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jueves, 9 de marzo de 2017
Primeras golondrinas
Una alada tradición de este blogg es anotar cuándo lo cruza la primera golondrina. Este año ha sido en mi día menos propicio para el lirismo: hoy. La he visto y he dicho: "Ah". Ni un "oh" que llevarme a la boca. Luego, resultó que no era una, sino tres, cinco, siete, nueve, quince... Volaban como si se hubiesen dado cuenta de mi indiferencia y quisieran disolverla en el aire. Pero nada, y eso que había cogido por el camino solitario por el que me meto las mañanas que necesito tomar una ración supletoria de campo.
Me mostraban el obispillo blanco, inmaculado, como recién lavado, y volaban a ras del suelo, a la altura de los faros del coche. Pero no cambiaron mi actitud. Fue algo mejor. De pronto, percibí que toda esa belleza y esa emoción no eran para mí, en efecto. Yo no hacía falta y hubiese dado lo mismo que hubiera seguido por la autovía oyendo las noticias políticas por la radio. Mi subjetividad estaba de más. La hermosura no necesita que uno la aprecie. Otro la mira. Existe.
miércoles, 30 de marzo de 2016
Golondrinas
Dante puso al pruno en el Inferno como el árbol de los suicidas por sus hojas sanguinolentas. ¿Lo habría hecho de verlo florecido?

Me decían que es el amarillo de la arena de la playa y el verde de los pinares. Me parece poca alegoría y poca exactitud cromática. Pero, por fortuna, me consuelo con el escudo:
Ayer, sin embargo, viendo los cipreses florecidos, descubrí los colores de la bandera:
Y, como fin de fiesta, cruzó el azul la primera golondrina, que es una emoción única de todo los años.
Y, enseguida, la segunda, para que no diga el refranero.
lunes, 17 de marzo de 2014
La primavera
El sábado también vi la primera golondrina de este año. Y me quedé mirando arriba, y pasó otra. Por la noche, en el dormitorio, la primera mosca. No sé si coincidió por compensar, pero me alegró igual.
domingo, 10 de febrero de 2013
Satori
Ayer por la tarde llevamos a los niños a la fiesta de Carnaval de "La carpita", sección infantil de nuestro club. Iban, naturalmente, de Caperucita y el lobo. Aproveche la excusa de mis días negros para escabullirme al Hoyo 19 a tomar un café negro con un libro negro: Desgarradura de E. M. Cioran. Tuve que esquivar con agilidad (tengo experiencia) diversos grupos de conocidos y encontré un rincón oscuro donde entregarme al placer sombrío de la lectura inquietante:
La ironía procede de un apetito de inocencia frustrado.
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Son mis defectos de elocución, mis balbuceos, mi manera entrecortada de hablar, mi arte para farfullar, mi voz, mis erres del otro extremo de Europa, lo que me ha impulsado, por reacción, a cuidar un poco lo que escribo y a hacerme más o menos digno de un idioma al que maltrato cada vez que abro la boca.
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En alguna ocasión he sostenido que sólo podría admirar a un hombre ultrajado y feliz. Acabo de darme cuenta de que Epicteto fue más lejos: agonizante y feliz, decía él. Sin embargo, tal vez sea más fácil alborozarse en la agonía que en la deshonra.
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Haber estado siempre acosado por males particularmente fieles y no haber convencido a nadie de su realidad. Bien mirado, es justo que así sea: las dotes de charlatán y chistoso no se exhiben en sociedad impunemente.
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El éxito, los honores y todo lo demás sólo son excusables si quien los conoce siente que acabará mal y los acepta únicamente para, llegado el momento, gozar plenamente de su propia caída.
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Al bajar la escalera oigo al robusto octogenario del piso de abajo cantar, con voz atronadora, el Miserere nobis. Subo media hora más tarde y vuelvo a oír el mismo "miserere", tan acuciante como antes. La primera vez había sonreído; la segunda, me sobrecogí.En ésas estaba, disfrutando, dando gracias al Cielo por no tener que participar de las conversaciones que sobreoía, cuando sonó el teléfono. Era Leonor para informarme, alborozada, de que nuestros hijos habían ganado el primer premio del concurso de disfraces. Yo también alborocéme. Pagué el café negro, cerré el libro negro y olvidé mi ánimo negro. Pedía tocar fondo y había tocado la gloria, aunque fuese la carnavalera. Fui casi corriendo, trotando, a "La carpita" y allí estaban mis hijos con una tremenda cesta de chucherías de vivos colores, premio a los desvelos de su madre. Hace meses me aconsejó un buen amigo no subir fotos de los niños, y no sé si habéis notado que seguí el consejo, pero como veo que L. lo hace en su feisbuk, por qué ibais vosotros a ser menos:
Y hace un rato, por cierto, he visto a la primera golondrina. Ah, y he recordado una última cita de Cioran:
No podemos estar contentos de nosotros mismos más que cuando recordamos esos instantes en los que hemos percibido lo que un adagio japonés llama el ¡ah! de las cosas.
jueves, 1 de marzo de 2007
Una golondrina sí hace primavera
Hace unos días vi la primera. Para celebrarlo mi corazón de piedra se acordó de esta taxonomía de Julio Cortázar en Historias de cronopios y de famas:
Ahora pasa que las tortugas son grandes admiradoras de la velocidad, como es natural.La pregunta que corresponde es: ¿y tú de quién eres, de la esperanza, de la fama o del cronopio? Los más gallegos contestarán: "¿y tú?. Yo aquí llegué el primero y mi corazón se ha pedido ya, rapidísimo, la tortuga.
Las esperanzas lo saben, y no se preocupan.
Los famas lo saben, y se burlan.
Los cronopios lo saben, y cada vez que encuentran una tortuga, sacan la caja de tizas de colores y sobre la redonda pizarra de la tortuga dibujan una golondrina.
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