viernes, 25 de agosto de 2017

Hermes en el Puerto


Hace muchísimo tiempo que me di cuenta de que la dedicación obsesiva e intensiva a la literatura interfería con mis habilidades orales. Acostumbrado a pensar y a expresarme por escrito, cuando tengo que hacerlo de palabra tartamudeo y hesito, hecho a un ritmo mucho más lento y a una reflexión más reposada, donde la corrección --un paso adelante, uno atrás-- tiene tanta importancia como el desarrollo. Ayer asumí que la anomalía ha alcanzado a mis habilidades sociales, que empiezan a verse seriamente perjudicadas. Quién pudiera relacionarse por escrito. Me pasa como a Hermes, el de Las XII pruebas de Asterix. De tanto escribir, tengo la mano derecha mucho más desarrollada que la mano izquierda, que ni sabe lo que hace la derecha ni nada de nada y se me va quedando raquítica.



4 comentarios:

Jesús Ares Fondevila dijo...

A mí creo que me está pasando lo mismo. Un gran abrazo, Enrique.

Enrique García-Máiquez dijo...

—mon semblable, —mon frère!

Jesús Ares Fondevila dijo...

Cómo lo que quedarán, si es que quedan, son nuestros escribires y no nuestros decires ¡qué nos importe una porra que estos sean hesitantes!

Anónimo dijo...

¡Jaja! Buen comentario final. Y los dos me encanta cómo escriben, les aviso. Por mí, ni hablen. Como estoy lejos, no los oiría.