lunes, 14 de octubre de 2013

Mi madre vs. Dr. Johnson


Cada vez que releo o reoigo la frase famosa del Dr. Johnson: "La segunda boda es el triunfo de la esperanza sobre la experiencia", recuerdo a mi madre. Su teoría era la contraria: "Los que se casan enseguida", explicaba sonriéndose, cortando en seco las maledicencias, "son los que fueron tan felices en su matrimonio, que han contraído una fe tremenda en el sacramento". Hay que reconocerle a mi madre más alegría. 

Aunque es curioso que mi padre, para el que las ideas de mi madre han ascendido a oráculos, en esto no esté por la labor de hacerle el más mínimo caso. Supongo que es el triunfo de la Esperanza sobre la experiencia, pero de nuevo no la de Johnson, sino la grande: la de que la llama del amor sabe nadar l'agua fría, que dijo Quevedo. La muerte no les divorcia, qué se ha creído.


5 comentarios:

Gonzalo García Yangüela dijo...

La muerte no les divorcia, qué se ha creído.

Para enmarcar.

LFU dijo...

Gonzalo se me ha anticipado, así que me uno de forma entusiasta a su alabanza. Feliz la frase e igualmente feliz el alegato de tu madre para cortar maledicencias. Un abrazo

Anónimo dijo...

De la bruma de mi memoria me llega el recuerdo de aquél recién Catedrático de Filosofía a quien sus alumnos de Preu le oímos: Sólo quien ama dice “tú”. Y seguidamente, citando a un filósofo, de cuyo nombre etc., continuaba: sólo quien ama dice tú no morirás.
Jilguero.

Hernán J. González dijo...

En ciertos casos, el cristianismo (primitivo sobre todo) veía las segundas nupcias como una especie de imperfección (no sólo las viudas; en algunos ambientes era los varones un impedimento para la ordenación presbiterial, cuando la primera no lo era).
Me da la impresión de que hoy se nos escapa el sentido de aquello.

Enrique García-Máiquez dijo...

Mil gracias a los tres, y al cristianismo primitivo, sobre todo.

Abrazos,

Enrique