domingo, 24 de marzo de 2019

Microhumillaciones y moralejas


Escribí un artículo que era un elogio de las microhumillaciones. Una amiga me preguntó enseguida que quién me había microhumillado a mí, eh, que tendría que vérselas con ella. Y entonces caí en que el mejor elogio del artículo era que no recordaba en absoluto qué lo había motivado.

Era un artículo que se me quedó atrás y que tuve que recuperar en el último momento porque el que tenía escrito para ese día, por una carambola mediática, podría entenderse al contrario de cómo yo lo había pensado. Ahora he deducido que no lo mandé en su momento quizá porque estaba muy fresca la herida y quién sabe si incluso mi microhumillador o microhumilladora podría atar cabos. No me acuerdo de nada en absoluto y eso merece un aplauso. 

Es la mejor moraleja de mi artículo moralista: justo la que no digo ni siquiera sabía, lo que no deja de ser, oh, otra moraleja más.

viernes, 22 de marzo de 2019

Espejo oscuro


Mi cara se refleja en el ordenador mientras escribo, espejo oscuro. Quizá un de los problemas de la literatura actual sea que se escribe sobre el reflejo desvaído del propio rostro. ¿Cómo no pecar así de sentimentalismo egocéntrico, de subjetivismo desmadrado? Me encantaría escribir una tesis sobre el particular, pero me quedaré con la hipótesis porque tenía que escribir otras cosas. Cogí el espejo y lo eché al suelo, a reflejar mis pies.

Volví a escribir a mano. Tanto como se ha escrito sobre el papel en blanco y todavía nadie le había agradecido que no fuese reflejante.





jueves, 21 de marzo de 2019

Poesía & Síndrome de Down & viceversa


Qué regalo que el Día Mundial de la Poesía coincida con el Día Mundial del Síndrome de Down. Es perfecto por lo conceptual y por lo sentimental. Hasta mi alergia a estos días mundiales la cura la bendita confluencia.

Para celebrarlo, aunque es bien duro y puede herir las sensibilidades más sensibles, este poema de José Luis de la Cuesta:


PARA MONGO 

Sueñas en tu plácido escondite 
con un sol, con un mar, 
una tormenta, 
porque laten en tu sangre. 
Sueñas con el país extraño 
al que pronto llegarás.  

Amniocentesis 
es el nombre del delator, 
del agente que gritará en la frontera: 
«¡Esa mujer lleva un tonto escondido!»  

Porque eres una amenaza, Mongo, 
eres Orestes a una noche de Micenas, 
eres William Munny delirando 
a dos millas de Big Whiskey.  

Oh, Mongo, Mongo, 
lloro por los torpes eufemismos 
que ya no te aplicará tu profesora, 
por los niños que no te mirarán con asombro, 
por las niñas a las que no perseguirás, 
por esa cinta elástica que ya nunca 
ceñirá las enésimas gafas de colores 
a tu alocada cabeza. 

Jose Luis de la Cuesta, Cosas que me has contado (Los papeles del sitio, 2015).

martes, 19 de marzo de 2019

regalo


Quique me ha traído, como su hermana, los clásicos dibujos y manualidades para el día del padre. Se ha ido corriendo a merendar, que hay cosas sagradas. Luego ha vuelto como un rayo y se ha puesto a hacer la tarea, sin que yo le dijese nada, y la ha terminado en un periquete.

Cuando he demostrado mi sorpresa, me ha dicho que era por el día del padre.

Cuando he demostrado mi súper sorpresa, me ha dicho que ayer había hecho los ejercicios más difíciles, para dejarse hoy los más fáciles y hacerlo todo así de rápido.

Cuando he demostrado mi extra sorpresa, me ha contado que se le ocurrió ayer en el autobús y que ha estado dos días planificándolo con todo detalle.

Los dibujitos y eso estaban bien, pero a ver quién supera esto.


domingo, 10 de marzo de 2019

C-y-r-a-n-o, C-y-r-a-n-o


Hemos vivido un momento freudiano en la cena, más concretamente, de la sección «Matar al padre». Hacía media hora había tenido que reñir a Quique, y ahora parecía que estaba todo olvidado.

En la cena, Quique ha empezado a comentar lo grande que era mi nariz. Con gran habilidad de metáforas e imágenes. Yo, que le veía las intenciones quizá subconscientes, no he podido más que recordar a Cyrano de Bergerac. Él ha seguido. Cuando recordaba grandes narices de nuestra familia, él contratacaba. Yo no había visto, aunque risueña, tanta furia.

Y así estábamos hasta que ha soltado: «Pareces el Villano de Bergarás ése». Ese lapsus lingue me ha parecido ya demasiado Freud para una cena de una familia decente. He desenvainado mi acero.


jueves, 7 de marzo de 2019

Difunto


Hace una semana fui a misa a mi antiguo colegio antes de ir al instituto. Me dolía bastante el pecho. Cuando entré en la capilla estaba llena de alumnos, de profesores, de personal auxiliar y hasta de personas de fuera. Habían tenido que abrir las puertas correderas del fondo y poner sillas en el comedor. Allí me senté yo. A través de la lejana megafonía me enteré de que la misa la ofrecían por Pedro y me temí lo peor, pensando en algún alumno recientemente fallecido en algún accidente. Me uní a las preces a pesar del dolor creciente en el pecho.

A la salida, no me quedé a saludar a nadie, porque había decidido ir a Urgencias. Resultó que tenía arritmia:



Tenía que haber ido antes, y tal, y tendría que volver por la tarde al cardiólogo. Ahora tengo que tomar menos cafés, y pasear más. Ya está.

Hoy he vuelto a misa a mi viejo colegio y he preguntado por Pedro. Me han dicho que era don Pedro, un profesor que lo fue mío desde siempre, que era amable y severo y del que guardo un gran cariño.

Pero me ha encantado mi confusión con un alumno, no sólo por la emoción a flor de piel que se respiraba en la misa, sino también porque he pensado que, en efecto, ante la muerte, uno siempre es un alumno, un niño.


martes, 5 de marzo de 2019

De vuelta


Que haya vuelto Adaldrida a su blog, tras años, es estupendo. No porque los blogs sigan de moda, que es todo lo contrario, sino porque siguen, que es mucho más importante. Y por la razón exacta de Rocío: «Éste es mi lugar».

La paz que se encuentra en los blogs falta en las redes sociales. Entrar en ellos es volver a casa. Y no sólo a la de uno en el de uno, sino a la de uno en los blogs de los vecinos. Esta reseña de Pablo Velasco, a Dickens, ha alegrado mi mañana.

Y esto de Dickens que él barberiza me ha regalado la primera carcajada del día: "... el amigo inseparable del señor Stryver, y con lo que bebían juntos desde el día de San Hilario hasta el día de San Miguel se habría podido poner a flote un navío de tres puentes".

sábado, 2 de marzo de 2019

Una de intrahistoria


No es que este escribiendo muy poco en el blogg, sino que publico las entradas del blogg por ahí, donde me vencen plazos sin piedad. A partir de ahora, lo del blogg que saque a pasear lo traeré después a casa. Como este artículo de hoy:



Una de intrahistoria
Estaba viendo el proceso al procés en directo, envidiando especialmente a los enviados especiales que, haciendo lo que yo hacía por gusto, se sacaban un sueldo. Así estaba cuando llego mi mujer para descubrir, con cierto asombro, tal vez fingido, que me había olvidado de sacar la basura, de recoger la cocina y de poner la olla con los avíos para el puchero. Alegué la trascendencia constitucional del momento, pero me redujo al orden con la machacona contundencia del juez Marchena.
También había olvidado, ahora que ella me lo recordaba, hacer la compra, así que tuve que salir de prisa y corriendo. Mi hija se apiadó de mí, y me acompañaba. Fuimos en vespa. Yo, un poco cabizbajo por una triada de motivos: el disgusto que le había dado a mi mujer, el juicio que había dejado en el instante más jugoso y la pereza que siempre da ir a la compra.
En eso, encontramos a una amiga que estaba paseando a sus hijos, cuatro. Nos paramos a saludarla (y a darle ánimos). Enseguida empezó a decir que qué maravilloso plan, un paseo en vespa, padre e hija, con el buen día que hacía, el primero esplendoroso de la pre primavera. Entonces, mi hija y yo, que íbamos pensando en la compra urgente, levantamos la mirada y era cierto: la primavera, el sol, las flores, la brisa y, sobre todo, ella conmigo y yendo en mi vieja vespa, que suena a juventud, divino tesoro. Cuánta razón tenía mi amiga, y qué buena había sido mi mujer obligándonos a coger la carretera de inmediato y a no perdernos tanta maravilla.
Retomamos el camino con otro espíritu. Pasa con llamativa frecuencia. Visto uno desde fuera es mucho más feliz que si se deja apabullar por las circunstancias y reconcomer por las minucias. El secreto de la felicidad es el don de la ubicuidad. Ser capaz de irse de uno mismo para mirarse desde fuera. Los ojos de una amiga de excelente humor ayudan mucho, pero no son un requisito imprescindible. Mi hija se agarró (abriendo mucho los brazos) a mi cintura y apoyó su cabecita en mi espalda.
Hicimos la compra rápido y bien, pero volvimos dando un pequeño rodeo porque había que aprovechar el día. Llegamos a casa y me di cuenta de que no tenía nada que envidiar a los enviados, aunque su trabajo sea tan interesante y pinturero. Puede que ellos, pobres, estuviesen añorando a su hija, los encargos domésticos y la vespa. Mi mujer nos recibió con los brazos abiertos y hasta nos dijo: «Qué bien. Sois un encanto».

martes, 26 de febrero de 2019

Cano


Estoy muy impresionado por la entrevista a José María Cano: Aunque hay otras cosas estupendas, para mi uso personal me he recortado éstas:

Cuando haces lo que debes, y lo que debes hacer es incómodo, el destino es lo único que se pone de tu lado.
...
Tener deseos es sentarse encima de la vida. Tener miedo es sentarse debajo.
...
bienquedismo politicorrecto
...
Sigo siendo un iluso contumaz aunque lo enmascare con perseverancia.
...
Haciendo lo que toca, ni el torpe se equivoca.
...
Yo mismo, que voy ya cerrando muchos balances, me pregunto si la excitación que las vanguardias me suscitaron en mi juventud, era legítima o mera pedantería.
....
[como pintor] Trabajo buscando el margen entre lo real y lo verdadero. [...] En lo semántico, entendemos por verdad la incuestionable realidad. Pero a la hora de la verdad, valga la redundancia, la verdad es algo bien diferente. Tiene vida propia. [luego habla del relato, y no es talmente eso, es esa vida de la verdad, tan bien vista por Ramón Gaya]
...
Mi manager me decía que le llamaba la atención cómo anteponía la prioridad, valga la redundancia.
....
RL-RA=PL. Relato menos realidad igual a política.
....
El que es culto por necesidad lo es mucho, mientras que el pedante va siempre gastando por encima de su presupuesto.
....
La paciencia es valentía, elegancia y constancia a partes iguales. Tiene aspecto de ser un medio pero le gusta ser tratada como un fin. La paciencia trae consigo el más preciado de los dones: más paciencia.
....
De pronto, la carrera sigue.


lunes, 18 de febrero de 2019

Cansancio y humor


Para el buscador y degustador del sentido del humor de Cristo, la lectura de hoy (Marcos 8,11-13) sería algo así como el grado cero de su sentido el humor:

Salieron los fariseos y comenzaron a discutir con él, pidiéndole una señal del cielo para tentarlo. Suspirando desde lo más íntimo dijo: «¿Por qué esta generación pide una señal? En verdad os digo que a esta generación no se le dará señal alguna» Y dejándolos, subió de nuevo a la barca y se fue a la otra orilla.

Parece que esta vez Jesús no está para bromas. Ese suspiro desde lo más íntimo demuestra un desaliento total, como el consecuente marcharse dejándoles. ¡Qué fácil la imitatio Christi en esta ocasión! Falta decir «dejándoles... por imposibles», y no lo dice porque eso Él nunca lo haría, pero casi, casi, por los pelos...

Claro que podría señalarse la sublime ironía de que el Signo por antonomasia les dijese en sus propias narices que no se les daría ningún signo. Es como la carta de Poe, pero de carne y hueso. O sea, que les dice que no les dará la señal que le piden por dos cosas: por la mala idea que traen y porque se la piden del cielo y Él es de la tierra, pero se la da porque Él a todo el que le pide le da.

Que esa es la interpretación correcta lo demuestra que Mateo (12, 38-42) y Lucas (11, 20-21) recojan esta pista que añadió: se les dará una señal única, la del milagro de Jonás. Pero eso no quita para el cansancio de Jesús, porque esa pista es muy retrospectiva, sólo serviría para quien se acordase después de la resurrección, siempre que creyese en ella, y tuviese un gusto exquisito para las metáforas del humor negro: la muerte como ballena. También tiene su aquél que después de mentar a la ballena se echase al mar.

No sé si a Marcos se le escapó viva la ballena o la sumergió para dejar en la superficie el cansancio de Jesús, sencillamente. A nosotros, sin duda, la ballena nos hubiese distraído bastante, pero gracias a Marcos vemos que Jesús también se agotaba y suspiraba, aunque no pudiese evitar contestarles a la pregunta como quien no quiere la cosa.


viernes, 15 de febrero de 2019

Abrahamcito


Carmen nos cuenta la historia de Abraham y su hijo. Le pregunto cuál era el nombre de ese hijo, y vacila. Su hermano, con toda seguridad, interviene: «Abrahamcito».

Nos reímos con Enriquito, y tanto, que a mí se me desborda la ternura hasta extremos heterodoxos. Si se hubiese llamado Abrahamcito, ¿no hubiese temblado mucho más la mano de Abraham?


jueves, 14 de febrero de 2019

Enamorarse es fácil


Veo este estupendo poema de K C Iribarren en Twitter:




Y no me resisto a darle una réplica:

Lo sabe bien la monogamia: 
por eso apuesta 
a muerte 
por no salir jamás 
de su historia de amor.




domingo, 10 de febrero de 2019

Dante



Estaba ojeando The Two Towers cuando apareció mi hijo (7) y le pedí que me tradujese el título. Con total seguridad me dijo: la Divina comedia. De inglés está regular, pero tiene claro el canon.


viernes, 8 de febrero de 2019

Evangelio del día


Mi tesis es que para que algo salga mal tienen que hacerse muchas cosas mal. La vida es muchísimo más misericordiosa de lo que pensamos y Murphy es sólo un oportunista que hizo su ley para que escurriésemos el bulto y la responsabilidad.

Se ve claramente en el Evangelio de hoy:

La hija de Herodías entró y danzó, gustando mucho a Herodes y a los convidados. El rey le dijo a la joven:«Pídeme lo que quieras, que te lo daré».Y le juró:«Te daré lo que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino».Ella salió a preguntarle a su madre:«¿Qué le pido?».La madre le contestó:«La cabeza de Juan el Bautista».Entró ella enseguida, a toda prisa, se acercó al rey y le pidió:«Quiero que ahora mismo me des en una bandeja la cabeza de Juan el Bautista». 
Entró ella enseguida, a toda prisa, se acercó al rey y le pidió: «Quiero que ahora mismo me des en una bandeja la cabeza de Juan el Bautista».
El rey se puso muy triste; pero por el juramento y los convidados no quiso desairarla. Enseguida le mandó a uno de su guardia que trajese la cabeza de Juan. Fue, lo decapitó en la cárcel, trajo la cabeza en una bandeja y se la entregó a la joven; la joven se la entregó a su madre. 

Herodes podía no haber tenido su lío con Herodías, que es hasta aliterado y casi cacofónico. Podía no haberse excitado tanto con la danza de la niña. Podía no haber sido un bocazas. Podía no haber jurado. Pero aún así, si hubiese sabido algo de Derecho y hubiese sido humilde, le podría haber dicho a la niña: «Nemo dat quod non habet. Medio reino es mío y te lo daría, pero la cabeza de Juan es de Juan y eso escapa al ámbito de juramento tanto como si me pidieses la luna lunera». Seguro que no hubiese desairado tanto a los invitados. Los más sensibles hubiesen suspirados aliviados de librarse del espectáculo del decapitado; los más religiosos, hubiesen dado gracias de no tener ser siquiera cómplices de atrezzo; los más romanizados, hubiesen admirado el latinajo; y, por último, los más juristas hubiesen admitido que el argumento era impecable. Herodías se habría molestado, sí, pero quizá la niña hubiese podido pedir algo más útil, que le hiciese más ilusión, más apropiado para su edad.

Si Herodes hubiese atendido en su clase de Derecho...


domingo, 3 de febrero de 2019

Poema


Ayer, en el coche, con los amigos de mis hijos, de excursión. Nos cuentan que en el colegio han escrito un poema a la madre. Los más osados nos los recitan, plenos de rimas en -or (flor, amor, mejor), muy largos. Le preguntan a Carmen. «Yo lo he escrito a mi padre». El corazón me da un vuelco. Le pido que lo recite. «No me acuerdo», miente. Luego, dando un paseo, me lo recita a mí, tras muchas dudas. «No te va a gustar...». Dale. Y le da:

Mi papaíto 
es muy rarito, 
pero si él va 
yo voy p'allá.

Me encantó. 





viernes, 1 de febrero de 2019

Lógica



A UN IRRITADO 
 Tendrías que escoger. Si crees que son mis versos 
en extremo mediocres y que soy un fracaso, 
¿por qué tachas de falsa mi modestia? O soy bueno 
e hipócrita o soy —sinceramente— malo. 
Negarme la humildad tras negarme el talento 
parece ensañamiento.


jueves, 31 de enero de 2019

Mario Quintana


Se publicó a final del 2018, pero no se ha distribuido hasta ahora. Una antología de los poemas de Mario Quintana traducidos por mí:


Para comprender mi emoción hay que recordar que yo soy aquel que dijo: «Que otros se jacten de los libros que han escrito, a mí me enorgullecen los que he traducido», haciendo casi un Pierre Menard a Borges, es cierto.

Todos los poemas de Quintana ya quisiera yo firmarlos, pero hay uno que traduje por los pelos, en el último momento que me sirve muchísimo para cuando la gente viene a conocer a un poeta y se encuentra conmigo. Quintana clava la sensación:


QUERÍAS QUE TE HABLASE DE POESÍA
 
Querías que te hablase de poesía un poco 
para burlar lo cotidiano atroz. 
Querías el sonido de mi voz, 
no un eco apenas de este mundo loco.  
 
Aunque qué puedo darte, pobre criatura, en trueco 
de cuánto tú esperabas, ay de nos- 
otros, si yo soy hueco, hueco, hueco 
como el Hombre de Lata en El Mago de Oz.  
 
Recordarás, seguro, ay, su horror 
a las lágrimas porque después se oxidaría… 
Y tú como a un nenúfar del lago me querías,  
 
como una lluvia de oro, como un pájaro 
de luz… Pero poesía, ¿puede haberla mayor 
que este desesperarme mío por la poesía?

[Original


 Si me dejo llevar, cuelgo del blogg medio libro o más, pero este poema vale por su componente biográfico (mío). Lo publiqué en la revista Anáfora por el mismo motivo. Cuando luego venga alguien a verme, siempre le podré decir: «Quien Quintana, no es traidor».



miércoles, 30 de enero de 2019

God as a Gentleman




Lástima que el padre Raniero Cantalamessa no haya predicado explícitamente sobre la nobleza de espíritu del Espíritu Santo para completarnos este acceso trinitario a la aristocracia divina. Aunque falta no hace, porque el Espíritu habla con sus frutos y sus dones: no se cansa de derramarlos y es el Defensor, título más caballeresco imposible, cuando lo es de los débiles y desamparados, como es el caso.


De Cristo como caballero habló Nicolae Steinhardt, de Dios Padre, y qué bien, Rémi Brague.


lunes, 28 de enero de 2019

Sacar la lengua


Acabo de enterarme que en España se ha traducido Fools, Frauds and Firebrands (2015) como Pensadores de la Nueva Izquierda, como el libro del 85 que amplía y como reza su subtítulo informativo. Es una pena, no sólo por la confusión de ediciones, sino porque se pierde el matiz histórico del respeto que los pensadores de la nueva Izquierda han perdido con la vejez. La edición brasileña lo clava, con una portada deliciosamente gamberra, que hasta les saca la lengua:



viernes, 25 de enero de 2019

SOS



Quod erat demostrandum, uno de mis temas es la paternidad. Por eso, la antología Tu sangre en mis venas, y tantas entradas y artículos y, sobre todo, horas de plenitud. Uno de mis propósitos es no dejar el tema, seguir leyendo y pensando y escribiendo. El heteropatriarcado necesita una defensa por tierra, mar y aire. Por eso, os pido ayuda. Me he fijado que en muchas series y películas hay una constante defensa de la bastardía. Cogen una historia de la Historia y nos cuentan que, en realidad, el rey Alfredo (por ejemplo, véase Vikingos) no era hijo legítimo. Juego de tronos es la apoteosis de la bastardía. Y pasa mucho. Yo, muy resabiado, veo ahí un ataque, consciente o inconsciente o ambas cosas a la vez, retroalimentándose, a la paternidad clásica.

¿Me podríais ayudar, por favor, a hacer un listado de bastardos contemporáneos en recreaciones históricas o pseudohistóricas en la ficción (películas, series, novelas) de ahora? Ya no digo padres pésimos, que eso sería inagotable, sino padres-no-padres.

Mil gracias.

jueves, 24 de enero de 2019

Cuidado


Los niños, todo lo que oyen en casa,  lo cascan fuera. Quique  le ha dicho hoy a su profesor de robótica: «Te voy a decir algo que no te va a gustar: "Odio eterno/ al mundo moderno"».

Cojones


A la salida de misa con un amigo hacemos repaso del estado de salud de amigos, conocidos y saludados. Entonces me cuenta un recuerdo de hace años. Su padre, un señor almirante, estaba ya muy enfermo y mi amigo, en esa misma iglesia, empezó a rezar para que no sufriera, que había sido muy bueno siempre, y que tampoco necesitaría purificar tanto. Entonces, siguió mi amigo, abrió los ojos, y al ver al Cristo crucificado del altar, emocionado, viendo que Dios Padre no había dejado que pasara ese cáliz, no se atrevió a pedir ya esa comodidad.

Luego se lo contó a su padre: «... y cuando vi al Crucificado, papá, ya no tuve cohone de pedírselo».

El padre le respondió: "Pues ten cojones".


miércoles, 23 de enero de 2019

Termómetro


Cada mañana a las 6:15 Leonor baja de un salto de la cama a por su café. Yo me quedo muriéndome poco a poco. No me levanta el despertador, ni Leonor ni, mucho menos, la fuerza de voluntad, sino la perra, que una vez que Leonor abre la cocina sube flechada hacia la cama y trata de lamerme, como si estuviésemos en un episodio de Heidi.

Lo bonito pasa a continuación. La perra me dice exactamente la temperatura que hace. Si se queda alrededor de mi cara, buen tiempo. A medida que va bajando bajo las mantas, más frío. Hoy casi se cae por detrás de la cama. Se ha puesto a mis pies.

Por un lado, eso me quitaba muchas ganas de levantarme. Por otro, vi claramente que estábamos haciendo la imagen de un mausoleo, yo difunto con mi perrita a los pies. He dado un salto.

El día, además, además de frío, va a ser largo y más vale atarlo en corto.


lunes, 21 de enero de 2019

Sombras


Como todos los días, me había hecho un plan de lecturas que por la mañana no puede cumplir. Por la tarde, después de mandar el artículo, me dispuse a leer, tras afilar el lápiz, encender la chimenea, recolectar los libros y limpiarme las gafas. Pero entonces Leonor me propuso dar un paseo con los niños y, a pesar de que tenía la coartada de mi catarro, dije que sí.

Luego, con la mala conciencia del domingo sin libros, iba de mal humor. Me enfadé con Quique porque no quería patinar por una calle porque el asfalto le parecía irregular y con Carmen porque, de pronto, se quitó sus patines para subir a darle un beso a su abuela. Leonor iba escogiendo siempre el camino más largo para volver a casa. Yo veía que empalmábamos con la hora de la cena y, entonces, con la hora de acostar a los niños y, por tanto, con la hora de escribir el artículo siguiente. Adiós a mis lecturas reposadas.

Cuando por fin enfilábamos el callejón de vuelta a casa, que tiene las luces a ras de suelo, como una pista de aterrizaje, justamente, la perra empezó a ponerse frenética. A ladrar, a tirar del collar hasta quedarse afónica, a ir de un lado a otro, furiosa. No me sorprendió porque con las luces rastreras confunde su sombra con la silueta de un gato negro, casi eliotano, Macavity, ubicuo y burlón. Eso ya lo sabía. Lo que descubrí es que me pasa como a Aspa. Me pongo de los nervios, ladro, aullo, me destrozo el cuello contra la correa y todo por perseguir las sombras de una vocación de escritor en mi cueva.

Al menos los últimos diez metros del paseo los disfruté intensamente, y la cena.

sábado, 19 de enero de 2019

Una vieja historia


Mi abuela materna era esencialmente hedónica. Una tía suya era la que rezaba el rosario alternando los misterios gozosos, un día, los gloriosos, otros, saltándose los dolorosos, salvo en Semana Santa, si acaso. Mi abuela era fiel a esa tradición y nos la transmitió. Por eso, le divertiría saber el final de una de las pocas anécdotas en las que la vi fastidiada.

Cada vez que venía al Puerto a vernos pagaba visita a una duquesa, prima hermana de una íntima amiga suya de Murcia. La prima recibía esa visita con cierto fastidio o sin grandes alharacas de amistad, y mi abuela se dolía de eso. En parte, afirmaba, por su amiga, que tantas alegrías le hacía de vuelta a Murcia o que le mandaba, a través de ella, bombones o regalos. Y así fueron pasando los años hasta que pasaron por encima de la duquesa, de mi abuela y de la prima y amiga respectivamente. 

El otro día, sin embargo, en una estirada reunión social en la que yo andaba torpemente me presentaron a un grupo de gentes exquisitas. Entonces uno dijo: «¡Oh, claro que conozco a Enrique: su abuela era muy, muy buena amiga de mi madre!». Eso, dicho por el duque, contribuyó a relajar el ambiente. Alguno podría haber interpretado mi emocionada sonrisa como una debilidad social, en plan snob, pero era un homenaje a mi abuela, que también debería de estar sonriendo.


miércoles, 16 de enero de 2019

Preguntas


Afirma un amigo que la filosofía no consiste en elaborar sistemas de pensamiento sino en responder a las grandes preguntas de la humanidad. Me distraigo. Pienso en las tres preguntas que haría yo si frotase una lámpara con tan mala fortuna que el genio que se me apareciese fuese el de la Filosofía, vaya por Dios, y no el plenipotenciario.

Caigo en la cuenta de que serían preguntas o existenciales («¿He escogido bien mi camino en el mundo?») o éticas («¿Me estoy comportando bien?») o conyugales («¿Cómo podría querer mejor a mi mujer?») o pedagógicas («¿Qué educación dar a mis hijos?»); y ya me sobra una. Poca pregunta metafísica o teológica, veo. También veo que me descartaría, si tuviese que hacerlo de la de mi mujer, porque, si reuniese valor, podría hacérsela a ella.

O sea que me quedan tres muy de andar por casa. No es por desinterés más abstracto, en absoluto, sino porque la fe, el Genio de la Lámpara de los siete brazos, digamos, me las contesta a mi entera satisfacción, y si la Esperanza, genio y figura más allá de la sepultura. Siempre he dicho que mi punto flaco de las virtudes teológales (ese que suple Leonor tan bien) es la Caridad. Por lo civil, que mis preguntas filosóficas tengan esa querencia práctica viene a ser la consecuencia laica de carencia.

¿Sería interesante preguntar a filósofos y escritores por sus preguntas?

lunes, 14 de enero de 2019

Orden y libertad


Me han enrolado en un nuevo proyecto, y estamos en los difíciles comienzos, empujando. Eso no tiene nada de especial. Sin embargo, me sorprendí pensando que para funcionar mejor lo que yo necesitaba era mucha más autonomía y mucho más orden. Nada más decírmelo, me quedé encantado. Suelen contreponerse: el orden y la libertad y, sí, en teoría, pero en la práctica, son compatibles, complementarias y maravillosamente se retroalimentan. Lo de Goethe del orden y la justicia me parece poca cosa comparado con este nuevo binomio que he descubierto en los intersticios de la vida laboral: libertad y autoridad, qué bien van de la mano.


domingo, 13 de enero de 2019

Último día de Navidad


Litúrgicamente hoy terminan, ay, las navidades y Quique ha tenido que hacer un dibujo de cómo han sido las suyas de tarea del colegio. Éste:



Están las cartas de Pokemon que le trajo el Niño Jesús por Navidad; él comiendo uvas, tin, tin, con las campanadas, entre los fuegos artificiales que trajo su primo Nico, con luna y todo; la visita al zoo con los primos Blázquez, los Reyes Magos con sus respectivas copas de Jerez; los regalos de Reyes, uno sin abrir, ay, el consumismo, y abiertas las botas de montar y, sobre todo, el jamón que pidió él con tanta ilusión (y sabiduría); también aparece el roscón, con su fruta escaerchada; y, en la base de todo, el Portal de Belén. En la esquina nuestra familia, dándose sendos abrazos.



Bodas de oro



Hoy celebro mis cincuenta años y sólo lamento que mi madre no esté aquí para asombrarse de lo mayor que se ha hecho su primogénito. Ella lo haría con un mohín de incredulidad, por coquetería y para consolarme: la estoy viendo. Pero no puedo poner triste, porque, en realidad, mis padres celebran hoy, en mí, fruto de su matrimonio, sus bodas de oro. O es que acaso no soy yo soy matrimonio encarnado, vivísimo, y celebrándolos, agradecido.

sábado, 12 de enero de 2019

Mi epitafio [para ir adelantando]


No hubo batalla que no diera 
aunque la mayoría las perdiera.

Doctrina paulina



Carmencita está muy impresionada porque en el folleto para hacer bien el examen de conciencia se ha encontrado con esta pregunta: «¿Te has emborrachado alguna vez?» Su impresión se queda en nada comparada con la de Quique, que no da crédito. «¿Cómo puede ser pecado?», me pregunta, desazonado por las dudas teológicas. Se lo explico. Me escucha. Calla. No le convenzo. Vuelva a la carga. Discutimos de Teología etílica. Me pregunta, ay, por mi experiencia personal. Decido refugiarme en la santa doctrina paulina del inolvidable padre Repetto:



Y quedamos muy contentos ambos al fin con la fuerza que sabe el jovencísimo Pedro Pacheco que da el vino. No nos tomamos una copa porque son las diez de la mañana y porque el estómago dolernos no nos duele.





jueves, 10 de enero de 2019

Criando ácratas


Carmen se ha ido a casa de una amiga. Leonor y yo le proponemos a Quique dar un paseo hasta la playa, pero está muy cansado del día de colegio y declina nuestra oferta.

Leonor, tan moderna, propone una votación. “Dos contra uno a favor del paseo”, proclama el resultado. “Tienes que venirte”. Veo la angustia de mi hijo por esa dictadura de las mayorías y me entra un sentimiento de piedad predemocrática. Prefiero, me digo, el autoritarismo: “No es, Quique, la democracia, es la autoridad de tu madre la que te obliga a dar el paseo”, y veo que, siendo el resultado igual, es menos aplastante, quizá porque se puede protestar mejor, quizá porque puede apelar a una piedad personal.

De hecho, protesta y apela.

Hace ambas cosas, y yo, tribuno de la plebe, autoritario ácrata, considero que la solución es que el niño de siete años se quede solo en casa a cargo de la chimenea, mientras su madre y yo damos un buen paseo hasta la playa. Allí tomé esta fotografía de un andaluz preocupado por el pacto:



Nosotros no estábamos tan tranquilos, sobre todo la madre, y volvimos rápido. Pero el paseo fue delicioso y Quique había recibido, además, una lección de teoría política.

miércoles, 9 de enero de 2019

Justicia poética


Me entero por Javier Aznar, que se ha enterado por Julian Barnes, que Lucian Freud admiraba este cuadro de Chardin porque decía que la joven maestra tenía «la oreja mejor pintada de la historia del arte»




Me parece de una gran justicia poética, pues lo principal en un buen maestro es saber oír a su discípulo.

Para enseñar. Pero también para aprender. Ayer mismo, no más, animaba a mis alumnos a pensar, verbalizar, escribir y cumplir (sobre todo) sus objetivos para el 2019. Hay que animarles a la magnanimidad. Y entonces uno, brasileño, y muy buen estudiante, me dijo que entre sus propósitos contaba «terminar sus dos libros». Entendí que era un joven escritor, y entended la ilusión que me hizo. Como no habla un español perfecto, durante un rato estuvimos conversando yo de los libros que él estaba escribiendo y él, en realidad, de los que estaba leyendo.

Cuando me aclaré, no perdí la ilusión, sino todo lo contrario, porque había aprendido con una actividad de clase, como quien dice, que apenas hay diferencia entre escribir un libro y leerlo. Ambos buenos propósitos que requieren inteligencia, atención y tiempo. La buena oreja del profesor me había dado una lección.


martes, 8 de enero de 2019

Micó y 50 c.


Es una anécdota menor y, porque lo es con el sistema monetario, una elegante cabezada del buen Homero. Además, desmiente muy oportunamente lo de la avara pobreza de Cataluña. Pero también es un símbolo de la propia traducción de José María Micó, al que se le escapan algunos aciertos por muy poco. ¡Con lo bien que hubiese quedado su metáfora monetaria comparando el diverso valor de las respectivas monedas conmemorativas...! El caso es que en la entrevista de Crónica Global le preguntan y responde esto: 






Y claro está que tenemos esta moneda, que yo colecciono, por cierto.



Pero también tenemos aquí a don Miguel. No hemos sido los españoles tan generosos, pero ahí está, y a él le habría hecho mucha gracia ese valor menor porque parece un último coletazo de su humildad triste y honda:


lunes, 7 de enero de 2019

Infierno XV, 18-21


Andábamos comentando la traducción de Micó de la Divina Comedia y comenté que lo mejor que tiene Micó es que te ayuda muy bien a leer en la versión original, reproducida en una letra tan pequeña, eso sí, que te fuerza a arrugar el entrecejo como el viejo sastre que trata de enhebrar.

Rápidamente alguien puso los versos de Dante, y la traducción de Ángel Crespo. Yo he pensado que si se trata de ponerse puntillosos y de arrugar el entrecejo y aguzar la vista, qué pasaje mejor que éste para comparar las traducciones. 

Éstas son las que he manejado yo, empezando por el Poeta, claro:


...ci riguardava come suol da sera  

.....guardare uno altro sotto nuova luna; 
e sí ver noi aguzzavan le ciglia 
 come ’l vecchio sartor fa nella cruna. 

Ángel Crespo:

y cada una de aquéllas nos miraba 
  
 como se miran dos —el entrecejo 
frunciendo— si la luz lunar no brilla, 
o como enhebra el hilo un sastre viejo 


Fernando Gutiérrez:

nos miraba, igual que suele uno suele a otro, 
por la noche, mirar en luna nueva; 
como enhebra la aguja un viejo sastre. 

Abilio Echeverría:
nos miraba cual suelen en la umbría  
mirarse dos bajo la nueva luna. 
 o cual sus ojos miopes acuchilla 
un viejo cuando enhebra sin fortuna. 

José María Micó:
y nos miraban como mirar suelen  
 dos hombres que se cruzan en la noche, 
escudriñándonos como escrudiña 
el viejo sastre el ojo de la aguja. 


Nicolao González Ruiz:

y cada una nos miraba como se suele mirar la gente por la noche cuando hay luna nueva, frunciendo las cejas para rirarnos, como uns astre viejo para enhebrar la aguja. 


Conde de Cheste:
y cada sombra en nos la vista para,  
 cual nos solemos ver a la tranquila 
luz de naciente luna, o cual ve atento, 
viejo alfayate que la aguja enhila. 

Vasco Graça Moura:

a olhar-nos como à noite tem maneira  

.....alguém de olhar alguém à lua nova; 
a nós a vista aguçam: se encarquilha 
o velho sastre assim e a agulha o prova. 


Dorothy L. Sayers:

... who eyed us much as passers-by 
Eye one another when the daylight fades  
 To dusk and a new moon is in the sky, 
And knitting up their brows they squinnied at us 
Like an old tailor at the needle’s eye.

Uno termina resignado a hacer como el viejo alfayate que la aguja enhila y a apoyarse donde pueda, sí, y a arrugar el entrecejo lo que haga falta, pero a no alejarse mucho nunca del toscano de Dante, ojo y aguja. 


domingo, 6 de enero de 2019

Para que conste


Por si cuando abran la causa de beatificación de mi sobrino Jaime yo no estoy aquí para dar mi testimonio, quiero contar que hoy, día de Reyes de 2019, cuando todos sus tíos y primos nos abalanzábamos sobre los regalos, él decía muy serio que no necesitaba tantos, que, honestamente, se habían pasado y que le costaba comprenderlo. Tiene siete años, la criatura, y yo creo que esto vale como aquel otro que, cuenta la leyenda, no mamaba en los viernes de Cuaresma.


Primer regalo de Reyes


Salgo silencioso, a oscuras, sin ser notado, por la puerta de atrás, a recoger unas cosas del maletero del coche y, oh, qué espectáculo de estrellas, todas de Navidad, en el cielo negrísimo y helado, como un carbón dulce.


martes, 1 de enero de 2019

Última pesadilla del 2018


La madrugada del día 31 tuve la última pesadilla del 2018. Fue angustiosa. Consistía en que le había dado demasiada importancia a la traducción de Micó de la Divina Comedia, siendo infiel a Abilio Echeverría, sobre todo, pero también a Fernando Gutiérrez, e incluso a Ángel Crespo.

El último día del año fue, por tanto, de un gran alivio desde primera hora: el que tuve al despertar. Porque las traducciones de Dante no son mi tema, sino Dante y, con la redentora luz del alba, caí en la cuenta de que ya lo estoy leyendo en la versión original, apoyándome en las traducciones de unos y de otros, sí, pero nada más; y que no tenía, por tanto, que temer.

Al alivio de que la luz disipe las angustias de las pesadillas, se sumió la alegría de que, después de cinco años de jefe de estudios con pesadillas pedagógicas, por fin volvía a tener pesadillas pedantescas.