jueves, 30 de junio de 2011

Por Cioran, por Shakespeare y por todos mis compañeros y por mí primero

Me acuerdo continuamente de una anécdota de Cioran, aunque la cuente poco. Estaba el corrosivo rumano en la cafetería del instituto en que trabajaba, leyendo, y se le sentó al lado el profesor de gimnasia a darle conversación. Cioran se revolvió y le preguntó de muy malos modos si era Shakespeare acaso. Ahora, mis compañeros de Instituto, por segundo año consecutivo, me hacen un regalo estupendo, tan generoso como acertado, esta vez por el nacimiento de mi hijo, y me avergüenzo de mi crónica misantropía libresca. Claro que no son Shakespeare --le explicaría hoy al amigo Cioran, si él me lo permitiese-- pero en muchas cosas para mí son mejores que Shakespeare. Sin ir más lejos, en su cercanía. Si el Omnipotente hubiese querido, nos habría puesto de vecino o de compañero de trabajo o de colega de  Parnaso o de hermano de misas clandestinas al bardo para que nos tomásemos de cuando en cuando con él una copa de jerez, pero escogió para nosotros a otros y viceversa, no lo olvides nunca —le diría a Cioran y, sobre todo, a mí mismo. Y además Santo Tomás de Aquino, que es lo más cercano a la infabilidad que tenemos como pensador, escribió que siempre hay una razón (una como mínimo) por la que cualquiera es superior a cualquiera (lo que incluye a Shakespeare), y que por eso todos nos debemos reverencia a todos. Descubrir en los demás esa superioridad es una de las más apasionantes investigaciones (aunque a resulte a menudo demasiado fácil y evidente para nuestra vanidad, todo hay que decirlo) que se pueden emprender, y se emprende, encima, tomándose un café, en distendida charla.

8 comentarios:

Marcela Duque dijo...

Estas últimas semanas he estado (casi) completamente desconectada, precisamente "por mi familia, por mis compañeros y por mí primero", aprovechando mi paso fugaz por Colombia, escurriéndole tiempo al tiempo precisamente para encontrar ratos y ratos de café con viejos amigos. Una costumbre que tenía olvidada, y que realmente añoraba.
Ahora que vuelvo a la red, me alegra encontrarlo de vuelta.
¡Felicidades por el pequeño Enrique! Y ánimo con el nuevo rumbo del blogg, del que todos sacaremos muy buenas pipas, seguro.

Anónimo dijo...

En alguna epístola del Nuevo Testamento (la cita no es un modelo de precisión) se nos dice que nos tengamos por inferiores a los demás (o a éstos por superiores a nosotros, que no lo recuerdo bien).
Jilguero.

marinero dijo...

No conozco la cita a que alude "Jilguero"; pero, tal como él se explica, la idea me parece errónea. No se trata de tenerse por inferior a nadie, en mi opinión; se trata de ser consciente de que 1) como ya decía Machado, "nadie es más que nadie", esto es, por más alto que sea el valor de un hombre, nunca tendrá valor más alto que el de ser hombre (cito de memoria). 2) no existe nadie que no tenga cosas que nosotros no tenemos. La altivez que desprecia o desatiende al otro es el camino más seguro para privarnos de lo que podríamos aprender de él. No es esa altivez, sino la atención humilde e inteligente, la que (en los casos más excepcionales, claro) puede hacer un Shakespeare, o un Cervantes: que nadie nace enseñado. Si Shakespeare hubiera exigido a todo el mundo que le enseñaran su carné de "Shakespeare" antes de hablar con ellos, jamás hubiera llegado a ser Shakespeare. Y supongo que se me entiende. Si sólo te escuchas a ti mismo, o a los pocos que admites como iguales, estarás sometiendo tu inteligencia o tu comprensión, o ambas, a una severísima dieta (casi una huelga de hambre) que no les va a hacer ningún bien.

Anónimo dijo...

El texto que tan imprecisamente cité se encuentra en la Epístola a los Filipenses (cap. 2 verss. 3 y 4), que en la versión de la Bilia de Jerusalén dice: "..., considerando cada cual a los demás como superiores a sí mismo, buscando cada cual no su propio interés sino el de los demás...".
Comparto tu opinión,Marinero: nadie es más que nadie. Evidentemente si todos fuésemos inferiores a los demás nos encontraríamos ante un imposible. Pero es que la cita bíblica no expresa una valoración del ser de cada uno de nosotros, sino una propuesta moral: que nos dediquemos a servir a los demás. Los versículos que siguen lo demuestran palpablemente, pues nos dicen que Cristo siendo de condición divina se rebajó...etc.
Mi gratitud a Marinero, por obligarme a ser más diligente en la cita (pero, ojo, Santa Teresa no tenía empacho en decir como dijo Cristo o San Pablo...), y a Enrique por su hospitalidad.
Jilguero

A Día De Hoy dijo...

Enhorabuena por su nuevo hijo. Hace algún tiempo que no volvía por su lugar a causa de las tareícas que me tienen enredado, entre ellas, para mi dolor y para mi gozo (conjuntamente), estan sobre todo mis dos niños.
Puede darse el caso, y se da, de quien no sólo halla siempre en otros razón para ponerle sobre uno mismo, sino que jamás encuentra la razón en sí para sobreponerse.
¿Es un exceso de humildad o una esondida soberbia?. No tengo respuesta.

JuanMa dijo...

¡Qué grande Machado! ¡Qué bien traído, Marinero!
Y sin embargo, no hay nada más actual (yo creo que incrustado en nosotros) que eso de:
-¡Usted no sabe con quién está hablando! ¿Quién se cree que es usted?

E. G-Máiquez dijo...

La cita de san Pablo es extraordinaria. Gracias a Jilguero, y a Marinero por tirar de ese cabo.

Muy bueno lo del "carnet de Shakespeare", que ni Shakespeare tenía entonces.

A día de hoy, estoy como tú, así que fíjate lo bien que te entiendo.

Incrustadísimo, JuanMa.

Juan Ignacio dijo...

"Descubrir en los demás esa superioridad es una de las más apasionantes investigaciones".
Pues algo así yo había pensado.
Qué bueno que lo veo escrito en forma de sentencia.