jueves, 14 de junio de 2018

Elogio de la continuación


Un amigo me recuerda la entrada de cuando Leonor se fue; y recuerdo que la dejé a la mitad. Puse "continuará" y no la continué. Sé bien por qué: escribía con un día de retraso y cuando llegó Leonor tenía que poner lo que pasó cuando no estaba pero yo ya no estaba para eso. La presencia anula la ausencia, la actual y también la del pasado.

Dejaré el "continuará" porque es bonito pensar que continuó, y fue horrible, pero que luego no me importó nada.


domingo, 10 de junio de 2018

Vaya


Estoy viendo, con enorme interés, la entrevista que Pablo Iglesias hace a Juan Manuel de Prada. Mi hijo Quique se sienta a mi lado, cariñoso. De golpe, Iglesias le pregunta por su libro Coños. Quique pega un salto y se le ponen tiesas las orejas. Ha identificado una palabrota de las gordas. Mira mi tableta. Yo no doy con el botón del apagado. Y en esas sale la gráfica cubierta del libro. Muy gráfica. La mira abrumado. No es un palabrota abstracta y está ahí, en el libro. Al principio, me ha fastidiado la situación, pero cuando al fin he conseguido apagar la tableta, he pensado que estaba bien. Cuando Quique sea mayor le contaré que su primera visión del sexo femenino en toda su crudeza fue bastante literaria y tuvo a su padre de azorado espectador. Supongo que hay mejores maneras de encontrarse con la palabra, pero también las hay mucho peores.




jueves, 7 de junio de 2018

Igual en ambos casos


Releyendo Léxico familiar de Natalia Ginzburg, me acuerdo de mi madre. Pero no en general, sino algo concreto. Cuando murió mi abuelo, ella se compró un cuaderno y empezó a apuntar las frases y las expresiones y las historias que contaba su padre. Como Natalia Ginzburg sabia que aquellas frases eran nuestro latín y que bastaba recordarlas, como un conjuro, para sentir su presencia más viva.

Como se me mezclan las fechas, ahora no recuerdo cuando leyó mi madre Léxico familiar, aunque sí que se lo regalé yo. No sé, por tanto, si escribió el cuaderno porque había entendido perfectamente a la Ginzburg o si cuando leyó a la Ginzburg la entendió perfectamente porque había escrito su cuaderno. Mi emoción es igual en ambos casos.


miércoles, 6 de junio de 2018

Pesadillas románticas


Hace mucho que no sueño con que tengo suspendida una asignatura de Derecho. El lunes tuve terribles pesadillas con que Leonor me dejaba. Y digo "terribles" a sabiendas. Cuando me desperté, tempranísimo, la vi haciendo las maletas.

Pero no me asusté, porque sabía que se iba tres días de viaje de trabajo. Me gustó haber interiorizado mi angustia de marido abandonado de una forma tan novelesca y dramática.

El mal cuerpo me duró todo el día.

***

Tratando de manejar a los niños grito "¡Coño!" dos veces. Parezco Tejero dando un impotente golpe de Estado.

***

Cuando hablamos por la noche por teléfono es una conversación de cansancios.

***

Al mismo niño que anoche tuve que castigar porque no quería tomarse una coliflor rebozada, acabo de pillarlo en la cocina comiendo el pienso de la perra. ¿Esas cosas no pasan cuando Leonor está en casa?

***

Me llaman continuamente. Ahora a Quique le ha entrado jabón en los ojos y pide perentoriamente una toalla. "¿No ves que no paras de pedir cosas, Quique?" "¡Cómo quieres que vea nada, papá, si me ha entrado jabón en los ojos!"

***

En nuestro cuarto de baño estaba duchándose Carmen. Era para ganar tiempo. Pero tardaba mucho. Subí. Me la encontré con una fregona que parecía la pértiga de una góndola de Venecia, tratando de recoger las aguas que había derramado. Lloraba tanto que yo creo que subía el nivel de las aguas, las saladas, sus lágrimas, las más dulces. "La he liado, papá, la he liado". 

*** 

Por fin los he sentado a ver una película de acuerdo a mi estado de ánimo: Capitán Blood.

***

Vemos que Olivia de Havilland está a la vez enfadada y enamorada. Carmen dictamina: "Está enfamorada".

***

Ahora, cuando ya los he acostado, y podría ponerme a leer, me toca, encima, llamar a Leonor. En condiciones normales, habríamos hablado mucho mientras comíamos, cenábamos, se bañaban los niños...

***

Despertarse por la noche y poder encender la luz. Qué comodidad más triste. Cuando uno trastea por su cuarto palpando la oscuridad, está, ahora lo veo, acariciando a su mujer que duerme.

***

Levantarse temprano y que la primera frase que acuda a tus labios sea: "¡Mañana será otro día!"



[continuará]

lunes, 4 de junio de 2018

Reverencia de barbero


Un humilde barbero reconoce a un elegante peluquero, qué digo, peluquero, ¡estilista! Y aunque sea barbero del rey de Suecia, también humilde, pues el peluquero lo es De Homero a Kafka.


sábado, 2 de junio de 2018

Candelabro de siete aforismos

Un buen amigo me ficha para una antología de aforistas y Dios. Él los buscará en Palomas y serpientes y yo los rebusco entre los inéditos. Encuentro entos:


Dios nos ve siempre desde lejos, exactamente haciendo equilibrios sobre la fina línea del horizonte. 
* 
Dios no aplica ningún Código Penal, sino, apenas, la ley de la causalidad. 
* 
Cuando Dios encarga libros, lo llama “inspiración”. 
* 
Cuando la poesía habla de Dios, juega en casa. Si habla de la muerte, de visitante. 
* 
El yo es ese desconocido que nos presenta Dios. 
* 
La providencia es el deus ex machina de Dios. 
* 
Dios es con lo que amamos.

jueves, 31 de mayo de 2018

Cuestionarios



Mis respuestas al cuestionario Proust en el libro Escritores al desnudo están aquí. Al cuestionario Bolaño están aquí:


1. ¿Qué opinión te merecen los hombres/mujeres menores de veinte años?
Ellos, muy niños; ellas…, un poco menos niñas.


2. ¿Qué opinión te merecen los hombres/mujeres menores de treinta años?
Para su absoluta perplejidad, los veo como coetáneos. Yo me quedé en esa edad, por dentro. Pero sin satisfacción, eh, sino con unos grandes deseos de madurar, que no se cumplen.


3. ¿A qué edad te gustaría morir?
Me preocupa mucho más el cómo, pero 98 -por estar justo ahora nel mezzo del camin di nostra vita­- no estaría mal. Dicen que los ancianos siempre quieren vivir un año más. Los de mediana edad, siempre una mitad más. Llevo tres lustros en el mezzo del camin, sin avanzar, como Aquiles, el de los pies ligeros, en aquello de Zenón.


4. ¿De qué actor/actriz de cine te gustaría ser novia/novio?
De Jennifer Ehle, pero en el papel de Elizabeth Bennet, ojo.


5. ¿De qué actor/actriz de cine te gustaría ser esposa/esposo?
Mi mujer actúa bastante bien en nuestra vida cotidiana. Yo le doy el Oscar al mejor papel principal.


6. ¿De qué actor/actriz de cine te gustaría ser amante?
De ser amante de alguien lo haría angustiado, arrastrado por el vendaval del deseo, al más puro estilo de Dante en el Canto V. En frío, no me gustaría ser amante de nadie. En caliente, me temo que casi de cualquiera. Mi orientación sexual, férrea y esforzadamente reprimida, es una poligamia de racimo.

7. ¿De qué actor/actriz de cine te gustaría ser hijo/hija?
Y dale con el cine. Se nota que el cuestionario lo ha hecho un escritor de ficción. Mi tenaz realismo y mi dulce sentido de la filiación me impiden contestar a esta pregunta. Iría contra el cuarto mandamiento, el más dulce de los preceptos.

8. ¿Qué actor/actriz de cine te gustaría que fuera tu mejor amigo/amiga?
Vale, Josh Radnor, pero, si hablamos de ficción, hagámoslo en serio, Radnor en el papel de Jess en esa maravilla que es Amor y letras.

9. ¿Qué actor/actriz de cine te gustaría ser?
Quien me gustaría ser es el poeta con el que sueño en el cine de las sábanas blancas. De circunscribirme al mundo del cine, como insiste el cuestionario, me hubiese gustado ser guionista, el guionista de Al servicio de las damas.

10. ¿Conoces a alguien capaz de arriesgar su vida por ti?
Sí.
Hago un rápido repaso mental y descubro, con perplejidad, que estoy más seguro de que se arriesguen no según ellos sean más o menos amigos míos, sino dependiendo del valor que les atribuyo. Esta observación tiene, si no me equivoco, cierta trascendencia para la jerarquía de las virtudes. Pero lo dicho: sí, y varios. Mi mujer, sin ir más lejos, ha puesto su vida en mis manos, por mí. Y además creo que la arriesgarían muchos a los que no conozco: policías en acto de servicio, bomberos, transeúntes que me vieran en peligro. La naturaleza humana es infinitamente mejor de lo que parece.


11. Si fueras un pájaro, ¿qué clase de pájaro serías?
Pato, por lo de tierra, agua y aire. Y concretando más un ánade real, por el hermoso verde metálico del cuello, su collar blanco y el azul marino del espejuelo de las alas. Un pavo real sin pretensiones ni vanidad (o disimulándolas más), eso es un ánade real.


12. Si fueras un mamífero, ¿qué clase de mamífero serías?
Soy mamífero, sin género de dudas. Pero, para no ponerme demasiado puntilloso, sería un puercoespín, por el juego de palabras, más que nada, y la tranquilidad.


13. Si fueras un pez, ¿qué clase de pez serías?
Salmón, por la contracorriente.


14. ¿Qué tipo de accidente geológico te gustaría ser?
Justo al revés: un río.

15. Si fueras un automóvil, ¿qué marca de automóvil te gustaría ser?
Hispano Suizo. Una mezcla de patriotismo, cosmopolitismo y cuenta corriente.


16. Si fueras una película, ¿qué película te gustaría ser?
Los increíbles (Brad Bird, 2004).


17. Si tuvieras que matar a alguien, si no tuvieras ninguna otra opción, ¿a quién matarías?
Eso habría que preguntárselo al aspirante a muerto, porque yo lo liquidaría sólo en legítima defensa.



18. Si fueras un país, ¿qué país serías?
España, con perdón.


19. ¿Te consideras un hombre/mujer guapo/guapa?
Diez kilos por debajo y con una ortodoncia pendiente, sí.


20. ¿Te consideras un hombre/mujer inteligente?
Con la asistencia del espíritu de la escalera y tras seis o siete repasos y con la ayuda de cuatro o cinco amigos que corrigen todo lo mío, sí.

21. Si tuvieras que matar a alguien, si no tuvieras ninguna otra opción, ¿qué arma elegirías?
El olvido.


22. ¿Cuántos hijos te gustaría tener?
Doce. Valoro tanto la paternidad que no me conformo con ser padre, aspiro a patriarca.

miércoles, 30 de mayo de 2018

Palmeras solitarias, de Ramón Eder


En la contracubierta del recién publicado Palmeras solitarias, he tenido la oportunidad de confesarme:





Por dentro, Ramón Eder: 


Para olvidar lo malo hay que olvidar también lo bueno porque se olvida por bloques. 
* 
El escritor que no arriesga se cae. 
*  
La inmensa mayoría de los libros de autoayuda son pésimos pero los hay muy buenos como los de Séneca. 
* 
Si se pudiera vender el alma todos los tontos la venderían. 
* 
La novela es el arte de contar en cientos de amenas páginas lo que se puede contar en una página anodina.


lunes, 28 de mayo de 2018

Regalos


La nostalgia adelanta. Aún no he dejado la jefatura de estudios del IES, y ya estoy echando de menos estas sorpresas. Llega una profesora interina de Filosofía a pedir o a entregar (lo mismo da) un papel más y me regala, de paso, por suerte, gracias a una conversación casual, estos poemas musicados de Isabel (yo sería su) Escudero por una espléndida Quesia Bernabé, que además es de Murcia. Cuántos regalos, al final, como quien no quiere la cosa.




sábado, 26 de mayo de 2018

Zasca filial



Mi hija salía para un cumpleaños. Entre fiestas escolares, primeras comuniones, santos, meriendas informales y cumpleaños, tiene una vida social propia apabullante. Aproveché la ocasión para darle unos consejos: “Da siempre las gracias, aunque no haya de quien, juega con todas, déjate ganar, come de lo que te gusta, no te atiborres, no llores, dile “guapa” a las gordas…” En ese momento, percibí una mirada punzante como un taladro y un segundo de indecisión entre afearme mi falta de sensibilidad o mi educación en la insinceridad. Fue un segundo. También percibí como vencía una sonrisa ladeada que no auguraba nada bueno: “Vale, g-u-a-p-o”, me dijo con tanta intención como obediencia.

viernes, 25 de mayo de 2018

Crisis de crecimiento


Carmen ha decidido ser poeta. Apenas pinta. Y escribe poemas sin parar. En cualquier momento te la puedes encontrar con la mirada perdida y una leve sonrisa hondísima, pensando versos.

No es esta feracidad la que me preocupa. Puede que estemos ante una crisis de crecimiento poético y ya está. Lo que me hace temerme lo peor (que nos salga poeta) son otros pequeños indicios.

Incluso en los poemas peores, hay siempre un cuidado por el significante de las palabras, por el sonido, por el juego.

Mientras recita los poemas, te escruta atentamente para percibir el menor indicio de crítica en tus ojos. Si lo hace, estás perdido. Hoy me ha leído este, con un aire a las nanas de Alberti: 
¿LO HAS VISTO? 
--¿Lo has visto?  
El amor 
que está en un jarrón. 
--No lo he visto. 
--¡Sí está en tu corazón...!
He cometido el craso error de decirle: "Éste está bien". Se ha puesto furiosa: "Entonces el del oso amor-oso no te gustó, ¿no?". 

Otro indicio dramático es que la creación está interfiriendo con la lectura. Apenas tiene tiempo. Ay.

Y asalta a los extraños. Ayer vino recitando poemas al conductor del autobús escolar.

Por último, recicla los poemas. El mismo poema de amistad que le dedica a una amiga, cambiando el nombre lo usa para otra. Es el descubrimiento del valor universal de la poesía.

Hemos de ir preparándonos.



jueves, 24 de mayo de 2018

Todo brillante


Cómo me gusta la canción de Stevenson:

Sing a song of seasons! 
Something bright in all! 
Flowers in the summer, 
Fires in the fall! 


Porque da gusto recordarla en otoño y en verano y porque en primavera, gracias a quitarle la razón, disfruto más de todo. Hoy ha llovido un poco y he encendido, quizá por última vez, la chimenea:





Luego, escampó y salí al jardín y vi las flores:







miércoles, 23 de mayo de 2018

Lagrimita


Mi profesor de inglés es un americano grande y sencillo. Es buenísimo con los niños y conmigo se desconcierta un poco, puede ser por mi acento. Hoy pretende poner un listening de los suyos, y yo maniobro con celeridad y nos ponemos a ver un vídeo de youtube de Jordan B. Peterson, tras explicarle mi teoría de que en la práctica lo mejor es to kill two birds with one stone. Al principio, le parece bien, correcto, pero luego se va viniendo arriba, se ríe mucho, y luego más arriba, digo, más abajo se viene. Se le empiezan a saltar las lágrimas de la emoción. Peterson está hablando contra el victimismo y a favor de coger a la vida por los cuernos. Muy animante, pero no tan emocionante diría yo, aunque como mi inglés no es tan bueno, ay de mí, puedo estar perdiéndome algunos tonos sentimentales o puede que el asunto esté tocando alguna fibra muy sensible de mi profesor. No podré saberlo nunca porque es un profesor de conversación calladísimo, tímido, introvertido a más no poder. Me pide que dejemos el vídeo, que ya lo verá en su casa, y me pone el listening que traía preparado sobre el gran teatro del sol. Vale, bueno, pero a mí ya nadie me quita la emoción y el misterio de la lágrima casi becqueriana.


lunes, 21 de mayo de 2018

En el coro


La conversación era seria y triste. Leonor, de pronto, se puso, con un semblante muy severo, acorde a las circunstancias, pero más trágico, a hacerme unas extrañas señas como por detrás del corro griego que formábamos. Quedé desconcertado. Repasé mentalmente lo que había dicho, por si incurrí en error, herejía o inconveniencia. No. Al fin entendí que tenía un moquillo en la nariz. Ah. 

El tema era tan serio que podíamos haber pasado de mi moquillo, pensé en un primer momento. Sin embargo, entendí que esa vuelta a la importancia de la más prosaica cotidianidad tenía, con todo su alipori aparejado, un matiz de esperanza, de consuelo y, por qué no decirlo, de humor negro. Sonreí (por lo bajo, para que nadie lo notase), aliviado. Leonor sostenía su cara de póker.




domingo, 20 de mayo de 2018

Propina


En una fiesta, un señor amigo que me lee con cariño dice al oído de una señora antes de presentarme: "Es un escritor estupendo". La elegante señora sonríe y le pregunta al oído, aunque también puedo oírlo: "Pero, ¿vive de escribir?" Ello lo tiene claro y, aunque en el fondo no estoy de acuerdo con lo que implica, me parece bien, natural y lógico, ajustado al contexto y muy en el mundo. Lo aprovecharé como una propina para sumarlo a mi elenco de razones de mi batalla particular.


sábado, 19 de mayo de 2018

Breviario de escolios


Apasionante lectura del Breviario de escolios de Gómez Dávila que seleccionan José Miguel Serrano y Gonzalo Muñoz en Atalanta. A menudo me pasma cómo pude leer algunos sin memorizarlos o cómo los olvidé y ésos otros que casi no parecen de Gómez Dávila.

Todos tan buenos que me he puesto a jugar al bingo, a ver cuándo señalo todos y cada uno de los escolios de una página. He estado cerca muchas veces y he cantado muchas líneas (tres en raya), pero aquí va mi primer bingo:




Con todo, lo más importante biográficamente. Siempre que alguien me canta las loas del viaje o que me pone cara de superioridad cuando yo alabo el sedentarismo, recuerdo este escolio: 


Stabilitas loci --como la regla benedictina lo ordena. El errante yerra.

Pero ahora he visto claro, con caridad y compasión con mis interlocutores más intolerantes, que no se puede pedir a nadie que lo entienda si no ha leído las 160 páginas de Gómez Dávila que preceden a ese escolio o sus maestros en la literatura y en la vida. Lógico que no me entiendan. Este escolio sí lo recordaba y me lo sabía, pero, al releerlo, me he hecho, al fin, un poco más sabio y piadoso. Más benedictino.




Poema de Carmen


El perro y el gato 
se llevan raro

jueves, 17 de mayo de 2018

Un día redondo


Ayer tenía que quedarme a la hora de comer en el IES para una entrevista con unos padres. En el desayuno, cogí dos plátanos y dos manzanas, para aprovechar la ocasión para quedarme a fruta, como un moderno, y me tomé una tostada extra,  para compensar el defecto de después.

En el café de las 10, que me todo rápido, sumé una tostada más, para resistir lo de la fruta.

A la una, se me quedó media hora libre y fui en un salto a un MacDonald, no fuesen a ser pocas las cuatro piezas de fruta.

A las 14.30, me tomé la fruta.

A las 16.30, en la reunión de los padres, que estaba siendo tensa, me ofrecieron caramelos y pensé que dulcificaría el ambiente. Me tomé dos. (Lo dulcificó).

Cuando llegué a casa, era el cumpleaños de Carmen y había merienda y tarta. Hubo que esperar a encender la vela y tomé algunos dulces (integrales) y luego de la vela, la tarta, claro. Pensé, bueno, hago merienda cena.

Cuando se fueron todos, quedó una Leonor agotada, que se había tragado todos los preparativos y todos los regalos. (Esa mañana, cuando Carmen abrió su paquete, le dije que teníamos que llamar a mamá al trabajo, que lo había comprado con enorme cariño, y la niña me preguntó la gran cuestión: "Entonces, tú ¿qué has hecho, papá, eh?"). Esa Leonor agotada me dijo: "¿Por qué no salimos a cenar con los niños para celebrar en familia (nuclear) el cumpleaños de Carmen?"

Fuimos a misa y tempranito cenamos juntos. Yo no podía dar un paso atrás. Ni lo dí.

miércoles, 16 de mayo de 2018

Entrevista


Carmen, para un trabajo de clase de lengua, me hace una entrevista. Está muy en su papel, porque con sus siete años (me la hizo anteayer y hoy ha cumplido ocho) me preguntó lo de todos: "¿A qué edad empezó a escribir?". Pero con ella me esforcé más y le contesté: "Cuando somos niños todos somos poetas, lo difícil es seguir siéndolo cuando se crece".

Me encanté. Estaba muy orgulloso de la respuesta. Hasta que me empecé a entrever gracias a la entrevista. ¿No habré dejado de serlo, ahora que he crecido? La verdad es que toda la fuerza poética se me va por la prosa ya. El artículo de hoy, por ejemplo, hubiese sido, con tiempo y métrica, un estupendo poema, con sus intertextualidades y sus guiños clásicos y su amor de fondo y su final sorpresivo. Pero lo he gastado en un artículo y citando a Quim Torra, encima. 


martes, 15 de mayo de 2018

Queso


Carmen, que iba para pintora, se está tirando peligrosamente a la poesía. No estoy radiante. Le he celebrado muy poco su "Oda al queso". 


Y ahora, cuando la poetisa se ha dormido, me pongo a leer a Chesterton y lo primero que me encuentro es esta honda reflexión: "Los poetas han estado misteriosamente silenciosos acerca del tema del queso".



lunes, 14 de mayo de 2018

Ebullición del bullying


Retomo el artículo de hace unos días, porque Quique me lo ha puesto de actualidad. Anoche, casi cariacontecido, nos dijo a su madre y a mí que le llaman "gordo". Ah, pobre, tú estás fuerte, como tu padre, etc. Menos mal que Carmen pasaba por allí y había pasado por allá y lo había oído todo.

En la Primera Comunión a la que habían ido esa mañana, le habían presentado a otro niño que también estaba en 1º de ESO. Quique le había dicho: "Perdona, pero te veo demasiado bajito para estar en 1º". El bajito, con más razón que un santo, le había contestado: "Pues yo a ti te veo demasiado gordo para estar en 1º". O sea, todo perfectamente normal y justo.

Ahora Quique se monda con la historia. 




viernes, 11 de mayo de 2018

Pobres rimas ricas


Sostengo mi pequeña guerra de guerrillas con el desprecio que los traductores de poesía tienen hacia la rima. No dudo de que un traductor (Gil de Biedma dixit muy bien) tiene que descartarse de las características menos esenciales de un poema original. Pero ¿cómo es posible que la rima sea siempre considerada la característica más accesoria? ¿Siempre? ¿Y en todo tipo de poemas, incluidos los humorísticos y los populares? ¿E incluso cuando cualquier lector sensible percibe que el poeta forzó la sintaxis, la elección de palabras o de imágenes e incluso el argumento para poder rimar su poema?



miércoles, 9 de mayo de 2018

Carta a Carmen



Carmen, hija, cuando dentro de doce o trece años leas esto, quiero que sepas que no me importó en absoluto, después de haberos recogido en la parada y después de haber ido por hojas de la morera para el gusano de seda que traías en la mano, y de llegar por fin a casa, tener que volver a recorrer sobre todos nuestros pasos, porque se te había caído, ay, el gusano. Sabías (lo dije siete u ocho veces) que no tenía escrito el artículo que había que mandar en una hora, pero por ti todo. Te empeñaste en ir y volver dos veces, y yo fui y volví. Bien. Tampoco me importó que no estuvieses dispuesta a regalárselo a tu hermano por nada del mundo, pero que, cuando lo perdiste, no resultases tan afectada como cuando sugerí el regalo habida cuenta de que ya tienes otros gusanos de seda. Así es la naturaleza humana. Ni vi mal que me contases que no pensabas contarle a tu amiga Martita que habías perdido su gusano. Un silencio a tiempo es una victoria. Pero lo que no te perdono es el consuelo. Que mirando mi cintura me dijeses: "En todo caso, papá, te viene muy bien andar".


lunes, 7 de mayo de 2018

Miedo al tigre


Cada vez que quiero recordar a alguien que la sensibilidad es una virtud también viril y no ninguna debilidad, le recito esta estrofa de una milonga popular que cantan en la ciudad de Mendoza:

Mi caballo es andaluz, 
de los que trajo Mendoza, 
que no tiene miedo al tigre, 
pero tiembla ante la rosa.

Sin embargo, en los últimos años me he encontrado más con lo contrario. Gentes que, o por mi condición de cristiano o por mi condición de poeta, o por ambas, me afean que no sea melifluo o condescendiente o no me arrugue. A mi madre, cuando le decían “Ay que ver que siendo tan cristiana hagas esto o lo otro”, no siendo pecados ni esto ni lo otro, la ponían deliciosamente furiosa. Lo he herededo. Y anteayer me hice, para uso propio, una nueva estrofa, no tan redonda, aunque he quitado toda sugerencia de nacionalismo, al menos. Y que espero que me sirva:

Mi caballo es de Mendoza, 
así que no te deslices. 
Aunque tiembla ante la rosa, 
no le tiene miedo al tigre.


jueves, 3 de mayo de 2018

Poesía conyugal


Tengo el blogg muy abandonado, pero que no se os pase leer esto, que es una emocionante muestra de poesía conyugal verdadera. Historias que casi nunca se cuentan.


jueves, 26 de abril de 2018

Hay una luna para ti


Del libro de Antonio Cáceres, Tono menor (Canto y Cuento, Jerez, 2017) podría escoger otros poemas y muchos versos estupendos, pero no quiero distraer de esta maravilla. Todos tenemos nuestra luna. Miremos bien.


miércoles, 25 de abril de 2018

Tecnologías de la Información y la Comunicación


Llega Leonor tras tres días fuera. Afectuosos saludos en la puerta. Cuando entra en la cocina... no dice nada. Mira. No dice nada. Saca el móvil y se pone a hacer una foto en modo panorámica. Yo balbuceo excusas: que si la afición a la repostería de Carmen, que si la cena a última hora, que si ha sido muy difícil en el día libre de Luba...

Sin guardar el móvil, por si tiene que seguir haciendo más fotos por la casa (sí tiene), me dice, sonriéndose: "Yo no he dicho nada". 


Como un hombre


Mucho meterse con el heteropatriarcado, pero es durísimo.

Leonor está fuera por trabajo y yo tenía reuniones por la tarde. Cuando llegué a casa para la cena, Carmen había hecho "pastel de manzana" motu proprio. Estaba muy orgullosa. Como no tenía harina, había echado, sobre todo, levadura y pan rallado. Como no tenía forma de picar la manzana, la había cortado con un cuchillo. La había metido, decía orgullosa, con el horno a tope. Le había puesto un poco de colorante y una fresa. El resultado, a la vista, era soprendentemente atractivo, dorado, con tonos rojizos. Luba, que cuida muy bien a los niños, ya tuvo bastante con contener la pasión culinaria y con que no acabase aquello en un accidente o en un incendio. No intervino en el proceso. Le pregunté a Carmen si había seguido alguna receta. Resuelta, replicó: "Qué va". Todo había sido creado por ella.

Supongo que un feminista, aprovecharía la ocasión para desengañar a su niña de las faenas del hogar. Yo me comí el pastel entero. No he tomado en los días de mi vida algo tan malo. Pero no dejé ni las migas. Como un hombre.


martes, 24 de abril de 2018

Día del libro


En el colegio de mi hija, invitan a los padres a hablar a las niñas de sus trabajos. Forzando un poco las cosas, me llevaron por el día del libro a hablarles del trabajo de escritor. Llegué antes de su hora de comida. Qué ocasión perfecta. Les pude decir que para hablar del trabajo de escritor era estupendo tener un poco de hambre, para ponerse en situación.

Hablé media hora y me escucharon muy atentas y educadas. Imagino que hambrientas.

Para terminar quise leerles un poema, el dedicado a Carmen, pero, para ponerlas en situación, tuve que leerles antes "El hijo que no tengo".

Al final se me acercó una niña. Estamos hablando, ojo, de niñas de siete años. Me dijo, tímida y sonriente: "Me ha encantado el poema del hijo.  Muchas gracias. Me ha encantado: eso es justo lo que siento yo. Quiero tener un hermanito y no viene". Creo que es el comentario más bonito que me han hecho nunca.


lunes, 23 de abril de 2018

Alcachofas


Libramos la guerra de las alcachofas. En casa las tomamos al horno y las llamamos "a la panadera" porque es una receta heredada de mi abuela portuense, que las hacía en el horno de su panadería. Consiste en ponerles sal, ajo en polvo, pan rallado y aceite de oliva; y dejar que se cuezan mucho rato. Luego uno las deshoja como si fuesen una flor y va chupando la base, que está deliciosa, hasta llegar al corazón, que se come entero, como en el soneto aquel de Vita Nuova, y que está aún mejor. No es una comida muy elegante, con tanto chuperreteo y tanta mano, pero nos encanta, especialmente a Quique.

La guerra es con El Faro, que es un restaurante bueno del Puerto. También tienen mucha demanda de alcachofas y, cuando llegamos a nuestro frutero, a menudo nos dice: "Se las ha llevado todas El Faro", orgulloso de ser proveedor de la casa, y divertido con nuestra competencia. En casa decimos: "No hay alcachofas porque se las ha llevado El Faro". A partir de ahí, empezamos a conjurarnos para ir un día a probarlas al campo enemigo. Una incursión tras las líneas.

Fuimos. Y pedimos las alcachofas. Eran al escabeche, pero Quique no se lo pensó dos veces y se metió media alcachofa en la boquita. Se le saltaron las lágrimas. Por lo amargo, sí, claro; pero también pensando que para eso nos quitan a nosotros las alcachofas.

No se recuperó del impacto físico y moral hasta el postre. La buena noticia es que se recuperó. Hemos decidido librar la lucha hasta el final, sin cuartel, ahora que sabemos que la razón está de nuestra parte.


sábado, 21 de abril de 2018

Blanco y negro


Protestaron mis hijos al principio porque me empeñase en que viésemos Qué verde era mi valle. Cuando empezó la película Quique dijo con enorme desdén: "¡Qué blanco y negro era mi valle!"

Enseguida, sin embargo, dejaron de protestar.

Me encantó cuando la voz del narrador, que es la del que fue el pequeño Hugh Morgan, dice que toda su vida ha sido fiel a los libros, La isla del tesoro, Los papeles de Pickwick, que leyó cuando pasó un invierno enfermo en la cama. 

viernes, 20 de abril de 2018

Fascista como tú, tururú, que no sabes ni la ú, tururú


Ya lo dijo inmejorablemente José María Pemán. Somos, además de
"fachas" e incluso cuando ni lo sospechamos, enanos en hombros de gigantes. 



EL OTRO ES FASCISTA

Hasta ahora, todas las afiliaciones y calificaciones políticas se hacían de dentro a fuera del individuo; quiero decir que las hacía el propio interesado. La denominación de color o de partido era una cosa que se conjugaba en primera persona. Se decía: «Yo soy liberal», o «yo soy conservador», o republicano, o tradicionalista... Pero ahora, desde hace unos años, ha surgido una calificación nueva, que no se conjuga en primera persona, sino en segunda o tercera. Me refiero al fascismo, «Tú eres fascista», «él es fascista», se dice. No es una declaración política que hace el interesado. Es un diagnóstico que le hace una persona desde fuera, como si le asegurara: «Usted es diabético, o escrufuloso, o linfático. Usted no lo sabe, pero lo es...» Así es como han sido «fascistas» Churchill, De Gasperi, De Gaulle, el arzobispo Damaskinos y tantos otros que ni lo sospechaban.

El «fascismo» es la primera idea política que se concede como un cargo honorífico y gratuito, sin intervención del candidato. Además, como resulta que eso no es una organización, ni un partido, ni nada concreto y con volumen, no hay por dónde agarrarlo, ni por dónde trazar la línea hamletiana entre el «ser o no ser». Si hubiera unas listas, unos boletines de inscripción, un recibito, siquiera, semanal, aunque fuera de cincuenta céntimos, uno podría saber de verdad, con relación a ese pequeño signo externo, si era o no era. Pero ¿cómo sabe uno si pertenece o no a una sociedad en la que no se paga cuota, ni le hacen a uno firmar nada, ni se llevan listas de socios? Le dicen a uno que es socio, ¿y cómo lo desmiente uno?...

Hasta ahora lo más parecido que había a esto del «fascismo» era el nombramiento de «hijo adoptivo». Uno no quería ser hijo adoptivo de Villamelones de Abajo, ni tenía nada que ver con el pueblo, ni hacía nada por considerarlo padre. Sino que un buen día, por cualquier razón, el Ayuntamiento lo nombraba a uno «hijo adoptivo», y aunque uno desairase el nombramiento y no recogiese el diploma uno era «hijo adoptivo de Villamelones de Abajo». Pero ahora, ese terrible juego frente a nuestra pasividad, se ha refinado todavía más. Ahora el nombramiento de «hijo adoptivo de Villamelones de Abajo» se lo hace a uno el Ayuntamiento de Villamelones de Arriba. Este pueblecito, rival del otro, lo odia, y considera a los villameloneses de Abajo malos, bárbaros y tontos. Entonces, cuando odian los de Arriba a cualquier persona, aun ajena del todo a aquel pleito, se reúnen y le nombran «hijo adoptivo» del otro pueblo, del de Abajo, que es para ellos como nombrarles hijo de cualquier cosa fea. Esto es lo que está pasando en el mundo. El «fascismo» es un casino cuyas listas administran los del casino de enfrente. Es Rusia la que otorga los nombramientos de «fascistas».

Yo creo que, bien pensado, en el fondo de todo esto hay un pequeño embrollo gramatical. Creemos que «fascista» es un sustantivo o un adjetivo. Pero resulta que no, que lo que es es un pronombre. Un pronombre demostrativo, como «este», «aquel», «el otro». Nadie puede ser por sí mismo el otro, ni éste, ni aquél. Los pronombres los manejan los demás. Uno puede vigilar sus adjetivos y sus sutantivos. Pero los pronombres vienen de fuera y hay que resignarse a recibirlos. «Fascista» vale tanto como decir «el otro». Usted puede ser abogado o médico, según usted quiera o decida. Pero «el otro» lo será usted cuando quiera el vecino, con consentimiento de usted o sin él.

Pero lo más sutil de este novísimo fenómeno político es que no sólo le asignan a un paciente la palabra cuando quieren, sino que, además, le construyen la realidad correlativa. Así, por ejemplo, en estos días en Colombia va a haber unas elecciones presidenciales, que ya se habrán celebrado, probablemente, cuando estas líneas se publiquen. Pero al candidato conservador señor Gómez, que toda la vida ha dicho que es demócrata, le aseguran de pronto, desde fuera, que es «fascista». Él no lo sabía, pero nadie sabe sus diagnósticos. Es como si le hubieran dicho que es leproso. En seguida el partido liberal, para evitar el contagio, se retira de las elecciones. Si el señor Gómez sale elegido, los otros no irán al Parlamento, no discutirán con él, no le harán el juego político. Y cuando le tengan así, bien solo, en el Poder, dirán: «¿Ven ustedes? Lo que decíamos: «¡fascista!» Porque ahora resulta que «fascista» no es una cosa que se «es», sino que se encuentra uno siendo.
De este modo resulta ahora que la democracia es como un juego de cartas, en el cual uno de los jugadores se levanta y deja el juego a medias cuando quiere. Entonces el que queda, como no puede seguir jugando a la democracia, resulta que es «fascista». Suponemos al doctor Gómez, tan gran patricio demócrata, volviendo a su casa y diciéndole a su familia: «¿Sabéis?»... Me han hecho fascista. Yo no lo había pedido, pero me han hecho.» Los familiares quizá creen que es un cargo, una función. No entienden bien: «¿Y te pagan algo por eso?» «No, hijo. Ni me cobran... Es gratuito y honorífico.»

Ya le pasó a don Prudencio en el casino de su pueblo, según contaba el «Séneca». Él había sido «upetista» de Primo de Rivera. Esto no quiere decir que fuera dictatorial o tiránico. Al revés. Era la dulzura hecha carne. Porque a Primo de Rivera le pasó al revés que lo que ahora ocurre en esto del «fascismo». Él anunció a grandes voces que iba a ser dictador muy enérgico y duro. Pero los españoles se dejaron gobernar tan suavemente, que no hubo modo de ejercer la dictadura sobre ellos. En este país no hay como anunciar a voces que se va a ser dictador para que no haya modo de serlo. Pero este contagio con la dictadura bastó para que cuando eligieron a don Prudencio presidente del casino del pueblo, como los demás señores eran avanzados liberales, se retiraran dignamente. Nadie quiso formar parte de la directiva, nadie quería acudir a las juntas generales, se despoblaron las tertulias... Y así, cuando don Prudencio, un buen día, a solas con el conserje, le rogó dulcemente que comprara un escupidor para el patio, se dio cuenta de que, sin saberlo, estaba ejerciendo la dictadura.
Es lo que ocurre ahora por el mundo. Le extienden a uno el nombramiento de «fascista» desde fuera, cuando quieren. Pero, además, resulta que lo es uno también cuando quieren los demás. Porque, claro, los demócratas son, por definición, los dueños de las democracias. Y como son los dueños, cuando quieren la empujan como un carrito de ruedas y se la llevan... Y entonces el otro se encuentra con que es «fascista», como se encuentra cualquiera con que es soltero cuando la novia le dice que no.

José María Pemán



jueves, 19 de abril de 2018

El futuro me salvará hoy


Gracias al mosquito cogí energía, pero sigo corriendo, volando bajito, que no llego, no llego. Y, entonces, me llega está preciosa viñeta de Ramón Eder, casi japonesa -pasada por San Sebastián-, con un aforismo que hace las veces de haiku.


Seguro que en el futuro el día de hoy será extraordinario. Por esta tarjeta, entra otras cosas.


miércoles, 18 de abril de 2018

Teología a la cuenta María



En el venerable tetragrámaton YHVH están latentes, como una profecía, el misterio de la Santísima Trinidad y la doble naturaleza de la Segunda Persona. 

Dan ganas de ponerse de rodillas.

martes, 17 de abril de 2018

Sirena guiñando


Cortando, pegando y coloreando, Carmen ha hecho esta sirena, muy bien peinada, con una falda larga preciosa y guiñando. Guiña porque cuenta un chiste: "¿Qué le dice un pez a otro pez?... Nada"

Hablando de peces me he acordado de David Foster Wallace

lunes, 16 de abril de 2018

Loeb de Sassof



La última entrega del Barbero del Rey de Suecia descubre a H. Á. Murena. La metáfora y lo sagrado es un libro maravilloso que le debo a José Luis López-Linares. En Nueva Revista dejo unas muestras, pero ha quedado, porque no era de Murena, sino de Moshé Loeb de Sassof, esta maravilla que él nos regala:

El hombre no posee nada creado en vano, ninguna facultad, ninguna fuerza. Nada malo que no pueda ser convertido en bueno al servicio de Dios. De tal suerte el orgullo, una vez sublimado, se convierte en elevada virtud de valor y fervor en el santo camino. Pero, entonces, ¿por qué fue creada la negación de Dios? Porque también ella puede transformarse en bien y servir para la salvación. Pues, si alguien viene a pedirte ayuda y asistencia, no vas a decirle con aire piadoso: "¡Confía en Dios!" No. Actuarás como si Dios no existiera: como si sobre la Tierra no hubiera nadie más que tú capaz de ayudar a ese hombre".



domingo, 15 de abril de 2018

Manuel


Yo no llego a Baudelaire. Más allá de la obviedad del talento literario, tampoco yo escribiría esto jamás por otras razones. Me refiero a cuando aconseja la que, a sus ojos, sería una actitud verdaderamente caritativa para con los mendigos: no darles una moneda para hacerles sentir quién tiene el poder, sino agarrarlos, golpearlos y ser golpeados por ellos y devolverles, así, su verdadera dignidad, porque los hemos considerado dignos de ponernos la mano encima...

Pero comprendo la idea de la importancia de tratar a los que piden superando el mecanismo aséptico de la limosna. Hoy se lo he podido explicar a Leonor. Manuel, al vernos entrar con los cascos de la moto, se ha ofrecido a cuidárnoslos. Le hemos dicho que sí, claro, qué detalle. Leonor entonces ha lamentado que ni ella ni yo llevásemos dinero para darle a la salida. Le he dicho que era mejor no darle una propina, dejar que caballerosamente nos preste un servicio, y uno bueno y galante, como ha hecho.

Hemos recogido los cascos y sólo le hemos dado las gracias, mientras otros le daban su limosna. Él nos ha dicho sonriendo y a pleno pulmón: "Qué gracias ni gracias, no hace falta, ha sido un placer".


viernes, 13 de abril de 2018

Maravilla sobre maravilla



Este poema tan bonito, de un anónimo al-andaluz del siglo X, que ha traducido Vicente García en Los años otoñales.

SU NOMBRE 

Queréis saber el nombre de la que más he amado. 
Tratad de recordar por quién sufrí. 
Si no la conocisteis, o la memoria os falla, 
poned los labios tal como se ponen 
al ir a dar un beso. 
… Su nombre se pronuncia de ese modo.


 Con el tiempo ha mejorado el poema, además. Porque habiendo devenido anónimo su autor, si queremos saber su nombre, porque no lo conocemos y la memoria se ha perdido, su amada nos dirá que pongamos los labios tal como se ponen al ir a recibir un beso. Su nombre se pronuncia de ese modo.





miércoles, 11 de abril de 2018

Lecciones del fuego



Hemos tenido que volver a encender la chimenea y quiero anotar en mi cartera, antes que la primavera apague para varios meses el fuego, alguna de sus lecciones.


Uno enciende la chimenea, encorvado, en cuclillas, como enseña a andar a un niño. 
Cuanto menos fuego, más humo. Si la chimenea se apaga, exhausta, humea más que nunca. Es una lección moral.  
Al principio, piñas y cartones chisporrotean: adolescencia. 
Cuando la chimenea alcanza su madurez, ya no hay que construir una pirámide de ramitas ni amontonar la leña. Basta echar de vez en cuando un tronco de cualquier manera.  
Otra lección moral. Si los troncos están secos por dentro, no importa nada que la lluvia los haya mojado mucho. Si los troncos están verdes, no sirve de nada que estén secos. Se arde desde el interior. 
Al final, ni troncos ni llamas ni humo, sólo rescoldo y más calor que nunca y más belleza.
Hablar de chimeneas también calienta. 
Poco o nada alegra tanto el madrugón como encontrarse la chimenea todavía con rescoldos.
A cambio, salir de casa dejando la chimenea encendida pone un sabor de ceniza en los labios.




martes, 10 de abril de 2018

Teológica canina


En la cena, Carmen se muestra muy preocupada porque aún no hayamos bautizado a Aspa. Le explicamos que los perros no se bautizan, sino, si acaso, se bendicen el día de San Antón y que, si sigue así de preocupada, este año iremos a la verbena de San Antón a que le echen un sacramental a la perra.

Quique aduce que es lógico, que siendo una teckel, no se puede bautizar. Que cuando le regalemos el galgo (sueña con un galgo), como es un perro de raza española, entonces sí lo podremos bautizar.

Yo creo que todavía no les había abominado del luteranismo ni tampoco les he dicho que Aspa es de raza alemana, aunque su nombre y su apellido (de Borgoña) no suenan muy protestantes.

Carmen contraataca: "Si el galgo es español, no necesita bautizarse; la pobre Aspa, sí".

Es talmente lo de Max Jacob a Picasso cuando le propuso ser su padrino de bautizo y Pablo Picasso puso como excusa su falta de fe: "Un español ateo siempre será más católico que un francés practicante". 

A los lectores de este blogg, no tengo que decirles que este cóctel de hijos, de perros, de españolidad a ultranza y catolicismo a machamartillo me parecieron deliciosos. Ahora me falta ver si le regalo el galgo contrarreformista a Quique y si no me quitan la custodia de las criaturas.


domingo, 8 de abril de 2018

Las flores



Le había hecho unas gestiones administrativas a la señora que trabaja en casa. Me habían resultado doblemente pesadas, por mi alergia a la burocracia y porque lo han sido. Además, de alguna manera, me perjudicarán, aunque levemente. Ya sólo quedaba que ella firmase los últimos papeles que yo le entregaría en la ventanilla correspondiente. Lo hizo en silencio. Se volvió y siguió a lo suyo. Yo lamenté, en silencio, que no me diese las gracias ni hiciese ni una muestra ni una muesca de alegría.

Dos horas más tarde, mirando por la ventana, me dijo: “¡Qué bonito está el jardín!” Yo miré y, con tantas lluvias y días grises sin sol, no ha llegado todavía el esplendor de la primavera, que este año se retrasa. “¡Cuántas flores!”, ha añadido.

Y era su agradecimiento y su alegría. Jamás vi tan hermoso nuestro jardín yo tampoco.


sábado, 7 de abril de 2018

Vaya


Me sorprende a menudo que mis amigos no valoren mi perspicacia psicológica y mi pulso con el bisturí moral para interpretar las intenciones y los móviles de los demás, sobre todo cuando los hechos me dan la razón enseguida casi siempre. Hasta que he comprendido la razón de tanta resistencia a rendirse a este talento mío. Si lo reconociesen, no podrían pensar que mis egoísmos y comodidades son inconscientes o que mis torpezas son inherentes y no el fruto revenido de una atroz indiferencia. En realidad, con no reconocerme el talento están defendiendo mi talante. Se equivocan, claro, pero se lo agradezco. Y me hago el firme propósito de no lamentar (ni para mis adentros) que no se me pasmen hasta que yo, por mi parte, no les haya allanado el camino para que puedan pensar que me doy cuenta de toda sin tener, por eso, que enfadarse conmigo, como tendrían que hacerlo.