Y lo ha celebrado dejando sus obligaciones domésticas del día a día
Éste es (o era) Brideshead Revisited, nada menos, leído por Sir John Gielgud.
Bien está lo que bien acaba, sería un bonito epitafio shakesperiano para la cinta.
Una tormenta de ideas con algún rompimiento de gloria
No dijo: “quieres ser mi mujer”,sino: “la compañera de mi vida”.Lo que iba a decirme era, pues, premeditado.
La belleza accesible al espíritu, es decir, la verdad.
El amor es un continuo desafío que nos lanza Dios, y lo hace, tal vez, para que nosotros desafiemos también el destino.
A pesar de todo, poseemos tanta verdad que descubrimos más libremente en el torbellino de la exaltación las humildes cosas de siempre
*[Teresa, sobre los hijos] Nos hemos convertido para ellos en el umbral que cruzan con esfuerzo. [...] Y aunque se cierren por fuera, seguimos en su interior.
¡crear algo que refleja la Existencia absoluta y el Amor es la más hermosa de las tareas!
Pero se vive sin saberlo.
Estos años han sido el tiempo indispensablepara podernos orientar en el complicado mapade los signos y los símbolos.
.................NO HAY DISTANCIA
Cerca.
Tengo tanto de ti
en mi interior
que estando yo conmigo
tú estás siempre presente.Ahora veía, soñaba, veía en sueños que estaba muy equivocado, que el poema es precioso, pero no lo soluciona todo. Su presencia y sus consejos me hacían mucha falta porque eran sólo suyos, únicos, de ella y de nadie más.
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*Creía, como Vattimo, que el uso del antiguo lenguaje sacrificial y la definición de Jesús como “víctima perfecta” impedían una verdadera comprensión de la Pasión como algo completamente “antisacrificial”, pero ahora me doy cuenta de que estaba equivocado. Mi rechazo a la palabra “sacrificio” era, en buena medida, un error cometido de buena fe. No obstante y sin duda, fue instigado también en parte por el antiguo deseo de pisar la cola al león envejecido y disentir clamorosamente de la Iglesia, por el simple gusto de hacerlo. En cierto modo, estaba intentando redimirme a los ojos de mis compañeros intelectuales. [p. 134]
¿Verdad o fe débil? Diálogo sobre cristianismo y relativismo. René Girard y Gianni Vattimo. Paidós Contextos, 2011
Las casitas de campo, las casitasEn el tren se recuerda mejor a Machado: "Campo, campo, campo./ Entre los olivos,/ los cortijos blancos", pero el Tuerto López se reveló como apropiadamente aeronáutico. Me vi en el despacho leyéndole imaginándome la vista aérea que estaba viendo.
enjalbegadas, acurrucaditas
y risueñas.
El contagio de la violencia es tan poderoso que ni siquiera respeta a quienes comparten el sufrimiento de Jesús, como los dos ladrones crucificados a su lado (uno solo en Lucas). Ya clavados en la cruz, aún quieren ser crucifixores, desean pertenecer desesperadamente a la multitud de los linchadores.Eso explica muy bien el agradecimiento de Jesús al buen ladrón, esa figura tan mía. Y, plof, ya estábamos de nuevo en Jerez, aunque a mí, plim, porque no había salido aún de mi despacho. Lo estaba consiguiendo. Vi alejarse al errático nicaragüense hacia dónde, Dios mío.
Contadnos bien:
estamos más de cien.A la que uno estaba tentado a responder:
Aunque quizás
no muchos más.Pero conste que con orgullo. Como Heráclito el Oscuro, no hay que hacer nunca del número una cuestión esencial. Lo importante es estar y tener razón.
,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,LLUVIA
Después de largas décadas de sol
(tierra amarga de fiebre, malheridas
praderas, peces muertos, viento gris,
luna sin pozos, nubes descosidas),
está lloviendo azúcar. Mójate
del invierno más dulce de tu vida.
........................................[Inédito. Vía]
................EL EQUILIBRIO
La tuya era de un verde tristón, casi oxidado.
Sobre aquel armatoste de huesos de metal yo te veía
perderte hacia el trabajo con las primeras luces.
La mía era de un rojo vivo, alegre
(los Reyes la trajeron un buen año de pagas).
Me dejé las rodillas, tú la voz, intentando
aprender la imposible lección del equilibrio.
Sueño que es tarde y llega tu hora de volver,
que se acerca, cansada, la bicicleta verde,
y que te estoy esperando, ansioso por contar
que ya he logrado conducir la mía.
...................................[Pájaro negro. Siltolá, 2010]
Y al cabo, nada os debo; debéisme cuanto he escrito.
A mi trabajo acudo, con mi dinero pago
el traje que me cubre y la mansión que habito,
el pan que me alimenta y el lecho en donde yago.
[“Retrato”]y a Rafael Alberti:
Aquella tierra con nosotros
no fue lo buena que quisimos.
Cuántas cosas en ella dejamos.
Cuánto le dimos, amigo.
[“A Pedro Salinas”]En un primer momento, me extrañó que, a pesar del paisanaje y la admiración, lo de Alberti me sonase tan antipatiquísimo, mientras que lo de Machado desprendía una dignidad indiscutible. De pronto, en el avión, caí en la diferencia. Alberti exige y exagera: quiere que España ("aquella tierra", señala desde el Paraná) hubiese sido más buena con Pedro Salinas y con él, ea, y presume de que le dieron “cuántas cosas”, cuántas, uf. Don Antonio Machado no pide nada, nada, y sólo dice que ha dado y le debemos lo que ha dado y le debemos: lo que ha escrito. Es la diferencia que va entre un señor y un señorito. (Pues bien, a pesar de verlo tan claro, casi sin solución de continuidad, esa tarde me puse exigentito, que no aprendo ni de mis propias clases.)
.................EL LIBRO
El tiempo es como un libro que Dios tiene en las manos.
Lo recita en voz alta, o baja, lentamente,
y así pasan las hojas de los pobres humanos
que casi apenas oyen la línea del presente.
Allí, toda la historia de Roma y los romanos;
las guerras, y las paces al párrafo siguiente,
allí, las experanzas; allí, los cotidianos
susurros y quehaceres del amor de la gente.Allí, también, mi vida con sus pequeñas cosas,
y la tuya, con todo tu futuro, tu miedo,
tus sueños entrelíneas como en un escondrijo...
Y en el centro del libro, con las letras borrosas
de haber pasado el Padre tantas veces el dedo,
la página que cuenta la muerte de Su Hijo.
Si los lees, no están del todo mal, pero se agotan en fórmulas, no tienen prolongación. Y no hay necesidad de profundizar, no hay nada que hacer, es una confesión sin secretos. No esconde nada, pese a que todo está bien formulado en ellos, tiene un sentido, pero sigue careciendo de futuro. Lo que constituye el secreto de una persona no lo sabe uno mismo. Y a eso se debe el interés de la vida, del comercio entre las personas; de lo contrario se acaba en un diálogo de monigotes.Mi principal y más emocionante acuerdo con José Manuel radica en la importancia del diálogo y la expresión pública en la configuración de nuestra intimidad. Se trata del gran descubrimiento de los trágicos griegos y el fundamento de los diálogos platónicos. La claridad se revela, por tanto, como algo mucho más trascendental que una cortesía con el lector, que quería Ortega. Se trata, más bien, de una forma de caridad, que empieza con uno mismo. Ser claro es iluminarse por dentro y descubrirse, en ambos sentidos: ante el otro y, a la vez, a uno mismo.
Para mí las cosas murcianas, este paisaje por ejemplo, tienen mucha importancia. No tengo raza allí, pero se ve que ese primer llanto cuando uno aparece tiene mucha importancia, no sé, son cosas secretas.Entre esas cosas murcianas de mucha importancia, la poesía de Eloy Sánchez Rosillo, el mismo Eloy que duda de mi murcianidad, sin saber que uno de sus fundamentos es su obra. Y todo se intrinca. No ha sido frente a la dedicatoria la única vez que he recordado a Gaya con Sueño de origen entre las manos. Hay varios poemas fundamentales del libro que se entienden aún mejor si uno tiene presente lo que escribió Gaya de Velázquez:
Con Velázquez sucede al revés; que en estos extraños retratos se represente a la Infanta Margarita, o al Niño de Vallecas, o al Conde–Duque, no significa mucho ni ellos se diferencian gran cosa aquí, y no porque Velázquez confunda a unos con otros, sino porque él no los retrata nunca como personajes, ni como personas, sino como seres, como seres desposeídos; y los seres, llevados a su anónimo rincón vital, original, resultarán todos muy semejantes. De ahí que un gran retratista como él no caiga en esa prestigiosa trampa de la psicología, o en esa otra del carácter, y nos entregue a todos, como purificados, salvados de sí mismos.A partir de ahí se puede leer con total conocimiento de causa el poema “Un paso” de Sánchez Rosillo:
Más allá de quien eres.
Aunque sólo sea un paso bastará.
Atrévete; confía y nada temas.
Si das un paso, al fin habrás llegado.
Traspasar esa línea de sombra que trazara
en torno a ti la culpa de ser tú.
Y allí, inocente, libre
del triste encierro de la identidad,
ver en el ámbar puro de la mañana nueva
que la luz te perdona
y te signa la frente con su mano.
Paso deprisa por mi propia puerta:
hoy no quiero encontrarme a ese que soy.
Andar solo, sin mí, qué maravilla,
cuánta despreocupada libertad.
Y en torno esta mañana de incipiente junio.Son muy personales estos versos que celebran la impersonalidad, paradoja presente en los propios retratos de Velázquez, inconfundibles. Esto se explica, creo, en el poema “La belleza”, tan redondo en su paralela paradoja:
La belleza es de todos
(huerto con sombra y sol, aljibe y cielo
y acequia rumorosa,
con su fruta y su rosal,
y con su adelfa amarga):
patrimonio común que sin embargo
sólo es de cada uno.Y sin restarle alcance universal al poema, mi murcianía se emociona con ese epítome huertano de la belleza: la huerta, el aljibe, la acequia, la fruta, el rosal y la adelfa. Y cuánta agua fresca corre entre esos versos. Agua que nos trae de nuevo a la memoria, naturalmente, a Ramón Gaya…
Al decirme: ‘yo te quiero’
deja que tan dulce frase
recoja yo con mis labios
antes que el aire la manche.