viernes, 3 de abril de 2009

El misterioso caso del cura ubicuo

Uno protesta de cuánto Chesterton ocupa los escaparates de las librerías y, sin embargo, a las primeras de cambio, no hace otra cosa que echar de menos al padre Brown. Él podría resolver el misterioso caso del famoso cura ubicuo.

Se habrán fijado ustedes. No hay heterodoxia a la que amigos, conocidos o saludados no se apunten que deje de tener todas las bendiciones de —aseveran— “un cura que yo conozco”. Según ese cura que yo jamás me he encontrado pero por lo visto tan conocido, unos amigos nuestros se consideraban dispensados de cumplir la abstinencia de los viernes de cuaresma, residuo de los siglos oscuros, explicaban, mientras le daban al jamón que luego pagaríamos entre todos. Y eso es sólo un botón de muestra. Ese cura afirma que, si hay amor, las relaciones prematrimoniales, por supuesto; que los anticonceptivos, si hay amor, valen; que los divorcios, si no hay amor, vaya, y si hay otro amor, pues claro, qué remedio. El tan amoroso clérigo ubicuo está también —me lo han contado— a favor de la fecundación in vitro, del aborto en casos puntuales, de relativizar hasta extremos anonadantes el precepto dominical, y en contra del dogma de la infalibilidad, aunque él, según creen quienes le conocen, no se equivoca nunca.

Pero ese cura archiconocido, ¿existe? ¿O se lo han inventado entre unos y otros? Tal vez no se lo hayan inventado, pero lo han rebuscado, como hace el diario El País con sus teólogos (y últimamente con sus científicos). Después de revolver por todas las sacristías de España, alguno habrá dado con alguno que le habrá dicho, o sólo a medias, o un cuarto de mitad, lo que quería; y así ha calmado su conciencia, que no calificaré de inquieta, aunque no encuentre asiento. Después la voz se ha ido corriendo y “un cura que yo conozco” es, en realidad, “el cura que parece que conoce uno que conoce un conocido mío de oídas”. En cualquier caso, no me extraña: con lo que charla el hipotético cura es lógico que no haya tenido tiempo de hojear el Catecismo de la Iglesia Católica, ni tan siquiera el Compendio.

El padre Brown, más optimista que yo, no se habría creído de esa misa la media. En “La cruz azul” desenmascara a un falso sacerdote porque habla mal de la razón y la ciencia. El padre Brown desconfiaría, con razón, de la autenticidad de alguien que ha entregado su vida por una doctrina y una fe que luego destroza. Y realmente es raro.

jueves, 2 de abril de 2009

Ubi sunt?

A Piedad Bonnett, a la que le reseño, hala, Las herencias (Visor, Madrid, 2008), lo que más le admiro es el título para una antología: Lo demás es silencio (Hiperión, Madrid, 2003). Y no le va a la zaga el poema que viene a continuación, sobre todo ahora que a muchos alumnos, que se van a la Formación en Centros de Trabajo, les voy diciendo con impensable melancolía "adiós".

................LOS ESTUDIANTES

Los saludables, los briosos estudiantes de espléndidas sonrisas
y mejillas felposas, los que encienden un sueño en otro sueño
y respiran su aire como recién nacidos,
los que buscan rincones para mejor amarse
y dulcemente eternos juegan a la ruleta rusa,
los estudiantes ávidos y locos y fervientes,
los de los tiernos cuellos listos frente a cualquier espada,
las muchachas que exhiben sus muslos soleados
sus pechos, sus ombligos
perfectos e inocentes como oscuras corolas,
qué se hacen
mañana qué se hicieron,
qué agujero
ayer se los tragó,
bajo qué piel
callosa, triste, mustia
sobreviven.

miércoles, 1 de abril de 2009

Mala bares

Hace dos años, veíamos siempre, cuando paseábamos a los perros por la playa, a una chica nerviosamente guapa muy aficionada a los malabarismos. La primera vez nos llamó la atención [a mí me la habría llamado de todos modos, confieso] porque lo hacía mucho mejor que su pareja, un joven que ponía gran interés, pero al que se le caían los montones de mazos continuamente. A veces se hacía daño en una mano y la sacudía de arriba a abajo y se la soplaba como si se hubiera quemado. La chica le reprendía y le daba enérgicas lecciones. Poco tiempo después, ella seguía allí, con sus mazos innumerables y sus malabares, pero el chico era otro. Y otro. Y tal vez otro. Recuerdo que alguno de ellos se extenuó, y se tumbó en la arena, con los brazos en cruz, mientras ella seguía dándole vueltas y revueltas a los mazos por los aires con un hermoso mohín de reprobación. Después dejamos de verla, y a mí me gustaría saber si buscó otro escenario para sus malabares o si renunció a ellos por amor.

[Esto lo hubiese incluido en mi artículo de hoy, pero se me ha caído.]

martes, 31 de marzo de 2009

Prólogo y reseñas


Uno siempre vuelve a donde fue feliz. Por eso compro todos los libros de y sobre Julián Ayesta. Su pequeña novela Helena o el mar de verano está entre mis favoritas, y es muy probable que, si alguna vez tengo que hacerle a usted algún regalo —porque me invite a cenar, por ejemplo—, aparezca con ese librito de Ayesta bajo el brazo.

Me he comprado, por supuesto, Dibujos y poemas de Julián Ayesta, editado por Trotta. La primera impresión es decepcionante, dicho sea sin remilgos. Antonio Pau en el prólogo califica (con benevolencia) a los dibujos de garabatos (porque tienen gracia, explica). Garabatos a los que, para colmo, dejan en evidencia los deliciosos cuadros de Dufy que pueblan el volumen. Los poemas son indiferentes, esto es, ni tan siquiera rematadamente malos.

Sin embargo, el libro merece la pena, porque esconde un buen puñado de felicidades. El propio prólogo de Pau es muy interesante y, tras repasar muy objetivamente la trayectoria de Ayesta posterior a Helena, comentando una prosa poética final, que recupera su estilo primero, remata con esta confesión: “¿Pueden aparecer de pronto treinta, cuarenta líneas que ignoran —afortunadamente, habría que decir, quizá en voz baja— una evolución de medio siglo?” Junto al prólogo y a la prosa mencionada, son extraordinarias la carta de Ayesta a su editor y sus reseñas teatrales, llenas de frescura y perspicacia. Lo peor del libro es su título, que destaca lo peor. Tendría que haberse llamado Prólogo, prosa, carta y reseñas.

lunes, 30 de marzo de 2009

Blogger me lee el pensamiento

¿Misterios de la informática? Sí, pero mentiría si dijese que no sé porqué blogger ha colocado en el sábado la entrada que ahora mismo acabo de escribir. Simplemente la había pensado entonces, aunque la dejé para hoy. La máquina, no me pregunten cómo, me ha leído el pensamiento.

domingo, 29 de marzo de 2009

Admiraciones hay muchas

Admiramos a muchos, y además no del mismo modo, naturalmente. Hay textos, por ejemplo, que me gustan a morir, pero que no incluiría en un libro mío ni regalados; en cambio, otros, que me gustan a morir, pero de otra manera, los admiro algo agridulcemente, con la pena de no haberlos escrito yo. Eso me pasa con este poema que me mandó por e-mail Rafael García Angulo, y que corto y pego aquí con la esperanza de que se me pegue algo:
-----------CENICIENTA

Si encajaste tu pie en aquel zapato
y fuiste la escogida, y no era un sueño
¿porqué sigues temblando cada noche
cuando suenan las doce campanadas?
¿Un ejemplo de lo contrario? Vale, os pondré unas frases aceradas de Cioran, que me encontré precisamente ayer, que no comparto en absoluto, aunque mi admirado Borges era de la misma opinión, y que vienen sobre todo muy bien para documentar mi artículo de hoy. Así veis que cuando hablo de aversión a la paternidad y contravalores del 68 no lo hago a humo de pajas:
La única cosa que me precio de haber comprendido muy pronto, antes de cumplir los veinte años, es que no había que engendrar. A eso se debe mi horror del matrimonio, de la familia y de todas las convenciones sociales. Es un crimen transmitir las taras propias a una progenitura y obligarla, así, a pasar por las mismas duras pruebas que nosotros, por un calvario tal vez peor que el nuestro. Dar vida a alguien que heredaría mis desgracias y mis males es algo que nunca he podido consentir. Todos los padres son irresponsables o asesinos. Sólo los animales deberían dedicarse a procrear. La piedad impide ser "genitor": la palabra más atroz que conozco.

sábado, 28 de marzo de 2009

Entreluces

Qué gran alegría me dio que Ale en su comentario a mi entrada sobre el trueno y la lluvia hablase con nostalgia telúrica de los chaparrones andaluces. Llovía sobre mojado, porque a la alegría de no tener que regar, se había unido un recuerdo alborozado a Borges. En un soneto prodigioso habló de “la lluvia minuciosa”, y yo siempre había pensado que esa minuciosidad era una imagen del chirimiri, como “la lluvia en cursiva” de d’Ors. Pero el sábado atisbé que Borges hablaba de otra cosa. La lluvia es minuciosa porque lo riega todo, a fondo, puntillosamente, no como la manguera, que va apagando fuegos a brocha gorda. Yo, además, estaba muy sensibilizado con el repicante meteoro porque acababa de leer el último poemario de Aquilino Duque, donde se deja caer con la lluvia a menudo, como he dicho a menudo:

El nubarrón, el vendaval, el trueno,
el remolino, el rayo.
Todo eso para el alma es bueno
porque es agua de mayo.
[Las negritas, o azulitas, son naturalmente mías.]

Daba gusto leer a Aquilino --era otro regalo-- mientras la lluvia regaba blandamente el jardín. Y qué difícil ahora escoger un poema nada más para acabar esta entrada. Copiaré el que más me autorretrata, al menos en las intenciones. Ahí va:
.......PASATIEMPOS

Paso el tiempo leyendo y haciendo solitarios,
viendo películas antiguas,
jugando al toro con las musarañas,
con la idea de que los versos
que he de escribir aún se escriban ellos solos,
mientras duermo la siesta, por ejemplo.

Fueron malos mis años de alimaña errabunda;
me dejaron secuelas en el alma.
Luego he tratad0 de que lo que quería
para todo el país, para toda la tierra
fuera al menos posible en unos pocos

metros a la redonda.

Rayos, trueno, gracias

Entre las ingentes gestiones que en mi agenda se arrebujan, estaba regar minuciosamente el jardín, seco como una mojama, y amarillo. A las siete menos cuarto, de repente, nos ha despertado un trueno tremendo y una tormenta trepidante. Entre el sobresalto me pareció que el trueno tronaba: “Yo me encargo de regar, tú concéntrate en Rosales, que se acerca el día de la conferencia, dormilón”.
¡Rayos, qué bien! Muchas gracias.

viernes, 27 de marzo de 2009

Lo sguardo effimero

La mirada efímera/Lo sguardo effimero recoge los haikus de Herme G. Donis y su traducción al italiano por E. Coco. Han sido publicados por Levante Editori, de Bari, 2009. Personalmente me ha hecho muchísima ilusión enterarme de que “Salta la rana” se dice en italiano “Salta la rana” (p. 48). Da gusto saber idiomas. Y no es la única chispa que salta del roce entre las dos lenguas: la traducción mejora algún haiku, como éste: "Inverno, neve. / Sentirò questo fredo, / quando finisce?", que en versión original dice:
Invierno, nieve.
Cuando todo termine,
¿tendré este frío?
O también pasa que una mala lectura mía del texto en italiano lo salva (al menos para mi gusto). Leo: "M’ignora l’aqua./ Mai la sua trasparenza/ m’ha regalato"; y yo lo interpreto: “Me ignora el agua. / Pero su trasparencia / me ha regalado”. Compruebo el original español y me entero de que no:
Me ignoró el agua.
Nunca me regaló
su transparencia.
Pero poliglotismos aparte, Herme G. Donis, como nos tiene acostumbrados, consigue algunos haikus emocionantes, para nada efímeros. Ahí van los que yo he visto mejor:
Cuenco de agua.
Las manos adormecen
brillos de luna.

*
Hay una vida
detrás de estas sílabas
que envejece.
*
Nunca lo olvides.
Sobrevive la luna
más que el poema.

jueves, 26 de marzo de 2009

Skerryvore

For love of lovely words, and for the sake
Of those, my kinsmen and my countrymen,
Who early and late in the windy ocean toiled
To plant a star for seamen, where was then
The surfy haunt of seals and cormorants:
I, on the lintel of this cot, inscribe
The name of a strong tower.

[R. L. Stevenson, Monte bajo, 1887; las negritas a la mejor definición de faro que jamás se ha escrito son mías y la traducción, ay, también:
Por amor a los nombres, y en honor
de mis parientes y de mis compatriotas
que trabajosamente en un mar tormentoso
alzaron una estrella
para los marineros sobre un palmo
de espuma de las focas y de los cormoranes;
yo, en el dintel de mi casita, inscribo
el nombre poderoso de la torre.]

Cormoranes

Con los cormoranes tengo (o tenía) el corazón partido. Por un lado, me recuerdan un poema de Stevenson, nada menos, y me gusta mucho su vuelo esforzado y potente, como de todoterrenos del aire, y un poco antes me hace gracia su torpe despegue, palmoteando el agua en una carrerita escolar, para coger impulso. Por el otro lado, cuando toman el sol parecen lagartos y todo el mundo dice que son unos pájaros voraces que están esquilmando las salinas. Así estaban las cosas hasta que el fin de semana, navegando por el río, los vimos a los pies de la imagen de la Virgen del Carmen que hay en el espigón de babor. Casi no parecían lagartos ni cuervos, de tan marinos y marianos. Y me dan una excusa para colgar aquí esta foto, que es a lo que vine.

La escultura es de Juan Botaro, artista que fue local, y la foto de Jaime Arias Hormaechea.

miércoles, 25 de marzo de 2009

Soliloquio:

Amarme es conformarme con poco.

[Claro que si yo hubiese escrito esto, en vez de Marco Denevi, me amaría o, al menos, me admiraría más.]

martes, 24 de marzo de 2009

El espasmo del spam

Desconozco la etimología de “spam”... Pero, ¿cómo me atrevo? ¡En la era de la información no se puede desconocer nada!, así que corro a Wikipedia y me entero instantáneamente de todo: “La empresa charcutera estadounidense Hormel Foods lanzó en 1937 una carne en lata originalmente llamada Hormel's Spiced Ham. El Spam fue el alimento de los soldados soviéticos y británicos en la II Guerra Mundial, y desde 1957 fue comercializado en latas que ahorraban el uso de abrelatas. Más adelante, el grupo británico Monty Python empezó a hacer burla de aquella carne. Su divertidísima costumbre de gritar la palabra spam en diversos anuncios publicitarios se trasladó al correo electrónico no solicitado”.

Ya me temía yo que no tendría que ver con el espasmo, a pesar de que sea lo que me da a mí. No por el tiempo que me hace perder, que es poco: borro spam a una velocidad de pasmo, aunque alguna vez en el frenesí haya arrastrado algún correo importante y luego haya tenido que rebuscarlo por la papelera. Tampoco por el espacio: los buzones electrónicos no tienen fondo.

El spam me fastida por la desilusión. Mi ordenador me avisa cada dos por tres de que tengo seis nuevos correos, y yo los abro esperando encontrarme cartas de amigos, comentarios halagüeños a mi blog o una nota de mi mujer anunciándome que llegará antes a comer. Cualquier cosa menos esto, qué espanto.

viernes, 20 de marzo de 2009

Donde el bloguero descubre una verdad

Y yo que me creía que la entradita diaria era una deferencia con ustedes, que mis prejuicios de clase media me exigían, cada vez que alguno llamase a la puerta (click-click), salir repeinado y servicial a ofrecer al menos un café y unas pastas. Pero veo que no, que soy un blogg-adicto y nada más. Estos días que corrijo las últimas pruebas de Lo que ha llovido [Rayos y truenos, 2006-2008], calmo mi sed con el agua pasada. Por eso, no escribo aquí. Aunque un rescoldo de educación burguesa sí me queda, y les pido perdón.

miércoles, 18 de marzo de 2009

Termitas en la Cartuja

Ahora mi vida gira alrededor de las termitas (quod erat demostrandum). Y no todo tiene por qué ser desagradable. Busqué asesoramiento técnico en un amigo (F.J.P. de E. V.), que es el arquitecto de la restauración de la Cartuja de Jerez y oyéndole contar cosas de las Hermanas de Belén, que ahora viven allí me olvidé hasta del Reticulitermes Lucifugus.

Fue a la celda de una monja joven. Las altísimas vigas estaban llenas de termitas. La monjita ("muy joven, oye, y guapa, de Toledo") le explicó que no le importa la arenilla que cae del techo, que ella se tapa con la sábana, pero que no puede soportar el ruido horrible de las termitas. Cuenta mi amigo que las celdas son enormes, altísimas, y se le encendían los ojillos y comentaba: "Vamos, que en cada celda me cabe a mí un unifamiliar". Pero enseguida le podía la admiración por las monjas. En cada celda tienen unos pobres muebles, y me contó que están atornillados al suelo para vencer la tentación de la decoración. Con tanto tiempo, espacio y soledad, podría suceder que alguna hermana se dedicase a mover la mesa continuamente. Para mí ha sido un ejemplo grandísimo: ya he empezado a atornillar cosas.

Finalmente, recordó una visita de Bibiana Aído cuando era Delegada Provincial de Cultura. Le preguntó: "Dime, Javier, ¿qué es lo más valioso del Monasterio". Y él le respondió: "El patrimonio espiritual, piense que aquí llevan rezando casi ininterrumpidamente cerca de ochocientos años". Ea.

martes, 17 de marzo de 2009

Termitas

He descubierto que nuestra casa, la que empezamos a reformar hace tres años, como lloré aquí, a la que nos mudamos hace sólo unos meses, como resoplé aquí, en la que saltan los fusibles, como me quejé aquí, nuestro hogar, dulce —a pesar de todo— hogar está infestado de termitas. Fue ver unos repugnantes gusanos y unas hormigas con largas alas saliendo de debajo del rodapié de madera, y saberlo: termitas. No las había visto en mi vida, pero como tengo el cenizo no tuve duda.

Aunque bien pensado, no es cierto. Las había visto y todavía más: las había buscado con afán. Sólo que entonces no sabía que se llamaban termitas. Les decíamos “lúas”. En mi infancia agropecuaria eran muy valoradas como señuelo en las perchas, unas trampas para pajaritos. Todo bastante salvaje, como ven y veo ahora, pero aquellas trampas parecían ballestas en miniatura de las que salían en Ivanhoe, una de mis películas favoritas. Encontrar en un tronco podrido un nido de alúas era una emoción comparable al hallazgo del tesoro en la Isla del ídem.

Al asco inmemorial por los gusanos, al terror a las termitas, se ha sumado ahora el remordimiento. En mi descargo alegaré que las usé poco: la emoción de ponerlas no justificaba la desolación de haber matado a un pajarillo. Pero alguno cayó. Descubro que aquellas alúas son estas destructoras termitas, y algo de mi congoja me consuela: la merezco.

lunes, 16 de marzo de 2009

Ubi sunt?

Lo que han envejecido los poemas
escritos hace años (tres de ellos
pudieron ser entonces la razón de la vida
y ahora no los quiere ni el recuerdo).

También nosotros éramos mejores.
También los días eran otra cosa…
En su rincón perduran las fotos de aquel tiempo
y guardan la verdad de aquella historia.

Quizás en el futuro nuestros libros
parezcan trasnochados
en la memoria de alguien.
......--------------------. .... Por lo menos
no hablábamos muy alto.
[Vicente García, De ayer a hoy, Renacimiento, 1996]

domingo, 15 de marzo de 2009

Antonio Casado da Rocha

Ayer, hablando de privilegios, estuve tentado a inaugurar una etiqueta de “Vanitas vanitatis”. Menos mal que no lo hice, porque me habría dejado en evidencia. Todas mis entradas se merecen ese etiquetazo, incluso ésta, donde vengo a hablar de Quién me mandaría a mí (Bermingham, San Sebastián, 2009) de Antonio Casado de Rocha (San Sebastián, 1970). De este poemario, lo que más me afecta es lo que me afecta. El autor y yo somos casi coetáneos, además de compatriotas, hemos recibido las mismas (más o menos) influencias y hemos realizado la misma apuesta estética. La consistente en no renegar de la herencia de nuestros mayores (en los dos sentidos) poetas de línea clara. Jon Juaristi decía con mucho tino en Sermo humilis que pase lo que pase con las modas, la poesía clara ha creado un tipo de lector [y un tipo de poeta, añado yo], y que eso era incontestable. La contestación la tenemos que dar nosotros, demostrando que no es una vía sin salida, ni un tiovivo, sino un camino, que además arranca desde muchísimo antes de los años 70 de España: pienso en el cancionero tradicional hispánico, en Manrique, en Lope, en Fernández de Andrada, en Arguijo, en Medrano, en Bécquer, en Machado, en cierto JRJ, en Panero, en Otero, en Muñoz Rojas, en Rodríguez, en Gil de Biedma, en Duque, pienso en tantos, por no hablar de poetas de otros países. Para mí la clave está en ser muy conscientes de la viva tradición que digo; en la exigencia técnica, que en este libro cojea un poco como reconoce el autor en “En el que se renuncia a las formas”; en una búsqueda sin resquicios de la autenticidad y, por tanto, indirectamente de la voz propia; y en encontrar de paso un mundo personal. Esto es lo que consigue mejor Quien me mandaría a mí, que habla mucho del padre, pero no de su muerte sino de su vida:
........Y MI PADRE
que durante más de treinta años
(saliendo pronto y llegando tarde,
no lo vi al sol en laborable)
subió cien botellas de butano

cada día por estos rellanos
y escaleras, que subía amable
hasta el quinto piso de estos lares
de Lezo y Rentería y ambos

Pasajes, con la ropa mojada
oxidándose en el horno tibio
y el camión a la vista de casa

esperando a que llegue mi tío,
con las bombonas encadenadas
para que no se las lleve el frío,

va y dice
.................que echa de menos el trabajo…

sábado, 14 de marzo de 2009

Privilegios

Me gustaría poder decir que me preocupan más mis deberes que mis derechos, pero me da miedo una declaración tan magnánima. Lo que sí puedo declarar con la certeza de no equivocarme es que prefiero un privilegio a mis derechos. Desde luego, a mis derechos de autor. Fíjense como Llir entre cards se los salta dos veces: primero fotocopia mi viejo libro, y después cuelga mi vieja décima en su blogg. Ea. Pero yo tan contento, es más, tan orgulloso, es más, tan vanidoso, se lo agradezco de todo corazón: es todo un privilegio su interés y su lectura. Ojalá Dios se lo pague con una buena plaza.

Y ayer, cuando paso la hoja rutinaria del calendario, me encuentro con un poema ¡mío! Y lo que fue aún más inquietante, uno que empieza: "El día que yo me muera". ¿Habría caído ahí por casualidad o sería una meditatio mortis propuesta para el viernes de Cuaresma? Lo pusieran por lo que lo pusieran, me vino de maravilla, enhebrándose limpiamente al hilo de mis pensamientos. Qué privilegio poder hablarme por sorpresa por encima de los años y los derechos de autor. Ah, y los pensamientos en los que andaba enredado no eran mortuorios. Probablemente dejaron de serlo desde que escribí los tres últimos versos del poema aquel, que sigo queriendo que sean mi epitafio en el mármol, qué menos, del cementerio, y que rezan:
Esperanza, compañeros,
las almas viven y, encima,
resucitarán los cuerpos.

viernes, 13 de marzo de 2009

Chesterton for ever!

Ha querido la casualidad que justo cuando sale mi artículo de Alba sobre Chesterton, yo termine la lectura de su primera novela, Basil Howe (trad. de Diana Pérez García, Editorial El Olivo Azul, Córdoba, 2009). Tenía mis más recios prejuicios contra ella. Gilbert la había escrito con ¡20 años! y la había dejado inédita. Todo lo cual hacía presagiar que sería el típico borrador de aprendiz. Pero uno es chestertoniano incluso contra sus prejuicios, y me la compré de inmediato, y qué sorpresa. Ahí está ya todo su mundo: su defensa del romance, del periodismo, de la felicidad, de las paradojas y del sentido común. Además deja vislumbrar algunas claves biográficas de un interés extraordinario. Tiene algún leve fallo de construcción, sí, pero ninguno comparable al de la traductora que pone un capítulo introductorio rescatado de una versión anterior en la que los personajes tienen distinto color de pelo y distintos nombres. Te vuelve loco. Lo mejor, desde luego, es arrancarle esas hojas primeras nada más comprar el libro. El barbero, en cambio, ha tratado de arrancarle los mejores momentos:

—Adoro las flores —dijo Cécile con languidez, y aunque era tonta, de verdad las adoraba.
*

Bueno, es una experiencia, como dice la gente cuando quieren decir que algo es irremediablemente desagradable.
*

¿Les puedo ayudar en algo? Esta pregunta me la llevo haciendo desde muy temprana edad; como dice el Arnold latino: “Se espera que la respuesta sea: No”.
*

[...] y participó de esa sensación callada de sacralidad, pureza y plenitud que las familias honestas, más que los individuos, transmiten a aquellos que son capaces de notarla.
*

No culpe nadie a Howe por tener tales pensamientos en una iglesia; el interés que sentimos por otros parroquianos, lejos de ser decadente, es apenas el único vestigio de cristianismo que queda en la piedad convencional de hoy en día: se trata de un eco real de los primeros creyentes…
*

[…] pero me parece un escrúpulo innecesario, como casi todos.
*

[...] como la mayoría de los poetas, a cuyas filas pertenecía, Valentine tenía una manera un tanto dejada de expresarse en la vida ordinaria.
*

El caso es que los sabios atenienses iban con las mujeres malas cuando querían ingenio y con las buenas cuando querían la cena.
*

—Quiero que usted me diga cómo actuar correctamente.
—Con placer —contestó Howe—. Si me hubiera pedido que actuara correctamente, sería otro asunto.
*

Los caballeros medievales gozan del eterno honor de haber introducido el respeto a las mujeres, pero es manifiestamente falso que lo llevaran a su punto álgido.
*
[...] el mundo no es en absoluto cínico, sino por el contrario el más sentimental de los planetas.
*

Ojalá la lluvia fuera más seca.
*

El amor es una cosa curiosa, y todos los poetas escriben sobre él y dicen que es bonito.
*

—Tú y yo —dijo, con el tono bajo de una revelación repentina y vívida—. Tú y yo: en el muelle de piedra junto al mar, tú y yo; en el viejo bosque y al borde del viejo acantilado, tú y yo. En el salón de baile y en el invernadero, a la mesa del té con docenas de personas, tú y yo. Por el vacío de seis años, y durante la desconcertante contradanza, tú y yo. En el paraíso de amor de Valentine, y en la iglesia de Dios en que se casó, tú y yo. Nunca hubo otra cosa en la vida, excepto tú y yo.

jueves, 12 de marzo de 2009

Uf

Por fin, con cuarenta años cumplidos, voy descubriendo lo que de veras me gusta y lo que no. Quizá hasta ahora todo ha consistido en ir forjándome un criterio personal.
(Por suerte, veo que mi mujer me encanta.)

miércoles, 11 de marzo de 2009

Doble salto mortal

Pongo enlace a mi artículo, la verdad, para seguir la costumbre y para que la empresa vea que mi página se visita, pero me interesa comentar el artículo de Colón. Rápidamente, enumero sus aciertos:
1) Hablar del aborto el día del 11-M resulta muy pertinente. En lo mío, intento mostrar alguno de los nexos, pero no hacía falta. Entre las víctimas siempre existe una profunda solidaridad. Colón no pierde tiempo en explicaciones.
2) Usa el argumento de antiautoridad, que siempre me fastidia un poco, la verdad. Lo lógico sería que los argumentos valiesen por sí mismos y no porque los diga San Pío X o un ateo reconocido. Pero el argumento de antiautoridad es muy eficaz, y más en estos tiempos. O sea, que Colón hace bien en citarnos a Bobbio y, mañana, a Pasolini. Seguro que algún lector se cae del guindo.
3) Hay que descubrirse también ante la humildad de Colón, que le regala su columna a Bobbio, consciente de que él no lo va a decir mejor. Y además se repite, porque reincide en estas citas, que no es la primera vez que le leo. O sea, que, por amor a la verdad, renuncia a la originalidad y a la novedad.
y 4) Bobbio ataca el problema con gran inteligencia, desde luego: a) se asombra del honor que nos hacen a los cristianos de dejarnos solos en la defensa de la vida, b) detecta que en el fondo hay intereses políticos de control de natalidad, c) reconoce la inviolabilidad del derecho del más débil y d) denuncia la falacia de los argumentos proabortistas.

martes, 10 de marzo de 2009

Los malos

La agitada vida del profesor de secundaria desestabiliza emocionalmente a cualquiera. En la misma mañana asistí a las lágrimas de alegría de una alumna porque había aprobado un examen mío de recuperación y a los insultos de otro porque le supliqué que no bostezara tan ostensiblemente durante la clase.

Por la tarde me pesaba más el conflicto que la celebración. ¿Por qué? Y me extrañé aún más cuando recordé que, en cambio, en todos mis artículos dedicados a la enseñanza, que son ya un buen puñado, pongo muy bien a mis alumnos, sin mentir, eso no, pero sacándolos siempre del lado mejor. Cuando mis alumnos son tuertos, los miro de perfil.

Una explicación de andar por clase sería que de los alumnos malos hablamos tanto en la sala de profesores, en los equipos educativos, con los orientadores y los jefes de estudio y por los pasillos que agotamos el tema. O que los agotados somos nosotros.

Pero en realidad escribo de nuestros alumnos buenos o de lo bueno de nuestros alumnos porque a fin de cuentas lo escrito es lo que queda. Lo malo, aunque en su momento impresione, no tiene sustancia, más allá del disgusto. La chica lloraba porque había decidido que si no aprobaba al menos uno de los exámenes de recuperación dejaba definitivamente el instituto. Mi nota era la última que le faltaba por saber, y la única que aprobó. Ahora la veo muy seria, en la biblioteca, estudiando.

lunes, 9 de marzo de 2009

Un tema generacional

Nos recordaba Jesús Beades que Miguel d'Ors detectó un tema generacional en nuestra afición a los cafés, y añadía con lucidez Beades que la fuente (o cafetera) podría ser la humeante poesía de Carmelo Guillén. Lo he recordado al leer los nuevos poemas de Jon Juaristi en el último número de la revista Renacimiento, donde brilla con luz propia uno asombrosamente parecido a éste del mismo d'Ors. Como al astuto Juaristi no se le escapa una, el parentesco evidente entre ambos poemas será buscado, como subrayando un tema generacional (inquietante):
...........RESTAURANTE CHINO

Por favor, no te vayas.
Espera a que acabemos la Familia Feliz.
Come un poco de Pato Lacado y de Chop Suey.
No me pongas, amor, en evidencia
ante la concurrencia.

Pero, si quieres, huye,
Déjame.
Daré cuenta yo solo de esta cena agridulce.

Cuando tú te hayas ido,
Me envolverán las sobras.

domingo, 8 de marzo de 2009

Si me equivoco, el error no es mío

Uno de mis lemas es de Borges: "Piensa que los otros son justos, y si no es así, el error no es tuyo"; pero nunca pensé que lo aplicaría a los políticos, donde en principio prefiero el refranero: "Piensa mal y acertarás". Sin embargo, en el artículo de hoy estoy borgiano, o, si prefiere, ingenuo. El que está mosca es Juaristi, que conoce mejor el paño (y me deja, por tanto, en mosquito).

[Ah, a propósito: yo lo escribí con puntos y aparte y cursivas, como puede leerse en el trampolínk]

viernes, 6 de marzo de 2009

Un clavo ardiendo

Ya a las 11 y cuarto de ayer di por perdido el día. La mañana se me estaba complicando y la tarde la traía complicada con premeditación. Mientras me dirigía atropelladamente hacia mi coche, pensé: “la única solución para hoy es que un fulgor poético instantáneo se me cuele por algún intersticio, y agarrarme a él como a un clavo ardiendo”. La idea me salió de 17 sílabas:
Se me complica el día:
tan solo un haiku
podrá salvarlo.
Pero no era un haiku salvífico, ni mucho menos. El día seguía inútil. Inútil, sí, pero muy formal, porque iba cumpliendo lo que se esperaba de él, gestión tras gestión, sin solución de continuidad. En un atasco tuve, por suerte, un susto repentino. Con el viento largo y frío una palmera se agitaba talmente como la cabeza de Medusa: me quedé de piedra. Sólo los pitidos de los coches de atrás rompieron el maleficio o me lanzaron de nuevo al mío, que era el de un Sísafo burocrático con su carpetita de papeles de abajo a arriba.

Al final de la tarde, cuando salía a hacer otra tanda de gestiones, me deslumbró un reflejo naranja, miré y:
Deja el sol último
un rayo en la farola.
Juega a encenderla.
No me salvará para la posteridad, como decía Borges de quien una tarde oyó cantar al ruiseñor, pero, bueno, era muy bonito ese interés del sol por no dejarnos a oscuras, y me iluminó lo que quedaba de día, que eran aún unas horitas.

jueves, 5 de marzo de 2009

Obsesión y Vuelo

Cuando supe que Suso Ares Fondevila, nuestro contertulio, tenía libro de poesía (Obsesión y Duelo, Septem Ediciones, Oviedo, 2005), pensé: “A ver”. Conoce uno a un prosista y se le hace el oído a un ritmo, y ya no se lo imagina en verso. Yo no abrigaba dudas sobre el interés de lo que Suso Ares nos contara, pero sí sobre su cómo. Encima, cuando recibí el libro y lo hojeé, ojeé un verso libre y corto, que hacía presagiar una prosa cortada a trocitos y a correr.

Puedo declarar ahora con enorme satisfacción, que me equivoqué. El verso libre y corto, gracias sobre todo a un sentido muy fino del ritmo interno y a unos encabalgamientos altamente significativos, levanta el vuelo. De hecho es capaz de volar a pesar de un léxico poco ligero, lleno de palabrones poéticos, que pesarían como el plomo en cualquier otra poesía. Aquí hasta funcionan.

Sobre lo que nos cuenta, el título no podía ser más explícito: la obsesión por la muerte y el duelo por la del padre. Qué interesante la cantidad de poetas españoles, de Jorge Manrique a José Mateos, pasando por Juan Luis Panero, que han escrito obsesivamente sobre la muerte del padre. Un tema muy nuestro, parece.

Pero no nos vayamos por las ramas, o por las raíces. Ahí va un fruto:

SI ME ROBAS EL CIELO ME ROBAS
la vida, si me robas la tierra
la vida también robas.
En mi tierra déjame, déjame
en mi cielo. Los dos
son patria, un día
ya sólo tierra, ya sólo
cielo.

miércoles, 4 de marzo de 2009

Descubriendo Mediterráneos

Veinte años [justos] releyendo Retorno a Brideshead, y sólo ahora descubro la inmensa deuda que Waugh tiene [y reconoce] con el John Henry Newman de Loss and Gain. De muestra, un botón: los nombres de los protagonistas, Charles Reding y Charles Ryder, nada menos.

Qué bien me hubiera venido leer la novela (que como novela no es gran cosa, pero como libro, ¡ah amigo!) en aquellos años míos de Universidad. Y qué pena no haber manejado el dato cuando hablamos de los nombres propios de Brideshead. Hace poco Manupé apuntó que tal vez Cordelia podría venir de Kierkeegard. Jo, en cada retorno una novedad.

Y así seguimos, descubriendo Mediterráneos. Otro: la deuda del Chesterton de Ortodoxia también con Newman. ¿Recuerdáis aquel épico fragmento en el que GKC explica que a los cristianos se les acusa simultáneamente de cobardes y de sanguinarios, de puritanos y de carnales, de pobres y de ricos, etc., según el punto de vista del que los mira, como a un hombre normal lo ve gordo un anoréxico y anoréxico un gordo? Bien, pues lean a Newman. Lean:

He becomes the paradox witch Scripture enjoins. This is variously fulfilled in the case of men of advanced holiness. They are accused of the most opposite faults; of being proud, and of being mean; of being over-simple, and being crafty; of having too strict, and, at the same time, too lax a conscience; of being unsocial, and yet being worldly; of being too literal in explaining Scripture, and yet of adding to Scripture, and superseding Scripture.

[Parrochial and Plain Sermons, Vol. V, Longmans, Green and Co., London 1891, p. 67. Para la traducción esperaremos a que el sabio Víctor García Ruiz llegue al V. V.]
Newman me perdonará esta mediterranitis profunda. A fin de cuentas, él, tan británico, ergo tan atlántico, también descubrió en su momento el Mediterráneo, el mare nostrum, la madre de todos los mares.

Y qué alegría descubrir anoche que el mismísimo Papa de Roma está (o estuvo) leyendo a Newman con una pasión parecida [mucho mejor, pero parecida] a la mía. De rebote, Ratzinger me descubre otro Mediterráneo nuevo. San Agustín, con San Gregorio de Nysa, pensó al principio que, una vez convertido, todo sería una caída hacia la luz, como la de la gravedad, pero hacia la gracia. Enseguida se dieron cuenta, ay, que más que ascensus alado la cosa era un iter áspero, lleno de las curvas y los recodos de las reconversiones. Encuentro aquí otro motivo para seguir admirando a Dante, pues en la Divina Commedia, si uno cae, él no deja que nada se pierda: conjuga a la perfección la idea del iter [a través del inferno y en la primera parte del Purgatorio] con la del feliz ascensus [el segundo Purgatorio y, sobre todo, el Paraíso].

martes, 3 de marzo de 2009

Lo llevo en la sangre

La humeante entrada de Beades, umm, me ha recordado el único poema que un tío bisabuelo mío escribió en su larga y torrefacta vida. Se titula "Oda al café":
Hazme promesa formal
de no faltarme en la vida,
pues eres una bebida
para mí fundamental.

¡Huy!

Cuando despertó, el despertador todavía estaba allí, sin pilas.

lunes, 2 de marzo de 2009

mallo.zip

Mientras yo maquinaba esta reseña a Carne de píxel de Agustín Fernández Mallo, el Barbero comprimía este archivo:

Ahora yo ya sólo aspiro a las enumeraciones.
*
La verdad es a veces tan verdad que se vuelve 100% cristalina y así innombrable.
*
Quién deja a quién si todos andamos diferidos de nosotros mismos.
*
Los recuerdos se construyen para el último día aunque nos engañe su gen de pasado.
*
Pero diga lo que diga Oriente, el mal existe, […]
*
Podría llamarlos pixelado nº 2, pero aquella noche devino puramente analógica
*
en otra cosa más compleja [que no complicada]
*
las flores con el tiempo (...) despuntarían al calor del PC
*
estética y ética son lo mismo, una pose ante el mundo.
*
Las fotos son recién nacidos que no crecen
*
siendo sincero no sé qué significa la palabra lluvia, ni la palabra ojos, ni perder ni ver, (…). Sólo sé que entre tus brazos fui una estrella mundial [bendita seas]
*
ingenua tarareas con la radio,
to die by your side, such a heavenly way to die.

sábado, 28 de febrero de 2009

Alergia, alegoría, alegría

La astenia no era solitaria. Estaba secundada por los efectos secundarios de un antihistamínico. Y no deja de tener su gracia —incluso ahora— que el medicamento para combatir la alergia haga un juego de palabras (o tropiece en la dislexia) y combata la alegría.
*
La realidad, de paso, también alegoriza. Cruzo por un parque y oigo como una madre le grita a su hijo: “¡Gaizka, no empujes a tus compañeros!”. Tierno cachorrito del nacionalismo, qué pronto empieza.
*
La verdad es una medicina.- Desde que hemos detectado la causa de mi astenia antihistamínica estoy muchísimo más alegre.

jueves, 26 de febrero de 2009

Los navegantes y el náufrago

Una entrada de blog es un mensaje en una botella. (Sólo que la botella tiene la envergadura del mundo.)

miércoles, 25 de febrero de 2009

Al revés

Antes de que hubiese colgado la entrada que pensaba para dentro de unos días, ya me ha llegado un comentario. No es talmente un caso de telepatía sino del servicio de Correos, pues a mi comentarista le ha llegado la revista Misión antes que a mí. El comentario es tan atinado que me he precipitado a colgar mi artículo (infra) como excusa para meterlo inmediatamente.

(También puede leerse mi artículo haciendo click en la portada del último número, y yendo a la página 11 del pdf, justo al lado de José Jiménez Lozano, nada menos.)

Una historia ejemplar

Nos informa el narrador argentino Marco Denevi, citando como fuente la obra Alandalusi, Murcia, 1238, de Omar-ben-Budur, que Abderrahmán decidió fundar la ciudad más hermosa del mundo. Para ello mandó llamar a Kamuru-l-Akmar, el primero y más notable de los ingenieros árabes.

Kamuru prometió que en un año la ciudad estaría edificada y sería, sin duda, la más bella del mundo, pero exigió del califa que le permitiera construirla con entera libertad, sin reparar en gastos, y que no se dignase a verla sino cuando estuviese totalmente construida. El poderoso califa, satisfecho del temperamento artísitico de su ingeniero, accedió.

Al expirar el plazo, Kamuru-l-Akmar pidió un año de prórroga, que el califa le concedió con gusto. Esto se repitió varios años. A los diez años el califa se encolerizó por fin, y todos los que nos hemos visto en tratos con la construcción hemos de reconocerle paciencia suficiente.

Sin embargo, al asomarse a las obras una sonrisa le borró el ceño adusto. “—Es la más hermosa ciudad que han contemplado ojos mortales! ¿Por qué no me avisaste, oh gran ingeniero, de que estaba concluida?”

Kamuru-l-Kamar inclinó la frente y no se atrevió a confesarle al monarca que lo que estaba viendo eran las casas que los artistas habían levantado para sí mismos mientras estudiaban los planos de la futura ciudad.

Hasta aquí la historia. Lo curioso es que caben varias interpretaciones del final: 1) El proyecto era tan sublime que, aunque no se llegó a construir, contagió a todos los trabajadores y éstos hicieron casas bellísimas. 2) Esos mismos hombres eran unos egoístas y sólo se preocuparon de su disfrute, embelleciendo sus viviendas y pasando de Abderrahmán. 3) Los artistas eran tan excelsos que hasta sus efímeras casetas les salían extraordinarias. 4) Abderrahmán, nada más asomarse a las obras, vio que aquello había sido un timo pero prefirió hacerse el tonto a asumir que lo era. 5) El califa, cohibido por el prestigio y la trayectoria internacional de Kamuru-l-Kamar no se atrevió a dudar de la hermosura de aquel lodazal y, en una versión inversa del cuento del traje del Emperador, decidió proclamar que todo era extraordinario.

Que la historia narrada por Marco Denevi (o por Omar-ben-Budur), tenga tantos finales posibles no es un fallo, sino todo lo contrario. Viene a decirnos, quizá, que ante cualquier prestigio artístico tenemos que interrogarnos a nosotros mismos y a nuestra sensibilidad. No es oro todo lo que reluce y hay palacios que en el fondo no pasan de casitas, pero a veces lo que reluce sí es oro o hay casitas más valiosas que palacios. Debemos juzgar con tiento.

domingo, 22 de febrero de 2009

viernes, 20 de febrero de 2009

El recurso del método

Anoche, rendido a la evidencia, suspiré:
—Mi inspiración ha muerto...
Pero me sorprendí a mí mismo con un ignoto reflejo monárquico, vitoreando ipso facto:
—¡Viva mi inspiración!
Como aquí hay confianza, confesaré que me hice gracia, que falta me hacía. Es un buen método, además, contra todo desánimo. Primero se pone uno no sólo en lo peor, sino en lo irremediable. Pongamos un ejemplo [absolutamente hipotético]:
—Mi amor ha muerto...
Y de rebote, el remedio instantáneo:
—¡Viva mi amor!
Y así sin parar:
—El periodismo ha muerto...
—¡Viva el periodismo!
O:
—España ha muerto…
—¡Viva España!
Etc.

jueves, 19 de febrero de 2009

El barbero en el Tangaraño

Qué lento soy, y peor para mí. Desde los felices tiempos en que Inma Rodríguez-Moranta era una tertuliana habitual, antes de que, llevada en volandas por su asombrosa juventud, nos abandonara, ay celos, y encima por Facebook, yo, estimulado por su ejemplo, me propuse leer Retahílas. Fíjense en las fechas, porque terminé ayer. Pero aquí van unos hilos cortados, más vale tarde, como botón de muestra.
... es un morbo muy malo el de las fotos
*
... y no hay derecho a cargar a nadie con emociones ajenas.
*
Esto de los recuerdos que saltan así de pronto es un regalo, es como volverse a encontrar un objeto perdido que en el reencuentro parece que brilla más que cuando lo tenías y no te dabas cuenta.
*
De las palabras que no suenan no me fío ni un pelo.
*
Yo no lo entiendo porque ya no me intriga.
*
... conseguí olvidar, sí , a veces se dice, se apunta uno ese tanto hasta incluso con cierta convicción, ¡qué jactancia adornarse con plumas de un dios tan arbitrario!
*
.... sólo lo que es directo se te mete en el alma a la primera.
*
... poder hablar era quererse
*
“¿Te has dormido, di? ¡Di! ¿Cuánto tiempo llevas dormida?”, es desesperante hablar al aire, el mayor desprecio que te pueden hacer.
*
Digo te miraba porque a veces se mira hablar y otras se oye.
*
... a ver si te crees que las cosas que te cuento esta noche con su dejillo de filosofía las sé porque las he leído en un libro, no hijo, ni hablar, antes de ser palabra han sido confusión y daño.
*
... si vas a a un psiquiatra a contarle los males de tu alma y eres capaz de contárselos medio correctamente, de qué te sirve ya el psiquiatra.
*
... de cualquier amistad o de cualquier amor lo verdaderamente inherente y particular es el lenguaje que crea según va discurriendo, mejor dicho el lenguaje es la relación misma porque al inventarse se configura el amor sobre él, igual que no se puede separar el caudal de un río de su cauce. [...] puro texto ha sido mi historia con él.
*
... desde pequeña me ha asaltado la tentación de despertar a la gente que quiero, […], no lo puedo remediar: esa expresión ausente y extraviada de los ojos que aún no han entendido los límites entre aquello que ven y lo que en el sueño veían es algo que adoro de una forma maligna.
*
… con lo que consuela decírtelo, consuela tanto que deja de ser verdad.

miércoles, 18 de febrero de 2009

Autocitas

Autoenlazarse no deja de ser autocitarse. Y la autocita tiene una curiosa mala fama. ¿Por qué, me pregunto, si a fin de cuenta todo el que opina se cita, o no? Pues porque la autocita implica que uno, mientras hablaba, se estaba escuchando y encima se estaba memorizando, que ya es vanidad. Aunque si uno no se repite, de una manera más disimulada, también se estaba memorizando. Lo más sencillo, pues, es ser como el abuelete (como Borges, por ejemplo) que repite siempre las mismas cosas, sus ideas o las anécdotas que más gracia le hacen. Un poco pesado tal vez para el auditorio, pero signo indudable de que a sí mismo se toma a la ligera o no se escucha.

martes, 17 de febrero de 2009

Sic transit

Hace unos días encontré en mi agenda esta misteriosa anotación: “A partir de ahora, por fin puedo hablar de L.” A bote pronto, L. es Leonor, mi mujer, pero el aviso no tenía sentido porque no hago otra cosa que hablar de ella. Teniendo en cuenta que a uno le encanta hablar incluso de otros temas, saber que disponía de uno y con su aura de intriga y no recordar cuál era, me inquietaba.

La alegría de recordarlo —tras un considerable esfuerzo— fue una decepción. El tal L. —caí— había tenido un minúsculo desencuentro literario conmigo. Hasta ahí, normal. Pero luego me informaron de que en la revista que dirige tachó mi nombre de un artículo. Como para variar yo era inocente y el otro se había portado raro, rencoroso y, de remate, ridículo, me entraron unas ganas enormes de contarlo todo con pelos y señales.

Sucedía, sin embargo, que mi fuente de información me pidió que esperara dos meses: el tiempo suficiente, supuse, para cobrar el salario por el artículo censurado. Me pareció justo y apunté el plazo en la agenda.

Eso fue en su momento. Nada más que sesenta días después se me había olvidado hasta el nombre del protagonista, y de mi rabia no quedaba ni sombra. Sic transit ira mundi. Sin los dos meses de reposo yo habría entrado como un hipopótamo en una cacharrería. Sin embargo, fíjense ahora qué serenidad, que parezco Epicteto, hasta con enseñanza moral y todo.

domingo, 15 de febrero de 2009

¿Elogio del lujo?

La aliteración da alas a la literatura así que lo estratégico hubiera sido titular este artículo "Elogio del lujo", pero es un vituperio.

En legítima defensa.

viernes, 13 de febrero de 2009

Mote

En la soñolienta cena, mientras repasábamos la jornada, supiré:
—Uff, qué día más duro…
L. asintió y sumó:
—En realidad, toda la semana.
—Vaya mes.
—¡Y el año, qué!
—La vida es dura...
Aquí ya empezamos a sonreír. Bienaventurados los que tienen humor negro porque siempre acabarán riéndose.
Lo cual me hizo recordar una anécdota mía de la infancia en la que puede que brillara el talento que ahora me busco con tanto afán. Llegó mi abuelo muy agobiado de sus negocios y se quejó:
—Qué lucha…
A lo que yo, que tendría a la sazón seis o siete años, repuse:
—Pero qué lucha tan buena, ¿verdad, abuelo?
Anoche, al recordarlo, sin dejar de reírme, me puse serio Sería un lema de la casa, un mote del escudo precioso; y un gran título para una autobiografía: Qué lucha tan buena. Lo difícil es ganárselo, merecérselo.

jueves, 12 de febrero de 2009

1000

Me informa blogger que ésta es la entrada nº 1000 de Rayos y truenos. Supongo que no será exagerar mucho las virtudes del sistema métrico decimal ni pecar de milenarista si me paro a darle una vuelta al número redondo.

Bien; en 1000 entradas ha habido, ay, de todo, como he comprobado en mis propias carnes al preparar la antología Lo que ha llovido, que saldrá en Númenor próximamente (¿o tendría que decir aproximadamente? Las cosas de la imprenta/ van muy lentas). Pero sobre todo, lo que ha habido es el mucho bien que me ha hecho el blogg. Mucho. No sé si voy contra mi interés al confesarlo, ni me importa. Gracias al blogg he podido sentirme, ¿qué sentirme?, dejemos las humildades para cuando no estemos de miliversario, he podido ser escritor las 24 horas y no de higos a brevas o a salto de mata. Y luego está la confianza que me habéis ido dando en mis opiniones y en mi prosa, que eso es impagable (o irremediable). Joseph Joubert confesó: “Tengo el espíritu y el carácter frioleros; necesito la temperatura de la indulgencia más dulce”, y yo soy de su estirpe.

Por eso, hoy os celebro a vosotros, lectores de mi blogg. La poesía es lo fatal, pero esto, que ya digo que me ha hecho tanto bien, no lo habría escrito sin vuestro empuje. Y cuando digo “vuestro” cuento a todos. Tanto a los que rebotan (pum) de Google una vez (y punto) como a los más asiduos. Y entre los asiduos, aquellos que entran una temporada con un entusiasmo digno de mejor causa y luego desaparecen con la misma contundencia con la que llegaron. A ésos los entiendo mejor que a nadie. Si fuésemos la Hidra, podríamos tener más autores de cabecera, pero teniendo una sola cabeza (y bastante ocupada) lo más sensato es leer a un autor hasta que nos dé lo que tiene o lo que queramos cogerle, y luego ir por la música a otra parte.

Y qué decir de los insensatos, dulce compañía. O sea, de los que estáis aquí como yo, desde el principio, con una constancia que cada mañana me maravilla. El marido de nuestra madrina Frances Blogg os habría escrito la brava balada o el brindis vibrante que merecéis; yo, a estas horas de la mañana, levanto por vosotros mi taza de café. Que dure otros mil años, quiero decir, mil entradas, qué diantres, quiero decir, mil años.

miércoles, 11 de febrero de 2009

Prefiero perder

Desde Aljubarrota y la Caída de Constatinopla (que son tragedias que me sucedieron la semana pasada) estoy muy acostumbrado, además. Ayer, en la silenciosa sala de profesores, último remanso de paz, me preguntaron con amabilísimo interés sobre el tema de mi artículo de hoy. Cuando nombré a Eluana Englaro, se lió la grande. Qué pasión en rematarla. Salí vivo por los pelos, y replegándome en escalera. Hoy también me escalda mi compañero y, sin embargo, jefe de opinión y, sin embargo, amigo, José Aguilar. Sumando ambas experiencias, asumo que la mayoría de los lectores no van a estar de acuerdo conmigo, pero bueno: yo con Eluana.

martes, 10 de febrero de 2009

Golpe de pecho

No escribo para salir favorecido; y esta vez toca ponerme regular. A fin de cuentas, se trata de contar la verdad, quede uno como Agamenón o como su porquero.

He descubierto que me estremece más el arte que la vida. Y que eso lleva a veces a una brutal falta de tacto. Camino hacia mi casa, por ejemplo, regodeándome en que me resta media tarde para dedicarme a la novela que me traigo entre manos, y en eso que de una inesperada esquina surge un conocido.

El conocido demuestra un interés muy notable en contarme detenidamente de su hija, que tenía un novio que a él no le gustaba y que, efectivamente, salió rana y que dentro de pocos días hace una exhibición de baile por bulerías (la niña) en el Teatro Municipal. Con cierta dificultad, tras comprarle dos entradas, logro desembarazarme, no sin haber dado antes unas muestras bastante evidentes de impaciencia.

Ahora, en casa, por fin, leyendo en silencio, me arrepiento. Por qué no habré sido capaz de interesarme con la narración del hombre y su hija y su novio al menos como lo hago con la novela o con cualquier película. Después de todo, no son historias muy distintas.

Cuestiones estilísticas aparte, es, me temo, porque un hombre de carne y hueso exige atención, sí, pero también cariño, caridad, entrega, y eso es justo lo que cuesta. (Ya avisé que yo no iba a quedar muy bien hoy, pero es lo que hay.)

lunes, 9 de febrero de 2009

Inquietante

Después de escribir una columna tengo que cuadrarla en los caracteres exactos que me exige el periódico. Hasta ahí todo normal. Lo extraño es que mis textos, que ya tenía por definitivos, mejoran siempre, tanto cuando toca acortarlos como cuando los tengo que alargar. Qué raro, ¿no? El estado de imperfección perfecto, parece.

domingo, 8 de febrero de 2009

Adivina, adivinanza

¡Qué poeta!,
sí, pero
¿qué poeta?
Los sauces con ser sauces/ no dan tal sensación de desconsuelo.
*
Quererte es incurable / (o quiero que lo sea).
*
Creo que estoy tocando la verdad,/ se me han puesto las puntas de los dedos/ llenas de espinas.
*
Los muertos no padecen amnesia.
*
Cuando termino un poema a mi gusto/ me doy las gracias.
*
—Ni describo ni escribo a las flores,/ ya están hechas poema—.
*
La soledad de dos, cuando uno sólo ama.
*
Me temo estar imitando a escritores/ que aún no han nacido.
*
He muerto ayer y resucito ahora.
*
Aquí ahora sentada/ arrodillada al aire/ —dando gracias—.
*
Perdonar es como hacer un milagro.
*
El amor es un sitio para estar;/ alrededor/ se borran los caminos.
*
Voy a olvidarte y enseguida vuelvo.
*
Poetas tristes, dejaros de bobadas.
*
El amor me ha vendado antes de herirme.
*
¡Jolín con Strauss! (perdón, es que sonaba de fondo.)
*
Se lleva bien la soledad conmigo.
*
¿Acaso la belleza no tiene corazón?
*
Todo lo que ya soy y aún no merezco.
*
En el verso hay más sangre que tinta.
*
Tus palabras se han sentado a mi lado.
*
No dejes de abrazarme hasta que nunca...

viernes, 6 de febrero de 2009

Otro elogio de la lectura

Gracias a los delicados desvelos de mi mujer voy a poder cumplir, si no uno de mis sueños, al menos una de mis peores pesadillas. Desde muy pequeño soñaba que iba al cole perfectamente vestido y muy repeinado, pero en zapatillas. Un compañero lo descubría, se desternillaba y avisaba enseguida a todos. Esa pesadilla me ha acompañado fielmente durante toda mi carrera académica: pasé (en babuchas) del colegio a la universidad, y ayer no más soñaba con que iba en zapatillas a impartir mis clases al instituto para sorpresa (relativa) de mis alumnos y alumnas, compañeros y compañeras, conserjes y conserjas. Espero que entre mis lectores no haya ningún freudiano, por su bien y por el mío, que a saber qué oscura interpretación tendrá esta pesadilla de andar por casa y salir, uf, afuera.

Sin embargo, gracias a mi mujer o, siendo más precisos, a los Reyes Magos, el horrible y reincidente sueño se ha esfumado. Los Reyes me trajeron unas zapatillas de piel tan elegantes que parecen unos mocasines de esos finos que lucen los madrileños y que tienen en el talón unas gomas con bultitos para conducir con más seguridad. Como ya no pasaría nada si fuese a trabajar en zapatillas, he dejado de soñar con ello.

A cambio me he puesto a soñar con que envío a ALBA un artículo onírico, con faltas de lógica, de sintaxis y de ortografía, como dictado por Magdalena Álvarez y por Miguel Ángel Moratinos al alimón. Me veo en la mañana del viernes (con o sin zapatillas, eso ya da lo mismo) leyéndome con estupor y vergüenza propia. ¿Cómo pude mandar esto?, me pregunto, tirándome de los pelos hasta que me despierto, sudoroso, y suspiro, medio aliviado.

Entre que se cumple o no esa pesadilla probable, la vigilia va haciendo de las suyas. Ayer metí la pata como hacía tiempo (dos o tres semanas) que no la metía. Supongo que no sueño con meteduras de pata (con independencia de que la pata acabe en zapatilla o en botín acharolado) porque ya las meto bien despierto.

Un motivo de peso mío para amar la lectura es que, mientras uno lee, está calladito, en su casa y soñando despierto. En este sentido, es indiscutible que los libros mejoran el mundo. Con la crisis auguran que aumentará la lectura, porque es un ocio barato. Ojalá. A mí, aunque costase un riñón, ya me compensaría. Y además se puede hacer en zapatillas.

jueves, 5 de febrero de 2009

Llorando, sí

Lo cuenta Rafael García Serrano en el vibrante Diccionario para un macuto [Editora Nacional, Madrid, 1964, p. 585]:
En Tudela de Navarra, imponían una Medalla al Mérito individual a un esforzado hijo de aquella ciudad. Presidía el acto el general Millán Astray y, como es natural, allí estaban todas las autoridades, civiles, militares y eclesiásticas, además del padre del voluntario condecorado, que era un tipo famoso por su entereza y vocabulario. Alguien gritó, llevado de su entusiasmo:
—¡Que hable "el Pite"!
"El Pite" era el padre. Millán lo empujó a primer término. "El Pite" estaba lloroso y no podía arrancar. Eso asombró a uno de sus paisanos que, sin contenerse, lo manifestó en voz alta:
—¡Andá, si "el Pite" está llorando...!
A lo cual respondió el viejo con dignidad varonil:
—Llorando, sí, pero con muchos cojones...

Ni que decir tiene que "el Pite" nos dio de paso una lección magistral de poética.

miércoles, 4 de febrero de 2009

Sujetalibros

Por las oscuras cavernas del desánimo penaba yo ayer tarde. Arrastrado por la actualidad, había mandado esa mañana al periódico una columna excesivamente periodística, donde opinaba muy serio sobre las relaciones entre el Gobierno y la Banca… ¿Quién me manda meterme —me maldije— en tantas macroeconomías? ¡A mí, que me lío haciendo una factura! ¡Ay, la hybris!

De pronto, sin embargo, me iluminó una sombra. Había encendido una velita aromática de olor a nardo que nos regaló mi suegra. Estaba sobre el buró, delante de unos libros. Esos libros los aguanta un juego de dos sujetalibros que nos trajeron los Feu. Es un perrito de hierro, un teckel concretamente, como la perrita que tenemos, que se llama Pukka. Uno de los sujetalibros es la cabeza y el otro la cola, de modo que cuantos más libros haya más perro—salchicha se vuelve el teckel, que se va alargando. Todo eso está en casa de siempre, pero ahora, la vela proyectaba sobre la pared la sombra del perro, y con la viveza de la llama, que palpitaba, parecía que el animalito jadeaba, ladraba (en silencio) y hasta meneaba el rabo de contento.

Sí, ya sé que era una sombra nada más, pero cómo me entretuvo y consoló. Además, estos son mis temas, no la gran economía. Unas sombras chinescas, la luz de una llamita y un sabor raro y hondo, como embobado, a infancia, muy parecido a la felicidad.

martes, 3 de febrero de 2009

Ultramar [o Y dale con los alumnos]

Este año, entre mis alumnos, hay una chica brasileña y una colombiana. Viajar no me disloca; pero para compensar, me apasiona este toque cosmopolita en mi destartalado instituto de Puerto Real. Escucho acentos deliciosos, que es lo mejor que me traería de ultramar, sin el jet-lag y sin los alarmantes controles de seguridad. Tiene su exotismo que una alumna te diga con dejos amazónicos que lleva toda la mañana “procurándote” [por buscarte], aunque sea para protestar por una nota. Aclararé enseguida, para evitar malentendidos, que estuve prácticamente igual de contento hace dos cursos, cuando en clase tenía a un israelí y a otro brasileño.

Pero no vine a hablar de mí, sino de nuestro idioma. Hace unos días, una alumna que nació y vive a quince kilómetros de mi casa me hizo una pregunta en un andaluz tan cerrado que yo no lograba entenderla. Fue su compañera colombiana la que me la tradujo a un castellano cristalino. Con perdón de todo nuestro muestrario de nacionalistas, tuve un acceso de orgullo, y para colmo, me acabé recitando los versos de Dámaso Alonso: “Hermanos, los que estáis en lejanía/ tras las aguas inmensas, los cercanos/ de mi España natal, todos hermanos/ porque habláis esta lengua que es la mía:// yo digo “amor”, yo digo “madre mía”/ y atravesando mares, sierras, llanos/ —oh gozo—, con sonidos castellanos/ os llega un dulce efluvio de poesía”.

lunes, 2 de febrero de 2009

La venganza

El jueves desperté con un grano en la nariz. “Dame, Señor, coraje y alegría”, recité como cada mañana frente al espejo, “para escalar la cumbre de este día”. Olvidado del grano, entré en mi primera clase y lo primero que me preguntaron los alumnos fue: “¡¿Ke te pasa en la cara?!” Naturalmente contesté: “Nada, acné juvenil”. Y eso les divirtió de una manera inesperada, se reían a mandíbula batiente, se descostillaban, se desternillaban, se daban golpes entre ellos y a las mesas y en la barriga, y exclamaban: “¡Juvenil! ¡Ké gracia tiene este tío…!” Yo, la verdad, creo que he gastado bromas mejores en estos cuatro meses que llevamos juntos, pero como el jueves no se rieron nunca. Se rieron demasiado. De hecho, después de reconcomerme todo el fin de semana, he decidido vengarme. Hoy, examen sorpresa.

domingo, 1 de febrero de 2009

Curso matrimonial completo en un verso y medio de Muñoz Rojas

...........¡Ya, qué darse
para siempre!

[José Antonio Muñoz Rojas, Cancionero de la Casería, en Obra completa en verso, Pre-Textos, Valencia, 2008, p. 183]

viernes, 30 de enero de 2009

El haiku natural

Estoy seguro de que José Antonio Muñoz Rojas no pensaba escribir un haiku en 1952. De hecho, estaba haciendo un poema de versos blancos heptasílabos. Lo publicó en diciembre de 1952, en el nº 2 de la revista Caracola y lo tituló "Bajaban los almendros". Sin embargo, el poema termina con un auténtico haiku, que se destaca mediante un salto interversal. Es un haiku por su espíritu, por su tema, por su sintaxis y porque tiene ¡exactamente! sus diecisiete sílabas. O sea, un haiku inconsciente, o mejor dicho, espontáneo, o mucho mejor dicho, natural.

............. Posible
como la flor ingrávida
del almendro, la dicha.

jueves, 29 de enero de 2009

Metedura de pata

¡Qué genio el del lenguaje, madre! Se llama metedura de pata, y no de pierna, para que no haya duda alguna de lo animal que es uno.

miércoles, 28 de enero de 2009

El pillín es Miguel Martínez-Lage

Pla no plagió, al menos en esta ocasión. Lo parecía tal y como lo leí en la anotación del viernes, 5 de abril de 1776, en la p. 957 de Vida de Samuel Johnson, James Boswell, El Acantilado, nº 144, Barcelona, 2007, donde reza: "Harían falta volúmenes enteros para incluir la lista de sus numerosos y diversos amigos, conocidos y saludados, a ninguno de los cuales olvidó jamás".

Me extrañó, sin embargo, que se me hubiese pasado la cosa cuando leí Vida en Life, quiero decir, en V.O. ¡Con lo que yo le aplaudo a Pla esa frase famosamente suya! Así que me he ido al viejo libro y en la anotación del Friday, 5 April 1776, en la página 733 de Boswell's Life of Johnson, Oxford University Press, London, 1965, se dice: "Volumes would be required to contain a list of his numerous and various acquaintance, none of whom he ever forgot".

Ahora uno se podría poner borgiano y celebrar que Pla haya influido por fin en el doctor Johnson o, como mínimo, en el bueno de James Boswell. Pero lo más plausible es que aquí el pillín (pillado) sea Martínez-Lage, editor y traductor de la edición de El Acantilado. Estupenda, por cierto.

Ah, pillín

Descubro, con asombro, que la famosa frase de Pla sobre los amigos, los conocidos y lo saludados [amics, coneguts i saludats], que Arp redondeó, no es de Pla, y ni siquiera del doctor Samuel Johnson sino sólo de Boswell.
Claro que quien avisa no es traidor.

lunes, 26 de enero de 2009

El lunes la dieta

¿Para qué el régimen —pienso—
si más tarde o más temprano
he de quedarme en los huesos?

domingo, 25 de enero de 2009

sábado, 24 de enero de 2009

La errata creativa

Entre las esquirlas de García Martín, las hay estupendas. Y para colmo de felicidad, una errata en la tercera, que reza así:
No hay vida tan breve que no queda en ella una eternidad.
Mi felicidad no es por un consuelo de tonto, aunque bien podría, sino porque se me ocurre esta corrección:
No hay vida tan breve que no quede de ella una eternidad.
Naturalmente es una ultracorrección, pero ¿qué esperaban?

viernes, 23 de enero de 2009

La tortuga y la liebre

Veloz como la luz, o mejor, como el sol, al día siguiente llegó la liebre al bosque de la tortuga. Magullada como Magallanes, con el pelo cano tras darle la vuelta al mundo, venía jadeante, apenas si podía hablar... Pero levantó las manitas haciendo el signo de la victoria.
—No tan rápido, liebre —le espetó la tortuga, ­—que aquí el amigo chochín, que no desperdicia una oportunidad para un buen debate, te va a explicar que gané yo.
—Efectivamente —disertó el chochín, tras pegar un buen trago a su jarra de cerveza, —hay dos maneras de alcanzar un sitio: dar la vuelta al mundo, como has hecho muy meritoriamente, hip, hip, hurra, o quedarse en él. La tortuga se quedó y, como salta a la vista, llegó antes.
—Arsa —palmeó largatijo
—Pero, pero... —saltaba nerviosamente la liebre, —¿y hasta el horizonte, qué?
—Eso digo yo —dijo el chochín con pico de choteo, —¿llegaste tú acaso?
La liebre, que era sincera y tenía un gran corazón, reconoció bajando las orejas:
—No, no. De hecho me extrañó encontraros aquí sin haber cruzado antes la línea del horizonte.
Terció la tortuga:
—A la debida distancia [y siempre conviene guardar las debidas distancias, dicho sea entre corchetes] cualquier punto de la tierra es el horizonte... Por supuesto, ¡también esta meta lo es!
—O sea, que —zanjó la zaragüeya— en el principio está el final....
—He perdido, he perdido, me han dado con el Esopo en la cabeza. Y ahora, ¿cuál es tu condición para el derrotado, tortuosa tortuga?
—Oh, que descanses, y que, cuando recuperes el resuello, nos cuentes tranquilamente, con todo lujo de detalles, lo que has ido viendo en tu vuelta al mundo, porque algo de mundo habrás visto, ¿no?
­—¡Claro que sí! —saltó de júbilo, sorpresa y amistad la liebre. —De hecho, en la sabana vi cómo me adelantaban un antílope y un guepardo... ¡A una velocidad impresionante, uf!

jueves, 22 de enero de 2009

La liebre y la tortuga

Estaba una tortuga de tertulia con sus amiguitos del bosque, entre ellos, la abubilla, el chochín, la zarigüeya, el lirón careto y un lagartijo con aires aflamencados que en ese preciso instante les recitaba la soleá que había memorizado para su novia:
Arrímate a mi queré
como las salamanquesas
s’arriman a la paré.
Entonces, cuando menos lo esperaban, saltó la liebre, y se puso a fardar de que era el animal más rápido del mundo. Los demás la felicitaron y, cumplido el trámite, trataron de retomar su conversación, pero ella insistía en el autobombo. “Qué veloz soy, cuánto lo soy, oh, mucho más que vosotros, pobres criaturas retrasadas”.

Arañada en el caparazón de su orgullo (o de su paciencia), la tortuga le propuso una carrera. “Será universitaria, ji, ji”, replicó con desdén la liebre. “No, no, ¡olímpica!”, sentenció parsimoniosa la tortuga.

La liebre que, gracias a las fuerzas del progreso, estaba algo alfabetizada, murmuró entre dientes: “Ésta idiota se cree que no conozco mi Esopo y que voy a dormirme en los laureles. Esta vez no, ni con un ojo abierto”. Acto seguido subió la apuesta: “Vale, competiremos, vacilante tortuga, pero si gano tienes que dejar que te incruste unos rubíes con la palabra “LOVE” en el caparazón. Serás un regalito para mi pareja, ¿hace?”.

“¡Qué cosa tan horrible!”, exclamó la tortuga, que se llamaba Cordelia, “pero la acepto si me permites fijar las condiciones de la carrera”. “O.K.”, contestó la liebre con suficiencia y dominio del inglés. “La carrera será”, dictaminó Cordelia, “hasta el horizonte y vuelta”. “O.K.”

La abubilla dio inmediatamente la salida: “Uno, dos y... tres”, gritó, bajando la cabeza cada vez con más brío, como una bandera de Fórmula 1. Salió la liebre disparada, repitiéndose el nombre de Usain Bolt para no caer en el craso error de mirar a los lados y perder así unas milésimas de segundo que la separasen de la gloria de un récord imbatible. En posición de salida, la tortuga había puesto cara de esfuerzo, pero no dio un solo paso. Cuando la liebre estuvo un poco lejos, comentó: “Cuánta razón tienen los que aseguran que su cola trae suerte. A mí me alegra tanto... verla alejarse”, y volviéndose con una satisfecha lentitud hacia el lagartijo, le animó: “Nos estabas contando que...”

miércoles, 21 de enero de 2009

Un poema de Sociedad Limitada

........................COSAS DE LA POESÍA
Qué suerte que Ella sea así de caprichosa,
qué suerte que no mire los méritos, que no
le avergüence entregarse a tipos como yo,
que sea porque sí, como la rosa;

qué suerte que no exija papeles triplicados,
ni saber alemán, ni traje gris,
que en Calahorra se encuentre tan bien como en París,
que no la embauquen nombres, premios ni doctorados.

Sólo que tú le gustes —con veinte o con setenta,
feo o guapo, listo o bobo...— y, plaf, se te presenta
deslumbrante, rendida y sin porqué,

del mismo modo que (según se cuenta)
una noche grisácea de los años 50
se presentó Ava Gardner ante Mario Cabré.

[Miguel d'Ors, Siete poemas de Sociedad Limitada, Vitolas del Anaïs, Granada, 2008]

martes, 20 de enero de 2009

Menos da una piedra

Me llega un cuadernillo de Miguel d'Ors, editado en Granada y titulado Siete poemas de Sociedad Limitada. Sociedad Limitada es el título de su próximo poemario. Se trata, pues, de un adelanto. Lo suyo, ahora, sería agradecer el envío, publicar entero un poema (concretamente el soneto de Mario Cabré) y subir el nivel del blogg. Pero uno sabe que a d'Ors no le gusta nada que cuelguen poemas suyos en la web, ese desmantelamiento del derecho de propiedad intelectual, y yo, aunque no lo veo así de claro/de oscuro, no voy a pagarle el detalle del envío con un desaire.

Aunque ya que hablamos de aires, podemos coger al menos un solo verso [uno sólo] y admirarnos de lo gran poeta que es con un detalle muy pequeño. En un poema de atmósfera aérea, describiendo un despegue, nos cuenta d'Ors lo que oye en el avión: Les habla el Comandante Echevarría. Bien, parece un verso de nada, puro desarrollo argumental, y lo es, pero traten ustedes de buscarle un apellido mejor. Con Echeverría, además de llenar el endecasílabo, que eso ahora no importa, se nos da una imagen (¿la ven?) del comandante repeinado, señorín, todavía en forma, ligoncete, un poco de Bilbao, etc.

lunes, 19 de enero de 2009

Verlo

La abuela
coge violetas
con su nieta.

[No llega a haiku,
............................... no,
la rima es excesiva,
..................................sí,
y la imagen muy tópica,
vale,
..........ya,
pero hay que verla.]

domingo, 18 de enero de 2009

Hechos reales

No está la cosa para muchas bromas con los acentos o las idiosincrasias regionales, así que narraré los hechos desnudos. Entré en una librería de la provincia de Cádiz, de la Isla de San Fernando más concretamente. Era media mañana de un día laborable. Me alegró encontrar en la librería a dos señores con sus monos azules de trabajo bastante manchados de pintura o cemento.

Estaban, además, buscando un libro, y no haciendo un trabajito de pladur en el local. Doble alegría, pues. El libro era un regalo para la mujer del más alto, y yo, que soy un firme partidario de la institución matrimonial, triplicaba de gozo.

En esto, el alto ve en el mostrador un libro del famoso Calatayud, juez de menores. Se vuelve para su compañero y acompañante, señala el volumen y dice: “Este sí que es un libro bueno”. Contesta el otro: “Bueno…” Insiste el alto: “Te gustaría: va de la educación de los hijos”. Contesta el otro: “Con los míos, tengo de sobra”. El alto, incansable, al menos en la librería, contraataca: “Es el juez que pone a los menores a hacer trabajos sociales, como barrer, limpiar grafitis o sacarse el graduado”. El bajito, entonces, se vuelve más interesado, y pregunta: “Y ese juez, ¿de dónde es?”. “De Córdoba [sic]”. “Ya decía yo que de aquí no era. En Cádiz a ése lo habrían molío a palos”.

Dicho lo cual, se fueron, hemos de suponer que a seguir trabajando.

sábado, 17 de enero de 2009

Una historia de amor

LA ANCIANA: Se me olvida todo, hijitas, pero de vuestro dulce abuelo no dejo de acordarme ni un solo minuto de mi vida. Siempre lo tengo presente.

EL ANCIANO ¡Anita, por Dios, que aún no me he muerto, que estoy en casa, jubilado, todo el día pegado a ti!

LA ANCIANA: Hombre, Paco, eso ayudará algo, qué duda cabe, pero, en cualquier caso, tiene su mérito.

viernes, 16 de enero de 2009

Juguetitos

¿Con qué jugábamos antes de que la electrónica nos deslumbrara con sus ordenadores micros o táctiles, sus móviles, sus GPSs, sus I-Pods y sus etc? Ver a los niños cayéndose de sus flamantes bicicletas la mañana de Reyes era un clásico; hoy uno se encuentra a los mayores embebidos en las pantallitas y memorizando claves como locos.

También antes se jugaba, digo yo. Y sí, efectivamente, entre las nieblas de mi memoria, recuerdo que antaño los señores jugaban al billar o a las cartas (al bridge los de más elegancia, al mus los demás). Pero esto de ahora es mucho más frenético por varias razones.

La primera razón es una coartada. Nos decimos muy serios que los aparatitos nos sirven para el trabajo, oh, y así nuestra conciencia se tranquiliza. No son caprichos, qué va, sino herramientas fundamentales para el desarrollo profesional en un entorno competitivo, tecnológico, globalizado y en permanente evolución.

Luego, la tecnología funciona como una bola de nieve. Uno consigue el último programa de simulación de vuelo, pongo por caso, pero el ordenador viejo —viejo quiere decir de dos años— ya no tiene potencia suficiente y, por tanto, no queda otro remedio que cambiarlo. El nuevo (o semi nuevo, porque tiene ya dos semanas) viene con un sistema operativo mucho mejor (que hay que aprender a usar) y entonces necesitamos cambiar los drivers de la impresora o comprarnos otra. Así eternamente.

Algunos programas facilitan el trabajo, cierto. Pero si uno hiciese bien las cuentas y sumase las horas que gastó en informarse de las nuevas ofertas, la instalación del software, el stress de los virus y de las misteriosas pérdidas de datos comprobaría que, en el mejor de los casos, lo comido se va por lo servido.

Haciendo abstracción del tiempo, siempre nos quedará la ilusión. Este artículo lo he escrito en mi nuevo notebook de 2 GB de memoria RAM, con Digital motion camera y tres puertos USB. Lo he tenido que escribir deprisa y distraído con las nuevas funciones que ofrece a cada rato, pero ¿no notan ustedes cómo ha mejorado mi estilo en comparación, no digo ya con Camba o Pemán, esos pobres prehistóricos, sino con respecto a mis artículos de las semanas anteriores, redactados sólo con 1 GB de RAM? Aunque no, no, mejor no me contesten… No maten la ilusión de un niño (grande, pero niño).

jueves, 15 de enero de 2009

240 €

Un amigo nos manda este correo-e:
A través de un periplo un poco raro he llegado a la página de http://www.enriquegracia.net/ y me encuentro entre sus aforismos este:
Como en casi todo, lo peor de la poesía es que alguien negocie con ella.
Un poco más abajo tiene un apartado que se llama: "Correccion [sic] y valoración de originales": 240 euritos por leerse el libro de un cliente. Y si se hacen correcciones, un poco más.

martes, 13 de enero de 2009

Apontamentos de História Sobrenatural


Mario Quintana cuenta en el prólogo del poemario: "Eis o meu primeiro livro cujos poemas saem mais o menos na sua ordem cronológica". Apuntes de Historia Sobrenatural se publicó en 1976, por lo que el primer poema del libro, casi un cuadro de Gaya, bien podría ser de 1969. Qué ilusión me haría:

.......DATA

Duas laranjas
Um copo d'água ao lado
As moedinhas da luz en torno


Perto
A folhinha marca 13 de janeiro.

Cara B

Parece que Reyes fue hace un siglo, ¿verdad?, pero fue el martes pasado. Entonces, a la dorada luz del alba, sentí que todo, mis regalitos, claro, y mi mujer, mi casa, la calle, los árboles, mis sobrinos, todo, era un presente de Epifanía. Tuve que hacer un esfuerzo para no hincarme allí mismo de rodillas en una acción de gracias cósmica. Hubiese resultado cómica, me temo; o producto quizá de la agitada noche anterior, en la que ejercí de paje real hasta las tantas y no me quedó otro remedio que beberme todo el brandy que habían dejado en una bandeja para Baltasar, que se ha vuelto abstemio. Disimulé lo que pude, pero aquella sensación de plenitud y de gratuidad para mí se queda.

Ahora la sensación es la contraria. Los regalos he de ganármelos con el sudor de mi frente. No se trata sólo de que hayamos vuelto ya al trabajo con todas las de la ley, sino que con los regalos propiamente dichos también hay que esforzarse un montón. Los libros que todavía tengo apilados en una esquina habrá que ordenarlos, por supuesto, y leerlos, entenderlos y memorizarlos. A los aparatos electrónicos debemos descifrarles sus crípticos manuales, desliar sus cables, montarlos... Uf, ¡cuánto nos queda por hacer! Hasta los próximos Reyes, más o menos. Todo regalo tiene su retroceso, su cara B. Y viceversa: todo trabajo es un regalo (con la crisis, esto se ve claramente).

lunes, 12 de enero de 2009

El pábilo pasmoso

La lectura de ayer me recordó lo de la semana pasada. Todavía no había empezado el frío, y mi madre y yo dábamos un paseo. Nos encontramos con un representante de las fuerzas vivas del pueblo, digamos, y no era el boticario, que ésa es mi madre, ni mucho menos el profesor, que soy yo. Nos paramos a saludarnos, naturalmente.

Y en un momento de la conversación, va el señor y le comenta a mi madre: "Siempre te he tenido por una persona muy inteligente. Hace veinte años, cuando yo estaba recién llegado al Puerto, se te ocurrió algo que no he olvidado".

[La conozco como si la hubiera parido, y noté su respingo de horror. A mí, y deben ser las leyes de la herencia, me pasa igual. En cuanto alguien va a recordar un comentario mío del pasado se me abren las carnes. Pienso: "¡A ver qué chorrada dije, Dios mío!"]

El señor importante nos puso en antecedentes. Hace veinte años mi madre, él y otros personajes que no se recordaron pero que allí estarían, discutieron sobre el Rocío, arsa, y sobre si la romería era religiosa o sólo una coartada para el jolgorio generalizado de gentes poco piadosas. El señor recordaba perfectamente, ¡con las palabras exactas!, lo que a mi madre se le ocurrió para zanjar aquella discusión, que fue: "La caña cascada no la quebrará, el pábilo vacilante no lo apagará". Por lo visto, cada vez que sale el tema, el señor cita admirativamente a mi madre: "Como dijo una vez la boticaria: 'El pábilo...'"

"¡Oh!", exclamamos mi madre y yo al unísono.

domingo, 11 de enero de 2009

Lección


Algunas cosas dependen del cristal con que se mira. Yo, arrastrado por el vendaval mediático, castañeo hoy contra el frío en mi artículo del Diario de Cádiz, y tan fuerte soplaba el vendaval que llamé a mi hermano Jaime para ver si estaba sobreviviendo en la colapsada [¡imprevisión total!, clamaba un titular] capital de España. Le cogí dando un paseo por El Rastro, entusiasmado con la belleza del paisaje. El hermano de Leonor, más generación Y, nos mandó por móvil unas fotografías muy bonitas de la Gran Vía bajo la gran nevada. También la estaba disfrutando de lo lindo. Habría que preguntarse por qué de las dos caras que tiene toda moneda, en los medios siempre nos sale cruz.

viernes, 9 de enero de 2009

Una obviedad a Ovidio

Lo que sé de mitología lo debo a las Metamorfosis, que además influyeron mucho en Dante, nada menos. A mí, la historia de Baucis y Filemón, por concretar, me emociona cada vez que la leo: es una de mis grandes favoritas de la literatura universal. Por otra parte, aunque el arte de amar no lo haya aprendido concretamente en Ovidio, me divirtieron mucho sus opiniones al respecto.

Pero lo cortés no quita lo valiente, y hay que reconocer que el clásico escribió una chorrada (con excelente literatura, eso sí) en Fastos I 150 ss.

Yo se lo explicaré a Publio Ovidio Nasón. Comienza el Año Nuevo con estos fríos porque ahora, al principio inapreciablemente, la luz empieza a ganarle segundos a la oscuridad. Los principios son así: la vida nace en el misterio del vientre materno y no cuando la muchacha con diecisiete esplendorosos y obvios abriles retoza en ídem por el campo recogiendo florecillas.

Recordarlo viene muy bien para nuestros propósitos para el 2009, tan invisibles (apenas, en el mejor de los casos, una anotación en la agenda), tan debiluchos y algunos —a estas alturas ya— tan desmejorados. Pensemos que, como acabamos de celebrar por todo lo alto, el mismo Dios quiso tener un nacimiento humilde y diminuto. El gran Ovidio, de haber conocido este episodio, más divino que sus apabullantes metamorfosis, no habría caído en su pregunta retórica.

La primavera es una exaltación y cuando llegue exultaremos, como es natural. Pero los comienzos, querido Ovidio, son, de tan pequeños, casi invisibles; son delicados y vulnerables, quizá un poco fríos, pero con una fuerza latente que sostiene las plenitudes por venir.

miércoles, 7 de enero de 2009

A jorobarse

Se acabaron las Navidades. Hay quienes protestan mucho de las fiestas, yo protesto de que se acaben. En la despedida es muy buen momento de colgar este marcalibros que una familia de Jerez ha hecho este año con un viejo villancico mío para regalito de Nochebuena. El regalazo me lo han hecho a mí, como salta a la vista. El diseño y el dibujito del camello son de Paula F. de Bobadilla y el poemita (que transcribo en comentarios) sale francamente mejorado con la presentación:
Además ahora, efectivamente, nos toca marcharnos con la joroba por ahí. Buen año a todos a través del desierto.

lunes, 5 de enero de 2009

Cantar del Rey Baltasar

En Belén estamo,
branco seremo,
panderetico tocan, bailemo.
Ushiá, sanguaranguá,
gurugú vu, gurugú va.

Vistamo de cururaro
pues a tiempo hemos venido,
que el branco será vendido,
e lu negro el rescataro.
Dioso viste de encarnaro
todos el luto quitemo.
Tamboritico toca, bailemo.
Ushiá, sanguaranguá,
gurugú vu, gurugú va.

[Alonso de Ledesma, el divino, aunque culquiera diría
que Nicolás Guillén]

domingo, 4 de enero de 2009

Voy contra mi interés al enlazarlo

1) porque en la página web del Diario se han comido todos los puntos y aparte (menos el primero, que les pillaría desprevenidos) y todas las cursivas, sin dejarse atrás ni una.

2) porque le hago toda la publicidad que puedo a la estupenda versión de Ángel Alonso que ha venido a hacerme bien la puñeta. Yo ya tenía traducido más de medio libro de quintanares, que se quedará en la memoria de mi ordenador, flotando ingrávido.

sábado, 3 de enero de 2009

Roma & Japón

Un propósito del 2008 que pervive (propósito de finales del 2008, tampoco exageremos) es reseñar aquí los libros que me envían. También los cuadernillos.

Estas días me ha llegado uno de Antonio Fontán. Con estos envíos, el ilustre periodista y político celebra las fiestas, y hace bien: unos mandamos villancicos y otros ensayicos. Cada cual lleva al Portal lo que le sale natural. A mí es la primera Navidad que me lo manda, y lo siento porque hay títulos de Navidades pasadas que suenan estupendamente: El descubrimiento de Hispania (Navidad, 1988), Pérdida y recuperación del latín (Navidad, 1991), Antonio de Nebrija, Príncipe de los humanistas españoles (Navidad, 1992), La Hispania de Isidoro (Navidad, 2001), Erasmo, Moro, Vives (Navidad, 2002), Erasmo, Maquiavelo, Moro (Navidad, 2004) o Cervantes y su Quijote (Navidad, 2006). También tiene encanto, por otra parte, que, siendo éste el primer año en que Fontán es Marqués de Guadalcanal, mientras él estrena su título, yo estrene título suyo. Concretamente, Hispania y los hispanos en el siglo I d. C. (y el viaje del Apóstol Pablo a España). He disfrutado mucho leyéndolo. Hace un repaso de la presencia hispana en la Roma del siglo I, en las letras y en la política, y apuesta de paso por la visita paulina. A mí, me ha reavivado mi latinidad, como quien dice, y, entre líneas, me recitaba a Rubén Darío:

.......EHEU!

Aquí, junto al mar latino,
digo la verdad:
siento en roca, aceite y vino,
yo mi antigüedad.

¡Oh, qué anciano soy, Dios santo,
oh, qué anciano soy!...
¿De dónde viene mi canto?
Y yo, ¿adónde voy?

[...]

Y no sólo estoy viajando en el tiempo, sino en el espacio, hacia las japonerías. Abel Feu me ha dado el último de los cuadernillos de su Colección Haiku, escrito por Juan Bonilla, y titulado con mucha gracia y poco más: Li-po-timias. Mis favoritos, entre otros bastantes buenos, son estos dos:

.......UNA CARRERA

Te echo una carrera.
De aquí hasta el horizonte
y luego vuelta.

y
Aprende de las aguas del estanque:
cuando les tiran piedras,
se sonríen.

viernes, 2 de enero de 2009

Erre que erre con las piedras

El propósito más breve del año nuevo murió ayer. En el 2009 quería marcar, como los clásicos, los días buenos y los días malos, metiendo en una bolsa antes de acostarme o una piedrecita blanca o una piedrecita negra. La idea era contarlas en la próxima Nochevieja, y ver qué salía.

No saldrá nada. Anoche mismo me di cuenta de que los cálculos blancos y negros son cosa de paganos. Los cristianos estamos destinados a las piedras grises. Lo explico. No hay día negro-negro para nosotros: todo es para bien, Dios escribe derecho con renglones torcidos y un buen arrepentimiento endereza cualquier jornada. Pero albo tampoco hay ningún día: un buen pagano (y Dios los tenga en su gloria) con estar bien comido, bien bebido, bien filosofado y sin cefalea, vive felicísimo. Nosotros siempre debemos rezar más y preocuparnos más por los prójimos, que son, uf, innumerables. El justo, como usted debe de saber por experiencia, peca siete veces al día.

Una vez visto claro, quiero decir, gris, me entró la duda de por qué el aplaudible Pla llamaría a su diario El cuaderno gris. Ahora no recuerdo si el cuadernillo donde lo escribió tenía las pastas de ese color, pero sea como sea, el título es un acierto grande. El diario de un hombre de nuestro tiempo y de nuestra cultura irremediablemente será gris.

(Aunque hay grises preciosos: gris marengo para caballeros, gris perla para señoras.)

jueves, 1 de enero de 2009

Cuidado

Siempre ponerla: la primera piedra,
y no lanzarla con las prisas sobre
todo si uno no cumple el requisito
que a estas alturas es inalcanzable.

miércoles, 31 de diciembre de 2008

¡Feliz año viejo!

Recordad: los artistas son los que saben acabar las cosas.

Y no olvidéis el proverbio viejo y claro que clama Deyaneira en Las traquinias: "Llamar a un hombre [o a un año, añado yo] feliz o infeliz... Eso no se puede saber hasta el día de su muerte". Así que ánimo, muchachos, que en estas horas nos jugamos el 2008.

Mañana nos deseareamos feliz año nueve.