sábado, 26 de septiembre de 2020

L'uomo delle fontane

 

Anoche me puse arreglar la manguera de la ducha y destrocé el grifo. Llamé tarde al fontanero y esta mañana ha tocado al timbre muy temprano y lo ha arreglado todo en un periquete.

Cuando se iba le he dado las gracias por venir tan pronto y me ha sorprendido: «Eso es por ser vosotros. Los otros que esperen, que no hay tanta prisa».

No niego que pueda haber un poquito de vanidad en lo mucho que me ha gustado la contestación, pero creo que hay mucho más. El fontanero era un auténtico uomo delle fontane, esto es, un señor que no va por ahí bailando al son que le tocan, sino que él decide sus ritmos y sus homenajes, y da audiencias o no las da, como un señor. He estado tentado a rendirle pleitesía, pero he preferido la compasión: «Hombre, Paco, no les hagas esperar mucho, que tu trabajo es muy necesario para cualquier casa y muy importante para la paz familiar». «Ya, ya», ha zanjado.





jueves, 24 de septiembre de 2020

Recogidas del suelo

 

Me cuenta Carmen (10) que hace cinco años vio claro algo que no se le quita de la cabeza. Fue que las heridas están desparramadas por el suelo y en las esquinas de las cosas y que, cuando uno se cae o tropieza, es como si se le pegaran a la piel. Luego, en realidad, no es que se curen, sino que terminan despegándose y volviendo al suelo.

Tampoco se me va a quitar a mí de la cabeza a partir de ahora.


miércoles, 23 de septiembre de 2020

Menos mal


Los niños sí se acordaban de mi contraseña de usuario del portátil del Instituto, que puse para que no entrasen los niños.

(Pero la mañana que pasé en el IES creyendo que la había liado con el ordenador y probando compulsivamente cientos de posibilidades para mí se queda.)

martes, 22 de septiembre de 2020

Como yo

 

Explico en la primera clase y me escuchan con algo parecido al fervor, muy atentos, asintiendo. Les pregunto si lo han entendido. Afirman, sonriendo, felices, orgullos, que sí. En un rapto de cinismo les pido: «Explícadmelo vosotros, por favor». Caras de horror, titubeos, tartamudeos y rendición rápida. Caras de desolación. «Oh --les digo-- no os preocupéis. Yo también soy muchísimo más inteligente cuando atiendo, pienso y guardo un fecundo silencio. Nos pasa a todos». Vuelven a sonreír. Lo han entendido.



lunes, 21 de septiembre de 2020

Otoño

 

Este año mis hijos han descubierto la melancolía. Es un sentimiento hermoso que acompaña mucho y que dora el pasado. Me parece bien.

Ayer, dimos un paseo y ellos iban delante con las bicicletas. En un recodo del camino de La Calita encontramos sus bicicletas aparcadas y ellos habían bajado a despedirse románticamente del mar.

Véase a Carmen, diminuta, líricamente sentada ante la inmensidad:


Y véase a Enrique como un cuadro de Caspar David Fiedrich, pero cruzado con Chesterton, sin necesidad de subir a la montaña: 


Pagado el tributo a la melancolía, volvimos a casa a cenar tan contentos.



viernes, 18 de septiembre de 2020

Canción

 

Me he despertado con esta canción en los labios, como un exótico regalo de la noche:


Mis amigos que he perdido

ya habitáis en el pasado

donde os nimba la nostalgia;

y eso no es moco de pavo.


jueves, 17 de septiembre de 2020

Volverse

 

Entre la mascarilla, el gel, los libros, los papeles, cuando llevaba diez minutos en el coche yendo al IES, me di cuenta de que me había dejado el móvil en casa. Como la mañana va a ser muy larga y los niños y Leonor, lo iba a necesitar. En la primera rotonda, me di la vuelta, resignado y acelerando.

Cuando llegué a casa, vi que había dejado sin darme cuenta una puerta abierta y una ventana abierta, una luz encendida y una perra dentro de la casa. Me alegró mucho.

Se confirmaba mi idea de que volverse, a pesar del prestigio acelerado del progreso, es de las cosas más sensatas que uno puede hacer.