viernes, 20 de octubre de 2017

Sois poco razonable, Eminencia


Ojalá la Iglesia, cada vez que la llamasen "anticuada y ritualista", se acordase de inmediato de Ricardo III, de Shakespeare y de la suerte atroz del pobre niño. 

No leemos a Shakespeare y así nos va.


jueves, 19 de octubre de 2017

Lo mejor es el agua


Por la noche, me despertó la tormenta, pero no me levanté a mirar por la ventana, y ahora me arrepiento. Tuvo que ser un espectáculo. Fueron 50 litros por metro cuadrado en menos de dos horas. A la mañana siguiente, era un espectáculo, pero dantesco.

En mi despacho había una gotera generosa. En principio, me fastidió, porque las humedades son los fantasmas de las casas de clase media. Pero cuando mis niños se despertaron se entusiasmaron con la novedad. Saltaban sobre el charco. Y pusieron un cubo. Y se subían a una silla para tratar de tapar con sus manitas y sus risas el agua que caía. Quique, que suele querer una porción de dibujitos animados cada mañana, contra mi criterio. Ayer decía: "La televisión es un rollo". Una buena gotera es mejor.

Encontré después la causa. La terraza de nuestro dormitorio se había atascado y estaba como una piscina. Entre descalzo y quité la tapadera del desagüe. El agua caía haciendo un rugido violento, en un laberinto furioso, como un maelstrom de película que amenazaba con chupar al absorto y divertido hombre de los pies mojados.

La ducha parecía seca, en comparación, y apacible.

Ya con más ánimo, me monté en el coche. Le había entrado un palmo de agua. De modo que iba conduciendo arrullado por los murmullos de un arroyo. Frenaba y creaba una ola que se venía hacia adelante. Luego, según las curvas y los frenazos, el agua hacía sonrientes remolinos o vaivenes barrocos. Pensé en la poesía de la dinámica de fluidos y en la belleza de la física.

Llegué al trabajo con los pies mojados, pero contento. Había llevado la radio encendida con las noticias, pero no había escuchado nada.


lunes, 16 de octubre de 2017

Mala conciencia


Para que no se me caigan los artículos, tiro últimamente mucho de las redes, y allí, una inesperada inquietud. Cuando me sigue un sacerdote, me parece muy bien, me pongo muy contento. Si lo hace un periodista famoso, lo celebro. Si un viejo amigo, me reconforto. Y así. Pero si me sigue un poeta, incluso un poeta joven, siento la comezón de la mala conciencia. Se ve (me lo señala mi sistema nervioso) dónde está hoy por hoy mi mayor infidelidad.


jueves, 12 de octubre de 2017

Meses


Llego al hospital a ver a mi padre con esa urgencia con la que nos aguza la mala conciencia de no estar siempre al lado del enfermo. Llamo a la puerta mientras entro. Están mi padre, en la cama, y mi madre, de pie, al pie. Corro a dar un beso a mi padre, que me sonríe con estoicismo. Mi madre, disimuladamente, como suele, me da unos golpecitos con la mano en el muslo, con su mano preciosa, de largos dedos. Lo hace como siempre: con un poco de angustia teatral y con el telón de fondo de su humor inaccesible al desaliento. Yo me pongo a pensar a toda prisa, divertido, qué querrá que no diga delante de mi padre. ¿Qué metedura de pata estoy a punto de perpetrar esta vez? De pronto, caigo. Me quiere señalar la extravagancia de que esté aquí, con nosotros, tan tranquila, cuando hace ocho años que murió. No quiere que haga demasiados aspavientos. Pero le fallo. De la impresión, me despierto. 

Y garabateo en el móvil este tanka:

Desde hace meses 
no soñaba contigo. 
Los mismos meses 
que se han pasado sin 
escribir un poema.



martes, 10 de octubre de 2017

Roncar


El pecado original puede oírse en plena acción en los ronquidos. Nada más inocente que el sueño, que demuestra, además, una conciencia tranquila y una actitud confiada. Bien. Pero aún así, los ronquidos estentóreamente nos dicen que no todo es perfecto, que en la propia naturaleza hay algo que rechina, y cómo, algo dificultoso y resonante. Y el desvelo que producen en quien lo escucha, en medio de la noche, en la quietud, alcanza una dimensiones metafísicas.


lunes, 9 de octubre de 2017

Enamorarse de leídas

Un amigo, cómo, un hermano, se enamoró de la protagonista de un poema de José Mateos. Y buscó su apellido en la guía telefónica de Cádiz y llamaba a las casas de los Reis preguntando por Julia. Yo creo que un poco también enloqueció de amor Loquillo, en vista (oídas) de lo bien que lo canta:


Yo no me enamoro de nadie más que de mi señora, por supuesto, pero he pensado que me gustaría tener un hermano soltero o un amigo para ayudarle a buscar a la chica que leía a Shakespeare en el AVE con una bandera de España. Me parece la mezcla perfecta, un cocktail exquisito: el patriotismo suficiente como para movilizarse y, a la vez, la sabiduría de quedarse quieta, de no salir de su Shakespeare, es más, de su Venecia. Españolismo anglófilo con lo mejor de ambos, y con el buen gusto, encima, de salir, bellísima sin necesidad de adjetivos, en un artículo de Montano.

domingo, 8 de octubre de 2017

Humor y genes


Se mueren de risa mis hijos, pero retorciéndose, al ver que el libro dice que el monstruo era mitad león, mitad cocodrilo y mitad hipopótamo. "¡Cómo puede ser mitad tres cosas, qué locura!", se parten. Y yo con ellos, y recuerdo que alguna vez he hecho esa broma en algún artículo mío, sin ningún éxito. Debe ser que el sentido del humor de cada uno también se hereda.