jueves, 28 de enero de 2010

Palinodia

Ayer daba la cara y hoy daré la cruz del estremecimiento que me ha causado la inesperada aparición de Mes Aïeux.

Hasta hace poco he mantenido que, a pesar del tiempo que me roba para la contemplación lírica, una ventaja de mi faceta de articulista, que empezó unos meses después de la publicación de Casa propia, iba a ser que ya no hablaría de cuestiones político-sociales en mis versos. Se me harían solos y más puros. Desfogaría, por así decirlo, en mis columnas.

Sin embargo, llevo unos meses —desde que me he puesto a revisar mis poemas inéditos y a ordenarlos— con la mosca detrás de la oreja. Hay una emoción que salta a la vista en los poemas comprometidos, sobre todo cuando son políticamente incorrectos, que esa ventaja al menos llevamos ahora nosotros, como la llevó Blas de Otero en su tiempo. Y, sin ir más lejos, me he estado recitando hace poco “Santo Oficio” de Julio Martínez Mesanza y he paladeado “este placer divino de sentirse / detestado por toda la canalla”, que describió Miguel d’Ors. La canción de ayer fue la gota que desbordó el vaso. Tiene ese sabor épico de declaración a contracorriente que, ahora lo veo claro, queda muy bien en la lírica.

Y no solo por motivos extra-poéticos, ojo. Si la poesía es, entre otras cosas, la expresión de un yo, las declaraciones extremas (y no sólo extremadamente hondas o extremadamente elevadas) le vienen como anillo al dedo. Le dan un timbre de autenticidad y de personalidad, que son matices fundamentales si el verso tiene, como tiene, que emocionar.

miércoles, 27 de enero de 2010

Heureusement que dans vie certaines choses refusent de changer

Esta canción, casi un himno, de un grupo que se llama, ni más ni menos, Mes Aïeux, esto es, “Mis antepasados”, me ha causado dos hondas impresiones. Hoy os contaré la primera. A pesar de que todas las mañanas leo a Nicolás Gómez Dávila con creciente admiración y el periódico con creciente desolación, me resisto a ser un reaccionario. Mientras me dejen, seré un conservador. En la vida hay cosas que se niegan a cambiar, y aquí me tienen, celebrándolas y ayudándolas a decir “no todavía o nunca”. Y la gente, a poco que uno la escuche, es sensata y tradicional, valga la redundancia, y está aguantando admirablemente bien, dentro de lo que cabe, los embates del pensamiento-único-correcto. El gran fracaso de la derecha española es no haberse dado cuenta de nada y vivir obsesionada con el aplauso imposible de El País y con la simplicité volontaire. Por eso, una pequeña esperanza mía es mucha más democracia; y en esas estaba cuando, para darme moral, se me han aparecido Mes Aïeux. A Chesterton, of course, le habrían encantado. ¡Hasta me lo imagino bailando!

lunes, 25 de enero de 2010

Aluvial en la lluvia

Aunque no se haya notado en el blogg, porque tiré de artículos, este fin de semana he estado de retiro espiritual. En un intervalo entre chaparrones salí a tomar el fresco al jardín de la casa. Llevaba un libro de poesía que leía de pie, tan mojados estaban los bancos. Se me acercó sigilosamente un espontáneo para decirme, guiñándome un ojo, que los versos no eran lo más ortodoxo en un curso de retiro. Yo le sonreí, porque tampoco se debe hablar mucho y porque no tenía respuesta.

En mi defensa, pensé, podría argumentar que, igual que ese fin de semana seguíamos comiendo —y muy bien— y durmiendo —regular—, para mí también era una primera necesidad, prácticamente fisiológica, leer un mínimo de poesía. Pero habría sido una defensa de abogado, un tanto sofista y bastante pedante… Y la réplica entonces hubiese salido sola: “Bueno, vale, pues tráete un pequeño volumen de san Juan de la Cruz o Escrito a cada instante, de Leopoldo Panero o, por lo menos, Hombre de Dios de José María Valverde; pero no Aluvial, de Tomás Segovia”.

Viendo que me estaba haciendo un lío y que no leía, el Barbero se apresuró a cortar el nudo gordiano con estos subrayados suyos:
Todas las aves son
Aves del paraíso
*
El día ya impaciente se ha asomado
A ver si está bien puesto el mundo

*
Hay veces que el olvido es una fuerza
*
… pregunto si no será mi vida
La que podría estar
Acaso con justicia descontenta de mí.

*
Aquellos días en que cada hora
Ocupaba ella sola toda el tiempo.
*
Muchas veces por gusto
Pero por obediencia siempre
Aceptar decir bien
[…]
Lo que está a punto de pedir ser dicho.

*
Se me iba dando el mundo
Y yo con mi palabra
Todo se lo iba devolviendo siempre.

*
Y vi que no le perdonaban
Que no quisiera dominar el mundo.
[a la belleza]
*
Y me callo admirando la equidad prodigiosa
Con que este mundo cuida por igual
De todas sus minucias.

*
Y en mí, ¿cómo cabría
Esta mañana en la que cabe todo?
Cielo
Alma
Nada acaba?

*
Seguros de que toda nuestra carga
[…]
Hoy no pesa — sostiene.
*
Qué podrá ser esto que empieza ahora.
Terminé el libro cuando una campanita nos llamaba para la siguiente plática. Mientras que regresaba rápido a la casa y con cuidado de no meter el pie en ningún charco, di con la siguiente ley, o ley todavía no, con la siguiente hipótesis: “Poesía auténtica es aquella susceptible de ser llevada a la oración”.

domingo, 24 de enero de 2010

El estudiante

Empeñado en contar mi batallita, no me cupo en el artículo de hoy este soneto lopesco de Diego Reche, publicado en Ojos para las nubes, su último poemario. Y es una lástima grande, porque remata muy bien con otro aspecto (el Departamento de Orientación) que venía ya preanunciando el famoso art. 20 de la normativa de la US. Va:

................EL ESTUDIANTE

Estirarse, encogerse, estar ocioso,
enojado, en las nubes, aburrido,
llegar todos los lunes deprimido
tras un fin de semana tormentoso

Empezar los exámenes nervioso,
enamorado, triste y confundido;
no comprender por qué lo han suspendido,
si su ejercicio siempre es fabuloso.

Mezclar el curso con las vacaciones,
y mantenerse ausente hasta que acabe,
llevar chuletas en los pantalones,

y el buen orientador es esa llave
que le va atravesando evaluaciones;
el profesor que lo aprobó, lo sabe.

sábado, 23 de enero de 2010

Un príncipe o un dentista

Los dentistas son baratos. Cobran por un empaste un ojo de la cara, pero te dan de regalo una lección impagable de silencio. Ya lo conté (charlatán irredento) otra vez: mientras ellos hablan y hablan, uno replicaría esto o lo otro… si no se lo impidieran las dos manos que tiene uno metidas en la boca hasta la campanilla y los varios artilugios y la anestesia. Luego, cuando recuerdas todo lo que no has dicho, te alegras lo indecible de tu prudencia (impuesta).

De paso, he descubierto un nicho de mercado. Teniendo en cuenta las dificultades que implica llevar un monólogo mientras se concentra uno en el taladro y el único público disponible sufre, los dentistas tropiezan con serias dificultades en el noble arte de la conversación. ¿No les vendría bien un cursillo intensivo de oratoria?

A mi dentista, al menos, sí. Aprovechando mi indefensión, se refirió a la literatura como “mi hobby”. Odio eso, pero no rechisté ni mu. No pude. Aunque quizá sí percibió mi mirada de fuego, porque cambió de tercio. “Qué suerte escribir cosas tan bonitas, y no este trabajo mío tan feo”. Eso me escamó, por si lo feo no fuese su trabajo en general, sino mi boca en particular. Pero yo, burguesito muy educado, le habría contestado (ya digo, de poder): “¡Oh, no, no, qué va, tu trabajo es maravilloso!” Teniendo en cuenta mi situación de entonces, dolorida, hubiese sido decir lo contrario de lo que se piensa con intención de engañar. Una mentira gorda, vamos. Me la ahorré.

En realidad, en esos momentos cruciales yo pensaba, precisamente, en la factura, y recordaba a aquel cantante melódico que le reconoce a su chica que ella se merece, mejor que él, a un príncipe o un dentista, aunque, para su asombro, ella se queda ahí, a su lado y el mundo le parece más amable, menos raro. Aquella canción siempre me hizo mucha gracia. (Pensar en algo que me hiciera gracia me ayudaba a mantener la boca abierta.)

Al final, charlamos un rato de tú a tú, en pie —y de pie— de igualdad. Le conté de alguien que no tenía medios para ir al dentista, y él se ofreció, sin darse importancia, a atenderle por su cuenta. “Qué gesto tan precioso te permite tu profesión”, le dije, y no mentía. “Principesco”, hubiese añadido, y sin un ápice de ironía.

viernes, 22 de enero de 2010

Cómo somos

Llegaba uno a la consulta para las primeras ecografías con el corazón en un puño. Y qué hondo suspiro cuando el médico, tras observar en un intenso silencio larguísimo los puntitos de luz parpadeante de la pantalla, concedía: todo normal.

Uf.

Pero ahora, en la ecografía del quinto mes, uno se alegra, sí, y da gracias, a medida que el ginecólogo va midiendo órganos y fémures y rellenando en su plantilla: normal, normal, normal, normal… Pero también se descubre, en honor a la verdad, un fastidio idiota a la altura de la vanidad: ¿no podría este hombre exclamar de vez en cuando extraordinario, extraordinario o qué? (Ya estoy queriendo --me detecto-- que la niña rompa todos los percentiles, con esa mentalidad de guiness de los récords de la que tanto me reía antes. No tememos arreglo los padres.)

miércoles, 20 de enero de 2010

La ateodicea es el último grito

¿Por qué esperan concretamente a los terremotos (recuérdese 1755) para plantearse tantas preguntas, tan pertinentes, por otra parte? Parece como si la sismografía para ellos no existiera, y que el terremoto se debiese directamente a un puñetazo de la mano de Dios sobre la mesa. Qué raros pensamientos en unos ateos. Tendremos que deducir, de paso, que la cantidad y el eco mediático siguen siendo el norte y guía de sus pensamientos, como si el mal de una sola víctima de cáncer o de un accidente de trabajo no clamase al cielo igual, exigiendo una respuesta al misterio del dolor y la muerte. Pero esa rabia y ese enfado con Dios y, de paso, con nosotros son naturales. Lo único que me molestaría es que fuesen retóricos, una manera de ponernos en la tesitura de resultar insensibles con los cientos de miles de víctimas. No creo, ¿no? Las víctimas de Haití no se merecerían eso. Ellas se merecen la ayuda de todos y la oración de los que recen.

domingo, 17 de enero de 2010

Stat crux

Escribir es difícil, ya lo he dicho, y se nota, y regentar un blog también. Qué de dudas cuando empezó a correr por la blogosfera la iniciativa de colgar un crucifijo en nuestras páginas para compensar los que descuelgan por ahí. La iniciativa tenía todas mis simpatías, y más porque me recordaba la jugada de Belloc, que en su casa puso un crucifijo enfrente de una entrada con la viga muy baja. La viga obligaba a todos los visitantes a inclinar la cabeza, o incluso a hacer, los más altos, una honda reverencia. Y, sin embargo, no sé si ese es mi estilo, si sé lo que es mi estilo, si existe. Sigo, pues, con mis dudas, pero hoy, que enlazo mi artículo (para nada) sobre Haití, sí que pongo una foto de allí, con el crucifijo de la Catedral, que ha permanecido en pie y ante el que me inclino.

Stat crux dum volvitur orbis.

sábado, 16 de enero de 2010

Un gesto

Estoy en la biblioteca del instituto, leyendo apaciblemente a Cecília Meireles, acompañado por seis o siete casi silenciosos alumnos. Desde fuera, alguien abre, se asoma y no encuentra a quien buscaba. Pero deja la puerta --que cierra mal-- encajada. Un alumno entonces se levanta enseguida, cruza en línea recta toda la biblioteca y, con un golpe seco y lo más cuidadoso posible, la cierra. Vuelve a sentarse. Nada más.

Ha sido un gesto profundamente civilizado, y diría, venciendo el miedo a parecer cursi, que hermoso. La biblioteca, cualquier biblioteca, tiene que tener puerta, por supuesto, y sin pestillo, pero la puerta debe estar bien cerrada.

Fue Rubén Moreno González. (Le pedí el nombre para rendirle este homenaje.)

jueves, 14 de enero de 2010

Un poema ejemplar

Y si el tiempo, pasado los cuarenta,
no juega a mi favor, qué ha de inquietarme,
igual que ayer cuando tenía veinte
me tiendo al sol y dejo que la palabra encuentre

su cauce natural. Que sea el caos,
como los astros que dibujan
en el cielo figuras mitológicas.
No me importa el fracaso, a nada temo,

vano apurar el trago, si hay algo que no haré
es violentar al tiempo, él hace su trabajo,
y como el viejo Blake nos enseñaba:

ama la eternidad.
No pienso profanar este tácito acuerdo.
La poesía, se sabe, desprecia al impaciente.

[Roberto Malatesta, Santa Fe, Argentina, 1961]

miércoles, 13 de enero de 2010

Puntos suspensivos

El punto de equilibrio lo he perdido. Todo me sale o demasiado grave o demasiado frívolo. Y así no vale.
*
Escribir mal cuesta más. Encima.
*
Correcciones: carraspeos.
*
Profesionalizarse.- Pasar de tener algo que decir a tener que decir algo.
*
Ventaja del bloqueo del escritor.- Con qué puntualidad temblona de segundero he vuelto a mis clases. Y qué agradecimiento hasta las lágrimas de mendigo [sí, de mendigo] pensar en la nómina. Y en la ingenua atención de los alumnos...
*
Leo en Qohólet, 5, 2: in multis sermonibus invenietur stultitia; y, acto seguido, en Act 18, 9: Noli timere, sed loquere et ne taceas. No sé a qué carta quedarme. La Providencia me acuna entre mis dudas.

viernes, 8 de enero de 2010

A salto de mito

De Ana Karenina me aburrieron enseguida las zozobras matrimoniales y extramatrimoniales de la protagonista. Acabé saltándome (literalmente) los pasajes adúlteros, no por puritanismo, sino por el puro placer y la impaciencia de leer las páginas felices del amor de Kitty y Levin. Placer que sólo empañaba la mala conciencia de estar leyéndome la obra maestra a salto de mito.

Últimamente, en cambio, todo me reafirma en aquella herejía mía. En La elegancia del erizo de Muriel Barbery, novela que, a pesar de su multitudinario éxito, es muy interesante, los gatos de Kakuro Ozu, personaje que encarna la esperanza y la felicidad, se llaman precisamente Kitty y Levin. Y más definitivo aún: en Troppo vero, Andrés Trapiello nos cuenta que comienza a leer la novela de Tolstoi y cómo se va convirtiendo en un firme partidario de la pareja dichosa.

Respaldado por el argumento de autoridad, yo iré más lejos. El adulterio me interesa poco en la práctica y todavía menos, si cabe, en la teoría. La gracia a los engaños no se la veo, ni la emoción específica, todo lo cual me dificulta el acceso a muchas de las grandes novelas decimonónicas, como Madame Bovary, La Regenta, Effi Briest o El primo Basilio, pero ¿qué le voy a hacer?

En las mismas estoy ante el reciente ensayo Ulises y las Sirenas. El Dilema de la Infidelidad (Ed. Paréntesis) de Jesús Cotta (Cártama, 1967, Málaga). Será muy ilustrativo, sin duda, y, con esas dosis abundantísimas de sal y, sobre todo, de pimienta que son la marca de la casa. El libro, al que esté al borde del adulterio, le vendrá de miedo, supongo. Pero yo no lo leeré. Sería como un alérgico al pulpo estudiándose el monográfico Las mil y ocho recetas de cefalópodos. Hay otros libros.

Sin ir más lejos, el filósofo Cotta es también poeta, y en su poemario A merced de los pájaros (Ed. Ecoem), aletea la felicidad por todas partes, con versos conseguidísimos de amor pleno, de amor paterno y de amistad de la buena. Lo he releído ocho veces. Y lo recomiendo vivamente; incluso a los adúlteros, que también tienen derecho a disfrutar de lo bueno, los pobres.
***

En el artículo del Semanario Alba no me cupo, pero aquí, además de que se pueden hacer enlaces y enlaces, os copio un Cotta:
...........SI AÚN TIENES UN AMIGO
...................................A José Julio Cabanillas

Si aún tienes un amigo, te aconsejo
que subáis a los montes un buen día.
No olvides llevar agua, un catalejo
y alguna confidencia. Al mediodía

descansaréis bajo los pinos viejos
y subiréis en buena compañía
a aquella cumbre que, antes, a lo lejos,
era irreal y azul. Y todavía

os quedará una tarde luminosa
para charlar un poco hasta que alumbre
Venus la noche. Y cuando esplendorosa

la luna inicie con el mar su idilio
descenderéis cantando de la cumbre
como hacen los pastores de Virgilio.

jueves, 7 de enero de 2010

Y viceverso

Cómo me gustó siempre este poema de Rimas de Luis Rosales, con su cimbreante nervio moral, tan apropiado, de paso, para comenzar un año y su cargamento de nuevos y buenos propósitos:
........................VEN CONMIGO

Se te ha olvidado andar y hay que aprenderlo
de nuevo.
.................Ven. Comienza,
ve juntando ese sol,
...................................¡alguna tarde
tenemos que nacer!
...................................Amarillean
las nubes en el cielo y no me escuchas;
vas a mi lado y tiemblas;
el pie va tras el pie como la ola
va detrás de la ola.
................................ Estás inquieta.
Se te ha olvidado andar, se te ha caído
la voz y no la encuentras,
la buscaré contigo y las palabras
vendrán.
...............Vamos a hacer la primavera,
vamos a hacer el mar poquito a poco,
la luz, la paz, la guerra,
como si no se hubiesen desprendido
ya una vez de tu voz y en ti nacieran.
¡Vamos a hacerlo todo
de nuevo!, hasta que puedas
reunir tu corazón como se hace
la firmeza del mundo con arena!

Sin embargo, si el otro día comentábamos que la biografía del poeta puede aclarar definitivamente unos versos, aquí tal vez ocurre lo contrario. Me entero por Miguel Díez R. y Paz Díez Taboada (Antología comentada de la poesía lírica española, Cátedra, 2005) de que "este poema tuvo su origen en un hecho autobiográfico: una grave enfermedad de María, la mujer del poeta. A ella se dirige la voz que habla, exhortándole a recomenzar el aprendizaje de la vida: 'se te ha olividado andar...', pues 'ven'; ella no le escucha, quizá ni siquiera le oye, y camina absorta, como ausente, aunque temblorosa o inquieta. Pero lo grave es que ella ha perdido la palabra; por eso él, pacientemente, reintenta su recuperación [...]" [p. 538] Lo que ganamos de conocimiento de la intrahistoria del poema, lo perdemos de su carga simbólica, de su apuntar directamente a nuestra alma y sus titubeos interiores, y de animarnos a la remontada. A la tercera o cuarta relectura el poema vuelve de nuevo a hablarnos a nosotros, sí, pero la información produjo una interferencia, que no ayuda para nada a su halo mágico y emocional. Qué cosa tan delicada, tan frágil es un poema, incluso uno tan recio como este. Y la poesía, qué refractaria a las leyes generales, qué misterio.

martes, 5 de enero de 2010

Commercial Harm

Después de toda la tarde dando vueltas en el centro comercial, nos íbamos por fin. Pero notamos algo extraño. Nos volvimos y miramos a través de los escaparates. Lo que se asemejaba a un violento caos seguía desarrollándose allí. Había gritos, músicas atronadoras, afiladas miradas a los espejos de los probadores, discusiones, prisas, pagos y larguísimas colas de espera. Lo extraño era que eran todos iguales. Desde detrás de los escaparates mirábamos de las personas a los maniquís, y de los maniquís a las personas, y de las personas a los maniquís de nuevo; pero resultaba imposible decir quién era qué.

lunes, 4 de enero de 2010

Aclaración

Uno de mis 10 propósitos para el 10, es no contar ni una mentira en todo el año. Hoy es día cuatro y llevo dos. Me cuesta mucho quitarle la razón al prójimo y, llevado de mi querencia a la suavidad, soy capaz de decirle que sí a sus equivocaciones más tontas o hacerme el sordo o incluso alimentar un malentendido si evito de esa manera un conflicto. Resulta inquietante comprobar que, cuando uno se pone político, miente, irremediablemente. “Par délicatesse / J'ai perdu ma vie” podría ser el lema que campase en la puerta de mi infierno. Pero he dicho basta: seré más basto. Así que voy a confesar, para empezar, o para recomenzar, que en el artículo de ayer os colé una mentirijilla (la nº 2) cuando afirmé que Salinas se equivocó en sus famosos versos: “Cómo quisiera ser/ eso que yo te doy/ y no quien te lo da”. Salinas (que se me apareció anoche muy repeinado, con un traje de corte impecable, con sombrero, con su cara alargada, alargada además porque la traía muy larga) sabía perfectamente lo que se decía. Recordemos (y esto fue lo que yo no quise recordar) que los versos aquellos se los escribía a una amante. Por eso dice “eso que te doy” y no “esto”, porque hay una distancia, y por eso el exclamativo deseo: “Cómo quisiera”, y luego el sueño vago de darse. En un matrimonio la realidad de la entrega… ¡está tan clara! Insistir es una redundancia. La poesía está llena de matices: ese es su encanto. Yo no quise meterme, como nunca quiero, en la vida íntima de los demás, pero a menudo, para entender bien un poema, no queda otro remedio.

domingo, 3 de enero de 2010

Esperando a los Reyes

Gasto una ilusión que no me conocía. Deseo fervientemente que vengan los Reyes por la devoción que les tengo, pero no me apetecen cosas como otros años. No he pedido nada de nada, no he podido, y salir de compras me está costando más que nunca. Dando vueltas por casa en estos días de lluvia, he visto libros que me trajeron el año pasado y que no he tenido tiempo de leer en doce meses y otros regalos que apenas asomaron del paquete. Se siente empacho. Pero el mérito de este anticonsumismo no es mío, sino de Carmencita, que también viene por los arenales, aunque con un paso más lento, tan chiquitita es. No queremos nada porque estamos colmados. Teniendo en cuenta que todos los años anteriores esperé con enorme ansiedad tal o cual aparato o cosita, se ve que esta alegría de ahora, tan honda y rebosante, es inédita. Y a los Reyes se la pido para todos vosotros.

viernes, 1 de enero de 2010

Feliz 10 (vuelta)

La Tierra, reloj de arena;
y esta ilusión
un poco
tétri-
ca
o un
poco infantil*
de que a cada vuelta
vuelva a empezar el tiempo.
* Los relojes de arena siempre están vacilando, ¿los habéis visto?, entre ponerse a hacer un huevo duro o posar para un grabado de la Muerte. ¡Escojamos para el nuevo año el vitalista huevo duro!

martes, 29 de diciembre de 2009

Máiquez le pega un cosqui a Wesley

Uno de los blogs que leo con más gusto es el de Wesley Jackson. Tiene un tono delicioso, un subtítulo insuperable, un personaje encantador y mucha gracia. Me gusta tanto que me voy a permitir darle un cosqui, que se lo merece (en los dos sentidos).

Cuenta que en vez de ir al preestreno de Paranormal Activity fue a la presentación de un libro de José Jiménez Lozano. Hizo bien.

Describe a JJL., y lo hace muy suelto, pero bien.

La reseña de la presentación del libro no está nada mal. Los que somos de provincias y no podemos asistir a esos eventos capitalinos se lo agradecemos.

El cosqui viene a continuación. Resulta que W.J. ha ido en un par de ocasiones (así, en stylo casual) a visitar al maestro Jiménez Lozano a su casa de campo de Valladolid mientras que reconoce que no le ha leído gran cosa: una novela, alguna poesía suelta y dos o tres cuentos. ¡Vaya con Wesley!

Sobre todo, no sabe lo que se pierde, como Jesús Beades el caritativo le señala muy suavemente en comentarios. Pero además, ¿qué concepción tiene de la literatura, eh? En el fondo, hasta los más listos y sensibles (y W.J. lo es) se piensan que los escritores son gente aburridísima a la que viene bien que visitemos un rato, como a los enfermos, en plan obra de misericordia. ¿Se imagina alguien a un forofo del Barça dejándose caer (en un par de ocasiones) por la casa de Messi? Y un forofo, aún. Sé de alguien que lee, colecciona y relee todo lo de JJL, incluso sus artículos del Diario Palentino, y que luego, porque todo le sabe a poco, le rinde alguna visita de homenaje a Petit Port-Royal, y eso entonces está justificado. Pero, volviendo al símil futbolístico, ¿qué pensaríamos si, en vez de un forofo de Messi, el que llama a su puerta es uno que vio dos goles una vez en un telediario y, oye, no le parecieron mal y, en fin, más que nada, no sé, va para contarlo, y por el chorizo argentino que saca de aperitivo, y por lo decorativos que quedan esos balones viejos que guarda de recuerdo el crack por los rincones?

Moraleja: no invitar a comer así como así, ni a un afable café.

lunes, 28 de diciembre de 2009

Libros perdidos y hallados justo a tiempo

Ayer di un lento paseo de convaleciente hasta la playa del brazo de Leonor. Dicho así y leído desde lejos puede sonar hasta romántico, pero la realidad no se la deseo a nadie. El día 23 tomé una ostra envenenada y he pasado unos días digamos que tambaleantes. Por eso no he contestado --perdonadme-- los correos electrónicos, los sms ni los comentarios felicitatorios en el blogg y encima me he quedado rezagado en mi curso de lectoescritura griega. Ayer bajamos a ver las olazas del mar, que está salvaje, revuelto, con mala cara, de un color gris barro, que no me extraña nada porque dentro guarda miles y millones de ostras, el pobre viejo. Entonces, en un contador de electricidad destripado vi tres libros que con las lluvias torrenciales estaban calados hasta los cuernos. Los miré y eran ¡de poesía! y ¡en catalán! (comprendan mi sorpresa: estamos en el Puerto de Santa María). Buenos títulos, además:
-Llibre de merevelles, de Vicent Andrés Estellés
- La canço de d'amor i de mort del corneta Christoph Rilke, traduïda per Carles Riba, de Rainer Maria Rilke
y - Llibre d'Amic e Amat, de Ramon Llull
Como en el horizonte asomaban nuevas nubes negras, que los terminarían de destrozar, me los he traído a casa. Lo cuento aquí por si quien los perdió lee mi blogg, que se los devolvería inmediatamente y bien secos ya, y para celebrar, en caso contrario, este regalo adelantado de los Reyes Magos.

jueves, 24 de diciembre de 2009

Feliz Navidad

(Dibujo de Nicolás García-Máiquez Mateos y décima de un servidor.)

......ACCIÓN DE GRACIAS

Saltó san Juan de alegría

en el vientre de Isabel

al oír el cascabel

del saludo de María.

Pero yo no cambiaría

ni por la Visitación

estos saltos de ilusión

que mi niña da en el vientre

de su madre, en misa, entre

el gloria y la comunión.

miércoles, 23 de diciembre de 2009

Corrigiendo exámenes

EN los exámenes tipo test de mis alumnos, entre las posibles respuestas, suelo deslizar una o dos con palabras atractivas, misteriosas, rimbombantes o semitécnicas que no significan nada de nada. "Las coyunturas consiguientes de las sinergias estructurales y las tolerancias paralelas a la paz", por ejemplo, como una de las contestaciones a "¿Cuáles son las estrategias de negociación?". Las primeras veces, algunos incautos marcan esas respuestas peripuestas sin dudarlo ni un segundo, abducidos por un vocabulario arcano que les suena de maravilla, como una fórmula mágica. Luego, cuando corregimos el ejercicio en clase, les explico que deben desconfiar de todo aquello que no entiendan bien. Casi siempre se encontrarán ante el truco de un prestidigitador palabrero.

Pocas veces me siento tan útil. Acostumbrarlos a confiar en su sentido común y a pedir explicaciones cuando no lo vean claro es desactivar la carga explosiva de buena parte de la publicidad, de mala parte de las imposturas literarias y, sobre todo, de un tanto por ciento elevadísimo de los discursos políticos. Los poderosos, en el ámbito que sea, se enfundan enseguida el famoso traje del Emperador, o sea, que ellos andan cómodamente desnudos, pero despertando a la vez y gracias a la verborrea de los sastres que les enhebran sus discursos, la admiración atónita de todo el boquiabierto respetable. Oh.
[Estos dos párrafos son los que sirven de tormenta de ideas, el resto del artículo son rayos y truenos sobre ZP en Copenhage y, por tanto, el periódico es su sitio.]

lunes, 21 de diciembre de 2009

Domingo

Por la mañana, nada más levantarme, escribí un poema, un poema estupendo. El insólito acontecimiento me puso de magnífico humor. Aproveché el impulso para escribir por fin dos cartas que tenía traspapeladas. Luego, sin solución de continuidad, me enfrenté en la cocina a una calabaza muy dura de pelar. Fui a un funeral. Por la tarde, decidimos ir al cine. No quedaban entradas y tuvimos que esperar a la próxima sesión durante dos horas en un centro comercial atestado. No perdí mi excelente humor, aunque resulte inverosímil, y eso que escrutamos detenidamente innumerables tiendas de ropa. (También de ropa de bebé, todo hay que decirlo.) La película, bueno, pero yo seguí inalterable. La homilía de la misa tampoco hundió mi optimismo. Ni preparar la cena de la noche del domingo, con lo que son las noches de domingo. Antes de acostarme, pude volver a echarle un vistazo a los versos, y qué decepción. ¿No eran estupendos por la mañana y no había yo estado alentando sobre ellos todo el día? "Qué (auto)engaño", suspiré, mientras los tiraba a la papelera. En el ruido seco del papel arrugándose en mi puño me pareció oír un murmullo satisfecho: "Misión cumplida", decía.

domingo, 20 de diciembre de 2009

Buenos días y buena suerte

Se habla mucho de que con la prohibición catalanista de los toros no se quiere otra cosa que laminar allí todo lo que suena España. Y está claro. Pero, además, ¿no creen ustedes que les tiene que quemar la sangre que los taurinos, en vez de desearse "mucha mierda", como en el teatro, se digan "Que Dios reparta suerte"?

sábado, 19 de diciembre de 2009

Cara o cruz

Para hacerse perdonar que pasara por el Puerto sobre ascuas, Carlos RM me envío una invitación a Spotify. Yo me había quejado de no ser capaz darme de alta solo. Ahora que lo he conseguido, qué buena música, en efecto. Pero a los diez minutos, ya estaba buscando a Mario Quintana y a Dante…

No tengo remedio. Del viaje a Sicilia me traje dos euros con el perfil de Dante, viva moneda que nunca se volverá a repetir, me recitaba. Lo guardé en mi cartera y cada vez que pagaba perdía mis buenos segundos en identificar la moneda italiana y apartarla con cuidado. Era un homenaje continuo. Un día, sin embargo, se me perdió. ¿Pagué algo con ella? Para mayor mosqueo tuvo que ser confundiéndola con una moneda de un euro porque cuando había que soltar dos yo ponía los dos ojos. Luego, en un aparcamiento subterráneo de Jerez, yendo al ginecólogo por primera vez, la máquina me devolvió el perfil de Dante, que por lo visto se volvía a repetir.

Ahora las colecciono: tengo cuatro. Tuve cinco, y, ay, ay, volví a perder otra. Siempre llevo en la cartera la última adquisición, para no dejar de rendirle ese segundo de peligroso homenaje, y cuando me entra un Dante nuevo, lo celebro mucho, relevo al antiguo (que debe de suspirar aliviado) y lo meto en una cajita. Mi meta es llegar a cien, como los cantos de la Divina Commedia. Y así vamos pasando el rato.

viernes, 18 de diciembre de 2009

Sois judíos

En una de mis pocas fotografías a la que tengo cariño aparezco con mi hermano Jaime. De viaje por Europa vimos una pintada —no sabíamos si en una casa particular o en una sinagoga— con una esvástica y una acusación: “Sois judíos”. Tapando con nuestras caras sonrientes la idiota cruz gamada, posamos orgullosos bajo ese título nobiliario: éramos judíos.

Del hecho en sí no tenemos certeza. Pero habíamos sido educados en el amor absoluto por los judíos Jesús, María y José, entre muchos otros. Luego, la pasión por la literatura hizo el resto. Cuántos escritores extraordinarios son judíos. No es casual: su lectura de las Escrituras les prepara de una forma extraordinaria.

En todo caso, es bien probable que tengamos sangre judía, gracias a Dios. La historia de España deja poco lugar a dudas. En mi familia, además, hay narices que encajan en el perfil. Y mi padre una vez me explicó muy serio que Abrahán negoció mal la salvación de Sodoma, porque al no haber esos diez justos con los que Yahvé ya le había concedido el perdón de la ciudad, dejó de regatear. Mi padre, con todos los respetos para el padre Abrahán, hubiese seguido terciando hasta un no tajante, lo que indica una decantación de la raza. Con estos antecedentes, ya pueden ustedes imaginar la alegría con la que recibí la noticia de las investigaciones de las universidades de Leicester y Pompeu Fabra. Según sus estudios, los andaluces occidentales tienen un 18% de ADN sefardita. Malo sería que a mí, tan del Puerto de Santa María, no me tocase en suerte por lo menos un décimo, ¿no?

A esta llamada de la sangre, le ha dado una explicación el teólogo judío Michael Wyschogrod. El compromiso de Dios con Abrahán y su familia es una prueba de su amor por los individuos concretos. Él no ama en abstracto al género humano como un socialista, sino a las personas a la sombra de su árbol genealógico y de sus relaciones concretas. Mi admiración por los judíos es, por tanto, una expresión más de mi firme vocación de amado de Dios.

jueves, 17 de diciembre de 2009

A vueltas con la verdad

1) Veo en Statcounter lo que andan buscando en Google para llegar a Rayos y truenos. Todo me parece muy bien o me hace gracia. Sólo una búsqueda me inquieta y desazona de verdad: la de los que preguntan al oráculo por “Enrique García-Máiquez”. ¿Qué encontrarán?

2) Tenía preparada una entrada [véase en comentarios] sobre las sesiones de evaluación. Pero ahora, metido hasta el cuello en ellas, no soy capaz de ponerla aquí arriba, a la vista de todos. No es por prudencia ni por pudor ni tan siquiera, creo, por la impotencia que en algún caso —y no hablo de aprobar o suspender— siento. No la pongo, qué raro, por demasiado verdadera.

3) Aprovechando la lluvia en los cristales, leo a Machado. Cuando dice lo de “Y volver a sentir en nuestra mano/ aquel latido de la mano buena...” pensé que hablaba de su Leonor y me quedé tan campante, pero el poeta precisa: “aquel latido de la mano buena/ de nuestra madre”. Ah, ahí está el maravilloso Veritatis Splendor, que justo en el poema que sigue Machado describe humildemente como “la ola humilde […] de unas pocas palabras verdaderas”. En la mano de la amada, umm, se siente la piel, la piel y el alma. El latido sólo en la mano de la madre, lo recuerdo perfectamente. Qué honda la verdad, qué misteriosa.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

Cinco

Estos días mi libro de bolsillo es Troppo Vero. Entre los alumnos, su volumen suele causar una honda impresión. Con los de Frío y Calor causó también una animada tertulia.
Jesús Jiménez Lobo: "¡Qué bestiaaa! Yo no creo que en mi vida me meta, ni juntándolas todas, ese montón de páginas".
Francisco Hidalgo de la Cruz: "¿De qué va?"
Yo: "Un escritor y poeta, que cuenta su vida, lo que le va pasando..."
Javier Ibáñez: "Ah, pues eso me parece a mí que es el método más sencillo para hacer un libro. Yo podría hacerlo".
Yo: "La realidad te dictaría el argumento, sí, pero hay que tener el oído muy fino, porque la vida habla en voz muy baja, como si estuviese copiando en un examen. Luego hace falta muy buena mano, que ya sabéis que los dictados se complican..."
Jesús Jiménez Lobo: "Sería fácil de escribir. Lo difícil es que interese a alguien después".
Javier Ibáñez: "A él [por mí] le interesa esto [por Troppo Vero]
Yo [queriendo demostrar que no soy tan único ni tan friki]: "A mí y dicen que a cinco mil, si no a más, lectores".
Javier Ibáñez [con admiración]: "¡Cinco mil! Con que me leyesen cinco que no fuesen de mi familia..."
***
Cuánta razón tiene Ibáñez. Qué maravilla que te lean cinco. Y entonces me acordé de vosotros, que sin ser astronómicos, sois incluso más de cinco, y me dije, con una emoción auténtica: "Tengo que darles las gracias". Y luego pensé poner aquí la frase de Javier Ibáñez Estrade, porque es verdad, y para que le lean más de cinco, que se lo merece.

Arre, arre, arre,

la marimorena.

martes, 15 de diciembre de 2009

Su primer libro

Siempre me pareció especialmente idiota el anuncio aquel de "su primera colonia", pero viendo la ilusión que me ha hecho su primer libro, y teniendo en cuenta que el personal suele valorar más un perfume que un volumen, me retracto públicamente. Ayer, cuando fui a Correos, con lo último que esperaba encontrarme era con un regalo para nuestra niña. Ni con esta carta:

Queridos Leonor y Enrique;
Quería manifestaros toda mi alegría por ese nuevo miembro en la familia. Como la amiga librera que soy a mí me toca ayudar con la biblioteca de la pequeña.
Yo no os profetizo que leáis menos [o sea, que encima ¡me lee!], pero quizás cambiaréis el tipo de lecturas. Para empezar os envío el libro de poesías que más me marcó en mi infancia. He intentado buscar la edición antigua, pero no ha habido manera. Ésta, aunque cambiando las cubiertas, es calcada de la original. Es una traducción, pero increíble lo bien que está. Me encanta, por ejemplo, el poema 40.
Bueno, el caso es que un libro que adoro y con el que quiero contribuir al inicio de la que supongo será una pequeña lectora.

"Espero que os guste...", seguía. Y ha sido mucho más que un gusto. Qué emoción inaugurar su biblioteca, y con un libro de poemas, y con un regalo de S. De S., y de San Juan de la Cruz, que todos los años el día de su santo me trae algo, y este, cuando ya parecía que se había olvidado de mí, se ha superado a sí mismo. Para que no cupiera duda, miren su firma, "oscura noche hermosa", en el primer poema que leí, a la puerta de Correos, a la luz titubeante de un farol que brillaba con un no sé qué que queda parpadeando. El libro es El libro de los monicacos de Michael Ende. Y el poema 40, "Para susurrar mientras concilias el sueño" hubiese sido, además, perfecto para Leonor anoche:

Suave, leve, blando arrullo,
pausado, quedo murmullo.
En el cercano aposento
suena el viejo reloj lento.

Blanda, suave, leve almohada,
fiel quietud, mano posada.
Padre, madre: cercanía;
cerca están: confía, fía.

Confía fía, reposa;
tras la oscura noche hermosa,
se abrirá la luz temprana:
¡qué bello día mañana!

Suave, leve, blando arrullo,
susurreo, bisbiseo, murmullo,
ola lisa, balanceo,
columpio, barco, trineo.

Trineo, columpio, barco,
para mis sueños me embarco.

Duermevela

Insomne, como una daga veneciana, ella —limpiamente— entra y sale, sale y entra —¿cuántas veces?— de la cama.

lunes, 14 de diciembre de 2009

Gloria en Re Mayor

Concierto del Coro y Orquesta de la Ciudad de Cádiz en la iglesia de San Francisco. Y allí estábamos nosotros, con muchos compañeros del IES, para oír a nuestro secretario Wigberto Morales, que canta en el coro. Le oímos a él y mucho más. A pesar de que me cuesta arrancar y de lo que cuesta aparcar en Cádiz, mereció la pena y más y más y más, hasta el borde máximo de la alegría, sobre todo, por la sinestesia. Hubo un momento, cuando el coro atacó el Propter Magnam Gloriam del Gloria en Re Mayor Rv 589 de Vivaldi, que vi cómo el retablo barroco del altar mayor de la iglesia se disolvía en música. No en la música de Vivaldi, sino en la música que el retablo era. Sus volutas subían como sostenidos, sus dorados sonaban agudos, sus hornacinas, sus santos y sus ángeles, todo era una música sacra. Cuando terminó el concierto miré al altar con cierta aprensión. ¿Se habría volatizado? Pero no, allí seguía, sólido, pero sonando, sonando ya para mí para siempre.

domingo, 13 de diciembre de 2009

Jugar con fuego

Del campo semántico del calentamiento se me quedaron fuera de la columna:
-fuegos fatuos.
-dar la brasa
-la aliteración Al Gore/ hoguera
y -soflamas encendidas
Pero no se trataba de demostrar mi chispa. Sólo de dar la razón a los climatólogos en lo que sí la tienen: somos antiabortistas. Y de enviarles también, ya que estamos, un caluroso abrazo.

sábado, 12 de diciembre de 2009

Cotta

Propuse una terna de reseñas a Poesía Digital (la Szymborska, Leopoldo Panero y Jesús Cotta) y me escogieron dos tercios: se quedó fuera Cotta. Una pena, porque A merced de los pájaros se lo pone a huevo al reseñista. Tiene algunos fallos evidentes, tanto, que el crítico no arriesga al señalarlos y puede componer con toda facilidad un desplante torero, que el respetable eso lo agradece siempre mucho. Pero encima, luego, esos defectos importan poco, porque la poesía se abre paso a través de ellos (paso o, mejor dicho, vuelo) con absoluta soltura. Son de esos defectillos que a JRJ le gustaba encontrar y no corregir. El libro tiene aciertos asombrosos y, más asombroso aún, todo él es un acierto, con una unidad muy grande que le da su obsesión por las estrellas y las flores (lo que recuerda la extrema belleza de Simone Weil (y qué importa entonces que rime "estrellas" con "centellas" continuamente)), con su tratamiento perfectamente poético de la divinidad (un milagro) y con una paradójica y saludable potencia expresiva para una visión naïf. El conjunto es magnético y yo me lo he leído lo menos siete u ocho veces.

Hay versos y poemas mucho mejores, pero anoche me quedé colgado de dos medios versos del soneto "Ulises". El bardo ciego Demódoco narra la historia del héroe y éste descubre esos "cantos que llegaron (...)/ antes que yo a mi patria". La maldición del poeta moderno es que tiene que ser Ulises juntamente y Demódoco, y su bendición es cuando sus cantos llegan, efectivamente, antes que él a su patria: o sea, cuando le enseñan el camino, no cuando cuentan su historia, sino cuando se la crean. Después de esos versos, me puse a soñar, aunque todavía tardé un rato en quedarme dormido. Me acuné con el final del soneto:
¡Cuanto daño
para los náufragos que desesperan
si los aedos ciegos no existieran!

jueves, 10 de diciembre de 2009

El arbitrario Barbero en el Vidario

-Manuel Borrás
-Miguel Delibes
-José Jiménez Lozano:
* Un hombre de letras tiene la irresistible tendencia a sacar punta a las cosas, primero porque sin alguna clase de punta no hay escritura.
* Todo va como un caleidoscopio en estas páginas.
* … un arañazo retórico, algo tan normal en el oficio y sociedad literaria que no podrá darle mayor importancia el lector inteligente.
-Carlos Pujol:
* Todo diario es un rescate.
* Escribir siempre desde el yo —tan traicionero— y contar el día a día sin poder inventar nada… salvo la manera de contarlo. Tal vez literatura en estado puro, sin más imaginación ni fantasía que la que se pone en las palabras.
-José Carlos Mainer, que recomienda Seuils (1987) de Gérard Genette, sobre los paratextos.
-Miguel García-Posada
-Darío Jaramillo Agudelo
-Eloy Sánchez Rosillo:
* [De estos los diarios bien se podría] agavillar un libro de poemas en prosa.
-José Luis García Martín, cuya nostalgia por el suplemento literario Citas no tiene límites
-José Muñoz Millanes
-Pedro García Montalvo:

* Cervantes y Dickens están también detrás del personaje que Trapiello ha creado a partir de sí mismo

* Muchos libros que pueden leerse por separado.
* Las obras verdaderas se escriben solas


Abelardo Linares:
* …lo más sorprendente [de AT en los diarios] es lo que no nos cuenta.

-Javier Goñi
-José Carlos Cataño:
* …bebe en Cervantes, después de haber rozado la desafectación barojiana.

-Antonio Pau
-Juan Manuel Bonet
-Pedro Zarraluki:
* No hay nada más misterioso que un amigo
-Antonio Soler
-Félix Ovejero:
* Cita a Goethe, citado por Trapiello: Cada paso ha de ser en sí mismo una meta, sin dejar de ser paso.
-Fernando Sanmartín
-Margarita Valencia:
-Felipe Benítez Reyes:
* cada vez más voluminosos, cada vez más parecidos a sí mismos y cada vez distintos, más portentosamente hechos de un apenas.
* En sus diarios, Trapiello hace lo que suele hacer cualquiera: se enfada, se venga, se entristece, se regocija, se aburre, se exalta, se chuflea, divaga, se lamenta, se encrespa, se justifica, se echa las manos a la cabeza o se pone la mano en la cintura si toca desplante, teoriza, se abruma, pasa revista, celebra, conjetura, dictamina, se sacude la mosca que tiene detrás de la oreja o bien opta por dejar la mosca allí y hablarnos de la mosca, se arrepiente, se crece en el castigo, se emociona, se obceca, se sosiega, se derrumba, aplaude o abuchea…
* Y un diario, además, no es un cuento de hadas.
*Y es que los libros proponen un diálogo, y ese diálogo no está obligado a ser complaciente por ninguna de las dos partes.
* Miriam, siempre juiciosa, y sus hijos, siempre hijos
* Y todo eso contado con una prosa envolvente y de fluir magnífico, de modulación tan inconfundible, de entonación tan precisa, tan viva.
* Salón de Pasos Perdidos […] un salón que va camino de ascender ya a laberinto.

-Carlos Marzal:
* ... no hay manera de escamotearnos. Escribir es comparecer.

-Amalia Bautista
-Esperanza López Parada
-José Manuel Benítez Ariza:
* …si el autor se molestara en escribir las transiciones necesarias para esa obra inabarcable, igualmente podrían integrarse en ella sus novelas y libros de ensayos propiamente dichos.
* [Trapiello concibe la literatura emancipada de inoportunas motivaciones colectivas o gélidos principios de laboratorio estético] Lo que no significa que el resultado no sea un acabadísimo testimonio de su tiempo y un experimento literario felizmente logrado.
* Gracias a él, el hecho de escribir la palabra “yo” (…) se nos antoja un poco menos gratuito y mejor fundado que hace veinte años. Lo menos que podemos hacer es reconocérselo.
-José Mateos
-Vicente Gallego
-Antonio Moreno:
* El diario vendría a ser un baluarte para guarecer al hombre interior.
* [Frente al menos es más, AT recuerda que] más nunca es lo bastante, puesto que fatalmente las páginas de un diario, por muchas que sean, son una expresión demasiado parca de la vida.
* estos diarios […] huyen del ensimismamiento del yo como de la peste.
-Jordi Gracia:
* Y por eso AT acaba siendo la mejor y más perfecta versión imaginable de su propio autor.
* Eso es lo que hizo Josep Pla […] romper el corsé de la novela que había roto Proust.
* inocencia fingida como todas las inocencias adultas.

-Alfonso Meléndez
-Juan Bonilla:
* Como toda obra verdaderamente mayor, inventa su propio género.
-Enrique García-Máiquez
-Julián Rodríguez Marcos
-Javier Rodríguez Marcos:
* Cita de Trapiello: El secreto del diario íntimo está en hablar con intimidad de todo menos de uno mismo.
*Cita de Junger: Lo que la novela tiene de cristalización, lo tiene de mosaico el diario.
* Cita de Trapiello: Decimos sinsabores, y son bien amargos.
* Cita de Thomas Mann [sobre György Lukács]: Mientras hablaba tenía razón.
* Cita de Trapiello: No se puede escribir sin escepticismo por la misma razón que no se puede leer sin entusiasmo.
-Malcolm Otero Barral.
-Martín López-Vega:
* …el fragmento […], como los fósiles, para funcionar debe guardar al menos una secuencia intacta de ADN, debe permitir, llegado el caso, reconstruir el mundo a partir de la información contenida en él.
-Julio José Ordovás:
* Esa dificílisima mezcla de humor y melancolía es la que prolonga las vidas de los libros y renueva la emoción de sus lectores, como cualquier asiduo del Quijote sabe.
* En provocar una risa culpable Trapiello también se parece a Cervantes.
* …el mejor Trapiello es el Trapiello diarista, y es el mejor, sencillamente, porque en él concurren tanto el novelista como el ensayista y como el poeta.
-Javier Alonso
-Raúl Espadas:
* Cita de Benjamin: El genio es laboriosidad.
* … la nostalgia, en manos del melancólico, se convierte en resorte intensificador de la conciencia: conciencia de sí y conciencia del tiempo.
* un charlot ciclotímico
-Juan Marqués
* La revolución es vivir tranquilos
* M. […] es uno de los grandes caracteres femeninos de la reciente narrativa española.

* Cita de Cervantes: —¿Y está acabado? —preguntó don Quijote.
—¿Cómo puede estar acabado —respondió él—, si aún no está acabada mi vida?
-Elena Medel
-Miriam Moreno:
* Me inquietaba la idea de que M. pudiera llegar a suplantarme.
* Y es que M. está escrita y no puede escribirse. En cambio, yo sí. Y, claro, ella tampoco puede leerse
* …hacen paradójico su título [Salón de pasos perdidos], pues su vocación es la de apostar por un sentido.
* Andrés Trapiello reserva un espacio para poner a salvo las capas más profundas de su intimidad.

martes, 8 de diciembre de 2009

Un lector

Los veraneantes dan mucho juego en este blogg, casi tanto como si yo fuese un sirvepeces. Aprovechando el puente de la Inmaculada algunos valientes se han atrevido a desafiar la humedad gaditana. Uno de los héroes es amigo mío de antiguo. Corrimos a saludarnos en cuanto nos vimos. "Leo tu blog", fue lo primero que me dijo. Yo, como siempre en esos casos, le agradecí el favor que me hacía, sincera, humildemente. Luego la conversación siguió su curso. Cuando llegó mi turno, informé de nuestro embarazo. Se sorprendieron y alegraron todos mucho, naturalmente, incluido mi lector. Al verle, se me puso cierta cara de asombro. (Quizá pensaron [porque notarla me la notaron] que me sorprendía que se sorprendieran por el embarazo, como si esto nos pasara todos los meses.)

lunes, 7 de diciembre de 2009

Ignífuga

Hace dos años estrenábamos casa. Enseguida invitamos a los Feu y a los Mateos, porque una casa no lo es del todo hasta que no recibe a los amigos. Aquel día, los niños treparon por la leña y, mientras las niñas Feu construían una casita con los troncos, Emilio, el hijo de José Mateos, descubrió uno grande que hacía una horquilla y que parecía, dijo, un pantalón vaquero. Lo colocó bien sobre una piedra y lo era. Tenía las dos piernas y hasta la cremallera marcada de un hachazo y por detrás la curvita justa. Estaba encantado con su objet trouvé.

Estos dos años he ido salvando cuidadosamente ese tronco de la quema, pero ayer no me quedaban más troncos gordos, y lo eché al fuego. Me dio mucha melancolía, como si ardiese la infancia del hijo de mi amigo. Sólo conseguí superarme (o disimular) quemando las hojas de los periódicos, según las iba leyendo. Leía por encima, hacía una pelota, y adentro, y a ver arder y volar como una pavesa ese barullo de malas noticias. El tronco ardía con mucha más lentitud y majestad. Los periódicos sueltan una llama azul, irónica y exuberante mientras que la leña prefiere las clásicas llamas rojas y humildes. El fuego, como el tiempo, parece que no camina siempre al mismo paso, por suerte.

Y además nos queda la memoria, que, cuando es buena, es ignífuga.

domingo, 6 de diciembre de 2009

Chiste e imagen

La primera frase del artículo de hoy era otra, y me hacía gracia. En el último momento, por suerte, renuncié a ella: creaba obvias interferencias con el tema principal de la columna. Pero, ay, desprenderse de lo que sobra, cuánto cuesta, uf. Abandonar un chistecillo, y más cuando era también una imagen, no deja de ser una manera literaria y menor de vivir la virtud de la pobreza. Y como esa virtud no es mi fuerte, de compensación me traigo la frase aquí, en plan Gollum ("mi tesoooro") confiando en que vosotros me la perdonaréis. Decía:
Aunque a menudo le he puesto los cuernos con Mafalda, Olafo es mi tira cómica por antonomasia.

sábado, 5 de diciembre de 2009

El anonadamiento

Entre las muchas alegrías que me ha dado el discurso de Benedicto XVI a los artistas está que haya citado a Simone Weil. La filósofa judeo-francesa —que refugiada en Inglaterra murió de hambre en 1943 por solidarizarse con el régimen de comidas de los campos de concentración nazi— es una lectura mía de antiguo. No siempre estoy de acuerdo, pero me acuerdo siempre de sus ideas.

En la primera página de Pensamientos desordenados, publicados por Trotta, dejó sentado un principio suyo básico: “Basta no mentirse para saber que no hay nada en este mundo por lo que se pueda vivir”. En cambio, Chesterton, en la Autobiografía aplaudía con admiración a un tío abuelo que era tan partidario de la vida que, aun si se condenaba, daría gracias por haber existido. Como entre sus siluetas, mayor contraste entre el gordo inglés y la escuálida francesa no se encuentra.

Qué bien que dentro del pensamiento de inspiración cristiana quepan puntos de vista tan diversos. Salta a la vista que yo tiendo más a Chesterton, pero en el justo medio está la virtud, y si bien la vida es un regalo que nunca exaltaremos bastante, hay ciertos casos extremos en los que hubiese sido preferible no haber nacido, como advirtió el mismo Jesucristo.

Weil insiste en la insuficiencia del mundo, y eso, a los vitalistas a ultranza nos levanta la vista. Ella, que quiso compartir la suerte primero de los jornaleros del campo, después de los obreros de la Renault y, finalmente, de los presos de los nazis, entendió muy bien el anonadamiento que conllevan ciertos trabajos. Sólo el espíritu religioso puede redimirlos. “El trabajo manual es o bien una servidumbre degradante para el alma o bien un sacrificio”.

Chestertoniano, yo trato de disfrutar de cada día, incluyendo los laborables. Sin embargo, no deja de ser necesario que nos recuerden la dimensión sacrificial de cualquier trabajo, sobre todo cuando a veces se hacen pesadísimos, insoportables. Entonces, contra la insidiosa pereza (que no para), hay un pensamiento incisivo de Weil que es la cita con que inauguro mi agenda todos los años: “El deber se nos da para que matemos el yo; y yo dejo que tan precioso instrumento se me oxide”.

jueves, 3 de diciembre de 2009

Un pan bajo el brazo

Con una simpatía arrolladora la gente me prepara con todo lujo de detalles para la mala vida que me va a dar la niña. “Ya se te acabó leer", profetizan. “Duerme ahora, porque, uf, pobre, las noches que te dará”. “…Y enseguida llegará la turbulenta preadolescencia, y será aún peor”. “Ah, de eso de escribir, olvídate”. “Despídete del cine”. “Y de los cafés tranquilos, valga la paradoja”. “Ya verás”. “Ya verás”, repiten. Lo que veo por lo pronto es que estas Navidades, gracias a la niña, no viajamos… ¡Nos quedamos en el Puerto! O sea, que en vez de cargar maletas por ahí, estaré en el sofá, junto a la chimenea, leyendo. Dios se lo pague a la chiquitina. Y no sólo leyendo, sino oyendo, mientras, música clásica. Leonor se me desconcentra si lee con música y había impuesto en casa la ley del silencio. Leo lee: psch. Pero ahora hemos oído campanas sobre que escuchar a Mozart fomenta la inteligencia de la criatura. Y aquí estoy yo, leyendo con el Allegro de la Sinfonía nº 27 a toda pastilla. Oh, oh, oh. Por ahora, qué quieren que les diga, estoy viviendo, y se lo debo a la niña, como un marqués.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Hoy lo vi

Antes de un artículo, el discurso de B16 a los artistas me ha dado mucho que pensar. Leyéndolo, no pude menos que recordar a Bécquer, ese clásico, y su rima XVII, que ni en la encendida adolescencia fue de mis favoritas. Gracias al Santo Padre leí de nuevo el último verso y cambié el acento del “hoy” al “creo” y, sobre todo, a “Dios”.
Hoy la tierra y los cielos me sonríen;
hoy llega al fondo de mi alma el sol;
hoy la he visto.., la he visto y me ha mirado...,
¡hoy creo en Dios!
Qué claro lo había visto Gustavo Adolfo. Con visión estereoscópica, encima, porque a la via pulchritudinis de la belleza (“la he visto…, la he visto”, balbucea, impresionado) une la via caritatis (“y me ha mirado”), más asombrosa aún, si cabe. Es para que la tierra y los cielos le sonrían, verdaderamente.

lunes, 30 de noviembre de 2009

Levedad

Leve es el pájaro
y su sombra, que vuela,
más leve.

Y la cascada aérea
de su garganta,
más leve.

Y lo que se recuerda
escuchando su canto,
más leve.

Y la nostalgia
de aquel lejano instante,
más leve.

Y la fuga invisible
del paseante amargo,
más leve.

Cecília Meireles, de Mar absoluto (1945)

domingo, 29 de noviembre de 2009

viernes, 27 de noviembre de 2009

Teología y realismo

El último diario de José Luis García Martín, Hotel Universo (Trabe, Uviéu, 2009), tiene unas espléndidas vistas chestertonianas, a pesar de que el autor no sea un hombre muy religioso que digamos. Chesterton siempre defendió una felicidad de mínimos, o sea, que el solo hecho de existir es ya una aventura extraordinaria, en la que uno encuentra razones de sobra para pasársela dando gracias. García Martín también se pasa su diario dando gracias por la existencia.

Se las da, en vista de que no se le ocurre a nadie más y aun a riesgo de caer en cierta redundancia, a la propia existencia. Su felicidad no es de mínimos, sino de áureas medianías, como la de todo pagano como Dios manda. Pero transmite la misma sintonía jubilosa de Chesterton con el mundo, al que García Martín llama significativamente “Hotel Universo”, un hotel de muchas estrellas, innumerables, a poco que se levante la mirada. Él se encuentra confortable con su vida de profesor universitario, de poeta no reconocido del todo, de crítico temido, de hombre que le suelta lo que piensa al lucero del alba y que, sin embargo, mantiene su buen puñado de amigos, de materialista enredado en historias de fantasmas, de turista incansable y, no obstante, ovetense rutinario. Desde luego, no son pocas ni mínimas ni sencillas esas cosas suyas, pero da gusto ver a un español que está contento (incluso con su sueldo).

Lo traigo a Alba, semanario católico, no por recomendable, aunque literariamente lo es, sino para alegrarme de algo que de pasada me he encontrado en un cajón de la mesilla de noche del Hotel Universo. Una de mis admiraciones más constantes es Jorge Luis Borges, que, para mi incomodidad, había repetido sin descanso que la teología es una rama de la literatura fantástica. Vaya. Yo, que casi siempre le río las gracias al argentino, ante ésta, torcía el gesto. García Martín nos cuenta que, en verdad, Borges sostenía que "la teología y el realismo son las más fascinantes ramas de la literatura fantástica" (pág. 230). Me he llevado una sorpresa estupenda, porque, claro, emparejar la teología con el realismo ya es otra cosa; otra cosa fantástica. Chesterton pensaba eso mismo, como explica minuciosamente en el capítulo IV, titulado “The Ethics of Elfland”, de Ortodoxia.

jueves, 26 de noviembre de 2009

Documentario, de Mario Quintana:

Carta a James —a primera vista, tal vez parezca descolocada en esta sección [o en este blogg], una respuesta al crítico James Amado. ¿Pero a quién más en el mundo, si no a mis lectores, debo una satisfacción de lo que escribo? Siendo así, aquí van las debidas explicaciones.

“Mi querido James;

Leí con asombro y aprecio el ensayo que V. publicó en la Provincia de Sâo Pedro y en el cual tiene la bondad de avisarme de que tomé el rumbo equivocado en poesía. Me apresuré entonces a ver lo que hicieron, según V., aquellos que tomaron el rumbo cierto. He ahí don Pablo Neruda: publica él, en una revista nuestra, una oda a la señora madre de Luiz Carlos Prestes. Abro otra revista y se me aparece el Sr. Camilo de Jesus con un “Poema para Anita Leocádia”, hijita del Sr. Luiz Carlos Prestes. Me desconsuelo. Veo que llegué muy tarde. Ahora sólo me quedan las tías del Sr. Luiz Carlos Prestes…

Mas quiero creer que no es esto lo que usted desea, y que el propio Sr. Luiz Carlos Prestes será el primero en quedar compungido por esas cosas. Por lo que entiendo, desea V. que nosotros, los poetas, nos limitemos a cantar las reivindicaciones sociales de la época. ¡No, eso no es negocio para nosotros, querido James! Pues en vista de la proyección nacional del Sr. Prestes y de la eficiente actividad de adeptos tan sinceros y convencidos como V. y los demás camaradas suyos, es de creer que en breve la cuestión social estará definitivamente resuelta en Brasil. ¿Y qué será entonces de nosotros, los poetas brasileños? Nos quedaremos irremediablemente en paro, sin rumbo alguno, ni cierto ni errado.

Pero felizmente no es así. Hay otras cosas, las cosas eternas, que no se resuelven nunca, gracias a Dios: estrellas, grillos, penas de amor, nostalgias, ángeles, nubes, muertos, amadas, todos los paisajes, alegrías y tristezas de este mundo y del otro mundo. Hay otras cosas... tal y como ya decía el nunca demasiado citado Shakespeare:"There are more things in heaven and earth, Horatio, than are dreamnt of in your philosophy", lo que traducido a buen portugués actual, da lo siguiente: "Há mais coisas no céu e na tierra, o James, do que sonha o materialismo dialético".

Sin más, disponga, etc. etc."

Provincia de San Pedro, junio de 1946

miércoles, 25 de noviembre de 2009

My boys, let us be grave: here comes a fool

Lo malo de escribir y publicar es que no se puede poner uno serio cuando se aproxima un tonto. Así que a ver qué piensa de mí el que yo me sé con este artículo tan frívolo que me ha salido, a ver. Uff. Si pudiese, ahora mismo lo reconducía a esta columna (y a vosotros también, amigos, porque es espléndida) de Francisco Bejarano.

martes, 24 de noviembre de 2009

Definición de clásico

Entre las numerosas definiciones de “clásico” (véase la acepción 3 del DRAE: “adj. Dicho de un autor o de una obra: Que se tiene por modelo digno de imitación en cualquier arte o ciencia” o la 1 del María Moliner: “adj. y n. m. Se aplica a la lengua, al estilo, las obras, los artistas, etc., pertenecientes a la época de mayor esplendor de una evolución artística o literaria"), me quedo con las definiciones clásicas, con las literarias. Oh la gracia que me hizo en la lánguida juventud la de Mark Twain: “Clásico es un libro que todos querrían haber leído y que nadie quiere leer”. Luego me sorprendió la de José Mateos, que tengo que buscar por Soliloquios y divinanzas, pero que venía a decir que clásico es el libro que no hace falta leer: nuestra cultura está tan transida de él que lo recibimos por ósmosis. La de JRJ en Ideolojía, aunque parece altisonante, tampoco es manca: “Clásico, es decir, actual, es decir, eterno”.

Todas rondan una definición con la que, por fin, he dado yo. Perdonadme la presunción: reconozco que las suyas son más bonitas de aquí a Lima, pero no más precisas que la mía. Un clásico es el libro que no podemos dejar de leer. En el sentido básico, para empezar, es decir, que debemos leerlo, a pesar de Twain; y sobre todo, en el sentido figurado. Una vez cerrado, leamos después lo que leamos, o no leamos, como apunta Mateos, estamos siempre, tal y como sugiere Juan Ramón, leyéndolo, es decir, recordándolo.

Me explicaré con un ejemplo, el mismo que me ha permitido decantar mi definición. Estos días no he regresado a Retorno a Brideshead más que incesantemente al hilo de otras lecturas. Lo bonito es que una de ellas venía del pasado, otra era una confluencia y la última una proyección. Me encontraba, por tanto, ante un clásico: no podía dejar de leerlo de ningún modo.

Estaba yo ensimismado con las palabras, palabras, palabras de Hamlet, cuando caí en la cuenta de que la situación (incómoda) en la que se encuentra Charles Ryder en Brideshead, invitado por la madre de Sebastian, para que, de alguna manera, lo espíe, está trasladada del papelón (acto II, escena II) de Rosencrantz y Guildenstern, amigos íntimos, queridísimos, de Hamlet que los reyes hacen traer de la Universidad de Wittenberg para que le echen un ojo (o cuatro) a la melancolía del príncipe. Éste los ve venir (“Were you not sent for? Is it your own inclining? Is it a free visitation? Come, deal justly with me. Come, come. Nay, speak”) y es la pena subsiguiente la que calcó Waugh en su novela.

Vayamos con la confluencia, que no es cronológica, pero vale. Un poema fascinante del primer José Mateos, precisamente, es “Julia Reis”, de Una extraña ciudad, que musicó Loquillo con la voz desgarrada y el rock nostálgico que los versos exigen. Leyéndolo, adiviné en los barcos perdidos de la noche, con distintos aires de época, por supuesto, el mismo viento huracanado del capítulo “Orphans of the Storm”. El que resumiría como nadie la contundente Cordelia: Thwarted passion. Y coincide el nombre de Julia, fíjense, que tiene ecos de calurosas resonancias doradas que se apagan lentamente como una tarde de verano. La amistad tolera los abusos, así que llamé corriendo a Mateos y me aseguró que no había tenido presente Brideshead Revisited al escribir su poema, que lo más probable es que no la hubiese leído todavía entonces. Pero ahí está la novela, paralela a sus versos.

Y finalmente la proyección. He terminado con Introducción a la literatura griega de C. M. Bowra. No ha sido ni mucho menos el menor de los encantos de la lectura saber que Bowra fue el vivo modelo de Mr. Samgrass, el pedante y persistente profesor que persigue a Sebastian por Oxford y más allá. El libro es una conversación sobre literatura griega de lo más amena y uno se la imaginaba teniendo lugar en los salones de Brideshead, mientras esperábamos, copa en mano, a que volviese la partida de caza del zorro, o por la noche, medio a oscuras, después del rosario y antes de la visita a la capilla, amenizada por diapositivas, entre el humo de los cigarros y la ironía de los espectadores. ¿Quién le iba a decir a C. M. Bowra que gracias a una despiadada caricatura uno iba a leerle con tanta ternura? Tendría que escribir un elogio del insulto, y dedicárselo a quien yo me sé, pero eso será otro día.

lunes, 23 de noviembre de 2009

De otra cosa

La melancolía no se puede desaprovechar, es un bien escaso. Y el tono preciso para leer ciertos libros. Corto y perezoso, por tanto, pero dispuesto a coger la leve depresión por los pelos, que la pintan calva, ayer me di un baño de nostalgia en las aguas de las Baladas y canciones del Paraná. Era una nostalgia rara, porque lo era del río Guadalete, a las orillas del cual, prácticamente, leía yo muy recostado. No importaba. La nostalgia es siempre de otra cosa.

Se me pasó nada más desembocar en una canción tan voluntariosa como ésta, la 33:
Hoy quiero soñarte, río,
más pequeño.

Igual que el Guadalquivir,
o más chico, como el Duero.

Y todavía más chico,
más pequeño.

Lo mismo que el Guadalete
de mi pueblo.

Río que sueña en ser mar,
debe ser mar, si es su sueño.

Déjame así que hoy te sueñe
más pequeño.

domingo, 22 de noviembre de 2009

Salto atrás

Casi siempre, soluciono el domingo de blogg con el artículo del Diario. Hoy al revés: resacoso de la gripe, he solucionado el expediente del diario con la entrada del jueves por la tarde. En fin, por mucha teoría teórica de los géneros que uno se ponga a dibujar en el aire, vasos comunicantes.

sábado, 21 de noviembre de 2009

Cantad con inteligencia

Las entrevistas de la contraportada de Alba son siempre muy interesantes. El tema no lo puede ser más: “Hablemos de Dios”, y los entrevistados suelen ser personas de mucho fuste. Aunque la semana pasada no se entrevistaba a un personaje de relumbrón, a mí me despertó un enorme interés personal. Lógico, si se cae en la cuenta de que el entrevistado era yo.

No me interesó por vanidad, sino por ver qué pienso. Para saber mi opinión tengo que escribirla o decirla y leerla u oírla. Y a menudo luego he de quitarme la razón o parte de ella o matizarla, y así voy afinando mi manera de comprender el mundo. Es lo que pretendo hacer ahora. En un momento de la entrevista, declaré que, a diferencia de nosotros (tan exquisitos), Dios mira las intenciones de nuestros textos más que los resultados. Él se parece mucho más a una madre que un crítico literario, remataba.

Y eso es verdad, sí, pero en parte o, mejor dicho, sólo en última instancia. A Dios le gustan los textos muy bien escritos. Nadie más sensible a la belleza que Él, que la ha creado. Por eso, la advertencia de Flannery O’Connor es, naturalmente, mucho más sagaz que la mía: “Sólo se sirve a Dios y la posteridad con artículos bien hechos”. El matiz está en el verbo “servir”. Dios aplaude y gratificará nuestras buenas intenciones, que nos sirven a nosotros, pero servirle, lo que se dice servirle a Él, lo hacen sólo los artículos de primera magnitud.

En el Salmo 47 se exige con rotundidad: “Cantad con inteligencia”. Nada, pues, de cantitos melosos almibarados de sentimientos blanditos. Los escritores católicos tenemos que cantar en los poemas y hablar en los artículos con la mayor calidad literaria. “Porque Jehová el Altísimo es temible”, se precisa en el mismo salmo.

Dando vueltas a este asunto, le he visto una aplicación crítica a la inquietante parábola de Jesús recogida en Lucas 16, 1-8. La del administrador injusto, ¿recuerdan?, que viendo que lo iban a despedir, fue ganándose a los deudores de su amo uno a uno con chanchullos varios. El amo, esa conducta tan reprobable y contraria a sus intereses, la alaba. Aplaude su astucia. Y Jesús remacha: “Ciertamente, los hijos de este mundo son más astutos con su gente que los hijos de la luz”.

La parábola, que a los hijos de la luz nos deja más bien a oscuras, ¿no podría apuntar a que Dios celebra también aquellas obras humanas que demuestran inteligencia y capacidad, por su misma habilidad técnica, con independencia de los propósitos, precisamente como haría un crítico literario? Nada bueno, con el sentido más mundano de bueno incluído, deja de agradar a Dios. Tenemos vía libre, por tanto, para admirar los libros de esos grandes escritores que doctrinal o moralmente sean contrarios a nuestro pensamiento. Podemos incluso elogiarles encarecidamente, como hizo el amo de la parábola.

Y, por nuestra parte, además de los mejores propósitos, por supuesto, tenemos que lograr mejores páginas. Dios seguro que nos valora los primeros, pero a Él se le sirve con las segundas. Lo cortés no quita lo valiente. Ni lo astuto (en la medida de lo posible).

viernes, 20 de noviembre de 2009

Un vaso de violetas

Resulta inverosímil, pero es verdad. La misma mañana (ayer) en que dejaba, con la maleta bien llena, el Hotel Universo, de JLGM, donde he pasado una temporada agradabilísima, me preguntaba qué nuevo dietario ocuparía el hueco de ese género en mi mesilla de noche. Recogí (en todos los sentidos del verbo) un tomo de Desde la última vuelta del camino de Baroja, pero inapetente, quizá porque la gripe daba la última vuelta de tuerca sobre mi estrujado estómago. Entonces llamaron a mi puerta. Eso, a un fervoroso lector de Jorge Manrique, siempre le sobresalta. Abrí. Era un paquete de Pre-Textos con Troppo vero dentro y, además, Vidario, subtitulado a propósito del Salón de pasos perdidos de Andrés Trapiello, do participo.

Encaminé mis pasos a leerme, como era de esperar. Me encontré en la pág. 185, acompañado de un dibujo precioso de Manuel Benítez Reyes en la 184: un vaso con violetas. Leerme me supo raro: sospecho (y ya lo he certificado en varias calas a lo largo y ancho del tomo) que diré en parte lo mismo que todos, y me fastidia; pero salir en parte por peteneras, tampoco tranquiliza. Los monográficos es lo que tienen.

Ahora bien, qué gusto cerrar el libro y saber que me quedo cara a cara con ese precioso vaso con violetas, y cómo tienen que oler por las noches en la intimidad nemorosa de las estanterías.

(Son también un símbolo afortunado de la buena compañía en la que —de la noche a la mañana— me veo.)

jueves, 19 de noviembre de 2009

Haiku power

El belga Herman Achille Van Rompuy contaba entre sus hasta hoy desconocidos y por tanto innumerables méritos con las diecisiete frágiles sílabas del haiku. Habrán sido claves para alzarse con la presidencia de la UE; ya veníamos avisando nosotros en este blogg de que el ascenso del haiku es imparable. Aunque no podamos decir lo mismo de un democristiano, alguien que ama el leve poema japonés seguro que no es mala persona. Aquí, tan atentos siempre a la actualidad política y a la eternidad poética, queremos unirlas siendo la primera página española que traduce la obra del haijin Van Rompuy. Que la disfruten:
La mosca zumba,
da la vuelta, se pierde
sin hacer daño.

............*
Mi pelo al viento...
Años después, al viento
pero sin pelo.

Ley de Murphy

De todos los artículos anti jolgorio que citaba en mi columna de ayer sólo uno no lo había escrito, sino que lo puse llevado por mi entusiasmo (o al revés). Ese único artículo es el que me pide (naturalmente) un buen amigo, compañero de piso de Pamplona, donde no se dio jamás ninguna fiesta-sorpresa, ni de las otras. Como artículo valdría su propia carta. Así que hoy, como no podría ser de otro modo, la entrada me la escriben:

Enrique:

Por favor, envíame los artículos a este dirección. Me gustaría haber leído el de la "fiesta-sorpresa" siempre me ha parecido una idea espantosa. A M. prácticamente desde que la conocí, le avisé que lo que jamás debía hacer, pase lo que pase, nunca jamás es una fiesta sorpresa. Si me organiza una fiesta sorpresa seguro que llegaré tarde a casa (como siempre), y por descontado, ese día llegaré cansadísimo, sin ganas de cenar, solo queriendo acostarme y hasta mañana. En fin envíame tu artículo, porque el otro día me contaron que al pobre B. C. le organizaron una por su cumpleaños (tiene 5 niños), dicen que salió tarde del despacho, recogiendo y llevando niños al tenis, cumpleaños, clases particulares, etc... Y cuando llega a su casa
"to reventao", enciende la luz y se encuentra el hogar lleno de gente. ¡Me cago en diez! ¡Qué putada! Un tío harto de trabajar con cinco niños, y un día entre semana fiesta sorpresa. El personal está completamente loco... B. me contaba que le hizo mucha ilusión... ¡No me creo ná!

Después de haberme definido "ligeramente" enemigo de las fiestas sorpresa y esas horteradas, espero que tu artículo será tirándole a este tipo de eventos (por si acaso ya voy suavizando). Aunque sea a favor de las fiestas sorpresa, envíamelo.

Un abrazo

miércoles, 18 de noviembre de 2009

domingo, 15 de noviembre de 2009

Corto y click

La semana pasada me colaron un virus informático, que entra por el correo y que se llama Convite Vip. Se lo he mandado involuntariamente a todos mis contactos. Si estáis a tiempo no abridlo. Se llama un troyano, encima, con la simpatía que le tengo yo a Héctor y a su familia. Lo peor es que los virus no vienen solos. Y ahora tengo encima un H1N1 que no se lo salta un aqueo.

En este estado de zozobra informática y biológica, corto y click.

jueves, 12 de noviembre de 2009

Chapeau, Chateaubriand!

Carlos García Gual en su conferencia hizo un repaso muy erudito por las novelas del XIX y del XX que tratan la Antigüedad, cogiendo impulso con una de finales del XVIII de un abate de cuyo nombre no consigo acordarme, y parando —pasándose de frenada— en el siglo XXI con la película de Amenábar y su Hypatia (de la que es favorable) y su san Cirilo (del que no). Pero el caso es que García Gual con quien más se entretuvo fue con Chateaubriand. Dijo, y aunque yo eso ya me lo sabía, me impresionó vivamente, que, gracias a su imparable personalidad y a la mejor prosa de Francia (ea), inició la reacción católica en Europa. Qué importancia puede tener uno, uno solo. A Carlos García Gual lo que le impresiona, en cambio, es la cantidad de árboles que nombra en Los mártires, y que afirmase que todos y cada uno de ellos los había visto. Y por lo visto y lo viajado, no exageraba. Lo contrario de los famosos nenúfares de Villaespesa. Yo confieso que a Chateaubriand lo tengo poco (nada) leído [golpe de pecho] y eso que aquí, justo detrás de donde escribo, descansan los cuatro tomos de El Acantilado de Memorias de Ultratumba, que sólo con el título a uno se le alegra el alma y se le llena de energía la mañana.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Apunte interior

Un punto de equilibrio entre el amor propio y el amor al prójimo: la delicadeza con que el ama de casa prepara la cena para el invitado.

Mea culpa

Lo advertía Agustín de Hipona y a mí me costaba creerlo, hasta que con los años no me ha quedado otro remedio. Decía el santo que sólo vemos en los demás los defectos que tenemos nosotros. Si yo he detectado el egocentrismo constitutivo de Zapatero, es porque cojeo de eso, que me temo que es mi único centrismo.

Así las cosas, sólo tengo una excusa por acusar a alguien de un defecto que también es propio: yo no me he metido a presidente de todos los españoles y escribo, por mi cuenta y riesgo, poesía lírica, precisamente, y un blogg-diario que podéis leer o dejar de leer con un simple click de más o de menos, y unas columnas de opinión (la mía) que compartiréis o no, como es lógico.

martes, 10 de noviembre de 2009

2ª ecografía

Sentimental quiero ponerme lo mínimo, así que inmediatamente, antes de que sea demasiado tarde, pasemos a hacer literatura . En la pantalla se le veía la sangre del corazón a medias roja y a medias azul, o sea, que no se podía negar que era hija de su padre y de su madre. A Leonor le parecía lo más natural del mundo, pero yo, como buen snob, rogué al doctor que me diera una fotografía de esas imágenes que demuestran que tiene a reventar el corazón de sangre azulísima. Qué orgullo.

lunes, 9 de noviembre de 2009

2º motivo de la rosa

Por más que te celebre, no me escuchas,
aunque en forma y en nácar te asemejes
a una caracola, atenta oreja
que guarda el mar en íntimas volutas.

Te pongo en un cristal, frente a un espejo
sin eco de cisternas ni de grutas…
Ausencias y cegueras absolutas
ofreces a la avispa y a la abeja

y a quien te adora, ¡oh sorda y silenciosa
y ciega y bella, interminable rosa
que en tiempo, aroma y verso te transmutas!

Sin tierra y sin estrellas brillas, presa
de mi sueño, insensible a la belleza
tuya que ignoras, porque no me escuchas…

[Cecília Meireles, Mar Absoluto, 1945]

sábado, 7 de noviembre de 2009

jueves, 5 de noviembre de 2009

Una reseña no escrita

Esta vez (a difierencia de la otra) no me costó ningún trabajo encontrar el nuevo libro de Wisława Szymborska: estaba en todos los escaparates. (El que no hubo manera, dicho sea entre paréntesis, es Pensamientos desordenados de Simone Weil.)

A la Szymborska me encantaría escribirle una reseña con todas las de la ley [indirecta a los de Poesía Digital], pero, mientras tanto, disfrutemos dos poemas del libro sin demasiadas interferencias mías.

El primero a más de uno le traerá a la memoria el poema de Miguel d’Ors titulado “Escuchando a Ella Fitzgerald da en meditar en los misterios del amor de Dios” de Hacia otra luz más pura, que no he podido enlazar porque no se encuentra en toda la blogosfera, y nosotros que nos lo perdemos. Sería curioso compararlo con este de W.S.:
................ELLA FITZGERALD EN EL CIELO

Le rezaba a Dios,
le rezaba ardientemente,
para que hiciera de ella
una feliz chiquilla blanca.
Y si ya es tarde para esos cambios,
pues al menos, Mi Señor, mira cuánto peso
y quita de aquí como poco la mitad.
Pero el misericordioso Dios dijo No.
Simplemente puso la mano en su corazón,
le miró la garganta, le acarició la cabeza.
Y cuando todo haya pasado—añadió—,
me llenarás de júbilo viniendo a mí,
mi alegría negra, mi tonel cantarín.
[En polaco no riman los dos últimos versos, aunque tratándose de un poema a una cantante, no deja de tener su gracia. Lo que vale por una clase de traducción es la razón por la que han traducido el título “Ella Fitzgerald en el cielo” cuando en v.o. es “Ella w niebie”, sin apellido que valga. En español Ella se puede leer como ella, claro, y sería un lío.]

Mi otro poema favorito trae esta vez al recuerdo la poesía de José Jiménez Lozano. Además de traernos mucha paz y alegría, que falta nos hacen:
...................VERMEER

Mientras esa mujer del Rijksmuseum
con esa calma y concentración pintadas
siga vertiendo día tras día
leche de la jarra al cuenco
no merecerá el Mundo
el fin del mundo.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

La intimidad intimidada

Quizá automotivado por mis vidas y venidas, el primer párrafo del artículo de hoy es una confesión en toda regla. El resto es política. Pero ese primer párrafo describe exactamente mi actitud como columnista, que no es una actitud de columnista.

martes, 3 de noviembre de 2009

Totoro y yo


Qué chico es el mundo, sí, pero qué grande a la vez la Aldea Global. Me entero en Argentina de que en Madrid ponen となりのトトロ, así que en el Puerto tomo corriendo un 猫バス o Nekobasu o gatobús que me planta en un periquete en Martín de los Heros, esquina plaza de España, y veo la película. Voy con Mónica y Jaime. Y Jaime, en el célebre juego del caínyabel, me gana dos a cero.

Uno a cero: desde que la niña Satsuki ha exclamado: “¡Somos el viento!”, siento que Hayao Miyazaki me acaba de regalar el primer verso de un haiku, pero no logro seguir solo o no hace falta. Sin embargo, cuando Totoro salta bajo un árbol para que con el temblor de tierra le caigan las gotas de lluvia redobladas, recuerdo un haiku de Jaime:
En cuanto escampa,
se refugia la lluvia
bajo los árboles.
A la salida, encantados, comentamos la mágica sincronía entre la emoción del mundo infantil y el interés nuestro de mayores que consigue la película sin hacer trampas. Jaime entonces apunta: “Es como en Platero y yo”. Y lo es. Dos a cero.

lunes, 2 de noviembre de 2009

Vidas y venidas



Por muy vulgar y corriente que sea la existencia de cualquiera, desde el momento en que se pone a contarla se da de bruces con un problema de primera magnitud: la verosimilitud. Con desconcertante frecuencia, nos pasan cosas extraordinarias, literalmente increíbles. El escritor ya irá viendo cómo soluciona esa papeleta, pero la enseñanza fundamental, desde el principio, está clara: la vida es fantástica.

*

Cosas tan íntimas que sólo pueden decirse en público.

*

Escila y Caribdis: la autocomplacencia y la falsa humildad.

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Cuando me recriminan tanto impudor y transparencia, me sale una respuesta grandilocuente: “Hay más cosas entre mi pecho y mi espalda, Horacio, de las que caben en mi literatura”.

*

Escritor autobiográfico: redundancia (que muchos ignoran).

*

El escritor de ficción se escapa; el autobiográfico se persigue. Sólo los buenos de uno y otro signo se alcanzan.

*

Para salvarse, el personaje aspira a persona, la persona a personaje. Cuando se cruzan por la calle, se saludan ceremoniosos e irónicos, pensando: “¿A dónde se creerá que va éste?”

*

El escritor autobiográfico es un vividor. El tiempo, de negro, le escribe su obra, menos el final, que es lo más difícil, que se lo encarga a una afamada profesional, la muerte.

*

El Juicio Universal será menos violento para el escritor autobiográfico.

*

El lema del escritor confesional: “También la verdad se inventa”.


domingo, 1 de noviembre de 2009

Perspectivismo y personalismo

El artículo de hoy, más bien divulgativo, no dirá nada que no sepan los lectores del blogg. Sin embargo, de pasada toca un tema que habría interesado al mismísimo Ortega y Gasset. Si hacemos una lista de los libros más importantes de la literatura universal, los títulos cambiarán un poco según la nacionalidad y la lengua: Quevedo en vez de Donne o Bécquer por Baudelaire, ¿no? Se trata de un caso clarísimo, acotaría Ortega, de perspectivismo, un perspectivismo de libro, vaya.

También tiene cierto interés mi tendencia a hablar de autores más que de títulos. Sobre todo, con los poetas, pero con todos. El personalismo me puede.