[El cazador, Pre-Textos, Valencia, 2008, p. 47]
martes, 10 de junio de 2008
Un verso de Mario Míguez
Qué delicia fue siempre la obediencia.
lunes, 9 de junio de 2008
Correspondencia Gide-Claudel
Copio la descripción que hace del volumen un librero de Barcelona:
Descripción: CORRESPONDENCIA. EPISTOLAR. Castellano. Ed. JOSE JANÉS EDITORI. Barcelona. 1952. 1 vols. 22x15 cm. Enc. TELA EDITORIAL CON GRABADOS DORADOS EN LOMO CON SOBRECUBIERTA ILUSTRADA. 336 pags. 1ª Edición. Retrato en frontispicio de los 2 escritores. Edición de la correspondencia mantenida por los 2 escritores cuando estaban aún con vida. Sobrecubierta ilustrada por Giralt. Leves roces en bordes de la sobrecubierta.Se ve que el librero ha pensado que debe de ser un epistolario tan trascendente que ha tenido que especificar...
domingo, 8 de junio de 2008
Desnudos
Que la imagen me deja frío, diría, pero es quedarme corto. Llamándose Alaska y tan desnuda y a su edad, los efectos son heladores. La cantante, como saben, se ha desnudado para una campaña anti-taurina.
De tauromaquia hablaremos otro día. De Alaska, ya veremos. Hoy sólo comentaré la moda esta de desnudarse enseguida, como en los anuncios. A veces sospecho que les apetece posar y que la causa es la excusa. Con intenciones diversas y loables, hemos visto almanaques eróticos del cuerpo de bomberos, de unas azafatas, de unas presidiarias, de las madres de un pueblo sin guardería, de un equipo de primera regional, etc. Todavía queda quien considera estas iniciativas un método muy original de llamar la atención. La desnudez, según en qué casos, puede llamar desde luego la atención, quién lo niega, y ha dado momentos de gloria en el arte, pero en lo relativo a la originalidad del método no hay mucho que rascar. Lleva practicándose desde la noche de los tiempos, como es natural.
Aunque parece que no se dejan nada que enseñar, tras las fotos quizá se oculte la pobreza intelectual de nuestra época o su pereza. Esas causas cualesquiera, algunas razonables, no se defienden con razones. Hay quien se desnuda como si hiciese un silogismo irresistible, igual que otros recurren de forma sistemática al sentimentalismo más impúdico. El caso es no argumentar, que eso sí es embarazoso.
De tauromaquia hablaremos otro día. De Alaska, ya veremos. Hoy sólo comentaré la moda esta de desnudarse enseguida, como en los anuncios. A veces sospecho que les apetece posar y que la causa es la excusa. Con intenciones diversas y loables, hemos visto almanaques eróticos del cuerpo de bomberos, de unas azafatas, de unas presidiarias, de las madres de un pueblo sin guardería, de un equipo de primera regional, etc. Todavía queda quien considera estas iniciativas un método muy original de llamar la atención. La desnudez, según en qué casos, puede llamar desde luego la atención, quién lo niega, y ha dado momentos de gloria en el arte, pero en lo relativo a la originalidad del método no hay mucho que rascar. Lleva practicándose desde la noche de los tiempos, como es natural.
Aunque parece que no se dejan nada que enseñar, tras las fotos quizá se oculte la pobreza intelectual de nuestra época o su pereza. Esas causas cualesquiera, algunas razonables, no se defienden con razones. Hay quien se desnuda como si hiciese un silogismo irresistible, igual que otros recurren de forma sistemática al sentimentalismo más impúdico. El caso es no argumentar, que eso sí es embarazoso.
sábado, 7 de junio de 2008
Golpe de estética
Yo quería escribir una novela titulada Golpe de estética. Iría sobre un grupo terrorista especializado en hacer saltar por los aires los adefesios de edificios que afean nuestras calles. Los comunicados del grupo estarían redactados en octavas reales o en sonetos. Su anagrama sería el hacha y la rosa. Las compañías de seguros tendrían que subir las primas a los arquitectos vanguardistas y contratarían licenciados en Historia del Arte para hacer sus valoraciones de riesgo. A mitad de la novela habría una escisión en el seno de la banda entre aquellos que pretendían atentar contra María Teresa Fernández de la Vega y aquellos que pensaban —influenciados por el feísimo Sócrates— que nada es más espantoso que un crimen.
La trama daría juego a enjundiosas reflexiones estéticas con un trasfondo de actualidad. El Gobierno de turno intentaría negociar, sin duda. Ofrecería a los terroristas, con tal de que no volasen el Guggenheim, unos puestos de diputados en el Congreso. Habría persecuciones trepidantes y una historia de amor entre la jefa de policía, que iría paulatinamente entendiendo las razones de la banda, y un terrorista, apuesto y exquisito, que acabaría deseando ser atrapado por esa chica tan interesada en la pintura de Ramón Gaya, y tan interesante.
No escribí la novela temiéndome que, por coherencia con el argumento, tuviese que prenderle fuego al manuscrito. Me he limitado a soñarla cada vez que pasaba por delante de según qué edificios. Pero en vista de que yo no daba el paso, la realidad la ha escrito casi al pie de la letra. Frédéric Rabillet, un cartero de 29 años, lector de Hitler y de Lenin, se montó la Fracción Nacionalista del Ejército Revolucionario (FNAR). Este grupo terrorista unipersonal atentaba contra los radares de control de velocidad, despertando una enorme simpatía entre los conductores franceses. Finalmente Frédéric ha sido detenido cuando un artefacto le estalló en las manos.
Parece que el muchacho no va a poner más bombas. Mejor. Además ya ha demostrado de sobra y mejor lo que yo pretendía: la fascinación por la violencia, su creciente banalización y que ninguna causa, por absurda que sea, será jamás tan estúpida como la de los asesinos que ejercen en España el monopolio del terror.
La trama daría juego a enjundiosas reflexiones estéticas con un trasfondo de actualidad. El Gobierno de turno intentaría negociar, sin duda. Ofrecería a los terroristas, con tal de que no volasen el Guggenheim, unos puestos de diputados en el Congreso. Habría persecuciones trepidantes y una historia de amor entre la jefa de policía, que iría paulatinamente entendiendo las razones de la banda, y un terrorista, apuesto y exquisito, que acabaría deseando ser atrapado por esa chica tan interesada en la pintura de Ramón Gaya, y tan interesante.
No escribí la novela temiéndome que, por coherencia con el argumento, tuviese que prenderle fuego al manuscrito. Me he limitado a soñarla cada vez que pasaba por delante de según qué edificios. Pero en vista de que yo no daba el paso, la realidad la ha escrito casi al pie de la letra. Frédéric Rabillet, un cartero de 29 años, lector de Hitler y de Lenin, se montó la Fracción Nacionalista del Ejército Revolucionario (FNAR). Este grupo terrorista unipersonal atentaba contra los radares de control de velocidad, despertando una enorme simpatía entre los conductores franceses. Finalmente Frédéric ha sido detenido cuando un artefacto le estalló en las manos.
Parece que el muchacho no va a poner más bombas. Mejor. Además ya ha demostrado de sobra y mejor lo que yo pretendía: la fascinación por la violencia, su creciente banalización y que ninguna causa, por absurda que sea, será jamás tan estúpida como la de los asesinos que ejercen en España el monopolio del terror.
viernes, 6 de junio de 2008
Entrada efervescente
Ayer por la tarde, en Las Ventas, al final de la calle Alcalá, las banderas tremolando al viento, y yo sentado prácticamente entre el Rey y Sabina, pero todos pendientes, asombro y admiración, de Tomás (ver para creer) y del toro y del otro toro, y de repente, tuve la certeza, a medias visionaria, a medias física, de que estaba en el ombligo de España.
Enseguida me acordé de El Cerro de los Ángeles, y me entró pena por mi paganismo y por el de mi patria. Pero no, no, no, me repuse enseguida. El ombligo de España estaba allí; en El Cerro, su corazón.
Enseguida me acordé de El Cerro de los Ángeles, y me entró pena por mi paganismo y por el de mi patria. Pero no, no, no, me repuse enseguida. El ombligo de España estaba allí; en El Cerro, su corazón.
jueves, 5 de junio de 2008
Un dilema sexual
Ahora que estoy curado y tengo un oído finísimo, oigo el rumor de una sacra discusión que me llega del Paraíso. Dice Mario Quintana: “Lo más desconcertante de la muerte es cuando la gente descubre que el alma no tiene sexo” [Cuaderno H, 9º edición, Editora Globo, 2003, p. 152]. Replica Joseph Joubert: “Dicen que las almas no tienen sexo, pero por supuesto que lo tienen” [The notebooks. New York Review Books, 1983, p. 111]. Yo no sé qué pensar todavía. Más tarde, con la resurrección de los cuerpos, en el valle de Josefat, la cosa dejará de tener tanta importancia.
miércoles, 4 de junio de 2008
€
En principio, hablar de dinero es una ordinariez. También lo es salir en los periódicos más que en tres ocasiones: el nacimiento, la boda y la defunción. O sea, que en el artículo de hoy me cubro de gloria se mire por donde se mire. Qué tiempos.
martes, 3 de junio de 2008
Las estrellas
Entre los cambios que esto del blogg me ha supuesto, uno de lectura. Ahora busco como un explorador obseso la prehistoria del género, y me recreo pensando en qué bloggers extraordinarios habrían sido Eugenio d'Ors, Bernardo Soares o Bloy. Entre ellos, habría brillado con luz propia el Logan Pearsall Smith de Trivia. Observen qué entrada ésta:
..........................LAS ESTRELLAS
Ganando mi casa contra el viento y la lluvia a través de una noche oscura, un repentino chaparrón, más recio que los otros, me hizo ponerme a cubierto bajo un árbol. Pero pronto el cielo se abrió por el oeste; la luminaria de las estrellas se esparció desde detrás de las nubes. Yo estaba atónito ante su brillo, viendo como ellas colmaban la noche con su lustre. Así que continué mi camino acompañado; Arturo me seguía y se enredaba en un árbol frondoso, resplandecía, se ocultaba por momentos, y emergía triunfante, Señor del Cielo del Oeste. Avanzando por la carretera con mi gabardina y mis botas de agua, mis pensamientos estaban entre las
constelaciones. Yo también era uno de los príncipes del Universo estrellado; en mí también había algo que titilaba, que brillaba.
domingo, 1 de junio de 2008
¿Mande?
Guillermo de Torre, casado con Norah Borges, oía nada más que regular, pero ponía todo su empeño en participar de la conversación. Eso suponía interrupciones, repeticiones a mayor volumen, malentendidos. De Torre, encima, no le entraba por el ojo a su cuñado Jorge Luis Borges. Éste, observando cómo transcurrían las tardes, pontificó: “No hay peor sordo que el quiere oír”.
No querer oír es malo moralmente, pero quererlo hacer a toda costa es pesadísimo para los demás. La gracia de Borges radica en su egoísmo y, por eso, además de un chiste, es un síntoma. Yo ahora, en cambio, me siento solidario con los sordos. Solidario en el sentido estricto de la palabra porque un problema pasajero (dicen) me tiene como una tapia. Uno se pone bien en el lugar de los demás cuando la vida te coloca ahí a la fuerza. Pocas cosas tan mareantes y desorientadoras como no enterarte. Intelectualmente resulta agotador porque hay que construir grandes hipótesis para tratar de seguir a medias la conversación más trivial.
Como lo de Borges me tiene algo acomplejado, en vez de interrumpir la tertulia cada dos por tres, yo me entretengo solo jugando a las etimologías. Y es curioso que se asocien a la sordera palabras del ámbito militar como el “¿mande?”, para pedir una repetición, o como “estar teniente”, para describir nuestro estado auditivo. Quizá la asociación provenga del arma de artillería, donde los bombazos destrozarían los tímpanos. Con todo, no deja de ser tentador imaginarse cierta reticencia psicosomática de los mandos inferiores a entender las órdenes. Si fuese así, también podríamos decir “estoy funcionario”. O en los últimos tiempos, “estoy de lo más Rajoy”, al comprobar cómo éste no atiende a las inquietudes crecientes de sus votantes.
Bromas borgianas aparte, tiene un punto sórdido la sordera. Quien oye mal queda más aislado que los que padecen otras minusvalías. La importancia de la palabra para el hombre no se puede exagerar, y no es por casualidad que la Segunda Persona de la Santísima Trinidad sea el Verbo, ni que fides ex auditu, esto es, que la fe se transmita precisamente por el oído. Cuando se me cure esta sordera, seré mucho más cuidadoso con los que no oyen bien, hablaré alto y claro y repetiré las veces que haga falta… ¿Qué? ¿Que qué? ¿Qué? Ah, ¿que y si no se me cura, qué? Pues ya ven: ármense de paciencia.
No querer oír es malo moralmente, pero quererlo hacer a toda costa es pesadísimo para los demás. La gracia de Borges radica en su egoísmo y, por eso, además de un chiste, es un síntoma. Yo ahora, en cambio, me siento solidario con los sordos. Solidario en el sentido estricto de la palabra porque un problema pasajero (dicen) me tiene como una tapia. Uno se pone bien en el lugar de los demás cuando la vida te coloca ahí a la fuerza. Pocas cosas tan mareantes y desorientadoras como no enterarte. Intelectualmente resulta agotador porque hay que construir grandes hipótesis para tratar de seguir a medias la conversación más trivial.
Como lo de Borges me tiene algo acomplejado, en vez de interrumpir la tertulia cada dos por tres, yo me entretengo solo jugando a las etimologías. Y es curioso que se asocien a la sordera palabras del ámbito militar como el “¿mande?”, para pedir una repetición, o como “estar teniente”, para describir nuestro estado auditivo. Quizá la asociación provenga del arma de artillería, donde los bombazos destrozarían los tímpanos. Con todo, no deja de ser tentador imaginarse cierta reticencia psicosomática de los mandos inferiores a entender las órdenes. Si fuese así, también podríamos decir “estoy funcionario”. O en los últimos tiempos, “estoy de lo más Rajoy”, al comprobar cómo éste no atiende a las inquietudes crecientes de sus votantes.
Bromas borgianas aparte, tiene un punto sórdido la sordera. Quien oye mal queda más aislado que los que padecen otras minusvalías. La importancia de la palabra para el hombre no se puede exagerar, y no es por casualidad que la Segunda Persona de la Santísima Trinidad sea el Verbo, ni que fides ex auditu, esto es, que la fe se transmita precisamente por el oído. Cuando se me cure esta sordera, seré mucho más cuidadoso con los que no oyen bien, hablaré alto y claro y repetiré las veces que haga falta… ¿Qué? ¿Que qué? ¿Qué? Ah, ¿que y si no se me cura, qué? Pues ya ven: ármense de paciencia.
viernes, 30 de mayo de 2008
No sabiendo
Si yo escribiera libros sobre gestión empresarial, publicaría uno titulado Rentabilizar el desconocimiento. A fin de cuentas, no tenemos materia prima más a nuestro alcance que la ignorancia.
No había entonces cámaras de fotos, pero aquella escena de Petrarca abrazado a un libro de Homero, llorando amargamente por no poder leerlo en versión original, ha entrado a formar parte del imaginario de la cultura europea. Petrarca, gracias a no tener ni papa de griego, creó una marca y asoció para siempre su nombre a la Odisea, nada menos.
Me he preguntado a veces por qué, en vez de tanto llanto, no se buscaría Petrarca unas clases particulares, o no hizo un viaje de estudios a Constantinopla. Quizá porque, me he respondido, nunca habría aprendido suficiente como para leer a Homero con la intimidad que la poesía requiere. Y nosotros nos habríamos quedado (con la falta que hace en estos tiempos de conocimientos inabarcables) sin su gran lección de ignorancia.
La primera enseñanza de mi libro sería que debemos lamentar con mucho sentimiento lo que desconocemos. Y a partir de ahí iríamos avanzando de lección en lección hasta la última: es posible aprovechar cuanto uno no sabe, si es para trascenderlo. Lo hizo bien San Juan de la Cruz: “Entréme donde no supe,/ y quedéme no sabiendo,/ toda sciencia trascendiendo”. Él no sabía, no; pero acabó santo y el mayor poeta de la lengua castellana.
No había entonces cámaras de fotos, pero aquella escena de Petrarca abrazado a un libro de Homero, llorando amargamente por no poder leerlo en versión original, ha entrado a formar parte del imaginario de la cultura europea. Petrarca, gracias a no tener ni papa de griego, creó una marca y asoció para siempre su nombre a la Odisea, nada menos.
Me he preguntado a veces por qué, en vez de tanto llanto, no se buscaría Petrarca unas clases particulares, o no hizo un viaje de estudios a Constantinopla. Quizá porque, me he respondido, nunca habría aprendido suficiente como para leer a Homero con la intimidad que la poesía requiere. Y nosotros nos habríamos quedado (con la falta que hace en estos tiempos de conocimientos inabarcables) sin su gran lección de ignorancia.
La primera enseñanza de mi libro sería que debemos lamentar con mucho sentimiento lo que desconocemos. Y a partir de ahí iríamos avanzando de lección en lección hasta la última: es posible aprovechar cuanto uno no sabe, si es para trascenderlo. Lo hizo bien San Juan de la Cruz: “Entréme donde no supe,/ y quedéme no sabiendo,/ toda sciencia trascendiendo”. Él no sabía, no; pero acabó santo y el mayor poeta de la lengua castellana.
jueves, 29 de mayo de 2008
El disfraz
Cansado de su belleza angelical, el Ángel vivía ensayando morisquetas delante del espejo. Hasta que consiguió la obra maestra del horror. Vino, así, a darse una vuelta por la Tierra. Y Lili, la primera niñita que lo vio, se puso a gritar de la puerta desde la casa para dentro: "¡Mamá!, ¡mamá! ¡Corre, ven a ver lo bonito que está hoy Frankenstein!"
[Mario Quintana, Cuaderno H, en Poesía Completa,
Editora Nova Aguilar, Rio de Janeiro, 2006, pág. 347]
miércoles, 28 de mayo de 2008
martes, 27 de mayo de 2008
La mano del pintor quizá lo supo
No le he echado al final Sombras pequeñas (Númenor, Sevilla, 2008) al Barbero del rey de Suecia. Antes que una selección de versos sueltos, he preferido copiar este poema completo de Ramón Simón (Sevilla, 1962):
....................ACUARELA
La sombra de las casas que caen sobre la arena
del patio, buganvillas que esparcen los balcones,
alta torre de fondo, y el tañir penitente
del campanario. El sol de un día entrado agosto.
El cielo aún celeste en la acuarela.
Con traje a la medida de la época, unos hombres
caminan en silencio. A dónde van, me digo.
La mano del pintor quizá lo sepa.
lunes, 26 de mayo de 2008
Lo demás
Buscaba un hueco para entrar en la procesión del Corpus y escogí el recodo con más público del recorrido. Imposible incorporarse por ahí. Bueno. Me quedé un rato para ver pasar la procesión, con sus banderolas, sus niños de Primera Comunión, sus incensarios y sus autoridades municipales, saludando. Detrás de mí aparecieron dos viejecitas, tamaño hobbit, cojeando ambas, vestidas de medio luto, pero con sus buenos collares y zarcillos de oro.
Una se quejaba:
— Desde aquí no se ve.
—Se ve la Custodia, —repuso la otra —¿la ves?, ¿la ves?
—Sí, sí, la Custodia, sí.
—Ea, pues todo lo demás es gente.
Una se quejaba:
— Desde aquí no se ve.
—Se ve la Custodia, —repuso la otra —¿la ves?, ¿la ves?
—Sí, sí, la Custodia, sí.
—Ea, pues todo lo demás es gente.
domingo, 25 de mayo de 2008
La salsa de pomodoro
Mientras Telma Ortiz trata de escapar de su celebridad, Cherie Blair ha escrito un libro de memorias (Speaking of myself. The autobiography) en el que airea su vida privada. Explica detalles tan íntimos como la concepción de su último hijo, que por lo visto tuvo lugar en el Castillo de Balmoral, residencia de verano de la Reina. Eso, que puede justificar que la orgullosa madre llame a su niño “mi príncipe” o así, a los demás nos interesa bastante poco, creo.
A mí, por lo menos, me trae al fresco. Como que en los lejanos años de su juventud tuviese dos o tres novios a la vez. Mi interés por los noviazgos ajenos es limitado y nunca he seguido programas tipo Tomate. Que ahora Cherie nos venga con su particular versión del “Cherie, yo te quiero, Cherie, yo te adoro, como a la salsa del pomodoro” no se merece un artículo.
En cambio, hay un fragmento de sus memorias que requieren una puntualización. Escribe la ex primera ministra consorte, según transcribe El Mundo: “Podría parecer extraño que una chica como yo, con una educación católica fuera tan ligera de cascos. Pero es lo mismo que los anticonceptivos. La mayoría de los católicos los usa. Uno siempre puede ir luego a confesarlo, aunque lo cierto es que yo nunca me he confesado sobre mis fornicaciones. Quizás lo haga un día en mi vejez. Diré: ‘Padre, perdóneme, intento arrepentirme pero todavía hoy lo encuentro difícil’”.
Habría que decirle a la simpática Cherie que su educación católica tampoco es para tanto. Con peor estilo, recuerda lo de Valle-Inclán, cuando se lamentaba de la honestidad de unas bellas marquesas que olvidaban que “basta un punto de contrición al sentir cercana la vejez”. En realidad, las marquesas tenían razón, y Valle-Inclán y Cherie Blair una considerable empanada mental (y doctrinal).
Tendrían que haberle explicado a Cherie que comprometerse íntegramente con el cristianismo no es un castigo, sino todo lo contrario. Dios y la Iglesia nos proponen un modo de vida conforme a unos principios exigentes porque así somos más felices y plenos, no por fastidiarnos, ni para pillarnos en un desliz. Si esperamos para confesarnos al último momento, vale, Dios nos perdonará, pero nosotros nos habremos perdido su amistad durante muchos años. Y ésa era la verdadera aventura: vivir a su lado.
A mí, por lo menos, me trae al fresco. Como que en los lejanos años de su juventud tuviese dos o tres novios a la vez. Mi interés por los noviazgos ajenos es limitado y nunca he seguido programas tipo Tomate. Que ahora Cherie nos venga con su particular versión del “Cherie, yo te quiero, Cherie, yo te adoro, como a la salsa del pomodoro” no se merece un artículo.
En cambio, hay un fragmento de sus memorias que requieren una puntualización. Escribe la ex primera ministra consorte, según transcribe El Mundo: “Podría parecer extraño que una chica como yo, con una educación católica fuera tan ligera de cascos. Pero es lo mismo que los anticonceptivos. La mayoría de los católicos los usa. Uno siempre puede ir luego a confesarlo, aunque lo cierto es que yo nunca me he confesado sobre mis fornicaciones. Quizás lo haga un día en mi vejez. Diré: ‘Padre, perdóneme, intento arrepentirme pero todavía hoy lo encuentro difícil’”.
Habría que decirle a la simpática Cherie que su educación católica tampoco es para tanto. Con peor estilo, recuerda lo de Valle-Inclán, cuando se lamentaba de la honestidad de unas bellas marquesas que olvidaban que “basta un punto de contrición al sentir cercana la vejez”. En realidad, las marquesas tenían razón, y Valle-Inclán y Cherie Blair una considerable empanada mental (y doctrinal).
Tendrían que haberle explicado a Cherie que comprometerse íntegramente con el cristianismo no es un castigo, sino todo lo contrario. Dios y la Iglesia nos proponen un modo de vida conforme a unos principios exigentes porque así somos más felices y plenos, no por fastidiarnos, ni para pillarnos en un desliz. Si esperamos para confesarnos al último momento, vale, Dios nos perdonará, pero nosotros nos habremos perdido su amistad durante muchos años. Y ésa era la verdadera aventura: vivir a su lado.
viernes, 23 de mayo de 2008
Oh Galilea
El trabajo de mi mujer lo veo con distintos ojos según y cómo. A fin de mes y con la que está cayendo, es una bendición. Cuando uno lleva cuatro días viviendo solo porque ella está de viaje de negocios, es otra cosa. Mientras voy a recogerla a la estación de tren, pondero mis preocupaciones encontradas.
Entonces, desde la radio del coche, me sobresalta de pronto Sergio Dalma cantando a voz en grito “Oh Galilea”. Observo la letra: habla de la alegría incontenible que embarga al cantante porque conocerá por fin a una chica, llamada por lo visto Galilea, con la que se lleva carteando un tiempo. Destaca la euforia afónica de Dalma; y da cierta aprensión también, porque a saber lo que se va a encontrar el buen hombre, o si él mismo no decepcionará tal vez a Galilea. Cabe dentro de lo posible que a ella no le guste el pop melódico ni bailar pegados es bailar, etc.
Yo, en cambio, sé lo que me voy a encontrar, y es estupendo. Y a estas alturas mi mujer conoce lo que hay, y según asegura no le parece mal del todo. ¡Oh Galilea! ¿Cómo se puede merecer más una canción una cita a ciegas que una vida viéndose? ¿Una aventura fugaz que una aventura pertinaz? Cuando chirriando el tren se para, y ella baja, entre maletas, sonriente y cansada, de vuelta a casa, yo abro los brazos y exclamo: “¡Qué fortuna la mía!” No menciono ni lavadoras ni facturas. Me mira, sorprendida: “Vaya, estás inusualmente contento esta tarde”.
Entonces, desde la radio del coche, me sobresalta de pronto Sergio Dalma cantando a voz en grito “Oh Galilea”. Observo la letra: habla de la alegría incontenible que embarga al cantante porque conocerá por fin a una chica, llamada por lo visto Galilea, con la que se lleva carteando un tiempo. Destaca la euforia afónica de Dalma; y da cierta aprensión también, porque a saber lo que se va a encontrar el buen hombre, o si él mismo no decepcionará tal vez a Galilea. Cabe dentro de lo posible que a ella no le guste el pop melódico ni bailar pegados es bailar, etc.
Yo, en cambio, sé lo que me voy a encontrar, y es estupendo. Y a estas alturas mi mujer conoce lo que hay, y según asegura no le parece mal del todo. ¡Oh Galilea! ¿Cómo se puede merecer más una canción una cita a ciegas que una vida viéndose? ¿Una aventura fugaz que una aventura pertinaz? Cuando chirriando el tren se para, y ella baja, entre maletas, sonriente y cansada, de vuelta a casa, yo abro los brazos y exclamo: “¡Qué fortuna la mía!” No menciono ni lavadoras ni facturas. Me mira, sorprendida: “Vaya, estás inusualmente contento esta tarde”.
jueves, 22 de mayo de 2008
Uff
Con qué aleve alivio la leve top-model suspira al subirse a la báscula cada mañana: "Uff, menos mal que la vanidad no pesa".
miércoles, 21 de mayo de 2008
martes, 20 de mayo de 2008
Experimento
Tomen un poema y tiéndanselo a un traductor. Con el resultado, sin mostrar la versión original, búsquese un traductor a una tercera lengua. Encadénese la operación cuantas veces sea posible. Se comprobará, espero, que los aciertos que desaparecen en unas versiones reaparecen, como los ojos del Guadiana, en otras. Quedaría demostrado así que la dinámica interna del poema impone sus logros. Al final, es imprescindible encontrar un traductor que devuelva, desde la última versión resultante, el poema a su lengua original. O sea, cerrar el círculo. Compárense entonces ambos escritos. ¿Nos asombraremos de las similitudes en el fondo y en la forma? Ojalá.
lunes, 19 de mayo de 2008
Mañana todos Calvo
Ha muerto García Calvo, lo que nos planta ante un mañana nada prometedor para el TC y para España.
Luego está (por ahora) María San Gil.
Y el Rey y su hombre íntegro o viceversa.
Yo he recomenzado la Divina Comedia.
Luego está (por ahora) María San Gil.
Y el Rey y su hombre íntegro o viceversa.
Yo he recomenzado la Divina Comedia.
sábado, 17 de mayo de 2008
Bocazas
El silencio lo recomiendan el refranero popular (“En boca cerrada no entran moscas”) y los filósofos más reputados (de Séneca a Ludwig Wittgenstein, pasando por Baltasar Gracián). Mi larga experiencia demuestra que tienen razón. Quien habla mucho, mete la pata repetidamente. Si yo les contara…
Sin embargo, imaginemos por un instante que todos (digo, todos) nos tomásemos en serio a los filósofos y no abriéramos el pico más que para comer jamón. ¿Qué sería de los encuentros familiares, de las reuniones de trabajo, del café a media mañana? Mirándonos hoscos, de soslayo, y venga a pasar, entre bandeja y bandeja, un ángel, y otro, y otro, en un silencio de ésos de novela, que se pueden cortar, dicen.
La próxima vez que se topen con un bocazas, o me conozcan personalmente, piensen en el sacrificio que esa persona está haciendo por el bien común. Sin sus ímprobos esfuerzos por sacar a flote una conversación, la vida social se convertiría en una partida de póker: el mismo ambiente cargado y el ruidito de las fichas como única banda sonora.
En ocasiones, el bocazas, al final, contagia su entusiasmo y consigue que la conversación nazca y crezca y se reproduzca. Todo el mundo se anima de repente. Amparados ahora por el ajetreo mayúsculo, los sibilinos hablan sin parar, sin esperar a que el otro acabe, sin escucharse. Están resarciéndose de tanto silencio táctico. En ese momento se puede ver al bocazas solo, olvidado en una esquina, comiendo jamón —si queda—. En su rostro la satisfacción del deber cumplido.
Sin embargo, imaginemos por un instante que todos (digo, todos) nos tomásemos en serio a los filósofos y no abriéramos el pico más que para comer jamón. ¿Qué sería de los encuentros familiares, de las reuniones de trabajo, del café a media mañana? Mirándonos hoscos, de soslayo, y venga a pasar, entre bandeja y bandeja, un ángel, y otro, y otro, en un silencio de ésos de novela, que se pueden cortar, dicen.
La próxima vez que se topen con un bocazas, o me conozcan personalmente, piensen en el sacrificio que esa persona está haciendo por el bien común. Sin sus ímprobos esfuerzos por sacar a flote una conversación, la vida social se convertiría en una partida de póker: el mismo ambiente cargado y el ruidito de las fichas como única banda sonora.
En ocasiones, el bocazas, al final, contagia su entusiasmo y consigue que la conversación nazca y crezca y se reproduzca. Todo el mundo se anima de repente. Amparados ahora por el ajetreo mayúsculo, los sibilinos hablan sin parar, sin esperar a que el otro acabe, sin escucharse. Están resarciéndose de tanto silencio táctico. En ese momento se puede ver al bocazas solo, olvidado en una esquina, comiendo jamón —si queda—. En su rostro la satisfacción del deber cumplido.
viernes, 16 de mayo de 2008
Generación Y
Con el premio a Yoani Sánchez el filósofo estaría satisfecho. Entre los premios Ortega y Gasset de Periodismo que otorga El País, el de Periodismo Digital ha recaído en esta joven cubana que escribe el blog “Generación Y". En él critica lo que no le gusta de Cuba, que es mucho.
Ortega y Gasset, tan sensible —como buen intelectual— a la belleza, estaría, ya digo, encantado. Yoani tiene un atractivo notable, a pesar de su acusada delgadez, que se deberá en parte a las modas del tiempo en que vivimos y, en parte, me temo, a los racionamientos del espacio en que vive. También tiene atractivo su coquetería. Ha llamado a su blog “Generación Y”, que es la generación de los nacidos a partir de 1980; ella nació en 1975, o sea, que pertenece a la “Generación X”, o sea, que se quita años. Sobre el nombre explica, disimulando: “Generación Y es un Blog inspirado en gente como yo, con nombres que comienzan o contienen una “y griega”. Nacidos en la Cuba de los años 70s y los 80s, marcados por las escuelas al campo, los muñequitos rusos, las salidas ilegales y la frustración. Así que invito especialmente a Yanisleidi, Yoandri, Yusimí, Yuniesky y otros que arrastran sus “y griegas” a que me lean y me escriban”.
Ortega se tomaba muy en serio lo de las generaciones, pero habría sonreído con esta leve coquetería de Yoani. Que contrasta con su enorme valentía, que Ortega y Gasset, aficionado a los toros, habría apreciado mucho, y que le ha merecido el premio. Basta leerla un poco para comprobar que su prosa no se entretiene en preciosidades ni sus análisis son de una sutileza pasmosa. La clave del blog es su audacia ante una dictadura astifina y burriciega. ¡Y escribiendo desde dentro, con su nombre y su fotografía por delante, colándose en hoteles de lujo para poder usar una buena conexión a Internet!
A todos nos viene muy bien su ejemplo y, como somos unos caballeros, agradecemos a El País el acierto de premiarla. Yoani Sánchez nos recuerda que el periodismo, aún antes que una rama de la literatura, es un compromiso con la verdad y la libertad. Su caso, salvando las distancias, nos interesa de manera particular a nosotros, lectores y escritores de Alba. Nos da ánimos e ideas ante la ofensiva laicista que nuestro Gobierno emprende de nuevo, jaleado, precisamente, por sus medios afines.
Ortega y Gasset, tan sensible —como buen intelectual— a la belleza, estaría, ya digo, encantado. Yoani tiene un atractivo notable, a pesar de su acusada delgadez, que se deberá en parte a las modas del tiempo en que vivimos y, en parte, me temo, a los racionamientos del espacio en que vive. También tiene atractivo su coquetería. Ha llamado a su blog “Generación Y”, que es la generación de los nacidos a partir de 1980; ella nació en 1975, o sea, que pertenece a la “Generación X”, o sea, que se quita años. Sobre el nombre explica, disimulando: “Generación Y es un Blog inspirado en gente como yo, con nombres que comienzan o contienen una “y griega”. Nacidos en la Cuba de los años 70s y los 80s, marcados por las escuelas al campo, los muñequitos rusos, las salidas ilegales y la frustración. Así que invito especialmente a Yanisleidi, Yoandri, Yusimí, Yuniesky y otros que arrastran sus “y griegas” a que me lean y me escriban”.
Ortega se tomaba muy en serio lo de las generaciones, pero habría sonreído con esta leve coquetería de Yoani. Que contrasta con su enorme valentía, que Ortega y Gasset, aficionado a los toros, habría apreciado mucho, y que le ha merecido el premio. Basta leerla un poco para comprobar que su prosa no se entretiene en preciosidades ni sus análisis son de una sutileza pasmosa. La clave del blog es su audacia ante una dictadura astifina y burriciega. ¡Y escribiendo desde dentro, con su nombre y su fotografía por delante, colándose en hoteles de lujo para poder usar una buena conexión a Internet!
A todos nos viene muy bien su ejemplo y, como somos unos caballeros, agradecemos a El País el acierto de premiarla. Yoani Sánchez nos recuerda que el periodismo, aún antes que una rama de la literatura, es un compromiso con la verdad y la libertad. Su caso, salvando las distancias, nos interesa de manera particular a nosotros, lectores y escritores de Alba. Nos da ánimos e ideas ante la ofensiva laicista que nuestro Gobierno emprende de nuevo, jaleado, precisamente, por sus medios afines.
jueves, 15 de mayo de 2008
Mis queridos Jacques y Raïssa
Mi admiración por Jacques Maritain era perfectamente descriptible hasta que me he metido con las cartas que le escribió Léon Bloy. De Maritain conocía, y están bien, La intuición creadora en el arte y en la poesía y el Humanismo integral, pero nada comparable a estas cartas. No las suyas, que no están recogidas, sino las de Bloy, donde la paciencia, la entrega, la docilidad son de Maritain. Se entiende que Bloy se autorretratase como un mendigo ingrato. Y se quedó corto: ingrato, llorón, exigente, orgulloso, inflamable, un poco picajoso. Casi con toda seguridad yo le habría dicho: “Mira, tú, nos vemos en las librerías”. Y no para quedar allí con él, ¡ni de broma!, sino para leer sus libros incandescentes, y adiós muy buenas. Claro que así la posteridad se habría perdido otro epistolario estupendo de Bloy. Mi cariño y mi admiración por Maritain y su mujer Raïssa se han levantado mucho. Que la amistad es un arte, lo sabía, pero que lo era hasta esos extremos me pasma.
También me pasma la capacidad de Bloy para engrandecer a los que le rodeaban: a su mujer, a sus hijas, a sus amigos… ¿También a sus lectores?
También me pasma la capacidad de Bloy para engrandecer a los que le rodeaban: a su mujer, a sus hijas, a sus amigos… ¿También a sus lectores?
miércoles, 14 de mayo de 2008
TK
Aconseja Paul Johnson que no se aproveche jamás la columna de un periódico para desahogos personales. Los consejos del maestro son órdenes, así que yo no he hablado hoy de la pintada que han hecho por segunda vez en nuestra valla nueva. He hablado de otra pintada, eso sí.
Pero en el blogg, ni Johnson ni nadie han dicho que uno no pueda jurar en arameo por una cuestión personal. La historia: un cabrón viene y pinta (con un spray que chorrea, además) unas estúpidas letras en nuestra valla: TK. Yo llamo a unos pintores, con lo que a mí me cuesta buscar un número, descolgar el teléfono, explicarme, quedar una tarde, asistir a toda la operación con cara de interés y pagarla minuciosamente, dando las gracias. Bueno, pues ya hecho todo eso, anteayer, apareció de nuevo el puñetero TK, con tinta morada esta vez, pero igual de chorreante. Al cabreo sordo se une la humillación moral de comprobar que mi TK me afecta mucho más que los TKs que el tipo ha ido sembrando por mi pueblo. En las paredes de los demás duelen menos, ay.
Me cargo de razón y le digo a Leonor: "No sé, si al menos hubiese defendido alguna idea política, la cosa tendría otra nobleza". "Imagina, responde ella, que nos planta un "Viva Zapatero" en la puerta". "Uff, quita, quita, pues una idea filosófica, como la pintada de mi IES". "Ten cuidado, que podría ser un Carpe diem! de ésos"...
Me callo, no vaya a acabar cogiéndole cariño al TK de la valla.
Pero en el blogg, ni Johnson ni nadie han dicho que uno no pueda jurar en arameo por una cuestión personal. La historia: un cabrón viene y pinta (con un spray que chorrea, además) unas estúpidas letras en nuestra valla: TK. Yo llamo a unos pintores, con lo que a mí me cuesta buscar un número, descolgar el teléfono, explicarme, quedar una tarde, asistir a toda la operación con cara de interés y pagarla minuciosamente, dando las gracias. Bueno, pues ya hecho todo eso, anteayer, apareció de nuevo el puñetero TK, con tinta morada esta vez, pero igual de chorreante. Al cabreo sordo se une la humillación moral de comprobar que mi TK me afecta mucho más que los TKs que el tipo ha ido sembrando por mi pueblo. En las paredes de los demás duelen menos, ay.
Me cargo de razón y le digo a Leonor: "No sé, si al menos hubiese defendido alguna idea política, la cosa tendría otra nobleza". "Imagina, responde ella, que nos planta un "Viva Zapatero" en la puerta". "Uff, quita, quita, pues una idea filosófica, como la pintada de mi IES". "Ten cuidado, que podría ser un Carpe diem! de ésos"...
Me callo, no vaya a acabar cogiéndole cariño al TK de la valla.
martes, 13 de mayo de 2008
Que pase la bola
Andrés Trapiello avisó a Miguel d’Ors de que la Lluvia menuda de Susana Benet (precisamente en La Veleta, Comares, 2007) era un libro de haikus muy bonito. Miguel d’Ors me lo ponderó luego a mí con enorme entusiasmo. A mí entonces me entró el nervio y molesté a un amigo muy importante que tengo, pidiéndole que se pasara por la Librería Hiperión de Madrid y me lo comprase. Se pasó, distrayéndose de sus graves asuntos, pero el libro no estaba allí. Eché la Red, y aquí está, quiero decir, aquí, en mi mesa, leído y releído. Y ahora, para que no se pare la bola que alaba la excelencia, escribo mi elogio. Que alguno de vosotros lo recoja y lo pase.
Como no tengo la autoridad de los maestros, le pido al Barbero que os haga el marketing:
** Este haiku es primo hermano del de d'Ors (el primero de los recogidos aquí).
Como no tengo la autoridad de los maestros, le pido al Barbero que os haga el marketing:
Tras su cometa* Lógico, los buzones como símbolos de la nostalgia en la era e-mail.
los pies del niño apenas
rozan el suelo.
Trénzame el pelo.
Que sienta los tirones
de tu cariño.
Por las acequias
corre el agua hacia al huerto.
Detrás los niños.
Cambia de forma
la nube de mosquitos
sobre la charca.
Abro el buzón.
Cuánto vacío hay dentro
para mi mano.*
Campo regado.
Cada vez pesan más
mis zapatillas.
Buscando el mar
por el suelo un cangrejo.
Supermercado.
Tienda de especias.
Me llevo sin pagar
todo el aroma.**
Manto de púrpura.
Inclinándose el sol
sale de escena.
Aquel tallito
que sostuve en mis manos
hoy me da sombra.
** Este haiku es primo hermano del de d'Ors (el primero de los recogidos aquí).
domingo, 11 de mayo de 2008
Dice la Musa:
—Psch, psch, bien está que esperes, mano sobre mano, a que yo acuda a inspirarte. Pero ¿no estarás esperando que yo, una señorita, te haga todo el trabajo, eh? Lo mío, muchacho, es sólo el soplo, el sudor y la tinta es todo tuyo.
(Yo salgo un momento de mi actitud de respetuosa expectativa, y haciendo un esfuerzo tomo nota.)
(Yo salgo un momento de mi actitud de respetuosa expectativa, y haciendo un esfuerzo tomo nota.)
sábado, 10 de mayo de 2008
La carta de mi tío
Querido Quique:
Me parecería una desatención hacia ti no acusar recibo de la cita que de nosotros haces en tu artículo de La Gaceta, de la que nos informó tu madre ayer. Y más cuando a los dos nos ha hecho mucha gracia, y a mí, algo más. Me explico: es de agradecer que se acuerden de uno cuando se es pensionista y parece que la ventolera del tiempo o de la enfermedad te ha barrido de este mundo, y no se te considera igual que cuando desempeñabas una función. Pero basta que nos recuerdes y nos sigas tratando como siempre. Eso, más que la publicación, es lo que te agradezco, pues ya sabes de mi escaso interés en salir en los papeles, salvo que ello te sirva de inspiración.
Recibe con nuestro abrazo el cariño de siempre de tus tíos,
Me parecería una desatención hacia ti no acusar recibo de la cita que de nosotros haces en tu artículo de La Gaceta, de la que nos informó tu madre ayer. Y más cuando a los dos nos ha hecho mucha gracia, y a mí, algo más. Me explico: es de agradecer que se acuerden de uno cuando se es pensionista y parece que la ventolera del tiempo o de la enfermedad te ha barrido de este mundo, y no se te considera igual que cuando desempeñabas una función. Pero basta que nos recuerdes y nos sigas tratando como siempre. Eso, más que la publicación, es lo que te agradezco, pues ya sabes de mi escaso interés en salir en los papeles, salvo que ello te sirva de inspiración.
Recibe con nuestro abrazo el cariño de siempre de tus tíos,
viernes, 9 de mayo de 2008
Regalos
Mis tíos José María (que además era mi padrino) y Beatriz me traían siempre unos cuentos extraños, sin ilustraciones o con pocas y en blanco y negro, y encima, por lo general, bastante gordos. Por suerte, en medio de la fiesta, no podía mostrarme desilusionado más de una décima de segundo: tenía amiguitos que atender y muchísimos más paquetes que abrir. Mis tíos nunca me lo notaron.
O no les importó. Me regalaban, además de los cimientos de mi biblioteca, una futura nostalgia por mi infancia y hasta por todos aquellos otros regalos brillantes, enseguida arrumbados, pronto perdidos. Mucho después yo abriría la Segunda Antología de Juan Ramón Jiménez, El principito, desde luego, Obras escogidas de Rabindranath Tagore o Romances de Góngora con una emoción muy honda, recuperando con una sonrisa aquel instante mío tonto de decepción y extrañeza.
Mañana hace la Primera Comunión el primer hijo de un amigo. Le regalaré la Divina Comedia, nada menos. Con esta dedicatoria: “Este libro, Rafa, sólo lo leerás dentro de muchos años. Cuando lo abras, ese día, recuerda que para alcanzar el Paraíso —hoy estuviste en él— no hace falta atravesar el Infierno ni el Purgatorio”.
Confieso que estoy encantado con la idea de imitar a mis tíos. Pero no llego a su heroísmo, y sumaré a mi regalo bibliófilo una cometa acrobática muy chula. Que, al fin y al cabo, también es un regalo de muchos vuelos.
O no les importó. Me regalaban, además de los cimientos de mi biblioteca, una futura nostalgia por mi infancia y hasta por todos aquellos otros regalos brillantes, enseguida arrumbados, pronto perdidos. Mucho después yo abriría la Segunda Antología de Juan Ramón Jiménez, El principito, desde luego, Obras escogidas de Rabindranath Tagore o Romances de Góngora con una emoción muy honda, recuperando con una sonrisa aquel instante mío tonto de decepción y extrañeza.
Mañana hace la Primera Comunión el primer hijo de un amigo. Le regalaré la Divina Comedia, nada menos. Con esta dedicatoria: “Este libro, Rafa, sólo lo leerás dentro de muchos años. Cuando lo abras, ese día, recuerda que para alcanzar el Paraíso —hoy estuviste en él— no hace falta atravesar el Infierno ni el Purgatorio”.
Confieso que estoy encantado con la idea de imitar a mis tíos. Pero no llego a su heroísmo, y sumaré a mi regalo bibliófilo una cometa acrobática muy chula. Que, al fin y al cabo, también es un regalo de muchos vuelos.
jueves, 8 de mayo de 2008
Quiero decir que se murió

Ayer acabé el Borges de Bioy. No sé cuántos meses llevaba leyéndolo, un poquito cada día, antes de la siesta, con las protestas (dulces) de Leonor de fondo, pidiéndome que apagase la luz.
Los momentos finales son emocionantes. Y dan ciertas claves de lectura. El sábado 14 de junio de 1986 escribe Bioy:
Los momentos finales son emocionantes. Y dan ciertas claves de lectura. El sábado 14 de junio de 1986 escribe Bioy:
En la Confitería del Molino me encontré con mi hijo Fabián, al que regalé Un experimento con el tiempo de Dunne, comprado en el quiosco de Callao y Rivadavia (después de tanto cavilar sobre este encuentro, dar con ese libro me había parecido un buen augurio). Se lo recomendé y le dije que le iba a dar una lista de libros. Después de almorzar en La Biela, con Francis Korn, decidí ir hasta el quiosco de Ayacucho y Alvear, para ver si tenía Un experimento con el tiempo: quería un ejemplar de reserva. Un individuo joven, con cara de pájaro, que después supe que era el autor de un estudio sobre las Eddas que me mandaron hace meses, me saludó y me dijo, como excusándose: “Hoy es un día muy especial”. Cuando por segunda vez dijo esa frase le pregunté: “¿Por qué?” “Porque falleció Borges. Esta tarde murió en Ginebra”, fueron sus exactas palabras. Seguí mi camino.Tres años más tarde Adolfo Bioy habló con Bernès, que estuvo presente en la muerte de Borges. Acaba su libro con lo que le cuenta:
Pasé por el quiosco. Fui a otro de Callao y Quintana, sintiendo que eran mis primeros pasos en un mundo sin Borges. Que a pesar de verlo tan poco últimamente yo no había perdido la costumbre de pensar: “Tengo que contarle esto. Esto le va a gustar. Esto le va a parecer una estupidez”.
Bernès me refirió que Borges, unos quince días antes de morir, sintió la presencia de la muerte. Habría dicho: “Ha llegado. Está aquí”. Le pregunté si la había descrito. Bernès contestó: “Dijo que era algo externo, rígido y frío”.Con este final, uno se acuerda irremediablemente de la muerte de Alonso Quijano y entonces cae en la cuenta de que, a pesar de tanta literatura inglesa y pose cosmopolita, la verdadera tradición de este libro extraordinario no es la Vida de Samuel Johnson, o no sólo, sino la novela de Cervantes, aquella larga conversación entre dos amigos.
[…]
Una de sus últimas bromas. Bernès mencionó La moneda de oro. Borges corrigió: de hierro. Bernès se mostró disgustado por su error. Borges le dijo: “No se contraríe. Usted hizo lo que la alquimia no pudo”.
Hacia el final, Bernès le leyó “Ulrica”. Borges comentó: “Soy un escritor”. Según Bernès murió diciendo el Padre Nuestro. Lo dijo en anglosajón, en inglés antiguo, en inglés, en francés y en español.
[…]
Bernès grabó a Borges cantando La morocha y otros tangos. Dice que en esa grabación Borges ríe con la risa de siempre.
miércoles, 7 de mayo de 2008
¿No es país para viejos?
Con ese título, ni fui a ver la película ni leeré esa novela de Cormac McCarthy, a pesar de que La carretera me ha gustado bastante. Pero, ya digo, si no es para viejos para mí tampoco.
lunes, 5 de mayo de 2008
Volver a hablarlo
Comentábamos que el título del poemario de Salvago, le sonaba raro, menos correcto que “Volver a intentarlo”. Yo dije que me sonaba bien, no sé, más poético o así. O sea, que no salíamos de los sonidos. Ahora, a solas, que es como yo converso bien, he caído en cuál es el acierto de Javier Salvago. Según donde se ponga el “lo” se subraya un verbo u otro. Si en “intentarlo” se le da a la frase la fuerza del que recomienza, un ahínco de firme voluntad: “¡Volver a intentarlo!”. No me extraña que mi amigo, siendo cómo es, prefiriese esa opción. En cambio, cuando se dice “Volverlo a intentar”, el acento recae sobre el recomienzo, sobre la rutina de la vuelta a empezar, y lo del intento queda mucho más difuminado, sin grandes esperanzas. Hoy, que es lunes, resulta más fácil de apreciar el matiz que en mitad del extraordinario puente de mayo. Volverlo a intentar (Sevilla, Renacimiento, 1989) es apropiado para el que titularía su obra completa Variaciones y reincidencias (Sevilla, Renacimiento, 1997), reincidiendo, por cierto, en otro de sus títulos (Madrid, Visor Libros, 1985, Visor de poesía). En aciertos expresivos como éste, pequeño, apenas el golpe de una sílaba, pero muy significativo y coherente con toda una cosmovisión, se descubre al poeta.
domingo, 4 de mayo de 2008
Extrañas legitimidades
En nuestro panorama actual hay asuntos más urgentes, por supuesto, pero no tan sintomáticos. ¿Se han fijado ustedes en la curiosa fuente de legitimación de muchos escritores y periodistas de derechas en España? ¡Cómo presumen, pletóricos, incluso los más acérrimos defensores del liberalismo, de una juventud maoísta, trotskista o directamente estalinista! En vez entonar un lógico mea culpa, nada les enorgullece tanto. Y el público en general les ríe la gracia y aplaude a rabiar toda genealogía ideológica extraviada. Lejos de mí, devoto de María Magdalena y de Agustín de Hipona, rechazar a nadie nunca jamás por su pasado y todavía menos negar el pathos de cualquier conversión. Pero no me parece un mérito intelectual strictu sensu el haber estado equivocado por completo. No admiro a San Agustín por sus veleidades maniqueas ni a Santa Magdalena por las suyas —no exactamente maniqueas.
A los que no disfrutaron de aquellas rentables aventuras revolucionarias, para que las buenas gentes de derechas de toda la vida los consideren intelectuales pata negra, les queda un recurso: ganarse el aprecio de la progresía o del mercado, valga la redundancia, ya sea en forma de premios o de reseñas y artículos en El País y similares. Pero incluso así se les nota mohínos, sin energía, como —usemos sin miedo la palabra famosa— acomplejados. Se ve que echan en falta un buen chute de marxismo fetén en su currículum.
Que el mundo intelectual es naturalmente de izquierdas lo piensan muchos. Entre otros motivos más sesentayochistas, quizá haya influido en tan arraigada creencia este impecable razonamiento, no exento de caridad: los que tenemos la fe verdadera, que diría Cervantes, ya nos hemos quedado con la mejor parte, y tampoco hay que acapararlo todo. No está de más dejar a los otros el mundo intelectual, con sus evidentes ribetes de religión laica.
Razonables o no, estas creencias habría que desmontarlas si se quiere dar la necesaria batalla de las ideas. Pero aún sería más interesante desplazar de una vez la fuente del prestigio hacia la legitimidad de ejercicio. No se trata de apoyarse en los antecedentes novelescos de un autor, que no pasan de historia, ni tampoco en sus premios, que no pasan de anécdotas, sino de juzgar y apreciar, en cada caso, la realidad de lo que cuenta, la belleza de lo que escribe, la verdad que le asiste. Sólo cuando sopesamos las obras, y no los juegos de manos de las legitimaciones de origen, entramos en el mundo del arte y de las ideas.
A los que no disfrutaron de aquellas rentables aventuras revolucionarias, para que las buenas gentes de derechas de toda la vida los consideren intelectuales pata negra, les queda un recurso: ganarse el aprecio de la progresía o del mercado, valga la redundancia, ya sea en forma de premios o de reseñas y artículos en El País y similares. Pero incluso así se les nota mohínos, sin energía, como —usemos sin miedo la palabra famosa— acomplejados. Se ve que echan en falta un buen chute de marxismo fetén en su currículum.
Que el mundo intelectual es naturalmente de izquierdas lo piensan muchos. Entre otros motivos más sesentayochistas, quizá haya influido en tan arraigada creencia este impecable razonamiento, no exento de caridad: los que tenemos la fe verdadera, que diría Cervantes, ya nos hemos quedado con la mejor parte, y tampoco hay que acapararlo todo. No está de más dejar a los otros el mundo intelectual, con sus evidentes ribetes de religión laica.
Razonables o no, estas creencias habría que desmontarlas si se quiere dar la necesaria batalla de las ideas. Pero aún sería más interesante desplazar de una vez la fuente del prestigio hacia la legitimidad de ejercicio. No se trata de apoyarse en los antecedentes novelescos de un autor, que no pasan de historia, ni tampoco en sus premios, que no pasan de anécdotas, sino de juzgar y apreciar, en cada caso, la realidad de lo que cuenta, la belleza de lo que escribe, la verdad que le asiste. Sólo cuando sopesamos las obras, y no los juegos de manos de las legitimaciones de origen, entramos en el mundo del arte y de las ideas.
jueves, 1 de mayo de 2008
Una bandada de pájaros de un tiro
Cuelgo aquí un poema de Miguel d'Ors para celebrar el día del trabajo con el trabajo del prójimo, para aprovechar el ídem de habérselo picado a V., para soltarlo a volar por el ciberespacio, para que ustedes lo disfruten y también, por qué no, para gozar un poco de mi ración del placer de sentirme detestado etc.
Primero la solicitud, luego mi carta.
E., cómo va todo? Largo tiempo hace que no hablamos ni nos escribimos. Y encima, ahora, con el océano por medio, que todo lo dificulta. Bueno, te escribo para preguntarte una duda y así de paso aprovecho para saludarte y preguntarte cómo van las cosas.
La pregunta inquiere dentro de tus vastos conocimientos de la obra de Miguel d'Ors. A mí me suena, pero no estoy seguro, que Miguel tiene un poema donde hace una versión chocarrera del poema de Alberti, luego ironizado por Gil de Biedma, que pasa de "Yo nací -respetadme- con el cine", del primero, a un "yo nací (perdonadme) / en la edad de la pérgola y el tenis" (cito de memoria) del segundo, hasta un posible poema de Miguel donde este escribe "Yo nací (sujetadme)..." ¿Puede ser? ¿O me estoy confundiendo de poeta, y no es Miguel el autor del tercer poema? el problema es que el tomo que preparaste de su poesía lo tengo algo lejos, en Córdoba, a 7.000 km de distancia, y pensé que preguntártelo a ti era como consultar el libro. Si fuera de Miguel, y sabiendo que lo tienes en word, de cuando preparaste la edición, ¿te importaría copiármelo? Disculpa que te pida tantas cosas, pero es que la distancia corta los brazos.
Cuéntame cómo te van las cosas. Yo estoy fenomenal aquí en el desierto, tengo por fin tiempo de pensar, escribir y hacer.
Un fuerte abrazo,
V.
Primero la solicitud, luego mi carta.
E., cómo va todo? Largo tiempo hace que no hablamos ni nos escribimos. Y encima, ahora, con el océano por medio, que todo lo dificulta. Bueno, te escribo para preguntarte una duda y así de paso aprovecho para saludarte y preguntarte cómo van las cosas.
La pregunta inquiere dentro de tus vastos conocimientos de la obra de Miguel d'Ors. A mí me suena, pero no estoy seguro, que Miguel tiene un poema donde hace una versión chocarrera del poema de Alberti, luego ironizado por Gil de Biedma, que pasa de "Yo nací -respetadme- con el cine", del primero, a un "yo nací (perdonadme) / en la edad de la pérgola y el tenis" (cito de memoria) del segundo, hasta un posible poema de Miguel donde este escribe "Yo nací (sujetadme)..." ¿Puede ser? ¿O me estoy confundiendo de poeta, y no es Miguel el autor del tercer poema? el problema es que el tomo que preparaste de su poesía lo tengo algo lejos, en Córdoba, a 7.000 km de distancia, y pensé que preguntártelo a ti era como consultar el libro. Si fuera de Miguel, y sabiendo que lo tienes en word, de cuando preparaste la edición, ¿te importaría copiármelo? Disculpa que te pida tantas cosas, pero es que la distancia corta los brazos.
Cuéntame cómo te van las cosas. Yo estoy fenomenal aquí en el desierto, tengo por fin tiempo de pensar, escribir y hacer.
Un fuerte abrazo,
V.
-----0-----
Querido V.;
Leí tu e-mail en un viaje, sin mis bastos conocimientos d'orsianos a mano (en forma de libros) y tampoco encontré el poema que me pedías, efectivamente suyo, en la red y menos en mi memoria de forma completa. De modo que todo se quedó en la enorme ilusión de tus buenas noticias desérticas.
Volví a mis líos y otros correos sepultaron el tuyo. Ahora, de pronto, he recordado tu pedido y corro a escarbar en mi bandeja de entrada para contestarte, ay. Ahí va lo que hay.
Leí tu e-mail en un viaje, sin mis bastos conocimientos d'orsianos a mano (en forma de libros) y tampoco encontré el poema que me pedías, efectivamente suyo, en la red y menos en mi memoria de forma completa. De modo que todo se quedó en la enorme ilusión de tus buenas noticias desérticas.
Volví a mis líos y otros correos sepultaron el tuyo. Ahora, de pronto, he recordado tu pedido y corro a escarbar en mi bandeja de entrada para contestarte, ay. Ahí va lo que hay.
...............JURO QUE ERA FELIZ
Juro que era feliz. Siempre estaba lloviendo,
pero nosotros éramos Pizarro o Don Pelayo
y sobre el tiempo roto enarbolábamos
(con un gesto Cifesa)
el estandarte azul de los ensueños.
Aquel clamor de espadas, cruces, reinas
de Castilla, aviadores, luceros... (En los patios
oscuros, mientras tanto,
rumor de radios y batir de huevos).
Yo nací -sujetadme-
en la edad que os estáis imaginando y juro
que era feliz.
(No sé muy bien qué busco
escribiendo estos versos: si rescatar la luz
mágica de la infancia, o la satisfacción
de urdir un artificio de imágenes y ritmos,
o -lo que es más probable-
este placer divino de sentirse
detestado por toda la canalla).
....................................................Y un abrazo,
.....................................................................E.
miércoles, 30 de abril de 2008
Varia
1.- Demasiadas películas.- Se juntan este puente en casa diversos invitados, que en principio no se conocen de nada, unos por un lado, otra por otro. Sin embargo(demasiadas películas), me dio ayer por imaginarme: mira que si se conocen, no sé, que uno sea ex-novio de la otra, en plan Cuatro bodas y un funeral, o que en la Universidad (todos han estudiado, naturalmente, Derecho) uno se copiara de otro y suspendieran ambos, o que, o que... Llamé inmediatamente por teléfono al más íntimo, y, uf, qué alivio, no se conocen de nada nunca. ¡Qué alivio y qué entretenidos vamos a estar con las presentaciones!
2.- ... de una misma opinión.- Preparando el fin de semana, llamé por primera vez en mi vida a reservar mesa al restaurante Antonio y enseguida, antes de que dijera el nombre, me espeta el camarero: "Creo que su esposa ha reservado hace media hora". Yo: "No puede ser". Él: "¿Leonor B.?" Yo: "Anda. Pues sí que es mi mujer. ¿Cómo lo ha adivinado?" Él: "Habéis reservado la mesa exactamente del mismo modo".
3.- Un poco de color local.- Podría decir que, puesto que escribo en la prensa regional, un tono local y no más es lo que he intentado en mi artículo, arsa y olé, de hoy.
4- Pero mentiría. Tenía interés en colar de rondón una defensa de mi propia y universitaria weird mixture of faith and frivolity. Así describía el padre de Evelyn Waugh aquel verano en el que su hijo no hizo más que serving at the altar & going to picnics. Salvando las distancias, me parece una mezcla estupenda para un futuro escritor.
5- Y encima callaría algo. Tenía escrito otro artículo más serio, pero el repugnante caso de Austria lo hacía trivial. Y del asunto en sí no podía escribir: ante tamaña manifestación del mal no tengo nada que proponer que no sea una atónita mezcla de indignación e insultos. Así que decidí huir a las antípodas, esto es, irme a la feria, donde los equipos de música a toda pastilla y la alegría de los buenos amigos y el vino de Jerez ahogarían un poco la angustia y el vértigo.
2.- ... de una misma opinión.- Preparando el fin de semana, llamé por primera vez en mi vida a reservar mesa al restaurante Antonio y enseguida, antes de que dijera el nombre, me espeta el camarero: "Creo que su esposa ha reservado hace media hora". Yo: "No puede ser". Él: "¿Leonor B.?" Yo: "Anda. Pues sí que es mi mujer. ¿Cómo lo ha adivinado?" Él: "Habéis reservado la mesa exactamente del mismo modo".
3.- Un poco de color local.- Podría decir que, puesto que escribo en la prensa regional, un tono local y no más es lo que he intentado en mi artículo, arsa y olé, de hoy.
4- Pero mentiría. Tenía interés en colar de rondón una defensa de mi propia y universitaria weird mixture of faith and frivolity. Así describía el padre de Evelyn Waugh aquel verano en el que su hijo no hizo más que serving at the altar & going to picnics. Salvando las distancias, me parece una mezcla estupenda para un futuro escritor.
5- Y encima callaría algo. Tenía escrito otro artículo más serio, pero el repugnante caso de Austria lo hacía trivial. Y del asunto en sí no podía escribir: ante tamaña manifestación del mal no tengo nada que proponer que no sea una atónita mezcla de indignación e insultos. Así que decidí huir a las antípodas, esto es, irme a la feria, donde los equipos de música a toda pastilla y la alegría de los buenos amigos y el vino de Jerez ahogarían un poco la angustia y el vértigo.
martes, 29 de abril de 2008
Presbicia
El último libro de Luis García Montero, Vista cansada (Visor, 2008) tiene un poema, "Nube negra", que quiso ser canción de Sabina:
A pesar de su empeño, tampoco me entusiasma Luis García Montero como poeta amoroso por lo que tiene de convencionalismo burgués. Sus poemas de amor resultan demasiado satisfechos de sí mismos, demasiado orondos [“y que seas tú quien decida / lo que voy a ponerme” —p. 125—, “Y que nadie me pida explicaciones. / Razón de amor. Quien lo probó lo sabe” —p. 130—, etc.]. Quizá él no se dé cuenta de que hay que darle más mordiente a la cosa porque ya se considere rompedor per se: por su segundo matrimonio y la ruptura al fondo. Y, ojo, ojo, que no lo digo yo, que a mí plim, sino él mismo, desde Completamente viernes:
Vista cansada, con todo, tiene aciertos. Yo no debo de saber nada de amor, pero también estoy empeñado en el arte de ser justo, así que me hace muy feliz aplaudírselos. Faltaría más.
El título me parece extraordinario, un símbolo perfecto, lo mejor, y no insisto porque se lo homenajeé sin querer, sin darme cuenta, al usarlo en un artículo mío hace unos meses.
Descubrí luego dos versos muy jugosos en la página 63:
Cuando busco el verano en un sueño vacío,Otro poema, "No se viajar sin ti" aspira a tener un toque d’Ors (véase "Media vida"):
cuando te quema el frío si me coges la mano,
cuando la luz cansada tiene sombras de ayer,
cuando el amanecer es otra noche helada,
[…]
sólo puedo pedirte que me esperes
al otro lado de la nube negra,
allí donde no quedan mercaderes
que venden soledades de ginebra
al otro lado de los apagones
al otro lado de la luna en quiebra,
[etc.]
A media noche estaba a medio serPero hay que reconocer que en general los poemas procuran ser de Luis García Montero.
en medio de la nada.
No sé viajar sin ti,
ni contarte las cosas por teléfono.
Y a mí me entran las dudas —a lo mejor por eso se titula así. Un perdido es exactamente el que no sabe dónde está. ¿No querría haber dicho quizá el insigne poeta: “Me parece más triste / no saber lo que soy”? Vamos, digo yo…..........DUDAS
Vas a ser un perdido.
No me importa.
Me parece más triste
no saber dónde estoy.
A pesar de su empeño, tampoco me entusiasma Luis García Montero como poeta amoroso por lo que tiene de convencionalismo burgués. Sus poemas de amor resultan demasiado satisfechos de sí mismos, demasiado orondos [“y que seas tú quien decida / lo que voy a ponerme” —p. 125—, “Y que nadie me pida explicaciones. / Razón de amor. Quien lo probó lo sabe” —p. 130—, etc.]. Quizá él no se dé cuenta de que hay que darle más mordiente a la cosa porque ya se considere rompedor per se: por su segundo matrimonio y la ruptura al fondo. Y, ojo, ojo, que no lo digo yo, que a mí plim, sino él mismo, desde Completamente viernes:
Nada sabe de amor quien no ha perdido
por amor una casa, una hija tal vez
y más de medio sueldo,
empeñado en el arte de ser feliz y justo,
al otro lado de tu voz,
al sur de las fronteras telefónicas.
Vista cansada, con todo, tiene aciertos. Yo no debo de saber nada de amor, pero también estoy empeñado en el arte de ser justo, así que me hace muy feliz aplaudírselos. Faltaría más.
El título me parece extraordinario, un símbolo perfecto, lo mejor, y no insisto porque se lo homenajeé sin querer, sin darme cuenta, al usarlo en un artículo mío hace unos meses.
Descubrí luego dos versos muy jugosos en la página 63:
Juan Carlos, el teórico, descubría dos versosY finalmente tiene un poema completo muy chulo, que me emocionó, entre otras cosas, porque lo leí con el telón de fondo de Los bárbaros de Baricco. Con cualquier telón de fondo, creo yo que funcionará bien:
en los malos poemas y en las buenas canciones.
..........RESUMEN DE LOS HECHOS
He hablado con la muerte por teléfono
y he recibido e-mails de amor que se borraron
sin dejar una lágrima de papel amarillo.
Nadie olvide los tiempos, pero nadie se engañe:
al final sólo importan el amor y la muerte.
lunes, 28 de abril de 2008
No me cuentes penas
Ayer, mientras picaba la antigua reseña pictórica que tenía a mi abuela como protagonista involuntaria [y, por lo visto setenta y tres años después, secretamente halagada], mientras la picaba, digo, me picaba la envidia. O tempora, o mores, cuando se podían escribir críticas mordaces con toda naturalidad en la primera página de un periódico, y no estos tiempos rosáceos, en que un reparo de más, tralará, te cuesta el puesto de crítico, o eso parece. Leyendo Vista cansada, que tiene una buena, mala, quiero decir, reseña, lloraban mis ojos cansados. Y entonces se me apareció mi conciencia en forma virtual —y virtuosa siempre— a cantarme, ahora que hay feria en El Puerto, esta severa sevillana: "No me cuentes penas, / cuéntame alegrías, / que yo a nadie le cuento / las penitas mías". Porque, a qué viene quejarme, me amonestaba, si las reseñas que quiera las puedo publicar en esta tormentosa bitácora, sin más dibujos. “Claro que pierdo los 50 € que ganaba y los libros que me enviaban las editoriales”, apostillé yo a la cantarina conciencia. Y ella, dándome media verónica, embestía: “Esos 50 €, ¿no te los gastabas tú en una cena? Pues recuerda que estás a régimen, muchacho, y agradece su pérdida, que buena falta te hace”.
domingo, 27 de abril de 2008
Una crítica de arte
VARELA.- PAISAJES Y RETRATOS
El asesinato de Marita Llopis
"El Día", Alicante, 8 de junio de 1935
Varela—paisaje amarillo y azul: peña pelada del Benacantil y mar rizado: luminosidad; luz tamizada por verde de almendros y parrales—, Varela: concreción en el lienzo del alma del paisaje alicantino, ha expuesto en el Ateneo una colección de cuadros: retratos y paisajes: dominan aquellos por su tamaño, estropean la exposición por su carencia de alma, de vida…
En los paisajes de Varela, a través del color, de la tela, vibra algo —alma decimos nosotros los que creemos que las cosas tienen alma—; en los retratos que pinta Varela, en lo que copia que tiene un alma percibible a todos, lo que vibra, lo que conocemos con movimiento propio, la figura está muerta: no es extatismo; es frialdad de carencia de vida interior; es falta de… alma; es muerte.
Todos sabemos que Varela no sabe pintar retratos: cuantas veces lo ha intentado, le ha seguido a su obra el fracaso. Pero en las otras exposiciones, el retrato fue algo así como un intento —desde luego, frustrado—. Ahora predomina el retrato, si no por la cantidad, por el tamaño y por la carencia de arte.
Es esta la peor de las exposiciones de Varela: sus paisajes no superan a los que ya conocemos: son unos un remedo de sus magníficas audacias impresionistas. otros casi una caricatura de sus magníficos juegos de luz.
Los retratos ¡impresionistas? No. Desacierto. No llamemos con nombre impropio alguno lo que es carencia de facultades en el autor: los retratos, un desacierto; ni siquiera el de Carmencita Raggio se salva. Infiltrar, marcar el carácter, la personalidad del autor, no consiste en deformar, en falsificar el alma de la persona retratada, en matar lo que es vida en aquello que se retrata, y eso es lo que Varela hace con sus retratados: los mata, mejor los… asesina.
Pero el asesinato con todas sus agravantes se muestra en una tela que en el catálogo se dice es el “Retrato de Marita Llopis”.
Marita Llopis es una chiquilla guapa: carita de gloria —diríamos en verso—, de talle flexible, de andares de reina española: Marita Llopis, sonrisa, melodía, luminosidad levantina, es algo que nos hace sonreír también: a su paso sentimos como una caricia de felicidad, un aura leve, perfumada que besa y refresca nuestras mentes sudorosas.
Y en el retrato ¡impresionista? nos presenta una mujer, carita de tonta —la tonta de cualquier pueblo—, en una postura forzada —Marita Llopis es toda naturalidad, elegancia—, en una actitud de misticismo idiota.
En el retrato no hay más que un pequeño detalle —¡tan pequeño y tan lejano!— del mohín característico de Marita, de su manera de colocar los labios.
Nosotros hemos observado a Marita Llopis en las horas de paseo, bajo las palmas de la Explanada; en las horas del trajinar en el hogar, en los momentos en que, religiosa, creyente como buena española, doblaba sus rodillas ante el altar; siempre, siempre resplandecía en su rostro una luz —sonrisa— de dicha, de alegría, tenue, fina, aristocrática, propia de su temperamento selecto: nunca, nunca la hemos visto como nos la “impresiona” el cuadro de Varela.
Varela no ha comprendido el alma de Marita Llopis; Varela, temperamento materialista, no puede comprenderla, y artísticamente, la ha asesinado.
Tengo un amigo íntimo, inseparable, que es poeta; está escribiendo desde que ha visto el cuadro a que nos referimos un romance que se titula “El horroroso crimen del pintor Varela”.
¡Pobre Marita Llopis: lo que han hecho con su carita bonita, con su cuerpo juncal y su sonrisa tan bella!
-----------------------------------------Rogelio López
---0---
Marita Llopis era mi abuela. Alguna vez nos contó la historia del retrato y la reseña, y todavía sentía mucho la que le dieron al buen pintor Varela a cuenta suya. Todo aquello le pareció horrible, sí, sí, pero ahora, entre sus papeles, ha aparecido, muy bien doblado, “El Día” del 8 de junio de 1935.
sábado, 26 de abril de 2008
Príncipe y mendigo
Cortos y perezosos, fuimos a entregar un paquete a una gran señora. El portón de la casa impresionaba, pesaba como una lápida. Al fondo de los altos pasillos, en una sala en penumbra, nos atendió, contenta de recibir un regalo de su vieja (con perdón) amiga, la abuela de mi mujer. Teníamos otras cosas que hacer y empezamos a despedirnos, pero ella dijo: “Quedaos un ratito… Tomad algo”. Nos excusamos, insistió, y fue entonces cuando me di cuenta de que nos lo estaba rogando, literalmente, con un punto de angustia. Nos lo rogaba, recuerden, la gran señora, a nosotros, humilde matrimonio de clase media.
El tono que percibí en su voz se me quedó dentro; y me pasé toda la tarde descubriendo que, donde menos se espera, salta una súplica. Cuando aparqué, el guardacoches me exigió la voluntad con ese tono amenazante, a medias displicente, con que disimulan (muy bien) su desamparo. Comentaba José María Pemán que, antes que estas exigencias laicas, de tan torvas miradas, él prefería que la limosna se la pidieran por caridad y la agradeciesen con un “Dios se lo pague”. Por eso, cuando luego, a la puerta de una iglesia, vi a una mendiga clásica, que no levantaba los ojos del suelo, le di enseguida el doble que al aparcacoches.
No sólo ni sobre todo es dinero lo que la gente pide sin pausa. Hay quien necesita, tras una ventanilla, un “por favor”, o una sonrisa amable a pesar del trato. Otros, un efervescente saludo desde la acera de enfrente. En casos especiales, conviene cruzar la calle y tomarse, incluso, un café. Uno pierde mucho tiempo; y los nervios, con tanta cafeína, se te ponen a flor de piel, pero resulta asombroso cuánto lo agradecen. Mi sensación esa tarde era la de caminar por mi pueblo como un príncipe oriental, arrojando monedas, saludos, bendiciones...
La sensación resultaba tan deslumbrante que ni tan siquiera me la oscureció la certeza de que uno era el primer mendigo: el que necesitaba que los demás necesitasen de su cariño, el que recibía más al dar limosna, el mayor beneficiario de sus minúsculas caridades. De hecho, esta certeza paradójica me hacía sentirme aún mejor: yo era un príncipe, sí, y en la mejor sociedad, entre otros príncipes. Y era, a la vez, un mendigo, sí, también, pero con qué benefactores espléndidos. Dios se lo pague.
El tono que percibí en su voz se me quedó dentro; y me pasé toda la tarde descubriendo que, donde menos se espera, salta una súplica. Cuando aparqué, el guardacoches me exigió la voluntad con ese tono amenazante, a medias displicente, con que disimulan (muy bien) su desamparo. Comentaba José María Pemán que, antes que estas exigencias laicas, de tan torvas miradas, él prefería que la limosna se la pidieran por caridad y la agradeciesen con un “Dios se lo pague”. Por eso, cuando luego, a la puerta de una iglesia, vi a una mendiga clásica, que no levantaba los ojos del suelo, le di enseguida el doble que al aparcacoches.
No sólo ni sobre todo es dinero lo que la gente pide sin pausa. Hay quien necesita, tras una ventanilla, un “por favor”, o una sonrisa amable a pesar del trato. Otros, un efervescente saludo desde la acera de enfrente. En casos especiales, conviene cruzar la calle y tomarse, incluso, un café. Uno pierde mucho tiempo; y los nervios, con tanta cafeína, se te ponen a flor de piel, pero resulta asombroso cuánto lo agradecen. Mi sensación esa tarde era la de caminar por mi pueblo como un príncipe oriental, arrojando monedas, saludos, bendiciones...
La sensación resultaba tan deslumbrante que ni tan siquiera me la oscureció la certeza de que uno era el primer mendigo: el que necesitaba que los demás necesitasen de su cariño, el que recibía más al dar limosna, el mayor beneficiario de sus minúsculas caridades. De hecho, esta certeza paradójica me hacía sentirme aún mejor: yo era un príncipe, sí, y en la mejor sociedad, entre otros príncipes. Y era, a la vez, un mendigo, sí, también, pero con qué benefactores espléndidos. Dios se lo pague.
viernes, 25 de abril de 2008
Una de Camba
Contaba Camba que él confeccionaba sus artículos con gran felicidad: estaba seguro de que nadie los leía. Pero en una ocasión recibió una carta de un señor de Lugo [¿o era de Vigo?] que se confesaba lector suyo. Aquello conmocionó a Camba y a punto estuvo de arruinar su carrera, de estragar sus nervios. Ya no podía escribir nada —ni una línea— sin pensar en su señor de Lugo. Se preguntaba: "¿Le gustará esto? ¿Estaré a su altura? ¿Qué pensará mi señor de Lugo de este retruécano?"
No contó en cambio Camba cómo consiguió superar el trauma. Si murió su señor de Lugo o dejó de leerle o si él, Julio Camba, nunca se recuperó del todo. Y como no puedo preguntárselo, os rogaría a vosotros, sigilosos visitantes de este blogg, un poco de secretismo. Ahora no logro escribir sin pensar en X, cuyos poemas resisten incluso sus desgarradas lecturas, y brillan en la noche; sin hacerlo en Z, exactísimo catedrático experto en el uso, ay, ay, ay, del español; sin hacerlo en Y, tridoctor, filósofo, filólogo, filántropo. Y pienso, sobre todo, en vosotros, los que quizá aún estéis agazapados tras cualquier esquina, en la barra de un bar, bajo el árbol de un campus, o al otro lado del teléfono móvil, esperando la ocasión propicia para saltar sobre mis desprevenidas inseguridades y asestarme el golpe fatal: “A propósito, visito tu blogg de vez en cuando”.
No contó en cambio Camba cómo consiguió superar el trauma. Si murió su señor de Lugo o dejó de leerle o si él, Julio Camba, nunca se recuperó del todo. Y como no puedo preguntárselo, os rogaría a vosotros, sigilosos visitantes de este blogg, un poco de secretismo. Ahora no logro escribir sin pensar en X, cuyos poemas resisten incluso sus desgarradas lecturas, y brillan en la noche; sin hacerlo en Z, exactísimo catedrático experto en el uso, ay, ay, ay, del español; sin hacerlo en Y, tridoctor, filósofo, filólogo, filántropo. Y pienso, sobre todo, en vosotros, los que quizá aún estéis agazapados tras cualquier esquina, en la barra de un bar, bajo el árbol de un campus, o al otro lado del teléfono móvil, esperando la ocasión propicia para saltar sobre mis desprevenidas inseguridades y asestarme el golpe fatal: “A propósito, visito tu blogg de vez en cuando”.
jueves, 24 de abril de 2008
El astuto Juaristi
Estaba Jon Juaristi en una cálida sobremesa jerezana animándonos a que leyésemos Los bárbaros de Alessandro Baricco. Nos hizo un tráiler publicitario. A partir de asuntos muy periféricos, como el fútbol o el vino, Baricco diagnostica la profunda mutación social en curso, que consiste en la pérdida del alma. Nos contaba Juaristi, que el italiano defiende, por ejemplo, que el vino, antes, era un producto exclusivo que sólo existía en las tres grandes culturas vitivinícolas: Francia, Italia y España. De pronto se ha extendido a escala planetaria por unas causas y con unas consecuencias muy concretas y exportables.
Me compré el libro, faltaría más. Y cuál no sería mi sorpresa cuando descubro que para Baricco las culturas del vino son únicamente dos: Francia e Italia. Como a esa altura el libro me tenía enganchado, no lo tiré a la papelera.
¡Qué astuto, Juaristi! Estoy seguro de que cayó en eso y calló. Es imposible que él no notara la profunda injusticia con España, y sólo me pregunto si la retocó por motivos de marketing o como quien corrige una errata. ¿Sabía el sabio que si me cuenta que no se cuenta a España como gran cultura del vino, se compra el libro la madre de Alessandro? ¿O simplemente le pareció un error pueril que podía corregir sobre la marcha, sin darle más importancia, como quien mete una hojita que pone “fe de erratas”? Yo creo que es lo primero, je, je, qué pillín, Juaristi.
También es pillín Baricco, por cierto. No nombra a Dios ni una sola vez, pero deja claro que el alma que se está perdiendo [con lo grandielocuente que suena eso] no es la de Homero -casi inexistente, dice- ni tampoco -atención- el alma tal y como la entendía Dante. Es sólo el alma romántica, el alma prometeica de la modernidad. Y así, sí, vale: uno mira la mutación con otros ojos, por supuesto.
Me compré el libro, faltaría más. Y cuál no sería mi sorpresa cuando descubro que para Baricco las culturas del vino son únicamente dos: Francia e Italia. Como a esa altura el libro me tenía enganchado, no lo tiré a la papelera.
¡Qué astuto, Juaristi! Estoy seguro de que cayó en eso y calló. Es imposible que él no notara la profunda injusticia con España, y sólo me pregunto si la retocó por motivos de marketing o como quien corrige una errata. ¿Sabía el sabio que si me cuenta que no se cuenta a España como gran cultura del vino, se compra el libro la madre de Alessandro? ¿O simplemente le pareció un error pueril que podía corregir sobre la marcha, sin darle más importancia, como quien mete una hojita que pone “fe de erratas”? Yo creo que es lo primero, je, je, qué pillín, Juaristi.
También es pillín Baricco, por cierto. No nombra a Dios ni una sola vez, pero deja claro que el alma que se está perdiendo [con lo grandielocuente que suena eso] no es la de Homero -casi inexistente, dice- ni tampoco -atención- el alma tal y como la entendía Dante. Es sólo el alma romántica, el alma prometeica de la modernidad. Y así, sí, vale: uno mira la mutación con otros ojos, por supuesto.
miércoles, 23 de abril de 2008
Abril, el mes más cruel
Como una vez al año no hace daño, se lo toman con un entusiasmo tremendo. En el Día del Libro no les caben a los políticos ni a los funcionarios todas las actividades programadas. Las celebraciones, por tanto, rebosan e inundan el mes de abril de presentaciones, ferias, recitales, conferencias, homenajes, mesas redondas, talleres de animación a la lectura, visitas a colegios y a institutos y hasta pasacalles. A los aficionados tanta literatura no nos deja leer.
La fascinación por las efemérides suele ser fastidiosa, pero hay que reconocer que esta vez la fecha lo merece. Qué milagro que murieran en 23 de abril Cervantes y Shakespeare, nada menos. Falta Dante para completar el trío de ases; o Bashō para lograr una escalera de color. Lo curioso de Cervantes y Shakespeare es que ninguno de los dos fue un fundamentalista de la literatura. Por culpa de un atracón de libros de caballerías se volvió loco don Quijote. Cuando a Hamlet le preguntaron qué leía, soltó un desdeñoso: “—Words, words, words”. Para colmo, Shakespeare dejó, de pronto, de escribir y se retiró del mundanal ruido.
A Santa Teresa de Jesús le prohibieron los libros en romance, y se ponía mala la pobre de pensar que, como ignoraba el latín, no iba a tener qué llevarse a los ojos. Entonces una moción divina le indicó que no pasase pena, que Jesús le daría un libro vivo, que era Él. La santa quedó encantada, como es natural. De esta historia aprendemos que las letras no son todo, que la vida va antes. Blas de Otero lo avisó en vigorosos versos: “Digo vivir, vivir como si nada/ hubiese de quedar de cuanto escribo.// Porque escribir es viento fugitivo,/ y publicar columna arrinconada”. Y Chesterton lo esculpió en un aforismo redondo: “Un hombre puede convencerse de su filosofía, mejor que con cuatro libros, con un libro, una batalla, un viejo amigo y un paisaje”.
Qué paradoja. Los grandes escritores no han caído de hinojos en esa idolatría del libro que, por estas fechas, embarga a quienes no leen o sólo leen best-sellers. El escritor ruso Florensky, ordenaba a su hija Olia: “Lee lo menos posible”. Olia no le hacía el menor caso, como se comprueba en la vibrante correspondencia que intercambiaron. La chica devoraba páginas sin pausa.
Ojalá un día yo, en vez ir de la ceca a la meca haciendo inútiles llamadas a la lectura primaveral, pudiese gritar, como Florensky, en los institutos: “¡Muchachos, leed lo menos posible!” Lo gritaría muy en serio, si supiese que no me iban a hacer caso. La vida es mucho más importante y maravillosa que los libros, efectivamente, pero eso se aprende como en ningún otro sitio en los libros.
La fascinación por las efemérides suele ser fastidiosa, pero hay que reconocer que esta vez la fecha lo merece. Qué milagro que murieran en 23 de abril Cervantes y Shakespeare, nada menos. Falta Dante para completar el trío de ases; o Bashō para lograr una escalera de color. Lo curioso de Cervantes y Shakespeare es que ninguno de los dos fue un fundamentalista de la literatura. Por culpa de un atracón de libros de caballerías se volvió loco don Quijote. Cuando a Hamlet le preguntaron qué leía, soltó un desdeñoso: “—Words, words, words”. Para colmo, Shakespeare dejó, de pronto, de escribir y se retiró del mundanal ruido.
A Santa Teresa de Jesús le prohibieron los libros en romance, y se ponía mala la pobre de pensar que, como ignoraba el latín, no iba a tener qué llevarse a los ojos. Entonces una moción divina le indicó que no pasase pena, que Jesús le daría un libro vivo, que era Él. La santa quedó encantada, como es natural. De esta historia aprendemos que las letras no son todo, que la vida va antes. Blas de Otero lo avisó en vigorosos versos: “Digo vivir, vivir como si nada/ hubiese de quedar de cuanto escribo.// Porque escribir es viento fugitivo,/ y publicar columna arrinconada”. Y Chesterton lo esculpió en un aforismo redondo: “Un hombre puede convencerse de su filosofía, mejor que con cuatro libros, con un libro, una batalla, un viejo amigo y un paisaje”.
Qué paradoja. Los grandes escritores no han caído de hinojos en esa idolatría del libro que, por estas fechas, embarga a quienes no leen o sólo leen best-sellers. El escritor ruso Florensky, ordenaba a su hija Olia: “Lee lo menos posible”. Olia no le hacía el menor caso, como se comprueba en la vibrante correspondencia que intercambiaron. La chica devoraba páginas sin pausa.
Ojalá un día yo, en vez ir de la ceca a la meca haciendo inútiles llamadas a la lectura primaveral, pudiese gritar, como Florensky, en los institutos: “¡Muchachos, leed lo menos posible!” Lo gritaría muy en serio, si supiese que no me iban a hacer caso. La vida es mucho más importante y maravillosa que los libros, efectivamente, pero eso se aprende como en ningún otro sitio en los libros.
[Hoy sin trampolínk porque una errata con el pobre ¿Bash?]
lunes, 21 de abril de 2008
Flashes
Tenía un gran interés por observar los ojos de Arcadi Espada, insuperablemente dotados para el pleonasmo: ven lo visible como ninguno (y no ven lo invisible como ninguno).
*
En la emoción del encuentro recordé a Antonio Machado: "El ojo que ves no es / ojo porque tú lo veas; / es ojo porque te ve."
Y me entró la inquietud.
*
De Espada me sorprendió el romanticismo que esconde bajo capa. Romanticismo de último mohicano: "La mía será la última luz que se apague de los lectores de periódicos". "Sólo quedan diez que nos tomemos en serio los periódicos..., Santiago González y yo”.
*
Tenía que haberlo sospechado, porque qué románticas estas dos frases de Contra Catalunya: “Uno está con los que pierden y ahí no puede suceder nada malo. Si a uno le abandona la razón objetiva, siempre le quedará la razón moral”.
*
A la mañana siguiente, la lectura de Inmaculada Moreno en mi IES. Los alumnos se volvían, desvalidos y vulnerables, a preguntarme: "¿Qué significa 'desvalidos'?, ¿Y 'vulnerables'?, ¿Y...?, ¿Y...?" Una barrera semántica, que se dice, o muralla china. En principio, no había nada que hacer, pero qué callados y atentos estuvieron. Era el efecto amansador del ritmo, que Inma maneja como nadie.
*
Por la tarde, leían en Jerez Amalia Bautista, Javier Salvago y Jon Juaristi. Como no hay tres sin cuatro, José Mateos presentaba.
*
La explicación del misterio de Javier Salvago —extraordinario poeta que pasa desapercibido en demasiados recuentos— se desveló un poco en su lectura. Lectura tan desengañada como desmañada, sin la más mínima (y quizá necesaria) autocomplacencia. Él no es, desde luego, su mejor agente literario. Quien estaba a mi lado exclamó: "Esto es caviar comido a puñados".
*
El secreto de Juaristi: un humor desmadrado que, oh paradoja, no se desmadra casi nunca. Siempre está al servicio de un anhelo de civilización.
*
Tras recordarnos que Auden pedía que todo poeta hiciera explícita su idea de Paraíso, Juaristi nos recitó su locus amoenus particular. Terminaba: "Vivir quiero conmigo / y con mi colección de armas de fuego".
*
Amalia Bautista recogió el guante paradisíaco, y recitó el poema “Luz del mediodía”. Auden estaría contento con ella, pues ha titulado Luz del mediodía, (Universidad de las Américas Puebla, 2007) su última antología, o sea, el título es su imagen del Paraíso.
*
Mi imagen del Paraíso en la poesía de Amalia Bautista es "Jardín de Puerta Oscura". Empieza: “Los milagros existen. Esta tarde,”… No se puede pedir más a un comienzo. Y acaba: “y en el murmullo de la fuente escucho / tu corazón, igual que cuando apoyo / la cabeza en tu pecho”. No se puede pedir más a un final.
*
Luego me monté en la moto, para seguir tumbándome en las curvas.
*
En la emoción del encuentro recordé a Antonio Machado: "El ojo que ves no es / ojo porque tú lo veas; / es ojo porque te ve."
Y me entró la inquietud.
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De Espada me sorprendió el romanticismo que esconde bajo capa. Romanticismo de último mohicano: "La mía será la última luz que se apague de los lectores de periódicos". "Sólo quedan diez que nos tomemos en serio los periódicos..., Santiago González y yo”.
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Tenía que haberlo sospechado, porque qué románticas estas dos frases de Contra Catalunya: “Uno está con los que pierden y ahí no puede suceder nada malo. Si a uno le abandona la razón objetiva, siempre le quedará la razón moral”.
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A la mañana siguiente, la lectura de Inmaculada Moreno en mi IES. Los alumnos se volvían, desvalidos y vulnerables, a preguntarme: "¿Qué significa 'desvalidos'?, ¿Y 'vulnerables'?, ¿Y...?, ¿Y...?" Una barrera semántica, que se dice, o muralla china. En principio, no había nada que hacer, pero qué callados y atentos estuvieron. Era el efecto amansador del ritmo, que Inma maneja como nadie.
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Por la tarde, leían en Jerez Amalia Bautista, Javier Salvago y Jon Juaristi. Como no hay tres sin cuatro, José Mateos presentaba.
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La explicación del misterio de Javier Salvago —extraordinario poeta que pasa desapercibido en demasiados recuentos— se desveló un poco en su lectura. Lectura tan desengañada como desmañada, sin la más mínima (y quizá necesaria) autocomplacencia. Él no es, desde luego, su mejor agente literario. Quien estaba a mi lado exclamó: "Esto es caviar comido a puñados".
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El secreto de Juaristi: un humor desmadrado que, oh paradoja, no se desmadra casi nunca. Siempre está al servicio de un anhelo de civilización.
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Tras recordarnos que Auden pedía que todo poeta hiciera explícita su idea de Paraíso, Juaristi nos recitó su locus amoenus particular. Terminaba: "Vivir quiero conmigo / y con mi colección de armas de fuego".
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Amalia Bautista recogió el guante paradisíaco, y recitó el poema “Luz del mediodía”. Auden estaría contento con ella, pues ha titulado Luz del mediodía, (Universidad de las Américas Puebla, 2007) su última antología, o sea, el título es su imagen del Paraíso.
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Mi imagen del Paraíso en la poesía de Amalia Bautista es "Jardín de Puerta Oscura". Empieza: “Los milagros existen. Esta tarde,”… No se puede pedir más a un comienzo. Y acaba: “y en el murmullo de la fuente escucho / tu corazón, igual que cuando apoyo / la cabeza en tu pecho”. No se puede pedir más a un final.
*
Luego me monté en la moto, para seguir tumbándome en las curvas.
viernes, 18 de abril de 2008
Como Jesulín
Mi intención era escribiros la crónica de mi encuentro con Arcadi Espada de anoche. Sin embargo, en esta pre-semana de Día del Libro (¡y uff la que viene!) voy como Jesulín en la moto cuando quiso batir el récord de número de corridas en una temporada. En media hora, tengo que estar presentando a Inmaculada Moreno en mi IES. Aprovechando que Arcadi defendió un poco los links, ahí va éste.
jueves, 17 de abril de 2008
miércoles, 16 de abril de 2008
Me harto de balón
lunes, 14 de abril de 2008
Liado con los links
--------------------------------(Apuntes para una mesa redonda)
La cultura siempre ha sido referencia y diálogo, pero ahora los links convierten ese diálogo en un automatismo que se impone.
En las páginas de papel las intertextualidades o incluso cualquier nombre propio ("Un nombre propio es una imagen", recordaba Álvaro García) nos mandaban, bien que mentalmente, a otro texto o a una fotografía o a un recuerdo o a una biografía. El click sonaba en la memoria.
(Releo el párrafo anterior y veo que los paréntesis tienen un punto de link pre-digital, con su cita dentro.) También funcionan como links sobre el papel, fuera de la cabeza del lector, las notas a pie de página.
Lo último da pie para empezar a poner pegas, que es a lo que vine. Las notas a pie de página son casi siempre auténticas zancadillas a la lectura. La literatura debería ser algo fluido, donde palpita una temporalidad propia, una música interior que no se aviene bien con el arriba y abajo, abominables flexiones, de las notas. Del mismo modo o todavía peor, los links resultan incómodos grilletes en los tobillos: no nos dejan andar por el texto, además de privarnos del placer de la evocación y el reconocimiento.
Quizá fuese conveniente, pues, evitar los links cuando la información a la que nos remiten puede encontrarse con una sencilla búsqueda del interesado, si lo hubiera o lo estuviese. Si el escritor del blog lleva su natural bondad hasta el extremo de evitarle al lector el tenue trabajo de teclear en la barra de Google, podría hacer al menos su enlace con otro color, se me ocurre. Lo mismo cuando el enlace tiene un mero valor documental. Lo mismo el trampolínk, que es una simple señal de tráfico.
Los enlaces son capaces de cumplir, afortunadamente, funciones importantes. Primero, como susurraba anteayer, cuando son los aplausos de la blogosfera. Tienen entonces una misión de vida o muerte: marcar la excelencia. El click-click o el trash-trash del machete que abre un camino a través de la jungla. Por último, el link debe aspirar, incluso, a la entidad de recurso literario. ¿Cómo? Cuando juega con el factor sorpresa: ilumina si la página a la que te lleva revierte significación (y no sólo información) sobre la propia.
La cultura siempre ha sido referencia y diálogo, pero ahora los links convierten ese diálogo en un automatismo que se impone.
En las páginas de papel las intertextualidades o incluso cualquier nombre propio ("Un nombre propio es una imagen", recordaba Álvaro García) nos mandaban, bien que mentalmente, a otro texto o a una fotografía o a un recuerdo o a una biografía. El click sonaba en la memoria.
(Releo el párrafo anterior y veo que los paréntesis tienen un punto de link pre-digital, con su cita dentro.) También funcionan como links sobre el papel, fuera de la cabeza del lector, las notas a pie de página.
Lo último da pie para empezar a poner pegas, que es a lo que vine. Las notas a pie de página son casi siempre auténticas zancadillas a la lectura. La literatura debería ser algo fluido, donde palpita una temporalidad propia, una música interior que no se aviene bien con el arriba y abajo, abominables flexiones, de las notas. Del mismo modo o todavía peor, los links resultan incómodos grilletes en los tobillos: no nos dejan andar por el texto, además de privarnos del placer de la evocación y el reconocimiento.
Quizá fuese conveniente, pues, evitar los links cuando la información a la que nos remiten puede encontrarse con una sencilla búsqueda del interesado, si lo hubiera o lo estuviese. Si el escritor del blog lleva su natural bondad hasta el extremo de evitarle al lector el tenue trabajo de teclear en la barra de Google, podría hacer al menos su enlace con otro color, se me ocurre. Lo mismo cuando el enlace tiene un mero valor documental. Lo mismo el trampolínk, que es una simple señal de tráfico.
Los enlaces son capaces de cumplir, afortunadamente, funciones importantes. Primero, como susurraba anteayer, cuando son los aplausos de la blogosfera. Tienen entonces una misión de vida o muerte: marcar la excelencia. El click-click o el trash-trash del machete que abre un camino a través de la jungla. Por último, el link debe aspirar, incluso, a la entidad de recurso literario. ¿Cómo? Cuando juega con el factor sorpresa: ilumina si la página a la que te lleva revierte significación (y no sólo información) sobre la propia.
sábado, 12 de abril de 2008
viernes, 11 de abril de 2008
Eco de un eco de Eco
O mejor sin cabriolas: la entrada de hoy reseña la reseña del último ensayo de Eco, Umberto. El título es estupendo: Decir casi lo mismo. La traducción como experiencia. El contenido, si nos tenemos que fiar de la crítica entusiasta de Germán Gullón, no. Dice que en vez de un sólido manual de teoría para traductores, "nos hallamos con un volumen donde el oficio de traductor viene explicado a través de ejemplos prácticos". Vale. Lo que no vale son los ejemplos que el crítico pondera extasiado: qué mal que funcionan los traductores automáticos de internet y, oh, oh, traducir la expresión inglesa It rains cats and dogs como "llueve(n) gatos y perros" resulta inapropiado. La información resulta utilísima: no la de los gatos y los perros, sino la del libro. Si nadie presenta pronto pruebas en contra, yo me voy a ahorrar 25'90 € y 592 páginas de Eco. Um, suena bien.
jueves, 10 de abril de 2008
Insomnio (adenda)
Otro clásico del insomnio, junto a la hipoteca y a la contabilidad de ovejitas, es la canción de cuna, naturalmente. Y entre ellas la que en Boston, un 16 de agosto, se marcó JRJ, poeta recién casado. Léase:
.............BERCEUSESin embargo, anoche, a la altura más o menos de "¡Oh jardín estrellado!", se me cruzó como un fogonazo una seguiriya de don Francisco Molina, cantaor de Jerez. Estoy empezando a preocuparme por este amor obsesivo mío a la brevedad. Aunque sólo un poco, porque estos tres versos son enormes, no se los salta un gitano. Escuchen:
No; dormida,
no te beso.
Tú me has dado tu alma
con tus ojos abiertos
--¡oh jardín
estrellado!--
a tu cuerpo.
No, dormida no eres
tú... No, no, ¡no te beso!
-- ... Infiel te fuera a ti si te besara
a ti...
.........No, no,
no te beso...--
Desperté y te vi.
Por si estabas soñando conmigo
te dejé dormir.
miércoles, 9 de abril de 2008
lunes, 7 de abril de 2008
Belloc & Julieta
Los versos deberían tener música. Esta
vez la tienen: su música es Julieta.
Verse should be set to Music. This is set
To Music: and the Music’s Juliet.
***
¿Existieron las Musas? ¿Y las Gracias?
¿Y Afrodita? ¿Y Diana?
Ningún mortal las vio.
Hoy a Julieta he visto yo.
Are there Muses? are there Graces?
Are there immortal faces?
No man mortal saw them yet.
I today saw Juliet.
***
Visiones imborrables: vi mi pueblo a la vuelta
de un viaje por el mar, y el rostro de Julieta.
Two visions permanent: his native place
Found after days at sea, and Juliet’s face.
***
SOBRE SU RETRATO
¿No se parece a ti, verdad? Me alegro,
pues como tú no hay nada bajo el cielo.
ON HER PICTURE
It isn’t like you: So? I’m glad to say
There’s nothing like you upon earth today.
***
EL TELÉFONO
En la ciudad de tantas voces, yo
estaba solo como los astros en lo oscuro.
Sonó entonces tu voz, igual que el sol
llena los cielos aunque es sólo uno.
THE TELEPHONE
To-night in million-voicèd London I
Was lonely as the million-pointed sky
Until your single voice. Ah! So the sun
Peoples all heaven, although he be but one.
***
UNA ROSA PARA SU SENO
Corre, cándida rosa, y a la más bella di
que aquel que más la amaba no estuvo nunca allí.
ON A ROSE FOR HER BOSOM
Go, lovely rose, and tell the lovelier fair
That he wich loved her most was never there.
***
JULIETA
¿Cómo estuvo la fiesta en Portman Square?
No lo puedo decir; pues Julieta no fue.
Y la de Lady Gaster, di, ¿cómo resultó?
No lo sé, pues Julieta junto a mí se sentó
JULIET
How did the party go in Portman Square?
I cannot tell you; Juliet was not there.
And how did Lady Gaster’s party go?
Juliet was next me and I do not know.
***
SOBRE OJOS
Los ojos negros grandes aventuras prometen;
los azules un Cielo; y los tuyos son verdes.
ON EYES
Dark eyes adventure bring; the blue serene
Do promise Paradise: and yours are green.
***
Tres Gracias, nueve Musas, siete Pléyades…,
pero Julieta es única, bajo un cielo sin gente.
Three Graces, Muses nine, of Pleiads seven,
But Juliet one, beneath an empty Heaven.
***
EL DIAMANTE
Esta joya, Julieta, adornará
efímeras bellezas del futuro;
mientras tanto, a ti siempre, ya inmortal,
te adornará mi verso: todo tuyo.
THE DIAMOND
This diamond, Juliet, will adorn
Ephemeral beauties yet unborn.
While my strong verse, for ever new,
Shall still adorn immortal you.
***
Julieta, adiós; que seas al futuro le pido
educada con todos, pero amable conmigo.
Goodbye my Juliet; may you always be
Polite to all the world but kind to me.
***
EL TIEMPO LO CURA TODO
Fue mi vergüenza; ahora, en cambio, me envanezco
de haberte amado más y siempre más que el resto.
TIME CURES ALL
It was my shame, and now it is my boast,
That I have loved you rather more than most.
vez la tienen: su música es Julieta.
Verse should be set to Music. This is set
To Music: and the Music’s Juliet.
***
¿Existieron las Musas? ¿Y las Gracias?
¿Y Afrodita? ¿Y Diana?
Ningún mortal las vio.
Hoy a Julieta he visto yo.
Are there Muses? are there Graces?
Are there immortal faces?
No man mortal saw them yet.
I today saw Juliet.
***
Visiones imborrables: vi mi pueblo a la vuelta
de un viaje por el mar, y el rostro de Julieta.
Two visions permanent: his native place
Found after days at sea, and Juliet’s face.
***
SOBRE SU RETRATO
¿No se parece a ti, verdad? Me alegro,
pues como tú no hay nada bajo el cielo.
ON HER PICTURE
It isn’t like you: So? I’m glad to say
There’s nothing like you upon earth today.
***
EL TELÉFONO
En la ciudad de tantas voces, yo
estaba solo como los astros en lo oscuro.
Sonó entonces tu voz, igual que el sol
llena los cielos aunque es sólo uno.
THE TELEPHONE
To-night in million-voicèd London I
Was lonely as the million-pointed sky
Until your single voice. Ah! So the sun
Peoples all heaven, although he be but one.
***
UNA ROSA PARA SU SENO
Corre, cándida rosa, y a la más bella di
que aquel que más la amaba no estuvo nunca allí.
ON A ROSE FOR HER BOSOM
Go, lovely rose, and tell the lovelier fair
That he wich loved her most was never there.
***
JULIETA
¿Cómo estuvo la fiesta en Portman Square?
No lo puedo decir; pues Julieta no fue.
Y la de Lady Gaster, di, ¿cómo resultó?
No lo sé, pues Julieta junto a mí se sentó
JULIET
How did the party go in Portman Square?
I cannot tell you; Juliet was not there.
And how did Lady Gaster’s party go?
Juliet was next me and I do not know.
***
SOBRE OJOS
Los ojos negros grandes aventuras prometen;
los azules un Cielo; y los tuyos son verdes.
ON EYES
Dark eyes adventure bring; the blue serene
Do promise Paradise: and yours are green.
***
Tres Gracias, nueve Musas, siete Pléyades…,
pero Julieta es única, bajo un cielo sin gente.
Three Graces, Muses nine, of Pleiads seven,
But Juliet one, beneath an empty Heaven.
***
EL DIAMANTE
Esta joya, Julieta, adornará
efímeras bellezas del futuro;
mientras tanto, a ti siempre, ya inmortal,
te adornará mi verso: todo tuyo.
THE DIAMOND
This diamond, Juliet, will adorn
Ephemeral beauties yet unborn.
While my strong verse, for ever new,
Shall still adorn immortal you.
***
Julieta, adiós; que seas al futuro le pido
educada con todos, pero amable conmigo.
Goodbye my Juliet; may you always be
Polite to all the world but kind to me.
***
EL TIEMPO LO CURA TODO
Fue mi vergüenza; ahora, en cambio, me envanezco
de haberte amado más y siempre más que el resto.
TIME CURES ALL
It was my shame, and now it is my boast,
That I have loved you rather more than most.
[Versiones publicadas en el último número de Númenor]
domingo, 6 de abril de 2008
sábado, 5 de abril de 2008
Insomnio
Lo que casi nunca ocurre, si ocurre, es al menos lo que se dice una experiencia, por muy fastidiosa que resulte. En cambio, “todo lo cotidiano es mucho y feo”, escribió don Francisco de Quevedo, que, por razones obvias, no alcanzó a conocer el Opus Dei y su entusiasmante propuesta de santificación de lo ordinario. Varias noches seguidas de insomnio no deben de ser fácilmente soportables sin una santidad extraordinaria. Hemos leído las quejas de Borges contra el insomnio de fierro o a Cioran condimentándolo con cítricas reflexiones suicidas o a Juan Bonilla (por no ir tan lejos) haciendo un juego de palabras (y una rima): “el insomnio es una pesadilla”.
Pero el insomnio —solo de vez en cuando y porque se abusó del café solo— tiene su encanto. Para empezar, un encanto literario, con tantos ilustres precedentes a los que sentirse unido por un hilo de ojos abiertos y raros ruidos repentinos. Y sobre todo el encanto de una mente inusualmente activa. Qué riqueza, de pronto, de problemas y preocupaciones. Desde los estrictamente económicos, como ese gran clásico del insomnio, la hipoteca, hasta otros más intelectuales, como la planificación rigurosa de los temas de mis artículos para los próximos lustros. Una noche de insomnio da para pensar también en el agua que suelta la lavadora y en aquella respuesta correcta que no se nos ocurrió en su momento, hace dos años, en una cenita con amigos, y para comprobar entremedias muy a menudo y minuciosamente si uno dejó la puerta bien cerrada con llave.
Google ha mejorado la calidad del insomnio. Antes, a uno se le atascaba un nombre o una cita y ya podía empezar a dar vueltas en la cama como en una parrilla. Hoy basta volver a levantarse hasta el ordenador y —tras comprobar, de paso, otra vez, la puerta— preguntarle a la pantalla, como a un espejito mágico, la cuestión ésa tan trascendental. Con las dudas resueltas, la noche deja tiempo para el sentimentalismo. Emociona oír la respiración plácida de tu mujer, velarle su saludable descanso y asombrarse de que la vida haya unido dos destinos tan dispares: el suyo, fotogénico y sereno, y éste mío, inquieto e insomne.
Mañana me arrastraré por las esquinas... Vale, sí, pero ¿quién me quita lo bailado, las minuciosas reflexiones y los sentimientos al por mayor? ¿O esta completa seguridad de que la puerta estuvo muy bien cerrada toda la noche? Si inusual, el insomnio es un sueño.
Pero el insomnio —solo de vez en cuando y porque se abusó del café solo— tiene su encanto. Para empezar, un encanto literario, con tantos ilustres precedentes a los que sentirse unido por un hilo de ojos abiertos y raros ruidos repentinos. Y sobre todo el encanto de una mente inusualmente activa. Qué riqueza, de pronto, de problemas y preocupaciones. Desde los estrictamente económicos, como ese gran clásico del insomnio, la hipoteca, hasta otros más intelectuales, como la planificación rigurosa de los temas de mis artículos para los próximos lustros. Una noche de insomnio da para pensar también en el agua que suelta la lavadora y en aquella respuesta correcta que no se nos ocurrió en su momento, hace dos años, en una cenita con amigos, y para comprobar entremedias muy a menudo y minuciosamente si uno dejó la puerta bien cerrada con llave.
Google ha mejorado la calidad del insomnio. Antes, a uno se le atascaba un nombre o una cita y ya podía empezar a dar vueltas en la cama como en una parrilla. Hoy basta volver a levantarse hasta el ordenador y —tras comprobar, de paso, otra vez, la puerta— preguntarle a la pantalla, como a un espejito mágico, la cuestión ésa tan trascendental. Con las dudas resueltas, la noche deja tiempo para el sentimentalismo. Emociona oír la respiración plácida de tu mujer, velarle su saludable descanso y asombrarse de que la vida haya unido dos destinos tan dispares: el suyo, fotogénico y sereno, y éste mío, inquieto e insomne.
Mañana me arrastraré por las esquinas... Vale, sí, pero ¿quién me quita lo bailado, las minuciosas reflexiones y los sentimientos al por mayor? ¿O esta completa seguridad de que la puerta estuvo muy bien cerrada toda la noche? Si inusual, el insomnio es un sueño.
viernes, 4 de abril de 2008
¿Ojos que no ven?
Lo bueno, si largo, dos o tres o cuatro veces bueno. Con esta filosofía sigo avanzando demoradamente por el delicioso y didáctico Borges de Bioy Casares. A la altura de la página 1432, en la entrada del sábado 25 de marzo de 1972, anota Bioy.
Pero no, el inteligente Borges no condesciende del todo al autoengaño. Justo antes de cambiar rápidamente de tema y comentar cualquier historia de Mariana Grondona, añade muy levemente:
Borges, que llegó ayer de los Estados Unidos, donde le dieron el título de doctor honoris causa de la Universidad de Michigan, está muy animoso. Borges: “El acto del doctorado fue evidentemente político. Si lo hubiera sabido, no iba. Nos dieron el título a cuatro personas: dos blancos, un piel roja y un negro. Yo creo que sólo por racismo, porque toman en cuenta las razas, nos eligieron”.Me da la risa. Parece que Borges no contemplaba la posibilidad de que la causa de su doctor honoris fuese que lo contabilizaban de hispano, completando así la colección de las razas del continente. Él, desde luego, se cuenta, faltaría más, como blanco. No en vano lleva 1432 páginas dejándose caer con un racismo grande. Como cuando explica a unos brasileños que Brasil no le gusta porque está lleno de negros. "Eso no les agradó", constata después.
Pero no, el inteligente Borges no condesciende del todo al autoengaño. Justo antes de cambiar rápidamente de tema y comentar cualquier historia de Mariana Grondona, añade muy levemente:
“¿No es rara la proporción? Por lo menos sospechosa…"
jueves, 3 de abril de 2008
Confesional
A estas alturas del curso mis alumnas de Cuidados Auxiliares de Enfermería me han cogido cariño. Eso —contra lo que puedan pensar— es terrorífico. En mitad de la lección, cambian de tema o me gastan bromas: “Si quieres, te lo recuerdo el próximo día, que a ti se te olvida todo, Enrique”. Cuando empieza —por estas fechas siempre— ya sé que antes o después se producirá la pregunta embarazosa.
Fue ayer. Una alumna, en una clase sobre las estrategias de la negociación (tema VI de “Relaciones en el Equipo de Trabajo”), levantó la mano: “Eh, digo yo: tú, ¿tienes hijos?” Como las demás se alborozan y guiñan, se conoce que ya lo han hablado en algún recreo.
A la inquisidora podría contestarle: “A ti qué te importa”, pero como me importan mucho las cosas de todas ellas, no voy a negarles la recíproca. Descartado el corte, contesto: “No, no tengo hijos”. Saltan todas. La más cara dura: “¡Se te va a pasar el arroz!” La más dispuesta: “Pero ¿a qué esperas?”. Y la más tierna: “Los niños…, son tan monos, ¿no?”
Entonces sí que me apetece volverme a la pizarra a dibujar el esquema de la estrategia de la inacción. Pero no me resigno a que se lleven para siempre la idea de que su profesor de RET era un bon vivant comodón que no tenía hijos para llegar al IES en un cochazo, escribir más libritos, jugar al golf y salir por las noches con su mujer —de la que, porque nos vieron una vez en la cola del cine, ya saben mucho: que es inesperadamente alta y elegante. Así que, arrostrando el impudor, me confieso: “Quisiera tener hijos. De hecho, hago todo lo que puedo [aquí se ríen bastante]. Pero los niños, por alguna razón misteriosa, no vienen”.
Algunas se apresuran a revestirse con dignidad de profetisas y me auguran muy serias: ya vendrán. Ya veremos, digo. Otras (las que prefiero) sonríen melancólicas y, sonrojadas, subrayan algo en sus apuntes. Pero la mayoría no se entera. Siguen dale que te pego con lo del arroz y los ánimos, venga, y lo mono de los bebés y el elogio de la baja por paternidad. No es que sean torpes mis alumnas; es que son muy jóvenes. No han aprendido todavía que los deseos a veces no se cumplen. Lo aprenderán, las pobres, pero conste que yo se lo evitaría, si pudiera. A fin de cuentas, a estas alturas del curso uno también les ha cogido cariño.
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Fue ayer. Una alumna, en una clase sobre las estrategias de la negociación (tema VI de “Relaciones en el Equipo de Trabajo”), levantó la mano: “Eh, digo yo: tú, ¿tienes hijos?” Como las demás se alborozan y guiñan, se conoce que ya lo han hablado en algún recreo.
A la inquisidora podría contestarle: “A ti qué te importa”, pero como me importan mucho las cosas de todas ellas, no voy a negarles la recíproca. Descartado el corte, contesto: “No, no tengo hijos”. Saltan todas. La más cara dura: “¡Se te va a pasar el arroz!” La más dispuesta: “Pero ¿a qué esperas?”. Y la más tierna: “Los niños…, son tan monos, ¿no?”
Entonces sí que me apetece volverme a la pizarra a dibujar el esquema de la estrategia de la inacción. Pero no me resigno a que se lleven para siempre la idea de que su profesor de RET era un bon vivant comodón que no tenía hijos para llegar al IES en un cochazo, escribir más libritos, jugar al golf y salir por las noches con su mujer —de la que, porque nos vieron una vez en la cola del cine, ya saben mucho: que es inesperadamente alta y elegante. Así que, arrostrando el impudor, me confieso: “Quisiera tener hijos. De hecho, hago todo lo que puedo [aquí se ríen bastante]. Pero los niños, por alguna razón misteriosa, no vienen”.
Algunas se apresuran a revestirse con dignidad de profetisas y me auguran muy serias: ya vendrán. Ya veremos, digo. Otras (las que prefiero) sonríen melancólicas y, sonrojadas, subrayan algo en sus apuntes. Pero la mayoría no se entera. Siguen dale que te pego con lo del arroz y los ánimos, venga, y lo mono de los bebés y el elogio de la baja por paternidad. No es que sean torpes mis alumnas; es que son muy jóvenes. No han aprendido todavía que los deseos a veces no se cumplen. Lo aprenderán, las pobres, pero conste que yo se lo evitaría, si pudiera. A fin de cuentas, a estas alturas del curso uno también les ha cogido cariño.
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miércoles, 2 de abril de 2008
lunes, 31 de marzo de 2008
Lo sé
Explica Lao-Tse:
El buen militar no es belicoso.También el buen poeta evita lo poético.
El buen guerrero no es irascible.
El buen vencedor evita la guerra.
El buen conductor de hombres
se supedita a ellos.
domingo, 30 de marzo de 2008
Por bocazas
En el pecado va la penitencia. Después de [son]reírme de Jünger y de lo desagradable que le resultaban a él los elogios, un amigo me manda una reseña inédita con estas palabras, entre las que se oye un je-je guasón: "En realidad, más que para corregir cosas antes de mandarlo a imprenta -que también- me doy cuenta de que te lo envío porque, en primer lugar, eres un lector muy generoso y elogioso siempre (gusto del que no hay que privarse como autor, me comprenderás)".
Ahora no sé cómo devolverle la guasa, entre otras cosas, porque no hay nada que corregir abruptamente (lo que me gustaría) y me temo que no voy a poder salirme del papel ése de elogioso empalagoso que me endosa. Fijaos si es buena la reseña del puñetero que he dejado todo lo que tenía entre manos y me he lanzado a leer las Cartas de la prisión y de los campos, de P. Florensky. ¡Y las tenía atrasadas desde Dios sabe cuándo!
Ahora no sé cómo devolverle la guasa, entre otras cosas, porque no hay nada que corregir abruptamente (lo que me gustaría) y me temo que no voy a poder salirme del papel ése de elogioso empalagoso que me endosa. Fijaos si es buena la reseña del puñetero que he dejado todo lo que tenía entre manos y me he lanzado a leer las Cartas de la prisión y de los campos, de P. Florensky. ¡Y las tenía atrasadas desde Dios sabe cuándo!
sábado, 29 de marzo de 2008
Sábado sabático
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Dice Cioran: "¿Los instantes de mi vida que más cuentan? Aquellos en que no hacía nada, en que permanecía tumbado, atento al paso del tiempo o rumiando alguna pregunta. Nada supera a la meditación, que es la forma suprema del ocio. El tiempo vacío de la meditación es, a decir verdad, el único tiempo lleno".
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Dice Cioran: "¿Los instantes de mi vida que más cuentan? Aquellos en que no hacía nada, en que permanecía tumbado, atento al paso del tiempo o rumiando alguna pregunta. Nada supera a la meditación, que es la forma suprema del ocio. El tiempo vacío de la meditación es, a decir verdad, el único tiempo lleno".
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viernes, 28 de marzo de 2008
De pájaros y flores
Con las imperiosa excepción del aborto legalizado, las hambrunas y otros crímenes de lesa humanidad, lo más acuciante en este comienzo de milenio es hablar de pájaros y flores. Esto es, de arte y de literatura, de belleza y de ideas. Durante la pasada campaña electoral, ciertos artistas se lanzaron a apoyar a Zapatero, y celebraron luego la victoria en todo lo alto de la tarima del PSOE, tan contentos. La exhibición tuvo de bueno que ha propiciado un debate sobre las relaciones (malas) de la derecha con la cultura.
Pasadas las elecciones, es el momento de que el debate gane profundidad, porque no se trata tanto de ver con quién se lleva mejor el puñado de autoproclamados artistas, sino de ver quiénes se llevan bien con la belleza y la emoción. Ése es el compromiso exigible a todos los artistas, mientras respetamos —faltaría más— la libertad de cada uno para entrometerse en política como cualquier otro hijo de vecino.
Que el arte moderno ha obliterado la búsqueda de la belleza, concepto que se considera retrógrado y perverso, es una de las principales denuncias que hace José Javier Esparza en su libro Los ocho pecados capitales del arte contemporáneo (Almuzara, 2007). A lo largo y ancho de sus 176 páginas, se nos advierte que el emperador —el arte hoy imperante— va desnudo.
Esparza se sitúa fuera del cortejo, denunciando a voz en grito. Desde el interior, con más matices y más afilado, se presenta Enrique Andrés Ruiz en Santa Lucía y los bueyes (Pre-Textos, 2007). Con una prosa hermosísima, que a ratos recuerda a la de Ramón Gaya y siempre a la de José Jiménez Lozano, nos va desgranando, da la impresión que sin plan preconcebido, mientras pasea entre concretas obras de arte o frente a otras que no lo son tanto, toda una estética, que desemboca en una ética. Elegante y erudito, Enrique Andrés Ruiz ha escrito un libro muy valiente, que se atreve a tocar, incluso con los delicados dedos de la teología, las más hondas llagas del arte actual.
En la Pascua de Resurrección de 1999, Juan Pablo II publicó su Carta a los artistas. En ella hacía un llamamiento a los creadores del tercer milenio: “la sociedad tiene necesidad de los artistas”. Que dos valiosos escritores españoles actuales se tomen en serio el problema de la belleza y la creación es un signo de esperanza.
Pasadas las elecciones, es el momento de que el debate gane profundidad, porque no se trata tanto de ver con quién se lleva mejor el puñado de autoproclamados artistas, sino de ver quiénes se llevan bien con la belleza y la emoción. Ése es el compromiso exigible a todos los artistas, mientras respetamos —faltaría más— la libertad de cada uno para entrometerse en política como cualquier otro hijo de vecino.
Que el arte moderno ha obliterado la búsqueda de la belleza, concepto que se considera retrógrado y perverso, es una de las principales denuncias que hace José Javier Esparza en su libro Los ocho pecados capitales del arte contemporáneo (Almuzara, 2007). A lo largo y ancho de sus 176 páginas, se nos advierte que el emperador —el arte hoy imperante— va desnudo.
Esparza se sitúa fuera del cortejo, denunciando a voz en grito. Desde el interior, con más matices y más afilado, se presenta Enrique Andrés Ruiz en Santa Lucía y los bueyes (Pre-Textos, 2007). Con una prosa hermosísima, que a ratos recuerda a la de Ramón Gaya y siempre a la de José Jiménez Lozano, nos va desgranando, da la impresión que sin plan preconcebido, mientras pasea entre concretas obras de arte o frente a otras que no lo son tanto, toda una estética, que desemboca en una ética. Elegante y erudito, Enrique Andrés Ruiz ha escrito un libro muy valiente, que se atreve a tocar, incluso con los delicados dedos de la teología, las más hondas llagas del arte actual.
En la Pascua de Resurrección de 1999, Juan Pablo II publicó su Carta a los artistas. En ella hacía un llamamiento a los creadores del tercer milenio: “la sociedad tiene necesidad de los artistas”. Que dos valiosos escritores españoles actuales se tomen en serio el problema de la belleza y la creación es un signo de esperanza.
jueves, 27 de marzo de 2008
Qué tío
Escribe Jünger: “Si uno se consiente una vez un retruécano, una observación insulsa, habrá con seguridad alguien al que precisamente sea eso lo que le gusta”. No podría estar uno más de acuerdo, por amplia experiencia propia. Pero Ernst sigue: “Asimismo se encontrará también quien se burle de los pasajes realmente hermosos”. Asimismo de acuerdo, si me perdonáis ahora la vanidad. Lo malo viene cuando Ernst Jünger se empeña en añadir: “Lo más desagradable es el primer caso”. Vaya, ante esto no me queda más remedio que agachar la cabeza y confesar: —Pues será lo más desagradable para ti, Jünger, macho.
miércoles, 26 de marzo de 2008
Salto
Después de la entrada hagiotanásica de ayer, este artículo rellenito de hoy; ma ne la chiesa
coi santi, ed in taverna co' ghiottoni, me excusa Dante.
coi santi, ed in taverna co' ghiottoni, me excusa Dante.
martes, 25 de marzo de 2008
Memento mori
Dispuesto a cumplir la penitencia del buen abad de Baltanás, me acordé un momento, transversalmente, de Flannery O'Connor ("She could never be a saint, but she thought she could be a martyr if they killed her quick") y alcancé esta conclusión:
La auténtica eutanasia es el martirio.(Lo que no quiere decir que yo no esté también en contra de la auténtica, ojo.)
lunes, 24 de marzo de 2008
Etimologías pascuales
La Semana Santa —como su propio nombre indica— fue dos veces breve. Y hoy, lunes de Pascua, desde muy temprano experimentamos bien de donde sale esa otrora enigmática expresión de “hacer la Pascua”. Precisamente ahora, cuando no toca, hay que cargar con la cruz de cada día, y volver al cole.
Pero para que no decaiga el espíritu, mientras busco “Pascua” en el Corominas por si acaso habla de la vuelta al tajo, me salta en una página el jilguero de ayer, y qué regalo inesperado:
Pero para que no decaiga el espíritu, mientras busco “Pascua” en el Corominas por si acaso habla de la vuelta al tajo, me salta en una página el jilguero de ayer, y qué regalo inesperado:
JILGUERO.- “Acanthis carduelos”, Princ.. S. XVII, del antiguo sirguero, S. XIII. Deriv. de sirgo ‘paño de seda’ porque sus colores recuerdan los de los paños antiguos de este tejido.
domingo, 23 de marzo de 2008
Apunte
Queda un retazo de sol
en la punta del ciprés.
Justo allí canta un jilguero.
¡Es muy bonito de ver!
en la punta del ciprés.
Justo allí canta un jilguero.
¡Es muy bonito de ver!
viernes, 21 de marzo de 2008
IN MEMORIAM
Tú has ido por delante de mí siempre
abriéndome el camino. Lo has abierto
entre los simples y entre los más sabios,
entre los vivos y, ahora, entre los muertos.
...IN MEMORIAM
.......JJ. S. P.
You go before me on all roads
On bridges broad enough to spread
Between the learned and the dunce,
Between the living and the dead.
jueves, 20 de marzo de 2008
Behind
Unos amables tirones de oreja de nuestro troll de compañía a mis traducciones de Chesterton, me han llevado a releerlas. Y este poema, traducido con una libertad que roza el anarquismo, me ha vuelto a emocionar. Van las dos versiones, con el burrito delante para que no se espante:
BEHIND
I saw an old man like a child,
His blue eyes bright, his white hair wild,
Who turned for ever, and might not stop,
Round and round like an urchin's top.'
Fool,' I cried, 'while you spin round,
'Others grow wise, are praised, are crowned.'
Ever the same round road he trod,
'This is better: I seek for God.
''We see the whole world, left and right,
Yet at the blind back hides from sight
The unseen Master that drives us forth
To East and West, to South and North.
'Over my shoulder for eighty years
I have looked for the gleam of the sphere of spheres.'
'In all your turning, what have you found?''
At least, I know why the world goes round.'
.............................A LA ESPALDA
Yo vi un hombre muy viejo que parecía joven,
mirada azul brillante y pelo a lo Beethoven.
Andaba dando vueltas, vueltas, vueltas..., igual
que el trompo --vueltas y más vueltas-- de un chaval.
Le grité: --"Tonto, mientras miras a todos lados
los demás se hacen cultos, famosos, laureados".
Me escuchó sin pararse y dijo: --"Déjalos,
yo estoy haciendo algo mejor: yo busco a Dios.
Vemos el mundo entero a izquierda y a derecha
pero a la ciega espalda yo sospecho que acecha
el Maestro invisible, que nos guía, celeste,
por el norte y el sur y el este y el oeste.
Y así me vuelvo rápido con la esperanza fiera
de sorprender la luz de la perfecta esfera..."
--"Y, ¿has descubierto algo tras tanta voltereta?"
--"He descubierto, al menos, por qué gira el planeta".
BEHIND
I saw an old man like a child,
His blue eyes bright, his white hair wild,
Who turned for ever, and might not stop,
Round and round like an urchin's top.'
Fool,' I cried, 'while you spin round,
'Others grow wise, are praised, are crowned.'
Ever the same round road he trod,
'This is better: I seek for God.
''We see the whole world, left and right,
Yet at the blind back hides from sight
The unseen Master that drives us forth
To East and West, to South and North.
'Over my shoulder for eighty years
I have looked for the gleam of the sphere of spheres.'
'In all your turning, what have you found?''
At least, I know why the world goes round.'
miércoles, 19 de marzo de 2008
Más cera que la que arde
Como cuento en el artículo, tenía mis razones para dar cera a los niños. Y otra que me callo: el diputado de tramo amenazaba con echarnos de la procesión si no nos reportábamos. Yo andaba tan cansado (tan mayor, ay) que pensaba: "Eso, a ver si...", y seguía en mis trece.
martes, 18 de marzo de 2008
Ilusión
Llevaba muchos meses encerrado en mi despacho y hoy, que tengo prevista una salida a la mar, me siento un ligero oleaje en las venas. Tampoco es para ponerse argonauta con aquello de "Vivir no es importante; navegar es importante", pero lo cierto es que me iba entrando complejo de desaladora y que hasta la deliciosa copla de Luis Rosales empezaba a sonarme con cierto toque de reproche personal:
Tú que nunca has visto el mar,
¡cuántos peces de agua dulce
en las venas no tendrás!
domingo, 16 de marzo de 2008
Un remedio casero
Reconozcamos que el paso del tiempo, que da prestigio, embalsama y atiranta. Uno de los encantos de la Divina Comedia que se nos fue hace muchísimo por el sumidero del tiempo es el de las adivinanzas. Tengo la impresión de que el Dante propone a sus lectores un juego, pues no declara al principio quién es su personaje, sino que va dando pistas, cada vez más evidentes. Un lector culto del siglo XIV disfrutaría tratando de vislumbrar pronto quién era el príncipe o el cardenal o el artista en cuestión. Algo parecido nos ocurre a nosotros con las X de los diarios de Trapiello. Pero ahora, en la inmensa mayoría de los casos, es imposible adivinar nada y tenemos que rebajarnos a las notas a pie de página. Un remedio casero quizá sería, en las relecturas, ver si somos capaces de recordar de quién nos habla el Dante. En el siglo XIV se mediría lo informado que estaba el lector de su tiempo, y en el siglo XXI su dantesca erudición. El reto, aunque no es el mismo, sería análogo.
sábado, 15 de marzo de 2008
Funerales
Los que acudimos a misa a diario coincidimos a menudo con algún funeral. Muchos han abandonado la sana costumbre de ir con regularidad a la iglesia, pero no la de morirse, ni tampoco —y esto es ciertamente más singular— la de acudir a la parroquia a rendir su homenaje al familiar o amigo difunto.
En consecuencia, he asistido a tantos funerales que se me puede considerar un funerólogo. Pedrito de Andía, en la encantadora novela de Sánchez Mazas, comentaba lo buenas que son las misas para mirar y, aunque suene frívolo, tenía más razón que un santo. La cosa es que uno contempla, con creciente ternura, la falta de costumbre mezclada con una necesidad profunda de rezar. Hay una fe resistente a las oleadas de laicismo.
Quitando el momento de la paz, que todos conocen de sobra y ejecutan con gran destreza y efusión de besos y abrazos, tiene que ser casi siempre el sacerdote el que, con leves movimientos de director de orquesta, indique cuando sentarse, cuando levantarse. Como los familiares ocupan los primeros bancos, no pueden fijarse en lo que hacemos los asiduos, colocados en un lugar discreto, muy pudorosos de entrometernos en la pena ajena.
Con todo, a la hora de comulgar, hemos de dar un paso adelante y entonces es fácil percibir las miradas interrogadoras de la familia. “¿De dónde ha salido ese amigo de papá que no he visto nunca jamás en mi vida?”, por ejemplo. El malentendido tiene, no me lo negarán, interesantes ribetes novelescos.
Pero la explicación teológica es más interesante, y más auténtica. Al participar juntos en el mismo sacramento, uno se convierte ipso facto en un amigo íntimo de la familia, más, en un hermano. Por encima de detalles tan circunstanciales como el de conocerse o no conocerse, hay entre todos los hombres una indisoluble solidaridad en la historia y más allá. Qué bonito sería no escabullirse con sigilo cuando acaba la misa, y acercarse a dar el pésame y explicarles esto. Pero les sonaría un poco raro y tampoco hace ninguna falta. Al rezar el viernes pasado por Isaías Carrasco sentí lo mismo; y también, en otro orden de cosas, si me perdonan la metáfora funeraria, al pensar el domingo por la noche en el destino común de todos los españoles.
En consecuencia, he asistido a tantos funerales que se me puede considerar un funerólogo. Pedrito de Andía, en la encantadora novela de Sánchez Mazas, comentaba lo buenas que son las misas para mirar y, aunque suene frívolo, tenía más razón que un santo. La cosa es que uno contempla, con creciente ternura, la falta de costumbre mezclada con una necesidad profunda de rezar. Hay una fe resistente a las oleadas de laicismo.
Quitando el momento de la paz, que todos conocen de sobra y ejecutan con gran destreza y efusión de besos y abrazos, tiene que ser casi siempre el sacerdote el que, con leves movimientos de director de orquesta, indique cuando sentarse, cuando levantarse. Como los familiares ocupan los primeros bancos, no pueden fijarse en lo que hacemos los asiduos, colocados en un lugar discreto, muy pudorosos de entrometernos en la pena ajena.
Con todo, a la hora de comulgar, hemos de dar un paso adelante y entonces es fácil percibir las miradas interrogadoras de la familia. “¿De dónde ha salido ese amigo de papá que no he visto nunca jamás en mi vida?”, por ejemplo. El malentendido tiene, no me lo negarán, interesantes ribetes novelescos.
Pero la explicación teológica es más interesante, y más auténtica. Al participar juntos en el mismo sacramento, uno se convierte ipso facto en un amigo íntimo de la familia, más, en un hermano. Por encima de detalles tan circunstanciales como el de conocerse o no conocerse, hay entre todos los hombres una indisoluble solidaridad en la historia y más allá. Qué bonito sería no escabullirse con sigilo cuando acaba la misa, y acercarse a dar el pésame y explicarles esto. Pero les sonaría un poco raro y tampoco hace ninguna falta. Al rezar el viernes pasado por Isaías Carrasco sentí lo mismo; y también, en otro orden de cosas, si me perdonan la metáfora funeraria, al pensar el domingo por la noche en el destino común de todos los españoles.
jueves, 13 de marzo de 2008
miércoles, 12 de marzo de 2008
Gracias
Me he pasado una semana ahogándome (en un vaso de agua). O corriendo, en plan sanfermines, entre los cuernos de las manecillas de mis relojes. Entre las correcciones de exámenes y otros asuntos de muy ordinaria administración, no he tenido tiempo para dibujos. Lo cual se agravaba bastante por las llamadas y correos electrónicos de algunos de vosotros, tertulianos del blogg, preocupados por mi afonía. Me he emocionado, lo admito, pues ya iba criando un complejito de grafómano. Ver que a un puñado no os importa ha sido muy gratificante. Así que... preparaos.
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