lunes, 10 de diciembre de 2018

Releerse es llorar


Ríete de Larra y su escribir es llorar. Lo triste de escribir es tener que releersee. He pasado por el trago ahora mismo (por motivos estrictamente profesionales) y he tenido que irme corriendo (de verdad) a la frase más maravillosa de Luis Cernuda: «La poesía, el creerme poeta, ha sido mi fuerza y, aunque me haya equivocado en esa creencia, ya no importa, pues a mi error he debido tantos momentos gozosos».


jueves, 6 de diciembre de 2018

Desvelos



Cuando ya me estoy durmiendo, 
viene el Ángel de la Guarda 
y, entre el oído y la almohada, 
susurra: "La vida es sueño"...
Y entonces me dan las tantas.






miércoles, 5 de diciembre de 2018

Comentario de texto


Ayer tocó Sanlúcar de Barrameda. Bien, muy bien, naturalmente.

Como tenía clases que impartir, me perdí la visita a la bodega: 



Pero la oí contar con entusiasmo en el almuerzo, y eso también era muy bonito. Bebimos sus vinos lo justo para interiorizar la bodega, digamos. Vi las fotos. Y, siendo una bodega fundada, en 1792, tampoco hay prisa. Si ella ha esperado tantos años, yo puedo esperar unos meses. Encima, en el restaurante, como para entrenarme, tuve que esperar un rato a que llegasen los amigos de la bodega, y pedí la manzanilla de la casa y estuve en el paraíso, claro, y el tiempo se me pasó volando:




Ya en la mesa, me contaron un fandago que me encantó:


Sólo cuando estás bebío 
te acuerdas de mi querer. 
Permita Dios que te bebas 
Sanlúca, El Puerto y Jeré 

con toítas sus bodegas...


Oh, qué estremecimiento. Primero, ahí está toda una novela. Alguien se acuerda de su amada, mejor, de su amante, sólo cuando bebe. Es fácil suponer la historia. Pero eso es (como suele) lo de menos. Lo sugiere el poema, con una sabiduría instintiva muy honda, aprovechando que el primer verso es el único que no rima. Lo importante es el giro de generosidad de la amante en el tercer verso, verso que se abre, como toda generosidad, con Dios. No recrimina nada: al revés. Lo anima. Tanto lo anima (y hay que ver el tamaño de las bodegas de la tierra, catedrales del vino, las llaman, y la de viñas que hay entre Jerez, El Puerto y Sanlúcar) que nos da la medida de un amor desmesurado.

Ya con eso, qué bueno, pero el verso final es el remate. Parece que reincide en la exageración, nada más. y lo hace, aunque, ¡ojo, u oído!, lo hace con una rima más suave, con un ritmo lento, con una contabilidad puntillosa... Y ahí late una última delicadeza. El amor se quiere o se quisiera total, ay, qué dolor hay en esas "toítas". Hasta la última gota, se suplica. Porque el fandango, tan exagerado, por dentro aspira a la lentitud y a la totalidad... El amor es inmenso, pero imposible, aunque eso no, no se dice... ¿Para qué?











sábado, 1 de diciembre de 2018

Verano del 94


Me ha gustado mucho el poemario de Daniel Fernández (Barcelona, 1988), Las cosas en su sitio (Siltolá, 2018). Entre mis poemas favoritos, están «Rosa, Rosae» o «Seremos fuertes». Son textos estupendos que cumplen  con creces las exigencias de mi poética. Pero, además, el joven poeta me ha dado dos lecciones que me hacen mucha falta. La de que basta un apunte con autenticidad, sin más, para provocar una intensa descarga de emoción poética trascendida:

VERANO DEL 94 

Que otros ansíen libertad, 
tiempo infinito o ser felices. 
Vuelva a mí el gozo de creer 
que nadie en Tejerina 
conocía el moral de Los Hortales.

Y la de que basta crear, con el poder encantatorio de las palabras, un tono anímico, en este caso el de la tristeza, para que el poema funcione y lo agradezcamos y nos consuele. También, de nuevo, esa renuncia a la exposición de un planteamiento y una explicación  redunda en una ganancia poética: 


TRES TRISTES TIGRES  
 
Tres tristes tigres 
tiritan en la tarde. 
Retumba un trueno extraño. 
Mamá tigre ya tarda 
........................--se retuerce 
su muerte trémula en la tierra inerte. 
Tiritan tristes en la tarde 
tres tigres.



viernes, 30 de noviembre de 2018

Decantador de malajes


Otra utilidad de las redes sociales o una gracia es que te proponen posibles amigos. Lo hacen enlazando enlaces en una viruta virtual. De modo, que, con poco esfuerzo, uno lanza esas peticiones de amistad entre conocidos y saludados y conocidos de conocidos y saludados de saludados, en un Pla al cuadrado. Bien.

Lo gracioso es que, involuntariamente, esa herramienta se convierte en un decantador de malajes. ¿Cómo? Porque amontona e insiste en proponerte proposiciones de amistad a aquellos de tu entorno a los que te resistes, porque te dan pereza o una leve alergia o te temes un mohín de fastidio si les invitas o lo harías tú. Como a todos les demás sí les mandas tu guiño 3.0, se te va quedando una selección de esaboríos que ni tú sospechabas que existía y, mucho menos, que tenía tal envergadura.

Naturalmente no escribo desde ninguna superioridad moral. Como la amistad virtual también suele ser mutua, uno se supone allí, también con la carita de la fotito en la primera fila del decantador de malajes ajeno. Y le parece justo.




miércoles, 28 de noviembre de 2018

Variaciones






La alegría de verme incluido en la antología Dios y la poesía actual, y en Adonáis y en tan buenas compañías, me la ha atemparado una duda amarga provocada por la inclusión de mi inédito "Sí", que reza:


SÍ   
Como yo sí soy yo 
andaluz y garcía y todas estas cosas 
y no, aunque lo he intentado, Miguel d'Ors 
ni don Joaquín Antonio Peñalosa, 

traigo aquí ese poema extraordinario 
escrito por los dos 
donde nos cuentan como quieren ser sepultados;
pero con una leve variación. 

Al carpintero que haga mi ataúd 
le pediré un diseño de distinta factura: 
que se curve a la altura de la cruz, 
doblando mi cintura. 

Aprovechando mi recién estrenada inocencia 
y que la muerte aumenta la constancia, 
quiero enterrarme haciendo reverencias, 
pues no basta una vida para dar bien las gracias.


Evidentemente es una variación, como advierto, del poema "De rodillas" de Peñalosa y, sobre todo, del poema "Si" de Miguel d'Ors. En general, las variaciones, que son un homenaje, tienen también algo de impertinente sin remedio, pero no es esa la duda que me inquieta, ni tampoco que, como no están allí los originales, falte el referente. Primero pongo los poemas, para disfrutarlos; y luego vamos con la duda real:


DE RODILLAS 

Cuando la muerte me sea bien venida,  
id por el carpintero de brazos cruzados, 
de tiempo disponible y mano diestra, 
y pedidle un cajón al gusto del usuario 
donde yo quede precisamente de rodillas, 
que no basta una vida para pedir perdón. 

.............[Joaquín Antonio Peñalosa, en Sin decir adiós]



SI 

Si yo no fuese yo 
gallego y d'ors y todas estas cosas
y fuese (vaya suerte) don Joaquín 
Antonio Peñalosa, 

aquí figuraría aquel poema mío 
de Peñalosa, nadie se confunda
donde, con voz que sabe hacerse niña 
y es bella y es profunda, 

le encargo a un carpintero, para el día 
en que, muerto, comience a estar más Vivo, 
un ataúd digamos 
de diseño exclusivo: 

con una hechura tal -pido con esa 
humildad que es la forma más alta de razón- 
que puedan enterrarme de rodillas, 

pues no basta una vida para pedir perdón. 

........................................................2-II-98......
............ [Miguel d'Ors, Hacia otra luz más pura, 2003]

Lo que me preocupa es moral. ¿No parece, por contraste, que yo me creo que no necesito pedir perdón, ea? Y encima comparado con Peñalosa y d'Ors, santos varones. Yo sé que siempre he sentido (aunque muy teológico no resulta) que pedir perdón (el hecho de ponerse a pedirlo, digo) tiene un punto de vanidad, cargando el acento en lo que uno hizo, y otro punto quizá de orgullo, dando por sentado que uno es capaz de ofender a la persona a la que se le pide perdón, quizá ofendiéndola por segunda vez o por primera. Si uno insiste, parece que se duda de su generosidad. En cambio, las gracias se centran en la otra persona y en su mérito, además. Sin contar que muchas veces, yo doy las gracias precisamente porque me han perdonado. Yo lo veo; pero mi inquietud es si no se ve nada de esto en el poema. En cuyo caso, pediría perdón, claro está. Y, si lo veis, pues os doy las gracias, desde luego, mil gracias.



lunes, 26 de noviembre de 2018

Mi sombra me asombra




Acostumbrado a llevarla por los suelos, como una moral hundida, de pronto, en el IES, he visto que mi sombra levitaba a media altura, sobre una puerta. Yo, no, sólo mi sombra, pero me ha parecido un buen presagio. Me ha levantado la moral.

Como era difícil de creer, me he hecho una foto y, para que se viera bien la altura de mi sombra, he levantado un pie. No sé qué habrán pensado los alumnos que pasaban viéndome fotografiar la puerta de enfrente a la pata coja, pero estaba tan contento que no me ha importado.


domingo, 25 de noviembre de 2018

Pude saber quién soy


En los primeros años de universidad, decidimos un amigo desde la infancia y yo quedarnos estudiando toda la noche en su piso. Pedí permiso en mi colegio mayor y me fui allí. Tomamos katovit, café y coca-cola. Se nos quitó el sueño, pero también las ganas de estudiar.

Bajo la baja luz de los flexos, a oscuras, con las caras sombradas como en una serie B, empezamos a charlar de éste y de aquél. Mi amigo, que es una inteligencia natural muy fina, y que la tenía potenciada por el cóctel de excitantes, entró en una especie de trance y, semicerrando sus pequeños ojos, era capaz de retratar el secreto motor de la personalidad de cualquiera. Yo lo seguía, admirado. Confieso que, como crítico literario, sólo aspiro a la lucidez inalcanzable que mi amigo alcanzó aquella noche.

De pronto, rasgó aún más sus ojos. Y me miró. «¿Quieres que te diga cómo eres tú?»

Tragué saliva y (casi) grité: «Ni hablar», y hasta me entraron tantas ganas de estudiar que aprobé aquel examen.

Estoy seguro de que aquella noche pude saber quién soy. 
Menos mal: 
escapé por los pelos. 


Viaje de vuelta



Me han echado la mirada de odio más tierna. En la cola de embarque del avión, una señora mayor se paró, taponando el paso. Yo ya prisa no tenía ninguna, pero su hija le dio un empujón muy desabrido y le dijo a la madre: «¡Quita!» Yo le iba a sonreír, pero antes de nada me estaba echando una mirada de odio que me heló la sangre, pero me calentó el alma. Su corazón de madre no iba a afearle, qué va, los modos a la hija. El culpable era yo.


***
Como el vuelo venía hacia el oeste, he visto que occidente, contra lo que se dice, es el anhelo de no perder la luz. Es cogerle las vueltas a la luz, seguirla, ir con ella. Europa es un arquero. España es la flecha (la punta es Portugal) e Italia e Inglaterra son los dos extremos del arco. La luz viene de oriente. Y así iba mirando por la ventana durante el vuelo, hasta que el cielo se puso rojo, y pensé que habíamos acertado con la flecha, pero llegó la noche.


***
En el aeropuerto de Sevilla, unos segundos de terror con las llaves del coche. Pensé que me las había dejado en Roma. Las veía sobre la mesa de noche. Luego las encontré. Pensé que eso a lo mejor les pasa a todos, pero que como no tienen blogg, pues no lo cuentan, y parecen mucho más cuidadosos y formales que yo.


***

Lo bueno es que eso me preparó para el susto de la tarifa del parking.


***



LUNA (AP-4) 

Entre dos nubes, 
un segundo me mira. 
Ve que he llegado.



***

En el aeropuerto de Sevilla estaban hablando dos operarios. Me fijé sobre todo por el gusto de reencontrarme con el acento. «Ayer quería salir a tomarme un cacharro, pero la parienta me dijo que me lo tomase en casa...» «Y eso no es lo mismo, eh. No sabe igual». «No, yo pá eso no me tomo ná». Pero como yo estaba deseando llegar, me he encaprichado con el cacharro. Cuando he llegado a casa, Leonor ha hecho como la luna, entre dos sábanas. Los niños dormían. La única que me ha hecho grandes cascabeleos ha sido Aspa. Y me he puesto el cacharro, mientras levanto acta de que he llegado. Me está sabiendo a gloria.


jueves, 22 de noviembre de 2018

AP-4 (Viendo llover)


¡Cuánto hace 
el cristal por la lluvia...! 
Lágrimas de alegría.

Tiempo desapacible


No se coordinan 
las nubes y la luna: 
llena y nublado.


Este haiku mío me encantaría. Creo que la «foto» está bastante bien, el problema es el sentimiento. Esa descoordinación entre la luna y la tormenta me parece refrescante, porque estamos ya bastante hartos de tanta eficiencia y tanta sincronización cronometrada. La belleza es hirsuta, caprichosa, imprevisible y rebelde. De manera que si consiguiese darle al haiku una vibración de admiración incluso en la constatación del fastidio, estaría bien y me consolaría mucho de no poder ver la luna sino a ráfagas raudas.

Ahora parezco más decepcionado de lo que estoy.






domingo, 18 de noviembre de 2018

Normas de seguridad


En el picadero grande, al lado de donde montan los niños, están haciendo algunas obras. Se ven dos máquinas grandes y algunos montones de arena. No están trabajando. Hace viento y el viento mueve ruidosamente las cintas de la señalización de seguridad. Los caballos se asustan y hay una desbandada general. Los niños se asustan más. A algunos les cuesta dominar a los caballos. No se cae ninguno de milagro. Entre los padres, no nos da un infarto de milagro. Una madre casi se mete en el picadero a por su niña.

"Vaya con las normas de seguridad", suspira resignado el profesor, de las muy ibéricas huestes del anarquismo derechoide. Con más razón que un santo.


jueves, 15 de noviembre de 2018

Cavilaciones


Lo importante de último libro de José Jiménez Lozano es su lección de vida, que resumí aquí. Sin embargo, cuántas sorpresas esperan al lector a la vuelta de la página, incluso algunas sorpresas sorprendentes.

Sorprende que en la página 90 atribuya a Campoamor lo celebérrimo de Argensola o de Argensola del cielo azul que todos vemos que ni es cielo ni es azul. ¿Es posible que se le haya pasado? Sí, claro, naturalmente, y cómo voy yo a afeárselo, que cometo un error diario en el artículo de cada día, uno, como mínimo, digo. Sería, en ese caso, una interferencia muy graciosa entre el color del cristal con que se mira y el color azul del cielo que todos vemos. En cierta manera, además, reivindica a Campoamor, al que pone junto a los hermanos barrocos, pues tampoco se sabe a ciencia cierta si el famoso soneto es de Lupercio Leonardo de Argensola o de Bartolomé Leonardo de Argensola. No hay dos sin tres, incluso entre Argensolas y dudas críticas.

Aunque es extraño que ni él ni nadie de la editorial cayese en ello. O quizá cayeron y decidieron dejarlo a la vista vista de la relatividad que ambas citas postulan. O fue intencionado desde el principio. Una manera de hacernos más cercano y cómplice el caudal de conocimiento que, como quién no quiere la cosa, destila don José en sus diarios. U otro recurso estilístico de los muchos que utiliza para crear un tono conversacional, con sus tartamudeos, casi, y sus titubeos de citas de memoria y con el corazón en la mano.




miércoles, 14 de noviembre de 2018

La ropa


Algunas mañanas, cuando subo a cambiarme, me encuentro sobre la silla del cuarto de baño, mi ropa doblada y cuidadosamente escogida. Me la ha sacado Leonor. Hubo un tiempo en que medía el valor social que ella daba al evento al que fuésemos, no por el cuidado que Leonor pusiera en su vestido, que siempre es máximo, sino por si me sacaba la ropa a mí o no. Últimamente ha visto que me hace mucha falta y me la pone también los días laborales. 

Yo lo agradezco por tres razones de peso: 1) Desactiva mi antoniomachadismo. 2) Me evita cualquier crítica suya a lo largo del día, salvo que se me salga camisa o me manche el pantalón, o sea, críticas superficiales, que no ponen en cuestión mi estética. Y 3) me llevo incluso algún piropo muy sincero, de ella admirando su obra.

Para los más recelosos de la paridad que lleguen incluso a fiscalizar la silla de nuestro baño, he de ofrecerles un detalle que demuestra que mi mujer no lo hace en absoluto por atenderme a mí,  sino por amor al buen gusto universal: por no dejar suelta por el mundo otra fealdad, que ya bastantes hay. Jamás me saca los calzoncillos. 

Ésos ni mentarlos. Son asunto mío.

Saca todo lo de fuera, lo que pertenece al mundo: zapatos, calcetines, pantalón, cinturón, camisa y jersey. Pero para lo invisible, no, ni hablar, he de ir yo al armario y sacarlos con un esfuerzo que ella jamás ha pretendido evitarme ni por asomo. Ahora bien, en esos casos, echo mi cuarto a espadas y busco unos calzoncillos que entonen con el conjunto. Para que tampoco se diga.


martes, 13 de noviembre de 2018

¿Regreso a Howards End o no?


He visto con creciente admiración la serie Regreso a Howard End (Hettie MacDonald, 2018). Ni había leído el libro de E. M. Forster (1910) ni visto la película de James Ivory (1992). A pesar de que mi entusiasmo, no siento ninguna gana de ver una ni incluso de leer la novela. Recuerdo que me ha pasado otras veces, en un sentido o en otro. Una vez que un libro me ha fijado una imagen de unos personajes, no tengo ningún deseo ni curiosidad de cambiarla, y también al revés: una película, si fiel al argumento, me basta He hecho algunas excepción, oh Jane Austen, y muy bien, claro, pero, en principio, no. Esto responde (me doy cuenta) a una relación demasiado personal con la literatura y con las obras de arte, que me veda uno de los mil y uno sueño de mi vida: ser crítico literario, pero qué le vamos a hacer, tengo otros mil sueños pendientes.

Experimentado mi prejuicio y expuesto, de lo que se trata ahora es de preguntaros si merece la pena vencerlo. ¿Para ver la otra película? ¿Por leer la novela? ¿Para las dos? ¿O no?


jueves, 8 de noviembre de 2018

En concreto

"Amor no es mirarse el uno al otro, sino mirar los dos en la misma dirección", dijo Antoine de Saint-Exúpery con más razón que un santo. Si hubiese vivido más, habría concretado todavía un poco: mirar los dos en la dirección de una hoja Excel de contabilidad doméstica.



miércoles, 7 de noviembre de 2018

El barbero ante el espejo


El nuevo librito de Ramón Eder sólo es, como suyo,  pequeño por fuera. Pequeña Galaxia (Libros al Albur, 2018) reúne y suma aforismos viejos y nuevos sobre el aforismo, mordiéndose la cola (Eder dixit), más un atinado prólogo de José Luis Trullo, que también suma.

Yo me he sentido de repente interpelado. No tanto por este: «Si publicas un aforismo bueno ya es de todo el mundo», aunque debería, ay de mí.

Me he sentido interpelado en mi condición de barbero del rey de Suecia, además recién estrenado a lo grande y a lo gordo, por Chesterton, cuando Eder anota: «Estamos entrando en una época en la que si un escritor no escribe un libro de aforismos se lo acaban escribiendo, entresacando frases de sus libros».

Ay. Aunque hay otra frase de Eder («un libro de aforismos en el que no haya contradcciones no puede ser muy bueno») que consuela y justifica al desolado barbero: «Todo buen escritor ha escrito sin darse cuenta algunos aforismos excelentes».

Qué cosas: la frase de Chesterton de la que sale el título del libro es «Mi verdadero juicio sobre mi obra es que he echado a perder un buen puñado de ideas excelentes». Todos hemos salido ganando.


martes, 6 de noviembre de 2018

Ramas que al tronco salen


Mis hijos se parecen a su madre, y eso que salen ganando, pero a veces les veo un ramalazo mío, y me río.

Carmen lee poco, ay. Pero el otro día estábamos ayudando un poco a mi suegra en su mudanza, entre nubes de polvo y muebles de plomo (o así pesaban). Le pedimos ayuda a Carmen. «No puedo», dijo, «estoy leyendo un libro muy interesante que he encontrado en una caja...» Muchas veces he sospechado que mi afición a la lectura nació y creció al amparo de esos «no puedo» impagables.

Al día siguiente vamos a devolver los libros a la Biblioteca Pública, cada cual con los suyos. La amiguita de Carmen, que sienta detrás, con Quique, le dice, con voz admirativa: «¡Todos esos libros te has leído!» Quique responde impávido: «Psch, no. Uno hace sus planes pero luego la vida se complica». Es mi vivo retrato.


lunes, 5 de noviembre de 2018

Ensayista retroactivo



Quien me hizo la página de Wikipedia fue muy amable. Le estoy muy agradecido porque mucha gente va a leerla, como noto en mis presentaciones. Además de amable, debe de ser anglófilo: puso que yo era "ensayista", siendo así que sólo he escrito críticas un poco más largas y generales y algún prólogo con pretensiones. En principio, por anglomanía y chestertonfilia, me hizo gracia, y lo dejé.

Me empecé a preocupar cuando en el pie de página de mis artículos en Nuestro Tiempo me pusieron "poeta y ensayista".. Llamé a Nacho Uría y se lo expliqué y para el siguiente número lo quitaron, pero luego, en el próximo --se ve que estaba en la plantilla-- resurgió. Ya no dije nada.

Ahora, sin embargo, no me importa, porque he escrito este Aristocracia para todos, que no es más largo que otras cosas que he escrito, pero que ya sí considero un micro ensayo y que, además, quiero continuar hasta ensayar un ensayo. 


domingo, 4 de noviembre de 2018

Dos naranjas


Llegar tarde a misa está fatal, aunque no pueda deshacerme de la excusa de que yendo el sábado por la tarde a misa del sábado, porque volveré mañana, no está tan mal librarse de una homilía dominical, al menos. En cualquier caso, no está bien, no.

Sin embargo, eso me ha permitido sorprender por la espalda a Manuel, el mendigo-amigo. He visto su bici, pero no le veía a él. Así que he gritado: «¡Hola, Manuel!» Ha salido del fondo del jardín, con dos naranjas en la mano, y me ha confesado: «Huy, estaba mangando dos naranjitas, que les había echado el ojo, de maduras que ya estaban».

Me ha encantado. Y he recordado de inmediato a Carlos Marín-Blázquez, que dice: «Un atisbo de pudor en un rostro adolescente nos recuerda que no todo está perdido». Más razón aún para la esperanza cuando uno sorprende el rubor en el hirsuto rosto de un viejo mendigo.


martes, 30 de octubre de 2018

Platón y Aristóteles


Enrique se baja lloroso del autobús. Le han robado, denuncia, su taco de cartas de monstruos. Intento un argumento hedónico: «Qué suerte, porque eran muy feas». No le convence. Me voy a Sócrates: «Bueno, Quique, no olvides que es muchísimo mejor ser robado que robar». Me mira serio, con un brillo de desprecio intelectual en unos ojos especialmente brillantes por las lágrimas: «Será menos malo. Lo mejor es ni una cosa ni otra: ni ser robado ni robar».

Le hago una reverencia.


lunes, 29 de octubre de 2018

Ahorrar


Leonor vuelve de Madrid con un precioso traje nuevo. Qué bonito. «Le dije a mi madre que me encantaba, pero que no me lo iba a comprar porque tenemos que ahorrar. Y le dio pena, y me los regaló, con unos botines, además» «¡Qué detalle, tu madre!», le digo, enternecido. Me contesta: «Sí. ¿verdad? Para agradecérselo le regalé un bolso y una blusa».


domingo, 28 de octubre de 2018

Vida de pueblo


La otra noche una chica muy mona nos contaba que pasa muchos fines de semana en un pueblo, huyendo de Madrid, y que es casi su segunda casa. Alguien le preguntó si conocía a muchos lugareños y dijo que no a demasiados. Tanto Jose María Contreras, de Osuna, como yo, que éramos los lugareños presentes en la cena, saltamos al unísono para decir, sin género de dudas, que ellos sí la conocerían a ella, y bien, con vida y milagros.

Me vuelto a acordar hoy en misa. En la fila, una joven también muy mona, incluso del estilo de la Madrid. No la conocía. De nada. Qué raro. Luego, me he fijado en sus padres. Suele pasar que un estirón de primera juventud te descoloque a alguien, prácticamente irreconocible, pero que sus padres sigan siendo los de toda la vida, y ya sólo te tienes que acordar de decirles la próxima vez que los veas: "¡Qué barbaridad lo mayor que se ha puesto vuestra niña!".

Estaba con sus padres, y con tres hermanos varones, todos con una pinta excelente, pero desconocidos. ¿Serán recién llegados? ¿Estarán de paso? En el tren del otro día, me enteré que había boda en El Puerto. Quizá sean primos del novio. No sé.

A la salida veo que se acerca a ellos con los brazos abiertos y muy sonriente el más snob de la comarca. Ah. Definitivamente lo de la pinta no era una pista falsa, no podría serlo, digo mientras arranco mi vespa de una patada y me voy de allí.

No hay que impacientarse ni pecar de curioso o de mirón. Si no son de paso, en poco tiempo lo sabré todo.




sábado, 27 de octubre de 2018

¿Cuento o canto?



Además de los problemas externos del blogg, que son los míos, con tanto artículo que escribir, sin tiempo para mí aquí, están los problemas internos: ¿Qué es el blogg, cuento o canto?

Del viaje fugaz a Madrid tengo de los tres:

El problema externo. Fue todo tan rápido que no puedo ni contarlo. Aunque presumiré de un gesto. Las botellitas de agua mineral son insoportablemente conservadoras. Así que me llevé mi botella de fino, y qué bien queda en la foto:



Leonor y yo nos cruzábamos yendo y viniendo de Madrid, como otra vez, pero esta vez no teníamos tiempo ni de vernos, pues ella ya llegaba tarde a su reunión. Por suerte, se le había olvidado el cargador del móvil. Así que pidió al taxi que diese un rodeo y pasase por la puerta de mi hotel. Yo la esperaba en la calle. Le di mi cargador y un beso y nos dimos la mano, extrañamente y fue lo más tierno. Me di tiempo de mirar de reojo al taxista por tratar de adivinar qué estaba pensando de la escena. Tenía una cara de póker muy profesional.

Y luego puedo o contar una cosa del viaje de vuelta o cantar otra o las dos, esta vez:

Cuento. El tren iba a reventar. Habían doblado los coches. A una conocida le habían dado un asiento lejanísimo, y me dijo que llegaría andando más o menos al Puerto. Le ofrecí cambiarle el billete, pues mi coche ya estaba allí, pegado, y lo dudó bastante durante dos o tres segundos, pero dijo que no, que le venía bien hacer ejercicio. Luego caí en que siendo registradora (consorte) de la propiedad, quizá fuese en preferente, y mi cambio caballeresco hubiese sido un horror que me habría llevado avergonzado las cuatro horas. Con las dudas, me confundí de coche. Y una señora muy amable me levantó. Fastidiado con mi torpeza, fui refunfuñando. Y caí, oh, oh, me reía, en el único asiento de todo el convoy que tenía un sitio vacío a mi lado. «¡Qué chamba, macho!», como diría Luis Alberto de Cuenca. La registradora no hubiese ido tan mal, al fin y al cabo. Pero enseguida apareció por allí un tipo enorme y sudoroso que había cogido el tren por los pelos y que no podía pasar al coche en el que tenía su asiento. ¿Me importaba si se sentaba en el sitio de al lado? Yo me avergoncé de mi propia avaricia miserable. Ya había establecido una relación de propiedad con los dos asientos, que así somos de expansivos. Y cuando iba a empezar a maldecir mi malísima suerte, descubrí que mi asiento original era el del pasillo, que en un tren atiborrado, es mortal, y que me había sentado en el de la ventana. El chico se había desplomado en el asiento libre, en el del pasillo. Había tenido suerte, después de todo. Y luego resultó que iba a Córdoba, cercana y sola, y me dejó dos horas más, ahora doblemente inesperadas, hasta el Puerto. O sea, que, entre unas sorpresas y otras, anduve (sentado) entretenido.

Canto. Cuando llegué a la estación del Puerto, fui muy consciente, nada más poner el pie en tierra, de que Leonor no me esperaba en casa y de que los niños ya estarían dormidos. Eso tuvo una parte buena, porque me encontré con una amiga de hace lustros y pudimos charlar allí, a la salida de la estación, con toda la tranquilidad del mundo. Pero cuando llegué a casa, con lo que me gusta a mí llegar a casa, tuve un golpe de melancolía. A ver si después de tanto presumir de localista y de amante del hogar, lo único que a mí me importa es que esté Leonor. Ha sido la peor llegada a casa en 49 años de idas y venidas.




viernes, 26 de octubre de 2018

Pilot azul


Estoy tomando notas en el hotel con un pilot azul que no es mío. Tras la presentación del Cómo ser conservador de Roger Scruton de anoche, un joven muy simpático se acercó con dos libros míos para que se los dedicara. Quizá él no sepa la ilusión que eso hace. Como no tenía boli, me dejó el suyo, y, ay de mí, le pagué el detalle quedándome con su boli. Se lo voy a guardar con mucho cuidado, con la esperanza de un próximo encuentro. Estudié Derecho y aprendí que la justicia es dar a cada uno lo suyo.

Lo que aprovecharé para seguir tratando de ser justo. Conté una cosa en la presentación que probablemente no era lo suyo en una presentación, sino más del blogg. Lo restituyo aquí como espero restituir el pilot de Antonio.

Fuimos a recoger a Quique del colegio un poco antes para llevarlo con nosotros a una merienda. Salió feliz, como es natural. Leonor, sin embargo, quedó espantada de lo sucio que apareció. “Enrique, hijo mío, hay que tener más cuidado, ¡¿cómo puedes estar tan sucio?!”.

Quique, sin perder la sonrisa de la recogida antes de tiempo y el plan extraordinario, replicó: “Mira, mamá, esto es lo que hay”.

Yo tendría que haberle reñido por la contestación. Pero acababa de llegar del curso de Scruton y vi, con orgullo, que mi hijo era el más joven scrutoniano de este país. Por eso lo conté en la presentación. Observen la chulería de la contestación, naturalmente, pero también su profundísimo anti-utopismo. ¿Cómo va a estar limpio un niño de siete años después de siete horas de cole, con comedor y todo? Y, por último, esa fortaleza de ánimo de no dejar, ni loco, que las imperfecciones de la realidad le estropeen, ni por asomo, la alegría de las bondades y bellezas de la realidad, que (oh, salir antes del cole, oh, la merienda, oh con papá y mamá) superan con creces un polo ligeramente manchado.



miércoles, 24 de octubre de 2018

Dimensión




Hace nada hablaba de cómo se aceleraban los días. Ahora, la unidad básica de aceleración es las semanas. La unidad de medida, los meses. Cuanto más rápido pasa el día, más necesidad siento de pararme a rezar.

Ya que no será largo ni ancho, que sea hondo y alto, y saldremos (ciento por uno) ganando.


martes, 23 de octubre de 2018

¿Por qué lo repites tanto?


Quique repite muchísimo esta queja desesperada: «¿Por qué lo repites tanto?». Yo, al principio, creí que era pura caradura, porque me lo decía cuando yo les repetía o que tenían que dar besos a todos los mayores para saludar o cuidar las cosas porque cuestan mucho o sacar buenas notas para que cunda lo listos que son o que comer derechitos... Entonces el niño protestaba de tanta repetición y yo me escamaba pensando que era para eludir sus responsabilidades.

Luego me di cuenta de que no. Que lo decía siempre. Está tan atento a todo lo que le decimos que detecta la más mínima redundancia a las primeras de recambio. Empecé a sentirme orgulloso cada vez que protestaba.

Hoy, sin embargo, se ha superado. Cuando me iba de casa, me lo he cruzado por el pasillo, y lo he abrazado y le he dicho como siempre: "¡Eres el mejor!" y, como ya llegaba tarde yo, me iba corriendo. Él ha salido a la puerta y me ha gritado: "¿Por qué me lo repit...?" Y se ha quedado callado, en la puerta, pensativo. Se ve que eso no le importa que se lo repita.

lunes, 22 de octubre de 2018

Bandera del sol poniente



Hablando de Japón y España, hace unos años Zahara de los Atunes convocó un concurso para adoptar una bandera. Yo, inspirándome en la bandera de combate del Imperio Japonés con el sol naciente, propuse, cambiando el rojo del amanecer por el naranja del crepúsculo: la bandera del sol poniente. ¿Acaso las puestas de sol de Zahara no son imperiales? Con el optimismo que me caracteriza, creo que habría ganado, pero llegué fuera de plazo, con el despiste que me caracteriza. 



sábado, 20 de octubre de 2018

Democracia de sobrepeso


Hace unos días me encontré por la calle al nieto de unos íntimos amigos de mi abuela. Tiene exactamente mi edad. No iba a mi cole, pero de niños coincidíamos bastante. Él tenía un ligero retraso mental, pero ahora no se lo noté. Me fijé más, sorprendido, y, en efecto, no se le notaba nada. Como yo iba con Enriquito, lo saludó muy cariñoso y ni con los niños, que todo el mundo suele meter la pata, le vi nada raro. Me alegré lo indecible. Pensé en Jünger, que decía que el nivel había bajado tanto, que un amigo suyo sobresalía ahora cuando antes no. Jünger lo dice de lo ideológico, pero yo lo aplicaba a  lo intelectual, y era exacto. Alargué el encuentro cuanto pude de lo contento que estaba, yo que siempre voy con prisas.

Había engordado bastante, como yo, y a él, al menos, le sentaba muy bien. Le iba que ni pintado con el nuevo poso que ha adquirido. También eso me puso muy contento. 

Impresionado, he cogido carrerilla con esta visión positiva de cierto sobrepeso. Me he fijado y hay bastantes de mi edad a los que la gordura les da cierta solidez. Se está convirtiendo en un signo generacional. Me he acordado entonces de lo de la democracia de ultratumba que dicen los críticos hablando de la Edad Media y de la muerte que nos iguala a todos. Y he pensado que cierto sobrepeso tiene también un cariz muy democrático a ciertas edades. 




viernes, 19 de octubre de 2018

Otoño


El sol refleja
en la pantalla y no
bajo el estor.


Sabores



Como de buena mañana yo me levanto agotado y Leonor en pleno dominio de sus facultades, no deja de chocarme tanto encargo, orden, observación, consejo, reproche por lo dejado de hacer y recordatorio de lo pendiente. Luego, en el trabajo, yo también más repuesto, con las compañeras todo son sonrisas y buenas maneras y correos encantadores y muchas gracias en todos los sentidos. Me parece muy bien, por supuesto, porque da gusto trabajar con personas a las que gusta su trabajo, pero me paro un momento, suspiro, sonrío y me digo: "Menos mal que, mucho más que el dulce, me gusta el sabor ácido".


jueves, 18 de octubre de 2018

Entre el muro y el foso


Escribir un artículo, cuando estás inmerso en él, tiene mucho de estar rodeado de enemigos, entre el muro y el foso, con una espada desnuda. Tienes que luchar contra el tiempo y contra el espacio, ay, el plazo de entrega y, ay, el número de palabras, cada cual más inflexible. También con la lectura que querría hacer quien te ha pedido el artículo y con las exigencias del medio y con la lectura que van a hacer esos amigos, conocidos y saludados de cuyo criterio te fías y, por tanto, temes como afilados alfanjes. Tienes que ser fiel al asunto, pero, a la vez, decir algo nuevo y también, ahora por la espalda, tener en cuenta lo que tantos otros han escrito y, ¡cuidado!, no perder tu estilo ni tu tono en la refriega. No puedes olvidar la amenidad. Menos aún la profundidad. Ser serio. Divertir. Ilustrar. Iluminar… Cuántos mandobles a diestro y a siniestro.

Desde fuera me han dicho que alguien escribiendo parece pasivo, aburrido, quieto…




miércoles, 17 de octubre de 2018

Hospital de campaña


Cuando aparco el coche, a la vuelta del IES, el corazón me da un repique de campana de gloria porque recuerdo, de pronto, que en casa están los niños. Qué alegría verlos ahora. Carmen tenía fiebre y Enrique se cayó ayer en el comedor, se rompió un plato de porcelana, se lo clavó y tiene siete puntos en la palma de la mano.

No sé si debería sentirme mal por la alegría de tenerlos en casa. Carmen se pone enferma como yo. Parece que agoniza. Me hace gracia el vivo retrato, tan moribunda. Está a un tris de testar. No le sale la voz del cuerpo y yo tengo que volverme para que no me salga la risa.

Enrique es todo lo contrario. Cuando lo recogimos del colegio y de camino al médico, estaba un poco impresionado. Le propuse que gastase una broma y se mondaba. Una vez en la camilla, cuando la doctora iba con la jeringuilla de la anestesia hacia él, la recordó, pero le salió seria. Normal, como que vencía los nervios del momento. Dijo: "Doctora, no se preocupe usted y corte por lo sano". Hizo el gesto de aserrarse el antebrazo. Entre el tono del niño y que quizá un médico no es la persona más adecuada para entender el humor negro o, mejor dicho, rojo, la doctora, rauda y seria, empezó a consolarle muy preocupada por el estado psicológico del niño: "Todo está sano, ya verás, no hay que amputar nada, te lo prometo". Como la madre andaba mareada, el único que se rió fui yo.

Lo heteropatriarcal de mí se hinchió de orgullo al ver que el niño soportó la jeringuilla, el bisturí y la aguja como si nada.

Así que ahora llego a un hospital de campaña con el corazón nada compungido, lo confieso.




martes, 16 de octubre de 2018

Autorrecato en mí


Estupendas sensaciones al empezar a leer Autorretrato en mí, de Arumburu. Estupendas y no las nubla, en absoluto, el efecto “salto de página” que me asalta. Estoy leyendo un texto magnífico, de esos que hacen que secretamente te identifiques, porque es una situación soñada. Oh, el encuentro con una antigua novia mientras presentas un libro en un salón abarrotado. Qué maravilla, y además se pone en la fila de las dedicatorias, y qué bien lo cuenta Aramburu. Yo, sin embargo, lo habría cortado justo cuando acaba la primera página, por lo sano. Todo lo que se añade después, sobra para el relámpago de emoción ya conseguido. Es mi impresión, reforzada, ya digo, por el efecto "salto de página". Puedo estar equivocado. Hagan la prueba:



Y esto es lo que sigue, que yo dejaría seguir en el sentimiento implícito del lector:


Si estoy equivocado, no dejaría de hacerme gracia. ¡Un andaluz más reservado que un vasco-alemán!


lunes, 15 de octubre de 2018

Ejemplo


Como ya no soy jefe de estudios, monto mis guardias en el IES, como está mandado, y a primera hora del lunes. Hoy me ha tocado meterme en una clase de 1º de ESO. Les he soltado, de buena mañana, un discurso motivacional: una hora es oro. E íbamos a aprovecharla, y yo el primero. Me he puesto, muy serio, a predicar con el ejemplo, y a escribir mi artículo muy laborioso. Tanto que, para hacer honor a mi penúltimo artículo, me ha salido en un periquete. Buena parte del mérito, lo tienen ellos que han trabajado muchísimo.

¿Y ahora, qué? No voy a ponerme a mariposear el último cuarto de hora.

Pues me he venido al blogg y he escrito esto, aunque sólo sea por disimular.


domingo, 14 de octubre de 2018

¿Qué dejó?


El Evangelio de la misa de hoy tiene un golpe de humor que casi me hace soltar la carcajada. Fíjense en el lapsus freudiano del joven rico. El muchacho se postra ante Jesús y le pregunta: "Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?". O sea, que el muchacho que era muy rico y que no podría desprenderse de sus riquezas para seguir al Señor, pensaba, desde el principio, en los términos más patrimoniales. "Heredar", dice, como avisando. En "Las Coplas a la muerte de Don Guido", ya Antonio Machado clavó que hay quienes sólo preguntan ante un difunto "¿Qué dejaste?". Sólo con eso los retrata. ¿Se reiría don Antonio, como yo, con ese arranque del Evangelio?


jueves, 11 de octubre de 2018

Castigo y don


Nadie escribe peor que yo. Hay que echarse a la cara mi primera redacción de cualquier cosa. A menudo me pregunto cómo se puede hacer tan mal. Eso, sin embargo, es mi principal don como escritor, porque me fuerza a confiar cerrilmente en la corrección incansable. Escribo y es una mole basta de piedra. Ahora tengo que esculpir. O un montón de barro. Ahora tengo que mancharme. Menos torpeza, y yo me confiaría. Acepto mi trabajo cerril como una redención palpable, evidente, necesaria, imprescindible.


martes, 9 de octubre de 2018

Luz


Me encontraba a gente en la playa solitaria y les comentaba, extasiado: “¡Qué septiembre estamos teniendo!” Me replicaban: “Igual que el del año pasado”. Y yo quedaba perplejo, porque el año pasado, de jefe de estudios, con los horarios y con los alborotos del comienzo de curso, ni sospeché siquiera que pudiese haber tanta belleza a media hora del centro.

Creí que ese asombro se me iba a pasar con el mes de septiembre. Pero es octubre y ahora paseo por el pasillo del mismo centro y estoy a un tris de pararme a cada rato a admirar la luz cenital; y me encanta llegar a clase, saludar a mis alumnos, hablar un rato y ya ha pasado la hora y salir; y ya está.

Espero que este efecto me dure mucho, por la felicidad, claro, pero también porque tendría que hacerme jefe de estudios otra vez, como el que cae, plof, en una marmita de poción mágica y casi se ahoga y sólo por los pelos lo sacan Obélix. Pero todavía queda mucho. ¡Qué luz entra por la ventana mientras los alumnos, en un prodigioso silencio, hacen su primer ejercicio!




domingo, 7 de octubre de 2018

Qué asco


Carmencita va a suspender un examen entre el apenas disimulado orgullo de su padre. Tiene que estudiarse el aparato digestivo y sus funciones, y cada vez que conseguimos sentarla ante el tema, empieza a quejarse: "¡Qué asco! ¡Pero quééé aaasssco!"

Podría tomármelo a mal y pensar que está cayendo en el gnosticismo, pero creo que el temperamento artístico está siendo decisivo. Va a suspender por una objeción de conciencia estética. A cambio, le he obligado a aprenderse el verso de Rimbaud: "Par délicatesseJ'ai perdu ma vie". A ver si es francés saca sobresaliente, y compensa.



miércoles, 3 de octubre de 2018

Palomas y montañas


Enriquito me pregunta: "Papa, ¿qué prefieres Twitter o las palomas mensajeras?" Me río y le contesto naturalmente que las palomas mensajeras. Espero que no me pregunte por mi coherencia vital.

Carmen me enseña un cartel publicitario del teatro que ha tenido que hacer de tarea para el colegio. Le alabo el precioso caligrama de la montaña de la diversión. Me confiesa que se le ocurrió en vista de lo torcida que le salió la primera palabra. Y entonces se lo alabo más. El talento que más me gusta, quizá por razones obvias, es el que logra sacar partido de nuestros defectos. No sé si me sobrepaso, pero se lo valoro mucho más que si lo hubiese planteado de antemano.


lunes, 1 de octubre de 2018

Sinceridad subconsciente


Quedo con un escritor que veo casi de año en año, pero al que considero un amigo. Y, en efecto, la conversación fluye con una naturalidad total, saltando de la literatura a la vida profesional y a la intimidad con esa agilidad de gimnasta que sólo da la amistad. Le pregunto en qué trabaja ahora y me cuenta sus proyectos, abiertos en abanico. Cuando me pregunta por los míos, me quedo en blanco, y apenas tengo nada que contarle. Me consuela.

Luego, en el coche, pienso que por qué no le conté esto o aquello. 

Y luego me consuelo pensando que mis trabajos son tan poco míos, que dependen tanto de la inspiración, de la gracia y de la suerte, que no ha sido tanto que me haya quedado en blanco como una sinceridad subconsciente. Y ese pensamiento me alegra la mañana.


domingo, 30 de septiembre de 2018

Colorín colorado


No sé si contagiados del asunto del plagio de Pedro Sánchez o qué, mis hijos me preguntan qué pasa si a uno se le ocurre exactamente el mismo poema que a otro. Les explico que eso no suele pasar nunca, tan rica y variada es el alma de cada ser humano. 

Pero una vez me pasó, les cuento, que su tío Jaime y yo pensamos el mismo título para un libro de poemas. Era Colorín colorado y ambos queríamos titular así nuestro poemario último, el póstumo, para cuando el cuento se hubiese acabado. Ahora ni él ni yo sabemos a quién se le ocurrió antes y, por tanto, de quién es, en verdad.

Carmen dice, segura: "Se le ocurrió antes a tío Jaime". 

Yo, asombrado, le pregunto: "¿Cómo lo sabes, Carmen?"

"Porque no me gusta nada ese título".


sábado, 29 de septiembre de 2018

Me quito el cinturón en clase


Mis alumnos oían mis primeras explicaciones con una vergonzante cara de sopor. Son de FP y yo les habla de la iniciativa emprendedora. Se les entiende. Por fin, ¡por fin! sonó el timbre e íbamos a salir. Pero la puerta de hierro de la pequeña aula se había cerrado herméticamente, quizá con el calor había dilatado, y no tenía tirador, sino apenas un pestillo. Cundió el terror. Los más dispuestos trataron de tirar del pestillo, pero no podían. Alguno respiraba (lo noté) con más dificultad.

Entonces me quité el cinturón. Lo introduje por detrás del pestillo como el que usa un hilo dental, poco a poco, forzando, y luego tiré. Se abrió. Pero lo mejor fue que por dos o tres segundos los alumnos, por primera vez en seis o siete horas de clase, me miraron con otros ojos. Hubiese preferido que fuese por mis clases, y todavía más por un artículo, y muchísimo más por un poema que hubiesen leído por ahí, pero, bueno, el cinturón vale.

Pensé que quizá con otro grupo se podría repetir la actuación. Pero cuando regresé al aula ya habían colocado un tirador.  

martes, 25 de septiembre de 2018

As time goes by


Cuando era un profesor novato, mi coche causaba bastante admiración cómplice entre los alumnos, porque era juvenil, cool y medio caro. Empezaron a pasar los años a una velocidad que sobrepasaba los límites legales o debería y mi coche dejó en la indiferencia más absoluta a mis alumnos. Luego, empezaron a invitarme a comprarme uno nuevo, que si no ganaba bien mi sueldo o qué. Y ahora, de pronto, han empezado a verlo, de nuevo, con admiración, por viejo, casi histórico, clásico.

Para que luego nos quejemos del tiempo. Como hoy estaba optimista, lo he visto, a mi coche, como un correlato objetivo.


martes, 18 de septiembre de 2018

Los increíbles


Ya no soy jefe de estudios, pero los actuales, que trabajaron codo a codo conmigo, han decidido dejarme en el chat de jefatura. 

Estos días me he sentido como el padre de los increíbles, retirado, pero oyendo en el coche parado en el callejón, la radio de la policía, sus frenéticas persecuciones, los peligros, los trabajos.

No es que lo haya echado de menos, no, no, Dios me libre, pero está siendo una sensación extraña, como de una gran quietud tensa.


viernes, 14 de septiembre de 2018

Cambiar el ritmo


Da vértigo ver madurar a los hijos. Hoy Quique me ha contado que, cuando en el colegio se acuerda de Aspa, le entran unas ganas tremendas de abrazarla, pero que, cuando llega a casa y la ve, se le pasan las ganas enseguida.

Eso pasa, les he advertido. ¿No sucede un poco también conmigo? Carmen entonces se ha precipitado y ha dicho: "Sí, sí, también". 

Es un tic del alma humana. Tanto que llevó a Mario Quintana a escribir esta atrevida oración:

IX. De la inquieta esperanza 

Bien sabes tú, Señor, que el mayor bien
 
es ese que no pasa de un deseo ilusorio. 
Nunca me des el Cielo. Quiero soñar con él 
en la inquietud feliz del Purgatorio. 

Pero hay que cambiar, por la cuenta que nos trae, el ritmo, les digo, y sufrir menos con la añoranza y sobre todo disfrutar más con la presencia. Siendo Mario Quintana un poeta estupendo, también en el Parnaso hay clases, y debemos aspirar a la maravilla de San Juan de la Cruz:

Descubre tu presencia, 
y máteme tu vista y hermosura; 
mira que la dolencia 
de amor, que no se cura 
sino con la presencia y la figura.