miércoles, 31 de diciembre de 2008

¡Feliz año viejo!

Recordad: los artistas son los que saben acabar las cosas.

Y no olvidéis el proverbio viejo y claro que clama Deyaneira en Las traquinias: "Llamar a un hombre [o a un año, añado yo] feliz o infeliz... Eso no se puede saber hasta el día de su muerte". Así que ánimo, muchachos, que en estas horas nos jugamos el 2008.

Mañana nos deseareamos feliz año nueve.

martes, 30 de diciembre de 2008

Consejos y propósito

Amigos y maestros me desaconsejan el blogging. Argumentan que es perjudicial para mi creación poética. Aunque el paternalismo le repatea al hijo díscolo que todos llevamos dentro, yo agradezco muchísimo esos desconsejos. Imaginad que me animaran: "Dale al blogg, muchacho, y así, por lo menos, no cometes poemas..." Los agradezco y reconozco que me pasa (escribo menos poesía), pero abrigo dos capas de ilusión. Como la Navidad es tiempo de ilusiones, las cuento. La primera, que escribir menos cantidad sea mejor porque los poemas que me salgan sean sólo los invevitables. Y la segunda, que el problema del blogg no sea tanto el blogg, pobrecillo, como la vanidad, para variar. Si escribiese y punto, no me distraería apenas. Lo grave es volver a contabilizar las visitas, y volver a mirar si Ángel me enlaza en su columna dórica de la derecha, y sopesar cuánto gusta, si gusta, la cosa y defenderla a sangre y fuego en los comentarios si no gustó... Propósito para el 2009: hacer, en mi blogg, una entrada por salida. Limpiamente. No enredarme en la red.

lunes, 29 de diciembre de 2008

La voluptuosidad del hipocondriaco

Irse a la cama con tu mujer, en un ambiente electrificado, con la calefacción al máximo, cuando ella tiene la gripe y más y te tose cerca, muy cerca, no es nada, se mire cómo se mire, extraordinario. Aunque cuando se tiene hipocondría, uno da vueltas bajo la manta, inquieto, imaginándose los virus que se extienden por el aire y van arraigando hondo en su sistema respiratorio y acaban ganando la batalla en el estómago, donde sientan plaza. En ese momento de encendidas imaginaciones se siente, de una manera muy palpable, y también sacramental, el hecho de ser una sola carne. En este caso, doliente, lo que redondea el círculo. (Hipotéticamente por ahora.)

domingo, 28 de diciembre de 2008

Una higa de coral

Yo le mando a mi zagal
una higa de coral
para que no le haga mal
el ojo del rey malvado,
.....que enojado,
.....y emperrado
.....el menguado
de niños es sanguijuela.

["A la chiribirivuela", villancico anónimo]

sábado, 27 de diciembre de 2008

Susana y los viejos. Rembrandt

C.1636, Óleo sobre tabla, 47.2 x 38.6 cm. Royal Cabinet of Paintings, Mauritshuis, La Haya, y temporalmente en El Prado:

Yo, acercándome mucho: Pero, ¿dónde se esconden los viejos?
Leonor: Los viejos somos nosotros.

viernes, 26 de diciembre de 2008

El tabique indiscreto

Vivir en piso tiene múltiples encantos, que, como todo en la vida, se aprecian mejor cuando uno no vive en piso. Acogido durante las Navidades en el piso de mi suegra, los estoy disfrutando bastante. Asomado a la ventana, viendo el ajetreo diminuto de una calle de Madrid, uno, que es de pueblo, se siente como un pájaro en la rama, suspendido sobre los afanes humanos, mecido —si no por el suave viento, sí por un leve vértigo—, arrebujado en el plumón de la calefacción, a punto de romper a cantar. Luego, por la noche, leo en el salón y oigo, a través del tabique, las noticias de la radio que escuchan sin descanso los vecinos. Las oigo nítidamente, como los llantos del niño de arriba, o los gritos de no sé dónde, y, sin embargo, las noticias, gracias al tabique interpuesto, parece que ocurriesen en un mundo lejano, o no, cercano, pero ajeno. No me turban.

miércoles, 24 de diciembre de 2008

Feliz Navidad


Dibujo de Nicolás García-Máiquez Mateos (véase la nube), y villancico de un servidor:
Este año no me sale
el villancico... ¿Y por qué
me tendría que salir?
¿Tengo yo la sencillez
de los pastores o el vuelo
del Arcángel San Gabriel
o entono como los coros
angélicos de Belén?

Pero como soy grafómano
no me logro contener
en un prudente silencio
y a todos jaleo: ¡Olé!
Viéndome se ríe el Niño
y entonces suspiro: Amén.

martes, 23 de diciembre de 2008

Tabaco y cine

A pesar de tantas presiones político-correctas, no será fácil que los actores dejen de fumar en las películas, ni tampoco sería aconsejable. El tabaco remarca la respiración de los personajes; y la respiración es la vida, y, poniéndonos etimológicos, el espíritu. El tabaco desempeña en el cine el mismo papel que la métrica en la poesía: hace palpable algo tan etéreo como el aliento vital.

Lo he visto claro en My Blueberry Nights, la última de Wong Kar Wai. Aunque nadie lo diría, se trata de una película muy apropiada para las Navidades, que os recomiendo efusivamente. Además de la preciosa fotografía (rozando el preciosismo sin caer en él), de las constantes sorpresas del guión, de la suave banda sonora, del humo del tabaco, además de todo eso, la historia esconde —y va mostrándonos poco a poco— un trasfondo de esperanza.

Y todavía más. Desconozco las lecturas de Wong Kar Wai, pero ¿quién no ve en la escena del beso una variación del delicado poema "Berceuse" del JRJ del Diario de un poeta recién casado? Y la frase final, que resume toda la película, ¿no es una paráfrasis de la filosofía de G. K. Chesterton, concretamente de ciertas ideas de Ortodoxia y del argumento entero de Manalive? Si no influencias, son confluencias que nos muestran una honda sensibilidad similar. Mientras tanto, las carreteras y las barras fijas de los bares son la metáfora de la cuerda floja por donde atraviesan los personajes. La cruzan limpiamente hasta el final.

lunes, 22 de diciembre de 2008

Raúl Pizarro

Cuando Aquilino Duque escribió que este libro, Caída hacia la luz (Notas de un diario), Adonais, Madrid, 2008, tendría que haberse titulado Diario de un poeta a punto de casarse, me dio un ataque de celos. Ese juego de palabras se me tendría que haber ocurrido a mí, que además había tenido el privilegio de leer el libro en versión maquinuscrita varios meses atrás, cuando Raúl estaba, efectivamente, a punto de casarse.

Luego, releyendo el libro, he visto que la historia de su boda inminente apenas si sale en su diario, que no condesciende a la anécdota biográfica. La categoría de estos poemas está en su textura emocional. Yo, entrando en el capítulo de mis manías personales, destacaría la finura de su adjetivación y su ojo para los pájaros. De lo primero, un botón de maestro:
Un gorrión... Aparece suavemente
y pasea por las ramas fuertes del limonero.
Ese "fuertes", tan sencillo como suena, retrata perfectamente al limonero, que parece de alabastro oscuro, y más en contraposición a la levedad del gorrión. De árboles, Raúl Pizarro sabe tela, y hace todo un recorrido botánico-poético bajo ciruelos, nísperos, jaboneros, alcornoques, nogales, sauces y la sombra del ciprés.

Pero vayamos con los pájaros. Ya tenemos al suave gorrión, también aparece "el pincel distinguido de cualquier golondrina, / su acrobacia veloz, ágil, resuelta", y otro gorrión en un día de bochorno. La sorpresa mayúscula me la ha dado el minúsculo chochín, que yo decía que en español no cabe en un poema, y que Rául consigue nombrar con mano experta en esta refrescante estrofa:

La luz llegaba rota a la orilla del río,
hermosamente ............. rota,
y bajaba entre trinos
de mirlos, mosquiteros y chochines.

Para que esta nota de lectura no se quede sólo en un repaso raudo al ritmo de mis obsesiones personales, paso a copiar entero un poema que tiene toda la delicadeza de un haiku:

..........2 DE OCTUBRE

Las azaleas
que transplantamos
todavía resisten, languidecen
en la terraza,
recibiendo unas pocas atenciones.

Sus pétalos pequeños me reprenden
con piedad.

domingo, 21 de diciembre de 2008

Adagio

La mesa redonda salió ídem. No sólo por lo animada e interesante, sino porque se dio la vuelta y yo, que había ido a disertar, salí aprendiendo mucho.

Armamos entre todos bastante ruido con el asunto de la fluencia de un blog. ¿Tiene que tener un ritmo de actualizaciones, sí o no? Yo defendía (y defiendo) que sí, pero no defendía mi ritmo, que es o era un presto, allegretto o allegrissimo... En realidad, uno tiene claro que sin silencios no hay música, y que sin remansos, los ríos son torrenteras.

Otra opción a tener muy en cuenta es la posibilidad de un ritmo interactivo: que sean los visitantes los que mantengan viva una entrada mientras van haciendo comentarios. Darles su tempo, su tiempo. Fue muy revelador el comentario de Glez. Romano en el que se hacía eco de las quejas de algunos de sus lectores que no pueden seguir el ritmo de las entradas.

Yo he ido concluyendo, y una de mis conclusiones es que ahora me toca adagio. No sé si seré capaz, porque tiendo a confundir el teclado con una batería, pero, para empezar, voy a eliminar mis propias interferencias. He abusado de colgar links a mis artículos, que son ya cuatro por semana, como mínimo. Eso ahoga cualquier blogg, así que para que esos trasvases no alteren el cauce, me los voy a llevar a una piscina con su trampolínk y todo, por supuesto.

(Sólo seguirán aquí las columnitas de La Gaceta porque por su tamaño y su tema, las concibo como entradas de Rayos y truenos.)

viernes, 19 de diciembre de 2008

Una entrada menor

Ayer recordaba el poema de Pedro Sevilla donde contrapone el tiempo de los pueblos —que siempre cruza en línea recta— con el de las ciudades (circular). Eso es una manera metafísica de afrontar las diferencias entre pueblo y ciudad. Yo, ayer, descubrí otra menor y anecdótica, aunque no exenta de encanto, como una pequeña acuarela. Entrando en Sevilla, nada más pararme en el primer semáforo de la avenida de la Palmera, me fijé en que la chica del coche de la derecha estaba aprovechando la paradita para pintarse los labios con prisa y precisión. Eso en los pueblos no se ve, probablemente porque las posibilidades de que la persona del coche de al lado sea conocida son inmensas. Luego doblé a la derecha y en Bueno Monreal, otro semáforo, otro coche al otro lado y otra chica pintándose otros labios, y arreglándose el pelo. Yo iba a hablar de blogs a una mesa redonda y por un momento, como la mariposa de Chuang-Tsu, no supe si iba a encontrarme allí con Rocío Arana o si ya estaba dentro de su blogg.

jueves, 18 de diciembre de 2008

Licencia de sombra

Belén Núñez ha sido la musa de uno de los poemas más impresionantes de Pedro Sevilla, titulado, además, con su nombre: "A Belén Núñez" de Septiembre negro (Renacimiento, Sevilla, 1992). En él se contrapone el tiempo en línea recta de los pueblos con el circular y casi virtual de las ciudades. Los que somos de pueblo nos sentimos bien retratados en el vértigo de esos versos. Pero a Belén Núñez no le bastó ser musa y se bajó a la escritura. Por ahora tiene un libro, La música del sol (Barro, Sevilla, 1996) que me llegó hace poco. Es un libro primerizo, pero no tanto como para lamentar que la musa se apease de su pedestal. Ella, cuando se contiene, llega lejos, como en “Certeza”: “Qué roto está el firmamento:/ sabe ya que no me quieres”.
Y suma (restando) y sigue:

..................SOMBRA MÍA

No sé cómo te las arreglas
para estar siempre en mí.
Ni quién te dio
licencia de sombra.
Sólo sé que permaneces
en el verso
escoltando esta letra, tan tuya.

Versos estremecedores los hay a puñados. Ya que empezábamos con Pedro Sevilla, mirad cómo acaba un poema a él dedicado: “Sólo que ni tú podrás consolarme”. Qué homenaje tan bonito y tan triste, tan tembloroso, ¿no? Hacia el final del libro se descubre un veta irónica (“Para vivir” [p. 64] o “En clase de informática” [p. 71]), que nos promete muy buenos momentos con su próximo libro. Me dice que quizá salga pronto.

miércoles, 17 de diciembre de 2008

Del Gran Teatro al Polipoly

Mientras que el mundo era un gran teatro, los actores se tomaban a sus personajes en serio y trataban de no salirse del papel. Se daba por supuesta la presencia de un Espectador, que al final aplaudiría, o no, ay. Y, además, entre las posibilidades se contaban la tragedia, la comedia y, sobre todo, el auto sacramental. De un tiempo a esta parte, el gran teatro del mundo también ha entrado en crisis, y nos ha quedado un juego monótono según las reglas de Maquiavelo, sin actores, con tahúres.

martes, 16 de diciembre de 2008

Lectores

Hay casualidades impagables. Mientras que un lector me riñe por teléfono por haber sido muy temerario en un artículo, abro un correo electrónico en el que otro me acusa de timorato por ese mismo artículo. Ambas críticas se compensan y me quedo en medio, tranquilo por una vez.

Se ha convertido en un tópico literario asegurar que conocer a los escritores en persona conlleva una gran decepción. Por supuesto. Pero habría mucho que contar también sobre la impresión que produce conocer a algunos lectores. Aquel que al pedirte una cita te había asegurado que te admiraba muchísimo, cuando llega, en realidad, ha leído tres poemas tuyos en una antología, pero tiene gran interés en que le corrijas su libro inédito, que trae en un grueso sobre, que deposita en tus manos. Otro, en cambio, sí te leyó a fondo y te aprecia mucho, tanto —pondera, abriendo los brazos— como a Antonio Gala.

Me había extrañado mucho siempre que Luis Cernuda, cuando era un poeta consagrado, dedicase un poema a su lector futuro, uno y poeta, en el que ponía todas sus esperanzas; pero cada vez le entiendo mejor y con más melancolía; y eso que yo, sin ser tan consagrado, tuve más suerte y tengo unos pocos lectores estupendos, contando con mi madre y mi mujer. No son demasiados, pero bastan, y me hacen alentar la ilusión de que haya alguno más, silencioso, al otro lado de la página. Muchas gracias.

domingo, 14 de diciembre de 2008

¡Manda condones!

La última de Bernat Soria (o penúltima, porque ahora está reavivando la eutanasia, valga la paradoja), la penúltima, pues, o la que sea, que perdemos la cuenta con este hombre de curioso currículo, ha sido una nueva campaña a favor del koke [sik], antes llamado condón o preservativo. Las campañas a favor del preservativo son un clásico, como la lotería y los turrones. Yo no estoy en el target de esa publicidad, pero, desde la barrera, me asombra el escaso poder de convicción de los anuncios. A nuestros adolescentes las autoridades de los sucesivos gobiernos de España apenas les han animado jamás a otra cosa desde los tiempos lejanos en que yo fui, aunque parezca mentira, adolescente, y sin embargo no acaban de convencerles. Nuestro sistema educativo ha hecho un esfuerzo de síntesis y concentración en lo sexual, pero ni así. Tienen que seguir insistiendo.

Y además con adaptaciones curriculares. El anuncio conviene verlo para hacerse una idea de la gente que nos manda. Va de un hip-hop, y eso, aunque suena a ejercicio de aerobic, es un tipo de cante, así como suburbano. Oyendo la letra, lo indiscutible es que en el Ministerio de Sanidad creen que para entenderse con los jóvenes hay que hacer como los que se dirigen a los niños pequeños en diminutivos y diciendo el gua-gua y la caca; pero con voz de malote y en plan rollos, koko y stop. Y con musiquilla: “Tronco, yo no corono rollos con bombo, yo sólo con condón, con condón y floto pronto [...]. Con koko, yo gozo mogollón”.

El que flota mogollón es el ministro. Que Sanidad, frente a los 112.138 abortos en 2007 no tenga otra ocurrencia que salir con esta música, alucina, tronco. En primer lugar, porque a estas alturas, tras tantas campañas a favor del dogma de la goma infalible, no ha parado la sangría. En el último año los abortos han aumentado más de un 10 %. A muchos les parece el preservativo la panacea, pero el problema es que no lo es. Tras tanto mandar condones y recomendar condones y regalar condones, viendo cómo suben los abortos año tras año, ya podrían plantearse otras alternativas, aunque fuesen coordinadas con los clásicos anuncios del condón, y a modo de prueba.

En segundo lugar, esa forma brutal de frivolizar una concepción (“yo no corono rollos con bombos”) no es manera de concienciar acerca del valor de una nueva vida ni de responsabilizar ante los embarazos. De hecho, parece una apología implícita del aborto, ¿o no? Aunque venirles con la trascendencia del lenguaje a los creadores del hip-hop, es pedir peras al tronco, colega.

Por más vueltas que le den al koko, no se concibe (con perdón) una educación sexual que merezca los nombres nobles de "educación" y de "sexual" si no se funda en la dignidad de las personas, en el misterio (casi intangible) de los cuerpos, en un pasmo continuo ante la maravilla de la vida, en el milagro frágil del amor. Claro que para hablar de eso hacen falta mucho más que condones.
[Diario de Cádiz, 14-12-08]

sábado, 13 de diciembre de 2008

Feisbuqueando

Básicamente Facebook personaliza el Hola. Los usuarios cuelgan sus fotos y sus conocidos las ojean. Los usuarios hablan de sus viajes y de sus planes y sus conocidos se enteran de todo, y así vamos pasando el rato, que diría el maestro Pla. A mí el Facebook no me vuelve loco, porque puestos a personalizar prefiero intentarlo con El cuaderno gris, por poner un alto ejemplo. Pero nunca se puede decir de este agua no beberé, y yo hoy voy a colgar fotos de un almuerzo al que me invitaron. El lugar era "Salto al Cielo", la finca de los López de Carrizosa, rama Peraleja, y en cuanto vi el perfil de la casa me dije: ¡Esto va al blogg!
Sí, sí, os habéis dado cuenta: en versión bajoandaluza y con las rebajas que acarrea la realidad, recordaba irremediablemente a Brideshead, que es uno de nuestros lugares de encuentro. Además, yo ya había estado antes allí y mi tema, ese día, fue la memoria. También tiene un punto Waugh el nombre de la finca, que se llama "Salto al Cielo" porque antes de la desamortización era el asilo de los cartujos, donde iban los monjes viejos a prepararse para el viaje, una especie de trampolín. La capilla, muy siglo XVIII, era preciosa, como un templete. Y eso es todo. Aunque puestos a feisbuquear, ¿cómo no poneros una foto nuestra? Las cosas, aunque sean las más tontas, hay que hacerlas a conciencia.
Y luego está la dimensión social del facebook, así que ahí os arreo una foto de la compañía, en el burladero de una plazita de toros del XIX de piedra, muy bonita. Como podréis comprobar por mi relajo, no se soltó ninguna becerra, gracias a Dios:


Lo de poner los nombres de todos es puro facebook, pero eso a mí me parece demasiado, la verdad. Lleguemos a un consenso y déjemoslo en que arriba del murete está Blanca Briales, la atenta anfitriona consorte o connuera, y que las fotos son de Inés Domecq, la pobre, que no posó nada, todo el rato corriendo para adelante y para atrás con su cámara. En cualquier caso, todo esto es la intrahistoria. Vine aquí a compartir con vosotros la cúpula, el verde inglés del prado, el eco a Evelyn...


viernes, 12 de diciembre de 2008

Sin entrada

Cada mañana a las siete y veinte, con el tiempo en los talones, chorreando de la ducha, tengo que acordarme de coger antes de cerrrar de un golpe seco de muñeca la puerta de casa:
-El llavero
-La bufanda y el paraguas
-El maletín de profesor
-El portátil
-Los libros que voy a poder leer según las horas libres que tenga entre clase y
clase
-La cartera
-El dinero para dentro de la cartera (debo ya en la cafetería tres (¿o son cuatro?) cafés)
-El pen drive
-El móvil
-El cargador del móvil
-Los altavoces que me prestó un alumno para mi clase en
Madrid del jueves de la semana pasada y que todavía no le he devuelto.
-El CD con El viaje de Chihiro que me prestó una alumna a finales de octubre
-El llavero del IES con las llaves de las aulas y de mi departamento
-La tarjeta de fotocopias
-El Purgatorio en traducción de Dorothy L Sayers, que me ha pedido Aurora Rice
-Los exámenes corregidos de Soldadura
...No quiero entrar en más detalles penosos, pero entre otras cosas, se me ha olvidado el pen drive donde llevaba la entrada de hoy.

jueves, 11 de diciembre de 2008

Otro jueves

Salgo con tiempo de sobra, pero el tráfico se espesa inesperadamente, como siempre. Ya estoy mirando al reloj como si fuese un cronómetro. Según el color de los semáforos pienso “No llego” o “Sí llego”, deshojando la margarita a ritmo de embrague. Y lo peor me espera allí: el aparcamiento impracticable.

Llego al sitio y empiezo a dar vueltas. Muy cerca, pero en dirección prohibida, descubro un sitio tan amplio que incluso yo podría meterlo a la primera. Pero para llegar aquí tendré que dar toda la vuelta a la manzana. ¿Me lo quitarán? Desde Adán y Eva, las manzanas son peligrosísimas. Acelero un poco, lo que puedo: delante tengo un coche verde y lento y, más allá, otro blanco. El blanco no puso el intermitente: uno menos. El verde, sí. ¿Lo habrá visto él también? Le piso los talones.

En el paso de cebra se nos interpone una familia numerosa. Mientras empujan el dificultoso carrito, he de hacer un esfuerzo por mantenerme fiel a mis principios profundamente natalistas. Me mantengo. Cuando vuelven a cruzar para recoger al abuelo, que espera al borde de la acera, ponen a prueba mi frontal rechazo a la eutanasia. La rechazo. Ya han cruzado todos, por fin, y acelero. Doy una curva cerrada y allí está esperándome mi sitio, el mío, todavía. Aparco a la segunda. Miro el reloj. Seis minutos tarde. Casi puntual. Uf, respiro. ¿Quién dijo que los jueves son rutina?

martes, 9 de diciembre de 2008

Poetas, pájaros

Si Garcilaso volviera, Isabel Escudero sería una de sus ninfas. Y si regresara el Marqués de Santillana, pastorcilla sería. Escudero es una de las poetas más encantadoras (y cantadoras) de hoy. Entronca sus breves versos, hechos de aire y gracia, con el cancionero tradicional. Su penúltimo libro, Fiat umbra, lo he recomendado vivamente en una revista de poesía, que es donde toca.

Aquí toca hablar de poetas y de pájaros aprovechando que acaba de publicar Gorrión, migajas..., una antología de sus canciones sobre aves en la pequeña, preciosa colección dedicada a poemas ornitológicos de Pre-Textos. Los hombres en general suelen tener una amistad muy honda con sus perros. Los poetas, al menos los que pertenecen al género humano, también; pero además sienten una especial querencia por los pájaros. Las oscuras golondrinas de Bécquer, el ruiseñor de Keats, la alondra de Shelley, el albatros de Baudelaire, el cóndor de Neruda, el chochín de Chesterton, las urracas de d’Ors, la zumaya de Lorca, el pájaro solitario de san Juan de la Cruz y de Leopardi, el gorrión de Catulo (que lo fue de su amada), etc.

Natural: los pájaros, como los poetas, se andan por las ramas, agitan las plumas, van de vuelo, tienen ojillos febriles y, sobre todo, cantan, cantan. Como Isabel Escudero: “Se escapó el pájaro/ por el roto/ que abrió su canto”. Se escapó, sí, hasta venir a comer migajas, ¡oh!, en nuestras manos.

lunes, 8 de diciembre de 2008

La batalla de Lepanto

No, no asustaros, que ya sé que la batalla de Lepanto fue el día de la Virgen del Rosario y no el de la Inmaculada. Hoy es día de primer aniversario, lo recuerdo. Lo de Lepanto es porque tengo el cuerpo ligeramente cortado y no estoy para nada, nada. O solamente para acordarme obsesivamente de Cervantes, que con unas fiebres serias se empeñó en dejarse la piel (y la mano) en la mayor ocasión que vieron los siglos. También me acuerdo de mis enfermos conocidos que llevan lo suyo con mucha más gallardía que yo mi pequeño corte de cuerpo. Qué valientes todos, uf.

domingo, 7 de diciembre de 2008

Justificaciones

Mi apellido nobelesco [sic] ya me exige alguna introducción. Las explicaciones con mi lugar de nacimiento son más largas. Lo más fácil hubiese sido decir directamente que nací en El Puerto, y punto. Pero yo le tengo cariño a Murcia, como es natural. Está, además, la cita de Gaya: “Para mí las cosas murcianas, este paisaje por ejemplo, tienen mucha importancia. No tengo raza allí, pero se ve que ese primer llanto cuando uno aparece tiene mucha importancia, no sé, son cosas secretas". En Ardua mediocritas intenté aclarar el asunto con un versículo: "Nací en Murcia y soy del Puerto de Santa María", pero quien dio en la clave fue Feu, que me puso entre paréntesis (Murcia, pero El Puerto de Santa María, 1969). Queda un poco prolijo, paradójico, barroco, ya lo sé, pero es lo que hay, y tampoco voy a quitarle el Santa María a mi pueblo ni, mucho menos, mi pueblo a Santa María. Así estaban las cosas; ahora, parece, vamos a tener que empezar a justificar también nuestros sexos. Qué entretenidos vamos a estar.

viernes, 5 de diciembre de 2008

Lenguaje no verbal

En mi IES hay un alumno con una grave deficiencia mental. Necesita apoyo continuo, y yo, aunque lo intento, no he conseguido aún distinguir, entre las dos señoras que se alternan, cuál es la asistente social, cuál su madre. Me parece bonito.
*
Ayer, en la estación de tren, según salíamos, un hombre de unos treinta y muchos años saludaba con una cara radiante de ilusión por encima de mi hombro a alguien que venía detrás de mí. Pensé: "Con menos años, sería su novia, pero..." Me volví, curioso, y vaya, efectivamente, estaba saludando a su madre.
*
A cambio, en El Puerto, vi hace unos días a un matrimonio que durante su paseo se había encontrado con otra señora. Se habían parado los tres a saludarse animadamente. Algo no encajaba, sin embargo. Me fijé mejor y pude comprobar que el marido estaba vuelto, como con sorpresa y alegría, hacia su propia mujer.

jueves, 4 de diciembre de 2008

El curso infinito

Funes, el famoso memorioso, necesitaba como mínimo un día para recordar un día; yo necesitaría una clase entera, como poco, para precisar lo que dije en la clase anterior, y así sucesivamente.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

En camisa de once crisis

Si no las enumero todas es porque varias se me han quedado fuera de los 2607 caracteres con espacio del artículo. Pero tiempo habrá, por desgracia, para ir una por una. Ah, y una errata: la columna se titulaba "Las crisis y las cruces".

martes, 2 de diciembre de 2008

Pedro Serna


"Anémonas", Acuarela, 33 x 50 cm., Catálogo Murcia, una mirada. Murcia, 2008. Prólogo de José Mateos, textos de Paul Cézanne y Vincent Van Gogh.

lunes, 1 de diciembre de 2008

La perfecta casada

Aprovechaba las primeras horas de la jornada laboral para aplicarse la crema anti-edad. Luego, en la reunión con los proveedores, se limaba las uñas. La mascarilla del pelo se la aplicaba en la hora del café, y la de la cara mientras despachaba por teléfono con los de la Delegación de Londres. Durante la hora de la comida se ponía la crema bronceadora. La leche corporal la reservaba para las horas de la tarde, siempre más tranquilas. Antes de abandonar la oficina, se daba el contorno de ojos, se pintaba los labios, se extendía crema hidratante, se peinaba con cuidado y elegía el traje y el perfume para esa noche. Llegaba a casa a la hora espectacular del crepúsculo, y lucía radiante, tersa, rejuvenecida, perfecta.

domingo, 30 de noviembre de 2008

Mira y pasa

Sin motivos, pero me encuentro en un estado de ánimo muy plácido y, por tanto, nada propicio para escribir una columna de opinión. Me siento —si me perdonan la petulancia y muy mutatis mutandis— como Virgilio en el Canto III del Inferno. O sea, que sí, que estamos en un infierno, con la crisis y con las cruces y con Lukoil y con la incompetencia de Garzón y con Almudena Grandes y sus chistes de sal —como era de esperar— gruesa sobre las violaciones y eso, pero lo que me pide el cuerpo es lo que el clásico aconsejó al Dante: “No hablemos de ellos, sino mira y pasa”.

Curiosamente Virgilio da su venerable consejo pasota cuando cruzan por delante de los indolentes, los que no hicieron nada cuando podían y ahora, en el Más Allá, corren de un sitio para otro sin fin y sin propósito definido. Lo que se parece como una gota de agua a las numerosas medidas contra la crisis, a cada cual más histérica, que toma el Gobierno que negaba la crisis hasta que se abrió bajo sus pies. Éste es el momento de darles el consejo del cojo: “No corráis que es peor”. Cada remedio contra la crisis de estos acelerados la azuza.

Luego están las cruces, que descuelgan de los colegios para regocijo progresista. Lo que, a su vez, recuerda a la novela de Chesterton La esfera y la cruz en la que un feroz ateo empieza arrancando crucifijos y acaba viéndolos por todas partes: en los postes telefónicos, en las vallas de madera, en las señales de tráfico. Entonces se le desata un furor destructivo. La esfera y la cruz se publicó en 1910, así que ya da mucha pereza insistir en lo mismo, aunque uno se malicia que, si siguen empollando esta obsesión, terminarán queriendo echar mano a la cruz que llevo en mi pecho. Y ésta no me la tocan si no me arrancan antes, por decirlo con la dulce expresión de Garcilaso, el sentido. Para darle el toque funéreo que faltaba, Zapatero ha equiparado las exhumaciones a las canonizaciones, con una lógica laica inquietante.

Pero hoy ni ZP me inquieta. Me temo que para hacer una columna de opinión esta serenidad estoica no ayuda mucho. Convendría sentirse muy irritado con el mundo y sus engaños o no poder resistir las ganas de reírse de todo (por no llorar). Hoy ni lo uno ni lo otro. Para colmo, a ratos, en la mesa camilla, supero la serenidad estoica y rozo el nirvana budista, con esos ojitos semicerrados de Buda que se ha puesto tibio de pato a la taiwanesa.

Entonces me susurro a Góngora: “Ándeme yo caliente/ y ríase la gente./ Traten otros del gobierno,/ del mundo y sus monarquías,/ mientras gobiernan mis días/ mantequillas y pan tierno,/ y las mañanas de invierno/ naranjada y aguardiente,/ y ríase la gente”. Claro que esto no resulta muy heroico, ni está nada claro hasta cuándo vamos a andarnos calientes, ni yo soy Góngora, ni Góngora tenía que escribir artículos de opinión... El miércoles será otro día y a ver si me levanto más Quevedo.
[Diario de Cádiz]

sábado, 29 de noviembre de 2008

Curiosidad del idioma

Q.Q.:

Cuando hago un descubrimiento relacionado con el idioma me gusta compartirlo contigo. Puede que en este caso lo descubierto sea el Mediterráneo, como se suele decir; pero, en fin, ahí va: Un verbo que cambia de acepción según vaya en indicativo o en subjuntivo. El ejemplo: “puedes viajar con quien quieras”, y “puedes viajar con quien quieres”. En el primer caso querer es tanto como elegir; en el segundo significa amar.

Sabía que las palabras, muy orteguianamente, son, como las personas, ellas y su circunstancia; y que, por ello varían de significado según el contexto que las rodea, los gestos, etc. Pero me ha sorprendido que haya un verbo que en el mismo contexto cambie de acepción según el modo en que se conjugue.

Un abrazo,

JMGM

viernes, 28 de noviembre de 2008

Paradojas

La altura del vuelo de los aviones se mide en pies.
*
Los alumnos que leyeron mi “Aprender a suspender” son los que aprueban.
*
Yo hablando de literatura... cuando es la literatura la que habla de mí.
*
Defiendo que la poesía no es estética por la belleza de la idea.
*
“Te leo si me lees” es una proposición indecente, por muy implícita que sea. Cuando la obra de la parte contratante es buena, la humillación es doble.
*
No me siento cómodo de verdad con alguien hasta que no lo he decepcionado por lo menos una vez.
*
Cuanto menos rezo más hablo de Dios, como tratando de llenar mi vacío soplando hacia fuera.
*
Estoy muy cansado de mi vanidad, pero no tengo otra cosa.
*
Desde que decidí que haría una serie de paradojas sólo se me ocurren metáforas.
*

jueves, 27 de noviembre de 2008

Me hace los honores

Hoy no estaré en casa, así que le he pedido a mi buen amigo Logan Pearsall Smith, que atienda a las visitas. Es todo un caballero.

“Debes prevenirte de pensar mucho en el estilo”, sugirió mi amable consejera, “o te volverías como esa gente tiquismiquis que corrige y corrige hasta que lo dejan todo en nada”.

“Entonces, ¿esa gente realmente existe?”, pregunté, perdido en el pensamiento de cuánto me gustaría encontrármelos. Pero la informada señora no podía darme una información precisa.

A menudo oigo hablar de ellos en forma tentadora, y quizá algún día pueda llegar a conocerlos. Parecen deliciosos.

miércoles, 26 de noviembre de 2008

martes, 25 de noviembre de 2008

Gambas

Comer solo, uno y su plato, cara a cara, suscita hondas reflexiones. Cuando se hace en un comedor universitario, rodeado de mesas repletas de post-adolescentes que furtivamente condescienden a una mirada conmiserativa, más. Lo propio en estos casos es acordarse de César Vallejo: “He almorzado solo ahora, y no he tenido/ madre, ni súplica, ni sírvete, ni agua”. Yo me acordé de Alberti. En parte, porque había viajado esa mañana desde El Puerto de Santa María a Madrid y, en parte, porque estaba tomando espaguetis con gambas. De poder, aquellas gambas hubiesen recitado: “¿Por qué me trajiste, padre,/ a la ciudad?/ ¿Por qué me desenterraste/ del mar?/ En sueños, la marejada/ me tira del corazón;/ se lo quisiera llevar”.

En mi familia hubo armadores de pesca hasta mi abuelo, y nos hemos reído siempre un poco de los madrileños que en verano mueren por tomar pescado en El Puerto, cuando el mejor pescado se manda a la capital. Sin embargo, allí, en un ambiente intelectual, entre estudiantes, yo en silencio y muy serio y concentrado, comprendí que los madrileños tienen razón. El pez y los mariscos mesetarios muestran un aire nostálgico, que quita el apetito. A la orillita del mar, te perdonan el bocado, pues eso hacen ellos, el grande al chico, pero tan lejos de sus saladas costumbres, dan una impresión de desamparo que encoge el corazón. “Padre, ¿por qué me trajiste/ acá?”

lunes, 24 de noviembre de 2008

Salta la liebre

Los libros de los muertos también llegan a mi buzón. Recibir a tu nombre La Ciudad de Dios de San Agustín, estremece, de emoción más que nada. Otro difunto del que me llega un libro es el poeta de Morón de la Frontera, Alejandro Fernández Cotta (1923-2008). Se titula Campamento de invierno y está publicado en la colección Aldebarán (Sevilla, 1978). Se trata del primer poemario del autor, que se estrenó, por tanto, a los 55 años. Todos los poemas son correctos, pero, de pronto, en la página 42 surge éste, que me parece maravilloso en todos sus sentidos:
.......HECHO CONCRETO
..........................A mi hija Koky

Es cierto:
.................Caen rosas,
rosas sobre mí, aunque no tienen
rosales los balcones.

Y en la calle
no queda ningún árbol, pero entran
ramas verdes por mi ventana y pájaros cantando.

Y estoy aquí, bajo mi techo,
cuando llega la lluvia y me lame.

Y en las sombras
de una noche cualquiera
viene el sol y me toca.

Tú sabes que no miento.

domingo, 23 de noviembre de 2008

Está pasando, lo estás viendo

A veces lo que va de un slogan a un poema es la entonación del que lo lee. Canal Plus presume de que nos enseñan enseguida cuanto ocurre en el ancho mundo. Bueno. Pero uno no puede evitar leer su anuncio de otro modo: “Está pasando, lo estás viendo (pasar)”. O sea, una variación del “Todo pasa” y del “Tempus fugit” y, a los dos días, del “Ubi sunt”. De eso, aplicado a un caso concreto, y con la parte de melancolía que me toca por dedicarme al articulismo, va mi columna de hoy.
Y quién no recuerda ahora los insuperables versos de Álvaro García:
Deja la actualidad que se hace sola
y ve al presente que te necesita.
Yo a menudo me los recito con ligeras variantes, no sé si por mi mi mala memoria o por mi pesimismo ante la actualidad o por un imperturbable optimismo ante el presente o por un poco de todo:
Deja la actualidad, que se deshace,
y ve al presente, que no pasa nunca.

viernes, 21 de noviembre de 2008

¿Qué es peor?

Este año mis alumnos no entraban en el blogg. Qué raro, me decía. Luego, algunos (y algunas, como es natural) empezaron a contarme que lo visitaban, pero que no entendían nada. Que qué raro, protestaban. ¿Pero qué no entendéis? Así, más o menos, nada, maestro. Ah. Ahora, ante la inminencia de los exámenes, insisten en que no me olvide de que quiero ser santo (te has postulado, puntualizan), y que a ver cómo me porto. A ver.

jueves, 20 de noviembre de 2008

No, Nabokov

En su Curso de literatura europea, aventuró Nabokov: "La literatura no nació el día en que un chico llegó corriendo del valle neanderthal gritando 'el lobo, el lobo' con un enorme lobo gris pisándole los talones; la literatura nació el día en que un chico llegó gritando 'el lobo, el lobo' sin que lo persiguiera ningún lobo". ¿Seguro? Con todos mis respetos, la literatura nació cuando, en torno a la hoguera neanderthal, un viejo avisó de un peligro invisible, por ejemplo de la mentira, y lo comparó con un enorme lobo gris; y los que le escuchaban sintieron que su piel se erizaba como cuando oían a los pastores aterrados gritando en las tardes de invierno: “El lobo, el lobo”.

lunes, 17 de noviembre de 2008

Guardia de tráfico

Me recuerdo a aquel policía municipal que ponían antes en el centro del pueblo, con un pitito y unos guantes blancos, a ordenar el tráfico. Últimamente tengo que ordenar mis ocurrencias. Ésa, por aquí, pi-pii-pííí, para un artículo, y ahora hay que ver para qué periódico o cuál revista; ésa, que le dé la vuelta a la rotonda hasta un microcuento; aquélla que siga recta hacia el poema; ésta, eh, ¡eh!, que aparque en el blogg o se eche al arcén de una reseña. A veces, el tráfico está tranquilo, y me aburro. Pero a las horas punta, ¡la marabunta!: vehículos de todos los tamaños, líricas bicicletas, ruidosas motos, camiones de mercancías, y atascos y colisiones. Y yo en medio, con mis guantes blancos y mi silbato afónico, subido a una caja blanca y roja, con un casco brillante de bombero, sin que nadie me eche demasiada cuenta, haciendo gestos con los brazos, desinflándome a pitar.

Hoy pondré un ejemplo ajeno, mañana propio. Hoy, José Emilio Pacheco y un poema que hubiese estado mejor en un libro de memorias o en una entrada de blog; mañana, un texto mío que estaba mal estacionado como poema, y que una grúa ha movido a al garaje de La Gaceta como pequeña columna. Para devolver lo de Pacheco a su sitio, lo copio aquí, donde pega:

EL FORNICADOR

En plena sala ante la familia reunida
—padres, abuelos, tíos y otros parientes—
abro el periódico
para leer la cartelera.

Me llama la atención una película
de Gary Cooper en el cine Palacio,
o en el Palacio Chino, ya no recuerdo.

Lo que no olvido es el título.
Pregunto con la voz del niño de entonces:
“¿Qué es El fornicador?”

Silencio, rubores,
dura mirada de mi padre.
Me interrogo en silencio:
“¿Qué habré dicho?”

La tía Socorro me salva:
“Hay unas cajas de vidrio
en que puedes meter hormigas
para observar sus túneles y sus nidos.
Se llaman formicarios.
Formicador
es el hombre que estudia las hormigas.”

domingo, 16 de noviembre de 2008

Furbo

Me doy cuenta de que en mi artículo futbolístico no hago ni una aleve mención al manifiesto de los futbolistas vascongados. Mejor.

[Peor, en cambio, que se me hayan comido en la página web del Diario los puntos y aparte.]

jueves, 13 de noviembre de 2008

A vuelta de correo

[Estreno sección en Rayos y truenos. En “A vuelta de correo” daré noticia de los libros que me llegan. Como no son tantos y yo soy tan buena persona, mi tentación es animar demasiado al remitente, a medias entre el agradecimiento y la empatía. Para vencerme, responderé aquí, a la vista (exigente) de vosotros.]

Kiko Méndez-Monasterio ha escrito la novela La calle de la luna. La sinopsis argumental la logra con una exactitud alucinante y profética esta soleá de José Luis Tejada en Cuidemos este son(Renacimiento, Sevilla, 1997; pág. 24):
Tú has de llegar paso a paso
de la calle de la Luna
hasta la del Desengaño.
A mí me gustaría que la novela me hubiese gustado menos, sinceramente. Habla de los años universitarios de mi generación, de una frivolidad que se hacía hielo, o nieve. La mía, mi frivolidad, era no frost, pero me he sentido bastante retratado y ya sabéis cómo me inquietan mis retratos. Sentir nostalgia me ha sorprendido, la verdad.

Aún más me ha gustado el novelista. M-M escribe digamos que de puta madre, con sentido del lenguaje y de sus ritmos. ¿Un ejemplo? Precisamente tanta palabrota (puta, joder, gilipollas, etc.), que suena fresca en la boca del estudiante recién llegado, pero imperceptiblemente, a medida que el tío va cumpliendo años y acercándose a la treintena, va cansando, tanta palabrota, que se solidifica y pesa. Conseguir un efecto tan sutil con un material tan basto tiene mucho mérito.

¿Una crítica? Hubiese pagado para que la novela acabase en la página 177, donde se está la imagen más rotunda y melancólica de La calle de la Luna. Habría sido un final redondo y a la vez abierto, con cierto atisbo de esperanza. Y con qué frase para el punto final: "Sí, matamos todo lo que queremos. Por querer poseerlo, lo matamos".

domingo, 9 de noviembre de 2008

¿Qué será lo que tiene el negro?

Si el título ha conseguido que usted baje a leer este artículo, objetivo cumplido y ya podemos volver a que Obama es un hombre de color, evitando lo políticamente incorrecto. Sin embargo, no está de más una previa reflexión lingüística. Ustedes, que se dan cuenta de todo, habrán notado cómo se está utilizando mucho en los medios la palabra “negro” para referirse a Barack H. Obama, que por cierto es mulato.

Lo de llamar a los negros “personas de color” era un circunloquio extravagante y una discriminación para con los otros colores: el albino, el blanco, el rosa, el amarillo, el moreno o el piel roja. Lo de “afroamericano” siempre me pareció una grosería porque les recuerda que vienen de otro continente. Con Obama hemos vuelto al simple negro, paralelo al simple blanco. Y ¿por qué con él? Pues —además de porque él mismo lo ha utilizado bastante— porque se ha convertido en el hombre más poderoso del mundo y, por tanto, cualquier intención peyorativa se cae por su propio peso. Si hubiese perdido las elecciones, ahora sería el pobre candidato de color. O sea, que el caso del negro Obama ha puesto en evidencia la paradójica condición de los eufemismos, que resaltan lo que pretenden ocultar.

Ése es el primer servicio de Obama al mundo. Los próximos habrá que verlos, y lo sensato sería esperar un poco. Se ha generado un exaltado entusiasmo que presagia profundas decepciones, no necesariamente por culpa del líder, sino por la misma naturaleza de las cosas. José Manuel Benítez Ariza ha visto con agudeza que esta catarsis colectiva y planetaria es “un episodio más de los ritos consecutivos de la entronización del poderoso de turno y su posterior defenestración”. Ante tantas promesas de cambio, no podemos evitar un recuerdo al Príncipe de Lampedusa, que apostilló: “Algo debe cambiar para que todo siga igual”. En líneas generales, la política internacional y el papel de los Estados Unidos no van a pasar ahora del negro al blanco ni viceversa.

Otra parte del entusiasmo se debe a lo que yo llamo el Antisíndrome de Stendhal. En La Cartuja de Parma, Fabrizio del Dongo cruza un jaleo tremendo sin enterarse de que está en la trascendental batalla de Waterloo. Nosotros, por la vanidad de no caer jamás en el ridículo del Del Dongo, nos hemos pasado al otro ridículo, y descubrimos un Waterloo en cualquier esquina. Todos los partidos de fútbol son el partido del año, las bodas lo son del siglo, el invento lo es de la década, el concierto de la generación y así. Con nuestra compulsión por vivir momentos históricos a cada rato resulta natural que pensemos que la llegada de un negro a la Casa Blanca es un hito comparable al Descubrimiento de América.

El color del presidente nos debería importar muchísimo menos que su gestión. Por ahora le aplaudo el desmantelamiento de un tabú lingüístico y esa impresionante habilidad suya para despertar las grandes esperanzas. A ver si cumple algunas al menos en parte.
[Grupo Joly, pero no ha sido colgado de la página web]

sábado, 8 de noviembre de 2008

Dios en el autobús

En lo que se llama España, los progres, los laicistas, los conversos (al liberalismo) y demás predicadores del ateismo están que exaltan de gozo por la campaña publicitaria en contra de la existencia de Dios que se está celebrando en la ciudad de Londres. La idea se le ocurrió a la escritora Ariane Sherine, a la que no tengo el gusto de conocer, y que ahora ha saltado a la fama, como era de esperar. Allí, fundaciones pro-laicismo y personajes célebres —que quieren serlo más— se han aprestado a aportar su apoyo contante y sonante. En los autobuses campea, por lo que cuentan, este mensaje: "Es probable que Dios no exista. Ahora, deja de preocuparte y disfruta de la vida".

Soy firme partidario de que nuestros progres indígenas importen pronto esa campaña, que tanto les gusta. Pero sin pedir subvenciones, eh, que aquí ya nos conocemos; sino aflojándose la cartera, como Dios manda y como ha hecho el prestigioso catedrático Richard Dawkins, el de El espejismo de Dios. (Sí, sí, aquel que no se atrevió a mantener un debate público sobre la existencia de Dios con el periodista católico Paul Johnson.)

Además de por el divino placer de ver a nuestra progresía soltando pasta para algo que no sean sus viajes de merecido descanso todos los meses del año o sus compras por Nueva York, la campaña fomentaría precisamente un debate público sobre un tema de interés, que ya está bien de hablar de los fracasos y aspiraciones sociales del presidente Zapatero, el de me invitan, bien, no me invitan, ay.

Lo primero que quieren que discutamos, por lo visto, es quién disfruta la vida y quién se preocupa. Es una lástima grande que no exista un felicímetro para comparar. En cualquier caso, mediante la observación directa es fácil comprobar que los progres, que se autodenominan tan despreocupados, muestran una preocupante preocupación con el tema de Dios, que, teniendo en cuenta que para ellos no existe, sorprende.

Mi única duda es que no sé si animándoles estaré fomentando que tomen el nombre de Dios en vano. Yo creo que no porque si algunos creen que así luchan por la verdad, están sirviendo a Dios, que es la verdad. Y quien la busca Le encuentra. Por otra parte, Santa Teresa de Jesús, ese milagro indiscutible de la prosa castellana, ya dijo que Dios andaba entre los pucheros. No resultará tan irreverente, por tanto, verlo en los autobuses.

Preparando el libro

Compruebo, mientras selecciono y corrijo las entradas de Rayos y truenos, que en las de 2006 tengo muchísimo trabajo y poco remedio, algo menos de trabajo y algo más de remedio en las entradas del 2007 y casi nada que enmendar en las de este año.
El optimismo se apresura a decirme al oído: “Cada vez escribes mejor, amigo”.
El pesimismo sonríe y, saliendo de la habitación, a la media vuelta, dispara: “De las entradas de ahora, ya hablaremos en dos años…”

viernes, 7 de noviembre de 2008

Primeros versos y último de un poema de Mario Quintana

Me gusta hacer poemas con un único verso
y hasta de una palabra
como cuando escribo tu nombre en medio de la página
y me quedo pensando más o menos en ti
porque pienso también en otras cosas…

[ … Pone el poeta luego numerosos ejemplos de otras cosas, como los ejercicios de álgebra del colegio. Entonces Quintana, que no fue un gran matemático de estudiante, se hace el propósito de serlo en la próxima vida y promete a sus antiguos desilusionados profesores que se aplicará porque, a fin de cuentas, “la matemática es el único pensamiento sin dolor”. Lo promete, pero se da cuenta enseguida de que está mintiendo y acaba con este inolvidable verso:]

Qué fortuna morir de amor y continuar viviendo…

jueves, 6 de noviembre de 2008

Peligro: elogios

Cada miércoles inflijo mi columna a los miembros de una lista de correo. Nadie tiene —yo les insisto mucho en ello— obligación de leerme ni, mucho menos, de contestarme a vuelta de e-correo, pero hay quien lo hace (al menos lo segundo) todas las semanas. Uno me escribe enseguida y siempre: “Gracias, Quino” a lo que yo respondo inmediatamente: “De nada, Quique”. Otros me regalan un “Fenomenal” o un “Fantástico” mucho más eufónicos. Al Retuerzo de Brideshead de ayer, uno de esos incondicionales me contestó lo que sigue: “Gran artículo, artista! No dejaré de ver la peli que aconsejas por nada del mundo. Nuevamente gracias”. ¡Y pensar, ay, que mi autoestima había estado subsistiendo durante semanas gracias a los comentarios de ese amigo entusiasta!

Algo parecido habrá pensado Álvaro Salvador al leer la elogiosa reseña que Luis Antonio de Villena le propina a su libro de aforismos titulado Después de la Poesía en la revista Mercurio. Lo pone bastante bien (“demuestra buenas dotes y supera el notable”), aunque añade que “todo hombre inteligente puede hacer aforismos” y da, para remate, unos botones de muestra que parecen, más bien, unos rejones de muerte: “La carne es triste, sí, sobre todo cuando envejece” y “Cualquiera que proyecte tener un hijo en estos tiempos es un insensato”. Supongo que Álvaro Salvador estará diciendo lo que yo: “Hay elogios que, oye, mejor los dejamos”. O no: quizá esté encantado porque, efectivamente, sean ésos los aforismos estrella del libro. Lo que sería más grave.

miércoles, 5 de noviembre de 2008

Oh Waugh

Lo más irritante de la película de Harrods, perdón, de Jarold no lo cuento en el artículo. También destroza los diálogos. Él y los guionistas consiguen que los personajes siempre suelten otras cosas que las que en verdad dijeron. Deben de hacerlo a medias por pedagogía, porque son excursos explicativos, a medias porque no han entendido nada.

martes, 4 de noviembre de 2008

lunes, 3 de noviembre de 2008

Al fin

Estoy muy melancólico esta tarde.
"Bueno", me digo, "ya era hora". Ahora
podré escribir suspiros desvaídos
y romper de una vez el ritmo ese
de los endecasílabos peinados
con su rayita en medio, y los acentos
cada cual en su sitio, y la sonrisa.
Estoy tan deprimido por fortuna
que escribiré un lamento casi hueco
como exige la crítica: sin métrica,
urdido de vacío y vaguedades,
desmayado y ruinoso, enrevesado.
Qué maravilla la melancolía,
la desazón, qué dulce, la tristeza,
qué alegría la desesperación
y justo hoy, cuando desesperaba
de hacer poesía postmoderna. Al fin
voy a dejar de celebrarlo todo.

Más de Pamplona

Mi antiguo compañero de piso, Antonio Romero-Haupold, se tira al ruedo.

sábado, 1 de noviembre de 2008

Sushi

Intento resistirme a las modas, pero con escaso éxito, así que acabé cenando en un japonés, que es lo más in del mundo, al menos en Madrid. Reconozco que esta vez mi resistencia no fue heroica, pues del Japón me interesa todo: los haikus, el bushido, la pintura, un poco los bonsáis y mucho el cine de Kurosawa. La gastronomía tampoco me deja frío.

Sin embargo, en aquel sushi especial había unas huevas de atún que no nos entraban por los ojos… ni por la boca. Cada hueva tenía prácticamente el tamaño de una pelota de ping-pong y un color fluorescente medio naranja, medio rosa. Entre los dientes, explosionaba como las burbujas del plástico de embalar. Fue lo único que nos dejábamos en la bandeja.

El camarero protestó con pundonor: “¿No se toman el muy delicioso caviar de atún?” Contestamos: “No”, invulnerables al pomposo sortilegio de la palabra “caviar”. Entonces entornó aún más los ojos y apostilló con una astucia en extremo oriental: “Es bueno para la piel”.

Instantáneamente los cuatro tenedores de nuestras respectivas esposas se lanzaron sobre el plato, entrechocando como en Los tres mosqueteros: “Uno para todos y todos para uno”. “Je, je”, se sonreía el camarero. “¡Qué lección, qué lección!”, se admiraba un amigo que se dedica al marketing. Yo, que me dedico a escribir y en consecuencia soy más melancólico, musitaba: “Y eso que todavía no les hace falta”.

viernes, 31 de octubre de 2008

Me alegro

De lo primero que me alegro es de que milagrosamente no hubiera víctimas en el atentado. Después de confirmarlo con rápidos SMSs, también me alegré mucho de que el objetivo terrorista fuese la Universidad de Navarra, mi querida antigua Universidad. Que los malos te distingan con su rabia y, más concretamente, los terroristas —tan primarios— con sus coches-bomba es una estruendosa prueba de que las cosas se están haciendo bien.

No diré que es la única prueba ni la mejor porque existen el cariño de los buenos y el aprecio de los inteligentes, pero es una prueba muy rotunda. Alguno podría decirme: “Hombre, Máiquez, mejor que no nos pongan bombas”. Y yo replicaría: “Si es porque ETA está aplastada y todos sus miembros en la cárcel, por supuesto”.

Pero mientras repte, me honra que mi Universidad la provoque. Es como en el ejército, si me perdonan el símil. Todo militar se enorgullece de que su compañía está en primera línea de fuego, y no otra.

Decirlo en Cádiz es más fácil, claro, pero yo, desde mi puesto, hago lo que puedo y, aplicándome la doctrina O’Connor de que mi gran oportunidad para la santidad es que me hagan mártir, estoy convencido de que mucho mejor que morirme de una larga enfermedad o de un inútil accidente de tráfico, sería caer por Dios y/o por España en un atentado terrorista. Eso sí, por si me leen los muy cabrones, conste que prisa no tengo ninguna.

jueves, 30 de octubre de 2008

Nana

Preciosa esta nana de Manuel Alvar, con ese punto inquietante que tienen, no sé por qué, los cuentos populares, los poemas de Amalia Bautista y las películas de Walt Disney.
Duerme tranquila
que los lobos no matan
ciervas dormidas.
Temblando como una gacela, con los ojos abiertos como un gamo, uno le preguntaría al sabio académico poeta: "Oye, ¿seguro?"

miércoles, 29 de octubre de 2008

Weltanschauung Botellón

En el artículo no me meto en parapsicologías. Aquí, en confianza, voy a intentarlo. Digo yo que ese interés impudoroso y desvergonzado de Zapatero en ir a una cumbre a la que no le han invitado puede responder a dos cosmovisiones del líder. Primera, ZP pertenece a la Generación Botellón (al menos mentalmente) y cree que todo se reduce a encontrar aparcamiento. Segunda, Zapatero está convencido de que el 15-N en Washington se va a celebrar el funeral por el capitalismo, y para asistir a un entierro, la verdad, nunca se han cursado invitaciones.

martes, 28 de octubre de 2008

Qué pasa

Léon Bloy confesaba: “Cuando quiero saber qué pasa, leo a San Pablo”. Los periódicos no le parecían necesarios. Yo matizaría que leerlos sirve para saber lo que pasa, que es distinto de saber qué pasa. Para esto último, si se quiere llegar al fondo, tiene uno que acabar, efectivamente, recurriendo a San Pablo o más allá. Son lecturas complementarias.

He pensado en Bloy ante la tremenda inyección de dinero con que los gobiernos se aprestan a salvar a los bancos de la insolvencia. Yo me hago la pregunta —retórica— de si mi banco me inyectará liquidez para hacer frente a mi hipoteca. Y en vez de contestarla, para qué, he ido a releer aquella parábola de Jesús en Mateo 18, 23-35. ¿La recuerdan?

Un rey le perdona a uno de sus siervos una deuda inmensa, de diez mil talentos. Ese siervo, en cuanto sale a la calle, se encuentra con uno que le debía apenas cien denarios y, agarrándole y ahogándole, le gritaba: “Págame lo que debes”. Y como no podía, lo echó a la cárcel. Al enterarse, el rey se indignó y entregó al sinvergüenza a los verdugos.

No me digan que la parábola no está de palpitante actualidad. Claro que el final de ahora no será tan redondo como el evangélico. A los gobiernos socialistas, socialdemócratas, neosocs o exneocons, ¿qué más les da lo que hagan después los bancos? Les basta con que el chiringuito no se venga abajo. A ellos, nosotros, plim.

lunes, 27 de octubre de 2008

Variación

Jesús se encuentra con Lázaro, tras haberlo resucitado. Inclinándose hacia él, le pregunta al oído: “Dime, Lázaro, tú que has estado muerto, ¿qué tal al otro lado?”
Lázaro, con pena, en confidencia: “Señor, no le vi la gracia”.
Jesús, sonriendo, enternecido, halagado, le abraza y le asegura con convicción: “Amigo, no te preocupes, la próxima vez, después de mí, se la verás”.

domingo, 26 de octubre de 2008

Comas suspensivas

Ayer envié mi columna al periódico con esta carta:
Queridos amigos;

Os mando el artículo de mañana. En la primera frase hay una falta de ortografía voluntaria y caprichosa. En vez de puntos suspensivos, he usado comas suspensivas, que me parecen que reflejan mucho mejor ese titubeo a mitad de la frase y son menos ortopédicas que los tres puntos y la coma que exige la ortodoxia ortográfica.

Me hace especial ilusión aportar mi granito (o tres) de arena a la heterografía o, si tanto no puede ser, a la extravagancia . Lo hizo (a su modo jenial) JRJ, y está bien la rama que a su tronco sale,,, o lo intenta. En todo caso, si los manuales de estilo del Grupo Joly chirrían demasiado, cambiádmelo y punto (ahora sí, suspensivo).

Un fuerte abrazo,

Enrique

sábado, 25 de octubre de 2008

Se acabó la siesta

Desde que los científicos norteamericanos han descubierto que la siesta es un instrumento eficacísimo de trabajo, pues el cerebro, por lo visto, aprovecha el momento para reubicar todos los datos y para encontrar con pasmosa facilidad la solución a los problemas más arduos, desde que lo han descubierto, ay, me ha entrado un insomnio fatal.
No logro pegar ojo.

viernes, 24 de octubre de 2008

Obras de misericordia

Aprovechando que mis patronos —los altos jerarcas de la Consejería Andaluza de Educación— no deben de ser muy lectores de Alba, les haré a ustedes una confesión. Me he dado cuenta de que mi trabajo consiste en practicar las obras de misericordia espirituales. La extremadamente laica Junta de Andalucía me paga por ello, contribuyendo así de una manera decisiva a mi santificación.

Profesor de instituto, trato de enseñar al que no sabe. Que no saben ya se sabe, y algo les enseñaré en un año, digo yo. Los buenos consejos los intento dar siempre que puedo: los adolescentes los necesitan tanto que algunos incluso los piden. Corregir al que se equivoca es facilísimo: no hace falta aguzar la vista, vaya. Perdonar las injurias cuesta más, como es comprensible, pero qué remedio. Aprender —no le quitemos mérito a los alumnos— cansa, y una manera natural de revolverse es cargar de vez en cuando contra el pobre profesor con un mote definitivo. Uno ha de disponer de la suficiente cintura (y memoria) como para entender que se trata de una venerable tradición educativa.

Después de los exámenes, en cambio, el profesor se reconvierte en paño de lágrimas: ha de consolar al afligido. “Tú puedes, ánimo muchacho, solamente tendrías que estudiar de vez en cuando, sentarte en primera fila, no tirar papeles en clase, dejar de gritar, no hacer novillos, atenderme algo”.

Tolerar los defectos del prójimo, uf. Sobre los defectos del prójimo —o sea, de los múltiples prójimos que nos asedian: alumnos, padres de las criaturas, compañeros y compañeras, como dicen los defectuosos sindicalistas, directivos, altos jerarcas— habría mucho, pero mucho que hablar…, si no tuviese en este momento una viga maestra en el ojo.

La última obra de misericordia espiritual es rezar por los vivos y los muertos, y, si no es lo único, es lo mejor que un profesor puede hacer por sus alumnos. Uno los ve marchar enseguida —los cursos vuelan— y queda lamentándose de que les enseñó poco, que no los corrigió bastante, que se impacientó, que los consoló mal y que los toleró peor. Entonces nos queda la oración, tan versátil.

¿Cómo podría agradecer a la Junta que me empuje a practicar las obras de misericordia espirituales? Y por si fuera poco, ellos hacen conmigo todo el catálogo de las obras de misericordia corporales: dan de comer al hambriento, de beber al sediento, de vestir al desnudo… Dios se lo pague.

jueves, 23 de octubre de 2008

Un muerto y un vivo

Ayer, entre unas llamadas y otras (a favor y en contra), pude leer poco, pero menos da una piedra. Flipe [sic] Benítez Reyes me sorprendió con un juego de manos en El ocaso y el oriente, concretamente en el artículo titulado “Un problema de salud pública”, do dice: “lo fugitivo sólo permanece y dura en un famoso verso de Quevedo, pero en ninguna otra parte se produce ese raro y paradójico fenómeno de permanencia y durabilidad de lo fugitivo”. Uno, a bote pronto, iba a replicar que esa misma colección de artículos de prensa, que yo cuento entre lo mejor de Flipe, es una prueba en contra. Pero no me va a hacer falta recurrir al picotazo del escorpión (i. e., a rebatir a un escritor con sus propios escritos), porque un poco más tarde me dio tiempo a leer un artículo de Julio Camba que viene al pelo. Está en Maneras de ser español (con perdón) y se titula “Un muerto y un vivo”. Se habla allí de la muerte del Sr. Muro. ¿Lo conocen ustedes al Sr. Muro? ¿No, verdad?, a no ser que me hayan precedido en la lectura de este libro de Camba, tan recomendable. Pues bien, ese señor Muro, que sólo se conoce ahora por un artículo (“la frivolidad de estas notas” precisa textualmente su autor), era el jefe de la minoría republicana en el Parlamento en 1907 y fue llorado con mucho sentimiento y solemnidad por el Sr. Dato, por el Sr. Rahola, por el Sr. Barrio y Mier, por el Sr. Francos (con perdón) Rodríguez, por el Sr. Maura y por el Sr. Azcárate, la mayoría de los cuales señores sólo conocemos a su vez por la misma frivolidad fugaz, que dura y permanece, del texto de Camba. "¡Pues no será tan frívolo!", protestarán ustedes y quizá alguno hasta me llame para decírmelo de viva voz. Sí, sí lo es. Sin solución de continuidad se pone a hablar allí mismo de un tal Sr. Espresati, amigo de lo ajeno. Y remata Camba: “el Sr. Espresati es todo lo contrario del Sr. Muro; no de lo que fue el Sr. Muro, sino de lo que es actualmente. El Sr. Muro es un muerto, y el Sr. Espresati es un vivo”. Ea.

miércoles, 22 de octubre de 2008

20 de noviembre de 1975

El primer hecho común de mi generación es el recuerdo de la muerte de Franco. El primero cronológicamente. Y eso tiene su importancia. En cambio es muy decepcionante cuando el personal se pone estupendo "Me alegré mucho porque no tenía colegio". Puede que los que fuesen un poco mayores que yo anduviesen con esas preocupaciones, pero sospecho que ése es un sentimiento superpuesto que se considera políticamente correcto y como gracioso. Yo me recuerdo bastante bien viendo la televisión en el cuarto de estar de casa de mis padres, cruzado en la butaca, con pantalón corto. Creo que vagamente percibía la gravitación de la historia y algo me impresionó mucho, ya sin vaguedades: era la primera vez que veía un muerto.

martes, 21 de octubre de 2008

Dormidina

Todo pasó ayer. En la primera clase, un alumno A [que en realidad se llama Juan Carlos Villalpando] se me dormía. Era curioso ver cómo se le cerraban los ojos, primero uno, el otro se le ponía en blanco y, luego, poco a poco, afortunadamente, se le cerraba también, hasta que A. daba un cabezazo, plin, y volvía a despertarse. Estaba haciendo un esfuerzo grande por oírme. Al final de la clase vino a disculparse y sacamos en claro que se pasa las noches en claro (o no tanto, sólo está hasta las tantas en los chats).

En otra clase, un alumno B [de hecho se apellida B.] se hacía el dormido. En este caso era por fastidiar(me). Una huelga de párpados caídos. De vez en cuando, sin embargo, abría el ojo para ver cómo iba su lucha de clase. Mientras yo explicaba las nuevas organizaciones empresariales, iba pensando qué diferencia entre el sueño del primero y el del segundo.

Y así iba a dejar la cosa. Ni lo conté en casa ni pensaba hacerlo aquí, pero por la noche, tarde, en la cama, Leonor me pidió: “Cuéntame algo, que no me das cordel”. Yo le dije: “Es tarde. Tratemos de dormir”. A lo que replicó: “Es que oyéndote me entra el sueño...” Ah, con que eso es.

lunes, 20 de octubre de 2008

Vitamina C

¿Qué mejor para empezar el lunes con energía que un buen vaso de zumo para el desayuno? El barbero del rey de Suecia ha exprimido Cuadernos 1957-1972 de E. M. Cioran. Sabe un poco ácido, pero lleva mucha vitamina C, naturalmente.

Sólo hay una nostalgia: la del Paraíso. Y tal vez la de España.
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La cosa más difícil del mundo es hablar de uno mismo sin exasperar a los demás. Una confesión sólo es tolerable, si el autor se disfraza de pobre diablo.
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Me extraña que no sintamos envidia de quienes tiene la facultad de rezar, mientras que sentimos la mayor envidia de las riquezas y los éxitos exteriores de los demás.
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Lo importante en el arte es su necesidad.
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Si se quiere dar vivacidad al estilo, hay que rozar la incorrección en todo instante.
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Meditar es oponerse a la abundancia de las ideas.
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Sólo hay que escribir y, sobre todo publicar cosas que hagan daño, es decir, que recordemos.
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Si la palabra nobleza tiene algún sentido, sería tan sólo el de designar el consentimiento a morir por una causa perdida.
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Las sociedades igualitarias son más fáciles de destruir que las compartimentadas.
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Tener experiencia significa expiar los entusiasmos.
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Bach es para mí una anti-duda.
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El pecado no es estar triste, sino amar la tristeza.
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Reírse burlonamente o rezar: todo lo demás es accesorio.
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No es el absurdo lo que se opone al misterio, es la nada. El misterio es señal del ser.
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¿Los instantes de mi vida que más cuentan? Aquellos en que no hacía nada, en que permanecía tumbado, atento al paso del tiempo o rumiando alguna pregunta. Nada supera a la meditación, que es la forma suprema del ocio. El tiempo vacío de la meditación es, a decir verdad, el único tiempo lleno.
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Hay que atenerse a un solo idioma y ahondar en su conocimiento de la mañana a la noche. Para un escritor francés, una conversación con su portera es más provechosa que una plática con un gran sabio en una lengua extranjera.
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Sociedad y prohibiciones son términos correlativos.
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Odio y acontecimiento son sinónimos. […] La bondad por el contrario es estática; conserva, detiene…
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[Sobre los estudios lingüísticos] Las dificultades concretas con las que he tropezado me bastan, ¿para qué voy a afrontar las abstractas?

domingo, 19 de octubre de 2008

Trampolines

Si me permiten la grandilocuencia, estoy como Sansón. No sólo porque no tengo tiempo ni de ir a la peluquería, sino porque las columnas se me van a caer encima. Cada vez empujo más. También escribo en la revista Misión, a la que podéis suscribiros gratuitamente, y a partir de ahora otra columna los domingos en el Grupo Joly. Los muy forofos (Dios os lo pague) podéis leer los artículos: allí (hacer click en "La revista", PDF, p.8, preciosa ilustración) y aquí .

Disculpen los escombros.

Aniversario

El 19 de octubre de 1503 el ejército francés, al mando del mariscal De Rieux, levantaba el sitio de Salsas y emprendía una desastrosa retirada del Rosellón hasta Narbona. La canción con que se recuerda el acontecimiento es graciosa. Pérez-Reverte insiste en que ser español es saber perder. Por lo visto, también se sabe ganar:
[...]
Los franceses de París
devotos de San Donís
dexaron la flor de lis
metida en un botijón.

Franceses ¿por qué razón
fuístes de Ruysellón?

Ellos son onbres jentiles,
mas los nobles y aviles
si les faltan los barriles
les falleçe el coraçón.

Françeses, ¿por qué razón
fuístes de Ruysellón?
[...]

sábado, 18 de octubre de 2008

Hombres-anuncio

Como buen centrista, Gallardón acierta a medias y se equivoca a medias. Lo malo es que la mitad correcta suele ser por inercia y la equivocada por empuje. Lo último ha sido prohibir a los hombres-anuncio porque ese trabajo atenta contra su dignidad.

La parte acertada es hablar de dignidad. Ni los políticos más progresistas de uno y de otro signo pueden desprenderse del código de valores de nuestro siglo de Oro (de hondas raíces judeocristianas) y en cuanto se descuidan ya están hablando muy huecos de la dignidad del hombre o querellándose calderonianos por ofensas a su honor. A uno, que tira a anacrónico, le resulta gratificante comprobar que Gallardón sigue teniendo en cuenta esas antiguallas imprescindibles.

Lo equivocado es el resto. ¿Por qué se preocupa solamente de los hombres-anuncio, y no de la dignidad de los embriones a los que arrasa la píldora abortiva? ¿Y del honor de las mujeres que se prostituyen en las esquinas? Esta discriminación positiva y prohibitiva a favor, digamos, de unos pero no de otros resulta un tanto sospechosa.

Luego está el quid. ¿Por qué es indigno trabajar de hombre-anuncio? ¿Qué tiene de menos honorable que ser político, sin ir más lejos? El hombre-anuncio va con un cartel y el político va en un cartel. El hombre-anuncio vende algo, pero no se vende él, ni nos sonríe a la fuerza, adulador.
Hay mal pensados que opinan que la decisión del alcalde responde a su interés por rentabilizar sus chirimbolos publicitarios y que está eliminándose la competencia de un bandazo municipal. Eso sería lo mejor, porque la otra lectura es que para Gallardón la dignidad de un oficio depende del beneficio. Los deportistas, embadurnados de anuncios de los pies a la cabeza, sí le parecen muy fotogénicos a don Alberto.

Tampoco le preguntó a los interesados. Los que han salido hablando por la tele no tendrían inconveniente en ser alcaldes de Madrid o asesores del mismo, pero no abrigaban grandes dudas sobre su propia dignidad personal. Por lo menos hasta ahora.

Quizá ustedes piensen que exagero, pero yo creo que no. Me parece grave que un responsable público considere indigna una forma honrada de ganarse el pan. Además me siento un poco aludido: ¿o es que un columnista, con su carita asomando por encima de su artículo, no tiene toda la pinta de un hombre-anuncio?

viernes, 17 de octubre de 2008

Campanadas

Las lecturas como cerezas, entrelazadas, fue la imagen bucólica que usé el otro día. La imagen que me ha venido de pronto ha sido la de las lecturas como uvas que procuramos tomarnos al son de las doce campanadas. Nunca da tiempo y se mezclan en nuestra boca el dulzor y el ahogo, la prisa y la risa, las pepitas y el zumo, unas con otras... Las campanadas, mientras, nos pisan los talones, se precipitan. Una uva nerviosa espera en la mano alzada y muchas otras aguardan en el plato todavía.

jueves, 16 de octubre de 2008

La virtud educativa de la desgracia

Joven y bella, Carlota Sofía Willhöft, después de haberse sacrificado mucho por su marido, el poeta Enrique Stieglitz y viendo que su obra no adelantaba gran cosa, decidió matarse. Pensó que la profundidad del dolor le provocaría alguna poesía extraordinaria. Dejó escrito: “Había agotado todos los medios que me sugería mi espíritu estimulado por el amor y el deber. Entonces es cuando pensé en la virtud educativa de la desgracia”.

Lo cuenta José Jiménez Lozano en Segundo abecedario y lo cuento yo, estremecido, cada vez que tengo ocasión. Cuando me escucha Leonor dejo muy claro, eso sí, que el sacrificio de Carlota fue inútil del todo. Su marido la sobrevivió quince años, en los que siguió intentándolo, pero nada.

El otro día volví a contarlo. A mitad de la historia me di cuenta de que la mujer de un músico allí presente ponía una cara de honda tristeza. Quizá ella se lo estaba pensando y descubría ahora que ni eso sirve. O quizá se asombraba de la generosidad de Carlota, aún mayor que la suya, que es muy grande. Fuese lo que fuese, su melancolía era indudable.

Por ella le busqué a la historia un final feliz, dentro de lo que permiten los hechos. Y lo encontré: Carlota murió de un accidente y en ese momento su marido, con la frialdad que da la inspiración —en el ojo del huracán sentimental—, concibió, por fin, una obra insuperable. Él redactó la carta de suicidio de su joven esposa.

Quedaría marcado como un mediocre sin remedio, pero qué importaba —incluso lo fomentaría para darle a la historia un patetismo más redondo. A cambio su mujer se transfiguraba en un símbolo de entrega y sacrificio, en una heroína romántica cuyo gesto sería recordado en libros y en artículos y en innumerables reuniones de artistas y escritores. La belleza fugaz de Carlota sería evocada con una emoción intensa y perdurable.

Aquella carta fue la gran obra de Enrique Stieglitz.

martes, 14 de octubre de 2008

Le Clézio

Que es un Nobel bajo en nicotina o que la crisis afectó al jurado, eso diría uno sobre J.M.G. Le Clézio de tener espíritu epigramático. Como lo tengo didáctico y no le he leído, explicaré por qué no pienso hacerlo.

Borges, harto de esperar el Nobel, explotó: “A los suecos se les da mejor inventar la dinamita que fallar premios literarios”. Yo añadiría que dar premios literarios sólo se le da bien al anónimo lector en el silencio emocionado de su sillón. Todo lo demás —academias, artículos, comentarios, discursos— es intrusismo profesional.

Se juntan en Estocolmo unos señores ignotos y deciden qué va a leer medio mundo. Yo me resisto a caer en ese síndrome. En mi calendario de lecturas no tolero interferencias ni de la editorial Planeta ni de Gustavo de Suecia.

¿Cómo me trazo el calendario? Con el sistema de las cerezas. Ya notó Lope que, cuando uno coge una, se lleva, enganchadas, todas las del plato. En los libros que me entusiasman encuentro los que me entusiasmarán: ésos que los autores que admiro citan y recomiendan. Es una aventura interminable en la que uno tiene la sensación de estar en una fiesta donde unos amigos te van presentando a otros.

Quizá Le Clézio sea la pera, pero me parece extraño que nadie me lo haya presentado jamás. Se moverá tal vez por otros ambientes... Alguna vez puede que alguno de los míos me anime a leerlo, no lo descarto; mientras tanto, sin embargo, este Nobel me lo voy a fumar.

domingo, 12 de octubre de 2008

Raymond Queneau

Dios mío, qué ganas de escribir un pequeño poema…
¡Mira, mira!, ahora mismo va pasando uno.
Pss pss pss
ven para acá para que yo te incluya
en el archivo con mis otros poemas
ven acá para que te entube
en los comprimidos de mis obras completas
ven acá para que te empoete
para que te enrime
para que te enritme
para que te lirifique
para que te enverse
para que te emprose
para que te agarre
ven acá…
¡Vaya!
.............Se me escapó.

sábado, 11 de octubre de 2008

Caná

En la Biblia todo relata un hecho y revela un misterio. El misterio del milagro de las bodas de Caná es inagotable (como el vino mejor) y da para múltiples enseñanzas. Desde la honda lectura de B16, hasta la mía de hoy, muy particular, donde traigo el agua (y el vino) a mi molino. Esta tarde (17:30) se casa --D.m.-- mi hermano Jaime, y asisteremos a otra transformación milagrosa. Entrará una chica en la Iglesia y saldrá de allí una nueva hermana nuestra.

viernes, 10 de octubre de 2008

Faltas de ortografía

Chesterton sólo daba dos consejos a los columnistas: no hacer caso de los consejos y publicar siempre el artículo en el periódico menos apropiado. Mandar, si uno escribe para el Catholic Weekly y para el Daily Express, el artículo confesional al periódico laico y la columna frívola al semanario católico. Eso hice la semana pasada: mandé un artículo celebrando el ochenta aniversario del Opus Dei al otro periódico. Y ahora, en Alba, me dispongo a hablarles a ustedes de las faltas de ortografía.

En ese artículo sobre el Opus Dei se me coló una. Acentué un “cuanto”, pronombre comparativo de cantidad, como si fuese un exclamativo. En realidad, la alegría de la efeméride me hizo subir el tono de todas mis palabras y la emoción rompió por esa tilde. Eso es lo bonito de las faltas, que no sean un borrón, sino que sirvan como rasguño a través del cual se pueda atisbar el alma del escritor.
Ha dado mucho que hablar la falta garrafal del insigne poeta Luis García Montero en su artículo de El País de Andalucía del sábado, 20 de septiembre: “Y haber quién crea puestos de trabajo, quién le da de comer a los moros y a los ecuatorianos. […] haber cómo van a vivir”. A mí, sin embargo, me parece una falta muy apropiada en un materialista dialéctico: ellos, que lo ven todo a través de la estructura económica, a ver qué van haber si no son haberes.

Pongámonos algo más líricos con esta canción tradicional: “—¿Dó venís, casada,/ tan placentera?/ —Bengo de ber el campo/ i el alameda”. Supongo que cuando se transcribió no estaban claras las reglas ortográficas y no se puede hablar, por tanto, de faltas, pero esas imprecisiones, leídas con ojos de hoy, reconozcamos que dan un toque picaroncillo y travieso a toda la canción que viene muy a cuento.

Habrá quien piense que me estoy poniendo la venda antes de la herida, pues ya ha empezado el curso y dentro de nada estaré corrigiendo exámenes de mis alumnos, poco amigos de la gramática. Pero se equivoca. La insistencia en la corrección ha hecho que muchos confundan escribir bien con hacerlo sin errores, y aunque lo segundo es necesario, lo primero es lo fundamental.

Si otro sospecha que pretendo celebrar el aniversario del Opus Dei también aquí, cumpliendo y burlando a la vez los dos consejos de Chesterton y hablando, de paso, de mis dos oficios —la escritura y la enseñanza—, ése quizá acierte.

jueves, 9 de octubre de 2008

Los sueños frágiles

Hace unos meses alguien me dio un disgusto. En realidad, un disgusto muy pequeño, y que las circunstancias hacían comprensible. Tardé dos días (y fue mucho) en disculparle y decirme: "agua pasada". Sin embargo, desde entonces sueño con aquello, adornado con los arabescos propios de las pesadillas. Qué frágiles somos por dentro.

miércoles, 8 de octubre de 2008

Su verdadero título

Donde, siguiendo los consejos
de mis mejores detractores,
hablo de pájaros y flores:
concretamente de vencejos
de golondrinas y de aviones.

martes, 7 de octubre de 2008

Feliz coincidencia

La Gaceta me paga puntualmente estos artículos, lo que es muy de agradecer. Yo, hasta ahora, con la alegría de ver el ingreso meticuloso, no había caído en que cobro por mis dos colaboraciones a la semana lo mismo exactamente que Ángeles, nuestra asistenta. Soy un gran aficionado a las casualidades, convencido como estoy de que esconden un mensaje, sobre todo porque no existen. Lo explica muy bien el protagonista de V de Vendetta: “Yo, como Dios, ni juego al azar ni creo en la casualidad”. Por consiguiente, corro a celebrar la feliz coincidencia con Ángeles.

Me mira asombrada. No se imaginaba ella que esas horas mías de despacho obseso, con el ordenador parpadeando ansioso, rodeado de libros gordísimos —si no siempre entendidos, siempre abiertos—, con la cara pensativa y la vista perdida en el infinito…, no dieran de sí más que su trabajo oyendo la Cadena Cien a tope. Le agradezco de corazón el asombro.

Yo creo que es precioso que cobremos lo mismo, argumento. A fin de cuentas, los dos estamos trabajando a la vez en el mismo sitio, y mientras ella pasa la aspiradora con la música, ya digo, a tope tope, yo trato de oír el susurro de las musas. Y además de bonito, me parece muy motivador. Ojalá uno consiguiese una prosa tan limpia, tan fresca, tan ordenada y luminosa como queda nuestra casa por las mañanas después de que pase Ángeles por ella.

lunes, 6 de octubre de 2008

Aldabonazo Newman

El mismo día en que decido no transplantar al blogg mi artículo en Alba sobre Newman por pereza de las polémicas y por miedo a molestar, el mismo John Henry, por la tarde, me pega desde 1834 y su sermón en la fiesta de san Bartolomé, apóstol, un aldabonazo en la conciencia de no te menees:
Me temo que hemos de admitir que nuestra amabilidad, en vez de ser directamente regida y sostenida por los principios, con demasiada frecuencia se convierte en algo lánguido y vacío de significado, que se ejerce sobre aspectos que no son pretinentes u oportunos y que, por tanto, nos hace incurrir en una falta de caridad por dos razones: primero, porque nos lleva a ser indulgentes con los que deberían ser amonestados y, segundo, porque nos lleva a preferir consolarles a ellos en vez de a los que lo merecen realmente.
En comentarios reproduzco inmediatamente mi artículo.

domingo, 5 de octubre de 2008

Constato un hecho

En la boda de ayer, en el marco incomparable del consistorio jerezano, el momento más emocionante fue cuando la señora alcaldesa recordó que el Código Civil manda a la nueva pareja, (bueno, la pareja venía de largo, digamos al nuevo matrimonio) compartir paritariamente las tareas domésticas. Ella le echó entonces una mirada intensa, como quien da un codazo, y él sonrió, tímido, abrumado por el peso de la nueva responsabilidad. Un estremecimiento sentimental recorrió la sala.
A la salida, los invitados comentaban el lance.

viernes, 3 de octubre de 2008

Vuelta al cole

Cada profesión tiene sus épocas duras: abril para los poetas, mayo para los alergólogos, junio para los asesores fiscales, julio para los instaladores de aire acondicionado, agosto para los camareros, septiembre para los vendimiadores y octubre para los profesores de instituto. Al papeleo iniciático de las programaciones, se une la desazón de ver qué primera impresión conseguimos causar a los alumnos.

No se trata (o no sólo) de la vanidad de gustarles muchísimo. Nos va en ello el llamado proceso de enseñanza-aprendizaje de todo un año. Porque uno es profesor tiene muy en cuenta a sus maestros, y Eugenio d’Ors lo avisó con palabras que me repito cada octubre: “Ninguna crítica tan segura y rápida sobre maestros y educadores que la de sus discípulos desde el primer día. Unos muchachos están sentados en un banco; un desconocido profesor se presenta anta ellos y les habla. A la hora de la lección, aquéllos ya le han tomado, y para siempre, la medida”. Es para echarse a temblar, ¿no?

Yo me propongo: pondré mi mejor cara. Pero la mejor, ¿cuál es? ¿Suelto todos mis chistes? Eso tiene el problema de que me quedo sin ellos para el resto del curso y, además, Unamuno, como un búho severo, amonesta desde la encina de mi conciencia: “El que enseña jugando acaba jugando a enseñar”. ¿Me pongo muy serio entonces? Qué dudas.

Menos mal que para el día de los difuntos, ya todo estará claro.

jueves, 2 de octubre de 2008

Geranio rojo

La drogadicta del barrio de Santa Clara, que trabaja de gorrilla en el centro comercial, se había puesto un geranio rojo en el ojal de su camisa sucia. Parecía más joven, aunque no tanto como lo será. Daban ganas de piropearle el complemento. No supe cómo.

martes, 30 de septiembre de 2008

Adiós

He leído este aforismo de JRJ con la admiración de siempre y con un inmenso afán de emulación. Se titula “Adiós” y dice:

Si yo pudiera haría un viaje indefinido a América del Norte, país donde me encuentro tan a gusto, para darme cuenta de la verdadera dimensión de España y para, perdido lo pequeño, amarla más. Esto no me es ahora posible, y voy a hacer el viaje idealmente recojiéndome, apartándome, aislándome en casi todo.

Ruego, pues, a los escritores y artistas jóvenes que me distinguen con su frecuencia, que no lo tomen a menosprecio, que me consideren ausente, que si les interesa mi trabajo, inventen correspondencias más profundas y sutiles que la visita y la carta innecesaria. Yo compro siempre los libros que me interesan o me gustan. De modo que tampoco se consideren obligados a enviarme sus cosas; que nuestra relación quede reducida y ampliada a nuestra obra objetivada. La mejor amistad estuvo siempre sustentada por la ausencia o la muerte.

La cita es larga pero perfecta. Lo que no es perfecto es mi afán de emulación, porque no lo necesito. A mí no me visitan los escritores ni los artistas jóvenes, ni me envían nada. De manera que lo que le envidio a JRJ no es la soledad —que ya la tengo, por su gusto y el mío—, sino el jesto torero de dar un portazo como el que pega media verónica.
Tampoco me hace falta, para amar más a España, irme a América.

En fin, que estoy mejor que quiero.