jueves, 20 de julio de 2017

Efecto brócoli


Prometo que voy a dejar de hablar de mis niños una temporada. Esto se me está yendo de las manos (hasta el periódico), pero una cosa más. Anoche, había brócoli en la cena, y Quique no es fanático. La regla, bastante socialdemócrata en casa, es que hay que probar una mínima porción de todo. Hace dos noches tuvimos una tragedia griega por una judía verde con gritos, castigo en su cuarto, petición de perdón por su parte y vuelta a empezar con la judía verde a las once y media de la noche. Ahora que lo pienso, no fue tragedia porque un deus ex machina lo salvó todo en el último segundo. Ayer, parecía que íbamos a tener reposición, pero, tras unos titubeos naturales, Quique se lanzó y cumplió con su brócoli. Hasta ahí nada especial, pero entonces le dio una alegría tremenda, casi un pavo, y se reía por todo, y hasta cantaba en la mesa (que tampoco es) y hablaba sin parar. Podría haber pensado que el brócoli tenía efectos euforizantes. Pero me acordé de la pistola de Chesterton y de cómo, si te apunta a la cabeza un momento, te cura de todo pesimismo. Quique había tenido el brócoli apuntándole y lo había tomado y no había pasado nada y se había vencido y todos estábamos muy orgullosos de él. Lo vi tan radiante que hasta sospeché que le había encantado. Le ofrecí más.  Dijo no, riéndose de mi ocurrencia, qué disparate, tú.

miércoles, 19 de julio de 2017

Sin planes


Me encanta ver a mis hijos aburriéndose. Esta tarde no hay planes y no saldremos de casa. Carmen ha encontrado unas orugas en el jardín y está estudiándolas con entusiasmo de entomóloga. Quique se ha montado en mi coche y juega a conducir, asomando una coronilla por la ventana. Es como jugar con sus coches, pero con uno de verdad. No es que se aburran, me he explicado mal, es que no los estamos divirtiendo nosotros o ninguna actividad prefabricada. Y se bandean muy bien. Ahora llega Carmen con cara de guasa y me pregunta: "¿Por qué no se puede hacer pis en ella si hasta en la misma palabra lo lleva: pis-cina?" Supongo que se le habrá ocurrido pensando que le gustaría ir a la piscina, pero estoy seguro de que ni allí ni en una fiesta con payasos se le habría ocurrido la payasada. 


martes, 18 de julio de 2017

Cuidado


Cuando, para educar a tus hijos en el cuidado de las cosas, en el agradecimiento, en la felicidad o en la cultura del esfuerzo, les explicas lo caro que ha sido algo, ten cuidado. No caigas en la trampa si te preguntan, fingiendo o no interés, cuánto ha costado. Si les contestas, habrás caído en la contabilidad, tan grotesca. Y tú no habías venido a hablar de precios, sino de valores. "Yo no he venido a contar, sino a contarte", puede ser una contestación correcta, aunque todavía no la he contrastado.


lunes, 17 de julio de 2017

La forja de un conservador


Aunque lo tituló En el bosque, este primer diario (1970-79) de Valentí Puig es la forja de un conservador. También la de un escritor, claro. El barbero del rey del Suecia ha recortado estas citas:

Escribir es una de las mejores astucias de la felicidad. 
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En momentos de desorden interno, una larga convalecencia sin dolor en un sanatorio cómodo aparece como la gran solución. 
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“Señores”, dijo el miembro de una universidad americanda donde se había propuesto que Nabokov entrase de profesor de literatura, “incluso si damitimos que es un escritor importante, ¿es que habríamos de invitar a un elefante a ejercer de profesor de zoología?” 
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Evelyn Waugh a Graham Green: “¿Sabes, Graham? Tú ganas más dinero con Dios que Wodehouse con los mayordomos…” 
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La cultura tiene un soporte fundamental en el carácter... 
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Hace años decidí afeitarme para evitar las miradas de complicidad de los barbudos. 
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La buena literatura no es nunca un hecho revolucionario, sino la constatación perpetua del principio conservador que dice que la realidad es tal como es. Como Maquiavelo. 
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He llegado a pensar que me interesa más Henri Beyle que Stendhal. 
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Trostky: “Si la vida humana es considerada sagrada, hemos de renunciar a la revolución”. 
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Una combinación gloriosa: la agilidad de la novela inglesa y el aplomo de los moralistas franceses. 
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Estoy por decir que es más descansado ir contracorriente. 
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La ambición es la falta de sentido del ridículo al servicio de una obsesión posesiva. 
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Es imposible sostener una literatura sin carácter. 
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Chateaubriand: El dinero es la fuente de la libertad. 
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Larkin en “Church going”: una iglesia “es una casa seria en una tierra seria / en cuyo aire armonioso convluyen todas nuestras obligaciones, / son reconocidas, y admitidas como destinos. / Y eso nunca puede ser obsoleto”. 
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Talleyrand: “Todo lo que es exagerado es insignificante”. 
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La indiferencia como salvavidas cotidiano. 
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La infautación del seductor con éxito puede ser menospreciable, pero es una de las condiciones del buen resultado. 
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Todo nos lo socava la carcoma de esta era de la ansiedad. 
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Es muy de agradecer que el cristianismo de entrada nos conceda un alma. Si hubiésemos de adquirirla por nuestro propio esfuerzo... 
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Ser un liberal pesimista es, en cierto modo, ser un conservador. 
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La corriente interior ha de conseguir la convivencia de la pasión con la indiferencia. 
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Una vida sin designios nos disolverá como un terrón de azúcar. 
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C.S. Lewis explica la teoría convincente de que el demonio sabe aprovechar por su cuenta la desidia de los que pierden el tiempo haciendo lo que no querían hacer, la de los que pierden el tiempo del que disponen libremente. 
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La buena literatura no enseña nada, pero siempre aprendemos de ella. 
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La identidad personal ya no es una guerra interior, sino un convenio lector. 
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Ahora la anglofilia sólo es posible por nostalgia. 
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¿Qué pueden hacer los alumnos sino secundar el deterioro y la inestabilidad?
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La genialidad de la opereta en prosa: un género indefinible que va más allá de la comedia y que comprende desde Molière a Wodehouse. 
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Van Gogh es un tapiz mostrado del revés. 
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Por la ventana… la lejanía de la catedral siempre reencontrada. 
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Cuando la lucidez tiene un momento fugaz de felicidad, hemos alcanzado una veta de perfección. 


domingo, 16 de julio de 2017

Sospecha razonable


Estoy sospechando que Quique no tiene problemas con el lenguaje, sino mucha guasa. Tras el incidente del campamento, ayer dio en decir que, puesto que Carmen se hizo una herida en el pie, había que "putárselo". ¡Es "amputárselo", Quique! "Ah", dijo muy humildemente. Pero luego le escucho decir a voz en grito: "Le he hecho una gran amputada".


sábado, 15 de julio de 2017

Un bofedón sin manos


Le había dicho varias veces  que tenía que sembrar los claros del jardín. Hacía meses que yo había quedado en eso con su jefe, pero Manolo el jardinero me había propuesto venir a hacerlo una tarde, por su cuenta, cobrándolo aparte. Le dije que tenía que hacerlo en sus horas de trabajo, porque, si no, yo pagaba dos veces. Dijo: "Sí". Pero fue "no". Le hice varios recordatorios. Infructuosos. El otro día llamé al jefe para decirle que el trato fue que en verano el jardín estaría en estado de revista y que aún no se había ni sembrado. Al rato, Manolo estaba dándole a la azada y voleando el grano. Bien. Pero ha empezado a llamarme "Don Enrique" con mucha formalidad. Su respeto quiere decir desprecio. El "don" es una manera paradójica de mostrarme su enfado: casi un bofedón sin manos. Quizá Manolo no sabe que me gusta tanto el lenguaje y los juegos implícitos, que hasta me consuelo de su desdén, de su desdón. 


jueves, 13 de julio de 2017

Love is in the air


Cometo el error de preguntarles quién quiere venir a los toros conmigo. Sabía que Quique sí y que Carmen no, así que no sé para qué pregunto. Lo que me sorprende es el discurso antitaurino que hace Carmen, con una bravura (dialéctica) que no teme al castigo. Me sirve como unas banderillas de castigo, para que no me olvide de cómo las nuevas ideologías están en el aire y se contagian de forma misteriosa. Nadie le ha predicado a la niña antitaurinismo y ahí está, escarbando en la tierra y embistiendo a todo lo que se menea. Es un tema menor, una novillada sin picadores, pero yo me preparo ya para las grandes plazas y los toros de tronío que me esperan.


Valdría como microcuento; es una macrohistoria

Y también es una lección de pedagogía por parte de San Wolfgan.