instituto, me he puesto a trabajar. Tenía que entregar, entre otros encargos, un libro en septiembre. “Corregir es el segundo turno del talento”, asegura Andrés Neuman. Después de aplaudir el talento de Neuman, yo añadiría que también es el segundo turno del tormento. Uno ve crudamente sus carencias y defectos, y siente que ni en sueños llega a dónde sueña.

Entonces acudo a mis amigos y me pongo en paños menores: les enseño mis manuscritos, rogándoles que me arropen con sus correcciones. Ellos leen mis cosas y encuentran enseguida, ay, las faltas de ortografía, las faltas de sintaxis, huy, y las faltas, uf, de lógica. Es un mal trago para ellos que me tienen que poner en evidencia y un mal trago para mí, que quedo como Cagancho en Almagro. Todos tragamos, sin embargo, pensando en la literatura, que merece el sacrificio. Lo importante es que al final al lector no empiecen a explotarle los anacolutos en las manos.

A mí, naturalmente, me gustaría que mis mejores amigos me admiraran mucho. Pero igual que voy a la playa en bañador asumiendo el desprestigio porque mi mujer es una gran aficionada a las olitas del mar, así paso la vergüenza de los borradores con tal de que mi libro resulte mucho mejor que yo. “Oscuro el borrador y el verso claro”, nos recomendó Lope, y uno se oscurece y borra lo que haga falta. Si vengo aquí a consolarme un poco, es porque sé que ustedes, acostumbrados a la confesión sacramental y tal vez a la dirección espiritual, saben muy bien de lo que hablo.

viernes, 5 de septiembre de 2008

Postvacacional

Lo decía mi madre: “No es tan malo volver al cole: verás a tus amiguitos”. Yo lo he recordado hoy, treinta años después, en el Instituto, al reencontrarme con los otros profesores, mis colegas. La primera sesión del estrés postvacacional consiste en oír las vacaciones de cada uno.

Los más exultantes son los que este verano sacaron la oposición. Luego, los que han visto mundo, que a su vez se subdividen en dos: los plastas y los inspirados. Los plastas, después del viaje, te enseñan un viaje de fotografías suyas con pequeños monumentos detrás. Las dos o tres primeras están bien. Los inspirados, que en esto, como en todo, son los menos, te transportan con su entusiasmo y sus narraciones ajustadas. Uno hablaba de Egipto tan bien —en los dos sentidos de la palabra—, que me recordó cómo en el exilio mexicano, cuando no tenían dinero para ir al cine, pagaban entre todos la entrada al pintor Ramón Gaya, que contaba después la película como nadie. A mí —por lo oído— Egipto me ha gustado mucho.

Y están los que han tenido un verano malo: enfermedades, disgustos, suspensos en las oposiciones… El contraste entre los felices y los sufrientes es tremendo y abrupto, y uno sale del trabajo con la sensación de haberse dado una ducha escocesa. Salgo más agotado, de hecho, que si hubiese impartido cinco horas de clase. La vida es una mezcla sin orden ni concierto de sentimientos y experiencias encontradas, una montaña rusa emocional.

jueves, 4 de septiembre de 2008

Cómo se asoma

Se ha escrito demasiado sobre la página en blanco; pero sobre la página en blanco antes de ponerse a escribir, cuando el verdadero vértigo es la página en blanco después de haber escrito. Ésa que queda debajo y va asomándose, silenciosamente, mientras uno corrige. Qué estupor comprobar que todo lo que quitamos mejora siempre el texto. O casi todo y casi siempre. Cómo se agrandan, poco a poco, el espacio entre líneas y los márgenes.

miércoles, 3 de septiembre de 2008

Obaneras de Cádiz

Si yo supiera, como Antonio Burgos, hacerle una canción a Carlos Cano, no hubiese escrito esto sino esto (con más salero):

Obama es Zapatero
en más negrito.
Zapatero es Obama
en Doñana.

martes, 2 de septiembre de 2008

Cara y cruz

La madera del sándalo ha dado mucho juego a poetas y moralistas. Según se lee en poemas y en fábulas, si le pegas un hachazo, el sándalo exhala un olor dulcísimo. En Centroamérica existe otro árbol, de cuyo nombre no logro acordarme, que cuando se le realiza un corte muy profundo, da una flor enorme. No es difícil ver en estos casos de la botánica una alta lección de moralidad para los seres humanos.

Sin irnos tan lejos, tengo en casa una buena mata de romero. Cuando paso cerca, la pisoteo un poco, y huele más. El sábado pasado, que teníamos invitados, la estuve vareando y su perfume llenó la penúltima noche de agosto. Sin embargo, quizá por la melancolía de las vacaciones que se acababan, mis reflexiones morales se me han ido complicando.

Porque, vale, está estupendo eso de devolver bien por mal, pero si lo hacemos sistemáticamente, ¿no estaremos fomentando que la gente, que no es tonta, se porte fatal con nosotros? ¿Pisotearía yo un cardo borriquero, varearía una retama? Pudiera suceder que con nuestra generosa mansedumbre animemos al prójimo a maltratarnos, lo que tampoco es —aunque sólo sea por el propio prójimo.

Hay que volver a la rosa. La rosa no espera a que la golpeemos para regalar su olor, pero a la vez qué erguidas espinas tiene para disuadir, en la medida de lo posible, de las malas intenciones. La rosa, cara y cruz perfectas.

lunes, 1 de septiembre de 2008

Canto y cuánto es la poesía

Si lo sé, no me callo. Lo contrario del ruido no es el silencio, son las palabras. Lo contrario del ruido es esto y esto. El silencio es una expectativa, que crece. Tanto que ahora yo tengo que encomendarme, para empezar, a San Francisco de Asís y a mi Angelo Branduardi.

jueves, 10 de julio de 2008

En seguidilla

En el árbol de casa
sólo un momento
se posa el verderón...,
más no merezco.
Suelta dos trinos
nerviosos y se va
como ha venido.

miércoles, 9 de julio de 2008

La jugada

Como estrategia, la de ZP sería brillante si la política fuese una partida de ajedrez. Lo terrible es que el gambito que propone es de personas.

martes, 8 de julio de 2008

La inspiración

Aquel apotegma de que “la inspiración te pille trabajando” yo creo que quiere decir trabajando en otra cosa, cuanto más rutinaria mejor. Jamás anduve tan inspirado como cuando opositaba entre lentos temas de Derecho del Trabajo y Prevención de Riesgos Laborales. Los márgenes del temario, como los de un riachuelo, florecían en cada meandro con delicados endecasílabos.

Desde que aprobé el asunto y tengo más tiempo para mí, la inspiración me pilla mucho menos. Pudiendo organizarme las tardes a mi gusto, acabo siempre leyendo a otros. Lo describió Carlos Pujol: “Leer es el estímulo, el material y el aprendizaje del escribir, pero acaba por convertirse en su rival”. A veces, me he planteado medio en serio dejarlo todo y ponerme a estudiar oposiciones a Registrador de la Propiedad. No para tratar de entender el marianismo (“centro, mujeres, diálogo, futuro”), sino para propiciar sonetos y décimas espinelas.

Por suerte ahora he encontrado un método menos traumático y que contribuye, de paso, a la felicidad conyugal. Consiste en ir con mi mujer a las rebajas. Delante de los escaparates, recupero aquella antigua mirada mía, perdida en el infinito. Tantos vestidos prácticamente idénticos funcionan como un mantra inspirador. Voy repitiendo —sin mentir ni un ápice— qué bien te queda, qué bien te queda… Y mientras tanto, tengo ideas. Por ejemplo, la de este artículo.

lunes, 7 de julio de 2008

De la pereza como método de trabajo

Así se titula un poemario de Mario Quintana, para el que escribió este prólogo, que o copio aquí con subtítulo mío: Del cortar y pegar como método perezoso del blogger. (A fin de cuentas, me lo agradeceréis más que una sudorosa entrada propia.)


No sé pensar a máquina, esto es, hago mi trabajo creativo primeramente a lápiz. Después, con la barbilla apoyada en la mano izquierda, lo paso todo a máquina con sólo un dedo.
—¿Pero eso no cuesta mucho?—Costar, cuesta, pero dura más… 
No despertemos al lector. Los lectores son, por naturaleza, dormilones. Les gusta leer dormidos. El autor que quiera conservarlos no debe propinarles el mínimo susto. Apenas las eternas frases hechas. “La vida es una carga”, por ejemplo, se puede repetir siempre. Y añadir impunemente: “dice Bias”. Bias no hace mal a nadie, como tampoco los otros seis sabios de Grecia, pues los siete, como ya se quejaba Plutarco hace seis siglos, eran unos auténticos plastas. Esto para él, Plutarco. Pero para el griego común de la época debía ser la delicia y la tabla de salvación de las conversaciones. ¿Pues no es lo mismo el buen hablar y escribir sin esfuerzo? El lugar común es la base de la sociedad, su política, su filosofía, la seguridad de las instituciones. Nadie es tomado en serio con ideas originales. No es la primera vez, por ejemplo, que un figurón cualquiera declara en una entrevista: “Brasil no escapará a su destino histórico”. El éxito de la jugada, a juzgar por la importancia que le da la prensa, es siempre infalible, aunque el lector semidespierto pudiese desconfiar de que eso no pretende decir nada, pues nada escapa a su destino histórico, ya sea un Imperio que se desmorona o una cucaracha espachurrada. 
La pereza es la madre del progreso. Si el hombre no tuviese pereza de caminar, no habría inventado la rueda. No podría viajar por el mundo entero. 
Se cuenta que a finales del siglo pasado, en un remoto país de Oriente, el viaje a la capital desde la frontera duraba nada menos que treinta días, y aún más a los lomos de un camello. Y sucedió que un ingeniero británico que a la sazón vivía allí, en nombre del progreso, se resolvió a remediar la cosa.—En fin, concluyó él, después de una audiencia con el respectivo jeque, o lo que fuese— construyéndose el camino de hierro que el país tanto necesita, el viaje hasta la frontera podrá ser hecho en un solo día. —Mas —objetó el viejo monarca, que le había oído con una paciencia verdaderamente oriental— ¿qué va a hacer la gente en los veintinueve días que sobran?!… 
Lo más consolador de los largos viajes en tren son esos burritos pensativos que vemos al lado de la vía y nos ahorran así el trabajo de pensar…Cierta vez, me obsesioné con un trabajo titulado “Pereza”. Constaba del título y de los bellas columnas en blanco, con mi firma al final. Desgraciadamente, no fue aceptado por el puntilloso coordinador de la página literaria. ¿Han visto desconfianza igual? Censurar una página en blanco es el colmo de la censura. 
En resumen: lo que perjudica mi pereza perjudica mi trabajo. 
COMPENSACIÓN 
Suave pereza que, de ser malvado 
y de otras idioteces, al abrigo me pones… 
Sólo por ti, ¡qué pésimas acciones 
dejé de lado!

viernes, 4 de julio de 2008

Un Alba entre el Play Boy

En mi blog entraron varios fans de Carlos Esteban, a los que yo les alabé el gusto (por Carlos Estaban, no por entrar en mi blog). Otro contertulio, siempre atento, se interesó ante tanto elogio y preguntó dónde podría leer a ese aclamado columnista. Como el contertulio en cuestión es un viejo conocido y un inagotable agnóstico o ateo, que eso no lo sé, le respondí: “Ignacio, Carlos Esteban escribe en Alba, siento decirte. El tipo merece la pena, te digo”. A lo que Ignacio replicó, rápido como el relámpago: “Pues tendré que comprar un Play Boy para esconder dentro el Alba. Uno tiene una imagen”.

Sólo es una anécdota, por supuesto. Una anécdota que tiene su gracia, me parece. Pero sobre todo es una anécdota que se eleva prácticamente sola a categoría, como le gustaba a Eugenio d’Ors, ya que muestra hasta qué punto se han invertido aquí los valores sociales. No hace mucho, puestos a esconder algo, sería un furtivo Play Boy el que se deslizara entre las albas páginas del Alba. Incluso descontando el cum grano salis de Ignacio, resulta indiscutible que de un tiempo a esta parte hay cosas de siempre que da vergüenza hacer (bendecir la mesa en un restaurante, por ejemplo), mientras que las que nuestras abuelas (y madres) hubiesen considerado deshonrosas, la sociedad las aplaude embobada. Véanse las bodas sucesivas y/o los líos varios de los famosos (o de nuestros vecinos, sin ir más lejos). Volviendo al Alba, yo estoy seguro de que ninguno de ustedes lo esconde ni en el Play Boy ni en el Marca, que es el periódico de cabecera de Mariano Rajoy. Pero también me consta que muchos hacen un acto mínimo de heroísmo y afirmación personal al pedirlo en el quiosco. Son los tiempos que corren.

Que son malos, como todos, pero que tienen, también como todos, su lado positivo. En este caso, nos vacunan contra la hipocresía, que no es moco de pavo. Resulta evidente que nadie va a comprar el Alba a estas alturas para quedar bien ante el quiosquero. Tampoco nadie acudirá ahora a los sacramentos para aparentar piedad ni fingirá virtudes de cartón piedra. En eso hemos salido ganando. En cambio, los pobres directivos de Play Boy jamás sabrán cuántos ejemplares vendidos son una simple cobertura, un camuflaje para esconder actividades subversivas, como leer a Carlos Esteban.

jueves, 3 de julio de 2008

María José Rico

No llego a los extremos de José Luis García Martín, al que le irrita que le manden libros, como advierte insistentemente en sus diarios. (Y yo no lo sabía, y dale que te pego con todos mis libros.) A mí en general me hace ilusión, aunque desordenen mi sobredimensionada, estresante, utópica lista de lecturas. Simplemente los pongo a la cola, y por eso tardo tanto en contestar. Y a veces pasa que entre que lo leo, lo releo, lo pienso, lo repienso y me pongo a ello, he perdido el remite. Éste es el caso. Espero que María José Rico se busque de vez en cuando en Google y así se entere de que le agradezco el envío y el libro, de tan hermoso (como borgiano) título: Mi vida que no entiendo. La dedicatoria no se la agradezco tanto, la verdad, que como captatio benevolentiae de una poeta a un poeta, no sé: "Para E. G-M., al que sigo en su columna de opinión del Diario de Sevilla. Un saludo". Tampoco me gustó mucho que disparase sobre mi pájaro heráldico, el gorrión, este endecasílabo: "cubierto de un plumaje nada hermoso". A mí, ese juego de grises, blancos, marrones y negros suavísimos me resulta elegante y lleno de matices. ¿Se habrá fijado bien MJR o estaría solamente concentrada en su correlato objetivo? En cambio, hay varios poemas emocionantes. Dos, muy duros, que no sé si copiar: "El semáforo" y, sobre todo, "En la cuneta". Bueno, copio el primero:
EL SEMÁFORO

Han arrancado el poste del semáforo.

Días más tarde,
un nuevo poste y un ramo de flores,
que el sol se empeña en mantener marchitas.
Pero hay alguien aún más testarudo,
que en su lugar coloca flores frescas.
Más acorde con esta mañana esplendorosa de principios de julio (aunque, en todo caso, en la Operación Salida, conducid con cuidado) es este rumoroso haiku:
En la cocina,
un zumbido de abeja.
Llega el verano.

miércoles, 2 de julio de 2008

En todos los charcos

A mí lo de la educación mixta, la diferenciada y los colegios concertados, debería darme plim. Y sin embargo, me importa. Lo mío, ya lo decía mi abuelo, es meterme en todos los charcos. Y la pena es que se me ha pasado el artículo sin comentar en ninguna esquina que también se defiende la libertad firmando el Manifiesto en Defensa de la Lengua Común.

martes, 1 de julio de 2008

Los aguafiestas

En una sección llamada “En busca de la felicidad” conviene hablar de algo triste, pues la felicidad sólo se busca cuando falta. A mí me la quitan un poco los aguafiestas nacionales, que abundan y que están empleándose a fondo para fastidiarnos la victoria en la Eurocopa. Nos advierten, con gesto severo, que el triunfo no solucionará la crisis económica ni los problemas políticos ni aliviará la calor.

Ya lo sabíamos, gracias, pueden ahorrarse ustedes sus adustas admoniciones. La crisis es grave y el fútbol frívolo, pero no mezclemos las churras con las merinas. Por favor, déjennos a todos los compatriotas compartir por una vez una euforia, aunque sea efervescente y fugaz.

Prefiero la mirada de Rocío Arana, dulcísima poeta y, desde esta Eurocopa, ferviente futbolera. Nos contaba que al acabar el partido, que siguió en un bar atestado y vibrante, un hombre borracho, entre tacos y lagrimones, bendecía con dedos temblorosos a la selección y exclamaba: “¡Que Dios sus bendiga!” Qué extraordinario anacoluto, con más teología dentro de lo que parece. La mejor bendición es que Dios nos haga suyos, desde luego.

Es un gran augurio que Rocío se haya vuelto futbolera, porque la autora de Magia es una sagaz zahorí de la felicidad. Si a ella le interesa el fútbol, seguiremos cosechando éxitos deportivos. Y mientras no hable de economía, como no lo hace, uf, lagarto, lagarto.

sábado, 28 de junio de 2008

De etiqueta

Mi larga adolescencia coincidió con un renacimiento de las puestas de largo y otras fiestas de etiqueta. De ordinario íbamos con los polos por fuera y los vaqueros raídos, pero de vez en cuando tenía su gracia vestirnos como personajes de Evelyn Waugh. No se trataba de un disfraz: de smoking éramos los mismos, aunque algo más galantes con las chicas y más chispeantes en las conversaciones.

No lo recuerdo con nostalgia, que ya habrá tiempo, sino porque viene a cuento. He participado en una reunión de escritores católicos y se ha hablado mucho de etiquetas. Un escritor católico es el que se pasa la vida quitándose la etiqueta de escritor católico, con la excepción (que confirma la regla) de Juan Manuel de Prada, que se la coloca. Tampoco hay que hacerse los mártires, pues las etiquetas están a la orden del día: poetas de la experiencia, de línea clara, epígonos de d’Ors, tranquilos, de derechas, neorrománticos y hasta horacianos, por citar sólo las mías.

Opino que quitarse y/o ponerse etiquetas es perder el tiempo. Ése es un trabajo de los otros. Y muy de agradecer, además. Supone que te leen y que te toman en cuenta. Encima, con buena o mala intención, la etiqueta suele ser un título. O dos: escritor y católico, por ejemplo. Igual que aquellas etiquetas de mi lejana adolescencia, las de ahora tienen su gracia y nos exigen estar a la altura.

viernes, 27 de junio de 2008

Kiko contra Quique

El título de este artículo es un guiño a Miguel Aranguren al que tanto divierte la aliteración de nuestros nombres. Kiko es mi admirado colega Méndez-Monasterio, que se marcó la semana pasada una columna contra los poetas. Y Quique soy yo cuando me llaman los amigos de la infancia. En rigor, Aranguren no es amigo mío de la infancia, pero tuvo el exquisito gusto de casarse con quien sí, y en esto de las nomenclaturas rige el régimen de gananciales.

Que Méndez-Monasterio se ría de nosotros me parece bien. Al fin y al cabo, está dentro de una tradición que va desde Platón hasta el bardo de Asterix. Shakespeare lo expuso con Mercuccio, el principal secundario de Romeo y Julieta. ¿Recuerdan ustedes cuando, herido de muerte, se despide, entre bromas brillantes, de sus amigos? Ése es el destino de muchos poetas: un triple salto mortal del humor desgarrado a la emoción más pura.

Tuvo gracia Kiko ensañándose con nuestra proverbial pobreza. Contaba que iba a tener un encuentro con algunos poetas, y que vigilaría bien su cartera. Me consta que el encuentro ya ha sucedido —yo anduve allí— y habría que preguntarle ahora por su abultada cartera de narrador exitoso. Debe de estar intacta, porque al final, cuando el sector lírico de la reunión fue a tomarse una cerveza (o tres) para refrescarse de tanta narrativa, tuvo que moderarse bastante por falta de liquidez. Menos mal.

Lo que no le perdono a Kiko es que se extrañara de que haya poetas cristianos. Ha herido mi orgullo y mi vanidad. Mi orgullo porque precisamente los poetas, viviendo al borde del misterio, somos refractarios al materialismo. Lo explicaba el brasileño Mario Quintana: “Los poetas son los únicos que no pueden hablar contra los absurdos de la religión. Incluso aquellos que se juzgan materialistas deben sentirse aludidos: la poesía es un síntoma de lo sobrenatural”. Quizá el mayor timbre de gloria de la poesía moderna sea, en palabras del pensador colombiano Gómez Dávila, que “desde Blake, Wordsworth, y el Romanticismo alemán, es una conspiración reaccionaria con­tra la desacralización del mundo”. Pero sobre todo ha herido mi vanidad porque esto ya lo expliqué minuciosamente hace unos meses en Alba. O sea, que Kiko no me lee ni en prosa, el puñetero.

jueves, 26 de junio de 2008

El cuarto poder

Escribo un artículo defendiendo a La Gualda y después me entero de que la selección española va a jugar de amarillo. Pena que artículo y noticia saliesen ayer simultáneamente, porque si no podría hablar del poder de la prensa y hasta creérmelo. Ahora me pregunto si en Cuatro la selección seguirá siendo La Roja o se pasarán, por un partido y sin que sirva de precedente, a La Gualda.

miércoles, 25 de junio de 2008

Sobre gambones

Excepción hecha del Museo del Prado, lo que más emociona cuando llego a Madrid son las cenas que me prepara mi suegra. Mi cuñado asegura que su madre toca una sartén y le da un calambre. Sin embargo, cuando yo llego, ella asume el riesgo de electrocutarse, lo que es muy de agradecer.

Quizá lo único que me una a los socialistas sea la afición al marisco, menos practicada en mi caso, pero grande. Mi suegra lo sabe y no ignora que corren vientos sutiles de centrismo. Para ver si hace carrera de su yerno, el otro día, a pesar de la crisis, me hizo una heroica fuente de gambones al horno. Yo, sin abjurar de mis firmes principios pero enternecido hasta las lágrimas, cogí la ocasión por los pelos y los gambones por los bigotes.

A la mañana siguiente, a pesar de la ducha, las colonias y los obsesivos lavados de manos, seguía percibiendo un ligero olor a marisco a mi alrededor. No extrañaría eso demasiado a ningún madrileño, pues a los que venimos del Puerto de Santa María nos imaginan siempre entre fuentes de bogavantes. Como soy un poco tímido, el efecto lo completaba ruborizándome en las presentaciones, lo que me daba el tono colorado de la gamba cocida.

Hecho un anuncio ambulante de la gastronomía de mi pueblo, me paseé por las redacciones de Madrid. Parece que la socialdemocracia se impone: en todas partes me recibieron con los brazos abiertos.

martes, 24 de junio de 2008

La Biblioteca

Intento escribir este artículo mientras estoy de guardia en la biblioteca del instituto. El ruido es ensordecedor: charlas, risas, unos se levantan, otros se sientan, la puerta apenas para quieta. Los alumnos están de exámenes y la presencia en la biblioteca es voluntaria: o sea, que buenas intenciones (de ésas que empiedran el infierno y enternecen a los profesores) sí tienen.

Pero son incapaces de mantener la vista fija en sus libros más de cinco minutos. El zapping, el surfing por Internet, la I-Pod, los SMS, los chats y los videoclips han creado una atención que derrapa en las curvas. Eso nos afecta a todos y explica en parte el auge actual de la literatura fragmentaria: en narrativa, el microcuento; en poesía, el haiku; en ensayística, las minicolumnas como ésta y los aforismos. Así las cosas, tendríamos que adiestrarnos en una atención estereoscópica que nos permita disfrutar a la vez del Quijote y de las mínimas Obras completas de Monterroso.

Muy cansado de pedir silencio a voz en grito, pregunto a una alumna porqué viene a la biblioteca y no se va a hablar al bar o se queda estudiando en casa sola. “Necesito que me manden callar”, confiesa. Yo le agradezco la sinceridad. Para empezar, algo justifica este esfuerzo mío de pasarme la hora chistando y, para terminar, quizá ella, poco a poco, con ayuda, aprenderá a hacerlo sola, si quiere de veras. “Venga, estudia”, la amonesto.

lunes, 23 de junio de 2008

Google y yo

No pierdo pie con el Príncipe de Asturias. Tampoco con su hermano mayor, el Nobel. He participado como jurado en premios —bastante más plebeyos, por supuesto— y hasta gané alguno en los buenos viejos tiempos. En consecuencia, me cuesta tomármelos en serio. Y cuanto más importantes, peor. Sin embargo, cuando un premio de boato acierta, me alegro. Es el caso de Google, que se ha llevado el Príncipe de Asturias de Comunicación. Hay ahora quien recuerda que, según las bases, el premio tendrían que darlo a personas o instituciones, no a un motor de búsqueda. Da igual: es un premio acertadísimo.

Lo fácil con Google es quedarse en las anécdotas. Que se usa mucho para el cotilleo, por ejemplo. A mí me hace más gracia ver cómo trabaja para la vanidad. Cuando en mi blog nombro a cualquiera, me lee enseguida. Como si lo invocase. Todo el mundo teclea su nombre en Google, y cuenta las entradas que le nombran, y las lee con interés. Conmigo Google no es tan halagador, sin embargo. Busco “García-Máiquez” y la máquina responde con un endecasílabo burlón: “Quizá quiso decir ‘García Márquez’”.

Yo se lo perdono. Lo importante es que ha venido providencialmente para rellenar las lagunas culturales que me había dejado la reforma educativa de Villar Palasí, al que se le ocurrió el BUP. Con la LOGSE nos metemos mucho (y nunca será bastante), pero no está de más recordar que la decadencia educativa comenzó con aquel ministro de Franco. Lo contrarrestaron justo a tiempo para mí y para toda mi generación, Sergey Brin y Larry Page desde California con este motor de búsqueda que permite rastrear la red entera. Los datos que nunca nos enseñaron están ahora a nuestro alcance en cuestión de segundos. Uf, por los pelos...

Alessandro Baricco en su inquietante ensayo Los bárbaros concede a Google un papel central en la configuración de la nueva mentalidad mundial. Con algunos extremos de su libro es fácil discrepar, pero difícilmente se puede exagerar la importancia de Google, y Baricco, aunque lo intenta con todas sus fuerzas, no lo consigue. Sin Google, Internet sería un armatoste inmanejable y nosotros estaríamos mucho peor preparados. Desde aquí yo le otorgo al Premio Príncipe de Asturias el premio de mi aprobación y de mi aplauso. Esta vez ha acertado de pleno.

sábado, 21 de junio de 2008

Cocktail party

Qué serios, qué solos
estamos los vivos,

presentes sucesiones de monólogos.

(Lo peor: me empeño
en contar lo mío.)

viernes, 20 de junio de 2008

Castle

Estaba desbordado por las averías: el pozo sin agua, el ADSL se había ido (¿adónde?), era necesario revisar la electricidad, y todo en el mismo día. Mi mujer también se había ido, la muy ejecutiva, a su empresa, lejos. Llamar a los técnicos es echarle un lazo a un galgo. Y cuando llegan, es echarte la mano a la cartera, toda pulgas. Casi nada tiene remedio. Casi todo es culpa del técnico anterior. Y hay que cambiarlo. Así las cosas, tenía dos posibilidades: o echarme a llorar o recurrir a Chesterton, mi primo de Zumosol.

Preferí a Chesterton. Para él un problema es una aventura mal interpretada, mientras que un problema correctamente enfocado se convierte en una aventura. ¿También los amperios? También. Y como un recuerdo trae otro, estando ya por Inglaterra, me recité la cita: For a man’s house is his castle. ¡Oh mi castillo en ruinas!, pensé; o más exactamente, mi castillo asediado, no por problemas sensatos y ordenaditos, sino por un tropel revoltoso de ellos. Por “un ataque de comanches borrachos”, que diría Miguel d’Ors.

Entonces, de repente, me vi señor de la torre, cercado, sí, de comanches, pero señor al fin y al cabo. ¿Resistiría heroicamente el asedio? ¿Llegaría sano y salvo a la noche, al llamado “reposo del guerrero”? ¿Y podría apoyar mi cabeza (dolorida) en el hombro de la recién regresada y compasiva señora de la fortaleza? ¡Qué emocionante todo!

jueves, 19 de junio de 2008

María José Vela

En el IES de Valdelagrana los alumnos hacen un periódico. Para el periódico me hicieron una entrevista. Y para ilustrar la entrevista la profesora María José Vela ha hecho este cuadro sobre Casa propia:



A mí me gusta muchísimo. Podríamos maliciarnos que es por el principio del batracio ("El sapo a la sapa / la ve guapa") al tratarse de un cuadro sobre mi libro. Pero en mi descargo diré que cuando fui al Instituto hace meses y vi los homenajes de Vela a los poetas del 27 me parecieron mucho mejores que los cartelones oficiales de la Junta de Andalucía... y que la poesía de alguno de los homenajeados.

miércoles, 18 de junio de 2008

Érase una vez

Cuando el chiquitín empezó a gritar que el Emperador estaba desnudo, la gente en general se hacía cruces: “Qué mal educado, cómo chilla”. Insistía: “Va en pelotas, ¿no lo veis?, en pelotas, en pe-lo-tas”. Un notario o registrador de la propiedad se revolvió: “Pero qué novedad, chaval. Claro que va desnudo: a eso aspiramos todos. Es lo más sexy”. El Emperador sonreía ceremoniosamente, arrojando a su paso monedas y subvenciones para jolgorio del pueblo soberano. Cuando acabó el cortejo, el sastre cogió al revoltoso por una oreja y lo denunció por injurias. La jueza naturalmente le condenó: “Ha dicho ‘en pelotas’, huy, en vez de ‘con sutiles transparencias’, que es lo bonito”. La condena: un buen soplamocos. Mientras lo sacaban los alguaciles, avisaba la criaturita: “Llegará el invierno y os resfriaréis todos, todos…”

martes, 17 de junio de 2008

Tal como fue lo cuento

Tengo clases de inglés dos días en semana. Viene la encantadora Patricia Walton, y charlamos una horita en el idioma de Shakespeare (P. W.) y de Toro Sentado (E. G-M.). La conversación no decae jamás porque cuando nos quedamos sin tema, antes de que pase un ángel, yo me lamento de mi pronunciación andaluza y tartamuda, y Patricia me consuela, ponderando lo bien que ella me entiende, mi vocabulario ingente y la extraordinaria fluidez. Así pasamos el tiempo. Otras veces Patricia trae alguna actividad, tipo LOGSE, para hacer la clase más dinámica y participativa. Esta vez se trataba de lo siguiente: ella me pasaba unas cartulinas con un nombre en mayúsculas y varios en minúsculas; yo tenía que conseguir que ella adivinara el nombre en mayúsculas sin recurrir en mi explicación a ninguna de las palabras en minúscula. Era una cosa entretenida. En ésas estábamos cuando aparece en mayúsculas: CONVERSATION. Yo farfullo: “The thing you do with me in these classes”. Ella, arrastrada por la emoción del juego, segura de acertar, exclama : “Flattering!”

domingo, 15 de junio de 2008

Noblesse oblige

Tanta exigencia de paridad para todo apesta a pansexualismo, ¿o no? ¿Por qué hay que escrutar tan simétricamente el sexo de unos y de otras para acceder a cualquier puesto? Y sobre todo, ¿por qué escrutar sólo el sexo? Podríamos proponer otras paridades: entre bajitos y altos; entre optimistas y pesimistas; o entre rubios y morenos, dejando una cuota, por supuesto, para pelirrojos.

Esto ya lo hablamos cuando Zapatero, empeñado en imponer paridades por todas partes, se emperraba a la vez en cargarse la paridad de la única institución paritaria de la historia: el matrimonio. Ahora los tribunales han decidido que es discriminatorio que los títulos nobiliarios se transmitan por línea de varón. El primogénito, hombre o mujer, heredará el título.

Lo inquietante es que así se arregla una discriminación, vale, la hecha por razón de sexo, pero se consagra a su vez otra más medieval todavía: la cometida por razón de primogenitura. El artículo 14 de la Constitución dice: “Los españoles son iguales ante la Ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social”. Pero aquí últimamente sólo se preocupan del sexo, como adolescentes. Lo denunciaba Joaquín Leguina con relación a las funciones del neo Ministerio de Igualdad, diseñado para promover la igualdad entre miembros y miembras, y hacer, mientras tanto, la vista gorda ante las demás desigualdades que hay en España, y creciendo.

En concreto, con lo de la aristocracia, la monomanía actual por el sexo se ve muy clara. Clara y ridícula. Quizá sea éste el último servicio que la institución preste a la sociedad, antes de quedar como un fósil decorativo. Si se quisiera anular en serio la mínima posibilidad discriminatoria habría que extinguir los títulos nobiliarios o dárselos a todo hijo de vecino, como el DNI.

Yo, desde luego, soy partidario de la última opción, y aún diría más: no hace falta que nadie te otorgue un título. Basta exigirse a uno mismo un comportamiento noble siempre. Precisamente esto es lo que ha venido faltando a la nobleza titulada y por eso se ven ahora donde están: en el papel couché y como punta de lanza de la ideología de género, pobres.

sábado, 14 de junio de 2008

Súplica

A menudo tengo la sensación de que soy, como escritor, un lápiz en las manos de otro. Os puede sonar pretencioso, pero fijaos que digo un lápiz, no una estilográfica. O también os puede sonar humilde, pero no olvidaos que digo de otro, nada menos. Y cómo os suene, no importa. Lo que de verdad me preocupa es que tendrían últimamente que sacarme punta.

viernes, 13 de junio de 2008

Aúpa Aído

A Bibiana Aído la están criticando mucho por lo de los miembros y las miembras. En realidad, habría que animarla. Lo suyo es un disparate, sí, pero digno de aplauso, un esperpento esperanzador, una catarsis, un tratamiento homeopático contra la tontería.

A mí la cursilería esta de ciudadanos y ciudadanas me conviene, ojo, pues negándome a usarla doy a mis textos concisión y cierta mordiente reaccionaria. Me preocupa, en cambio, que la cosa acabe afectando a los clásicos. Por ejemplo, Jesucristo, apiadándose de todos, dijo: “Bienaventurados los que lloran”. ¿Habrá ya quienes echen en falta un “Bienaventurados y bienaventuradas los que lloran y las que lloran”?

Si tanta confusión del género con el sexo la mantuviesen en el campo magnético de lo políticamente correcto, seguiría extendiéndose. Se suele ridiculizar en privado, pero en cuanto cualquiera coge un micrófono, recae. La única solución que veo es Bibiana Aído o la reductio ad absurdum. Tuvimos los jóvenes y las jóvenas. Y yo he escuchado a un inspector de educación exigirnos a los profesores y a las profesoras que cumpliésemos los requisitos y las requisitas. Pensé que ésas eran las plusmarcas, pero ha venido Aído.

Afortunadamente, gracias a zelotes de la ideología de género como ella, estamos dando todos un respingo reparador, que buena falta nos hacía. La miembra del Gobierno ha prometido seguir en sus trece… Seguiremos nosotros aído al parche.

jueves, 12 de junio de 2008

La dura competencia

No es bonito que los perros demuestren más alegría que yo cuando llega a casa Leonor. Sobre todo, Carbón. Él, nada más oír a lo lejos el coche, que identifica el tío, se va corriendo hasta la puerta a saltar de alegría y a jadear de expectación. Eso todos los días. Las veces que haga falta. A mí me cuesta mucho levantarme de la butaca, dejar a medias Las palabras de la noche de la Ginzburg, y dirigirme feliz hacia la entrada a ganarle al perro el pulso del recibimiento caluroso. Lo fácil es gritar “hola” desde el sillón, más que nada porque Leonor entra y sale como las olitas del mar, que vienen y van. Me cuesta levantarme y emprender un trote juguetón hasta la puerta, pero no puedo permitir que un bicho me ponga en evidencia. Es la lucha entre el instinto y la gracia sacramental. Antes de que os entristezcáis del todo por mí, os diré con orgullo que alguna vez le he ganado. Y la mayoría de las veces, bueno, pues son derrotas dignas casi siempre.

martes, 10 de junio de 2008

lunes, 9 de junio de 2008

Correspondencia Gide-Claudel

Copio la descripción que hace del volumen un librero de Barcelona:
Descripción: CORRESPONDENCIA. EPISTOLAR. Castellano. Ed. JOSE JANÉS EDITORI. Barcelona. 1952. 1 vols. 22x15 cm. Enc. TELA EDITORIAL CON GRABADOS DORADOS EN LOMO CON SOBRECUBIERTA ILUSTRADA. 336 pags. 1ª Edición. Retrato en frontispicio de los 2 escritores. Edición de la correspondencia mantenida por los 2 escritores cuando estaban aún con vida. Sobrecubierta ilustrada por Giralt. Leves roces en bordes de la sobrecubierta.
Se ve que el librero ha pensado que debe de ser un epistolario tan trascendente que ha tenido que especificar...

domingo, 8 de junio de 2008

Desnudos

Que la imagen me deja frío, diría, pero es quedarme corto. Llamándose Alaska y tan desnuda y a su edad, los efectos son heladores. La cantante, como saben, se ha desnudado para una campaña anti-taurina.

De tauromaquia hablaremos otro día. De Alaska, ya veremos. Hoy sólo comentaré la moda esta de desnudarse enseguida, como en los anuncios. A veces sospecho que les apetece posar y que la causa es la excusa. Con intenciones diversas y loables, hemos visto almanaques eróticos del cuerpo de bomberos, de unas azafatas, de unas presidiarias, de las madres de un pueblo sin guardería, de un equipo de primera regional, etc. Todavía queda quien considera estas iniciativas un método muy original de llamar la atención. La desnudez, según en qué casos, puede llamar desde luego la atención, quién lo niega, y ha dado momentos de gloria en el arte, pero en lo relativo a la originalidad del método no hay mucho que rascar. Lleva practicándose desde la noche de los tiempos, como es natural.

Aunque parece que no se dejan nada que enseñar, tras las fotos quizá se oculte la pobreza intelectual de nuestra época o su pereza. Esas causas cualesquiera, algunas razonables, no se defienden con razones. Hay quien se desnuda como si hiciese un silogismo irresistible, igual que otros recurren de forma sistemática al sentimentalismo más impúdico. El caso es no argumentar, que eso sí es embarazoso.

sábado, 7 de junio de 2008

Golpe de estética

Yo quería escribir una novela titulada Golpe de estética. Iría sobre un grupo terrorista especializado en hacer saltar por los aires los adefesios de edificios que afean nuestras calles. Los comunicados del grupo estarían redactados en octavas reales o en sonetos. Su anagrama sería el hacha y la rosa. Las compañías de seguros tendrían que subir las primas a los arquitectos vanguardistas y contratarían licenciados en Historia del Arte para hacer sus valoraciones de riesgo. A mitad de la novela habría una escisión en el seno de la banda entre aquellos que pretendían atentar contra María Teresa Fernández de la Vega y aquellos que pensaban —influenciados por el feísimo Sócrates— que nada es más espantoso que un crimen.

La trama daría juego a enjundiosas reflexiones estéticas con un trasfondo de actualidad. El Gobierno de turno intentaría negociar, sin duda. Ofrecería a los terroristas, con tal de que no volasen el Guggenheim, unos puestos de diputados en el Congreso. Habría persecuciones trepidantes y una historia de amor entre la jefa de policía, que iría paulatinamente entendiendo las razones de la banda, y un terrorista, apuesto y exquisito, que acabaría deseando ser atrapado por esa chica tan interesada en la pintura de Ramón Gaya, y tan interesante.

No escribí la novela temiéndome que, por coherencia con el argumento, tuviese que prenderle fuego al manuscrito. Me he limitado a soñarla cada vez que pasaba por delante de según qué edificios. Pero en vista de que yo no daba el paso, la realidad la ha escrito casi al pie de la letra. Frédéric Rabillet, un cartero de 29 años, lector de Hitler y de Lenin, se montó la Fracción Nacionalista del Ejército Revolucionario (FNAR). Este grupo terrorista unipersonal atentaba contra los radares de control de velocidad, despertando una enorme simpatía entre los conductores franceses. Finalmente Frédéric ha sido detenido cuando un artefacto le estalló en las manos.

Parece que el muchacho no va a poner más bombas. Mejor. Además ya ha demostrado de sobra y mejor lo que yo pretendía: la fascinación por la violencia, su creciente banalización y que ninguna causa, por absurda que sea, será jamás tan estúpida como la de los asesinos que ejercen en España el monopolio del terror.

viernes, 6 de junio de 2008

Entrada efervescente

Ayer por la tarde, en Las Ventas, al final de la calle Alcalá, las banderas tremolando al viento, y yo sentado prácticamente entre el Rey y Sabina, pero todos pendientes, asombro y admiración, de Tomás (ver para creer) y del toro y del otro toro, y de repente, tuve la certeza, a medias visionaria, a medias física, de que estaba en el ombligo de España.

Enseguida me acordé de El Cerro de los Ángeles, y me entró pena por mi paganismo y por el de mi patria. Pero no, no, no, me repuse enseguida. El ombligo de España estaba allí; en El Cerro, su corazón.

jueves, 5 de junio de 2008

Un dilema sexual

Ahora que estoy curado y tengo un oído finísimo, oigo el rumor de una sacra discusión que me llega del Paraíso. Dice Mario Quintana: “Lo más desconcertante de la muerte es cuando la gente descubre que el alma no tiene sexo” [Cuaderno H, 9º edición, Editora Globo, 2003, p. 152]. Replica Joseph Joubert: “Dicen que las almas no tienen sexo, pero por supuesto que lo tienen” [The notebooks. New York Review Books, 1983, p. 111]. Yo no sé qué pensar todavía. Más tarde, con la resurrección de los cuerpos, en el valle de Josefat, la cosa dejará de tener tanta importancia.

miércoles, 4 de junio de 2008

€

En principio, hablar de dinero es una ordinariez. También lo es salir en los periódicos más que en tres ocasiones: el nacimiento, la boda y la defunción. O sea, que en el artículo de hoy me cubro de gloria se mire por donde se mire. Qué tiempos.

martes, 3 de junio de 2008

Las estrellas

Entre los cambios que esto del blogg me ha supuesto, uno de lectura. Ahora busco como un explorador obseso la prehistoria del género, y me recreo pensando en qué bloggers extraordinarios habrían sido Eugenio d'Ors, Bernardo Soares o Bloy. Entre ellos, habría brillado con luz propia el Logan Pearsall Smith de Trivia. Observen qué entrada ésta:
..........................LAS ESTRELLAS

Ganando mi casa contra el viento y la lluvia a través de una noche oscura, un repentino chaparrón, más recio que los otros, me hizo ponerme a cubierto bajo un árbol. Pero pronto el cielo se abrió por el oeste; la luminaria de las estrellas se esparció desde detrás de las nubes. Yo estaba atónito ante su brillo, viendo como ellas colmaban la noche con su lustre. Así que continué mi camino acompañado; Arturo me seguía y se enredaba en un árbol frondoso, resplandecía, se ocultaba por momentos, y emergía triunfante, Señor del Cielo del Oeste. Avanzando por la carretera con mi gabardina y mis botas de agua, mis pensamientos estaban entre las
constelaciones. Yo también era uno de los príncipes del Universo estrellado; en mí también había algo que titilaba, que brillaba.

domingo, 1 de junio de 2008

¿Mande?

Guillermo de Torre, casado con Norah Borges, oía nada más que regular, pero ponía todo su empeño en participar de la conversación. Eso suponía interrupciones, repeticiones a mayor volumen, malentendidos. De Torre, encima, no le entraba por el ojo a su cuñado Jorge Luis Borges. Éste, observando cómo transcurrían las tardes, pontificó: “No hay peor sordo que el quiere oír”.

No querer oír es malo moralmente, pero quererlo hacer a toda costa es pesadísimo para los demás. La gracia de Borges radica en su egoísmo y, por eso, además de un chiste, es un síntoma. Yo ahora, en cambio, me siento solidario con los sordos. Solidario en el sentido estricto de la palabra porque un problema pasajero (dicen) me tiene como una tapia. Uno se pone bien en el lugar de los demás cuando la vida te coloca ahí a la fuerza. Pocas cosas tan mareantes y desorientadoras como no enterarte. Intelectualmente resulta agotador porque hay que construir grandes hipótesis para tratar de seguir a medias la conversación más trivial.

Como lo de Borges me tiene algo acomplejado, en vez de interrumpir la tertulia cada dos por tres, yo me entretengo solo jugando a las etimologías. Y es curioso que se asocien a la sordera palabras del ámbito militar como el “¿mande?”, para pedir una repetición, o como “estar teniente”, para describir nuestro estado auditivo. Quizá la asociación provenga del arma de artillería, donde los bombazos destrozarían los tímpanos. Con todo, no deja de ser tentador imaginarse cierta reticencia psicosomática de los mandos inferiores a entender las órdenes. Si fuese así, también podríamos decir “estoy funcionario”. O en los últimos tiempos, “estoy de lo más Rajoy”, al comprobar cómo éste no atiende a las inquietudes crecientes de sus votantes.

Bromas borgianas aparte, tiene un punto sórdido la sordera. Quien oye mal queda más aislado que los que padecen otras minusvalías. La importancia de la palabra para el hombre no se puede exagerar, y no es por casualidad que la Segunda Persona de la Santísima Trinidad sea el Verbo, ni que fides ex auditu, esto es, que la fe se transmita precisamente por el oído. Cuando se me cure esta sordera, seré mucho más cuidadoso con los que no oyen bien, hablaré alto y claro y repetiré las veces que haga falta… ¿Qué? ¿Que qué? ¿Qué? Ah, ¿que y si no se me cura, qué? Pues ya ven: ármense de paciencia.

viernes, 30 de mayo de 2008

No sabiendo

Si yo escribiera libros sobre gestión empresarial, publicaría uno titulado Rentabilizar el desconocimiento. A fin de cuentas, no tenemos materia prima más a nuestro alcance que la ignorancia.

No había entonces cámaras de fotos, pero aquella escena de Petrarca abrazado a un libro de Homero, llorando amargamente por no poder leerlo en versión original, ha entrado a formar parte del imaginario de la cultura europea. Petrarca, gracias a no tener ni papa de griego, creó una marca y asoció para siempre su nombre a la Odisea, nada menos.

Me he preguntado a veces por qué, en vez de tanto llanto, no se buscaría Petrarca unas clases particulares, o no hizo un viaje de estudios a Constantinopla. Quizá porque, me he respondido, nunca habría aprendido suficiente como para leer a Homero con la intimidad que la poesía requiere. Y nosotros nos habríamos quedado (con la falta que hace en estos tiempos de conocimientos inabarcables) sin su gran lección de ignorancia.

La primera enseñanza de mi libro sería que debemos lamentar con mucho sentimiento lo que desconocemos. Y a partir de ahí iríamos avanzando de lección en lección hasta la última: es posible aprovechar cuanto uno no sabe, si es para trascenderlo. Lo hizo bien San Juan de la Cruz: “Entréme donde no supe,/ y quedéme no sabiendo,/ toda sciencia trascendiendo”. Él no sabía, no; pero acabó santo y el mayor poeta de la lengua castellana.

jueves, 29 de mayo de 2008

El disfraz

Cansado de su belleza angelical, el Ángel vivía ensayando morisquetas delante del espejo. Hasta que consiguió la obra maestra del horror. Vino, así, a darse una vuelta por la Tierra. Y Lili, la primera niñita que lo vio, se puso a gritar de la puerta desde la casa para dentro: "¡Mamá!, ¡mamá! ¡Corre, ven a ver lo bonito que está hoy Frankenstein!"
[Mario Quintana, Cuaderno H, en Poesía Completa,
Editora Nova Aguilar, Rio de Janeiro, 2006, pág. 347]

martes, 27 de mayo de 2008

La mano del pintor quizá lo supo

No le he echado al final Sombras pequeñas (Númenor, Sevilla, 2008) al Barbero del rey de Suecia. Antes que una selección de versos sueltos, he preferido copiar este poema completo de Ramón Simón (Sevilla, 1962):

....................ACUARELA

La sombra de las casas que caen sobre la arena
del patio, buganvillas que esparcen los balcones,
alta torre de fondo, y el tañir penitente
del campanario. El sol de un día entrado agosto.
El cielo aún celeste en la acuarela.
Con traje a la medida de la época, unos hombres
caminan en silencio. A dónde van, me digo.
La mano del pintor quizá lo sepa.


lunes, 26 de mayo de 2008

Lo demás

Buscaba un hueco para entrar en la procesión del Corpus y escogí el recodo con más público del recorrido. Imposible incorporarse por ahí. Bueno. Me quedé un rato para ver pasar la procesión, con sus banderolas, sus niños de Primera Comunión, sus incensarios y sus autoridades municipales, saludando. Detrás de mí aparecieron dos viejecitas, tamaño hobbit, cojeando ambas, vestidas de medio luto, pero con sus buenos collares y zarcillos de oro.
Una se quejaba:
— Desde aquí no se ve.
—Se ve la Custodia, —repuso la otra —¿la ves?, ¿la ves?
—Sí, sí, la Custodia, sí.
—Ea, pues todo lo demás es gente.

domingo, 25 de mayo de 2008

La salsa de pomodoro

Mientras Telma Ortiz trata de escapar de su celebridad, Cherie Blair ha escrito un libro de memorias (Speaking of myself. The autobiography) en el que airea su vida privada. Explica detalles tan íntimos como la concepción de su último hijo, que por lo visto tuvo lugar en el Castillo de Balmoral, residencia de verano de la Reina. Eso, que puede justificar que la orgullosa madre llame a su niño “mi príncipe” o así, a los demás nos interesa bastante poco, creo.

A mí, por lo menos, me trae al fresco. Como que en los lejanos años de su juventud tuviese dos o tres novios a la vez. Mi interés por los noviazgos ajenos es limitado y nunca he seguido programas tipo Tomate. Que ahora Cherie nos venga con su particular versión del “Cherie, yo te quiero, Cherie, yo te adoro, como a la salsa del pomodoro” no se merece un artículo.

En cambio, hay un fragmento de sus memorias que requieren una puntualización. Escribe la ex primera ministra consorte, según transcribe El Mundo: “Podría parecer extraño que una chica como yo, con una educación católica fuera tan ligera de cascos. Pero es lo mismo que los anticonceptivos. La mayoría de los católicos los usa. Uno siempre puede ir luego a confesarlo, aunque lo cierto es que yo nunca me he confesado sobre mis fornicaciones. Quizás lo haga un día en mi vejez. Diré: ‘Padre, perdóneme, intento arrepentirme pero todavía hoy lo encuentro difícil’”.

Habría que decirle a la simpática Cherie que su educación católica tampoco es para tanto. Con peor estilo, recuerda lo de Valle-Inclán, cuando se lamentaba de la honestidad de unas bellas marquesas que olvidaban que “basta un punto de contrición al sentir cercana la vejez”. En realidad, las marquesas tenían razón, y Valle-Inclán y Cherie Blair una considerable empanada mental (y doctrinal).

Tendrían que haberle explicado a Cherie que comprometerse íntegramente con el cristianismo no es un castigo, sino todo lo contrario. Dios y la Iglesia nos proponen un modo de vida conforme a unos principios exigentes porque así somos más felices y plenos, no por fastidiarnos, ni para pillarnos en un desliz. Si esperamos para confesarnos al último momento, vale, Dios nos perdonará, pero nosotros nos habremos perdido su amistad durante muchos años. Y ésa era la verdadera aventura: vivir a su lado.

viernes, 23 de mayo de 2008

Oh Galilea

El trabajo de mi mujer lo veo con distintos ojos según y cómo. A fin de mes y con la que está cayendo, es una bendición. Cuando uno lleva cuatro días viviendo solo porque ella está de viaje de negocios, es otra cosa. Mientras voy a recogerla a la estación de tren, pondero mis preocupaciones encontradas.

Entonces, desde la radio del coche, me sobresalta de pronto Sergio Dalma cantando a voz en grito “Oh Galilea”. Observo la letra: habla de la alegría incontenible que embarga al cantante porque conocerá por fin a una chica, llamada por lo visto Galilea, con la que se lleva carteando un tiempo. Destaca la euforia afónica de Dalma; y da cierta aprensión también, porque a saber lo que se va a encontrar el buen hombre, o si él mismo no decepcionará tal vez a Galilea. Cabe dentro de lo posible que a ella no le guste el pop melódico ni bailar pegados es bailar, etc.

Yo, en cambio, sé lo que me voy a encontrar, y es estupendo. Y a estas alturas mi mujer conoce lo que hay, y según asegura no le parece mal del todo. ¡Oh Galilea! ¿Cómo se puede merecer más una canción una cita a ciegas que una vida viéndose? ¿Una aventura fugaz que una aventura pertinaz? Cuando chirriando el tren se para, y ella baja, entre maletas, sonriente y cansada, de vuelta a casa, yo abro los brazos y exclamo: “¡Qué fortuna la mía!” No menciono ni lavadoras ni facturas. Me mira, sorprendida: “Vaya, estás inusualmente contento esta tarde”.

jueves, 22 de mayo de 2008

Uff

Con qué aleve alivio la leve top-model suspira al subirse a la báscula cada mañana: "Uff, menos mal que la vanidad no pesa".

miércoles, 21 de mayo de 2008

martes, 20 de mayo de 2008

Experimento

Tomen un poema y tiéndanselo a un traductor. Con el resultado, sin mostrar la versión original, búsquese un traductor a una tercera lengua. Encadénese la operación cuantas veces sea posible. Se comprobará, espero, que los aciertos que desaparecen en unas versiones reaparecen, como los ojos del Guadiana, en otras. Quedaría demostrado así que la dinámica interna del poema impone sus logros. Al final, es imprescindible encontrar un traductor que devuelva, desde la última versión resultante, el poema a su lengua original. O sea, cerrar el círculo. Compárense entonces ambos escritos. ¿Nos asombraremos de las similitudes en el fondo y en la forma? Ojalá.

lunes, 19 de mayo de 2008

Mañana todos Calvo

Ha muerto García Calvo, lo que nos planta ante un mañana nada prometedor para el TC y para España.

Luego está (por ahora) María San Gil.

Y el Rey y su hombre íntegro o viceversa.

Yo he recomenzado la Divina Comedia.

sábado, 17 de mayo de 2008

Bocazas

El silencio lo recomiendan el refranero popular (“En boca cerrada no entran moscas”) y los filósofos más reputados (de Séneca a Ludwig Wittgenstein, pasando por Baltasar Gracián). Mi larga experiencia demuestra que tienen razón. Quien habla mucho, mete la pata repetidamente. Si yo les contara…

Sin embargo, imaginemos por un instante que todos (digo, todos) nos tomásemos en serio a los filósofos y no abriéramos el pico más que para comer jamón. ¿Qué sería de los encuentros familiares, de las reuniones de trabajo, del café a media mañana? Mirándonos hoscos, de soslayo, y venga a pasar, entre bandeja y bandeja, un ángel, y otro, y otro, en un silencio de ésos de novela, que se pueden cortar, dicen.

La próxima vez que se topen con un bocazas, o me conozcan personalmente, piensen en el sacrificio que esa persona está haciendo por el bien común. Sin sus ímprobos esfuerzos por sacar a flote una conversación, la vida social se convertiría en una partida de póker: el mismo ambiente cargado y el ruidito de las fichas como única banda sonora.

En ocasiones, el bocazas, al final, contagia su entusiasmo y consigue que la conversación nazca y crezca y se reproduzca. Todo el mundo se anima de repente. Amparados ahora por el ajetreo mayúsculo, los sibilinos hablan sin parar, sin esperar a que el otro acabe, sin escucharse. Están resarciéndose de tanto silencio táctico. En ese momento se puede ver al bocazas solo, olvidado en una esquina, comiendo jamón —si queda—. En su rostro la satisfacción del deber cumplido.

viernes, 16 de mayo de 2008

Generación Y

Con el premio a Yoani Sánchez el filósofo estaría satisfecho. Entre los premios Ortega y Gasset de Periodismo que otorga El País, el de Periodismo Digital ha recaído en esta joven cubana que escribe el blog “Generación Y". En él critica lo que no le gusta de Cuba, que es mucho.

Ortega y Gasset, tan sensible —como buen intelectual— a la belleza, estaría, ya digo, encantado. Yoani tiene un atractivo notable, a pesar de su acusada delgadez, que se deberá en parte a las modas del tiempo en que vivimos y, en parte, me temo, a los racionamientos del espacio en que vive. También tiene atractivo su coquetería. Ha llamado a su blog “Generación Y”, que es la generación de los nacidos a partir de 1980; ella nació en 1975, o sea, que pertenece a la “Generación X”, o sea, que se quita años. Sobre el nombre explica, disimulando: “Generación Y es un Blog inspirado en gente como yo, con nombres que comienzan o contienen una “y griega”. Nacidos en la Cuba de los años 70s y los 80s, marcados por las escuelas al campo, los muñequitos rusos, las salidas ilegales y la frustración. Así que invito especialmente a Yanisleidi, Yoandri, Yusimí, Yuniesky y otros que arrastran sus “y griegas” a que me lean y me escriban”.

Ortega se tomaba muy en serio lo de las generaciones, pero habría sonreído con esta leve coquetería de Yoani. Que contrasta con su enorme valentía, que Ortega y Gasset, aficionado a los toros, habría apreciado mucho, y que le ha merecido el premio. Basta leerla un poco para comprobar que su prosa no se entretiene en preciosidades ni sus análisis son de una sutileza pasmosa. La clave del blog es su audacia ante una dictadura astifina y burriciega. ¡Y escribiendo desde dentro, con su nombre y su fotografía por delante, colándose en hoteles de lujo para poder usar una buena conexión a Internet!

A todos nos viene muy bien su ejemplo y, como somos unos caballeros, agradecemos a El País el acierto de premiarla. Yoani Sánchez nos recuerda que el periodismo, aún antes que una rama de la literatura, es un compromiso con la verdad y la libertad. Su caso, salvando las distancias, nos interesa de manera particular a nosotros, lectores y escritores de Alba. Nos da ánimos e ideas ante la ofensiva laicista que nuestro Gobierno emprende de nuevo, jaleado, precisamente, por sus medios afines.

jueves, 15 de mayo de 2008

Mis queridos Jacques y Raïssa

Mi admiración por Jacques Maritain era perfectamente descriptible hasta que me he metido con las cartas que le escribió Léon Bloy. De Maritain conocía, y están bien, La intuición creadora en el arte y en la poesía y el Humanismo integral, pero nada comparable a estas cartas. No las suyas, que no están recogidas, sino las de Bloy, donde la paciencia, la entrega, la docilidad son de Maritain. Se entiende que Bloy se autorretratase como un mendigo ingrato. Y se quedó corto: ingrato, llorón, exigente, orgulloso, inflamable, un poco picajoso. Casi con toda seguridad yo le habría dicho: “Mira, tú, nos vemos en las librerías”. Y no para quedar allí con él, ¡ni de broma!, sino para leer sus libros incandescentes, y adiós muy buenas. Claro que así la posteridad se habría perdido otro epistolario estupendo de Bloy. Mi cariño y mi admiración por Maritain y su mujer Raïssa se han levantado mucho. Que la amistad es un arte, lo sabía, pero que lo era hasta esos extremos me pasma.

También me pasma la capacidad de Bloy para engrandecer a los que le rodeaban: a su mujer, a sus hijas, a sus amigos… ¿También a sus lectores?

miércoles, 14 de mayo de 2008

TK

Aconseja Paul Johnson que no se aproveche jamás la columna de un periódico para desahogos personales. Los consejos del maestro son órdenes, así que yo no he hablado hoy de la pintada que han hecho por segunda vez en nuestra valla nueva. He hablado de otra pintada, eso sí.

Pero en el blogg, ni Johnson ni nadie han dicho que uno no pueda jurar en arameo por una cuestión personal. La historia: un cabrón viene y pinta (con un spray que chorrea, además) unas estúpidas letras en nuestra valla: TK. Yo llamo a unos pintores, con lo que a mí me cuesta buscar un número, descolgar el teléfono, explicarme, quedar una tarde, asistir a toda la operación con cara de interés y pagarla minuciosamente, dando las gracias. Bueno, pues ya hecho todo eso, anteayer, apareció de nuevo el puñetero TK, con tinta morada esta vez, pero igual de chorreante. Al cabreo sordo se une la humillación moral de comprobar que mi TK me afecta mucho más que los TKs que el tipo ha ido sembrando por mi pueblo. En las paredes de los demás duelen menos, ay.

Me cargo de razón y le digo a Leonor: "No sé, si al menos hubiese defendido alguna idea política, la cosa tendría otra nobleza". "Imagina, responde ella, que nos planta un "Viva Zapatero" en la puerta". "Uff, quita, quita, pues una idea filosófica, como la pintada de mi IES". "Ten cuidado, que podría ser un Carpe diem! de ésos"...

Me callo, no vaya a acabar cogiéndole cariño al TK de la valla.

martes, 13 de mayo de 2008

Que pase la bola

Andrés Trapiello avisó a Miguel d’Ors de que la Lluvia menuda de Susana Benet (precisamente en La Veleta, Comares, 2007) era un libro de haikus muy bonito. Miguel d’Ors me lo ponderó luego a mí con enorme entusiasmo. A mí entonces me entró el nervio y molesté a un amigo muy importante que tengo, pidiéndole que se pasara por la Librería Hiperión de Madrid y me lo comprase. Se pasó, distrayéndose de sus graves asuntos, pero el libro no estaba allí. Eché la Red, y aquí está, quiero decir, aquí, en mi mesa, leído y releído. Y ahora, para que no se pare la bola que alaba la excelencia, escribo mi elogio. Que alguno de vosotros lo recoja y lo pase.

Como no tengo la autoridad de los maestros, le pido al Barbero que os haga el marketing:
Tras su cometa
los pies del niño apenas
rozan el suelo.

Trénzame el pelo.
Que sienta los tirones
de tu cariño.

Por las acequias
corre el agua hacia al huerto.
Detrás los niños.

Cambia de forma
la nube de mosquitos
sobre la charca.

Abro el buzón.
Cuánto vacío hay dentro
para mi mano.*

Campo regado.
Cada vez pesan más
mis zapatillas.

Buscando el mar
por el suelo un cangrejo.
Supermercado.

Tienda de especias.
Me llevo sin pagar
todo el aroma.**

Manto de púrpura.
Inclinándose el sol
sale de escena.

Aquel tallito
que sostuve en mis manos
hoy me da sombra.
* Lógico, los buzones como símbolos de la nostalgia en la era e-mail.
** Este haiku es primo hermano del de d'Ors (el primero de los recogidos aquí).

domingo, 11 de mayo de 2008

Dice la Musa:

—Psch, psch, bien está que esperes, mano sobre mano, a que yo acuda a inspirarte. Pero ¿no estarás esperando que yo, una señorita, te haga todo el trabajo, eh? Lo mío, muchacho, es sólo el soplo, el sudor y la tinta es todo tuyo.

(Yo salgo un momento de mi actitud de respetuosa expectativa, y haciendo un esfuerzo tomo nota.)

sábado, 10 de mayo de 2008

La carta de mi tío

Querido Quique:

Me parecería una desatención hacia ti no acusar recibo de la cita que de nosotros haces en tu artículo de La Gaceta, de la que nos informó tu madre ayer. Y más cuando a los dos nos ha hecho mucha gracia, y a mí, algo más. Me explico: es de agradecer que se acuerden de uno cuando se es pensionista y parece que la ventolera del tiempo o de la enfermedad te ha barrido de este mundo, y no se te considera igual que cuando desempeñabas una función. Pero basta que nos recuerdes y nos sigas tratando como siempre. Eso, más que la publicación, es lo que te agradezco, pues ya sabes de mi escaso interés en salir en los papeles, salvo que ello te sirva de inspiración.


Recibe con nuestro abrazo el cariño de siempre de tus tíos,

viernes, 9 de mayo de 2008

Regalos

Mis tíos José María (que además era mi padrino) y Beatriz me traían siempre unos cuentos extraños, sin ilustraciones o con pocas y en blanco y negro, y encima, por lo general, bastante gordos. Por suerte, en medio de la fiesta, no podía mostrarme desilusionado más de una décima de segundo: tenía amiguitos que atender y muchísimos más paquetes que abrir. Mis tíos nunca me lo notaron.

O no les importó. Me regalaban, además de los cimientos de mi biblioteca, una futura nostalgia por mi infancia y hasta por todos aquellos otros regalos brillantes, enseguida arrumbados, pronto perdidos. Mucho después yo abriría la Segunda Antología de Juan Ramón Jiménez, El principito, desde luego, Obras escogidas de Rabindranath Tagore o Romances de Góngora con una emoción muy honda, recuperando con una sonrisa aquel instante mío tonto de decepción y extrañeza.

Mañana hace la Primera Comunión el primer hijo de un amigo. Le regalaré la Divina Comedia, nada menos. Con esta dedicatoria: “Este libro, Rafa, sólo lo leerás dentro de muchos años. Cuando lo abras, ese día, recuerda que para alcanzar el Paraíso —hoy estuviste en él— no hace falta atravesar el Infierno ni el Purgatorio”.

Confieso que estoy encantado con la idea de imitar a mis tíos. Pero no llego a su heroísmo, y sumaré a mi regalo bibliófilo una cometa acrobática muy chula. Que, al fin y al cabo, también es un regalo de muchos vuelos.

jueves, 8 de mayo de 2008

Quiero decir que se murió


Ayer acabé el Borges de Bioy. No sé cuántos meses llevaba leyéndolo, un poquito cada día, antes de la siesta, con las protestas (dulces) de Leonor de fondo, pidiéndome que apagase la luz.

Los momentos finales son emocionantes. Y dan ciertas claves de lectura. El sábado 14 de junio de 1986 escribe Bioy:
En la Confitería del Molino me encontré con mi hijo Fabián, al que regalé Un experimento con el tiempo de Dunne, comprado en el quiosco de Callao y Rivadavia (después de tanto cavilar sobre este encuentro, dar con ese libro me había parecido un buen augurio). Se lo recomendé y le dije que le iba a dar una lista de libros. Después de almorzar en La Biela, con Francis Korn, decidí ir hasta el quiosco de Ayacucho y Alvear, para ver si tenía Un experimento con el tiempo: quería un ejemplar de reserva. Un individuo joven, con cara de pájaro, que después supe que era el autor de un estudio sobre las Eddas que me mandaron hace meses, me saludó y me dijo, como excusándose: “Hoy es un día muy especial”. Cuando por segunda vez dijo esa frase le pregunté: “¿Por qué?” “Porque falleció Borges. Esta tarde murió en Ginebra”, fueron sus exactas palabras. Seguí mi camino.

Pasé por el quiosco. Fui a otro de Callao y Quintana, sintiendo que eran mis primeros pasos en un mundo sin Borges. Que a pesar de verlo tan poco últimamente yo no había perdido la costumbre de pensar: “Tengo que contarle esto. Esto le va a gustar. Esto le va a parecer una estupidez”.
Tres años más tarde Adolfo Bioy habló con Bernès, que estuvo presente en la muerte de Borges. Acaba su libro con lo que le cuenta:
Bernès me refirió que Borges, unos quince días antes de morir, sintió la presencia de la muerte. Habría dicho: “Ha llegado. Está aquí”. Le pregunté si la había descrito. Bernès contestó: “Dijo que era algo externo, rígido y frío”.

[…]

Una de sus últimas bromas. Bernès mencionó La moneda de oro. Borges corrigió: de hierro. Bernès se mostró disgustado por su error. Borges le dijo: “No se contraríe. Usted hizo lo que la alquimia no pudo”.

Hacia el final, Bernès le leyó “Ulrica”. Borges comentó: “Soy un escritor”. Según Bernès murió diciendo el Padre Nuestro. Lo dijo en anglosajón, en inglés antiguo, en inglés, en francés y en español.

[…]

Bernès grabó a Borges cantando La morocha y otros tangos. Dice que en esa grabación Borges ríe con la risa de siempre.

Con este final, uno se acuerda irremediablemente de la muerte de Alonso Quijano y entonces cae en la cuenta de que, a pesar de tanta literatura inglesa y pose cosmopolita, la verdadera tradición de este libro extraordinario no es la Vida de Samuel Johnson, o no sólo, sino la novela de Cervantes, aquella larga conversación entre dos amigos.

miércoles, 7 de mayo de 2008

¿No es país para viejos?

Con ese título, ni fui a ver la película ni leeré esa novela de Cormac McCarthy, a pesar de que La carretera me ha gustado bastante. Pero, ya digo, si no es para viejos para mí tampoco.

lunes, 5 de mayo de 2008

Volver a hablarlo

Comentábamos que el título del poemario de Salvago, le sonaba raro, menos correcto que “Volver a intentarlo”. Yo dije que me sonaba bien, no sé, más poético o así. O sea, que no salíamos de los sonidos. Ahora, a solas, que es como yo converso bien, he caído en cuál es el acierto de Javier Salvago. Según donde se ponga el “lo” se subraya un verbo u otro. Si en “intentarlo” se le da a la frase la fuerza del que recomienza, un ahínco de firme voluntad: “¡Volver a intentarlo!”. No me extraña que mi amigo, siendo cómo es, prefiriese esa opción. En cambio, cuando se dice “Volverlo a intentar”, el acento recae sobre el recomienzo, sobre la rutina de la vuelta a empezar, y lo del intento queda mucho más difuminado, sin grandes esperanzas. Hoy, que es lunes, resulta más fácil de apreciar el matiz que en mitad del extraordinario puente de mayo. Volverlo a intentar (Sevilla, Renacimiento, 1989) es apropiado para el que titularía su obra completa Variaciones y reincidencias (Sevilla, Renacimiento, 1997), reincidiendo, por cierto, en otro de sus títulos (Madrid, Visor Libros, 1985, Visor de poesía). En aciertos expresivos como éste, pequeño, apenas el golpe de una sílaba, pero muy significativo y coherente con toda una cosmovisión, se descubre al poeta.

domingo, 4 de mayo de 2008

Extrañas legitimidades

En nuestro panorama actual hay asuntos más urgentes, por supuesto, pero no tan sintomáticos. ¿Se han fijado ustedes en la curiosa fuente de legitimación de muchos escritores y periodistas de derechas en España? ¡Cómo presumen, pletóricos, incluso los más acérrimos defensores del liberalismo, de una juventud maoísta, trotskista o directamente estalinista! En vez entonar un lógico mea culpa, nada les enorgullece tanto. Y el público en general les ríe la gracia y aplaude a rabiar toda genealogía ideológica extraviada. Lejos de mí, devoto de María Magdalena y de Agustín de Hipona, rechazar a nadie nunca jamás por su pasado y todavía menos negar el pathos de cualquier conversión. Pero no me parece un mérito intelectual strictu sensu el haber estado equivocado por completo. No admiro a San Agustín por sus veleidades maniqueas ni a Santa Magdalena por las suyas —no exactamente maniqueas.

A los que no disfrutaron de aquellas rentables aventuras revolucionarias, para que las buenas gentes de derechas de toda la vida los consideren intelectuales pata negra, les queda un recurso: ganarse el aprecio de la progresía o del mercado, valga la redundancia, ya sea en forma de premios o de reseñas y artículos en El País y similares. Pero incluso así se les nota mohínos, sin energía, como —usemos sin miedo la palabra famosa— acomplejados. Se ve que echan en falta un buen chute de marxismo fetén en su currículum.

Que el mundo intelectual es naturalmente de izquierdas lo piensan muchos. Entre otros motivos más sesentayochistas, quizá haya influido en tan arraigada creencia este impecable razonamiento, no exento de caridad: los que tenemos la fe verdadera, que diría Cervantes, ya nos hemos quedado con la mejor parte, y tampoco hay que acapararlo todo. No está de más dejar a los otros el mundo intelectual, con sus evidentes ribetes de religión laica.

Razonables o no, estas creencias habría que desmontarlas si se quiere dar la necesaria batalla de las ideas. Pero aún sería más interesante desplazar de una vez la fuente del prestigio hacia la legitimidad de ejercicio. No se trata de apoyarse en los antecedentes novelescos de un autor, que no pasan de historia, ni tampoco en sus premios, que no pasan de anécdotas, sino de juzgar y apreciar, en cada caso, la realidad de lo que cuenta, la belleza de lo que escribe, la verdad que le asiste. Sólo cuando sopesamos las obras, y no los juegos de manos de las legitimaciones de origen, entramos en el mundo del arte y de las ideas.

jueves, 1 de mayo de 2008

Una bandada de pájaros de un tiro

Cuelgo aquí un poema de Miguel d'Ors para celebrar el día del trabajo con el trabajo del prójimo, para aprovechar el ídem de habérselo picado a V., para soltarlo a volar por el ciberespacio, para que ustedes lo disfruten y también, por qué no, para gozar un poco de mi ración del placer de sentirme detestado etc.

Primero la solicitud, luego mi carta.

E., cómo va todo? Largo tiempo hace que no hablamos ni nos escribimos. Y encima, ahora, con el océano por medio, que todo lo dificulta. Bueno, te escribo para preguntarte una duda y así de paso aprovecho para saludarte y preguntarte cómo van las cosas.

La pregunta inquiere dentro de tus vastos conocimientos de la obra de Miguel d'Ors. A mí me suena, pero no estoy seguro, que Miguel tiene un poema donde hace una versión chocarrera del poema de Alberti, luego ironizado por Gil de Biedma, que pasa de "Yo nací -respetadme- con el cine", del primero, a un "yo nací (perdonadme) / en la edad de la pérgola y el tenis" (cito de memoria) del segundo, hasta un posible poema de Miguel donde este escribe "Yo nací (sujetadme)..." ¿Puede ser? ¿O me estoy confundiendo de poeta, y no es Miguel el autor del tercer poema? el problema es que el tomo que preparaste de su poesía lo tengo algo lejos, en Córdoba, a 7.000 km de distancia, y pensé que preguntártelo a ti era como consultar el libro. Si fuera de Miguel, y sabiendo que lo tienes en word, de cuando preparaste la edición, ¿te importaría copiármelo? Disculpa que te pida tantas cosas, pero es que la distancia corta los brazos.

Cuéntame cómo te van las cosas. Yo estoy fenomenal aquí en el desierto, tengo por fin tiempo de pensar, escribir y hacer.

Un fuerte abrazo,

V.

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Querido V.;

Leí tu e-mail en un viaje, sin mis bastos conocimientos d'orsianos a mano (en forma de libros) y tampoco encontré el poema que me pedías, efectivamente suyo, en la red y menos en mi memoria de forma completa. De modo que todo se quedó en la enorme ilusión de tus buenas noticias desérticas.

Volví a mis líos y otros correos sepultaron el tuyo. Ahora, de pronto, he recordado tu pedido y corro a escarbar en mi bandeja de entrada para contestarte, ay. Ahí va lo que hay
.

...............JURO QUE ERA FELIZ

Juro que era feliz. Siempre estaba lloviendo,
pero nosotros éramos Pizarro o Don Pelayo
y sobre el tiempo roto enarbolábamos
(con un gesto Cifesa)
el estandarte azul de los ensueños.
Aquel clamor de espadas, cruces, reinas
de Castilla, aviadores, luceros... (En los patios
oscuros, mientras tanto,
rumor de radios y batir de huevos).

Yo nací -sujetadme-
en la edad que os estáis imaginando y juro
que era feliz.
(No sé muy bien qué busco
escribiendo estos versos: si rescatar la luz
mágica de la infancia, o la satisfacción
de urdir un artificio de imágenes y ritmos,
o -lo que es más probable-
este placer divino de sentirse
detestado por toda la canalla).


....................................................Y un abrazo,
.....................................................................E.