miércoles, 31 de mayo de 2006
Theotokos
Todo igual y, sin embargo, yo, por primera vez en mi vida, sentí rechazo. Me dije, con desdén: “He aquí la realidad nacional de Andalucía, sus hechos diferenciales y sus competencias exclusivas...” In extremis, la última carreta acudió a mi rescate. Llevaba un letrero enorme que proclamaba: “¡Viva la Madre de Dios!” y me volvió, entonces, de repente, la emoción rociera de siempre. Esto sí que es nuestra verdadera realidad nacional, andaluces: el Concilio de Éfeso. Y el cuarto Concilio Ecuménico de Calcedonia, y Constantinopla, y la liturgia romana, y el tropario “O monoghenis” de san Juan Crisóstomo. ¡Viva la Madre de Dios! y, por eso, las flores y las carretas que recuerdan al Partenón, los trajes de corto y los lentos bueyes y el vino del camino y los Land Rovers cargados de bártulos.
[Para los muy forofos sólo: hoy publico en el Grupo Joly]
martes, 30 de mayo de 2006
Lapsus linguae
lunes, 29 de mayo de 2006
domingo, 28 de mayo de 2006
Totum revolutum
¡Esta-mos-hartos-de-no-tener-lo-todo!, podría ser el lema de la manifestación, en un claro deseo de universalidad. O, para aprovechar el viaje a la Puerta del Sol -y los pulmones-: ¡No a la Eta-Sí Obras Completas!¿Por qué no tomárnoslo al pie de la letra? La realidad imita al arte, así que montemos un Congreso de poetas Blogg en un autobús que nos lleve a Madrid a manifestarnos el 10 de junio por las víctimas de ETA.
Sería un totum revolutum, donde se mezclase, como en la vida misma, lo humano y lo divino. Ya sé que hay visitantes de esta página que son partidarios del haiku pero no del cumplimiento íntegro de las condenas, que disfrutan con los Rayos, pero no con los Truenos; y al revés; y otros que, sin gustarles nada, entran por amistad, que ya es mérito. Tal vez a alguno de ésos no les llame esta iniciativa que implica mezclar las churras con las merinas. Puede que tengan razón y son, sin duda, más prudentes. A otros nos cuesta mucho hacer compartimentos estancos y no emocionarnos con aquel grito de la batalla de Salamina: "Es la lucha por todo".
Durante el viaje celebraríamos, a través del micrófono del autobús, lecturas poéticas y chistes navarros. Yo comentaría (si me dejáis) algunas escenas de la Divina Commedia que vienen al pelo, como aquéllas en las que se describe el más allá de los que dividen naciones, de los que matan con violencia o de los traidores a su patria, al fondo ya del Inferno. Cuando el autobús cruzara La Mancha, podríamos leer algún capítulo de El Quijote, para demostrar que se puede hacer aunque no sea el centenario. Habría que elegir entre el discurso de las armas y las letras, tan a propósito para nuestros propósitos, o el de la liberación de los galeotes, de tan amargo final. Tendría gracia un concurso de pareados subversivos para uso en la manifestación. Luego veríamos cuál tiene más éxito entre el pueblo soberano y coreante. El autor del eslogan más repetido por las calles de Madrid ganaría el viaje gratis, pagado entre el resto…
En Madrid, sería estupendo quedar con colegas y sin embargo amigos, como Jaime G-M. o Fernando López de Artieta, y ojalá con más, que acudan desde otras partes de España. Celebraríamos una cena en una ruidosa cervecería o, tal vez, en un restaurante argentino, en honor a Juan Ignacio y otros amigos, que no creo que puedan venirse desde la Argentina. El día siguiente, domingo, habría que ir, además de adónde a cada uno le impulse su conciencia, al Museo del Prado a reivindicar que no nos hace falta que “La rendición de Breda” del sevillano Velázquez vuelva a Andalucía. El mundo es nuestra casa.
En el viaje de regreso, trabajaríamos un poco más. Estaría bien hacer una antología, titulada Se canta lo que se pierde, de poemas dedicados a España. Si la selección la hacemos entre todos, repasando de memoria los mejores textos, desde el marqués de Santillana hasta Pedro Sevilla, haríamos un volumen estupendo (e instructivo) en un periquete.
Esto es sólo una propuesta susceptible de mejoras. Al viaje, por supuesto, junto a los poetas, vendrán las musas y los musos que quieran, y los lectores --si los hubiera o hubiese, que está por ver. Queda pendiente, entre otras cosas, la logística que, como la lógica, no es lo mío: ver dónde se alquila un autobús o microbús o furgoneta o motocicleta, dependiendo del éxito de la convocatoria.
sábado, 27 de mayo de 2006
Y viceversa
A ti, no, José Mateos, pero a nosotros, sí . La poesía, tú lo sabes, es servicio a los demás: dar a los otros lo mejor que hemos arrancado de nosotros mismos, a costa de dudas y renuncias. Aquello que es demasiado íntimo para la intimidad y que sólo puede decirse en público, publicado.LA PALABRA
De nada han de servirte los versos que ahora escribas.
La emoción que tú pones en ellos te hace digno,
pero nunca te salva, pues quedan sin respuesta.
¿Acaso no comprendes que el silencio es más claro
y que con la palabra das distancia y concluyes
lo que siempre es comienzo, y umbral, y estar en vilo?
Mira, tras la tormenta, amanecer el día:
en las ventanas deja dorada luz del alba;
tiemblan, sobre los charcos, las últimas estrellas…
¿Y ha de servirte a ti suplantar la hermosura?
viernes, 26 de mayo de 2006
Sobre maestros y discípulos
Yo también retocaría el adagio, pero al revés. Totalmente de acuerdo con Mora-Fandos, añadiría que, sobre la importancia de los maestros, está la necesidad de discípulos. Sin éstos no hay nada que hacer, se rompe la cadena. Hoy todos se apuntan a líder de opinión o, como mínimo, a rebelde. Las virtudes del discípulo, que son la paciencia, la humildad, el silencio, la atención, la memoria, el esfuerzo…, andan desaparecidas y así no hay manera. Al fin y al cabo, la relación personal con el maestro es muy enriquecedora, pero no imprescindible. Siempre nos quedarán los libros, como explicó Quevedo:
Retirado en la paz de estos desiertos,Yo, puestos a dar clases, que es mi profesión, procuro enseñar a aprender, o sea, lo que dicen los pedagogos progres, pero con otro sentido. Y puestos a predicar, trato de hacerlo con el ejemplo, siendo un discípulo aplicado. Mi lema sería: Discendo, doceo.
con pocos pero doctos libros juntos,
vivo en conversación con los difuntos
y escucho con mis ojos a los muertos.
jueves, 25 de mayo de 2006
Aristocracia

Hemos recibido el pedigrí de uno de nuestros perros, que por lo visto se llama Revertito Bombón (dan ganas de tratarle de “don”), aunque en la intimidad se le conoce como Carbón, porque nos lo trajeron por sorpresa los Reyes Magos, no se sabe en castigo de qué. Resulta que, entre las ramas de su frondoso árbol genealógico, hay nada menos que trece títulos: campeones de Inglaterra, de Brasil, de Estados Unidos... O sea, que es el más aristócrata de nuestra familia, por mucho que vaya a pesarle a algún tío de mi mujer.
Ese tío no debería preocuparse —¿o preocuparse más?— porque sabemos, desde El Quijote, que somos los hijos de nuestras obras. La aristocracia hereditaria es una ficción, una convención, llena de encanto, desde luego, pero a la que la prensa rosa ha dado un golpe más contundente que el de la guillotina. Somos nobles si lo somos, que no es tan fácil, porque como avisaba Machado:
Qué difícil esPodríamos pensar los escritores, tan tautológicos, que cada obra es un título. Por ejemplo, yo soltaría en alta sociedad, para envidia del corro de los snobs: “Tengo tres títulos” (por Haz de luz, Ardua Mediocritas y Casa propia). Pero no hay quien olvide, cuando se ha leído una vez, este caústico apunte de Jules Renard:
cuando todo baja
no bajar también.
—¡Creo yo —dice un señor— que cuando uno ha escrito más de veinte novelas y cuatrocientos relatos, puede llamarse escritor!En realidad, los títulos hay que ganárselos y te los tienen que otorgar. Ambos requisitos. Aquellos escritores que más o menos se sacaron de la manga unos condados de niebla, como Lasso de la Vega, el extraño González Ruano y no sé si Alejandro MacKinlay, quisieron tomarse la aristocracia por su mano, y eso no puede ser, y además es imposible.
—Sí, si son buenos.
Sin embargo, lo ideal sería que la excelencia en literatura se coronase en sociedad, como todo lo bueno. Nuestro Chesterton dijo en La superstición del divorcio que lo peor de la aristocracia es que había pocos aristócratas, del mismo modo que el problema del capitalismo es que los capitalistas son escasos. En un mundo donde todos fueran o pudieran ser nobles o ricos, no habría inconveniente en alabar estos sistemas cuyo pecado original es la exclusión. Así que pongámonos manos a la obra.
Sin esperar demasiado de nuestro rey, que es bastante republicano, y que ennoblece a los que ya han ennobelecido, como a Cela. Es por esto que yo, que soy soberano [pueblo soberano, concretamente], en el ejercicio de mis funciones, he concedido un título a José Julio Cabanillas. Desde hace unos meses, cuando le escribo, pongo Marqués de Benzelá en el sobre, en honor a su novela y a su poesía homónima. Me cuenta que el cartero, que debe ser un hombre bueno, amante de las tradiciones, lo mira con otros ojos.
Luego, tenemos a Aquilino Duque, que por el Registro Civil ya llevaba el título en el apellido, pero que por méritos propios es el gran Duque, Aquilino. No sabemos aún de qué, pero eso de Gran Duque suena a Rusia, que no está mal para quien nos ha traducido a Ossip Mandelstam. Y trae al recuerdo otro título de nobleza: Las veladas de San Petersburgo.
miércoles, 24 de mayo de 2006
Los pies

En la columna de hoy hablo de pies. No de pies de plomo porque ya dije que era de mal gusto. Y recordar que pie es pastel en inglés no me pareció una información ni agradable ni significativa.
—Tampoco es que hablar de pies sea una exquisitez, dirá alguno.
Cierto, cierto, pero la alternativa era dedicar el artículo semanal a los monstruos finlandeses que triunfan en Europa, ay, Europa. Mejor los pies, ¿verdad?
Cito allí un poema de Amalia Bautista, que dejo cojo, porque entero ocupaba medio artículo, y al que pagan por escribirlos es a mí. Aquí en el blogg, que hay espacio de sobra y que no cobra ni el Tato, para disfrute de todos y para que hasta los más escépticos contemplen cómo la poesía hace delicioso cualquier asunto, lo transcribo completo.
Qué feos son los pies de todo el mundo,
menos los de mis hijas. Qué bonitos
son los pies de mis niñas. Los mofletes
redondos y rosados de los ángeles
envidian sus talones, y sus dedos,
vistos desde la planta, diminutos,
tienen la suavidad de los guisantes.
Los tienen a estrenar. Y me conmueve
pensar en cada paso que aún no han dado.
martes, 23 de mayo de 2006
Tres estampas
*Ya en misa, una señora no para de abrir y cerrar una bolsa de plástico. Le hace un nudo, lo deshace, mete la mano, toca algo, saca la mano y vuelve a hacer un nudo. Y lo deshace. Nadie se hubiese fijado si no fuera porque la bolsa monta un ruido inconcebible. El pueblo fiel empieza a ponerse nervioso, a suspirar, a mirarla de reojo, incluso a chistar. No sirve de nada, porque como demuestra el jaleo del plástico, la señora está sorda como tapia de convento. Probablemente, a estas alturas, yo estaría también frenético, pero como me he sentado atrás y tengo una buena perspectiva de toda la escena, le veo la gracia. Luego, me he puesto a pensar en lo difícil que es la virtud, en que el humo de un diablillo entra enseguida por las rendijas de la iglesia y que estábamos a un tris de faltar a la caridad. Lo mismo que cuando en las filas de confesar se cuela alguien y nos indignamos tanto que, al final, tenemos otra cosa de la que confesarnos, adquirida allí mismo. Hago el firme propósito de no enfadarme más, al menos en la iglesia, y de no distraerme tanto —aunque esto último, como no le salga un definitivo nudo gordiano…
*Al volver de comulgar, recordé la angustia que me causaba cuando chico el que la Sagrada Forma se me quedase pegada al paladar, que se iba acabando la misa y no había manera... Supongo que tenía claro que no era digno y que sentía como un eco oscuro de eso de la Biblia: “Que se me pegue la lengua al paladar…” Contra aquella aprensión, mis tranquilizadores razonamientos lógicos y teológicos no servían de nada. Hasta que, de pronto, un día, el lenguaje vino en mi ayuda, como ha hecho siempre. Me di cuenta de que el paladar se llama el cielo de la boca. La Forma estaba, pues, en su sitio exacto: en esos momentos, en el verdadero Cielo de la boca.
lunes, 22 de mayo de 2006
Apología onírica
Aviso para navegantes
Al presidente
domingo, 21 de mayo de 2006
Buzoneo
Luego, en los arrinconados estantes de poesía, algunas sorpresas. Entre ellas, que cuando hojeo el último libro de Juan Bonilla me salta al encuentro este haiku:
Otra mañanaY recuerdo inmediatamente uno mío, que no sé si publiqué en Alguien distinto, el cuadernillo de haikus que sacó Abel Feu. Sospecho que se cayó en el último momento. Llegado a casa compruebo que, efectivamente, se cayó. O sea, que es inédito. En cualquier caso, el parecido es asombroso:
que me avisa la muerte:
buzón vacío.
Ya no soy joven:
en el buzón hay sólo
cartas del banco.
sábado, 20 de mayo de 2006
Greguería vs. Haiku
Para ser, a mi vez, breve, yo resumiría la cuestión diciendo que la greguería y el haiku son muy diferentes y que la confusión se produce, además de por su tamaño (o falta de), por una circunstancia histórica. Cuando el haiku desembarca en el español, la greguería está recién nacida. El contagio y la confusión eran inevitables como entre compañeros de colegio. Se pegaron las viruelas y se imitaron algunos gestos y juegos y temas y tonos. Pero han crecido, la vida les separó, como no podía ser de otro modo, porque una es prosa y el otro es verso, y ahora apenas se ven una vez al año, por la cena de antiguos alumnos: la greguería, un poco loca, divertida, con una risa que no oculta un fondo trágico; el haiku mucho más serio, íntimo, alegre sin alharacas. En los lejanos tiempos de su compañerismo, Tablada, como señaló Villalobos, escribió efectivamente algunos haikus que son talmente greguerías. Y el propio Ramón se lió un poco y dijo aquello tan desafortunado de que “el haikai es sólo rocío de greguería, seda de una oruga que se nutría como de hojas de morera de hojas de greguerías.”
En realidad, es al revés. En las greguerías de Gómez de la Serna hay de todo, como si fuese una maravillosa, inagotable y agotadora biblioteca liliputense: tratados morales (Si vais a la felicidad, llevad sombrilla), poemas de Miguel d’Ors (La felicidad consiste en ser un desgraciado que se sienta feliz), estudios de psicología (Lo malo del deseo es que vuelve sin avisar), llamadas al Carpe diem (La vida obliga a la prisa de vivir porque el pan enseguida se pone duro), observaciones sociológicas (Lo grave del solterón es que se va volviendo viudo), guiones de cine (Cuando una mujer te plancha la solapa con la mano ya estás perdido), novelones decimonónicos (Hay pupilas en las que quedó para siempre el punto de luz del candelabro de una fiesta), españoladas que todavía nos gustan mucho (Tenía la apretada cintura del clavel), folletines picantes (Ante las que llevan una pulsera en el tobillo, intriga cómo ha podido llegar hasta allí desde la muñeca), melodramas (¡Qué tragedia! Envejecían sus manos y no envejecían sus sortijas), comedias de Willy Wilder (El champaña muere en las copas como el borde de la ola en la playa) y hasta toda una novela de Conrad que debería encantarle a Mora-Fandos (Al agonizar el viejo marino pidió que le acercasen un espejo para ver el mar por última vez), también hay jueguecillos de palabras (Aquel tipo tenía un tic, pero le faltaba un tac: por eso no era reloj), ciencias políticas (Un tumulto es un bulto que le sale a las multitudes), metafísica (Hazte una fotografía y si sales es que existes), chistes ingenuos (El colador está harto de pepitas), humor negro (La morcilla es una transfusión de sangre con cebolla), un ensayo de Sartre (Hay momentos en que las moscas hacen gestos de querer arrancarse la cabeza como desesperadas de ser moscas), ironías borgianas (A Víctor Hugo su esposa lo llamaba Víctor; su amante: Hugo), definiciones de Ambrose Bierce (La jota: dos que quieren ponerse banderillas), conversaciones de Oscar Wilde (-¿Por qué cuando vamos a pedir los gemelos de teatro al compañero de palco es cuando él se los lleva a los ojos? -Porque ha visto a la misma mujer), cuentos de P. G. Wodehouse (Golf: juego para ratones que se han vuelto ricos), documentales de Félix Rodríguez de la Fuente (Grajo: palabrota con alas), meditaciones sobre las postrimerías (Ya sé: sudario cuando es verano y mortaja cuando es invierno), sumas teológicas (¡Cómo serán los ojos de Dios que con uno ve el sol y con otro la luna!) y, lo mejor, lo más emocionante y verdadero, unas gotas del rocío de los haikus, que calman, cuando menos lo esperábamos, nuestra sed de poesía:
Chopo: el árbol de las mariposas verdes.
En las cajas de lápices guardan sus sueños los niños.
Las rosas rompen sus cartas de amor.
¡Qué pocas letras enseña el viento a la veleta!
Los solares están soñando altas ventanas.
La luna y la arena se aman con frenesí.
La vida es decirse ¡adiós! en un espejo.
viernes, 19 de mayo de 2006
Il mestiere delle armi

Ayer vi Il mestiere delle armi. Hace varios días que teníamos prevista la película de Ermanno Olmi, así que no fue un homenaje privado a las palabras del general Pitarch. Por otra parte, el militar no ha dicho nada que no se le suponga, como el valor. Tampoco un poeta nos podría dejar de recordar que “la verdad no se vota. Y mucho menos, la Belleza”, como hace Andrés Trapiello desde El arca de las palabras. Ni un sacerdote callarse que “hay que servir a Dios antes que a los hombres”. Por eso, ni los guerreros ni los poetas ni los curas podrán gustarle nunca del todo a los demagogos y gobernantes de hoy.
Es curioso que haya pensado en estos oficios otra vez. Cuando era adolescente, sentí claramente —en esa época no se piensa bien, pero se presiente con gran perspicacia— que solamente una de esas tres vocaciones era una forma seria de pasar por la vida. Igual le pasaría a Amalia Bautista cuando en el primer poema de su primer libro esculpió: "Quiero ser la mujer de un mercenario, / de un poeta o de un mártir, es lo mismo."
Y, aunque lo parezca, no cambié demasiado de opinión: simplemente ahora sé más y he aprendido que todo bautizado, sea mecánico, notario, ama de casa o hasta político o profesor, es sacerdote, profeta y rey. Estar a la altura es la cuestión, el heroísmo.
jueves, 18 de mayo de 2006
Apuntes
*Soñé un chiste del que sólo recuerdo que entonces me pareció malo y ordinario. ¿Mi inconsciente juzgando a mi subconsciente?
*La expresión ‘sudar tinta’ sólo se le pudo ocurrir a un escritor.
miércoles, 17 de mayo de 2006
Resumen
Heridas tenéis, amigo,Y a cuántas personas, me pregunto, podría cantarles esta canción, y no me estoy refieriendo -ustedes ya me entienden- a saberme la música, a entonarla bien o a hacerlo con una voz melodiosa...
y duelen os.
Tuviéralas yo
y no vos.
martes, 16 de mayo de 2006
Enlaces o ensalces (marianos)
Lo de Berceo (que nin lilio ni rosa) me ha recordado a los poemas que hacíamos en el colegio por el mes de mayo, con su cuidadosa rima en -osa y todo. Berceo o nuestro idioma, el castellano, niño, estrenándose con piropos a la Virgen. Con García Baena el idioma ha crecido, para bien y para mal, pero no ha olvidado su primera devoción y sigue acogiéndose a María.
Académica palanca
La COPE es, sin duda, imprescindible, pero muy liberal. En el fondo, los conservadores sólo podemos oír sin sobresaltos Radio Clásica, y no siempre, que también echan (en este caso, es el verbo) música dodecafónica de vez en cuando.
*
Escucho al ignoto cantautor Nino Sánchez hablar de las tradiciones de Salamanca, especialmente del Mariquelo —que ahora es, extinguida la familia de los Mariquelos, un tal Ángel Rufino de Haro—, que, en la víspera de Todos los Santos, cada año, en acción de gracias porque no hubiera muertos en el terremoto de 1750 de Lisboa, toca una charrada subido al campanario de la Catedral. (Decía d’Ors —esta vez Eugenio— que la mayoría de nuestras tradiciones eran, paradójicamente, del Siglo de las Luces.) Lo curioso es que me emociono como si fuese una costumbre de mi propio pueblo. ¿Me emocionaría igual una tradición catalana? Hasta hace poco sí, ahora ya no sé.
*
En la misma entrevista radiofónica, canta Nino Sánchez estos ripios de Unamuno, que son tremendos, ¿no?
Salamanca, Salamanca,
renaciente maravilla,
académica palanca
de mi visión de Castilla.
(Por mucho menos a mí me apedrean.)