lunes, 19 de febrero de 2018

Superhija


Carmen no es una hija empalagosa, sino tirando a arisca, infatigablemente epigramática. El dibujo de la izquierda es con el que nos recibió el día de puertas abiertas de su cole, y muy bien ese inmenso corazón rosa, pero, en la realidad, en principio, no tanto.

Ahora bien, mi suegra, que es muy buena y eso, hizo un comentario ligeramente crítico (con muy buena intención) un día que yo no estaba. Carmen, me contaba mi suegra con muy buen humor, saltó como una buena pantera: "Tú no conoces a mi padre". Bien.

El otro día comentamos en la cena Leonor y yo que a un señor no le había gustado nada un artículo mío. Carmen, que parecía abstraída se volvió. Guiñaba un ojo como hace cuando no se pone (ay) las gafas, pero era un guiño maquiavélico: "El próximo artículo habla de él, papá, y ponlo muy bien, ya verás como le gusta".

Ayer, en coche, mi padre, que tiene vocación de GPS, me dijo: "Te has confundido de camino". Carmen, que iba detrás jugando con Quique zanjó: "Papá sabe todos los caminos".

Esta mañana me ha regalado este dibujo, no sé si porque habrá pensado que me hacía falta un poco de autoestima. Yo, sin afeitar, pero de Superpapá:



El principal superpoder de los superpapás es tener superhijas, le he dicho. No le ha parecido mal.


sábado, 17 de febrero de 2018

Notas a pie de Notas a pie de instante



Estas frases de Jesús Montiel en Notas a pie de instante (Esdrújula Ediciones, 2018) son impagables:


 La lentitud llega más rápido al misterio. 
Tú: primera persona del verbo amar.
La soledad de los que nunca saben estar solos.
Frecuenta tu silencio; sabrás tu ruido. 
Sinónimo de amor: te escucho, dejo el libro. 
No para escaparme de la realidad: escribir para que la realidad no se me escape. 
El amor llena el día de momentos cruciales.

jueves, 15 de febrero de 2018

Pasos de cebra


Prefiero cruzar diez metros antes o diez después que hacerlo por un paso de cebra. Me siento estabulado al hacerlo por donde está mandado, como si las rayas fuesen las rejas de la celda del positivismo jurídico.

Hay algo biográfico, desde luego, que tengo que confesar. El primer chiste que entendí fue sobre los pasos de cebra. Me lo contó Antonio Maurandi, en Murcia, con su voz grave de bebedor de brandy y fumador de puros. El viejo médico, amigo de mi abuelo y rival al ajedrez, me llevaba a no sé dónde de la mano. Ante un paso de cebra miró hacia abajo, levantó el índice de la otra mano, apretó la mía y me dijo: "Bienaventurados los que creen en los pasos de cebra porque pronto verán a Dios". No sé si recordáis el primer chiste de vuestra vida. Yo quedé deslumbrado y no lo olvido.

Lo triste es que el accidente que acortó el tiempo de mi abuelo fue por confiar en un paso de cebra. De modo que el humor negro, con un lapso de treinta años, me hizo pagar cara mi primera carcajada.

Pero creo que mi alergia es más doctrinal que biográfica. Y deliciosa, por otra parte. No cruzo por el paso de cebra por orgullo aristocrático de no estabularme, como he dicho, pero también porque prefiero la caballerosidad de deber un favor, un agradecimiento y una disculpa a los conductores, mientras guardo equilibrios de banderillero sobre la línea continúa de la calle, en vez de exigirles con agrio gesto el respeto del derechín administrativo del paso de cebra.

Sin contar con el deporte de mi carrerita.

miércoles, 14 de febrero de 2018

Un poema


Este poema que me trae la revista Piedra de Molino me ha encantado. He descubierto que mis ojos pueden no ser azules, pero que mi mirada lo es.


martes, 13 de febrero de 2018

Lágrimas


La fama es que los padres vienen a los institutos a protestar de los profesores y a quejarse. No es mi experiencia, aunque, claro, yo voy siempre en todo a contrafama. Últimamente, en la jefatura, las madres lloran mucho, porque se ha expulsado a sus hijos y ellas ya no tienen muy claro qué más pueden hacer. "Lloran mucho" he dicho, pero es "lloran muchas", porque apenas se les salta una lágrima, que es lo bonito, aunque eso no se lo digo.

Sí les digo que no pierdan la esperanza, que la preocupación de una madre es una de las grandes fuerzas del universo. No les hablo de Santa Mónica, porque mi instituto es laico y yo soy muy respetuoso con la separación de poderes. Sí les digo que no pierdan el ánimo y la alegría, porque, entre otras cosas, son sus herramientas principales para sacar adelante a los hijos. Entonces, sonríen.




lunes, 12 de febrero de 2018

Imagen oxidada


En la cena del pescaíto frito, mi viejo amigo me enseñó su despacho. La casa estaba perfecta. Si hubiese aparecido el fotógrafo de una revista de decoración, se podría haber puesto a hacer fotos inmediatamente, sin tener que retocar nada. Su despacho no estaba tan redondo, pero mucho mejor que el mío. La imagen vino después. Me enseñó sus espadas de esgrima: una espada propiamente dicha, un sable, un florete... 

Estaban ostentosamente oxidados. Tuve una fuerte impresión cervantina. Y luego melancólica, si me permiten la redundancia. ¿Por qué lo que es más noble se oxida siempre antes y más?

Aquel florete, touché, me atravesó el corazón.


sábado, 10 de febrero de 2018

Son amores distintos


Apenas por jugar pregunto a mis hijos quién quiere más a quién, si yo a mamá, si mamá a mí. Las respuestas, sin embargo, me dejan pasmado: Carmen asegura que mamá, sin duda ninguna, a mí; y Quique salta, indignado: “¿Qué dices tú? Papá mucho más a mamá, está clarísimo”. Veo, desde pequeñitos, el drama de los sexos. Nos queremos de forma distinta y cada uno confunde el amor con su forma de querer.