miércoles, 12 de junio de 2019

Carga


Maravillosa complejidad de los asuntos humanos. Si hubiese salido una oferta de trabajo muy importante, no hubiese estado en casa celebrando el cumpleaños de Enrique, pero, si no nos fuésemos este fin de semana fuera, nos habríamos perdido la situación.

En la mesa, alrededor del pastel y las velas, mi suegra y mi padre, todo amabilidades, discuten por ver quién se queda más con los niños durante nuestra ausencia, cada cual tirando para él con enorme suavidad. En esto mi padre dice: «Yo lo único que quiero es que nos repartamos bien la carga...»

Y tuve la suerte de que en ese momento estaba mirando a Carmencita, que, con aparente despreocupación, bebía un vaso enorme de leche. Lentamente abrió los grandes ojos verdes, aumentados por las gafas y el pasmo, dejó el vaso en la mesa mientras giraba la cara y abría la boca hacia su abuelo: «¿la c-a-r-g-a?»

Todavía no sé si la exageración fue originariamente humorística o, tras nuestras risotadas, se acomodó al humor general. Le he preguntado varias veces después, pero, como los grandes humoristas, Carmen se hace fuerte en su ambigüedad.


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