lunes, 25 de julio de 2016

Me desdigo


Ha querido la casualidad (y nada más que la casualidad) que este verano baje a la playa con dos lecturas íntimamente marcadas por la infidelidad matrimonial. Primero, la colección de relatos La vida tal cual es de Nelson Rodrigues, todos unidos por el hilo de la traición de pareja y los crímenes pasionales; y después los Cuentos completos de Evelyn Waugh, respirando siempre por la herida del fracaso de su primer matrimonio.

Al principio, me puse del lado de Rodrigues, porque cogía el toro por los cuernos (ejem) y no dejaba por eso de ver el encanto de la vida, su atractivo poderoso, su luz cenital. Me cité a Simone Weil o a Jiménez Lozano, ay mi memoria, cuando más o menos decía que es preferible reconocer que uno está triste o desolado que levantar un falso testimonio contra el mundo.

He ido cambiando de opinión, sin embargo. La herida de Waugh es profundísima y, aunque sacramentalmente anuló aquel primer matrimonio, su literatura quedó indisolublemente unida a él, quién sabe si su vida interior. Waugh puede ponerse al lado de Shakespeare como otro escritor que da vueltas sobre un centro secreto que es el vínculo. Sobre la insistencia de Shakespeare hay un ensayo por escribir, por cierto. Y otro, quizá, sobre Waugh.

En los cuentos, con toda su reticencia y humor ácido, deja claro que el fracaso matrimonial no solo entristece al protagonista sino que contamina al mundo. Comparado con tanta amargura, la frivolidad pasional de Nelson Rodrigues se queda en un ajetreo muy colorista y, ay de mí, muy entretenido.

sábado, 23 de julio de 2016

Lirios de mar


Han florecido los lirios de mar que planté en mi jardín. Bastaría con eso.


Pero me gusta, mientras los miro, recordar mi larga historia de amor con esa flor salvaje y delicada. Aquí hablé de ella. Aquí de ella, de Carmena. Aquí con mis niños recogiendo las semillas que germinaron y han florecido. 


viernes, 22 de julio de 2016

Buenos días


Nada más levantarme, aún medio dormido, me pongo las gafas y entro en el espacio, me pongo el reloj y entro en el tiempo y me pongo la cadena con la cruz y entro en la eternidad.




jueves, 21 de julio de 2016

Post-its


Carmen vino a la orilla de mi mesa y puso este amoroso post-it en la esquina de mi ordenador. 



Mejoró muchísimo mi mañana de trabajo. Se lo celebré tanto que por la tarde Quique vino también con otro post-it. "Qué sorpresa, Quique. Qué tiernos corazones".



Los miró otra vez, pegados junto a los de su hermana. "No, no son corazones", dijo, muy serio. "Ah, no. ¿Y qué son?" "Pezuñas, huellas de pezuñas: de vaca, de cabrita, de conejo, de cochino...", me explicaba, pedagógico.


miércoles, 20 de julio de 2016

Vivan las nubes


No me quejaré de la lluvia y los truenos de estos días. De mis viajes al norte, he vuelto con muchas ganas de veranear por allí, contra mis firmes principios de siempre. Es Leonor, más realista y económica, la que me recuerda que las veces que sostuve que sin cambiar de casa, como el castillo ambulante de Miyazaki, cambia nuestro mundo, con sólo girar la rueda de las estaciones, y eso sirve para irse a veranear. La lluvia le ha venido de maravilla. Me dice: "Ea, aquí tienes tu norte", señalando a la ventana.

Recogimos las vacunas de los niños. Nos advirtieron: "Que no se rompa la cadena de frío". Miramos al cielo, sonreímos, decimos: "Descuida".

Por último, el sol no se resignaba a su falta de protagonismo:



Día nublado
en que el sol se hace luna
¡y exige un haiku!



lunes, 18 de julio de 2016

Qué sabiduría la Blixen



El último cuento de Cuentos de invierno de la baronesa Blixen se titula "Un cuento consolador". Es un prodigio técnico, aunque no lo parece. Primero, porque no lo parece. Luego porque te engaña. Crees que es a ti, como lector, al que viene a consolarte. Después de tantos cuentos tristes como uno ha leído en el libro, piensa que se lo merece. Pero no es al lector al que se viene a consolar, sino al autor. Es un cuento metanarrativo de cabo a rabo.

Una idea tremenda: el Libro de Job es el modelo. Job es el lector, y el escritor es Dios que permite que Satanás lo vapulee y del que Job puede protestar, pero no rajar de sus razones.

Un mandamiento: "Amarás tu arte con todo tu corazón y toda tu alma. Y a tu público como a ti mismo".

—¿Compasión? ¿De qué hablas? —dijo Charlie, y cayó en un profundo ensimismamiento. Tras una larga pausa dijo muy despacio—: No podemos tener compasión el uno del otro.

Esta tirada de adjetivos describiendo al narrador: "surgió una figura pequeña, concentrada, peligrosa, sólida, alerta, implacable: la del narrador de todas las épocas".

—Sí, es un buen cuento —dijo Charlie; y un poco después añadió— Ahora me vuelvo a casa. Creo que esta noche voy a dormir —pero cuando terminó de fumarse el cigarrillo se recostó en su silla, también, meditabundo. No —dijo—. En realidad, no es un cuento muy bueno. Pero tiene pasajes que podrían desarrollarse, y construirse con ellos un buen cuento.

Así acababa el cuento y el libro y yo di una carcajada explosiva, que sí que me consoló.