sábado, 7 de marzo de 2015

Gag


La  última meditación del día (estoy de curso de retiro, aunque externo) fue sobre la alegría de los hijos de Dios. Hay que saber reírse de uno mismo, nos recomendó encarecidamente el cura. Salimos pitando para llegar a cenar cada cual a su casa, pero yo tuve que parar en la gasolinera, vaya. Soplaba un viento helado y dos operarios y una chica me miraron llegar y bajarme desde la gran cristalera de las oficinas. Salí, muy serio y ejecutivo, y di la vuelta hacia al surtidor y, entonces ,el coche salió andando. Había olvidado dejar una marcha o echar el freno de mano. Tuve que trotar, abrir la puerta del copiloto, tirarme y darle al freno de mano. Salí menos ejecutivo. Ninguno de los tres miraban, disimulando.

Qué rapidez poniendo en práctica los buenos propósitos del retiro… y eso que había apuntado, escéptico y serio: "Las buenas intenciones son aforismos hacia adentro, adentrismos". 


viernes, 6 de marzo de 2015

Ah


Llamo a Leonor de buena mañana. Contesta: "Ahora te llamo, que estoy ocupada por el otro teléfono". "Ah, vale", me resigno. "No, no; no te lo digo a ti, sino al otro", dice. Y yo suspiro encantado, orgulloso, satisfecho. En ese momento suena click.

Yo era el otro. 


jueves, 5 de marzo de 2015

Extraños compañeros, compañeras


La política hace extraños compañeros de cama, se dice en impúdica metáfora. La literatura también. Y me ha divertido la coincidencia de admiración primigenia y principal de Aurora Luque, tan malota, y de Natalia Sanmartín Fenollera, tan reaccionaria, digo, tan buenista. Ambas son muy de Mujercitas y brindan por Alcott por todo lo alto. Para Sanmartín, es una lectura imprescindible; para Luque lo fue: 

[... Miss Alcott] 
Ella puso a Jo March como amiga en mi vida. 
Jo tenía dieciséis. Yo tenía seis años 
y leí una versión abreviada en Bruguera. 
Jo quería ser Jo. Escribir y ser libre. 
Yo quería ser Jo. He puesto empeño en ello.  
[...]


[Personal & Político, Aurora Luque, Vandalia, Sevilla, 2015] 


Por cierto, que el juego que se trae A. L. con Jo y Yo es estupendo y envidiable. En dos sílabas, recoge toda la idea de mi "El lector es un fingidor". 


miércoles, 4 de marzo de 2015

martes, 3 de marzo de 2015

Salomón



Cuánto pierdo por no llevar diariamente a mis hijos al colegio. Hoy tenía que hacerlo, ¡no fuese a estropearse en el autobús el trabajo de Carmen! Conducía nervioso, como un contrabandista, porque íbamos en mi coche sin sillitas, que Leonor esta mañana, sin darse cuenta, se había llevado el coche nuevo. Ellos iban enérgicamente peleándose por una caja de sellos de tinta de Carmen. Yo, amablemente, les he dicho que si no dejaban ipso facto de discutir tiraba la caja por la ventana. Y entonces se ha producido la epifanía bíblica. Quique ha empezado a decir a voz en grito, enfervorizado: "¡Tírala, papá, tírala!" y Carmen: "No, no, no", angustiada. Una versión pedestre del juicio de Salomón, desde luego. Carmen se ha quedado, por tanto, con la caja de sellos; y yo esta tarde  le tengo que explicar a Quique con tranquilidad la justificación latente. 

Lo que está claro es que Salomón no era un positivista jurídico, de ninguna de las maneras. Dictó una sentencia y luego no se ciñó a ella. Qué rey tan sabio. 


lunes, 2 de marzo de 2015

Si pierdo la memoria, qué pureza


Ayer me volvió a pasar algo bastante frecuente. Se me ocurrió un aforismo y en el camino hacia la libreta se me cruzó un niño. Cuando retomé, al rato, mi intención, había olvidado la frase . En esas ocasiones, me encomiendo a Juan Ramón, que se decía: ya volverá el pez al anzuelo y de más hondo y más gordo. Ayer, me pudo la sensación de pérdida y la convicción de la belleza y verdad de la idea perdida. Me entró una dulce tristeza nostálgica.

Por la tarde, no más, la recordé. No valía mucho, apenas nada. Y entonces me pasmé de la capacidad redentora del olvido, que siempre deja las leves huellas de un perfume. Y entendí el verso de Gimferrer, que siempre había visto sobreactuado: "Si pierdo la memoria, qué pureza". 

Aunque prefiero recordar.