domingo, 17 de diciembre de 2017

Ida y vuelta


Voy a Madrid y vuelvo como las musas al teatro de Lope de Vega, en horas veinticuatro. Aquí siempre cuento la ida y la vuelta y me dijo el "y", que es lo más sustancioso, pero, por eso mismo, lo menos anecdótico.

En la estación del Puerto me encontré a un amigo. Me entra la misma sensación tonta de haber sido cogido en falta de siempre. Como si me estuviese fugando de casa.

Luego volvió a pasarme lo del famosísimo poema de José Luis de la Cuesta, pero completamente al revés: cuesta abajo. Ya saben:


 De todas las chicas hermosas 
que entraron en el tren 
ninguna se sentó a mi lado 
nunca.

Me pasa tanto, que empiezo a empezar que quizá yo considere que todas las chicas son hermosas y, por tanto, aumente mi índice de probabilidades. 

En este caso, no, que medio vagón pensaba como yo, porque la chica llevaba un escote que le daba la vuelta. Y no me refiero a la vuelta por la espalda. A partir de entonces las miradas de medio coche 7 y las de los que lo cruzaban pasaban rozándome, pero no me daban. Era como en una película de guerra, cuando los tiros pasan muy cerca, silbando, y las bombas explotan al lado y te salpican de arena y de polvo.

Estaba (¡ella, ojo!) muy excitada. Llamó a una amiga. Ésta le debió protestar. Le contestó: "Pues me escuchas y luego te vuelves a dormir". Además, tenía carácter. Eran las cinco de la tarde. O sea, que una buena siesta se estaba metiendo su amiga entre pecho (ejem) y espalda.

Tras la conversación, que hice esfuerzos por no oír, empezó la muchacha una transformación allí, ante mis ojos. Se quitó las gafas y se puso lentillas. Se soltó el pelo. Se pinto. Se puso coloretes. Se pinto las uñas. A una educación diferencia, supongo, y llena de estrictos tabúes sexuales les debo una sensualidad siempre alerta que me ha dado momentos de gloria. Lo que se pierden los desinhibidos. 

Por otra parte, la edad me ha dado el privilegio de decirle ciertas cosas a las chiquillas. Le alabé el resultado de su obra . Y le recomendé la escena de El sueño eterno en la que la librera se transforma ante los ojos pasmados de Bogart. Me dijo: "Así somos todas, tan presumidas" y me prometió que buscaría la película. Se le notaba que pensaba que todas, todas no eran así y que tampoco buscaría la película, pero no me importó en absoluto

Me importaba más una señora que estaba un asiento por delante, en la otra banda, que desde que se sentó la de los escotes a mi lado no dejaba de mirarme con una sonrisa tan irónica como benevolente. Me recordaba muchísimo a Leonor (que espero que me lea con esa sonrisa).

Cené solo en Madrid. 

Y quedaría muy bien no añadir nada más, pero la camarera fue muy simpática y me aconsejó muy bien. Luego entró otro solitario, pero más joven que yo. A ese le llamaba todo el rato "amor" y a mí me llamaba"señor". Reconozco que cumplir años, por una cosa y por otra, me está encantado.

El premio fue muy bien, quitando el horrible darwinismo, tan cruel.


En el tren de vuelta, se me sentó al lado un tío bastante feo, para compensar, pero que todavía podía ser simpático. De hecho se río amablemente de una broma que le gasté al entrar. Pero no, protestaba de todo. De lo mala que es la Renfe, la misma que me llevaba a casa. Llamaba cabronazos e hijos de puta a los amigos con los que hablaba por teléfono, lo que me quitó todas las ganas de intimar ni de recomendarle películas, ni siquiera de Loach. 

Yo quería aprovechar para leer Emma, de Jane Austen, pero, de pronto, empezaron a llorarme los ojos. A llorarme a mares. Como el tío me miraba raro y cada vez menos de reojo, le expliqué que no me había pasado nada grave y que sentía mucho no haber podido dar dos accésits más en el premio Adonáis pero que no me había afectado tanto. Qué tenía los ojos irritados, pero que era un hombre feliz. Me miró raro.

Como no podía leer ni tampoco charlar con el vecino, pensé que me tenía que resignar a revivir una novela: Asesinato en el Sureño Express. Tenía que matar el tiempo.

Fue un asesinato perfecto. Llegué enseguida a casa. 



Más ilustraciones gráficas


Me manda Miguel d'Ors otra ilustración gráfica de la encarnación biográfica de la teoría de la estirpe. Falta Eugenio porque es anterior a la Universidad de Navarra, pero es la propia Aula Magna de la universidad la que entra, tímidamente, como tercer eslabón de la cadena. Las fotos son preciosas, además: 




Ya estoy en ascuas pensando en cuál de los brillantes hijos de d'Ors volverá a ocupar, cuando el tiempo diga, esa tribuna; y qué nieto...


sábado, 16 de diciembre de 2017

Raíces


Hoy no iba a poder escribir entrada ninguna, y sale, al rescate, el artículo de la Revista Misión, que trae, de regalo, encima, esta estupenda ilustración de Marta Jiménez:




viernes, 15 de diciembre de 2017

No hay d’Ors sin tres


Un amigo ve en internet  esto:





Y se acuerda de un poema mío del que la página de Wikipedia parece una ilustración.

ORSTODOXIA 

Primero, Eugenio. 
Don Álvaro después. 
Y ahora Miguel. 

No hay d’Ors sin tres.

Pero mi emoción va más honda. Don Álvaro habló de la suya como una estirpe intelectual de derechas y, por tanto, solitaria. Abandonada por la intelligentsia por ser de derechas y por las derechas por ser intelectual. Wikipedia suele poner entre las búsquedas asociadas a compañeros de generación o de trabajo, siempre a coetáneos o colegas. Con los d’Ors ha respetado la estirpe y la soledad y yo pido un aplauso muy fuerte para el algoritmo recóndito que haya tenido tan preclara idea en contra de sus hábitos.


jueves, 14 de diciembre de 2017

Pupila azul


Es mentar cualquiera la Rima XXI de Bécquer, y que te recuerden ipso facto que el maestro se equivocó al hablar de “tu pupila azul”. Yo llevaba 48 años (más o menos) sufriendo en silencio, pero se acabó. Voy a explicar por qué esa pupila azul está perfecta, desde el punto de vista poético, dejando fuera la oftalmología, claro, y también que Bécquer tuviese una tendencia pupilística notable:  hay pupilas en las rimas XIII y XIV y en leyenda "El caudillo de las manos rojas", por no hablar de los casos menos chocantes de la rima VIII y la leyenda "La rosa de pasión". Habría que ver (con las pupilas) caso por caso, aunque puede ser que una querencia becqueriana diese en la Rima XXI su mejor cara. Porque la da. Fíjense:

1- Hay un traslado de sentido, no sé si metononimia o sinestesia o sinécdoque, pero que hace que el azul lo llene todo, la mirada, claro, y el poema.

2- “Iris azul”  hubiese sido cursi; “mirada azul”, obvio y oftalmológicamente igual de falso o más; ojos azules, prosaico y desvaído.

3- La pupila azul hace una alitearación que titila. Parece una estrella.

4- Que la pupila azul se clave en la pupila incolora, toda atención, del poeta tiene un recoveco erótico que j. detectó ayer en su comentario, él que sabe mucho de esto.

5- El encuentro de las dos pupilas, además de lo dicho en el punto 4, hace saltar chispas de alguna manera pre-machadianas: el ojo que mira, el que ve, y todo eso. Mira tan intensamente el poeta y desea ser mirado tanto que todo es pupila. Azul, naturalmente.


miércoles, 13 de diciembre de 2017

Holan explica a Bécquer


La famosa Rima XXI de Bécquer ha dado lugar a muchas interpretaciones metapoéticas. ¿Confundía Bécquer la poesía con el amor? ¿Estaba haciendo una referencia a la teoría del lector como fuente final de la poesía del texto?

¿Qué es poesía?, dices mientras clavas 
en mi pupila tu pupila azul. 
¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas? 
Poesía... eres tú. 

Vladimir Holan --aprendemos en la última entrega de la revista Anáfora, gracias a una traducción del impagable Vicente García-- escribió, seguramente sin saberlo, el mismo poema, con un toque Ernesto Cardenal:


LA POESÍA 

"¿Qué es poesía?", te preguntó una joven, 
y quisiste decirle: Que tu existas, 
y, con temor y asombro, 
que son las evidencias del milagro, 
me abrumen de tal modo 
tu juventud y tu belleza. 

Y no puedo besarte ni acostarme contigo 
porque no tengo nada 
(tan solitario escribe quien carece de todo). 

Te quedaste callado, 
y ella no fue capaz de escuchar todo esto.

Holan explica la rima de Bécquer: su fascinación ante la belleza, que lo es ante el poema, el misterio cercano, pero inalcanzable, la pulsión física y la tensión espiritual. Y al iluminarlo el poema de Bécquer se engrandece: porque calla todo lo que Holan dice y dice (a la chica) todo lo que Holan calla.

martes, 12 de diciembre de 2017

Figurita



Me acosté tarde y vi que las luces del belén que habían puesto los niños seguían encendidas. 




Fui a apagarlas, pero no encontraba el interruptor con las pilas. Miré tras las montañas. Nada. Miré bajo la mesa. Nada. Miré junto al enchufé. Nada.

Hasta que vi el paquetito con las pilas escondido tras una columna del Portal. Y me pareció una figura de Navidad especialmente perfecta. La luz y la energía de todo el belén emanan secreta e inesperadamente del Portal. 




[Interesará a Ricardo Calleja]


lunes, 11 de diciembre de 2017

Cyrano retroactivo


La observación crítica más valiosa (la de las muertes) la pude hacer in situ a pesar de mis hijos y sus pataditas. La más pedante y discutible la hago ahora, sopesando la experiencia, con la espalda recta, tranquilo.

Mi tesis es que una adaptación cinematográfica es letal para una obra de teatro. Más allá de lo evidente, como los primeros planos, el tono de voz y los decorados naturales, más allá, está que el cine fija la obra. Si el teatro sigue a la película, suena a interpretación sobre interpretación y sobre interpretación otra. Demasiado y no llega. Si se quiere apartar, el público nota el esfuerzo y el gesto.

Lo fluido y libre, que es esencial en el teatro, se congela. Yo no le veo remedio.