lunes, 26 de junio de 2017

Felicitas Casillo (poemas al padre)


La joven poeta Felicitas Casillo (Bahía Blanca, 1986) ha publicado El gran enero. Un gran libro. Enseguida di con un poema para mi carpeta retroactiva de Poemas al padre. 


ZAPATOS 

 Para trabajar en el jardín 
me calzo unos gruesos zapatos de montaña 
que fueron de papá. 
Después volveré a las pantallas que nos absorben. 
Pero mis pasos sonarán con su andar regio, 
sobre la tierra y las hojas, 
bajo un sol que nace de lo alto.

Y estaba como un niño con zapatos nuevos. Antes ya había leído un poema que podría ser a un padre, pero lo imagino mucho más a una madre, no sé bien por qué:


ACENTO 

 Tenía en la memoria de la voz 
otro relieve. 

 Dentro de la boca, los Alpes 
le impedían modular la pampa. 

 El nombre de sus hijos 
fue una cartografía entre dos lenguas. 



Llegando ya al final, otro poema que me gustó aún más, si cabe:


CANTO TODAVÍA SOBRE EL BOTE 

Tengo nueve años y otra vez es verano. 
Con el mentón sobre el costado del bote, 
acaricio el agua. 
Mi mano no le quitaría el sueño a un pájaro. 
Abajo, vértigo de terciopelo. 
Un rayo de sol despierta limones 
entre los troncos del lecho. 

 ¿Qué barco hundimos en este pozo? 
¿Qué cofre olvidamos bajo la lápida de este lago? 
Pero esto lo pensaré recién cuando pasen los años 
y me esfuerce por escribir un tesoro. 

 Ahora canto todavía sobre el bote 
una canción que aprendí en el colegio. 
La caña de papá se arquea 
como una ceja, una risa, una ola, 
y una aleta corta la superficie azul.


 De algo no cabía duda: he mordido el anzuelo de esta poeta. 



domingo, 25 de junio de 2017

Hierro


Carmen y Quique juegan a ser mamá y papá. Se han puesto nuestros zapatos y van arrastrando los pies por la casa imitándonos. Me encuentro a Quique tumbado en el chester con un libro entre las manos y con mi cadena con el escapulario y la cruz sobre el polo. "Soy tú", me explica. 

"Ser yo es muy duro: no compensa", me sincero. "Tienes que escribir un artículo, que preparar una presentación que está levantando muchas expectativas, que pagar los impuestos y, a la vez, el IBI, que educaros a todas horas --baja los pies del sofá, tú, por cierto--. Está la angustia del trabajo: los horarios del año que viene que ahora hay que preparar. El descenso de la natalidad, que caerá sobre vuestros hombros en el futuro. Mis dudas, con la ola de calor, de si no habré sido muy frívolo con el calentamiento global. La cuestión catalanista, que a ti te da todavía igual, pero que yo sufro. La mala conciencia del algarrobo que corté. La medrosa esperanza de que vuelva a crecer. Las meteduras de pata. Los compromisos. El dolor de cabeza..."

Y cuando creo que va a ponerse a llorar, se echa a reír. 

Su risa le quita mucho hierro a la cosa. 

Le doy las gracias y no le pido la cadena de vuelta. La lleva muy bien.




sábado, 24 de junio de 2017

No cansa


Si hay algo que no es verdad en el último libro de aforismos de José Luis García Martín es el título: Todo lo que se prodiga cansa. Es verdad que él a veces se prodiga y establece una especie de tertulia distendida: baja la tensión literaria, para no ser permanentemente ingenioso; otras, juega al microcuento; otras, a epatar; pero cansar, nunca cansa. El barbero de Sevilla os ha escogido estos aforismos:


En las páginas en blanco nunca hay erratas.
*
La vida no es un cuento de hadas dicen los que saben poco de los cuentos de hadas y menos aún de la vida.
*
POESíA: Antídoto contra palabras muertas, dúo de poeta y lector, prosa que canta, pensamiento que danza, cosa de niños, fugaz eternidad, puente sobre aguas turbulentas, soledades juntas, lo que el lenguaje calla, el tiempo entre las manos, el silencio que sigue a la palabra, lo que el poeta encuentra en el lector, lo que queda después de haber vivido.
*
Hasta que no los retoca la memoria los poemas están a medio hacer.
 
La diferencia entre un buen poeta y un mal poeta no está al alcance de todos los críticos, pero sí de la mayoría de los lectores.
 
No decepciones a quien te detesta.
 
Una mala persona puede ser cualquier cosa, salvo buena persona.
 
La dificultad para escribir es una de las más claras señales del verdadero escritor. [Se repite en la pág. 61  y en la 152, pero es que escribir es difícil y un hallazgo cuesta tanto...)
 
Aprender a escribir es casi tan difícil como aprender a leer.
 
Tres amores equivalen a un incendio.
 
En una cabeza vacía no cabe ni la más pequeña idea.
 
Lo que no se tiene también puede perderse.
*
Me gusta cumplir las promesas que no he hecho.
*
Si nadie te detesta, no eres nadie.
*
El premio Nobel no es más que un premio Planeta planetario.
*
A los espejos les gusta Narciso.
 
La poesía ilumina, pero quemando.
*
No me gustan las historias que acaban bien porque acaban. 



viernes, 23 de junio de 2017

No es nada y otras maravillas


Antes contaba viajes a Madrid, ahora a Sevilla. Acabaré como Xavier de Maistre, con suerte.

¡Y la que tuve! Había ido al médico y oí las palabras más hermosas del mundo (para un hipocondríaco): "No es nada". Observen la plenitud a la que aboca la doble negación.

Más suerte aún: como la mayoría de la tarde-noche la pasé con Ángel Ruiz y con Ignacio Trujillo, ellos la contarán más y mejor.

Antes del médico, fui a misa a la Magdalena. Antonio Machado dijo que el golpe que hace un ataúd sobre la tierra es algo perfectamente serio. Estoy de acuerdo. En cambio, el ruido en la Magdalena era el clac-clac que hacía la tapa de mármol blasonado de una tumba mal encajada. El primero que la pisó, dio un respingo. El segundo, otro. No me extraña. Supongo que al difunto, ya hecho a todo desde el siglo XVII, le dará igual, pero yo sugeriría recogerla con un poquito de cemento.

Más tarde, ya con Ignacio y Ángel, vislumbré una teoría del conservadurismo. ¿No tendría que habernos influido más a los españoles nuestra vieja costumbre de conservar el patio de las abluciones de la mezquita (¡maravilloso el del Salvador!) o el minarete almohade, que luego se remata con la Giralda, nada menos, o el palacio de Carlos V en la Alhambra o la mezquita de Córdoba?

Del majestuoso paso de plata de El Salvador donde habían situado una maravillosa custodia, yo fotografié la pequeña figura de un caballero coronado, entre tantas. No tengo remedio:



La lectura de Alfredo Félix-Díaz, a la que fuimos sin prisa y sin más que algunas pausas puntuales, estuvo extraordinaria. Y aunque volví a llegar tarde, está vez ni tuve que salir pronto ni tropecé con el columpio


La cena fue estupenda, como la noche, y esperemos que mis amigos nos la cuenten. Por si acaso se les olvida un detalle, lo recojo. Fuimos a tomarnos una copa a una terraza con una vista de la Giralda que mareaba. Tendrían que haber llamado a la terraza "Síndrome de Stendhal". Vino a atendernos, precisamente, una camarera con las piernas muy largas, la falda muy corta y el trajecito calado por la espalda. Impresionaba. Pero de Sabina tenía sólo la fachada, como se verá. Le dije que me quedaba una hora y media de coche y que no me venía bien seguir tomando alcohol. Repasó las (escasas) posibilidades que ofrecía la carta y, de pronto, me ofreció un café frío en una copa de cóctel, con una naranja cortada. "Yo lo tomo siempre por las noches para aguantar", nos confesó. Me estaba, pues, ofreciendo su secreto. Cuando me lo trajo, dijo "Esto en mi casa se llama un "engañabobos"". Porque parecía una bebida sofisticada y bien alcohólica, pero no, y supongo que a ella le divertirá poner cara de mujer fatal, con la bebida a juego con sus ojos y con su traje negro, pero sin ceder ni un ápice a los peligros de beber en su trabajo. La mención a su casa fue enternecedora. Volvió luego a preguntarme qué me parecía, y le alegró que me encantase. Y ya no volvió más [lo digo por si Leonor lee esto], pero la vi cuando nos íbamos con una chaqueta vaquera sobre los hombros, y se reafirmó mi idea de que era una estupenda chica de su casa.

El cóctel engañabobos engañó a la perfección al sueño y al cansancio. La autopista parecía cuesta abajo. No veía a la luna, pero sabía que me acompañaba, tan alta como siempre, tan en vela: 

La luna nueva, 
un cóctel de café 
engañabobos.







miércoles, 21 de junio de 2017

Rompimiento


Me he hecho el firme propósito de no echarle la culpa de nada [de la que no lo tenga] a la jefatura de estudios, que se me había convertido en la coartada universal. Tampoco la culparé a partir de ahora de la falta de continuidad de este blogg. 

Que enfrenta sus propios problemas interiores, como yo. En su caso, el de la repetición. Ayer vi al Rey, desde mi posición esquinada de caballo o peón, pero eso es de columna de opinión, y también vi a dos pájaros carpinteros, y eso sería de Rayos y truenos, porque tuvo mucho de rompimiento de gloria. Y porque se puede poner una foto:



El problema es que, foto aparte, la historia se parece a la que ya he contando mil veces. 

Me quedé un rato más en el IES para mandar mi artículo (supra) y salí tarde. A medio camino, me entró la duda de si había apagado o no el aire acondicionado del despacho. Como iba a la fresca del aire acondicionado del coche, no me costó casi nada volverme. Fue entonces, en el IES, cuando descubrí [que sí había apagado el aire acondicionado y] a dos pollos crecidos de pájaros carpinteros. El de la foto, que no es mía, podría ser su padre. Me hizo gran ilusión, porque los había oído muchas veces, pero visto ninguna. Como el calor que hacía era aplastante, estaban muy quietos y posados y yo los veía desde el coche muy cerca y muy tranquilo, aunque sin bajar la ventanilla. Tenían tanto calor que parecía que su cresta roja era que les había salido ardiendo el cerebro. Ahora pienso que si llego a abrir la ventanilla lo mismo se me meten al abrigo (ejem) del aire acondicionado del coche. 

Lo que he contado mil veces ya es lo maravillosa que es la vida. Uno se da la vuelta como un idiota en un día duro y se encuentra el regalo de unos pájaros bellísimos sólo para él. Pero ¿cómo resolver el problema diarístico de la repetición? Los pájaros carpinteros no se calentarían la cabeza: martillearían siempre con lo mismo.


sábado, 17 de junio de 2017

Celebración


Se nos amontonan las celebraciones. El toro de Osborne hoy y ayer los 150 años del Diario de Cádiz. Un curiosidad gaditana: Osborne es la segunda empresa más antigua de España y el Diario de Cádiz el segundo periódico más antiguo de España. A mí lo de ser el primero me parece un poco ostentoso, así que más elegancia no cabe.

Aunque yo venía a hablar de mí. La anécdota me quedó un poco apretada, porque me pedían un breve artículo conmemorativo, y por eso no resisto la tentación de subrayarla aquí. Igual que al nacer en Murcia, mi primer viaje fue de vuelta, un viaje reaccionario, como quien dice; yo publiqué en el Diario antes de escribir nada. Mi vocación de columnista, que sentí en la boca del estómago durante todo aquel episodio y especialmente al leerme publicado, nació por reacción. Fue en ese instante. Lo sentí claro y no lo he olvidado.

Y otra cosa que no cupo en el artículo. El concejal de juventud contra el que estaba escrito aquel escrito, comentó en la prensa: "Qué joven más viejuno". Y, al menos estilísticamente, tenía más razón que un santo. De modo que en mi experiencia inaugural con el periodismo de opinión aprendí que la crítica a menudo tiene muchísima razón y da con la verdad. Tampoco lo he olvidado.




viernes, 16 de junio de 2017

La fuerza de la sangre


Carmen sigue usando "dignifica" por "significa", y eso, para un padre que siempre ha tratado de escribir palabras claras y combativas, resulta una alegría y una exigencia.

*

Le pregunto a Quique que a qué ha jugado en el recreo y con quién. "Con nadie, me he sentado solo, tranquilito". Y cómo podría parecerme mal a mí, precisamente.

*

Les pregunto si no se dan cuenta de lo duro que es educarles, con tan escaso rendimiento. Me lo conceden: "Es duro. Es demasiada crítica".