domingo, 10 de diciembre de 2017

Cyrano y su circunstancia


Hace meses tuve la feliz idea de ir al teatro con mis hijos a ver Cyrano de Bergerac, y reservé las entradas de esta noche. Pensé que la rima, las espadas, el amor, la nariz (con perdón) y  las continuas protestas de los niños cada vez que Leonor y yo salimos sin ellos  harían que el plan saliese redondo.

Entrar en el teatro les ha gustado. Hemos saludado al alcalde, que les ha regalado un boli. El boli era sospechosamente rojo y me malicié que David de la Encina les había soltado a mis hijos un boli del PSOE. Luego vi que no, que era del "Ayuntamiento del Puerto de Santa María", y me quedé la mar de satisfecho.

La obra empezó bien, pero no para los que se sentaban delante de nosotros. Se volvió muy serio un señor muy calvo, como de película española, a decirnos que el niño daba pataditas en el respaldo de su señora. Cierto. Como no le llegaban los pies al suelo, Quique se balanceaba, ay. 

Le ordené que se quedase inmóvil, cual estatua de mármol.

Pero no. El señor se volvió a volver. "Es de suma importancia que el niño deje de dar patadas", me dijo. Yo, crecido por Cyrano, sopesé la oportunidad de un duelo en el teatro, que tendría algo de mise en abyme y de homenaje a Rostand. El problema es que el caballero tenía razón y Quique balanceaba los pies, y a mí no me importa dar las batallas que sean necesarias, pero sólo si son justas.

Me pasé el resto de la obra retorcido, para aguantar las piernas de Quique, que no sabía qué le extrañaba más, si las peripecias de Cyrano o mi torsión. Aprovecho para decir que llevaba unos días con dolores de espalda, además, que ahora se han agravado.

Con el rabillo del ojo veía que Leonor también tenía su ten con ten con Carmen y sus piernas colgantes.

La obra resulta bastante larga, al menos en nuestras circunstancias.

Que eran ideales para apreciar un matiz del final de Cyrano que quizá no controló Rostand, pero que resulta estupendo. Dice Roxana que ha perdido dos veces al mismo ser, y eso nos anima a comparar las dos pérdidas. La sobriedad de la muerte de Christian de Neuvilette contrasta con la muerte un tanto egocéntrica de Cyrano. Le salió mejor la muerte escrita que la real (no a Rostand, a Cyrano), y eso es otro símbolo metapoético en una obra que está llena de ellos. Vivmos, Cyrano, mejor por escrito, morimos mucho mejor.

Me ayudó a verlo que, a esas alturas, con Carmen dando cabezadas y Quique con calambres en la pierna, estaba deseando que aquello acabase como fuera.

Hemos aplaudido a rabiar.






sábado, 9 de diciembre de 2017

Resistir es ascender


Siempre he querido escribir estos versos que contestan a los muy perspicaces de Antonio Machado. Si no lo hice antes, fue quizá para no desvelar mi método.

     Qué difícil es, 
cuando todo baja, 
no bajar también. 

     Pasa, don Antonio, 
también al revés: 
cuando todo baja 
saber mantenerse 
supone ascender.



miércoles, 6 de diciembre de 2017

Chulo, la verdad


La presentación de Vida le llaman de Cristina Luque fue como la seda. Era estupendo oír a los presentadores y luego escuchar los poemas de Cristina y sus explicaciones. Pero tanta perfección no era posible. Abrí el poemario, ansioso, y me saltó al cuello (nudo en la garganta) el poema "Cumpleaños". Me desazonó. No, no porque no fuese bueno, que lo es, ya verán, sino por lo contrario. Era un poema al padre y se había escapado de mi Tu sangre en mis venas. Entre poemas que salen después y los que se me traspapelaron antes y los que no leí nunca, qué remordimientos me rodean.

Para evitarlos, abro nueva etiqueta en el blogg y copio y pego:


CUMPLEAÑOS 

Recuerdo en un poema hablar de tus silencios,
 
de toda la enseñanza que guardaban 
y de cómo Galicia me recordaba a ti. 

Hubiéramos comido hoy todos juntos,
 
con la gente de siempre 
y, aparte de reírnos y charlar, 
hubieras apagado ochenta velas. 

Y hubiéramos hecho fotos...
 
Y hubiéramos cantado Fogar de Breogán... 

Hubiera estado chulo, la verdad.




martes, 5 de diciembre de 2017

Memorialista (2)


Rebusco en mi memoria para satisfacer la demanda de "historias de mi vida" a la hora de acostar a los niños.

Mi madre decía a todo el mundo que yo era muy simpático y amigable. Cuando una madre o una abuela estaba preocupada por las habilidades sociales de su niño, me enviaban a mí para integrarlo. Conocí a gente muy curiosa en toda la extensión del término.

Mi mayor éxito fue un chico al que integré tan bien que acabó esnobeándome.

Pero en la mayoría de los casos yo fracasaba estrepitosamente. 

Mi mayor fracaso fue hasta peligroso. Llegué a la casa del paciente a echar la tarde. Yo también iba muy paciente, dispuesto a todo. La tarde se hacía infinita. Parecía la hora de irme y era sólo la de la merienda. Me ofrecieron un bocadillo. Dije "vale". Me preguntaron: "¿De qué?" Dije: "Me gusta todo" y, como castigo a mi hipocresía, me dieron algo que me repugnaba: un  bocadillo de mantequilla y azúcar.

El chico solitario y yo mascábamos nuestros sendos bocadillos en silencio. Se oía el cri-cri del azúcar horadando nuestras muelas. Un magnífico bóxer se sentó enfrente y miraba con ojos de deseo mi bocadillo. Yo le miraba y pensaba: "Qué más quisiera dártelo".

Cuando lo terminé. El bóxer se puso furioso de que no le hubiese dado ni un trocito y se abalanzó contra mí. Yo eché a correr como un loco, aprovechando que el jardín estaba cuesta abajo. El bóxer me pisaba los talones. Oía a lo lejos los gritos del niño silencioso y de su madre preocupada por las amistades del muchacho (en toda la extensión del concepto). Como me cogía, me tiré de cabeza a la piscina, con ropa y todo. El bóxer se tiró detrás. Pero en el agua yo era más rápido y me salí por el otro extremo de la piscina. Sin decir "adiós", calado hasta los cuernos, temiendo un corte de digestión por mi bocadillo de mantequilla y azúcar, cogí la puerta y me fui chorreando a casa. Dejando un reguero de agua. Tal vez también de lágrimas. Tomé por calles accesorias no fuese a encontrarme la madre con el niño y a darme otro bocadillo de mantequilla con azúcar.

Lo bueno de hacer memoria es que anoche, por fin, comprendí la furia del bóxer. Había detectado, el animalito, el asco que me daba el bocadillo y no entendió que me lo comiese así, entero, sólo por jorobarle. 


lunes, 4 de diciembre de 2017

Memorialista (1)


Mi hijos saldrán memorialistas, ya verán. Mi profecía se basa en mi experiencia. A mi padre, en vez de cuentos, yo le pedía poemas. Y eso marcó mi destino. Mis hijos no me piden cuentos ni poesía, sino "historias de mi vida". Les estoy haciendo un repaso exhaustivo.

A veces me veo bastante agobiado y falto de material. Así que hace varias semanas les conté que una vez se despertó mi vocación científica y quise saber qué pasa con la orina si se conserva un tiempo. Añadiré que estamos ante uno de los motores de mi vida: la conservación y el aprovechamiento. Me da mucha pena desperdiciar cualquier cosa y me gustaría encontrar una utilidad hasta para el pelo que me corto. El caso es que hice pipí en un bote de cristal y lo cerré bien. Lo escondí al fondo del paragüero de la entrada.

El problema es que lo olvidé allí.

Un día, mucho tiempo después, de pura chamba, lo recordé a la hora de la siesta. Daba gracias al cielo porque habría tenido muy difícil explicar el experimento a mis padres de haber sido descubierto in fraganti. 

El resultado daba pena y asco. Cogí el frasco haciendo de tripas corazón y me escabullí por un boquete en la valla a la parcela de al lado, que estaba sin construir y era nuestro monte, y allí lo enterré, debajo de una casuarina.

Pasaron los años. Luego construyeron en aquella parcela y la casa, todavía más tarde, resultó ser la casa de la abuela de un amigo de Quique. 

Por eso del amigo y que es, por tanto, un secreto de familia, esta historia le encanta a Quique. Me la volvió a pedir, pero yo os la cuento por lo que sigue. Carmen se negó. Dijo que eso son cosas muy asquerosas propias de chicos. Luego, me miró apiadada y dijo: "Pero tú ya has crecido, papá, y has dejado de ser asqueroso".


domingo, 3 de diciembre de 2017

Maldita rima



Se empeñan en invitarlos a chucherías, aunque yo no quiero que tomen tantas. Para convencerme, me dicen: "Las tomaremos de postre de la cena". A los cinco minutos, Carmen me da su bolsita y me dice: "Guárdamela para no caer en la tentación".

A Enrique le gusta el método. Me da su bolsa y repite: "Guárdamela para no caer en la ilusión".

Yo caigo en la confusión, porque no sé si reírme por la rima retorcida o preocuparme por lo que tiene de conexión psicológica para siempre.


sábado, 2 de diciembre de 2017

Omnia in bonum!


Anoche, cuando el camarero, cansado de nuestra tertulia interminable, me quitó, con pasos sigilosos y un magistral movimiento de muñeca, el whiskicillo que llevaba, apenas, por la mitad, cortando además por lo sano, lógicamente, la posibilidad de pedirnos otros, me dio muchísima rabia.

Sin embargo, esta mañana, con un dolor de cabeza que me atraviesa de oreja a oreja, doy gracias al cielo por la destreza de bailarín, que Dios le pague, de aquel alma bendita.


viernes, 1 de diciembre de 2017

Estar en la honda


Nos avisaron que algunos muchachos, desde fuera del instituto, estaban lanzando piedras contra la fachada. Algunas clases habían tenido que bajar las persianas para proteger los cristales. Llamamos inmediatamente a la policía. Cuando salí, después de llamar, vi a un macarra como de película que se había colado dentro del centro saltando la puerta principal, que está cerrada hasta que acaban las clases. No me quedó más remedio que irme hacia él, pero con cierta desconfianza. A ver qué pasaba.

Le di el alto. “¿Qué haces aquí, tú, eh?” “He venido a ver a mi primo”, me mintió. “Déjate de primos y vamos para fuera. ¿Cómo se te ocurre saltar la puerta así?” “Es que ha llegado la poli”, me informó. “Ah, ¿ya ha llegado?” “Sí, sí...” “Bueno, pues vámonos a verlos”.

Y me seguía dócilmente. “¿Cómo te llamas?” “Moi”. Yo empecé a desarrollar un síndrome de Estocolmo a la inversa. Qué buen chaval el macarra tirapiedras. Cuando nos acercábamos a la policía, amplió su confesión: “En verdad, salté para esconder aquí la honda”. “¿Qué honda?” “Esa”, y estaba detrás de un matojo. “Vaya. ¿Y para qué quieres tú una honda?” “Pá las cabras”, me dijo, no sé si con la intención de reírse de mi pregunta absurda o por un resto de bucolismo.

Cogí la honda, que es lo que más preocupaba al chico, y me la guardé en un bolsillo. Supongo que con intenciones contrapuestas: dársela a la policía, encubrir al amable macarra o, incluso, quedarme con ese objeto cervantino. Ahora no sé exactamente por qué me la guardé ni sé si lo sabía entonces.

Como la policía estaba al otro lado de la valla, cacheando a los colegas del colega, le dije al mío: “Eh, tú, ahora das la vuelta corriendo a toda velocidad y vas donde la policía. Pensé que si se largaba, ya podría sacar la honda sin traicionar al esfumado elemento. El chaval corría que se las pelaba hacia la puerta del IES. Enseguida llegó el director y abrió la puerta principal. A mis alumnos, que veían la escena desde las ventanas, aquello les hizo una gracia tremenda: el chico corriendo para dar la vuelta cuando ya no hacía falta. Luego me contaron que también habían observado el misterioso movimiento de muñeca con el que me había guardado la honda, pero que no dijeron nada por no comprometerme.

El director y yo saludamos a los policías. Al rato llegó, sudoroso y jadeante, mi elemento. Le llamaron “Moi” sus colegas y la policía también. Ni me había mentido ni se había fugado. La policía nos sopló: “Ese es de los más peligrosos” “Vaya por Dios”. Con todo, la honda se hundía cada vez más hondo en el bolsillo de mi tres cuartos.

Interrogaron a los tipos. De pronto, uno va y dice sin venir a cuento: “Si no estábamos haciendo nada. Sólo jugábamos con la honda, pero tirando para allá, no para el colegio”. No sé si le tendría alguna guardada al Moi o qué. “¡La honda! ¿Qué honda?”, gritaron los policías, excitados como sirenas de policía. Yo vi que ya no tenía ambigüedad en la que esconderme. Saqué con cara de naturalidad la honda de mi bolsillo: “Esta”.

Los policías me miraban sin dar crédito. A mí, al bolsillo, a la honda.

Yo creo que la mitad de los gritos los daban en mi honor. El rabillo del ojo no me lo quitaban de encima no fuese a sacar otra cosa del bolsillo. La honda, por lo visto, tiene la consideranción legal de arma. Puede matarte. La mía (la que fue mía durante diez minutos, pero que era del Moi) era una honda enorme, buenísima, peligrosa. La ponderaron mucho todos, para mi dolor. Y yo volvía tener sentimientos encontrados: el remordimiento de haber guardado en mi bolsillo el equivalente de un revólver y la lástima de no habérmela distraído. A Moi se le complicaban las cosas.

Yo decidí volverme con mis alumnos, porque aquello ya lo manejaba bien el director y porque los policías me miraban bastante raro.

Anduve apesadumbrado por la policiía. Supuse que tiene que ser muy cansado defender la ley y el orden y que hasta los más carcas caigan en la tentación de echarle un cl un poco al niño hondero.

Luego, mis alumnos, muy divertidos me amargaron más. Me explicaron que en Puerto Real hay una enemistad infinita entre las hondas y la policía desde los tiempos de las huegas salvajes de Astilleros. También me recordaron que hay un delito de encubrimiento. Uno de ellos tuvo que pagar una vez una multa de 89 euros por no denunuciar a un amigo.

Estaba desconsolado y sin honda.



















martes, 28 de noviembre de 2017

Ángel de tiza

Al salir, descubro que Carmen se ha estado aplicando a base de bien. Ha pintado con tizas de colores todo el camino del jardín y los alfeizares de un montón de ventanas. Por supuesto, no le voy a reñir. Son dibujos muy bonitos. Y pronto va a llover y la lluvia se llevará la sequía y la tiza.




Encima me fijo un poco más y veo que ha dibujado un ángel. Bien. Y que el ángel lleva un motto de la casa o un lema. ¿Qué dice? Ah. Oh. "Dios es el mejor". Me lo pido de icono.




En la cena, sospechando que en el colegio le hayan explicado qué significa el nombre de San Miguel, y ella haya hecho su traducción simultánea, que ya estaría bien, le preguntó por qué puso ese cartel. 

¿En clase te han dicho algo? 
"No, qué va, no hemos hablado de ángeles en el cole".
Vale. Entonces, ¿cómo se te ocurrió poner ese lema? 
"Papá", responde escandalizada, "¡es un ángel!"
Ciertamente, un ángel no va a decir otra cosa. Eso está claro. Amén.


lunes, 27 de noviembre de 2017

Buenos días


Un compañero de lides mediáticas dice "Buenos días" y pone la foto de un jardín que suponemos suyo con tres arbolitos jóvenes, destartalados como preadolescentes, y poco más. La foto, como foto, es bastante mala, poco encuadrada y con juegos de luces sin gracia. El jardín tampoco es Versalles. Y, sin embargo, precisamente por eso, tiene una enorme fuerza poética.

El observador avisado sabe que lo que vale de esa foto es la emoción mañanera del que la hizo y la colgó. Es una emoción contagiosa, que te levanta el ánimo, precisamente, para encarar tu día, igual de poco versallesco, de mal encuadrado y de luces contradictorias.

Qué complicado es el arte y qué complicado, simétricamente, el ser humano. Si la foto hubiese sido excelente, no habríamos sentido nada. Habríamos pensado que el autor quería presumir de cámara o de jardín o, incluso, de sensibilidad. Todo lo contrario, por suerte.




jueves, 23 de noviembre de 2017

Estremecimiento


Para mi intervención de mañana sobre los aforismos y el humor, repaso mi Quintana, mi Pearsall Smith y mi Millôr Fernandes. Los tuiteo con ametralladora. Pero, de golpe, un aforismo de Quintana me pone la piel de gallina y me emociona.

La dulce convivencia


Tus silencios son pausas musicales.

Eso es la poesía.




domingo, 19 de noviembre de 2017

La tarea de Enrique



El día menos pensado me llama al orden el profesor de Enrique. Hemos apuntado "El dinosaurio" de Augusto Monterroso y le hemos dado 20 minutos en su ficha semanal de lectura. En realidad, no hemos mentido en exceso, porque sí leímos juntos casi media hora de una antología de microrrelatos y el dinosaurio todavía estaba allí, incomprensiblemente para Enrique y para mí. Pero no nos hemos resistido al guiño. Ya sabéis: "Cuando se quiere ser ingenioso, resulta que se miente un poco".

Yo espero que el profesor advierta la guasa. Me interesa, sobre todo, para que no envíe al niño al psicólogo cuando vea las frases que ha inventado con cada dibujo de los de la derecha en otra página de la tarea: 




viernes, 17 de noviembre de 2017

Aspa se aclimata


Todavía no he presentado en Rayos y truenos a Aspita, nuestra nueva protagonista, una perrita teckel de nombre Aspa, y de apellido De Borgoña, Aspa de Borgoña.



Ha venido de Madrid y venía muy urbanita. El jardín le daba repelús, pero se le ha pasado. Hoy los niños se han empeñado en llevarla a su clase de tenis, y allí hemos ido. Mientras ellos daban la clase, yo me he ido a tomar un café con la perrita. Generalmente uno aprovecha ese momento para leer, pero ha sido un desastre.

La gente me paraba para saludar a Aspa. Aspa se paraba porque todavía es muy pequeñita para andar demasiado. Cuando he llegado al bar, a la camarera le ha faltado sentarse conmigo de lo que le ha gustado la perra. Y me he tenido que quedar en la terraza, tomando el fresco. No estaba siendo la mejor tarde de lectura.

En esto han roto el aire los rasgueos de una guitarra y a lo lejos, con voces de arguandiente, han sonado los versos de un fandango. Se conoce que algún almuerzo estaba terminando tarde y bien. Aspa escuchaba aprobatoria, atenta, sin perder una nota, y yo le echo un mes más como máximo para ser una andaluza perfecta.




Del chat familiar


Esto del chat familiar:



jueves, 16 de noviembre de 2017

La madre de Dalila


Yo me pelaría ya mismo. Por una estrategia conyugal, no voy nunca motu proprio, sino que dejo que Leonor me lo ordene, como todo. "Ya te toca pelarte" y yo voy de inmediato (puedo llevar cinco o siete días sufriendo en silencio, deseándolo) y quedo, además, como un marido sumiso y eficiente. Pero tanto maquiavelismo ha tenido su castigo.

Mi suegra está pasando unos días en casa. Leonor me ha dicho: "Ya te toca pelarte" y mi suegra, encantadora, ha intervenido: "Yo te veo estupendo, te queda fenomenal la melenita, me encanta". Leonor, también sumisa con lo suyo y encantada por el piropo, ha dicho: "Bueno, ya ves, no te peles". Y ahora voy con mi melenita al viento Dios sabe hasta cuándo. 

Si Sansón hubiese tenido suegra, otro gallo les hubiera cantado a los filisteos.


miércoles, 15 de noviembre de 2017

Seis de Salvago


De Hablando solo por la calle, el libro de aforismos de Javier Salvago:

El éxito —como la felicidad, según Séneca— es no necesitarlo. 
* 
Un aforismo 
distribuido 
caprichosa 
-mente 
en renglones 
cortados 
no 
es 
un 
poema. 
* 
Nadie es inocente, aunque se demuestre lo contrario. 
* 
La función más sutil del vestido es hacer más interesante lo que tapa. 
* 
Poesía, la justa. Literatura, la mínima. 
* 
Para la eternidad, todo es presente.


lunes, 13 de noviembre de 2017

Es topa


Invito a mis hijos a aprenderse de memoria a Antonio Machado:

Se miente más de la cuenta 
por falta de fantasía: 
también la verdad se inventa.

Quique recuerda mejor otros versos que, por lo visto, les enseñé yo alguna vez:


El hombre es fuego, 
la mujer, estopa, 
viene el diablo 
y sopla.

Misterios del subconsciente, a los niños les interesan mucho más estos versos que los de Machado. Carmen dice: "Uhhh, yo soy fuego". Quique la corrige: "El fuego soy yo, tú estopa". Carmen pregunta: "Y eso, ¿qué es?" Su hermano, cargado de razón, le explica: "Es topa, la mujer del topo".

Yo veo que hay un añadido estético muy valioso al hecho de aprenderse unos versos sin saberse su significado. Por el puro gusto estético del ritmo y de la rima. El viejo refrán, al que siempre le vi mucha chispa, me ha incendiado para siempre.


domingo, 12 de noviembre de 2017

Muchos amigos


Ayer fui a la convivencia del colegio de mi hijo. No pude escaquearme por la razón que expliqué ayer. Una vez allí, lo pasé estupendamente, aunque quejándome, claro.

Un amigo me afeó "lo poco que me gusta alternar", cuestión puntual en la que él y yo, dijo, no somos iguales. Era un elogio inconsciente maravilloso, porque mi amigo goza de una gran autoestima. Yo, en legítima defensa, pensé que "alternar" es una palabra feísima que es normal que no guste mucho, aunque "alternar" con él me encante.

Entré en la misa con el yo pecador de la misantropía en la boca. Y la abrí la boca asombrado del sentido del humor de la Providencia. En la primera lectura, San Pablo nos contaba, justamente, la de amigos que tenía y lo mucho que alternó:

Saludos a Prisca y Aquila, colaboradores míos en la obra de Cristo Jesús; por salvar mi vida expusieron su cabeza, y no soy yo sólo quien les está agradecido, también todas las Iglesias del mundo pagano. Saludad a la Iglesia que reúne en su casa. Saludos a mi querido Epéneto, el primero convertido de Cristo en Asia. Saludos a María, que ha trabajado muchos por vosotros. Saludos a Andrónico y Junia, mis parientes y compañeros de prisión, ilustres entre los apóstoles, que llegaron a Cristo antes que yo. Saludos a Ampliato, mi amigo en el Señor. Saludos a Urbano, colaborador mío en la obra de Cristo y a mi querido Estaquis. Saludaos unos a otros con el beso santo. Todas las iglesias de Cristo os saludan. Yo, Tercio, que escribo la carta, os mando un saludo cristiano. Os saluda Gayo, que me hospeda, y toda esta Iglesia. Os saluda Erasto, tesorero de la ciudad, y nuestro hermano Cuarto.
Digo yo que pocos habrá habido en la historia que hayan leído esta epístola de San Pablo con la emoción con que la oí yo.

En el Evangelio, Jesús tampoco le hacía asco ninguno a la "alternancia" más alternativa: "Ganaos amigos con el dinero injusto". ¡Incluso!

La homilía cogió el tema, como si el cura nos hubiese oído y se pusiese radicalmente de parte de mi amigo. Cómo sería que incluso mi hijo Enrique, normalmente distraído, me miró y me dijo, como disculpándose: "Yo tengo muchos amigos".

Y yo, ya totalmente convencido, le dije un "Amén", aunque sonó: "Muy bien".


sábado, 11 de noviembre de 2017

Hijos


A veces lamento tener sólo dos hijos, y en parejita, encima, para que todos los progres del mundo me den, con muy buena intención, su más hirientes enhorabuenas. Pero la Providencia es sabia, porque con más hijos me estallaría el corazón. Con dos ya voy tambaleándome.

Primero, el "Autorretrato autorretratada" de mi escheriana Carmen. Hace una "mise en abyme" que me abisma, sin decir nada del desorden, tan paterno de la paleta y los pinceles tras la obra terminada.

Segundo, Enrique tiene hoy convivencia en el colegio y los padres lo tenemos que llevar. Le digo: "Hijo mío, no tengo ningunas ganas ni tiempo, ¿por qué no nos la fumamos?" No me dice: "Porque tengo que ir" o "Porque me divierte mucho", que son argumentos, el positivista y el hedónico, que yo rechazaría de un manotazo. Me dice: "Papá, he dado mi palabra". 

No hay más que hablar, naturalmente. Nos vamos.




Educación diferenciada


Mis hijos me comentan entusiasmados el descubrimiento de que el mismo objeto se llame "calzoncillo" si es para él y "braguita" si es para ella. Es la apoteosis de la diferenciación. Me preguntan cuándo se convierte un calzoncillo en braguita, cuando él se lo da a ella, cuando ella lo coge, cuando ella se lo pone...

"Hay unas diferencias mínimas de diseño", sugiero. "Sí, pero son sólo para que Ruslana sepa en qué armario guardarlos". 


viernes, 10 de noviembre de 2017

Comunista


Ahora algunos celebran el comunismo sin bochorno, y debería ser delito o ser lo mismo que sea reírle las gracias a Hitler. Juan Pablo Arenas se pasma en Twitter, con razón, de que "comunista" no sea todavía un insulto horrible, peor que "hijo de puta", que es un insulto sobrevalorado y estereotipado.

En esto mi padre ha sido un ejemplo. En los años ochenta, tuvo un percance en un ceda al paso con un señor muy conocido de Jerez. Y éste, que no había reconocido a mi padre, bajó la ventanilla de su todo terreno y le gritó a mi padre lo peor: "¡Comunista!". Ese señor sabía insultar, desde luego. Mi padre montó en cólera. Y se abalanzó contra el ofensor, que aceleró su coche a toda prisa y puso pies en polvorosa. Mi padre lo persiguió un montón de rato a toda velocidad por el pueblo dispuesto a vengar su honor. El otro no quería ir a su casa para que su perseguidor no lo tuviese localizado. Se pasaron un montón de tiempo dando volantazos y quemando caucho.

Me parece que ambos se portaron muy bien. El famoso ganadero usando "comunista" como el insulto que es; mi padre dispuesto a hacerle tragar tamaña ofensa.


jueves, 9 de noviembre de 2017

Otras vidas


Estoy haciendo un curso de formación para el profesorado en otro instituto. Y mientras camino por sus pasillos, al entrar o yendo al bar o al baño o al salir, me invade un sentimiento que conozco bien de otras ocasiones parecidas. La sensación de que podría ser profesor de ese centro y no del mío y que mi vida sería diferente. Toco con la punta de mis dedos otra existencia.

Y, de pronto, suelto una sonrisa que me destensa el pecho. Curiosamente no me asalta el mismo vértigo cuando me cruzo con otra mujer que no es la mía, incluso aunque fuese amiga mía de solteros y esas cosas. Mi subconsciente no bromea con la conyugalidad. Ni tampoco con mi pueblo. Ni con mis humildes literaturas. Posibles destinos distintos, en mi caso, apenas un cambio de centro de secundaria.

No me dirán que no es curioso.


miércoles, 8 de noviembre de 2017

Quita tus limpias manos de mi Bloy



Escribí un artículo apresurado, como todo lo mío en este primer trimestre, sobre Bloy. Surgió un comentarista. Me afeaba haber citado mal al maestro y, agobiado por eso, obvié que me llamaba directamente "antibloy". Decía:

La frase de Bloy sobre las últimas noticias dice "leo el Apocalipsis", no a San Pablo. Bloy merece más que esto, pero el antibloy no se lo va a dar, está claro.

Me pudo el pavor instantáneo de pensar que había citado mal, que podía ser, conociéndome. Me pareció horrible por mi parte. Busqué y encontré que la frase, recogida en su diario de 1906:


Se lo dije al comentarista, con la alegría de no haberme equivocado en lo que yo más quería, y resaltando, para sacar algo positivo, que es mucho más hondo Bloy cuando dice que las últimas noticias están en San Pablo. En el Apocalipsis (que también lo dice en otro lugar) tiene un poco de juego de palabras demasiado evidente.

El comentarista volvió a la carga literalmente. En vez de reconocer que se había pasado corrigiéndome en público una cita bien hecha, arremetió de nuevo afeándome que Bloy es indigerible por mí, columnistanacionalcatólico. 
Sea. También me equivoco si lamento que Bloy merece más. Merece exactamente algo así, la prueba de que es indigerible por la enzima moralizante del columnistacatólicoespañol.
 Podía haberme afeado, si quería, que mi memoria fallase al recoger "las últimas noticias", que pensé equivocadamente que se referían sólo al Apocalipsis. Pero se revolvió sin pedir perdón y contra mí. Como gritándome: "Quita tus limpias manos de mi Bloy".

Lo curioso es que probablemente tenga razón en lo de mis limpias manos burguesas. Ya he comentado a veces que mi admiración por Bloy no está exenta de rechazo a sus excesos, que es el equivalente al desprecio del comentarista, supongo, por mis limitaciones. En otras circunstancias, con otro modo, le habría dado con gusto y con humildad su razón que tiene a su "antibloy" y a sus enzimas indigerientes. De no haber quedado desconcertado por la saña, incluso le habría dado una vuelta moralizantenacionalcatólicocolumnista (¡que habría vuelto a darle la razón a él!) y habría loado las muchas moradas que tiene la Iglesia, donde cabemos todos, Bloy y el antibloy. 


lunes, 6 de noviembre de 2017

domingo, 5 de noviembre de 2017

Un verso


Carmen me ha contado un ejercicio que le han puesto en el cole y estoy que no quepo en mí de gozo. Así que ustedes perdonarán si desbordo. Le pidieron que terminase el siguiente poema:

Son faroles del cielo, 
las estrellas que vemos 
nos regalan su luz 
___________________

El verso de Carmen fue:


y a la noche nos dan un beso.

Pega un salto de calidad, me parece. Es una imagen menos obvia y con una carga sentimental más poderosa. Con movimiento, además, pues las estrellas bajan. Por último, con su elipsis: pues la niña se duerme y las estrellas la velan. Hace muy bien de verso final y, aunque no guarda la métrica heptasílaba, se alarga al eneasílabo, que es de la misma familia rítmica. 

Hablando de "la misma familia", no sé si mi orgullo no es demasiado vanidoso.


viernes, 3 de noviembre de 2017

Donde le importa


HUMO DE LEÑA 

 Este primer llegarse 
del humo de la leña 
--con la flor aterida 
del invierno ya dentro-- 
qué bien traído está, 
donde le importa al alma. 


Jiménez Lozano


martes, 31 de octubre de 2017

Notas y flechas


Cometí el error de explicarles a los niños a cuánto les pagaría el sobresaliente, a qué el notable, a nada el bien, y cuánto me deberían ellos a mí por un aprobado, más por un suspenso y muchísimo más por un suspenso con mala actitud. Les encantó la contabilidad.

Ahora Quique ha traído unas notas estupendas, pero que suman poco, digamos, aunque estamos muy orgullosos. Pregunta por su salario y le digo que no hay saldo, pero que tiene que estar contento porque las notas son como flechas y las acaba de disparar y van a ir hacia arriba, hacia arriba.

Se nota que he estado releyendo a Julio Martínez Mesanza.

Pero parece que el que lo ha leído es el él, porque me objeta: “Pero las flechas luego se caen”.



No se me ocurre más que tirar de mística: “No, si dan en el blanco y allí se clavan, vibrantes. La flecha de nuestra vida tiene que dar en todo el centro del sol, para que no caiga nunca”. Se va, satisfecho, y yo me quedo más convencido que nunca de que sólo la santidad nos salva, incluso de nuestras metáforas de autoayuda.






sábado, 28 de octubre de 2017

Nuevo género literario


A los congresos anuales de la Fundación Caballero Bonald vienen siempre los mismos ponentes, viejos amigos de la casa. Con algunos novedosos invitados según los temas, por supuesto, pero el grueso son los perennes, apoyados por otros, cíclicos. Eso tiene sus ventajas, porque hace dos o tres años, José María Merino recomendó vivamente la lectura de Calila y Dimna, que me compré de inmediato, y este año la ha vuelto a recomendar y ya  tenía el libro, sin leer, ay, esperándome en casa. 

Había venido más veces Fernando Valls, pero , no sé si por la edad que va cumpliendo o porque se hablaba de la narrativa corta y ése es, por lo visto, su dominio, esta vez ha estado un tanto tiránico, irrumpiendo en las mesas redondas y cambiando, incluso, el tema de su conferencia para aclarar errores que habían perpetrado los ponentes anteriores y para que nosotros no podíamos llevarnos puestos.

Advirtió que es un error garrafal confundir el cuento breve con el microrrelato, no digamos  con el chiste, que es algo que ya no tiene ninguna gracia. Calificar a la narrativa breve por lo breve (así más o menos lo dijo, con ese oxímoron de libro) es fatal. El microrrelato jamás lo es por micro, sino por su concisión y precisión. No sé qué pensará un novelista de que la precisión le sea un territorio vedado, pero, por lo visto, es la clave del microrrelato, que ya, si acaso, implica la brevedad por causalidad. Y, por supuesto, tiene unas peculiaridades estructurales que serían muy largas de explicar. Andrés Neuman, aunque mezcla en sus libros microrrelatos y relatos, ha zanjado, dijo Valls, con mucha brillantez (Neuman) que son géneros absolutamente distintos.

Quiero puntalizar que Valls dijo cosas muy ilustrativas y que me encantó oírle, eh. Y, además, de su exposición saqué que los cuatro géneros estrictos que conforman la narrativa: el microrrelato, el cuento, la novela corta y la novela, podrían perfectamente convertirse en cinco, si se atendiese a la propuesta que expongo a continuación. De ese modo, yo haría también, a la chita callando, una contribución a crítica literaria y a la preceptiva.

El quinto género sería la trilogía o, si se prefiere, la serie novelística. Por supuesto, la extensión no sería lo decisivo, qué va, sino una consecuencia de su estructura. Consistiría en crear personajes tan bien perfilados que sean capaces de desarrollar argumentos distintos y cerrados, sin perjuicio de una leve evolución que se desarrolle de trama en trama. Esa contradicción entre personajes abiertos y argumentos cerrados daría mucho juego teórico. Si en el microrrelato, la intertextualidad es clave, en la serie la clave es la introintertextualidad, esto es, las referencias a otros libros de la misma serie. Si en el microrrelato el ingenio del lector es fundamental; aquí, en la serie, lo es su memoria sentimental y su conocimiento previo de las entregas anteriores.

Lo escribo en broma, pero lo pienso en serio. Con una buena beca universitaria, en tres años, hacía yo una tesis sobre la cuestión que quedaría de miedo en los congresos literarios del mundo. 


Conyugalia


El matrimonio es un equilibrio maravilloso. Observo que Leonor está más preocupada por Quique, que llora porque no se quiere bañar, que por la cuestión catalana. Me cuesta dar crédito. Luego, en la cena, yo, como un padre decimonónico y severo, tengo poca paciencia y me enfado por cualquier cosa. Empieza uno haciendo dejación de autoridad en los modales en la mesa y se acaba con un DUI. Mi mujer pone la paz sobre la mesa, el diálogo, los plazos y hasta el seny. Me parece muy bien que ella no sufra por España como yo. Y me parece bien, dicho con toda humildad, que yo esté de este humor de perros. Así mis hijos aprenderán que la patria es una cosa muy seria y que una madre es una cosa segura y no hay más que una.



viernes, 27 de octubre de 2017

Mi hermano expone su fortuna


En el estanco de al lado de la farmacia de mi hermano ha caído un premio millonario y en la fotografía de la celebración mi hermano y mi cuñada posaron con nuestro amigo y lotero Diego Terry. 




Se han desatado los rumores de que el afortunado era mi hermano, y ha sido un sinvivir de llamadas y dimes y diretes. Al final, mi hermano ha reconocido que sí, que es el afortunado. Ésta es su carta de confesión, escrita supongo desde el móvil, para instagram, así que ya le disculparéis la ortografía, que se la disculparéis, ya veréis...




NO !!!,NO ME HA TOCADO A MÍ ESE DINERO!!!!... estoy en la foto , pero por qué a mí me tocò la lotería otro año , en el que nací .Me tocó la lotería con la madre que me pario , y mi padre que le acompañó .Y la lotería con mis hermanos , enrique , Maria y jaime .( y la pedrea con mis cuñadas )Lotería con mis suegros y mis cuñados .(y mis sobrinos )Lotería la de mis amigos del colegio , de toda la vida , a los que ya no puedo engañar .Me tocó la lotería cuando mi mujer me dijo que queria ser mi novia , y más tarde mi mujer .Me toca la lotería cuando mis amigos quieren pasar un rato agradable y vienen a mi despacho del bar centro .Me tocó la lotería al descubrir la pesca y el viento propulsor .Me tocò la lotería , como no , con mis hijos , Nico , Luisa y Beatriz , y cada uno con su forma de ser , de estar y de vivir .Me tocó la lotería cuando en granada , allí también jugué, topé con Jp, foco, Mauricio , paco Eladio , y dos repes , Ori y negro .Me tocó la primitiva o lotería cuando francis me invita a pescar a Conil, y cuando nacho se ofrece a venir .... SIEMPRE !! Es incondicional .Me tocò la primitiva al trabajar todos los días en contacto con muchas personas , todas variadas y con sus circunstancias a las que en cierta medida puedo ayudar y si no .... escuchar .En fin , ya sabéis , no me ha tocado el dinero , por qué además eso está "más cerca de ser el problema que la solución " y de los premios de mi vida ya os he hablado algo.

jueves, 26 de octubre de 2017

Delgadina

Ayer en Jerez, Aparicio y Merino nos estaban contando cuentos y transcurría la tarde maravillosamente. Cuando parecía imposible, subimos otro escalón. José María Merino recitó de memoria el romance de Delgadina, en una versión mejor aún.

El romance es maravilloso. Eso se sabe.

Pero había otra emoción: la memoria. Ese suspense de que en cualquier momento el recitador puede quedarse (oh, no, no, por favor) en blanco. Y sobre ese riesgo, otro descubrimiento: la rima. Como las alas permiten volar gracias a su peso. Se veía que sostenían en el aire a la memoria que sostenía al romance, pero a la vez sentíamos su riesgo: cualquier fallo de la memoria quedaría sonoramente denunciado.

La sed de Delgadina era la nuestra por el romance que nos saciaba y nos daba más sed.


miércoles, 25 de octubre de 2017

La periferia


Como me da vergüenza echar la lotería en mi barrio, como reconociendo una avaricia desbordada e injustificada, o una necesidad superflua, suelo irme a la periferia a echar la lotería. Lo hago porque creo que yo haría un millonario la mar de apañado, no por otra cosa, pero, mientras tanto, me parece impúdico, casi pecaminoso, sellar mis boletos a la vista de todos. Lo cual es muy comprensible, pero para mayor castigo no deja de tocar en la administración de mi barrio.





martes, 24 de octubre de 2017

Una nueva lectura


Cada lectura es novísima. No sé por qué nos atrevemos a hablar de relectura. En esta de El rey Lear dos cosas. 

Qué razón tiene la malvada Regan: "Las burlas a menudo resultan profecías". Medio en broma, le puse a Carmen de nombre secreto Cordelia , esperando que resultase la hija perfecta, como es, pero sin imaginar, ay de mí, que me saldría tan poco aduladora de su padre como su shakespereana patrona. Y ha salido clavada.

La segunda cosa es que un detalle anecdótico ha trastocado del todo mi lectura. Resulta que Kent tiene exactamente mi edad:






No es sólo la edad, sino los efectos de la edad, además. Me he sentido (vanidosamente) identificado con el personaje. Qué emoción cuando se describe como un peón que pone, como don Rodrigo Manrique [esto lo digo yo], su vida en el tablero tantas veces por su rey verdadero. El acierto de Shakespeare está en concretar que es un peón, con humildad y muchísimo valor. O cuando él se describe fiel hasta extremos que un esclavo desdeñaría. Y con qué furia y gracia insulta. Parece el capitán Haddock.

Me he pasado la obra buscando a Kent por todos lados como un ejemplo de la actitud que debe tener un hombre de mi edad, y me ha animado mucho. Cuando he terminado, me he ido a buscarlo, y me lo encontrado así de gallardo en un dibujo de Mstislav Valerianovich Dobuzhinsky, y me he alegrado mucho:







viernes, 20 de octubre de 2017

Sois poco razonable, Eminencia


Ojalá la Iglesia, cada vez que la llamasen "anticuada y ritualista", se acordase de inmediato de Ricardo III, de Shakespeare y de la suerte atroz del pobre niño. 

No leemos a Shakespeare y así nos va.


jueves, 19 de octubre de 2017

Lo mejor es el agua


Por la noche, me despertó la tormenta, pero no me levanté a mirar por la ventana, y ahora me arrepiento. Tuvo que ser un espectáculo. Fueron 50 litros por metro cuadrado en menos de dos horas. A la mañana siguiente, era un espectáculo, pero dantesco.

En mi despacho había una gotera generosa. En principio, me fastidió, porque las humedades son los fantasmas de las casas de clase media. Pero cuando mis niños se despertaron se entusiasmaron con la novedad. Saltaban sobre el charco. Y pusieron un cubo. Y se subían a una silla para tratar de tapar con sus manitas y sus risas el agua que caía. Quique, que suele querer una porción de dibujitos animados cada mañana, contra mi criterio. Ayer decía: "La televisión es un rollo". Una buena gotera es mejor.

Encontré después la causa. La terraza de nuestro dormitorio se había atascado y estaba como una piscina. Entre descalzo y quité la tapadera del desagüe. El agua caía haciendo un rugido violento, en un laberinto furioso, como un maelstrom de película que amenazaba con chupar al absorto y divertido hombre de los pies mojados.

La ducha parecía seca, en comparación, y apacible.

Ya con más ánimo, me monté en el coche. Le había entrado un palmo de agua. De modo que iba conduciendo arrullado por los murmullos de un arroyo. Frenaba y creaba una ola que se venía hacia adelante. Luego, según las curvas y los frenazos, el agua hacía sonrientes remolinos o vaivenes barrocos. Pensé en la poesía de la dinámica de fluidos y en la belleza de la física.

Llegué al trabajo con los pies mojados, pero contento. Había llevado la radio encendida con las noticias, pero no había escuchado nada.