domingo, 10 de marzo de 2019

C-y-r-a-n-o, C-y-r-a-n-o


Hemos vivido un momento freudiano en la cena, más concretamente, de la sección «Matar al padre». Hacía media hora había tenido que reñir a Quique, y ahora parecía que estaba todo olvidado.

En la cena, Quique ha empezado a comentar lo grande que era mi nariz. Con gran habilidad de metáforas e imágenes. Yo, que le veía las intenciones quizá subconscientes, no he podido más que recordar a Cyrano de Bergerac. Él ha seguido. Cuando recordaba grandes narices de nuestra familia, él contratacaba. Yo no había visto, aunque risueña, tanta furia.

Y así estábamos hasta que ha soltado: «Pareces el Villano de Bergarás ése». Ese lapsus lingue me ha parecido ya demasiado Freud para una cena de una familia decente. He desenvainado mi acero.


jueves, 7 de marzo de 2019

Difunto


Hace una semana fui a misa a mi antiguo colegio antes de ir al instituto. Me dolía bastante el pecho. Cuando entré en la capilla estaba llena de alumnos, de profesores, de personal auxiliar y hasta de personas de fuera. Habían tenido que abrir las puertas correderas del fondo y poner sillas en el comedor. Allí me senté yo. A través de la lejana megafonía me enteré de que la misa la ofrecían por Pedro y me temí lo peor, pensando en algún alumno recientemente fallecido en algún accidente. Me uní a las preces a pesar del dolor creciente en el pecho.

A la salida, no me quedé a saludar a nadie, porque había decidido ir a Urgencias. Resultó que tenía arritmia:



Tenía que haber ido antes, y tal, y tendría que volver por la tarde al cardiólogo. Ahora tengo que tomar menos cafés, y pasear más. Ya está.

Hoy he vuelto a misa a mi viejo colegio y he preguntado por Pedro. Me han dicho que era don Pedro, un profesor que lo fue mío desde siempre, que era amable y severo y del que guardo un gran cariño.

Pero me ha encantado mi confusión con un alumno, no sólo por la emoción a flor de piel que se respiraba en la misa, sino también porque he pensado que, en efecto, ante la muerte, uno siempre es un alumno, un niño.


martes, 5 de marzo de 2019

De vuelta


Que haya vuelto Adaldrida a su blog, tras años, es estupendo. No porque los blogs sigan de moda, que es todo lo contrario, sino porque siguen, que es mucho más importante. Y por la razón exacta de Rocío: «Éste es mi lugar».

La paz que se encuentra en los blogs falta en las redes sociales. Entrar en ellos es volver a casa. Y no sólo a la de uno en el de uno, sino a la de uno en los blogs de los vecinos. Esta reseña de Pablo Velasco, a Dickens, ha alegrado mi mañana.

Y esto de Dickens que él barberiza me ha regalado la primera carcajada del día: "... el amigo inseparable del señor Stryver, y con lo que bebían juntos desde el día de San Hilario hasta el día de San Miguel se habría podido poner a flote un navío de tres puentes".

sábado, 2 de marzo de 2019

Una de intrahistoria


No es que este escribiendo muy poco en el blogg, sino que publico las entradas del blogg por ahí, donde me vencen plazos sin piedad. A partir de ahora, lo del blogg que saque a pasear lo traeré después a casa. Como este artículo de hoy:



Una de intrahistoria
Estaba viendo el proceso al procés en directo, envidiando especialmente a los enviados especiales que, haciendo lo que yo hacía por gusto, se sacaban un sueldo. Así estaba cuando llego mi mujer para descubrir, con cierto asombro, tal vez fingido, que me había olvidado de sacar la basura, de recoger la cocina y de poner la olla con los avíos para el puchero. Alegué la trascendencia constitucional del momento, pero me redujo al orden con la machacona contundencia del juez Marchena.
También había olvidado, ahora que ella me lo recordaba, hacer la compra, así que tuve que salir de prisa y corriendo. Mi hija se apiadó de mí, y me acompañaba. Fuimos en vespa. Yo, un poco cabizbajo por una triada de motivos: el disgusto que le había dado a mi mujer, el juicio que había dejado en el instante más jugoso y la pereza que siempre da ir a la compra.
En eso, encontramos a una amiga que estaba paseando a sus hijos, cuatro. Nos paramos a saludarla (y a darle ánimos). Enseguida empezó a decir que qué maravilloso plan, un paseo en vespa, padre e hija, con el buen día que hacía, el primero esplendoroso de la pre primavera. Entonces, mi hija y yo, que íbamos pensando en la compra urgente, levantamos la mirada y era cierto: la primavera, el sol, las flores, la brisa y, sobre todo, ella conmigo y yendo en mi vieja vespa, que suena a juventud, divino tesoro. Cuánta razón tenía mi amiga, y qué buena había sido mi mujer obligándonos a coger la carretera de inmediato y a no perdernos tanta maravilla.
Retomamos el camino con otro espíritu. Pasa con llamativa frecuencia. Visto uno desde fuera es mucho más feliz que si se deja apabullar por las circunstancias y reconcomer por las minucias. El secreto de la felicidad es el don de la ubicuidad. Ser capaz de irse de uno mismo para mirarse desde fuera. Los ojos de una amiga de excelente humor ayudan mucho, pero no son un requisito imprescindible. Mi hija se agarró (abriendo mucho los brazos) a mi cintura y apoyó su cabecita en mi espalda.
Hicimos la compra rápido y bien, pero volvimos dando un pequeño rodeo porque había que aprovechar el día. Llegamos a casa y me di cuenta de que no tenía nada que envidiar a los enviados, aunque su trabajo sea tan interesante y pinturero. Puede que ellos, pobres, estuviesen añorando a su hija, los encargos domésticos y la vespa. Mi mujer nos recibió con los brazos abiertos y hasta nos dijo: «Qué bien. Sois un encanto».

martes, 26 de febrero de 2019

Cano


Estoy muy impresionado por la entrevista a José María Cano: Aunque hay otras cosas estupendas, para mi uso personal me he recortado éstas:

Cuando haces lo que debes, y lo que debes hacer es incómodo, el destino es lo único que se pone de tu lado.
...
Tener deseos es sentarse encima de la vida. Tener miedo es sentarse debajo.
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bienquedismo politicorrecto
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Sigo siendo un iluso contumaz aunque lo enmascare con perseverancia.
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Haciendo lo que toca, ni el torpe se equivoca.
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Yo mismo, que voy ya cerrando muchos balances, me pregunto si la excitación que las vanguardias me suscitaron en mi juventud, era legítima o mera pedantería.
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[como pintor] Trabajo buscando el margen entre lo real y lo verdadero. [...] En lo semántico, entendemos por verdad la incuestionable realidad. Pero a la hora de la verdad, valga la redundancia, la verdad es algo bien diferente. Tiene vida propia. [luego habla del relato, y no es talmente eso, es esa vida de la verdad, tan bien vista por Ramón Gaya]
...
Mi manager me decía que le llamaba la atención cómo anteponía la prioridad, valga la redundancia.
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RL-RA=PL. Relato menos realidad igual a política.
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El que es culto por necesidad lo es mucho, mientras que el pedante va siempre gastando por encima de su presupuesto.
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La paciencia es valentía, elegancia y constancia a partes iguales. Tiene aspecto de ser un medio pero le gusta ser tratada como un fin. La paciencia trae consigo el más preciado de los dones: más paciencia.
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De pronto, la carrera sigue.


lunes, 18 de febrero de 2019

Cansancio y humor


Para el buscador y degustador del sentido del humor de Cristo, la lectura de hoy (Marcos 8,11-13) sería algo así como el grado cero de su sentido el humor:

Salieron los fariseos y comenzaron a discutir con él, pidiéndole una señal del cielo para tentarlo. Suspirando desde lo más íntimo dijo: «¿Por qué esta generación pide una señal? En verdad os digo que a esta generación no se le dará señal alguna» Y dejándolos, subió de nuevo a la barca y se fue a la otra orilla.

Parece que esta vez Jesús no está para bromas. Ese suspiro desde lo más íntimo demuestra un desaliento total, como el consecuente marcharse dejándoles. ¡Qué fácil la imitatio Christi en esta ocasión! Falta decir «dejándoles... por imposibles», y no lo dice porque eso Él nunca lo haría, pero casi, casi, por los pelos...

Claro que podría señalarse la sublime ironía de que el Signo por antonomasia les dijese en sus propias narices que no se les daría ningún signo. Es como la carta de Poe, pero de carne y hueso. O sea, que les dice que no les dará la señal que le piden por dos cosas: por la mala idea que traen y porque se la piden del cielo y Él es de la tierra, pero se la da porque Él a todo el que le pide le da.

Que esa es la interpretación correcta lo demuestra que Mateo (12, 38-42) y Lucas (11, 20-21) recojan esta pista que añadió: se les dará una señal única, la del milagro de Jonás. Pero eso no quita para el cansancio de Jesús, porque esa pista es muy retrospectiva, sólo serviría para quien se acordase después de la resurrección, siempre que creyese en ella, y tuviese un gusto exquisito para las metáforas del humor negro: la muerte como ballena. También tiene su aquél que después de mentar a la ballena se echase al mar.

No sé si a Marcos se le escapó viva la ballena o la sumergió para dejar en la superficie el cansancio de Jesús, sencillamente. A nosotros, sin duda, la ballena nos hubiese distraído bastante, pero gracias a Marcos vemos que Jesús también se agotaba y suspiraba, aunque no pudiese evitar contestarles a la pregunta como quien no quiere la cosa.


viernes, 15 de febrero de 2019

Abrahamcito


Carmen nos cuenta la historia de Abraham y su hijo. Le pregunto cuál era el nombre de ese hijo, y vacila. Su hermano, con toda seguridad, interviene: «Abrahamcito».

Nos reímos con Enriquito, y tanto, que a mí se me desborda la ternura hasta extremos heterodoxos. Si se hubiese llamado Abrahamcito, ¿no hubiese temblado mucho más la mano de Abraham?