miércoles, 24 de junio de 2009

Método Ruano

En la cena en casa de Begoña García González-Gordon me sentaron frente a Francisco Bejarano. Todo un honor. La cena transcurría deliciosa, y la conversación. Bejarano me había consolado al sentenciar: "Poesía hay que escribir poquísima". Por asociación de ideas (de los efectos a las causas), nos pusimos a hablar de columnismo. Nueva sentencia de Bejarano: "Con estos cuatro maestros del artículo es suficiente: Julio Camba, César González-Ruano, Agustín de Foxá y Wenceslao Fernández-Flórez". Dedicarme a lo mío --que es sumar-- me dio vergüenza, porque tendría que haber añadido, entre otros, al propio Francisco Bejarano y su imprescindible colección de artículos Las estaciones. Hubiese sonado a pelota. Por eso me hice un lío y puse peros. Dije: "González-Ruano está muy bien, claro, pero cuando uno se mete entre pecho y espalda los tres tomos de su Obra periodística (3098 páginas) acaba un poco cansado de la mecánica..."

Bejarano, que tiene porte de senador romano, no defendió a César, me echó una breve y fría mirada azul, no hizo una mueca, guardó medio segundo de silencio, y cambió de tema. Hubiese preferido un grito: "¡Estás tonto o qué!" o una pregunta sarcástica "Muchacho, ¿tú qué sabes?", pero la elegancia de F. B. me dejó devastado y muy arrepentido de haberle faltado al augusto González-Ruano.

Para purgar mi atrevimiento, el artículo de hoy lo he hecho según el célebre método Ruano, consistente en escribir del tirón y cuando uno llega al final, subir al primer párrafo, suprimirlo, y ya está. Muy justificado el método en este caso, porque el párrafo en cuestión salió caprichoso y egotista cuando el resto del artículo es, en general, básico y objetivo. Sin embargo, qué curioso (y serviría para reflexionar sobre los blogs) aquel primer párrafo es lo único que pega algo en estas páginas virtuales. Lo pego:
Como saben ustedes (entendiendo por ustedes a quienes me leen todas las semanas y, encima, recuerdan lo que escribí hace meses, o sea, principalmente a mi madre) y si no lo saben yo se lo digo, estudié en un colegio de educación diferenciada o no mixta. Mi recuerdo de aquel colegio es extraordinario. Ahora, como he repetido en alguna ocasión, soy profesor de secundaria en un instituto público y, por tanto, mixto. Y, aunque les parezca mentira, también estoy encantado. Se podría elaborar una teoría acerca de que lo ideal para un alumno es lo primero y para un profesor desde luego lo segundo, pero correría el riesgo de parecer demasiado satisfecho de mi suerte (que lo estoy).
A partir de ahí, el artículo es otra cosa.

12 comentarios:

carmen dijo...

No creas que P.B tiene una opinión intocable de G. Ruano. Recuerdo haberle comentado que estaba leyendo "Mi medio siglo se confiesa a medias" y el retrato que hizo de él no fue el de un escrito que se admira sin reservas.

Jesús Sanz Rioja dijo...

Otra ventaja de internet, mira: ir recogiendo escombros. Además, a veces, el escombro tiene valor por sí solo, como aquí.

em10 dijo...

Anda que no es difícil poner un comentario en la página de Diario de Cádiz, llevo casi media hora, será que soy muy torpe. Con tantas limitaciones se fomenta el microrrelato jeje.
Mi caso es el contrario: estudié en uno mixto y trabajé en uno no mixto. Y me quedo con el mixto, pero estoy totalmente de acuerdo contigo en que se debe poder elegir.
Un saludo (aquí es más fácil dejar un comentario).

Isabel Riñón dijo...

Y tú, ¿cómo estás?. Porque con esas dos sentencias te dejó sin actividad posible fuera de la enseñanza. Aparte de sin posibilidad de opinión distinta. A eso lo llamó yo "habloBlasismo".

Rictus Morte dijo...

Hoy recomendaré tu artículo. Es una buena reflexión para aquellos que me miran de manera extraña por haber estudiado en un colegio "sólo de chicos".

a tiza y papel dijo...

El artículo es perfecto; mi situación en el pasado (ay!)y en el presente, parecida pero en una C.A menos hostil y con "una carga" nada liviana.
En algún sitio leía, que los profesores de la enseñanza pública cada vez tendemos más a parecernos a los de la enseñanza privada. Yo le llamaría, más bien, instinto de supervivencia.
(Con permiso de EGM: Corrígeme, amigo JSR, que de ti, también me fío!)

Javier Sánchez Menéndez dijo...

Te ha salido perfecto EG-M, perfecto.

Gracias.

porunconciertojusto dijo...

Con tu permiso copiamos tu artículo en el blog "por un concierto justo"

Jilguero dijo...

Excelente me ha parecido tu crítica a la obligatoriedad de la coeducación. Te expongo lo que se me ocurre (pero no es más que eso, una ocurrencia):

Todos sabemos, pero no lo decimos, por qué en los deportes hay competiciones diferenciadas para varones y mujeres: de no ser así, éstas llegarían las últimas en las carreras, saltarían más bajo, o recibirían goleadas escandalosas. Pero también sabemos que, hoy por hoy, en el orden académico ocurre exactamente lo contrario. Si así es la cosa, el profesor, en régimen de coeducación, habría de reducir el ritmo del aprendizaje (o rebajar el nivel) al exigido por la capacidad de los varones, con perjuicio de ellas, o adaptarse al femenino, mal para los varones, o seguir una vía intermedia, con daño de unos y otras.

Alvaro dijo...

No he encontrado nada más diferente al hombre que una mujer (y viceversa) ¡Qué manía con igualarnos!. Empleemos el tiempo en conocernos mejor, aunque eso sea imposible.

Alvaro dijo...

Enrique, yo que estudié en tu mismo colegio me he estado preguntando durante 25 años si hubiera sido mejor haberlo hecho en uno mixto. El sábado pasado celebramos los 25 años de la promoción (a tí ya te falta menos), y desde ese sábado, estoy convencido de que fue lo mejor que me pudo pasar.

María Moreno dijo...

Leí este artículo tuyo y escribí una carta al diario de Sevilla intentando defender yo también la pluralidad de oferta educativa como garantía de libertad de elección.
Justo antes de mandarla había leído tu último artículo publicado en Semanario Alba en el que te dolías de que un periódico, que elegantemente no citas pero que a mí me da por sospechar cuál es, te había cortado el final de un artículo. Aconsejabas poner la gracia en los comienzos por si la moscas.
Atendiendo tus consejos hice dos cosas: puse mi "gracia" en el centro y me parapeté el final con una frase tuya entrecomillada. No ha servido de nada: me recortaron por el medio.
No entiendo esa pose de los periódicos que abren una sección para que el público opine pero antes de publicarla la retocan. En Diario de Sevilla es la segunda vez que me pasa ¡qué rabia da!