martes, 21 de marzo de 2006

España, bien moral

Por una vez he desobedecido a mi asesor en buenas maneras. No diré quién es porque para las personas elegantes salir en la prensa es una ordinariez, y la única que ha cometido ésta en su vida fue casarse conmigo. El caso es que me recomienda no adornar el coche con ningún tipo de aditamento, y, sin embargo, yo le he puesto una pegatina con la bandera de España. Y además he colgado una cinta con los mismos colores del retrovisor. No será lo más posh pero, en estos momentos, asumo cualquier descrédito con tal de dar mi pequeño testimonio de patriotismo.

A pesar de lo mucho que se discute sobre la noción de nación, las nacionalidades de las naciones y sus símbolos…, lo importante ya lo ha dicho el Arzobispo de Toledo, Antonio Cañizares, al afirmar que “la unidad de España es un bien moral”. Hace unas semanas Francisco Umbral le dedicó una peculiar columna de felicitación por su reciente nombramiento como cardenal. Allí contaba que Cañizares es hombre de pocas palabras. Si Umbral lo dice, será verdad; pero ¡qué palabras! Frente a la inflación de los discursos, la multiplicación de artículos, las entrevistas, los míticos mítines, la incontinente verborrea, él dejó claro el meollo del asunto en ocho palabras.

España es un bien porque es una realidad política y, sobre todo, cultural; y porque su historia ha sido, incluso con sus sombras, iluminadora. Y porque es un ámbito de solidaridad entre gentes que hemos creado unas estructuras comunes de justicia y libertad.

Algún católico nacionalista podría sentirse interpelado. En principio, nada obsta para que un buen católico sea también un buen nacionalista, que seguro que los hay. La Iglesia es absolutamente respetuosa con las posturas políticas de sus fieles. Pero esa libertad no dispensa a nadie de sus deberes morales. Las consideraciones de Juan Pablo II sobre los nacionalismos en Memoria e identidad son una impresionante llamada de atención. ¿Es legítimo reducir el ámbito de la solidaridad en vez de consolidarlo y extenderlo? ¿Puede imponerse una lengua a costa de los derechos individuales? ¿Vale mentir cambiando la historia? Un católico nacionalista, por ejemplo, no debe sacar la famosa pancarta de “Catalonia is not Spain” sencillamente porque es mentira. La pancarta tendría que rezar “I wish Catalonia weren’t Spain”.

Las enseñanzas de las breves palabras de Monseñor Cañizares son muchas más. La defensa de la unidad de España implica una defensa del bien y la moral, porque, en caso contrario, estaríamos incurriendo en una flagrante contradicción de efectos destructivos. Defender denodadamente a España y olvidar el aborto o la investigación con embriones es, a medio plazo, inútil. Y, finalmente, si España es un bien moral, su verdadero ser no está en los papeles de una ley sino en el espíritu de los españoles, en sus sentimientos, en su conducta y en su testimonio. Por eso he puesto la pegatina.

[Publicado en el semanario "Alba"]