jueves, 19 de abril de 2018

El futuro me salvará hoy


Gracias al mosquito cogí energía, pero sigo corriendo, volando bajito, que no llego, no llego. Y, entonces, me llega está preciosa viñeta de Ramón Eder, casi japonesa -pasada por San Sebastián-, con un aforismo que hace las veces de haiku.


Seguro que en el futuro el día de hoy será extraordinario. Por esta tarjeta, entra otras cosas.


miércoles, 18 de abril de 2018

Teología a la cuenta María



En el venerable tetragrámaton YHVH están latentes, como una profecía, el misterio de la Santísima Trinidad y la doble naturaleza de la Segunda Persona. 

Dan ganas de ponerse de rodillas.

martes, 17 de abril de 2018

Sirena guiñando


Cortando, pegando y coloreando, Carmen ha hecho esta sirena, muy bien peinada, con una falda larga preciosa y guiñando. Guiña porque cuenta un chiste: "¿Qué le dice un pez a otro pez?... Nada"

Hablando de peces me he acordado de David Foster Wallace

lunes, 16 de abril de 2018

Loeb de Sassof



La última entrega del Barbero del Rey de Suecia descubre a H. Á. Murena. La metáfora y lo sagrado es un libro maravilloso que le debo a José Luis López-Linares. En Nueva Revista dejo unas muestras, pero ha quedado, porque no era de Murena, sino de Moshé Loeb de Sassof, esta maravilla que él nos regala:

El hombre no posee nada creado en vano, ninguna facultad, ninguna fuerza. Nada malo que no pueda ser convertido en bueno al servicio de Dios. De tal suerte el orgullo, una vez sublimado, se convierte en elevada virtud de valor y fervor en el santo camino. Pero, entonces, ¿por qué fue creada la negación de Dios? Porque también ella puede transformarse en bien y servir para la salvación. Pues, si alguien viene a pedirte ayuda y asistencia, no vas a decirle con aire piadoso: "¡Confía en Dios!" No. Actuarás como si Dios no existiera: como si sobre la Tierra no hubiera nadie más que tú capaz de ayudar a ese hombre".



domingo, 15 de abril de 2018

Manuel


Yo no llego a Baudelaire. Más allá de la obviedad del talento literario, tampoco yo escribiría esto jamás por otras razones. Me refiero a cuando aconseja la que, a sus ojos, sería una actitud verdaderamente caritativa para con los mendigos: no darles una moneda para hacerles sentir quién tiene el poder, sino agarrarlos, golpearlos y ser golpeados por ellos y devolverles, así, su verdadera dignidad, porque los hemos considerado dignos de ponernos la mano encima...

Pero comprendo la idea de la importancia de tratar a los que piden superando el mecanismo aséptico de la limosna. Hoy se lo he podido explicar a Leonor. Manuel, al vernos entrar con los cascos de la moto, se ha ofrecido a cuidárnoslos. Le hemos dicho que sí, claro, qué detalle. Leonor entonces ha lamentado que ni ella ni yo llevásemos dinero para darle a la salida. Le he dicho que era mejor no darle una propina, dejar que caballerosamente nos preste un servicio, y uno bueno y galante, como ha hecho.

Hemos recogido los cascos y sólo le hemos dado las gracias, mientras otros le daban su limosna. Él nos ha dicho sonriendo y a pleno pulmón: "Qué gracias ni gracias, no hace falta, ha sido un placer".


viernes, 13 de abril de 2018

Maravilla sobre maravilla



Este poema tan bonito, de un anónimo al-andaluz del siglo X, que ha traducido Vicente García en Los años otoñales.

SU NOMBRE 

Queréis saber el nombre de la que más he amado. 
Tratad de recordar por quién sufrí. 
Si no la conocisteis, o la memoria os falla, 
poned los labios tal como se ponen 
al ir a dar un beso. 
… Su nombre se pronuncia de ese modo.


 Con el tiempo ha mejorado el poema, además. Porque habiendo devenido anónimo su autor, si queremos saber su nombre, porque no lo conocemos y la memoria se ha perdido, su amada nos dirá que pongamos los labios tal como se ponen al ir a recibir un beso. Su nombre se pronuncia de ese modo.





miércoles, 11 de abril de 2018

Lecciones del fuego



Hemos tenido que volver a encender la chimenea y quiero anotar en mi cartera, antes que la primavera apague para varios meses el fuego, alguna de sus lecciones.


Uno enciende la chimenea, encorvado, en cuclillas, como enseña a andar a un niño. 
Cuanto menos fuego, más humo. Si la chimenea se apaga, exhausta, humea más que nunca. Es una lección moral.  
Al principio, piñas y cartones chisporrotean: adolescencia. 
Cuando la chimenea alcanza su madurez, ya no hay que construir una pirámide de ramitas ni amontonar la leña. Basta echar de vez en cuando un tronco de cualquier manera.  
Otra lección moral. Si los troncos están secos por dentro, no importa nada que la lluvia los haya mojado mucho. Si los troncos están verdes, no sirve de nada que estén secos. Se arde desde el interior. 
Al final, ni troncos ni llamas ni humo, sólo rescoldo y más calor que nunca y más belleza.
Hablar de chimeneas también calienta. 
Poco o nada alegra tanto el madrugón como encontrarse la chimenea todavía con rescoldos.
A cambio, salir de casa dejando la chimenea encendida pone un sabor de ceniza en los labios.