lunes, 22 de octubre de 2018

Bandera del sol poniente



Hablando de Japón y España, hace unos años Zahara de los Atunes convocó un concurso para adoptar una bandera. Yo, inspirándome en la bandera de combate del Imperio Japonés con el sol naciente, propuse, cambiando el rojo del amanecer por el naranja del crepúsculo: la bandera del sol poniente. ¿Acaso las puestas de sol de Zahara no son imperiales? Con el optimismo que me caracteriza, creo que habría ganado, pero llegué fuera de plazo, con el despiste que me caracteriza. 



sábado, 20 de octubre de 2018

Democracia de sobrepeso


Hace unos días me encontré por la calle al nieto de unos íntimos amigos de mi abuela. Tiene exactamente mi edad. No iba a mi cole, pero de niños coincidíamos bastante. Él tenía un ligero retraso mental, pero ahora no se lo noté. Me fijé más, sorprendido, y, en efecto, no se le notaba nada. Como yo iba con Enriquito, lo saludó muy cariñoso y ni con los niños, que todo el mundo suele meter la pata, le vi nada raro. Me alegré lo indecible. Pensé en Jünger, que decía que el nivel había bajado tanto, que un amigo suyo sobresalía ahora cuando antes no. Jünger lo dice de lo ideológico, pero yo lo aplicaba a  lo intelectual, y era exacto. Alargué el encuentro cuanto pude de lo contento que estaba, yo que siempre voy con prisas.

Había engordado bastante, como yo, y a él, al menos, le sentaba muy bien. Le iba que ni pintado con el nuevo poso que ha adquirido. También eso me puso muy contento. 

Impresionado, he cogido carrerilla con esta visión positiva de cierto sobrepeso. Me he fijado y hay bastantes de mi edad a los que la gordura les da cierta solidez. Se está convirtiendo en un signo generacional. Me he acordado entonces de lo de la democracia de ultratumba que dicen los críticos hablando de la Edad Media y de la muerte que nos iguala a todos. Y he pensado que cierto sobrepeso tiene también un cariz muy democrático a ciertas edades. 




viernes, 19 de octubre de 2018

Otoño


El sol refleja
en la pantalla y no
bajo el estor.


Sabores



Como de buena mañana yo me levanto agotado y Leonor en pleno dominio de sus facultades, no deja de chocarme tanto encargo, orden, observación, consejo, reproche por lo dejado de hacer y recordatorio de lo pendiente. Luego, en el trabajo, yo también más repuesto, con las compañeras todo son sonrisas y buenas maneras y correos encantadores y muchas gracias en todos los sentidos. Me parece muy bien, por supuesto, porque da gusto trabajar con personas a las que gusta su trabajo, pero me paro un momento, suspiro, sonrío y me digo: "Menos mal que, mucho más que el dulce, me gusta el sabor ácido".


jueves, 18 de octubre de 2018

Entre el muro y el foso


Escribir un artículo, cuando estás inmerso en él, tiene mucho de estar rodeado de enemigos, entre el muro y el foso, con una espada desnuda. Tienes que luchar contra el tiempo y contra el espacio, ay, el plazo de entrega y, ay, el número de palabras, cada cual más inflexible. También con la lectura que querría hacer quien te ha pedido el artículo y con las exigencias del medio y con la lectura que van a hacer esos amigos, conocidos y saludados de cuyo criterio te fías y, por tanto, temes como afilados alfanjes. Tienes que ser fiel al asunto, pero, a la vez, decir algo nuevo y también, ahora por la espalda, tener en cuenta lo que tantos otros han escrito y, ¡cuidado!, no perder tu estilo ni tu tono en la refriega. No puedes olvidar la amenidad. Menos aún la profundidad. Ser serio. Divertir. Ilustrar. Iluminar… Cuántos mandobles a diestro y a siniestro.

Desde fuera me han dicho que alguien escribiendo parece pasivo, aburrido, quieto…




miércoles, 17 de octubre de 2018

Hospital de campaña


Cuando aparco el coche, a la vuelta del IES, el corazón me da un repique de campana de gloria porque recuerdo, de pronto, que en casa están los niños. Qué alegría verlos ahora. Carmen tenía fiebre y Enrique se cayó ayer en el comedor, se rompió un plato de porcelana, se lo clavó y tiene siete puntos en la palma de la mano.

No sé si debería sentirme mal por la alegría de tenerlos en casa. Carmen se pone enferma como yo. Parece que agoniza. Me hace gracia el vivo retrato, tan moribunda. Está a un tris de testar. No le sale la voz del cuerpo y yo tengo que volverme para que no me salga la risa.

Enrique es todo lo contrario. Cuando lo recogimos del colegio y de camino al médico, estaba un poco impresionado. Le propuse que gastase una broma y se mondaba. Una vez en la camilla, cuando la doctora iba con la jeringuilla de la anestesia hacia él, la recordó, pero le salió seria. Normal, como que vencía los nervios del momento. Dijo: "Doctora, no se preocupe usted y corte por lo sano". Hizo el gesto de aserrarse el antebrazo. Entre el tono del niño y que quizá un médico no es la persona más adecuada para entender el humor negro o, mejor dicho, rojo, la doctora, rauda y seria, empezó a consolarle muy preocupada por el estado psicológico del niño: "Todo está sano, ya verás, no hay que amputar nada, te lo prometo". Como la madre andaba mareada, el único que se rió fui yo.

Lo heteropatriarcal de mí se hinchió de orgullo al ver que el niño soportó la jeringuilla, el bisturí y la aguja como si nada.

Así que ahora llego a un hospital de campaña con el corazón nada compungido, lo confieso.




martes, 16 de octubre de 2018

Autorrecato en mí


Estupendas sensaciones al empezar a leer Autorretrato en mí, de Arumburu. Estupendas y no las nubla, en absoluto, el efecto “salto de página” que me asalta. Estoy leyendo un texto magnífico, de esos que hacen que secretamente te identifiques, porque es una situación soñada. Oh, el encuentro con una antigua novia mientras presentas un libro en un salón abarrotado. Qué maravilla, y además se pone en la fila de las dedicatorias, y qué bien lo cuenta Aramburu. Yo, sin embargo, lo habría cortado justo cuando acaba la primera página, por lo sano. Todo lo que se añade después, sobra para el relámpago de emoción ya conseguido. Es mi impresión, reforzada, ya digo, por el efecto "salto de página". Puedo estar equivocado. Hagan la prueba:



Y esto es lo que sigue, que yo dejaría seguir en el sentimiento implícito del lector:


Si estoy equivocado, no dejaría de hacerme gracia. ¡Un andaluz más reservado que un vasco-alemán!


lunes, 15 de octubre de 2018

Ejemplo


Como ya no soy jefe de estudios, monto mis guardias en el IES, como está mandado, y a primera hora del lunes. Hoy me ha tocado meterme en una clase de 1º de ESO. Les he soltado, de buena mañana, un discurso motivacional: una hora es oro. E íbamos a aprovecharla, y yo el primero. Me he puesto, muy serio, a predicar con el ejemplo, y a escribir mi artículo muy laborioso. Tanto que, para hacer honor a mi penúltimo artículo, me ha salido en un periquete. Buena parte del mérito, lo tienen ellos que han trabajado muchísimo.

¿Y ahora, qué? No voy a ponerme a mariposear el último cuarto de hora.

Pues me he venido al blogg y he escrito esto, aunque sólo sea por disimular.


domingo, 14 de octubre de 2018

¿Qué dejó?


El Evangelio de la misa de hoy tiene un golpe de humor que casi me hace soltar la carcajada. Fíjense en el lapsus freudiano del joven rico. El muchacho se postra ante Jesús y le pregunta: "Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?". O sea, que el muchacho que era muy rico y que no podría desprenderse de sus riquezas para seguir al Señor, pensaba, desde el principio, en los términos más patrimoniales. "Heredar", dice, como avisando. En "Las Coplas a la muerte de Don Guido", ya Antonio Machado clavó que hay quienes sólo preguntan ante un difunto "¿Qué dejaste?". Sólo con eso los retrata. ¿Se reiría don Antonio, como yo, con ese arranque del Evangelio?


jueves, 11 de octubre de 2018

Castigo y don


Nadie escribe peor que yo. Hay que echarse a la cara mi primera redacción de cualquier cosa. A menudo me pregunto cómo se puede hacer tan mal. Eso, sin embargo, es mi principal don como escritor, porque me fuerza a confiar cerrilmente en la corrección incansable. Escribo y es una mole basta de piedra. Ahora tengo que esculpir. O un montón de barro. Ahora tengo que mancharme. Menos torpeza, y yo me confiaría. Acepto mi trabajo cerril como una redención palpable, evidente, necesaria, imprescindible.


martes, 9 de octubre de 2018

Luz


Me encontraba a gente en la playa solitaria y les comentaba, extasiado: “¡Qué septiembre estamos teniendo!” Me replicaban: “Igual que el del año pasado”. Y yo quedaba perplejo, porque el año pasado, de jefe de estudios, con los horarios y con los alborotos del comienzo de curso, ni sospeché siquiera que pudiese haber tanta belleza a media hora del centro.

Creí que ese asombro se me iba a pasar con el mes de septiembre. Pero es octubre y ahora paseo por el pasillo del mismo centro y estoy a un tris de pararme a cada rato a admirar la luz cenital; y me encanta llegar a clase, saludar a mis alumnos, hablar un rato y ya ha pasado la hora y salir; y ya está.

Espero que este efecto me dure mucho, por la felicidad, claro, pero también porque tendría que hacerme jefe de estudios otra vez, como el que cae, plof, en una marmita de poción mágica y casi se ahoga y sólo por los pelos lo sacan Obélix. Pero todavía queda mucho. ¡Qué luz entra por la ventana mientras los alumnos, en un prodigioso silencio, hacen su primer ejercicio!




domingo, 7 de octubre de 2018

Qué asco


Carmencita va a suspender un examen entre el apenas disimulado orgullo de su padre. Tiene que estudiarse el aparato digestivo y sus funciones, y cada vez que conseguimos sentarla ante el tema, empieza a quejarse: "¡Qué asco! ¡Pero quééé aaasssco!"

Podría tomármelo a mal y pensar que está cayendo en el gnosticismo, pero creo que el temperamento artístico está siendo decisivo. Va a suspender por una objeción de conciencia estética. A cambio, le he obligado a aprenderse el verso de Rimbaud: "Par délicatesseJ'ai perdu ma vie". A ver si es francés saca sobresaliente, y compensa.



miércoles, 3 de octubre de 2018

Palomas y montañas


Enriquito me pregunta: "Papa, ¿qué prefieres Twitter o las palomas mensajeras?" Me río y le contesto naturalmente que las palomas mensajeras. Espero que no me pregunte por mi coherencia vital.

Carmen me enseña un cartel publicitario del teatro que ha tenido que hacer de tarea para el colegio. Le alabo el precioso caligrama de la montaña de la diversión. Me confiesa que se le ocurrió en vista de lo torcida que le salió la primera palabra. Y entonces se lo alabo más. El talento que más me gusta, quizá por razones obvias, es el que logra sacar partido de nuestros defectos. No sé si me sobrepaso, pero se lo valoro mucho más que si lo hubiese planteado de antemano.


lunes, 1 de octubre de 2018

Sinceridad subconsciente


Quedo con un escritor que veo casi de año en año, pero al que considero un amigo. Y, en efecto, la conversación fluye con una naturalidad total, saltando de la literatura a la vida profesional y a la intimidad con esa agilidad de gimnasta que sólo da la amistad. Le pregunto en qué trabaja ahora y me cuenta sus proyectos, abiertos en abanico. Cuando me pregunta por los míos, me quedo en blanco, y apenas tengo nada que contarle. Me consuela.

Luego, en el coche, pienso que por qué no le conté esto o aquello. 

Y luego me consuelo pensando que mis trabajos son tan poco míos, que dependen tanto de la inspiración, de la gracia y de la suerte, que no ha sido tanto que me haya quedado en blanco como una sinceridad subconsciente. Y ese pensamiento me alegra la mañana.


domingo, 30 de septiembre de 2018

Colorín colorado


No sé si contagiados del asunto del plagio de Pedro Sánchez o qué, mis hijos me preguntan qué pasa si a uno se le ocurre exactamente el mismo poema que a otro. Les explico que eso no suele pasar nunca, tan rica y variada es el alma de cada ser humano. 

Pero una vez me pasó, les cuento, que su tío Jaime y yo pensamos el mismo título para un libro de poemas. Era Colorín colorado y ambos queríamos titular así nuestro poemario último, el póstumo, para cuando el cuento se hubiese acabado. Ahora ni él ni yo sabemos a quién se le ocurrió antes y, por tanto, de quién es, en verdad.

Carmen dice, segura: "Se le ocurrió antes a tío Jaime". 

Yo, asombrado, le pregunto: "¿Cómo lo sabes, Carmen?"

"Porque no me gusta nada ese título".


sábado, 29 de septiembre de 2018

Me quito el cinturón en clase


Mis alumnos oían mis primeras explicaciones con una vergonzante cara de sopor. Son de FP y yo les habla de la iniciativa emprendedora. Se les entiende. Por fin, ¡por fin! sonó el timbre e íbamos a salir. Pero la puerta de hierro de la pequeña aula se había cerrado herméticamente, quizá con el calor había dilatado, y no tenía tirador, sino apenas un pestillo. Cundió el terror. Los más dispuestos trataron de tirar del pestillo, pero no podían. Alguno respiraba (lo noté) con más dificultad.

Entonces me quité el cinturón. Lo introduje por detrás del pestillo como el que usa un hilo dental, poco a poco, forzando, y luego tiré. Se abrió. Pero lo mejor fue que por dos o tres segundos los alumnos, por primera vez en seis o siete horas de clase, me miraron con otros ojos. Hubiese preferido que fuese por mis clases, y todavía más por un artículo, y muchísimo más por un poema que hubiesen leído por ahí, pero, bueno, el cinturón vale.

Pensé que quizá con otro grupo se podría repetir la actuación. Pero cuando regresé al aula ya habían colocado un tirador.  

martes, 25 de septiembre de 2018

As time goes by


Cuando era un profesor novato, mi coche causaba bastante admiración cómplice entre los alumnos, porque era juvenil, cool y medio caro. Empezaron a pasar los años a una velocidad que sobrepasaba los límites legales o debería y mi coche dejó en la indiferencia más absoluta a mis alumnos. Luego, empezaron a invitarme a comprarme uno nuevo, que si no ganaba bien mi sueldo o qué. Y ahora, de pronto, han empezado a verlo, de nuevo, con admiración, por viejo, casi histórico, clásico.

Para que luego nos quejemos del tiempo. Como hoy estaba optimista, lo he visto, a mi coche, como un correlato objetivo.


martes, 18 de septiembre de 2018

Los increíbles


Ya no soy jefe de estudios, pero los actuales, que trabajaron codo a codo conmigo, han decidido dejarme en el chat de jefatura. 

Estos días me he sentido como el padre de los increíbles, retirado, pero oyendo en el coche parado en el callejón, la radio de la policía, sus frenéticas persecuciones, los peligros, los trabajos.

No es que lo haya echado de menos, no, no, Dios me libre, pero está siendo una sensación extraña, como de una gran quietud tensa.


viernes, 14 de septiembre de 2018

Cambiar el ritmo


Da vértigo ver madurar a los hijos. Hoy Quique me ha contado que, cuando en el colegio se acuerda de Aspa, le entran unas ganas tremendas de abrazarla, pero que, cuando llega a casa y la ve, se le pasan las ganas enseguida.

Eso pasa, les he advertido. ¿No sucede un poco también conmigo? Carmen entonces se ha precipitado y ha dicho: "Sí, sí, también". 

Es un tic del alma humana. Tanto que llevó a Mario Quintana a escribir esta atrevida oración:

IX. De la inquieta esperanza 

Bien sabes tú, Señor, que el mayor bien
 
es ese que no pasa de un deseo ilusorio. 
Nunca me des el Cielo. Quiero soñar con él 
en la inquietud feliz del Purgatorio. 

Pero hay que cambiar, por la cuenta que nos trae, el ritmo, les digo, y sufrir menos con la añoranza y sobre todo disfrutar más con la presencia. Siendo Mario Quintana un poeta estupendo, también en el Parnaso hay clases, y debemos aspirar a la maravilla de San Juan de la Cruz:

Descubre tu presencia, 
y máteme tu vista y hermosura; 
mira que la dolencia 
de amor, que no se cura 
sino con la presencia y la figura.

jueves, 13 de septiembre de 2018

Resucitar


¡Lo que tiene que ser resucitar!

Hace tres horas, con catarro horrible, me acosté molido a toses y moralmente hundido por encargos a los que no llegaba, porque se me habían malencarado dos problemas de trabajo y porque el cóctel de Frenadol Forte y Frenadol Complex me había hecho polvo y soluble y amargo e inútil. Había llevado a los niños al colegio y no había sido el más simpático en el coche ni luego con los padres y profesores que me he encontrado en la entrada. He llegado a casa arrastrado.

Y he llegado arrastrándome hasta la cama.

Me he levantado con mucho mejor cuerpo y, por si fuera poco, con seis correos amabilísimos en mi bandeja de entrada, entre los cuales uno me daba, sin pedirlo, más plazo para una entrega y otros dos disipaban aquellos problemas como rayos de sol que hienden la niebla y la evaporan. 

Incluso toso mucho menos.




viernes, 24 de agosto de 2018

Piropos


Mis aforismos los escribe el espíritu de la escalera.



Así que después de escribir mi artículo sobre los piropos, he pensado que una buena definición de piropo es "Jaculatoria secularizada".

Aunque tampoco. Porque abundan los piropos creyentes, que hablan de Dios con frecuencia, convencidos por instinto por la cuarta vía del Aquinate. "Hoy creo en Dios", por ejemplo.

Precisemos, pues: "Piropos: jaculatorias laicas". Esta definición es coherente con el pensamiento de Hadjadj y quizá hasta nos dé una pista de por qué a los laicistas recalcitrantes no les gusten nada los piropos.


sábado, 18 de agosto de 2018

Karma


Ha querido el destino que ahora en verano, cuando algunos quedan conmigo como poeta y acuden con altas perspectivas líricas, me haya encontrado con este soneto de Mario Quintana:



 Querías que te hablase de “poesía” un poco 
burlándome de tanta ordinariez atroz. 
Querías el sonido de mi voz 
y no apenas un eco más de este mundo loco. 

 Aunque qué puedo darte, pobre criatura, en trueco 
de cuánto tú esperabas, ay de nos- 
otros, si yo soy hueco, hueco, hueco 
como el Hombre de Lata en El Mago de Oz

 Tú te acuerdas, seguro, de su horror 
a las lágrimas porque después se oxidaría… 
Pero como a un nenúfar del lago me querías, 

 como una lluvia de oro que te cubriese, como 
un pájaro de luz… No obstante, ¿habrá mayor 
poesía que mi afán sin fin por la poesía?





sábado, 11 de agosto de 2018

SOS [Actualizado y resuelto]



Estoy rematando mi traducción de la poesía de Mario Quintana y me ha surgido una duda que no soy capaz de solucionar solo. Vengo a pedir ayuda.

En El color de lo invisible (1989) tiene este poema:


La compañera   
La luna marcha con el que se marcha 
y se queda con quien se queda 
—pacientemente— 
espera a los suicidas en el fondo del pozo.

Lo había publicado antes, mucho antes, en El zapato florecido (1948) con un adverbio más:

La compañera  
La luna marcha con el que se marcha 
y se queda con quien se queda 
y, 
pacientemente, consoladoramente, 
espera a los suicidas en el fondo del pozo. 


Creo que la versión del 89 es mejor y sospecho que la consolación de la luna está implícita en la paciencia, pero no estoy seguro.

La existencia de las dos versiones me dan un pequeño margen de elección (que un traductor siempre agradece), pero no sé qué hacer. ¿Asumiríais el riesgo de que el poema pueda quedar macabro o preferirías la versión explicativa inicial?

ACTUALIZACIÓN.- Me habéis resuelto el problema prefiriendo mayoritariamente la opción que el propio Quintana (¡más de cuarenta años después!) escogió. Incluso hay quien considera un acierto poético ese punto morboso de la luna que aguarda. Yo prefiero pensar que queda la luz indirecta (¡lunar!) de la comparación con la paciencia y la espera, aunque puede que ambas juntas.

Una duda nueva a partir de otro comentario dejar sólo "consoladora":


La compañera  
La luna marcha con el que se marcha 
y se queda con quien se queda 
y
consoladora

espera a los suicidas en el fondo del pozo. 

No. No me decido. Es demasiada intervención y, curiosamente, no funciona tan bien como esperaba.

Entonces pienso (casi veo) al viejo Quintana sopesando todas estas dudas, todas estas posibilidades pacientemente. Y que ahora nos sonría, desde el fondo de la eternidad, consoladoramente, feliz de que al fin hayamos llegado a su propia conclusión.

viernes, 10 de agosto de 2018

Coliflor y Cordelia



Quique estaba castigado en su cuarto porque no quería comer la pizca de coliflor que le tocaba en suerte. No cenaría hasta pasar por el trance. Como nos daba lástima, lo visitábamos por turnos para intentar convencerlo de que había que probarlo todo un poco y que luego ya podría cenar más de lo que él prefiriese, con la satisfacción del deber cumplido y la sobriedad ganada. Pero nada de nada. ¡Que no!

Eso fue anoche. Ahora acabo de enterarme de que, cuando era Carmen la que le visitaba, le llevaba escondidos trocitos de bizcocho. ¡Así ya podía resistir el muy sinvergüenza! Finjo una furia fuera de cauce. Carmen me dice: "Hice como Cordelia".

Se llama de segundo nombre Cordelia por tres razones: santa Cordelia, Cordelia de Lear y Cordelia Flyte. Y le encanta que le cuente las historias de sus tres patronas. Repasé por orden las referencias: Santa Cordelia vuelve a morir del martirio que había esquivado porque no le parece honroso ni piadoso ni amistoso el escaqueo. No es el caso. La shakespeariana es la hija excelente. No, para nada, en esta ocasión, todo lo contrario, boicoteando mi castigo. Cordelia Flyte, sí, claro, caigo de repente, que llevaba whisky a Sebastian cuando este estaba castigado en Brideshead.

No es un precedente muy ejemplar, pero la literatura me desarma. Para mejorar la pedagogía al menos y espantar dipsomanías, les cuento la historia de santa Casilda. 




martes, 7 de agosto de 2018

Marshall vs. Quintana

Bruce Marshall: "The true poet cared only that great poetry should be written and not that he himself should write it. " (The World, the Flesh & Father Smith) Vs. los "Tres poemas" de Mario Quintana. 

TRES POEMAS QUE ME ROBARON

En aquel tiempo suspiré en un verso 
“Voluntad de escribir Sagasse de Verlaine...”. 
Mas hoy mismo mi voluntad sería 
haber escrito La piedra en medio del camino, 
La balada y la caña y La estrella matutina 
si, 
             —Oh musa infiel, 
no te hubiesen poseído antes 
Carlos, Augusto y Manuel...

Aplauso para los dos, para la melancolía de Quintana y la alegría de Marshall, pero me quedo con Marshall.


domingo, 5 de agosto de 2018

Fotogenia



Salir tan mal en las fotos no me inquieta. Con no fotografiarme, ya está. Es una vacuna contra la fiebre de los selfies y eso. Un memento mori sin necesidad de calavera. Hasta ahora lo único malo eran esas fotos que por retratar un momento bonito o memorable no quisiera yo estropear, pero estropeo.

Sin embargo, incluso en esas acabo de descubrir un valor a mi poca fotogenia. Un recordatorio de que, si algo está mal en el mundo, soy yo. Un signo de mi responsabilidad. Las fotos me lo impiden: no puedo hacerme el inocente.

Bien.


sábado, 4 de agosto de 2018

Dictado


La tarea de Carmen le pide que su padre o madre le haga un dictado con la palabra "mago". Así que me he arremangado:


El caballero es un mago
que cambia la realidad. 
Apenas dice un halago 
y lo convierte en verdad.



viernes, 3 de agosto de 2018

The World, the Flesh and the Father Smith


He disfrutado muchísimo esta novela de Bruce Marshall. Un amigo me la regaló hace 4 0 5 años y hasta ahora no la he terminado, tal es el retraso que llevo en mis lecturas, y en mi vida en general. Aunque tampoco vamos a angustiarnos, porque el libro se publicó en el 45 y no le he sumado tampoco tanto retraso.

Se merece un barbero real, pero hoy sólo comentaré un detalle extrapolable. A veces el libro insiste en darnos sana doctrina. En un momento dado, me estaba saltando dos o tres páginas catequéticas, suponiendo que qué tenía yo que aprender a estas alturas, pero, en el último instante, vi de reojo que la homilía la daba el Padre Scott, que es uno de mis personajes más queridos.

Volví de inmediato y me leí entero su sermón sin saltarme una coma. Al final, contra todos mis pronósticos, saqué una enseñanza, y esencial. Ganarse previamente el cariño de nuestro interlocutor es imprescindible incluso para darle la más dulce y alegre de las noticias.


domingo, 22 de julio de 2018

Mariología y hamaca


En la hamaca de la piscina me di cuenta de que mi tarde se me estaba complicando mucho. No podía sacar a los niños del agua a la carrera y Leonor estaba haciendo gestiones. Me resigné a quedarme tumbado en la hamaca, leyendo, mirando de reojo las risas de los niños, y a no ir a una actividad religiosa que tenía convocada. Como estoy leyendo un librito extraordinario de un escritor protestante, me dije: "Cambio la meditación por esta lectura y quizá me aproveche bastante más".

Pero la Providencia no iba a dejarme tan pancho en mi hamaca. El libro, ya digo, había sido extraordinario hasta ese momento, pero justo cuando lo utilizaba de coartada moral, va el autor y se pone a hablar regular de la Virgen María, con lo que yo la quiero, y del culto excesivo de los católicos. Ay.

Me lo tenía merecido.

Quedé bastante mohíno. Tanto, que por la noche, la misma Providencia tuvo a bien regalarme una copla de Mario Quintana que, aunque quizá sólo sea un requiebro a una sobrina llamada María, podría leerse perfectamente como un canto eucarístico y mariano. Así lo leo y lo rezo y lo agradezco yo:

Tres cosas hay en el mundo 
cuyo gusto nunca hastía. 
El sabor del pan, del vino 
y del nombre de María.

 

viernes, 20 de julio de 2018

Conducción


Un mérito al menos no podréis negar a mi estilo de conducción: es perfectamente feminista y reivindicativo. Justo cuando los conductores a mi lado o detrás va a empezar a decir "¡mujer tenía que ser!", ven a un tipo absolutamente masculino al volante. He hecho más por luchar contra los tópicos machistas que muchos y muchas profesionales y profesionales del ramo.


jueves, 19 de julio de 2018

De cómo cambié mi ex libris


Mi ex libris favorito es el de mi mujer, Leonor Blázquez:
Yo me diseñé uno que he venido utilizando hasta ahora:
El problema es que casi nadie veía la'E', la 'G' ni la 'M' ni el guión, y nadie el molino quijotesco, sino apenas una casa extraña con un sol muy raro. Yo resistía, pero al escribir este artículo quedé sobrecogido por la belleza del sello del Instituto Pearson:



En el texto explico todo lo que el sello quiere decirnos. Y  viceversa: el sello explica todo lo que el artículo quisiera decir. Por ese motivo, y porque también Casiopea muestra dónde se halla la polar y dibuja, además, una M de Máiquez, he cambiado de ex libris


Las estrellas, encima,representan los asteriscos con los que subrayo mis libros al margen. Desde que tengo este nuevo sello, he dejado de pintarrajear: todos mis subrayados son líneas imaginarias, proyecciones de las estrellas. Queda  más limpio y mucho más orientado.

El lema también se explica, pero aquí

Parece que he renunciado a don Quijote, pero ni hablar, nunca, aunque su sombra resulte ahora muy sutil. Existe una versión extendida del sello de Pearson que lo reivindica:


Ojalá pueda hacerme pronto una versión extendida propia sobre ésta.

lunes, 16 de julio de 2018

Reverencia


Reconozco, para mi vergüenza pública, que tuve que leer tres veces este chiste de Nieto hasta pillarlo. Pero una vez pillado, qué sublime:



Es una maravillosa, irónica y agridulce refutación de todas las poéticas comprometidas, necesarias e instrumentales, y, de paso, de las actitudes pedantescas y profesionales. Hecha desde la belleza, la humildad y los grandes maestros.

Mi reverencia al guarda o conserje de guardia.


domingo, 15 de julio de 2018

Dulzura


Como vamos con prisa, Leonor me encarga que peine a Carmen. Se pone en mis manos. Al ratito, suspira: "Menos mal que no sabes peinar a las chicas. Porque peinar bien a una chica duele muchísimo".

Y yo reconozco un antiguo sentimiento muy mío: la dulzura de hacer las cosas mal.


sábado, 14 de julio de 2018

Oh, O'Gorman



Un buen amigo, Paco Soler, me manda esta maravilla. 
Mervyn O'Gorman fue un ingeniero eléctrico y aeronáutico británico, en los tiempos en los que comenzaban a construirse los primeros aviones. Nació en 1871 y murió en 1958, y Santa Wikipedia se acuerda aún de él, aunque sólo en la versión inglesa: https://en.wikipedia.org/wiki/Mervyn_O%27Gorman

Muy curioso, y muy amigo de la innovaciones técnicas, a primeros de la década de 1910 se interesó por las primeras noticias que llegaban sobre exploraciones de fotografía en color. Y dedicó algunos de sus ratos de ocio a ejercitarse en esas técnicas que entonces casi nadie conocía.

Y así, allá por el verano de 1913, dedicó un buen día a acompañar a la familia de su amigo, el filósofo Edwyn Robert Bevan ( https://en.wikipedia.org/wiki/Edwyn_Bevan ), y a fotografiarla, prestando especial atención a una de sus hijas, llamada Christina.

Y el resultado de aquel día de verano fue este:
[Algunos no podéis ver las fotos en el blogg, ay la tecnología: en este enlace están.]












Después de esto, el buen ingeniero O'Gorman siguió con sus trabajos y sus técnicas. Dice además Santa Wikipedia, que «Sir Geoffrey de Havilland lo describe como "un hombre de gran encanto y humor, siempre interesante en la conversación"».

Más aún, en 1933 publicó incluso un libro de poemas, titulado "Verses Gloomy and Gay" del que tengo en mi biblioteca un ejemplar de la primera edición (supongo que no habría más) dedicado por el propio O'Gorman...

... pero de todas sus actividades, sus inquietudes, su proyectos y cálculos, sus ideas y humor, su carácter y su vida, lo único que ha quedado para el recuerdo, y la razón por la que se sigue hablando de él, y aparece en Santa Wikipedia, son esas fotografías que tomara un buen día de verano, en 1913, acompañando a la familia de su amigo filósofo...

Un sólo día en su vida. Un par de horas. Un par de miradas suyas en esas fotos... ¿no resulta todo esto bastante misterioso...?

Mervyn O'Gorman, el ingeniero de las maravillosas fotografías de aquel verano 1913, para copiar uno de los poemitas de su colección "Verses gloomy & gay", que editara en 1933 en Chelsea.

Es un librito muy breve. Once poemillas, no más... menos de veinte páginas... aunque eso sí: impresas con buen gusto en un papel grueso y muy agradable al tacto, que ha resistido 85 años sin perder su dignidad.

La mayor parte de los poemillas son divertimentos graciosos, en versos de muy pocas sílabas. De ritmo ágil. Uno puede entender a qué se refería Sir Geoffrey de Havilland cuando describió a O'Gorman como «un hombre de gran encanto y humor, siempre interesante en la conversación». 

Pero hay un momento en esas páginas en el que O'Gorman se pone serio, y escribe esto:

Stones and crystals

Buried in dark abyss, covered in slime,
Reckless of seasons, heedless of time,
       The stones know God!
Infused by Him the germ of crystals rare,
Hidden within their rugged shapes, they bear
And patiently, withouth reproach or tears.
Perfect their fruit of symmetry... and years.

Far flung by shell, hurled from their rest,
Spluttered with blood accurst or blessed
      The stones know God.
No grief they feel, no fear, no love or hate
They work His will thy serve Him as they wait
Their purpose hidden, sleep would seem their doom
They live as dead, their symbol is the tomb.

Smashed by the seas, or worn by streams,
They raise no plaint, God moulds their dreams,
      The stones know God.
Carved for His Church or hewn to form a dome
Trodden by all, and crushed into the road
They bear man's burden, and they build his home,
Silent and helpful, they endure the load;
      The stones know God!

Que supongo que puede traducirse más o menos así:

Piedras y cristales

Enterradas en abismos oscuros, cubiertas de limo,
sin preocuparse de las estaciones, descuidadas del tiempo,
      ¡Las piedras conocen a Dios!
Infundido por Él, contienen el germen de los raros cristales,
Oculto dentro de sus formas rugosas
Y pacientemente, sin reproche ni lágrimas
Perfeccionan su fruto de simetría ... y de años.

Lanzadas lejos como proyectiles, arrancadas de su descanso
salpicadas de sangre maldita o bendita
     Las piedras conocen a Dios.
No sienten pena, ni miedo, ni amor ni odio
Ellas hacen Su voluntad y le sirven a Él esperando
Su propósito oculto. El sueño parecería su destino
Pues viven como muertos, y su símbolo es la tumba.

Aplastadas por los mares, o desgastadas por las corrientes,
No levantan quejas. Dios moldea sus sueños.
     Las piedras conocen a Dios.
Talladas para Su Iglesia o labradas para formar una cúpula
Caminadas por todos, y pisadas en el camino
Ellas soportan el peso del hombre, y edifican su hogar,
Silenciosas y serviciales, sobrellevan la carga;
     ¡Las piedras conocen a Dios!

Claro está que estos versos no van a cambiar la historia de la poesía inglesa. Pero nos muestran que el respetado ingeniero aeronaútico O'Gorman, además de un técnico aficionado a manejar los nuevos descubrimientos, un agradable conversador, y un fotógrafo genial, que tuvo el privilegio de un día de verano arrebatador, poseía también una dimensión religiosa...

viernes, 13 de julio de 2018

Castigo


Carmen se enfada mucho conmigo porque no le compro un slime. Recuerda que Enrique se enfadó conmigo hace unos días y estuvo media hora sin hablarme. Me dice, enfurruñada: "Yo no voy a dejar de hablarte, porque soy muy charlatana, pero estoy tan enfadada que voy a preferir a mamá". 

Pongo cara de póker, no vaya a echarse atrás. Me encanta oírla.


sábado, 7 de julio de 2018

Escaneo




Iba a escoger algunos de los aforismos que Felipe Benítez Reyes publica en "Pliegos sueltos de la Academia", pero no fui capaz. Menos mal que siempre nos quedará el escaneo:




Y, por otra parte, ahora que el barbero se ha mudado (oficio obliga) a Nueva Revista, tampoco está mal que el pobre blogg, mi retaguardia, se reserve para selecciones íntegras.



viernes, 6 de julio de 2018

Epitafio universal


Un mirlo se ha dado de cabeza con el cristal del porche. Los niños lo han recogido del jardín y han tardado muy poco en perder la esperanza de que se restableciese. Hemos tenido que encerrar a Aspa que estaba menos bucólica y más Diana cazadora y, ya tranquilos, ellos han procedido a enterrar al pájaro con solemnidad. Carmen le ha escrito un epitafio, crecida por el éxito de su última composición. Igual que a Andrés Trapiello todo le empieza a servir para himno, a nosotros en casa cualquier ocasión nos vale ya para un epitafio. Esta vez, sin embargo, no le ha salido, aunque el verso: "Te recogí del suelo, y te di un nombre" estremece.

Enrique, decepcionado de los versos de su hermana (el nombre es "Plumitas"), ha venido a pedirme un epitafio como el de Pukka. Le digo: "No puede ser, porque Pukka estuvo dieciocho años con nosotros y al mirlo lo acabo de conocer y no me inspiro". Me ha replicado: "Pero tú eres amigo de Dios y Dios amaba al mirlo".

No he tenido que decirle nada. Me ha visto tan impresionado, que también se ha crecido, y ha añadido: "Tú eres hijo de Dios y Dios creó el mirlo, de modo que el mirlo es tu hermano, y puedes y debes escribirle una lámina ['Lámina' por 'lápida' y ésta por 'epitafio']. Creo que hay más poesía en la primera argumentación y más escolática en la segunda, pero ninguna está mal para un niño de siete años.

Y ambas sirven de  epitafio para el mirlo, para nuestro (ahora sí) mirlo.


jueves, 5 de julio de 2018

Salitre


Soplaba un poniente largo y hacía un frío delicioso para leer en el playa. A los niños no les importaba y se bañaban, felices y revolcados por las olas. Yo lamenté no haberme llevado las gafas de sol, pero enseguida el salitre empezó a oscurecerme, solícito, las gafas. Leonor tuvo que levantarse para recoger a los niños, a los que la reseca se llevaba bastante a la izquierda. Seguí leyendo, urgido por el progresivo oscurecimiento de mis gafas. Cuando levanté la vista, Leonor venía con los niños por la orilla y tenía un tipo estupendo, de anuncio. Me deslumbró a contraluz. Y me entretuve pensando en los detallados piropos que le diría cuando se sentase de nuevo a mi lado. Pero al llegar a mi altura, era otra la chica. Ah. Y, de cerca, menos guapa que Leonor. Pero ese piropo ya no se lo diría, para no complicar las cosas. Seguí leyendo.




martes, 3 de julio de 2018

Mal rollo


Estaba agotado porque la noche había sido movidita de arriba a abajo, pero al cruzarme de buena mañana a Enrique, despeinado y serio, me tuve que reír. Por lo que me dijo: "¡Qué mal rollo tiene el Ratoncito Pérez". Después de muchos días esperando que se le cayese el diente, le había traído una red para pescar camarones y, por algún motivo, no le había gustado nada.

Me recordó a su madre. Cuando leí Señora de rojo sobre fondo gris de Miguel Delibes me fastidió muchísimo aquella mujer a la que todos los regalos la decepcionan. Luego me casé con Leonor y todos los regalos la decepcionan y aprendí, sin embargo, a amar ese característica. Supongo que es un fondo de ingenuidad muy puro: no se conforman con sucedáneos, quisieran el Regalo.

Quique lo ha heredado y ahora la había tomado con el Ratoncito Pérez. Me pareció una decepción muy sana, muy educativa. Le dije que a un Ratón tampoco se le puede exigir demasiado, como comprenderá.


sábado, 30 de junio de 2018

Mamita



Casa tomada por mi familia (política). Han venido todos a celebrar santa Leonor, que es mañana. Bien, claro. Pero, de pronto, Leonor baja y, para buscar a su madre, grita: "¡Mamita!" y hay tanta ternura ahí que yo daría por buena la visita, si necesitara justificarla, que, por supuesto, que no.

Con todo, ¡qué descarga de emoción en vena me habría perdido si no hubiesen venido!


viernes, 29 de junio de 2018

Dios reparte a voleo


Cuatro versos de Aquilino Duque salvan mi artículo de hoy. No es extraño, porque son salvíficos:

Luego he tratado de que lo que quería, 
para todo el país, para toda la tierra 
fuese al menos posible en unos pocos 
metros a la redonda. 

Los he releído en su antología La palabra secreta (Renacimiento, 2018), que incluye este inédito luminoso:

PEPE LUIS VÁZQUEZ IN MEMORIAM 
......................................................Jeder Engel ist schrecklich 
.....................................................................................R. M. R.

"Ya sólo veo por dentro", le decía a un amigo, 
en la penumbra azul de los últimos años 
de una vida de luces. 
Las del traje tenían que acabarse. 
Las de la inteligencia ardieron siempre. 
Y él fue reloj de sol que tan solo contaba 
las horas luminosas, y eso era 
lo que veía por dentro cuando ya no veía; 
pero nunca olvidó que un ángel puede a veces 
de un aletazo ensobrecerlo todo. 
De ángeles sabía más que nadie, 
tanto como el que más, y así se andaba 
con aquel que decía que todo ángel da miedo, 
que aterra, y más si monta guardia 
en la puerta del patio de cuadrillas. 
 
Dios reparte a voleo 
las luces entre los mortales. 
 
Las que a él le tocaron fueron maravillosas. 
Los que las vimos las seguimos viendo 
igual que él, por dentro, con los ojos cerrados.

miércoles, 27 de junio de 2018

Una lectura girardiana de En lugar seguro


[Hace años publiqué esta lectura de En lugar seguro en la revista digital Ambos Mundos, que está en la tercera dimensión, pues se cayó de internet. La recupero.]


Una lectura girardiana de En lugar seguro

La novela de En lugar seguro (1987) de Wallace Stegner (1909-1993), publicada en España por Libros del Asteroide (2008, trad. de Ricardo Martínez Salmón), es un long-seller de la literatura norteamericana. Sin demasiado ruido se va convirtiendo en una novela de culto también entre nosotros: se ha publicado este año una quinta edición. No es extraño, porque es una novela de apariencia apacible, pero de oculto sentido, cuyos misterios resultan magnéticos para el lector, que percibe la energía de fondo casi como una llamada y un vértigo.

Antes de meternos en unas honduras interpretativas que, irremediablemente, chafarán muchas sorpresas al que aún no haya leído el libro, dejaremos claro, para abrir boca, que el libro está magistralmente escrito. Wallace Stegner lo publicó con casi ochenta años, después de una vida dedicada al dominio del oficio y a enseñarlo en diversas universidades de prestigio. Entre sus alumnos, nada menos que Raymond Carver; y Tobias Wolff, Wendell Berry o Ken Kesey, entre otros. En consecuencia, es excelente tanto por los aciertos expresivos:

                     Tropezar con su mirada era como poner la mano en un hierro candente.
                    Voy flotando hacia arriba en medio de una confusión de sueños y de memoria
                     [Lib Stone] Ceñía su ropa hasta ponerse los ojos saltones.
                    [paseando por un gran bosque] Hasta el aire es verde.
                    Sobre el musgo neumático
                    El sol en mi espalda, un cataplasma.
         [En el primer encuentro con una enferma] Estuvimos locuaces, elocuentes.

Excelente también por la magnífica construcción de las escenas. La velada en la que los amigos escuchan la Novena Sinfonía y a la vez discuten sobre el fregadero tiene la tensión dramática del final de El Padrino III. Y sobre todo es excelente por el planteamiento formal de la novela, basada en un constante ir y venir de recuerdos de toda una vida en un solo día, en un magistral uso del flashback, que le permite ir diciéndolo casi todo a la vez que lo esconde casi todo.

Parece apenas la historia de la amistad entre dos matrimonios, y el autor presume de ello, riéndose tal vez un poco de El Gran Gatsby:

¿Dónde están las cosas de que se incautan los novelistas y esperan los lectores?, ¿dónde está la vida de lujos y despilfarros ostentosos, la violencia, el sexo retorcido, los deseos de muerte?, ¿dónde están las infidelidades de barrio residencial, las promiscuidades, los divorcios convulsos, el alcohol, las drogas, los fines de semana perdidos?, ¿dónde los odios, las ambiciones políticas, la sed de poder?, ¿dónde la velocidad, el ruido, la fealdad, todo lo que nos hace quienes somos y nos hace reconocernos en la literatura? Las personas de las que estamos hablando son vestigios de tiempos más tranquilos.

Sin embargo (y aquí entramos ya en terrenos que el futuro lector de En lugar seguro, si no quiere que le estropeemos las sorpresas continuas que depara la historia, debería abandonar de inmediato), las cosas no son tan sencillas. Yo, de hecho, creo que la pregunta sobre los odios, las ambiciones, la sed de poder y todo lo que se sugiere, no es retórica sino irónico-sofoclea. La novela nos esconde esas tensiones y buena parte del placer de su lectura consiste en sentirse arrastrado a descubrirlas y atisbarlas.

Digamos ya clara e imprudentemente que el propósito de la novela es la redención (hasta el misterioso "lugar seguro" del título) del personaje central, de Charity, la mujer de Sid Lang. El narrador Larry Morgan y su mujer Sara, de significativo origen griego, quedan al principio deslumbrados por el rico y admirativo compañero de trabajo de Larry en la universidad y, sobre todo, por su mujer, activa, atenta, alegre, elegante e incansable. "Charity" es, obviamente, un nombre parlante: ella no deja de estar pendiente de los demás con un punto de superioridad y condescendencia, que es como se ve a la caridad a menudo. Los inicios de la amistad son tan encantadores como el enamoramiento de Charity y Sid, que en otro flashback, se nos cuenta en una atmósfera irresistible de novela romántica. Pero enseguida aparece, por usar la explícita imagen del libro, la serpiente en el Edén. Y a los amigos les empieza a pesar tanta actividad de Charity, tanta planificación, tanta intromisión en sus vidas y quizá, aunque se nos diga que no, tanta gratitud como le deben. Los Morgan van tomando partido por Sid, al que ven demasiado dócil a los planes de su mujer y aplastado en su vocación poética por las ambiciones académicas de Charity.

Como toda la historia se rememora muchos años después desde el encuentro propiciado por la enfermedad terminal de Charity, cuando llevaban los amigos ya un tiempo considerable distanciados, hay, al principio tímidamente, y luego cada vez más acelerado, potente, angustioso y obsesivo, un intento de excusar a Charity, de salvarla.

Es un intento de salvación o redención pagano. El rechazo explícito al cristianismo de la novela lo fuerza así. Al comienzo hay una defensa del tiempo circular de los clásicos griegos frente al tiempo lineal judeo-cristiano. En la misma longitud de onda, se llenan de sentido las continuas alusiones a las diosas griegas, muy frecuentes para homenajear a Sara, a la que el esposo-narrador reverencia, pero también para rendir culto a la belleza altísima de Charity, tan matriarcal. El rechazo a la salvación cristiana se hace patente con una escena muy enigmática. En la visita de los dos matrimonios a Florencia, se encuentran frente a frente a un duro Cristo de Piero della Francesca. Los ojos duros de la pintura les interrogan, pero ellos no hacen sino discutir sobre el sentido artístico del dolor. A la salida, han de recoger a un obrero accidentado, cuyos ojos son los mismos del Cristo. Lo socorren de mala gana, incómodos, silenciosos, avergonzados, y en cuanto pueden lo dejan marchar, solo, subiendo una cuesta hacia su pueblo con la mano herida en el regazo, callado, alejándose.

La redención de Charity, pues, se pretende hacer con dos herramientas contrapuestas: el silencio y la inteligencia. Primero, se pasan por alto sus debilidades más evidentes, como por ejemplo que tuviera que ser internada en sanatorio mental para superar que a su marido no lo hicieran fijo en la universidad. Teniendo en cuenta, que su situación económica es mucho más que desahogada, la crisis psiquiátrica no puede sino resultar ridícula, pero se pasa sobre ella como sobre ascuas. La segunda herramienta es la comprensión, y se despliegan numerosas explicaciones genéticas e históricas para entender que Charity, como su madre y como las mujeres de Nueva Inglaterra, tenga esa incontenible tendencia a la organización y al ordeno y mando.

Mi hipótesis es que hasta aquí llega Wallace Stegner en el planteamiento de su novela. Todo lo que pasa por debajo, que se precipita en las últimas páginas, es fruto de las leyes del alma humana tal y como las ha estudiado René Girard. Ni el rechazo explícito al cristianismo ni la vuelta, a medias panteísta, a medias culturalista, a la Antigua Grecia pueden quedarse en un barniz encantador como de cuadro de Poussin. Porque, como supo Poussin: Et in Arcadia ego. La muerte hace su aparición, no sólo en forma de cáncer, sino en forma de sacrificio, que, aunque simbólico, es moralmente más implacable.

Sin que se dé cuenta el narrador Larry Morgan (quizá tampoco Wallace Stegner) en las últimas páginas empiezan a amontonarse de un modo cada vez más frenético los reproches contra Sid Lang, el marido de Charity. Para el lector la cosa es sorprendente, porque hasta entonces había parecido que la mayor causa de reproche contra Charity era el trato injusto de ésta a su marido. Puede que uno ya viniese sospechando que tanta defensa de Sid no dejaba de ser, en buena medida, una fermosa cobertura de otros resentimientos ocultos de Larry, instintivamente snob y muy frágilmente vanidoso. Pero ni aún así puede uno explicarse la saña final contra Sid, al que se descuartiza de  un modo simbólico, aunque no exento de crueldad. De pronto, es el marido el que, como profetizó el sabio padre de ella, autoridad en religiones antiguas, no tenía suficiente carácter. Entonces se nos dice que su poesía era francamente mala, y no se nos dice sólo a nosotros, discretos y comprensivos lectores, sino también a los hijos del poeta. Entonces se nos cuenta que estuvo tontamente enamoriscado de una alumna. Entonces se descubre el ridículo de su escondido diccionario de rimas. Entonces se desdeña su afición sustitutiva por el bricolaje y por el ahorro. Entonces, incluso, se le acusa de alegrarse de las desgracias de sus amigos. Entonces, finalmente, se subraya su triste papel de marido sumiso que va más allá de la muerte de su mujer.

Tan inesperada saña ha de entenderse, si quiere entenderse, desde una lectura sacrificial. El rechazo del cristianismo hace imposible que Larry Morgan se postule como víctima voluntaria y que, en el lógico examen de conciencia que propiciaría la muerte de la antigua amiga, se pregunté en qué falló él a sus generosos amigos o qué no supo ver o cuáles consejos literarios, profesionales y matrimoniales no fue capaz darles. Ahora necesita señalar un chivo expiatorio que sustituya a Charity en el altar del sacrificio y señala a la persona más cercana: a su marido, que hasta entonces parecía la víctima inocente.

El regusto amargo que deja el final de En lugar seguro queda así perfectamente justificado. Determinadas salvaciones no terminan de merecer la pena. Que la novela lo ponga en evidencia es una razón de peso para leerla.