domingo, 3 de mayo de 2009

Última tarde con estereoscópica

Sé que la intervención quirúrgica no será para tanto (ni para tuerto), pero mi amor a los ritos me tiene aquí planeando la tarde muy cuidadosamente, por si es la última con visión estereoscópica. Iré, para empezar, al Prado, roca española, a rendir honores al Greco y a Velázquez. Luego al Reina Sofía, a la librería, claro. Como es sobrenatural, iré a misa y miraré con intensa emoción cuando alcen la Forma consagrada. Después, ya al borde del día, entraré en un cine: Ponyo y el acantilado es la película escogida. Cuando vuelva a casa (de mi suegra), ya por la noche, intentaré contemplar a Leonor a la luz de la luna. Y si Madrid no permite esos lujos agropecuarios, la contemplaré a la luz de las lunas de los escaparates, sonriente y azul, en su ambiente.

viernes, 1 de mayo de 2009

13

No os asustéis porque hoy hable de suicidio cuando ayer no más lo hacía de mis desgracias. Simple casualidad: me ha tocado el canto XIII del Inferno. De hecho, me he llevado, gracias a él, una alegría vivificante, dicho sea con todos los respetos. Como aquel país tan vasto, del que habló Aquilino Duque, en que las aves migratorias se convertían en autóctonas, mi admiración por la Divina Commedia apenas tiene límites. Pero alguno hay, como obra humana que, aunque parezca mentira, es. El límite que a mí me estrecha, o mejor dicho, me estrechaba es que en el infierno, por unas elementales exigencias de la estructura, Dante se vea obligado a poner a cada condenado en el compartimiento de un pecado. Se da la idea así de que cada persona se condenó por uno, el suyo. Esto, que sirve, indudablemente, para meditar sobre la gravedad de cada acto, y que le sirve a Dante para ir dispensando su piedad y su compasión por la ciudad doliente, es, en realidad, abusivo. Un abismo invoca a un abismo y, para irse al infierno, hay que tener el pack completo, como pasa, uf, con las virtudes y el Paraíso. Sin embargo, he vislumbrado que Dante se dio cuenta del problema. Por encima de la necesaria arquitectura de su obra, nos lo avisa con un guiño. A ver si lo veis tan claro como yo. Sabiendo lo que le interesaba al poeta la simbología de los números no nos puede pasar desapercibido que el canto XIII sea el dedicado a los suicidas. El 13, como se sabe, es el número de Judas, recordando el número que hizo en la Santa Cena. Por eso trae mala suerte que haya 13 comensales. Según Dante, Judas está en lo más hondo del Infierno, con los traidores, dando incluso nombre a su lugar; y, sin embargo, su sombra se balancea entre los suicidas. No se le nombra, pero ahí está, siniestra. ¿Sólo el número 13? No. Sobre todo, que el epítome del suicidio sea el ahorcamiento de un árbol. Dato que es mucho más significativo si caemos en la cuenta de que el suicida que lleva la voz cantante es Pier Della Vigna, que se mató dándose un tremendo cabezazo contra un muro; y el otro suicida que habla algo, Rocco dei Mozzi, se ahorcó, sí, pero en una viga de su casa. El asunto no es muy alegre, no, pero el genio del florentino no deja nunca de deslumbrarme.

jueves, 30 de abril de 2009

Náufrago en Sanlúcar

Todo me sale mal últimamente —así que si tienen otras cosas que hacer, dejen de leer esta entrada: no se perderán nada extraordinario. Seguro que me sale, además, prolija.

Me sale mal lo pequeño y lo mediano, lo importante sigue bien, no preocuparos. El otro día, sin ir más lejos, Leonor se apuntó a una excursión al Coto de Doñana con mis compañeros de instituto, y eso está fenomenal. Como ella sale tarde de la bodega, se llevó un bocadillo para remediar el almuerzo. A mí, en cambio, uno de los compañeros había tenido el alucinante detalle de invitarme a comer en el que considera el mejor restaurante de Sanlúcar de Barrameda, el Loli. No se lo iba a discutir, primero, porque he trabajado poco el famoso sector de la restauración sanluqueño; y segundo, porque a caballo regalado no le mires el diente, y a langostino, menos.

Pero, como digo, todo me sale mal. Después de repetidas revueltas por retorcidas callejuelas, di (tarde) con el restaurante Loli, que estaba cerrado a cal y canto por descanso semanal. Echo mano del móvil, llamo a mi compañero y mecenas y, vaya, sale una chica muy amable, con acento catalán. Vuelvo a intentarlo, y vuelve a salir la chica que me asegura que no conoce de nada a Pepe Sánchez Rivera. O sea --llegamos a la conclusión juntos, entre ella y yo-- que he apuntado mal el teléfono.

Me encontraba solo en Sanlúcar, mal aparcado, hambriento, a una hora y media de que llegase Leonor y de que saliese el vapor que nos llevaría al Coto. Ponerse a buscar colegas por el laberinto de los restaurantes sanluqueños era pensar lo excusado: imposible y un punto patético. Acabé en un McDonal’s.

Como entenderéis fácilmente, me sentía de pena. Para colmo, pensando en la alegre camaradería alrededor de los langostinos, no me había llevado el libro que paseo ahora (Will this do? de Auberon Waugh). Por suerte, en la cola del McDonal's, recordé que había recibido un libro esa mañana, y que lo tenía en el coche. Volví a por él y rasgué el sobre con ansiedad. Se titulaba, muy apropiadamente, Las cuartillas de un náufrago. Me inundó un agridulce sentimiento de empatía.

Nada más hojearlo, di de bruces con una cita de Claudio Rodríguez que ya conocía y que a él lo explica muy bien, pero que en mis circunstancias me pareció tremenda: “Miserable el momento si no es canto”. Todo apuntaba a un hundimiento emocional. Sin embargo, tuve un satori en la hamburguesería: "Mejor", me dije, "miserable el momento si no es santo", más en Bloy (“Sólo existe un dolor y es no ser santo”) que en El don de la ebriedad, es cierto, pero más en mi mano también. Bendije la mesa. El libro, de Jesús Aparicio, por otra parte, me gustaba, oye, y el Mc Royal (snob que es uno) se dejaba comer. Como estaba pegado al ventanal y hacía calorcito, leí con emoción este final de poema:
Aquí y ahora
te invita a su mesa
un sol descalzo.
Y ya puestos, cómo no sentirse interpelado, entre tantos fritos, ante el saludable “Un círculo de fruta”:
[…]
La fresa en primavera.
[…]
El melón en verano.
[…]
Las uvas en otoño.
[…]
La naranja en invierno.

Cada fruta a su tiempo.
Cuando me di cuenta, se me había acabado el tiempo y tenía que correr hacia Bajo de Guía para no perder el vapor. Allí estaban todos, también mi frustrado anfitrión. Saludos y disculpas. Con el tiempo justo, apareció Leonor, y embarcamos rumbo a Doñana. Yo había toreado esas dos horas astifinas y, a partir de entonces, me apliqué la frase de Thoreau: "No es fácil escribir en un diario lo que nos interesa a cada momento, pues escribirlo no es lo que nos interesa", y cerré el block de notas hasta peor ocasión.

miércoles, 29 de abril de 2009

Ayer Trivial cultural en mi IES

Pregunta: ¿Cuál fue el otro nombre de san Pablo?
Respuesta [con toda la emoción de “Ésta me la sé”]: ¡Sauron!

[Y uno se imagina el respingo de Tolkien en el cementerio de Wolvercote. Y la risa de san Pablo en el Paraíso.]

Antirretrovirales

En el artículo de hoy hablo del Decamerón porque es verdad que no lo he leído (como demuestra, ay, que me haya comido una c de Bocccaccio de un mordisco). Lo leeré ahora gracias a que a la ocasión la pintan calva con esas recomendaciones de aislamiento de sabor bajomedieval. También podría haber hablado de El cuaderno gris, cuya espita la enciende precisamente la gripe española, a la que con más memoria histórica que prudencia mentó ayer la OMS. Y qué bonito que aquellas dos epidemias tremendas nos hayan dejado dos obras extraordinarias. Como hijo de farmacéuticos (igual que Mario Quintana), no dejo de espantarme ante esta capacidad de la literatura de reaccionar frente a las enfermedades, a veces incluso de curarlas. El hombre, ¡cómo saca bien del mal!; aunque yo sigo prefiriendo ahorrarme el mal, eh.

martes, 28 de abril de 2009

Ricorditi di me

He vuelto a mi vieja universidad, que no es vieja. El viejo empiezo a serlo yo, y por eso a mi universidad, aunque sea en primavera, la veo entre las neblinas románticas de la lejana juventud. Lo bonito ha sido que en dos ocasiones dos compañeros de entonces me han reconocido por la calle a pesar del tiempo pasado y de los kilos ganados. Esos saludos afectuosos suyos han sido una sorpresa y han producido un efecto rejuvenecedor que ríete del aloe. Mis años de estudiante no fueron —por lo visto— una raya en el agua…

Yo, que tengo una memoria muy mala, he visto claro que quien se acuerda de ti te hace un regalo. He recordado entonces que siempre me emocionó aquel verso de la Divina Commedia con el que el alma de Pia de Tolomei le ruega a Dante en el Purgatorio: “Ricorditi di me, che son la Pia”. El lector siente que ella le pide una gran misericordia. Y ya lanzado a los recuerdos sobre los recuerdos, he recuperado las palabras del buen ladrón en el Calvario, que no fueron otras, ni más ni menos, que éstas: “Acuérdate de mí cuando estés en tu Reino”.

Emociona comprobar que, entre tantos asuntos urgentes que reclaman nuestra atención, entre esas contraseñas y pines numerosísimos que no podemos olvidar bajo ningún concepto, entre los nombres propios y los cumpleaños de nuestros jefes y entre las continuas distracciones de la incesante actualidad, en la cabeza de alguien se defendió mi nombre y dos o tres anécdotas comunes durante más años que la guerra de Troya. Quien te recuerda te bendice; ahora lo sé bien; se me había olvidado.

domingo, 26 de abril de 2009

La prosa

Leo duerme y yo leo hasta que cae un trozo de papel muy bien doblado de entre las páginas del libro. Es una lista antigua de la compra escrita con su letra, que es muy buena, y empiezo sin querer a pensar que ha muerto [siempre tengo presente —perdonadme— la biografía rasgada de Leonor y Machado por las mismas razones idiotas pero inevitables por las que hay quien me asocia a Cien años de soledad] y al leer la nota —aquel encargo que quizá no hice o que seguramente haría protestando— comienzo a verme viudo, triste, cansado, pensativo, viejo y, desde luego, solo. Y con el corazón en vilo, releo:

Patatas para cocer y para freír
Zanahorias
Leche evaporada
Ideal
Avecrem
Requesón
Lechuga
Lechuga
rizada
Nueces
Canónigos
Tomatitos cherry
y siento un estremecimiento que me salta las lágrimas. Jamás ningún poema mío consiguió conmoverme tanto como esta noche esta lista de la compra. La muerte, el tiempo, la desgracia la han convertido en un poema único porque pudieron hacerlo de un plumazo. Pero Leonor duerme a mi lado y yo por una vez me alegro de que no todo en casa sea poesía.

De que exista la prosa.

viernes, 24 de abril de 2009

Huella española

Si recuerdan ustedes mi último artículo (lo que les agradecería de corazón), nos encontrábamos mi mujer y mecenas y yo en Sicilia, en Palermo, saliendo de los oficios del Viernes Santo de La Martorana. Muy cerca está el Ayuntamiento, en un palacio llamado de las Águilas porque en sus esquinas tiene unos poderosos escudos de España, sí, de España, que sostienen unas orgullosas águilas, dicho sea con perdón.

Sicilia ni puede ni quiere ocultar que fue española muchísimo tiempo. De hecho, lo fue, si nos ponemos puntillosos, antes que España, porque era aragonesa desde el siglo XIII. Por supuesto, ha sido más cosas, incluso indígena, sicana y sícula, y luego griega, romana, bizantina, musulmana, normanda y, tras tres siglos hispánicos, finalmente italiana. El resultado es único.

Podría mantenerse que tanta presencia española obedece a la pereza por ir borrando huellas, cambiando nombres de calles y desmontando monumentos. Por ejemplo, del enorme escudo de España que preside la Porta Nova algún día se cayó una de las dos columnas de Hércules, las del plus ultra. Caída ha quedado. Ahora es un escudo mono-columnista, con lo que no queda nada ultra, sólo plus. Pero qué estupenda la pereza si sirve para dejarle un futuro a la historia, y no como aquí, con nuestros diligentes dirigentes, sacando enérgicas leyes de memoria histórica para borrarlo o emborronarlo todo.

Lo que ha sido, fue; y empeñarse en olvidarlo sólo puede conducir a retorcidos complejos freudianos. Los sicilianos, desde luego, complejo no tienen ninguno. Se alegran de veras de saberte español y, por si eres víctima de la LOGSE, te explican a las primeras de cambio la compleja historia en común con extraordinaria simpatía, mientras te meten en el coche —si te descuidas— para llevarte al restaurante por el que acabas de preguntarles o a otro. Claro que para no tener complejos debe de ayudar bastante haber sido la Magna Grecia, nada menos.

La semana pasada reconocía que no arranqué con muchas ganas de viaje. Pero si a las ruinas griegas, a los mosaicos bizantinos, a la Anunciación de Antonello da Messina, se une la arquitectura civil de influencia española, que también se deja sentir y cuánto en ese barroco encendido de sus iglesias —a rebosar, por cierto—, ¿quién no se entusiasma? Diría que con tanta huella, yo, tan español incorregible como Menéndez Pelayo, acabé sintiéndome como en casa. Pero ojalá: en casa no se siente tanto a España.

jueves, 23 de abril de 2009

Todo es para siempre

Primero pensé poner mi prólogo, pero me ha parecido demasiado largo. Demasiado largo para el blogg, ojo, porque en cantar las alabanzas de Pedro Sevilla se queda bien cortito. Por suerte, en esta recién estrenada antología de rayas de Renacimiento el poeta se defiende solo. Para muestra un soneto inédito; y entre sus aciertos --valdría el primer verso, sin ir más lejos, con su rima interna, para empezar, y su aliteración--, yo me quedo con la fuerza poética del "sin embargo" justo en el eje del poema, distendiendo la cara de lápiz profesional del Hermano Isidoro hacia la clarividente misericordia. Por último, las once sílabas finales del dictamen del fraile valen por todo un prólogo, ¿verdad?

Ahí va el soneto de PS:

................CLAUSTRO DE PROFESORES

Primero me probaron de portero...
En mayo me ingresaron en el coro
por si había en mi voz algún tesoro,
e incluso me tentaron para el clero,

mas pronto se hizo público el certero
informe del Hermano Isidoro:
"Ni clero, ni balón, ni voz de oro.
¡Es el niño más tonto de Tercero!

Sin embargo, fijaos cómo le brilla
la mirada si copia en su cartera
unas rimas que enlaza y agavilla

con impropia nostalgia, con inquieta
y letal persistencia... Este Sevilla
salió, ¡vaya por Dios!, salió poeta".

miércoles, 22 de abril de 2009

La maldición del diario

Los demonios del diarista no son ni su trabajito de hormiga, cada día un trocito, y al otro día otro trozo, y otro al otro; ni que la cigarra, en vez de cantar lo suyo, le cante las cuarenta con un queme extraño. Eso está bien y él lo ha querido.

Su única maldición consiste en pensar que, cuando no se le ocurre nada, no le ocurre nada. Confundir la falta de inspiración con la de respiración. Olvidar que el interés de su día no depende del interés de su diario.

Dante

Ya sabéis que cuando la actualidad me ataca, leo la Divina Commedia, así que gracias a Chávez, imparable bilateral, he vuelto al Inferno. Bueno, y al Día Internacional del Libro, que también me ataca los nervios.

(Y para decir toda la verdad, reconózcamos que el viaje a Sicilia me animó a la relectura.)

martes, 21 de abril de 2009

Mala follá, una hipótesis

En mi reciente visita a Granada no he tenido ni una sola experiencia directa de la proverbial mala follá de los granadinos, sino todo lo contrario. Llegaba tarde a todas partes porque las personas a las que preguntaba cualquier dirección eran tan amables, te la explicaban con tanto lujo de tantos detalles, con tanta premiosidad, que te daban las tantas, nunca mejor dicho. Sin embargo, creo que estoy en condiciones de aventurar una hipótesis del origen de ese estado de ánimo tan, por lo que cuentan, característico.

Paseando por la ciudad, quizá porque era entre semana y primavera, percibí como nunca el ambiente universitario. Y cuando digo como nunca incluyo mi visita guiada a Oxford e incluso mis años en Pamplona, mi sancta sanctorum académico. Cuando estudiaba en la Universidad de Navarra lo vivía todo desde dentro, pero ahora lo veía desde fuera, desde muy fuera, y ahí estaba la clave.

Una juventud tan nueva, y entre unos edificios tan viejos y solemnes, por lo que el contraste resulta mayor, es un recordatorio incesante y creciente de que uno ya no es joven, no. Los granadinos, aunque estén en su ciudad, y bien bonita que es, siempre tendrán la sensación —como la tuve yo— de destierro, de expulsados de un paraíso en el que, para colmo, viven. Yo he estado allí sólo dos días, pero me di cuenta de que un poco de mala follá es lo menos que te entra.

domingo, 19 de abril de 2009

Ser hombre y ser poeta

A Franco Loi me lo recomendó d'Ors hace dos años. Compré por internet un libro suyo, pero estaba en dialecto milanés, con versiones del autor al italiano, y no entendí ni papa. Ahora Pre-Textos publica una traducción realizada por Esther Morillas, que es una poeta en prosa a la que tengo en mucha consideración. Se titula perfectamente Ser hombre y ser poeta.

Como me he encontrado a varios visitantes que hacen caso de mis comentarios críticos y hasta se compran los libros que menciono, seré extremadamente sincero, a pesar de lo incómodo que resulta. El libro tiene muchos versos memorables y cinco poemas extraordinarios, cinco, pero qué poemas. Además del que copio de la pág. 212, pueden encontrarse los otros en las páginas 127, 151, 173 y 187. A mí cinco poemas me compensan un libro, pero ya eso depende de cada uno.

Y ahora, mi poema preferido:
¡Cómo me gusta el mundo! ¡el aire, su respiro!
¡árboles, hierba, sol, casas, hermosas calles,
la luna que se aparta, la hiedra entre las casas,
me gusta lo salado del mar, los disparates,
las copas entre amigos, los abetos con viento,
y todo lo de Dios, también las pequeñeces,
los tranvías que pasan, los cristales que brillan,
los hombros que de prisa van con los ojos bajos,
la mujer que te altera lo que sientes:
está allí, el mundo, es como si esperase
que tú lo mires, que le prestes atención,
que está siempre pero olvidarlo es fácil,
distraerse pensando, adormecerse…
Pero cuando aparece la sombra de la noche,
¡cómo te llama el mundo! cómo ampliado
ese cielo te cubre con su auténtica
belleza sin fingir al pensar en sí mismo,
y pleno entonces cambias de semblante.

viernes, 17 de abril de 2009

Autóctonos

En el corazón de Palermo, está —esplendente de arte bizantino— la iglesia de Santa María del Almirante, más conocida como La Martorana. Y allí dentro estaba yo el Viernes Santo, a pesar de que no me gusta el turismo, esa manera incómoda de no enterarse de nada. Lo había advertido a menudo, pero no fue óbice para que mi mujer me regalase un viaje por mi cuarenta cumpleaños. “¡Toma!”, dijo al darme los billetes. Y por eso estábamos allí los dos, dispuestos a asistir a los oficios, según el rito griego heredado de san Juan Crisóstomo y san Basilio.

La liturgia era riquísima; el brillo de los mosaicos deslumbrante; los olores a incienso y perfume, embriagadores; los cantos, tan hondos que me arrastraron al pozo donde se abisman la soleá y la saeta. Siguiendo a nuestros compañeros de banco, nos santiguábamos sin cesar, nos levantábamos, nos sentábamos. Entender, entendíamos poco. Apenas los rasgados Kyrie Eleison y, de pronto, algunos alegres Alleluia, con que alternaban los lamentos, supongo que como un presentimiento de la próxima resurrección. Lo supuse, y recordé la graciosa copla de Muñoz Seca: “Virgen de la Macarena/ ponte la cara bonita,/ que ya sabemos to er mundo/ que el Domingo resucita”.

Pero antes de la Resurrección había que pasar por la tumba. En un momento dado, todos los fieles desfilamos por debajo de un icono que representaba el Santo Entierro, y que sostenían dos sacerdotes barbados como popes. Teníamos que inclinar la cabeza mucho y agacharnos; y la sensación era, talmente, la de descender a una gruta muy profunda. Se erguía uno impresionado.

Justo antes habíamos salido a la plaza en procesión con ese mismo icono, simbolizando el traslado del Cuerpo de Cristo hasta el Sepulcro. Dos mujeres llevaban enormes jarrones de flores, un diácono incensaba, otro asperjaba agua de rosas y todos cantaban canciones antiquísimas. Los turistas nos hacían fotos, completamente atónitos. Ante la extrañeza del público, que nos miraba sin dar crédito a sus ojos, mi mujer me susurró: “Y nosotros en la procesión, como los más autóctonos del lugar”.

Así era. Pertenecer a la Iglesia es encontrarte en casa en cualquier rincón del mundo, en cualquier idioma, con cualquier rito. Pertenecíamos, efectivamente, a la comunidad. Éramos, ¡aleluya!, todo lo contrario que unos turistas.

jueves, 16 de abril de 2009

Poema

Pocos habrán cumplido mejor el sueño de Jaime Gil de Biedma de no ser poeta sino poema, pocos mejor que mi compañero de conferencia de esta tarde, Luis Rosales Fouz, el hijo de Luis Rosales, llamado en sus poemas Luis Cristóbal. Es un personaje principal de su poesía, especialmente, nada menos, de El contenido del corazón y de La casa encendida. Como si fuera poco, Dámaso Alonso le dedicó un poema que, aunque parece un juego, uf, tiene tela. Ha sido siempre una guía en mis relaciones con mi sobrino.
LOS CONSEJOS DE TÍO DÁMASO A LUIS CRISTÓBAL

Haz lo que tengas gana,
Cristobalillo,
lo que te dé la gana,
que es lo sencillo.

Caso nunca les hagas
a los mayores.
Los consejos de Dámaso
son los mejores.

Tira, mi niño, tira,
si te da gana,
los libros de papito
por la ventana.

Cuélgate de las lámparas
y los manteles,
rompe a mamita el vaso
de los claveles.

¿Que hay pelotón de goma?
Chuta e impacta.
¡Duro con la pintura
llamada abstracta!

Rompe tazas y platos
¡viva el jolgorio
y las almas benditas
del purgatorio!

La mejor puntería
te la aconsejo
si es que se pone a tiro
cualquier espejo.

Aún hay más divertido:
coge chinillas,
y con un tiragomas
¡a las bombillas!

Pero ahora se me ocurre
algo estupendo,
donde papá se encierra
vete corriendo.

¡Macho, cuántos papeles!
Tú, con cerillas,
vas y a papá le quemas
esas cosillas...

¡Verás qué cara pone!
¡Qué gracia tiene!
Anda, sin que te vea,
mira que viene.

Vamos a divertirnos
tú y yo, mi cielo.
Es un asco este mundo:
conviene que lo

pongamos boca abajo.
¡Es tan sencillo!
Vamos a hacer un mundo
nuevo, chiquillo.

miércoles, 15 de abril de 2009

Magia

Ayer tenía que contrastar un último dato de la conferencia que doy mañana sobre Rosales. Abrí el libro de Antonio Sánchez Zamarreño que había zamarreado a base de bien hace unas semanas, y todo lo que leía de paso (que ya había leído) me sonaba a más hondo, le detectaba un enorme interés y más conexiones. “Claro”, suspiré, “eso es porque los libros hay que leerlos dos veces: de ida y de vuelta”.

No tenía demasiado mérito esa conclusión porque ya en Sicilia nos dimos cuenta que cada vez que nos pateábamos una calle de nuevo le descubríamos (como la misma expresión —y ahora, después de haberla usado miles de veces, caigo— indica) le veíamos, digo, algo —tatatachán— nuevo. ¿Cuántas veces tendríamos que pasar para que la calle, nos preguntábamos en Sicilia, nos revele todos sus secretos?

Y ahora que he vuelto a mi pueblo, pienso al cruzar por sus calles con gesto melancólico, ¿cuántas veces he tenido que pasar para que se volvieran —nada por aquí, nada por allá— invisibles?

martes, 14 de abril de 2009

La pascua

Si ahora estoy aquí, donde ustedes me leen, tecleando esto desde mi despacho, es gracias a que mi mujer ha salido sola a hacerle unas compras a mi madre, esto es, a su suegra. Compras que me tocaba hacer a mí, como es natural. Ha ido ella para que me dé tiempo a escribir este artículo, fíjense. Y ha conseguido congelarme los dedos por la responsabilidad. ¿Qué columna estará a la altura de su detalle?

Y no es sólo eso, que al fin y al cabo el matrimonio es entrega. Ayer cené un lenguado a la plancha —valga la redundancia—, gracias a cuyo fósforo y proteínas estoy esta mañana a pleno rendimiento de mis facultades mentales. Muy lejos de mí el vegetarianismo, pero un respeto —me exijo y no completamente en broma— al sacrificio de aquel lenguado. Que lo que yo haga con su aporte energético sea digno de él. Lo ideal sería que el lenguado pudiera enorgullecerse de estas líneas.

La responsabilidad nos tiene rodeados. No solamente a los columnistas cuyas mujeres van a la compra por ellos y que cenaron lenguado a la plancha, sino a cualquiera. La vida es un regalo que unos y otros nos hacen sin solución de continuidad. Uno nos la regala, es cierto, más que los otros, pero todos contribuyen. Los cenizos —como Cioran— piensan que así nos hacen la pascua, pero nos hacen la Pascua, un regalo impagable, y al que tenemos que intentar corresponder, aunque no podamos, porque ahí está la gracia. ¡Feliz Pascua Florida!

lunes, 13 de abril de 2009

Obligación ennoblece

A primera hora de la tarde del Sábado Santo, a las tres, yo estaba a la derecha del altar mayor de la Catedral de Monreale, Sicilia, ante la tumba de san Luis IX, rey de los franceses, cruzado de Cristo. El rey ya no está allí, salvo su corazón, que se encuentra en un cofre de hierro bajo el altar. A las tres de la tarde, por tanto, justo a mi espalda.

Y a mi espalda oí, de corazón a corazón, un lema o motto que me pareció tan bien que ya es definitivamente el mío: Obligación ennoblece.

domingo, 5 de abril de 2009

La vida en diferido

Hoy sale el artículo que escribí el miércoles y el miércoles saldrá el artículo que he escrito hoy. A las 3.30 salgo de procesión, y, entre unas cosas y otras, tengo que pensar el artículo que escribiré mañana y que publicaré el Domingo de Resurrección. Las razones de todo este jaleo las explicaré pronto, pero, mientras tanto, me sirven para una reflexión generalista: vivimos con un pie en el pasado, otro en el futuro, el cuerpo en el aire y la cabeza en las nubes. El gran ausente es el presente, pobre.

Y para intentar, aunque sea haciendo una ficción, acercarme a mi vida actual, pongo trampolínk al artículo que he escrito ahora, sintiendo (mucho) lo de ahora, según lo de ahora, aunque vaya a salir, como digo, el miércoles, que estaré Dios sabe dónde. [Eso sí, cuando me vaya a las 3 a la procesión, el artículo se autodestruirá, por respeto al Grupo Joly, que me lo paga.]

sábado, 4 de abril de 2009

Justo por eso

Esta tertulia que nos traemos en la blogosfera ha ido creciendo hasta límites ingobernables. Y nuestros amigos no se pueden contar ya con los dedos de las manos, aunque uno mantiene los enlaces primigenios en su columna de la derecha como un homenaje a los merry old times. Ante tanta abundancia, no me extraña que con frecuencia clamemos contra la entrada diaria, que nos exige mucho, como escritores y, sobre todo, como lectores, y que empuja a la vieja corriente abajo. Estoy totalmente de acuerdo con esos argumentos, totalmente, y tanto que justo por eso escribo a menudo mi nueva entrada, para que la vida siga, para que la imperfección de hoy tape la de ayer.

viernes, 3 de abril de 2009

El misterioso caso del cura ubicuo

Uno protesta de cuánto Chesterton ocupa los escaparates de las librerías y, sin embargo, a las primeras de cambio, no hace otra cosa que echar de menos al padre Brown. Él podría resolver el misterioso caso del famoso cura ubicuo.

Se habrán fijado ustedes. No hay heterodoxia a la que amigos, conocidos o saludados no se apunten que deje de tener todas las bendiciones de —aseveran— “un cura que yo conozco”. Según ese cura que yo jamás me he encontrado pero por lo visto tan conocido, unos amigos nuestros se consideraban dispensados de cumplir la abstinencia de los viernes de cuaresma, residuo de los siglos oscuros, explicaban, mientras le daban al jamón que luego pagaríamos entre todos. Y eso es sólo un botón de muestra. Ese cura afirma que, si hay amor, las relaciones prematrimoniales, por supuesto; que los anticonceptivos, si hay amor, valen; que los divorcios, si no hay amor, vaya, y si hay otro amor, pues claro, qué remedio. El tan amoroso clérigo ubicuo está también —me lo han contado— a favor de la fecundación in vitro, del aborto en casos puntuales, de relativizar hasta extremos anonadantes el precepto dominical, y en contra del dogma de la infalibilidad, aunque él, según creen quienes le conocen, no se equivoca nunca.

Pero ese cura archiconocido, ¿existe? ¿O se lo han inventado entre unos y otros? Tal vez no se lo hayan inventado, pero lo han rebuscado, como hace el diario El País con sus teólogos (y últimamente con sus científicos). Después de revolver por todas las sacristías de España, alguno habrá dado con alguno que le habrá dicho, o sólo a medias, o un cuarto de mitad, lo que quería; y así ha calmado su conciencia, que no calificaré de inquieta, aunque no encuentre asiento. Después la voz se ha ido corriendo y “un cura que yo conozco” es, en realidad, “el cura que parece que conoce uno que conoce un conocido mío de oídas”. En cualquier caso, no me extraña: con lo que charla el hipotético cura es lógico que no haya tenido tiempo de hojear el Catecismo de la Iglesia Católica, ni tan siquiera el Compendio.

El padre Brown, más optimista que yo, no se habría creído de esa misa la media. En “La cruz azul” desenmascara a un falso sacerdote porque habla mal de la razón y la ciencia. El padre Brown desconfiaría, con razón, de la autenticidad de alguien que ha entregado su vida por una doctrina y una fe que luego destroza. Y realmente es raro.

jueves, 2 de abril de 2009

Ubi sunt?

A Piedad Bonnett, a la que le reseño, hala, Las herencias (Visor, Madrid, 2008), lo que más le admiro es el título para una antología: Lo demás es silencio (Hiperión, Madrid, 2003). Y no le va a la zaga el poema que viene a continuación, sobre todo ahora que a muchos alumnos, que se van a la Formación en Centros de Trabajo, les voy diciendo con impensable melancolía "adiós".

................LOS ESTUDIANTES

Los saludables, los briosos estudiantes de espléndidas sonrisas
y mejillas felposas, los que encienden un sueño en otro sueño
y respiran su aire como recién nacidos,
los que buscan rincones para mejor amarse
y dulcemente eternos juegan a la ruleta rusa,
los estudiantes ávidos y locos y fervientes,
los de los tiernos cuellos listos frente a cualquier espada,
las muchachas que exhiben sus muslos soleados
sus pechos, sus ombligos
perfectos e inocentes como oscuras corolas,
qué se hacen
mañana qué se hicieron,
qué agujero
ayer se los tragó,
bajo qué piel
callosa, triste, mustia
sobreviven.

miércoles, 1 de abril de 2009

Mala bares

Hace dos años, veíamos siempre, cuando paseábamos a los perros por la playa, a una chica nerviosamente guapa muy aficionada a los malabarismos. La primera vez nos llamó la atención [a mí me la habría llamado de todos modos, confieso] porque lo hacía mucho mejor que su pareja, un joven que ponía gran interés, pero al que se le caían los montones de mazos continuamente. A veces se hacía daño en una mano y la sacudía de arriba a abajo y se la soplaba como si se hubiera quemado. La chica le reprendía y le daba enérgicas lecciones. Poco tiempo después, ella seguía allí, con sus mazos innumerables y sus malabares, pero el chico era otro. Y otro. Y tal vez otro. Recuerdo que alguno de ellos se extenuó, y se tumbó en la arena, con los brazos en cruz, mientras ella seguía dándole vueltas y revueltas a los mazos por los aires con un hermoso mohín de reprobación. Después dejamos de verla, y a mí me gustaría saber si buscó otro escenario para sus malabares o si renunció a ellos por amor.

[Esto lo hubiese incluido en mi artículo de hoy, pero se me ha caído.]

martes, 31 de marzo de 2009

Prólogo y reseñas


Uno siempre vuelve a donde fue feliz. Por eso compro todos los libros de y sobre Julián Ayesta. Su pequeña novela Helena o el mar de verano está entre mis favoritas, y es muy probable que, si alguna vez tengo que hacerle a usted algún regalo —porque me invite a cenar, por ejemplo—, aparezca con ese librito de Ayesta bajo el brazo.

Me he comprado, por supuesto, Dibujos y poemas de Julián Ayesta, editado por Trotta. La primera impresión es decepcionante, dicho sea sin remilgos. Antonio Pau en el prólogo califica (con benevolencia) a los dibujos de garabatos (porque tienen gracia, explica). Garabatos a los que, para colmo, dejan en evidencia los deliciosos cuadros de Dufy que pueblan el volumen. Los poemas son indiferentes, esto es, ni tan siquiera rematadamente malos.

Sin embargo, el libro merece la pena, porque esconde un buen puñado de felicidades. El propio prólogo de Pau es muy interesante y, tras repasar muy objetivamente la trayectoria de Ayesta posterior a Helena, comentando una prosa poética final, que recupera su estilo primero, remata con esta confesión: “¿Pueden aparecer de pronto treinta, cuarenta líneas que ignoran —afortunadamente, habría que decir, quizá en voz baja— una evolución de medio siglo?” Junto al prólogo y a la prosa mencionada, son extraordinarias la carta de Ayesta a su editor y sus reseñas teatrales, llenas de frescura y perspicacia. Lo peor del libro es su título, que destaca lo peor. Tendría que haberse llamado Prólogo, prosa, carta y reseñas.

lunes, 30 de marzo de 2009

Blogger me lee el pensamiento

¿Misterios de la informática? Sí, pero mentiría si dijese que no sé porqué blogger ha colocado en el sábado la entrada que ahora mismo acabo de escribir. Simplemente la había pensado entonces, aunque la dejé para hoy. La máquina, no me pregunten cómo, me ha leído el pensamiento.

domingo, 29 de marzo de 2009

Admiraciones hay muchas

Admiramos a muchos, y además no del mismo modo, naturalmente. Hay textos, por ejemplo, que me gustan a morir, pero que no incluiría en un libro mío ni regalados; en cambio, otros, que me gustan a morir, pero de otra manera, los admiro algo agridulcemente, con la pena de no haberlos escrito yo. Eso me pasa con este poema que me mandó por e-mail Rafael García Angulo, y que corto y pego aquí con la esperanza de que se me pegue algo:
-----------CENICIENTA

Si encajaste tu pie en aquel zapato
y fuiste la escogida, y no era un sueño
¿porqué sigues temblando cada noche
cuando suenan las doce campanadas?
¿Un ejemplo de lo contrario? Vale, os pondré unas frases aceradas de Cioran, que me encontré precisamente ayer, que no comparto en absoluto, aunque mi admirado Borges era de la misma opinión, y que vienen sobre todo muy bien para documentar mi artículo de hoy. Así veis que cuando hablo de aversión a la paternidad y contravalores del 68 no lo hago a humo de pajas:
La única cosa que me precio de haber comprendido muy pronto, antes de cumplir los veinte años, es que no había que engendrar. A eso se debe mi horror del matrimonio, de la familia y de todas las convenciones sociales. Es un crimen transmitir las taras propias a una progenitura y obligarla, así, a pasar por las mismas duras pruebas que nosotros, por un calvario tal vez peor que el nuestro. Dar vida a alguien que heredaría mis desgracias y mis males es algo que nunca he podido consentir. Todos los padres son irresponsables o asesinos. Sólo los animales deberían dedicarse a procrear. La piedad impide ser "genitor": la palabra más atroz que conozco.

sábado, 28 de marzo de 2009

Entreluces

Qué gran alegría me dio que Ale en su comentario a mi entrada sobre el trueno y la lluvia hablase con nostalgia telúrica de los chaparrones andaluces. Llovía sobre mojado, porque a la alegría de no tener que regar, se había unido un recuerdo alborozado a Borges. En un soneto prodigioso habló de “la lluvia minuciosa”, y yo siempre había pensado que esa minuciosidad era una imagen del chirimiri, como “la lluvia en cursiva” de d’Ors. Pero el sábado atisbé que Borges hablaba de otra cosa. La lluvia es minuciosa porque lo riega todo, a fondo, puntillosamente, no como la manguera, que va apagando fuegos a brocha gorda. Yo, además, estaba muy sensibilizado con el repicante meteoro porque acababa de leer el último poemario de Aquilino Duque, donde se deja caer con la lluvia a menudo, como he dicho a menudo:

El nubarrón, el vendaval, el trueno,
el remolino, el rayo.
Todo eso para el alma es bueno
porque es agua de mayo.
[Las negritas, o azulitas, son naturalmente mías.]

Daba gusto leer a Aquilino --era otro regalo-- mientras la lluvia regaba blandamente el jardín. Y qué difícil ahora escoger un poema nada más para acabar esta entrada. Copiaré el que más me autorretrata, al menos en las intenciones. Ahí va:
.......PASATIEMPOS

Paso el tiempo leyendo y haciendo solitarios,
viendo películas antiguas,
jugando al toro con las musarañas,
con la idea de que los versos
que he de escribir aún se escriban ellos solos,
mientras duermo la siesta, por ejemplo.

Fueron malos mis años de alimaña errabunda;
me dejaron secuelas en el alma.
Luego he tratad0 de que lo que quería
para todo el país, para toda la tierra
fuera al menos posible en unos pocos

metros a la redonda.

Rayos, trueno, gracias

Entre las ingentes gestiones que en mi agenda se arrebujan, estaba regar minuciosamente el jardín, seco como una mojama, y amarillo. A las siete menos cuarto, de repente, nos ha despertado un trueno tremendo y una tormenta trepidante. Entre el sobresalto me pareció que el trueno tronaba: “Yo me encargo de regar, tú concéntrate en Rosales, que se acerca el día de la conferencia, dormilón”.
¡Rayos, qué bien! Muchas gracias.

viernes, 27 de marzo de 2009

Lo sguardo effimero

La mirada efímera/Lo sguardo effimero recoge los haikus de Herme G. Donis y su traducción al italiano por E. Coco. Han sido publicados por Levante Editori, de Bari, 2009. Personalmente me ha hecho muchísima ilusión enterarme de que “Salta la rana” se dice en italiano “Salta la rana” (p. 48). Da gusto saber idiomas. Y no es la única chispa que salta del roce entre las dos lenguas: la traducción mejora algún haiku, como éste: "Inverno, neve. / Sentirò questo fredo, / quando finisce?", que en versión original dice:
Invierno, nieve.
Cuando todo termine,
¿tendré este frío?
O también pasa que una mala lectura mía del texto en italiano lo salva (al menos para mi gusto). Leo: "M’ignora l’aqua./ Mai la sua trasparenza/ m’ha regalato"; y yo lo interpreto: “Me ignora el agua. / Pero su trasparencia / me ha regalado”. Compruebo el original español y me entero de que no:
Me ignoró el agua.
Nunca me regaló
su transparencia.
Pero poliglotismos aparte, Herme G. Donis, como nos tiene acostumbrados, consigue algunos haikus emocionantes, para nada efímeros. Ahí van los que yo he visto mejor:
Cuenco de agua.
Las manos adormecen
brillos de luna.

*
Hay una vida
detrás de estas sílabas
que envejece.
*
Nunca lo olvides.
Sobrevive la luna
más que el poema.

jueves, 26 de marzo de 2009

Skerryvore

For love of lovely words, and for the sake
Of those, my kinsmen and my countrymen,
Who early and late in the windy ocean toiled
To plant a star for seamen, where was then
The surfy haunt of seals and cormorants:
I, on the lintel of this cot, inscribe
The name of a strong tower.

[R. L. Stevenson, Monte bajo, 1887; las negritas a la mejor definición de faro que jamás se ha escrito son mías y la traducción, ay, también:
Por amor a los nombres, y en honor
de mis parientes y de mis compatriotas
que trabajosamente en un mar tormentoso
alzaron una estrella
para los marineros sobre un palmo
de espuma de las focas y de los cormoranes;
yo, en el dintel de mi casita, inscribo
el nombre poderoso de la torre.]

Cormoranes

Con los cormoranes tengo (o tenía) el corazón partido. Por un lado, me recuerdan un poema de Stevenson, nada menos, y me gusta mucho su vuelo esforzado y potente, como de todoterrenos del aire, y un poco antes me hace gracia su torpe despegue, palmoteando el agua en una carrerita escolar, para coger impulso. Por el otro lado, cuando toman el sol parecen lagartos y todo el mundo dice que son unos pájaros voraces que están esquilmando las salinas. Así estaban las cosas hasta que el fin de semana, navegando por el río, los vimos a los pies de la imagen de la Virgen del Carmen que hay en el espigón de babor. Casi no parecían lagartos ni cuervos, de tan marinos y marianos. Y me dan una excusa para colgar aquí esta foto, que es a lo que vine.

La escultura es de Juan Botaro, artista que fue local, y la foto de Jaime Arias Hormaechea.

miércoles, 25 de marzo de 2009

Soliloquio:

Amarme es conformarme con poco.

[Claro que si yo hubiese escrito esto, en vez de Marco Denevi, me amaría o, al menos, me admiraría más.]

martes, 24 de marzo de 2009

El espasmo del spam

Desconozco la etimología de “spam”... Pero, ¿cómo me atrevo? ¡En la era de la información no se puede desconocer nada!, así que corro a Wikipedia y me entero instantáneamente de todo: “La empresa charcutera estadounidense Hormel Foods lanzó en 1937 una carne en lata originalmente llamada Hormel's Spiced Ham. El Spam fue el alimento de los soldados soviéticos y británicos en la II Guerra Mundial, y desde 1957 fue comercializado en latas que ahorraban el uso de abrelatas. Más adelante, el grupo británico Monty Python empezó a hacer burla de aquella carne. Su divertidísima costumbre de gritar la palabra spam en diversos anuncios publicitarios se trasladó al correo electrónico no solicitado”.

Ya me temía yo que no tendría que ver con el espasmo, a pesar de que sea lo que me da a mí. No por el tiempo que me hace perder, que es poco: borro spam a una velocidad de pasmo, aunque alguna vez en el frenesí haya arrastrado algún correo importante y luego haya tenido que rebuscarlo por la papelera. Tampoco por el espacio: los buzones electrónicos no tienen fondo.

El spam me fastida por la desilusión. Mi ordenador me avisa cada dos por tres de que tengo seis nuevos correos, y yo los abro esperando encontrarme cartas de amigos, comentarios halagüeños a mi blog o una nota de mi mujer anunciándome que llegará antes a comer. Cualquier cosa menos esto, qué espanto.

viernes, 20 de marzo de 2009

Donde el bloguero descubre una verdad

Y yo que me creía que la entradita diaria era una deferencia con ustedes, que mis prejuicios de clase media me exigían, cada vez que alguno llamase a la puerta (click-click), salir repeinado y servicial a ofrecer al menos un café y unas pastas. Pero veo que no, que soy un blogg-adicto y nada más. Estos días que corrijo las últimas pruebas de Lo que ha llovido [Rayos y truenos, 2006-2008], calmo mi sed con el agua pasada. Por eso, no escribo aquí. Aunque un rescoldo de educación burguesa sí me queda, y les pido perdón.

miércoles, 18 de marzo de 2009

Termitas en la Cartuja

Ahora mi vida gira alrededor de las termitas (quod erat demostrandum). Y no todo tiene por qué ser desagradable. Busqué asesoramiento técnico en un amigo (F.J.P. de E. V.), que es el arquitecto de la restauración de la Cartuja de Jerez y oyéndole contar cosas de las Hermanas de Belén, que ahora viven allí me olvidé hasta del Reticulitermes Lucifugus.

Fue a la celda de una monja joven. Las altísimas vigas estaban llenas de termitas. La monjita ("muy joven, oye, y guapa, de Toledo") le explicó que no le importa la arenilla que cae del techo, que ella se tapa con la sábana, pero que no puede soportar el ruido horrible de las termitas. Cuenta mi amigo que las celdas son enormes, altísimas, y se le encendían los ojillos y comentaba: "Vamos, que en cada celda me cabe a mí un unifamiliar". Pero enseguida le podía la admiración por las monjas. En cada celda tienen unos pobres muebles, y me contó que están atornillados al suelo para vencer la tentación de la decoración. Con tanto tiempo, espacio y soledad, podría suceder que alguna hermana se dedicase a mover la mesa continuamente. Para mí ha sido un ejemplo grandísimo: ya he empezado a atornillar cosas.

Finalmente, recordó una visita de Bibiana Aído cuando era Delegada Provincial de Cultura. Le preguntó: "Dime, Javier, ¿qué es lo más valioso del Monasterio". Y él le respondió: "El patrimonio espiritual, piense que aquí llevan rezando casi ininterrumpidamente cerca de ochocientos años". Ea.

martes, 17 de marzo de 2009

Termitas

He descubierto que nuestra casa, la que empezamos a reformar hace tres años, como lloré aquí, a la que nos mudamos hace sólo unos meses, como resoplé aquí, en la que saltan los fusibles, como me quejé aquí, nuestro hogar, dulce —a pesar de todo— hogar está infestado de termitas. Fue ver unos repugnantes gusanos y unas hormigas con largas alas saliendo de debajo del rodapié de madera, y saberlo: termitas. No las había visto en mi vida, pero como tengo el cenizo no tuve duda.

Aunque bien pensado, no es cierto. Las había visto y todavía más: las había buscado con afán. Sólo que entonces no sabía que se llamaban termitas. Les decíamos “lúas”. En mi infancia agropecuaria eran muy valoradas como señuelo en las perchas, unas trampas para pajaritos. Todo bastante salvaje, como ven y veo ahora, pero aquellas trampas parecían ballestas en miniatura de las que salían en Ivanhoe, una de mis películas favoritas. Encontrar en un tronco podrido un nido de alúas era una emoción comparable al hallazgo del tesoro en la Isla del ídem.

Al asco inmemorial por los gusanos, al terror a las termitas, se ha sumado ahora el remordimiento. En mi descargo alegaré que las usé poco: la emoción de ponerlas no justificaba la desolación de haber matado a un pajarillo. Pero alguno cayó. Descubro que aquellas alúas son estas destructoras termitas, y algo de mi congoja me consuela: la merezco.

lunes, 16 de marzo de 2009

Ubi sunt?

Lo que han envejecido los poemas
escritos hace años (tres de ellos
pudieron ser entonces la razón de la vida
y ahora no los quiere ni el recuerdo).

También nosotros éramos mejores.
También los días eran otra cosa…
En su rincón perduran las fotos de aquel tiempo
y guardan la verdad de aquella historia.

Quizás en el futuro nuestros libros
parezcan trasnochados
en la memoria de alguien.
......--------------------. .... Por lo menos
no hablábamos muy alto.
[Vicente García, De ayer a hoy, Renacimiento, 1996]

domingo, 15 de marzo de 2009

Antonio Casado da Rocha

Ayer, hablando de privilegios, estuve tentado a inaugurar una etiqueta de “Vanitas vanitatis”. Menos mal que no lo hice, porque me habría dejado en evidencia. Todas mis entradas se merecen ese etiquetazo, incluso ésta, donde vengo a hablar de Quién me mandaría a mí (Bermingham, San Sebastián, 2009) de Antonio Casado de Rocha (San Sebastián, 1970). De este poemario, lo que más me afecta es lo que me afecta. El autor y yo somos casi coetáneos, además de compatriotas, hemos recibido las mismas (más o menos) influencias y hemos realizado la misma apuesta estética. La consistente en no renegar de la herencia de nuestros mayores (en los dos sentidos) poetas de línea clara. Jon Juaristi decía con mucho tino en Sermo humilis que pase lo que pase con las modas, la poesía clara ha creado un tipo de lector [y un tipo de poeta, añado yo], y que eso era incontestable. La contestación la tenemos que dar nosotros, demostrando que no es una vía sin salida, ni un tiovivo, sino un camino, que además arranca desde muchísimo antes de los años 70 de España: pienso en el cancionero tradicional hispánico, en Manrique, en Lope, en Fernández de Andrada, en Arguijo, en Medrano, en Bécquer, en Machado, en cierto JRJ, en Panero, en Otero, en Muñoz Rojas, en Rodríguez, en Gil de Biedma, en Duque, pienso en tantos, por no hablar de poetas de otros países. Para mí la clave está en ser muy conscientes de la viva tradición que digo; en la exigencia técnica, que en este libro cojea un poco como reconoce el autor en “En el que se renuncia a las formas”; en una búsqueda sin resquicios de la autenticidad y, por tanto, indirectamente de la voz propia; y en encontrar de paso un mundo personal. Esto es lo que consigue mejor Quien me mandaría a mí, que habla mucho del padre, pero no de su muerte sino de su vida:
........Y MI PADRE
que durante más de treinta años
(saliendo pronto y llegando tarde,
no lo vi al sol en laborable)
subió cien botellas de butano

cada día por estos rellanos
y escaleras, que subía amable
hasta el quinto piso de estos lares
de Lezo y Rentería y ambos

Pasajes, con la ropa mojada
oxidándose en el horno tibio
y el camión a la vista de casa

esperando a que llegue mi tío,
con las bombonas encadenadas
para que no se las lleve el frío,

va y dice
.................que echa de menos el trabajo…

sábado, 14 de marzo de 2009

Privilegios

Me gustaría poder decir que me preocupan más mis deberes que mis derechos, pero me da miedo una declaración tan magnánima. Lo que sí puedo declarar con la certeza de no equivocarme es que prefiero un privilegio a mis derechos. Desde luego, a mis derechos de autor. Fíjense como Llir entre cards se los salta dos veces: primero fotocopia mi viejo libro, y después cuelga mi vieja décima en su blogg. Ea. Pero yo tan contento, es más, tan orgulloso, es más, tan vanidoso, se lo agradezco de todo corazón: es todo un privilegio su interés y su lectura. Ojalá Dios se lo pague con una buena plaza.

Y ayer, cuando paso la hoja rutinaria del calendario, me encuentro con un poema ¡mío! Y lo que fue aún más inquietante, uno que empieza: "El día que yo me muera". ¿Habría caído ahí por casualidad o sería una meditatio mortis propuesta para el viernes de Cuaresma? Lo pusieran por lo que lo pusieran, me vino de maravilla, enhebrándose limpiamente al hilo de mis pensamientos. Qué privilegio poder hablarme por sorpresa por encima de los años y los derechos de autor. Ah, y los pensamientos en los que andaba enredado no eran mortuorios. Probablemente dejaron de serlo desde que escribí los tres últimos versos del poema aquel, que sigo queriendo que sean mi epitafio en el mármol, qué menos, del cementerio, y que rezan:
Esperanza, compañeros,
las almas viven y, encima,
resucitarán los cuerpos.

viernes, 13 de marzo de 2009

Chesterton for ever!

Ha querido la casualidad que justo cuando sale mi artículo de Alba sobre Chesterton, yo termine la lectura de su primera novela, Basil Howe (trad. de Diana Pérez García, Editorial El Olivo Azul, Córdoba, 2009). Tenía mis más recios prejuicios contra ella. Gilbert la había escrito con ¡20 años! y la había dejado inédita. Todo lo cual hacía presagiar que sería el típico borrador de aprendiz. Pero uno es chestertoniano incluso contra sus prejuicios, y me la compré de inmediato, y qué sorpresa. Ahí está ya todo su mundo: su defensa del romance, del periodismo, de la felicidad, de las paradojas y del sentido común. Además deja vislumbrar algunas claves biográficas de un interés extraordinario. Tiene algún leve fallo de construcción, sí, pero ninguno comparable al de la traductora que pone un capítulo introductorio rescatado de una versión anterior en la que los personajes tienen distinto color de pelo y distintos nombres. Te vuelve loco. Lo mejor, desde luego, es arrancarle esas hojas primeras nada más comprar el libro. El barbero, en cambio, ha tratado de arrancarle los mejores momentos:

—Adoro las flores —dijo Cécile con languidez, y aunque era tonta, de verdad las adoraba.
*

Bueno, es una experiencia, como dice la gente cuando quieren decir que algo es irremediablemente desagradable.
*

¿Les puedo ayudar en algo? Esta pregunta me la llevo haciendo desde muy temprana edad; como dice el Arnold latino: “Se espera que la respuesta sea: No”.
*

[...] y participó de esa sensación callada de sacralidad, pureza y plenitud que las familias honestas, más que los individuos, transmiten a aquellos que son capaces de notarla.
*

No culpe nadie a Howe por tener tales pensamientos en una iglesia; el interés que sentimos por otros parroquianos, lejos de ser decadente, es apenas el único vestigio de cristianismo que queda en la piedad convencional de hoy en día: se trata de un eco real de los primeros creyentes…
*

[…] pero me parece un escrúpulo innecesario, como casi todos.
*

[...] como la mayoría de los poetas, a cuyas filas pertenecía, Valentine tenía una manera un tanto dejada de expresarse en la vida ordinaria.
*

El caso es que los sabios atenienses iban con las mujeres malas cuando querían ingenio y con las buenas cuando querían la cena.
*

—Quiero que usted me diga cómo actuar correctamente.
—Con placer —contestó Howe—. Si me hubiera pedido que actuara correctamente, sería otro asunto.
*

Los caballeros medievales gozan del eterno honor de haber introducido el respeto a las mujeres, pero es manifiestamente falso que lo llevaran a su punto álgido.
*
[...] el mundo no es en absoluto cínico, sino por el contrario el más sentimental de los planetas.
*

Ojalá la lluvia fuera más seca.
*

El amor es una cosa curiosa, y todos los poetas escriben sobre él y dicen que es bonito.
*

—Tú y yo —dijo, con el tono bajo de una revelación repentina y vívida—. Tú y yo: en el muelle de piedra junto al mar, tú y yo; en el viejo bosque y al borde del viejo acantilado, tú y yo. En el salón de baile y en el invernadero, a la mesa del té con docenas de personas, tú y yo. Por el vacío de seis años, y durante la desconcertante contradanza, tú y yo. En el paraíso de amor de Valentine, y en la iglesia de Dios en que se casó, tú y yo. Nunca hubo otra cosa en la vida, excepto tú y yo.

jueves, 12 de marzo de 2009

Uf

Por fin, con cuarenta años cumplidos, voy descubriendo lo que de veras me gusta y lo que no. Quizá hasta ahora todo ha consistido en ir forjándome un criterio personal.
(Por suerte, veo que mi mujer me encanta.)

miércoles, 11 de marzo de 2009

Doble salto mortal

Pongo enlace a mi artículo, la verdad, para seguir la costumbre y para que la empresa vea que mi página se visita, pero me interesa comentar el artículo de Colón. Rápidamente, enumero sus aciertos:
1) Hablar del aborto el día del 11-M resulta muy pertinente. En lo mío, intento mostrar alguno de los nexos, pero no hacía falta. Entre las víctimas siempre existe una profunda solidaridad. Colón no pierde tiempo en explicaciones.
2) Usa el argumento de antiautoridad, que siempre me fastidia un poco, la verdad. Lo lógico sería que los argumentos valiesen por sí mismos y no porque los diga San Pío X o un ateo reconocido. Pero el argumento de antiautoridad es muy eficaz, y más en estos tiempos. O sea, que Colón hace bien en citarnos a Bobbio y, mañana, a Pasolini. Seguro que algún lector se cae del guindo.
3) Hay que descubrirse también ante la humildad de Colón, que le regala su columna a Bobbio, consciente de que él no lo va a decir mejor. Y además se repite, porque reincide en estas citas, que no es la primera vez que le leo. O sea, que, por amor a la verdad, renuncia a la originalidad y a la novedad.
y 4) Bobbio ataca el problema con gran inteligencia, desde luego: a) se asombra del honor que nos hacen a los cristianos de dejarnos solos en la defensa de la vida, b) detecta que en el fondo hay intereses políticos de control de natalidad, c) reconoce la inviolabilidad del derecho del más débil y d) denuncia la falacia de los argumentos proabortistas.

martes, 10 de marzo de 2009

Los malos

La agitada vida del profesor de secundaria desestabiliza emocionalmente a cualquiera. En la misma mañana asistí a las lágrimas de alegría de una alumna porque había aprobado un examen mío de recuperación y a los insultos de otro porque le supliqué que no bostezara tan ostensiblemente durante la clase.

Por la tarde me pesaba más el conflicto que la celebración. ¿Por qué? Y me extrañé aún más cuando recordé que, en cambio, en todos mis artículos dedicados a la enseñanza, que son ya un buen puñado, pongo muy bien a mis alumnos, sin mentir, eso no, pero sacándolos siempre del lado mejor. Cuando mis alumnos son tuertos, los miro de perfil.

Una explicación de andar por clase sería que de los alumnos malos hablamos tanto en la sala de profesores, en los equipos educativos, con los orientadores y los jefes de estudio y por los pasillos que agotamos el tema. O que los agotados somos nosotros.

Pero en realidad escribo de nuestros alumnos buenos o de lo bueno de nuestros alumnos porque a fin de cuentas lo escrito es lo que queda. Lo malo, aunque en su momento impresione, no tiene sustancia, más allá del disgusto. La chica lloraba porque había decidido que si no aprobaba al menos uno de los exámenes de recuperación dejaba definitivamente el instituto. Mi nota era la última que le faltaba por saber, y la única que aprobó. Ahora la veo muy seria, en la biblioteca, estudiando.

lunes, 9 de marzo de 2009

Un tema generacional

Nos recordaba Jesús Beades que Miguel d'Ors detectó un tema generacional en nuestra afición a los cafés, y añadía con lucidez Beades que la fuente (o cafetera) podría ser la humeante poesía de Carmelo Guillén. Lo he recordado al leer los nuevos poemas de Jon Juaristi en el último número de la revista Renacimiento, donde brilla con luz propia uno asombrosamente parecido a éste del mismo d'Ors. Como al astuto Juaristi no se le escapa una, el parentesco evidente entre ambos poemas será buscado, como subrayando un tema generacional (inquietante):
...........RESTAURANTE CHINO

Por favor, no te vayas.
Espera a que acabemos la Familia Feliz.
Come un poco de Pato Lacado y de Chop Suey.
No me pongas, amor, en evidencia
ante la concurrencia.

Pero, si quieres, huye,
Déjame.
Daré cuenta yo solo de esta cena agridulce.

Cuando tú te hayas ido,
Me envolverán las sobras.

domingo, 8 de marzo de 2009

Si me equivoco, el error no es mío

Uno de mis lemas es de Borges: "Piensa que los otros son justos, y si no es así, el error no es tuyo"; pero nunca pensé que lo aplicaría a los políticos, donde en principio prefiero el refranero: "Piensa mal y acertarás". Sin embargo, en el artículo de hoy estoy borgiano, o, si prefiere, ingenuo. El que está mosca es Juaristi, que conoce mejor el paño (y me deja, por tanto, en mosquito).

[Ah, a propósito: yo lo escribí con puntos y aparte y cursivas, como puede leerse en el trampolínk]

viernes, 6 de marzo de 2009

Un clavo ardiendo

Ya a las 11 y cuarto de ayer di por perdido el día. La mañana se me estaba complicando y la tarde la traía complicada con premeditación. Mientras me dirigía atropelladamente hacia mi coche, pensé: “la única solución para hoy es que un fulgor poético instantáneo se me cuele por algún intersticio, y agarrarme a él como a un clavo ardiendo”. La idea me salió de 17 sílabas:
Se me complica el día:
tan solo un haiku
podrá salvarlo.
Pero no era un haiku salvífico, ni mucho menos. El día seguía inútil. Inútil, sí, pero muy formal, porque iba cumpliendo lo que se esperaba de él, gestión tras gestión, sin solución de continuidad. En un atasco tuve, por suerte, un susto repentino. Con el viento largo y frío una palmera se agitaba talmente como la cabeza de Medusa: me quedé de piedra. Sólo los pitidos de los coches de atrás rompieron el maleficio o me lanzaron de nuevo al mío, que era el de un Sísafo burocrático con su carpetita de papeles de abajo a arriba.

Al final de la tarde, cuando salía a hacer otra tanda de gestiones, me deslumbró un reflejo naranja, miré y:
Deja el sol último
un rayo en la farola.
Juega a encenderla.
No me salvará para la posteridad, como decía Borges de quien una tarde oyó cantar al ruiseñor, pero, bueno, era muy bonito ese interés del sol por no dejarnos a oscuras, y me iluminó lo que quedaba de día, que eran aún unas horitas.

jueves, 5 de marzo de 2009

Obsesión y Vuelo

Cuando supe que Suso Ares Fondevila, nuestro contertulio, tenía libro de poesía (Obsesión y Duelo, Septem Ediciones, Oviedo, 2005), pensé: “A ver”. Conoce uno a un prosista y se le hace el oído a un ritmo, y ya no se lo imagina en verso. Yo no abrigaba dudas sobre el interés de lo que Suso Ares nos contara, pero sí sobre su cómo. Encima, cuando recibí el libro y lo hojeé, ojeé un verso libre y corto, que hacía presagiar una prosa cortada a trocitos y a correr.

Puedo declarar ahora con enorme satisfacción, que me equivoqué. El verso libre y corto, gracias sobre todo a un sentido muy fino del ritmo interno y a unos encabalgamientos altamente significativos, levanta el vuelo. De hecho es capaz de volar a pesar de un léxico poco ligero, lleno de palabrones poéticos, que pesarían como el plomo en cualquier otra poesía. Aquí hasta funcionan.

Sobre lo que nos cuenta, el título no podía ser más explícito: la obsesión por la muerte y el duelo por la del padre. Qué interesante la cantidad de poetas españoles, de Jorge Manrique a José Mateos, pasando por Juan Luis Panero, que han escrito obsesivamente sobre la muerte del padre. Un tema muy nuestro, parece.

Pero no nos vayamos por las ramas, o por las raíces. Ahí va un fruto:

SI ME ROBAS EL CIELO ME ROBAS
la vida, si me robas la tierra
la vida también robas.
En mi tierra déjame, déjame
en mi cielo. Los dos
son patria, un día
ya sólo tierra, ya sólo
cielo.

miércoles, 4 de marzo de 2009

Descubriendo Mediterráneos

Veinte años [justos] releyendo Retorno a Brideshead, y sólo ahora descubro la inmensa deuda que Waugh tiene [y reconoce] con el John Henry Newman de Loss and Gain. De muestra, un botón: los nombres de los protagonistas, Charles Reding y Charles Ryder, nada menos.

Qué bien me hubiera venido leer la novela (que como novela no es gran cosa, pero como libro, ¡ah amigo!) en aquellos años míos de Universidad. Y qué pena no haber manejado el dato cuando hablamos de los nombres propios de Brideshead. Hace poco Manupé apuntó que tal vez Cordelia podría venir de Kierkeegard. Jo, en cada retorno una novedad.

Y así seguimos, descubriendo Mediterráneos. Otro: la deuda del Chesterton de Ortodoxia también con Newman. ¿Recuerdáis aquel épico fragmento en el que GKC explica que a los cristianos se les acusa simultáneamente de cobardes y de sanguinarios, de puritanos y de carnales, de pobres y de ricos, etc., según el punto de vista del que los mira, como a un hombre normal lo ve gordo un anoréxico y anoréxico un gordo? Bien, pues lean a Newman. Lean:

He becomes the paradox witch Scripture enjoins. This is variously fulfilled in the case of men of advanced holiness. They are accused of the most opposite faults; of being proud, and of being mean; of being over-simple, and being crafty; of having too strict, and, at the same time, too lax a conscience; of being unsocial, and yet being worldly; of being too literal in explaining Scripture, and yet of adding to Scripture, and superseding Scripture.

[Parrochial and Plain Sermons, Vol. V, Longmans, Green and Co., London 1891, p. 67. Para la traducción esperaremos a que el sabio Víctor García Ruiz llegue al V. V.]
Newman me perdonará esta mediterranitis profunda. A fin de cuentas, él, tan británico, ergo tan atlántico, también descubrió en su momento el Mediterráneo, el mare nostrum, la madre de todos los mares.

Y qué alegría descubrir anoche que el mismísimo Papa de Roma está (o estuvo) leyendo a Newman con una pasión parecida [mucho mejor, pero parecida] a la mía. De rebote, Ratzinger me descubre otro Mediterráneo nuevo. San Agustín, con San Gregorio de Nysa, pensó al principio que, una vez convertido, todo sería una caída hacia la luz, como la de la gravedad, pero hacia la gracia. Enseguida se dieron cuenta, ay, que más que ascensus alado la cosa era un iter áspero, lleno de las curvas y los recodos de las reconversiones. Encuentro aquí otro motivo para seguir admirando a Dante, pues en la Divina Commedia, si uno cae, él no deja que nada se pierda: conjuga a la perfección la idea del iter [a través del inferno y en la primera parte del Purgatorio] con la del feliz ascensus [el segundo Purgatorio y, sobre todo, el Paraíso].

martes, 3 de marzo de 2009

Lo llevo en la sangre

La humeante entrada de Beades, umm, me ha recordado el único poema que un tío bisabuelo mío escribió en su larga y torrefacta vida. Se titula "Oda al café":
Hazme promesa formal
de no faltarme en la vida,
pues eres una bebida
para mí fundamental.

¡Huy!

Cuando despertó, el despertador todavía estaba allí, sin pilas.

lunes, 2 de marzo de 2009

mallo.zip

Mientras yo maquinaba esta reseña a Carne de píxel de Agustín Fernández Mallo, el Barbero comprimía este archivo:

Ahora yo ya sólo aspiro a las enumeraciones.
*
La verdad es a veces tan verdad que se vuelve 100% cristalina y así innombrable.
*
Quién deja a quién si todos andamos diferidos de nosotros mismos.
*
Los recuerdos se construyen para el último día aunque nos engañe su gen de pasado.
*
Pero diga lo que diga Oriente, el mal existe, […]
*
Podría llamarlos pixelado nº 2, pero aquella noche devino puramente analógica
*
en otra cosa más compleja [que no complicada]
*
las flores con el tiempo (...) despuntarían al calor del PC
*
estética y ética son lo mismo, una pose ante el mundo.
*
Las fotos son recién nacidos que no crecen
*
siendo sincero no sé qué significa la palabra lluvia, ni la palabra ojos, ni perder ni ver, (…). Sólo sé que entre tus brazos fui una estrella mundial [bendita seas]
*
ingenua tarareas con la radio,
to die by your side, such a heavenly way to die.

sábado, 28 de febrero de 2009

Alergia, alegoría, alegría

La astenia no era solitaria. Estaba secundada por los efectos secundarios de un antihistamínico. Y no deja de tener su gracia —incluso ahora— que el medicamento para combatir la alergia haga un juego de palabras (o tropiece en la dislexia) y combata la alegría.
*
La realidad, de paso, también alegoriza. Cruzo por un parque y oigo como una madre le grita a su hijo: “¡Gaizka, no empujes a tus compañeros!”. Tierno cachorrito del nacionalismo, qué pronto empieza.
*
La verdad es una medicina.- Desde que hemos detectado la causa de mi astenia antihistamínica estoy muchísimo más alegre.

jueves, 26 de febrero de 2009

Los navegantes y el náufrago

Una entrada de blog es un mensaje en una botella. (Sólo que la botella tiene la envergadura del mundo.)

miércoles, 25 de febrero de 2009

Al revés

Antes de que hubiese colgado la entrada que pensaba para dentro de unos días, ya me ha llegado un comentario. No es talmente un caso de telepatía sino del servicio de Correos, pues a mi comentarista le ha llegado la revista Misión antes que a mí. El comentario es tan atinado que me he precipitado a colgar mi artículo (infra) como excusa para meterlo inmediatamente.

(También puede leerse mi artículo haciendo click en la portada del último número, y yendo a la página 11 del pdf, justo al lado de José Jiménez Lozano, nada menos.)

Una historia ejemplar

Nos informa el narrador argentino Marco Denevi, citando como fuente la obra Alandalusi, Murcia, 1238, de Omar-ben-Budur, que Abderrahmán decidió fundar la ciudad más hermosa del mundo. Para ello mandó llamar a Kamuru-l-Akmar, el primero y más notable de los ingenieros árabes.

Kamuru prometió que en un año la ciudad estaría edificada y sería, sin duda, la más bella del mundo, pero exigió del califa que le permitiera construirla con entera libertad, sin reparar en gastos, y que no se dignase a verla sino cuando estuviese totalmente construida. El poderoso califa, satisfecho del temperamento artísitico de su ingeniero, accedió.

Al expirar el plazo, Kamuru-l-Akmar pidió un año de prórroga, que el califa le concedió con gusto. Esto se repitió varios años. A los diez años el califa se encolerizó por fin, y todos los que nos hemos visto en tratos con la construcción hemos de reconocerle paciencia suficiente.

Sin embargo, al asomarse a las obras una sonrisa le borró el ceño adusto. “—Es la más hermosa ciudad que han contemplado ojos mortales! ¿Por qué no me avisaste, oh gran ingeniero, de que estaba concluida?”

Kamuru-l-Kamar inclinó la frente y no se atrevió a confesarle al monarca que lo que estaba viendo eran las casas que los artistas habían levantado para sí mismos mientras estudiaban los planos de la futura ciudad.

Hasta aquí la historia. Lo curioso es que caben varias interpretaciones del final: 1) El proyecto era tan sublime que, aunque no se llegó a construir, contagió a todos los trabajadores y éstos hicieron casas bellísimas. 2) Esos mismos hombres eran unos egoístas y sólo se preocuparon de su disfrute, embelleciendo sus viviendas y pasando de Abderrahmán. 3) Los artistas eran tan excelsos que hasta sus efímeras casetas les salían extraordinarias. 4) Abderrahmán, nada más asomarse a las obras, vio que aquello había sido un timo pero prefirió hacerse el tonto a asumir que lo era. 5) El califa, cohibido por el prestigio y la trayectoria internacional de Kamuru-l-Kamar no se atrevió a dudar de la hermosura de aquel lodazal y, en una versión inversa del cuento del traje del Emperador, decidió proclamar que todo era extraordinario.

Que la historia narrada por Marco Denevi (o por Omar-ben-Budur), tenga tantos finales posibles no es un fallo, sino todo lo contrario. Viene a decirnos, quizá, que ante cualquier prestigio artístico tenemos que interrogarnos a nosotros mismos y a nuestra sensibilidad. No es oro todo lo que reluce y hay palacios que en el fondo no pasan de casitas, pero a veces lo que reluce sí es oro o hay casitas más valiosas que palacios. Debemos juzgar con tiento.

domingo, 22 de febrero de 2009

viernes, 20 de febrero de 2009

El recurso del método

Anoche, rendido a la evidencia, suspiré:
—Mi inspiración ha muerto...
Pero me sorprendí a mí mismo con un ignoto reflejo monárquico, vitoreando ipso facto:
—¡Viva mi inspiración!
Como aquí hay confianza, confesaré que me hice gracia, que falta me hacía. Es un buen método, además, contra todo desánimo. Primero se pone uno no sólo en lo peor, sino en lo irremediable. Pongamos un ejemplo [absolutamente hipotético]:
—Mi amor ha muerto...
Y de rebote, el remedio instantáneo:
—¡Viva mi amor!
Y así sin parar:
—El periodismo ha muerto...
—¡Viva el periodismo!
O:
—España ha muerto…
—¡Viva España!
Etc.

jueves, 19 de febrero de 2009

El barbero en el Tangaraño

Qué lento soy, y peor para mí. Desde los felices tiempos en que Inma Rodríguez-Moranta era una tertuliana habitual, antes de que, llevada en volandas por su asombrosa juventud, nos abandonara, ay celos, y encima por Facebook, yo, estimulado por su ejemplo, me propuse leer Retahílas. Fíjense en las fechas, porque terminé ayer. Pero aquí van unos hilos cortados, más vale tarde, como botón de muestra.
... es un morbo muy malo el de las fotos
*
... y no hay derecho a cargar a nadie con emociones ajenas.
*
Esto de los recuerdos que saltan así de pronto es un regalo, es como volverse a encontrar un objeto perdido que en el reencuentro parece que brilla más que cuando lo tenías y no te dabas cuenta.
*
De las palabras que no suenan no me fío ni un pelo.
*
Yo no lo entiendo porque ya no me intriga.
*
... conseguí olvidar, sí , a veces se dice, se apunta uno ese tanto hasta incluso con cierta convicción, ¡qué jactancia adornarse con plumas de un dios tan arbitrario!
*
.... sólo lo que es directo se te mete en el alma a la primera.
*
... poder hablar era quererse
*
“¿Te has dormido, di? ¡Di! ¿Cuánto tiempo llevas dormida?”, es desesperante hablar al aire, el mayor desprecio que te pueden hacer.
*
Digo te miraba porque a veces se mira hablar y otras se oye.
*
... a ver si te crees que las cosas que te cuento esta noche con su dejillo de filosofía las sé porque las he leído en un libro, no hijo, ni hablar, antes de ser palabra han sido confusión y daño.
*
... si vas a a un psiquiatra a contarle los males de tu alma y eres capaz de contárselos medio correctamente, de qué te sirve ya el psiquiatra.
*
... de cualquier amistad o de cualquier amor lo verdaderamente inherente y particular es el lenguaje que crea según va discurriendo, mejor dicho el lenguaje es la relación misma porque al inventarse se configura el amor sobre él, igual que no se puede separar el caudal de un río de su cauce. [...] puro texto ha sido mi historia con él.
*
... desde pequeña me ha asaltado la tentación de despertar a la gente que quiero, […], no lo puedo remediar: esa expresión ausente y extraviada de los ojos que aún no han entendido los límites entre aquello que ven y lo que en el sueño veían es algo que adoro de una forma maligna.
*
… con lo que consuela decírtelo, consuela tanto que deja de ser verdad.

miércoles, 18 de febrero de 2009

Autocitas

Autoenlazarse no deja de ser autocitarse. Y la autocita tiene una curiosa mala fama. ¿Por qué, me pregunto, si a fin de cuenta todo el que opina se cita, o no? Pues porque la autocita implica que uno, mientras hablaba, se estaba escuchando y encima se estaba memorizando, que ya es vanidad. Aunque si uno no se repite, de una manera más disimulada, también se estaba memorizando. Lo más sencillo, pues, es ser como el abuelete (como Borges, por ejemplo) que repite siempre las mismas cosas, sus ideas o las anécdotas que más gracia le hacen. Un poco pesado tal vez para el auditorio, pero signo indudable de que a sí mismo se toma a la ligera o no se escucha.

martes, 17 de febrero de 2009

Sic transit

Hace unos días encontré en mi agenda esta misteriosa anotación: “A partir de ahora, por fin puedo hablar de L.” A bote pronto, L. es Leonor, mi mujer, pero el aviso no tenía sentido porque no hago otra cosa que hablar de ella. Teniendo en cuenta que a uno le encanta hablar incluso de otros temas, saber que disponía de uno y con su aura de intriga y no recordar cuál era, me inquietaba.

La alegría de recordarlo —tras un considerable esfuerzo— fue una decepción. El tal L. —caí— había tenido un minúsculo desencuentro literario conmigo. Hasta ahí, normal. Pero luego me informaron de que en la revista que dirige tachó mi nombre de un artículo. Como para variar yo era inocente y el otro se había portado raro, rencoroso y, de remate, ridículo, me entraron unas ganas enormes de contarlo todo con pelos y señales.

Sucedía, sin embargo, que mi fuente de información me pidió que esperara dos meses: el tiempo suficiente, supuse, para cobrar el salario por el artículo censurado. Me pareció justo y apunté el plazo en la agenda.

Eso fue en su momento. Nada más que sesenta días después se me había olvidado hasta el nombre del protagonista, y de mi rabia no quedaba ni sombra. Sic transit ira mundi. Sin los dos meses de reposo yo habría entrado como un hipopótamo en una cacharrería. Sin embargo, fíjense ahora qué serenidad, que parezco Epicteto, hasta con enseñanza moral y todo.

domingo, 15 de febrero de 2009

¿Elogio del lujo?

La aliteración da alas a la literatura así que lo estratégico hubiera sido titular este artículo "Elogio del lujo", pero es un vituperio.

En legítima defensa.

viernes, 13 de febrero de 2009

Mote

En la soñolienta cena, mientras repasábamos la jornada, supiré:
—Uff, qué día más duro…
L. asintió y sumó:
—En realidad, toda la semana.
—Vaya mes.
—¡Y el año, qué!
—La vida es dura...
Aquí ya empezamos a sonreír. Bienaventurados los que tienen humor negro porque siempre acabarán riéndose.
Lo cual me hizo recordar una anécdota mía de la infancia en la que puede que brillara el talento que ahora me busco con tanto afán. Llegó mi abuelo muy agobiado de sus negocios y se quejó:
—Qué lucha…
A lo que yo, que tendría a la sazón seis o siete años, repuse:
—Pero qué lucha tan buena, ¿verdad, abuelo?
Anoche, al recordarlo, sin dejar de reírme, me puse serio Sería un lema de la casa, un mote del escudo precioso; y un gran título para una autobiografía: Qué lucha tan buena. Lo difícil es ganárselo, merecérselo.

jueves, 12 de febrero de 2009

1000

Me informa blogger que ésta es la entrada nº 1000 de Rayos y truenos. Supongo que no será exagerar mucho las virtudes del sistema métrico decimal ni pecar de milenarista si me paro a darle una vuelta al número redondo.

Bien; en 1000 entradas ha habido, ay, de todo, como he comprobado en mis propias carnes al preparar la antología Lo que ha llovido, que saldrá en Númenor próximamente (¿o tendría que decir aproximadamente? Las cosas de la imprenta/ van muy lentas). Pero sobre todo, lo que ha habido es el mucho bien que me ha hecho el blogg. Mucho. No sé si voy contra mi interés al confesarlo, ni me importa. Gracias al blogg he podido sentirme, ¿qué sentirme?, dejemos las humildades para cuando no estemos de miliversario, he podido ser escritor las 24 horas y no de higos a brevas o a salto de mata. Y luego está la confianza que me habéis ido dando en mis opiniones y en mi prosa, que eso es impagable (o irremediable). Joseph Joubert confesó: “Tengo el espíritu y el carácter frioleros; necesito la temperatura de la indulgencia más dulce”, y yo soy de su estirpe.

Por eso, hoy os celebro a vosotros, lectores de mi blogg. La poesía es lo fatal, pero esto, que ya digo que me ha hecho tanto bien, no lo habría escrito sin vuestro empuje. Y cuando digo “vuestro” cuento a todos. Tanto a los que rebotan (pum) de Google una vez (y punto) como a los más asiduos. Y entre los asiduos, aquellos que entran una temporada con un entusiasmo digno de mejor causa y luego desaparecen con la misma contundencia con la que llegaron. A ésos los entiendo mejor que a nadie. Si fuésemos la Hidra, podríamos tener más autores de cabecera, pero teniendo una sola cabeza (y bastante ocupada) lo más sensato es leer a un autor hasta que nos dé lo que tiene o lo que queramos cogerle, y luego ir por la música a otra parte.

Y qué decir de los insensatos, dulce compañía. O sea, de los que estáis aquí como yo, desde el principio, con una constancia que cada mañana me maravilla. El marido de nuestra madrina Frances Blogg os habría escrito la brava balada o el brindis vibrante que merecéis; yo, a estas horas de la mañana, levanto por vosotros mi taza de café. Que dure otros mil años, quiero decir, mil entradas, qué diantres, quiero decir, mil años.

miércoles, 11 de febrero de 2009

Prefiero perder

Desde Aljubarrota y la Caída de Constatinopla (que son tragedias que me sucedieron la semana pasada) estoy muy acostumbrado, además. Ayer, en la silenciosa sala de profesores, último remanso de paz, me preguntaron con amabilísimo interés sobre el tema de mi artículo de hoy. Cuando nombré a Eluana Englaro, se lió la grande. Qué pasión en rematarla. Salí vivo por los pelos, y replegándome en escalera. Hoy también me escalda mi compañero y, sin embargo, jefe de opinión y, sin embargo, amigo, José Aguilar. Sumando ambas experiencias, asumo que la mayoría de los lectores no van a estar de acuerdo conmigo, pero bueno: yo con Eluana.

martes, 10 de febrero de 2009

Golpe de pecho

No escribo para salir favorecido; y esta vez toca ponerme regular. A fin de cuentas, se trata de contar la verdad, quede uno como Agamenón o como su porquero.

He descubierto que me estremece más el arte que la vida. Y que eso lleva a veces a una brutal falta de tacto. Camino hacia mi casa, por ejemplo, regodeándome en que me resta media tarde para dedicarme a la novela que me traigo entre manos, y en eso que de una inesperada esquina surge un conocido.

El conocido demuestra un interés muy notable en contarme detenidamente de su hija, que tenía un novio que a él no le gustaba y que, efectivamente, salió rana y que dentro de pocos días hace una exhibición de baile por bulerías (la niña) en el Teatro Municipal. Con cierta dificultad, tras comprarle dos entradas, logro desembarazarme, no sin haber dado antes unas muestras bastante evidentes de impaciencia.

Ahora, en casa, por fin, leyendo en silencio, me arrepiento. Por qué no habré sido capaz de interesarme con la narración del hombre y su hija y su novio al menos como lo hago con la novela o con cualquier película. Después de todo, no son historias muy distintas.

Cuestiones estilísticas aparte, es, me temo, porque un hombre de carne y hueso exige atención, sí, pero también cariño, caridad, entrega, y eso es justo lo que cuesta. (Ya avisé que yo no iba a quedar muy bien hoy, pero es lo que hay.)

lunes, 9 de febrero de 2009

Inquietante

Después de escribir una columna tengo que cuadrarla en los caracteres exactos que me exige el periódico. Hasta ahí todo normal. Lo extraño es que mis textos, que ya tenía por definitivos, mejoran siempre, tanto cuando toca acortarlos como cuando los tengo que alargar. Qué raro, ¿no? El estado de imperfección perfecto, parece.

domingo, 8 de febrero de 2009

Adivina, adivinanza

¡Qué poeta!,
sí, pero
¿qué poeta?
Los sauces con ser sauces/ no dan tal sensación de desconsuelo.
*
Quererte es incurable / (o quiero que lo sea).
*
Creo que estoy tocando la verdad,/ se me han puesto las puntas de los dedos/ llenas de espinas.
*
Los muertos no padecen amnesia.
*
Cuando termino un poema a mi gusto/ me doy las gracias.
*
—Ni describo ni escribo a las flores,/ ya están hechas poema—.
*
La soledad de dos, cuando uno sólo ama.
*
Me temo estar imitando a escritores/ que aún no han nacido.
*
He muerto ayer y resucito ahora.
*
Aquí ahora sentada/ arrodillada al aire/ —dando gracias—.
*
Perdonar es como hacer un milagro.
*
El amor es un sitio para estar;/ alrededor/ se borran los caminos.
*
Voy a olvidarte y enseguida vuelvo.
*
Poetas tristes, dejaros de bobadas.
*
El amor me ha vendado antes de herirme.
*
¡Jolín con Strauss! (perdón, es que sonaba de fondo.)
*
Se lleva bien la soledad conmigo.
*
¿Acaso la belleza no tiene corazón?
*
Todo lo que ya soy y aún no merezco.
*
En el verso hay más sangre que tinta.
*
Tus palabras se han sentado a mi lado.
*
No dejes de abrazarme hasta que nunca...

viernes, 6 de febrero de 2009

Otro elogio de la lectura

Gracias a los delicados desvelos de mi mujer voy a poder cumplir, si no uno de mis sueños, al menos una de mis peores pesadillas. Desde muy pequeño soñaba que iba al cole perfectamente vestido y muy repeinado, pero en zapatillas. Un compañero lo descubría, se desternillaba y avisaba enseguida a todos. Esa pesadilla me ha acompañado fielmente durante toda mi carrera académica: pasé (en babuchas) del colegio a la universidad, y ayer no más soñaba con que iba en zapatillas a impartir mis clases al instituto para sorpresa (relativa) de mis alumnos y alumnas, compañeros y compañeras, conserjes y conserjas. Espero que entre mis lectores no haya ningún freudiano, por su bien y por el mío, que a saber qué oscura interpretación tendrá esta pesadilla de andar por casa y salir, uf, afuera.

Sin embargo, gracias a mi mujer o, siendo más precisos, a los Reyes Magos, el horrible y reincidente sueño se ha esfumado. Los Reyes me trajeron unas zapatillas de piel tan elegantes que parecen unos mocasines de esos finos que lucen los madrileños y que tienen en el talón unas gomas con bultitos para conducir con más seguridad. Como ya no pasaría nada si fuese a trabajar en zapatillas, he dejado de soñar con ello.

A cambio me he puesto a soñar con que envío a ALBA un artículo onírico, con faltas de lógica, de sintaxis y de ortografía, como dictado por Magdalena Álvarez y por Miguel Ángel Moratinos al alimón. Me veo en la mañana del viernes (con o sin zapatillas, eso ya da lo mismo) leyéndome con estupor y vergüenza propia. ¿Cómo pude mandar esto?, me pregunto, tirándome de los pelos hasta que me despierto, sudoroso, y suspiro, medio aliviado.

Entre que se cumple o no esa pesadilla probable, la vigilia va haciendo de las suyas. Ayer metí la pata como hacía tiempo (dos o tres semanas) que no la metía. Supongo que no sueño con meteduras de pata (con independencia de que la pata acabe en zapatilla o en botín acharolado) porque ya las meto bien despierto.

Un motivo de peso mío para amar la lectura es que, mientras uno lee, está calladito, en su casa y soñando despierto. En este sentido, es indiscutible que los libros mejoran el mundo. Con la crisis auguran que aumentará la lectura, porque es un ocio barato. Ojalá. A mí, aunque costase un riñón, ya me compensaría. Y además se puede hacer en zapatillas.

jueves, 5 de febrero de 2009

Llorando, sí

Lo cuenta Rafael García Serrano en el vibrante Diccionario para un macuto [Editora Nacional, Madrid, 1964, p. 585]:
En Tudela de Navarra, imponían una Medalla al Mérito individual a un esforzado hijo de aquella ciudad. Presidía el acto el general Millán Astray y, como es natural, allí estaban todas las autoridades, civiles, militares y eclesiásticas, además del padre del voluntario condecorado, que era un tipo famoso por su entereza y vocabulario. Alguien gritó, llevado de su entusiasmo:
—¡Que hable "el Pite"!
"El Pite" era el padre. Millán lo empujó a primer término. "El Pite" estaba lloroso y no podía arrancar. Eso asombró a uno de sus paisanos que, sin contenerse, lo manifestó en voz alta:
—¡Andá, si "el Pite" está llorando...!
A lo cual respondió el viejo con dignidad varonil:
—Llorando, sí, pero con muchos cojones...

Ni que decir tiene que "el Pite" nos dio de paso una lección magistral de poética.

miércoles, 4 de febrero de 2009

Sujetalibros

Por las oscuras cavernas del desánimo penaba yo ayer tarde. Arrastrado por la actualidad, había mandado esa mañana al periódico una columna excesivamente periodística, donde opinaba muy serio sobre las relaciones entre el Gobierno y la Banca… ¿Quién me manda meterme —me maldije— en tantas macroeconomías? ¡A mí, que me lío haciendo una factura! ¡Ay, la hybris!

De pronto, sin embargo, me iluminó una sombra. Había encendido una velita aromática de olor a nardo que nos regaló mi suegra. Estaba sobre el buró, delante de unos libros. Esos libros los aguanta un juego de dos sujetalibros que nos trajeron los Feu. Es un perrito de hierro, un teckel concretamente, como la perrita que tenemos, que se llama Pukka. Uno de los sujetalibros es la cabeza y el otro la cola, de modo que cuantos más libros haya más perro—salchicha se vuelve el teckel, que se va alargando. Todo eso está en casa de siempre, pero ahora, la vela proyectaba sobre la pared la sombra del perro, y con la viveza de la llama, que palpitaba, parecía que el animalito jadeaba, ladraba (en silencio) y hasta meneaba el rabo de contento.

Sí, ya sé que era una sombra nada más, pero cómo me entretuvo y consoló. Además, estos son mis temas, no la gran economía. Unas sombras chinescas, la luz de una llamita y un sabor raro y hondo, como embobado, a infancia, muy parecido a la felicidad.

martes, 3 de febrero de 2009

Ultramar [o Y dale con los alumnos]

Este año, entre mis alumnos, hay una chica brasileña y una colombiana. Viajar no me disloca; pero para compensar, me apasiona este toque cosmopolita en mi destartalado instituto de Puerto Real. Escucho acentos deliciosos, que es lo mejor que me traería de ultramar, sin el jet-lag y sin los alarmantes controles de seguridad. Tiene su exotismo que una alumna te diga con dejos amazónicos que lleva toda la mañana “procurándote” [por buscarte], aunque sea para protestar por una nota. Aclararé enseguida, para evitar malentendidos, que estuve prácticamente igual de contento hace dos cursos, cuando en clase tenía a un israelí y a otro brasileño.

Pero no vine a hablar de mí, sino de nuestro idioma. Hace unos días, una alumna que nació y vive a quince kilómetros de mi casa me hizo una pregunta en un andaluz tan cerrado que yo no lograba entenderla. Fue su compañera colombiana la que me la tradujo a un castellano cristalino. Con perdón de todo nuestro muestrario de nacionalistas, tuve un acceso de orgullo, y para colmo, me acabé recitando los versos de Dámaso Alonso: “Hermanos, los que estáis en lejanía/ tras las aguas inmensas, los cercanos/ de mi España natal, todos hermanos/ porque habláis esta lengua que es la mía:// yo digo “amor”, yo digo “madre mía”/ y atravesando mares, sierras, llanos/ —oh gozo—, con sonidos castellanos/ os llega un dulce efluvio de poesía”.

lunes, 2 de febrero de 2009

La venganza

El jueves desperté con un grano en la nariz. “Dame, Señor, coraje y alegría”, recité como cada mañana frente al espejo, “para escalar la cumbre de este día”. Olvidado del grano, entré en mi primera clase y lo primero que me preguntaron los alumnos fue: “¡¿Ke te pasa en la cara?!” Naturalmente contesté: “Nada, acné juvenil”. Y eso les divirtió de una manera inesperada, se reían a mandíbula batiente, se descostillaban, se desternillaban, se daban golpes entre ellos y a las mesas y en la barriga, y exclamaban: “¡Juvenil! ¡Ké gracia tiene este tío…!” Yo, la verdad, creo que he gastado bromas mejores en estos cuatro meses que llevamos juntos, pero como el jueves no se rieron nunca. Se rieron demasiado. De hecho, después de reconcomerme todo el fin de semana, he decidido vengarme. Hoy, examen sorpresa.

domingo, 1 de febrero de 2009

Curso matrimonial completo en un verso y medio de Muñoz Rojas

...........¡Ya, qué darse
para siempre!

[José Antonio Muñoz Rojas, Cancionero de la Casería, en Obra completa en verso, Pre-Textos, Valencia, 2008, p. 183]