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jueves, 25 de octubre de 2012

Yo


De Juan Bonilla me han sorprendido dos veces las coincidencias casuales, una y dos, pero esta vez es causal. Me impresionaron mucho de él estos versos, tan actuales como admirables, valga la paradoja: 
La Y es un tirachinas. 
La o una piedra. 
El Yo un arma cargada. 
Tanto que yo, que por mucho que lo admire no podría haber escrito jamás lo del tirachinas, me puse a dar vueltas a lo mío, y deduje: 
La Y es un árbol;
la o, fruto maduro; 
y yo, raíz.
Como lo mío era mucho menos impactante, lo dejé inédito, para mi devoción particular, quiero decir, para aplicarme el cuento. Pero ahora Juan Vicente Piqueras me sorprende con una vuelta de tuerca gramatical desde las páginas de su reciente Yo que tú:
Yo es el lugar de encuentro 
de la conjunción copulativa 
con la disyuntiva. 
Y oh, qué bien visto. Al final, yo, que tantas veces le di la razón a Canetti: "Entre todas las palabras de todas las lenguas que conozco, la mayor concentración la tiene el I inglés", yo, que tanto he envidiado que el "yo" inglés sonase como un lamento, he terminado viendo con nuevos ojos nuestra primera persona del singular. Ésa es, entre otras, la función de la poesía. Que la lengua, de golpe deslumbrante, nos explique la realidad.