martes, 18 de septiembre de 2018

Los increíbles


Ya no soy jefe de estudios, pero los actuales, que trabajaron codo a codo conmigo, han decidido dejarme en el chat de jefatura. 

Estos días me he sentido como el padre de los increíbles, retirado, pero oyendo en el coche parado en el callejón, la radio de la policía, sus frenéticas persecuciones, los peligros, los trabajos.

No es que lo haya echado de menos, no, no, Dios me libre, pero está siendo una sensación extraña, como de una gran quietud tensa.


viernes, 14 de septiembre de 2018

Cambiar el ritmo


Da vértigo ver madurar a los hijos. Hoy Quique me ha contado que, cuando en el colegio se acuerda de Aspa, le entran unas ganas tremendas de abrazarla, pero que, cuando llega a casa y la ve, se le pasan las ganas enseguida.

Eso pasa, les he advertido. ¿No sucede un poco también conmigo? Carmen entonces se ha precipitado y ha dicho: "Sí, sí, también". 

Es un tic del alma humana. Tanto que llevó a Mario Quintana a escribir esta atrevida oración:

IX. De la inquieta esperanza 

Bien sabes tú, Señor, que el mayor bien
 
es ese que no pasa de un deseo ilusorio. 
Nunca me des el Cielo. Quiero soñar con él 
en la inquietud feliz del Purgatorio. 

Pero hay que cambiar, por la cuenta que nos trae, el ritmo, les digo, y sufrir menos con la añoranza y sobre todo disfrutar más con la presencia. Siendo Mario Quintana un poeta estupendo, también en el Parnaso hay clases, y debemos aspirar a la maravilla de San Juan de la Cruz:

Descubre tu presencia, 
y máteme tu vista y hermosura; 
mira que la dolencia 
de amor, que no se cura 
sino con la presencia y la figura.

jueves, 13 de septiembre de 2018

Resucitar


¡Lo que tiene que ser resucitar!

Hace tres horas, con catarro horrible, me acosté molido a toses y moralmente hundido por encargos a los que no llegaba, porque se me habían malencarado dos problemas de trabajo y porque el cóctel de Frenadol Forte y Frenadol Complex me había hecho polvo y soluble y amargo e inútil. Había llevado a los niños al colegio y no había sido el más simpático en el coche ni luego con los padres y profesores que me he encontrado en la entrada. He llegado a casa arrastrado.

Y he llegado arrastrándome hasta la cama.

Me he levantado con mucho mejor cuerpo y, por si fuera poco, con seis correos amabilísimos en mi bandeja de entrada, entre los cuales uno me daba, sin pedirlo, más plazo para una entrega y otros dos disipaban aquellos problemas como rayos de sol que hienden la niebla y la evaporan. 

Incluso toso mucho menos.




viernes, 24 de agosto de 2018

Piropos


Mis aforismos los escribe el espíritu de la escalera.



Así que después de escribir mi artículo sobre los piropos, he pensado que una buena definición de piropo es "Jaculatoria secularizada".

Aunque tampoco. Porque abundan los piropos creyentes, que hablan de Dios con frecuencia, convencidos por instinto por la cuarta vía del Aquinate. "Hoy creo en Dios", por ejemplo.

Precisemos, pues: "Piropos: jaculatorias laicas". Esta definición es coherente con el pensamiento de Hadjadj y quizá hasta nos dé una pista de por qué a los laicistas recalcitrantes no les gusten nada los piropos.


sábado, 18 de agosto de 2018

Karma


Ha querido el destino que ahora en verano, cuando algunos quedan conmigo como poeta y acuden con altas perspectivas líricas, me haya encontrado con este soneto de Mario Quintana:



 Querías que te hablase de “poesía” un poco 
burlándome de tanta ordinariez atroz. 
Querías el sonido de mi voz 
y no apenas un eco más de este mundo loco. 

 Aunque qué puedo darte, pobre criatura, en trueco 
de cuánto tú esperabas, ay de nos- 
otros, si yo soy hueco, hueco, hueco 
como el Hombre de Lata en El Mago de Oz

 Tú te acuerdas, seguro, de su horror 
a las lágrimas porque después se oxidaría… 
Pero como a un nenúfar del lago me querías, 

 como una lluvia de oro que te cubriese, como 
un pájaro de luz… No obstante, ¿habrá mayor 
poesía que mi afán sin fin por la poesía?





sábado, 11 de agosto de 2018

SOS [Actualizado y resuelto]



Estoy rematando mi traducción de la poesía de Mario Quintana y me ha surgido una duda que no soy capaz de solucionar solo. Vengo a pedir ayuda.

En El color de lo invisible (1989) tiene este poema:


La compañera   
La luna marcha con el que se marcha 
y se queda con quien se queda 
—pacientemente— 
espera a los suicidas en el fondo del pozo.

Lo había publicado antes, mucho antes, en El zapato florecido (1948) con un adverbio más:

La compañera  
La luna marcha con el que se marcha 
y se queda con quien se queda 
y, 
pacientemente, consoladoramente, 
espera a los suicidas en el fondo del pozo. 


Creo que la versión del 89 es mejor y sospecho que la consolación de la luna está implícita en la paciencia, pero no estoy seguro.

La existencia de las dos versiones me dan un pequeño margen de elección (que un traductor siempre agradece), pero no sé qué hacer. ¿Asumiríais el riesgo de que el poema pueda quedar macabro o preferirías la versión explicativa inicial?

ACTUALIZACIÓN.- Me habéis resuelto el problema prefiriendo mayoritariamente la opción que el propio Quintana (¡más de cuarenta años después!) escogió. Incluso hay quien considera un acierto poético ese punto morboso de la luna que aguarda. Yo prefiero pensar que queda la luz indirecta (¡lunar!) de la comparación con la paciencia y la espera, aunque puede que ambas juntas.

Una duda nueva a partir de otro comentario dejar sólo "consoladora":


La compañera  
La luna marcha con el que se marcha 
y se queda con quien se queda 
y
consoladora

espera a los suicidas en el fondo del pozo. 

No. No me decido. Es demasiada intervención y, curiosamente, no funciona tan bien como esperaba.

Entonces pienso (casi veo) al viejo Quintana sopesando todas estas dudas, todas estas posibilidades pacientemente. Y que ahora nos sonría, desde el fondo de la eternidad, consoladoramente, feliz de que al fin hayamos llegado a su propia conclusión.

viernes, 10 de agosto de 2018

Coliflor y Cordelia



Quique estaba castigado en su cuarto porque no quería comer la pizca de coliflor que le tocaba en suerte. No cenaría hasta pasar por el trance. Como nos daba lástima, lo visitábamos por turnos para intentar convencerlo de que había que probarlo todo un poco y que luego ya podría cenar más de lo que él prefiriese, con la satisfacción del deber cumplido y la sobriedad ganada. Pero nada de nada. ¡Que no!

Eso fue anoche. Ahora acabo de enterarme de que, cuando era Carmen la que le visitaba, le llevaba escondidos trocitos de bizcocho. ¡Así ya podía resistir el muy sinvergüenza! Finjo una furia fuera de cauce. Carmen me dice: "Hice como Cordelia".

Se llama de segundo nombre Cordelia por tres razones: santa Cordelia, Cordelia de Lear y Cordelia Flyte. Y le encanta que le cuente las historias de sus tres patronas. Repasé por orden las referencias: Santa Cordelia vuelve a morir del martirio que había esquivado porque no le parece honroso ni piadoso ni amistoso el escaqueo. No es el caso. La shakespeariana es la hija excelente. No, para nada, en esta ocasión, todo lo contrario, boicoteando mi castigo. Cordelia Flyte, sí, claro, caigo de repente, que llevaba whisky a Sebastian cuando este estaba castigado en Brideshead.

No es un precedente muy ejemplar, pero la literatura me desarma. Para mejorar la pedagogía al menos y espantar dipsomanías, les cuento la historia de santa Casilda.