jueves, 14 de junio de 2018

Elogio de la continuación


Un amigo me recuerda la entrada de cuando Leonor se fue; y recuerdo que la dejé a la mitad. Puse "continuará" y no la continué. Sé bien por qué: escribía con un día de retraso y cuando llegó Leonor tenía que poner lo que pasó cuando no estaba pero yo ya no estaba para eso. La presencia anula la ausencia, la actual y también la del pasado.

Dejaré el "continuará" porque es bonito pensar que continuó, y fue horrible, pero que luego no me importó nada.


domingo, 10 de junio de 2018

Vaya


Estoy viendo, con enorme interés, la entrevista que Pablo Iglesias hace a Juan Manuel de Prada. Mi hijo Quique se sienta a mi lado, cariñoso. De golpe, Iglesias le pregunta por su libro Coños. Quique pega un salto y se le ponen tiesas las orejas. Ha identificado una palabrota de las gordas. Mira mi tableta. Yo no doy con el botón del apagado. Y en esas sale la gráfica cubierta del libro. Muy gráfica. La mira abrumado. No es un palabrota abstracta y está ahí, en el libro. Al principio, me ha fastidiado la situación, pero cuando al fin he conseguido apagar la tableta, he pensado que estaba bien. Cuando Quique sea mayor le contaré que su primera visión del sexo femenino en toda su crudeza fue bastante literaria y tuvo a su padre de azorado espectador. Supongo que hay mejores maneras de encontrarse con la palabra, pero también las hay mucho peores.




jueves, 7 de junio de 2018

Igual en ambos casos


Releyendo Léxico familiar de Natalia Ginzburg, me acuerdo de mi madre. Pero no en general, sino algo concreto. Cuando murió mi abuelo, ella se compró un cuaderno y empezó a apuntar las frases y las expresiones y las historias que contaba su padre. Como Natalia Ginzburg sabia que aquellas frases eran nuestro latín y que bastaba recordarlas, como un conjuro, para sentir su presencia más viva.

Como se me mezclan las fechas, ahora no recuerdo cuando leyó mi madre Léxico familiar, aunque sí que se lo regalé yo. No sé, por tanto, si escribió el cuaderno porque había entendido perfectamente a la Ginzburg o si cuando leyó a la Ginzburg la entendió perfectamente porque había escrito su cuaderno. Mi emoción es igual en ambos casos.


miércoles, 6 de junio de 2018

Pesadillas románticas


Hace mucho que no sueño con que tengo suspendida una asignatura de Derecho. El lunes tuve terribles pesadillas con que Leonor me dejaba. Y digo "terribles" a sabiendas. Cuando me desperté, tempranísimo, la vi haciendo las maletas.

Pero no me asusté, porque sabía que se iba tres días de viaje de trabajo. Me gustó haber interiorizado mi angustia de marido abandonado de una forma tan novelesca y dramática.

El mal cuerpo me duró todo el día.

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Tratando de manejar a los niños grito "¡Coño!" dos veces. Parezco Tejero dando un impotente golpe de Estado.

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Cuando hablamos por la noche por teléfono es una conversación de cansancios.

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Al mismo niño que anoche tuve que castigar porque no quería tomarse una coliflor rebozada, acabo de pillarlo en la cocina comiendo el pienso de la perra. ¿Esas cosas no pasan cuando Leonor está en casa?

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Me llaman continuamente. Ahora a Quique le ha entrado jabón en los ojos y pide perentoriamente una toalla. "¿No ves que no paras de pedir cosas, Quique?" "¡Cómo quieres que vea nada, papá, si me ha entrado jabón en los ojos!"

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En nuestro cuarto de baño estaba duchándose Carmen. Era para ganar tiempo. Pero tardaba mucho. Subí. Me la encontré con una fregona que parecía la pértiga de una góndola de Venecia, tratando de recoger las aguas que había derramado. Lloraba tanto que yo creo que subía el nivel de las aguas, las saladas, sus lágrimas, las más dulces. "La he liado, papá, la he liado". 

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Por fin los he sentado a ver una película de acuerdo a mi estado de ánimo: Capitán Blood.

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Vemos que Olivia de Havilland está a la vez enfadada y enamorada. Carmen dictamina: "Está enfamorada".

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Ahora, cuando ya los he acostado, y podría ponerme a leer, me toca, encima, llamar a Leonor. En condiciones normales, habríamos hablado mucho mientras comíamos, cenábamos, se bañaban los niños...

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Despertarse por la noche y poder encender la luz. Qué comodidad más triste. Cuando uno trastea por su cuarto palpando la oscuridad, está, ahora lo veo, acariciando a su mujer que duerme.

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Levantarse temprano y que la primera frase que acuda a tus labios sea: "¡Mañana será otro día!"



[continuará]

lunes, 4 de junio de 2018

Reverencia de barbero


Un humilde barbero reconoce a un elegante peluquero, qué digo, peluquero, ¡estilista! Y aunque sea barbero del rey de Suecia, también humilde, pues el peluquero lo es De Homero a Kafka.


sábado, 2 de junio de 2018

Candelabro de siete aforismos

Un buen amigo me ficha para una antología de aforistas y Dios. Él los buscará en Palomas y serpientes y yo los rebusco entre los inéditos. Encuentro entos:


Dios nos ve siempre desde lejos, exactamente haciendo equilibrios sobre la fina línea del horizonte. 
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Dios no aplica ningún Código Penal, sino, apenas, la ley de la causalidad. 
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Cuando Dios encarga libros, lo llama “inspiración”. 
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Cuando la poesía habla de Dios, juega en casa. Si habla de la muerte, de visitante. 
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El yo es ese desconocido que nos presenta Dios. 
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La providencia es el deus ex machina de Dios. 
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Dios es con lo que amamos.