martes, 16 de junio de 2009

Pero, ¿no habíamos quedado en que era lo único que no lo tenía?

Una funeraria llamada "El Remedio" así, de golpe, parece una broma pesada de humor negro. Dan ganas de dejar dicho en un testamento vital, como lo llaman, y también tiene tela el nombrecito, que por favor no recurran a los servicios de esa empresa. Claro que, tras unos mementos de reflexión, caigo en que podría ser un logrado capítulo epigramático de Exégesis de los lugares comunes de Léon Bloy. Sin embargo, ese libro contra las frases hechas no me resultó nunca el más convincente de Bloy, dicho sea con todos mis respetos. Chesterton habría hecho (hizo) todo lo contrario: coger los lugares comunes y demostrar la sensatez y la filosofía que encierran, frente a los estirados circunloquios de los profesionales de la profundidad. Cuestión de caracteres, supongo.

El coche fúnebre sigue delante de nosotros en el atasco y, finalmente, se hace la luz. Tendrían que usar como eslogan publicitario esta frase de Giuseppe Tomasi Di Lampedusa: "Mientras hay muerte hay esperanza". Lo malo es que para entender ese eslogan hay que ser italiano y haber crecido empapándose la Divina commedia, donde tan enseguida como en el Canto III se nos deja avisado: Questi non hanno speranza di morte. A mí, desde luego, a esperanza no me gana nadie, y, ya puesto definitivamente de buen humor, acabo convencido de que, si pudieramos preguntarles, casi todos los usuarios de la Funeraria El Remedio verían el nombre de la empresa la mar de bien puesto.

13 comentarios:

AnaCó dijo...

No sé si recuerdas -de tus años universitarios- el nombre del bar y de la tienda de chuches que había en los Golem, al lado del tanatorio San Alberto: Dulce Alivio,tampoco está nada mal...

Suso Ares Fondevila dijo...

¿Y si, tras haber previsto llamar a su empresa LA RESURRECCIÓN, le pareció demasiado osado y dio un paso atrás, no vaya a ser que el primer nombre le hiciese perder clientela en estos tiempos nuestros de "deseada" muerte eterna?

batiscafo dijo...

El año pasado, creo recordar, salió en el telediario una noticia sobre otra funeraria de nombre curioso: "La siempreviva".

José Luis dijo...

Gómez Dávila sobre lugares comunes:

— Madurar es transformar un creciente número de lugares comunes en auténtica experiencia espiritual.

— En reiterar los viejos lugares comunes consiste la tarea propiamente civilizadora.

— Los lugares comunes de la tradición occidental son la pauta que no engaña en las ciencias humanas.

— La inteligencia se robustece con los lugares comunes eternos. Y se debilita con los de su tiempo y su sitio.

Anónimo dijo...

En el pueblo dónde yo estudié había una funeraria con mejor nombre: "Funeraria Chao". Ponían los ataúdes a secar a la orilla del rio Ávia en las tardes soleadas de primavera. Una visión luminosa de la muerte.
Meg

David dijo...

En Valencia hay una funeraria Ramón Vivo que tampoco está mal. Pero vamos, me quedo con la Funeraria Chao :-D

Antonio Rivero dijo...

Es curioso el nombre desde luego. De todas maneras lógica tiene. El remedio a todos los sinvivires es la muerte, ¿acaso alguien ya muerto sufre algun dolor ...? (Risas)

Saludos

P.D. Señor Máiquez estuve en su presentación, y me animo muchho el tema de los blog para el mío propio que trata de temas humanísticos.

su dirección es: http://hojasalvuelo.blogspot.com/

Espero que esté a la altura de un blog medianamente decente. (Risas

Luispa dijo...

Bueno los italianos también tienen su "Lasciate ogni esperanza voi ch'entrate"

Auberon Quin dijo...

En relación con Lampedusa y por sobreabundar en clásicos: De Tito Livio: Una salus victis: nullam sperare salutem...
Gracias por la entrada y por un blogg tan luminoso...

Javier Sánchez Menéndez dijo...

Enrique, lo de El Remedio, me ha llegado al alma.

Un abrazo y gracias.

Juan Ignacio dijo...

Les propongo un slogan a los de la funeraria:
"El fin, justifica El Remedio"

E. G-Máiquez dijo...

La luz del blogg sale de sus comentaristas y amigos. ¡Nada menos que Tito Livio!

Y ese slogan JI es mucho más comercial que el propuesto por mí. Muchas gracias.

E. G-Máiquez dijo...

Huy, y se me olvidó agradecerle a José Luis que nos trajese nada menos que al luminoso Gómez Dávila. Me alegraron muchísimo estos escolios.