lunes, 27 de marzo de 2006

Traviata

Definitivamente, el medio es el mensaje. Había oído, en excelentes grabaciones, la ópera de Verdi, pero hasta ayer, que tuve la oportunidad de verla, no la viví del todo, y eso que la compañía era sólo aceptable.

Lo mejor, para mí, es el primer acto. Allí se nos recuerda que la solución de la frivolidad no es, como creen los puritanos y los cenizos, el dolor, la enfermedad y la muerte. La verdadera solución es el amor. Lo otro vendrá después y por ley de vida; pero la solución es el amor.

Uno siente la tentación de salirse del teatro después de ese acto. Dejar así las cosas. Pasa como con Romeo y Julieta, que se diría que la tragedia es prescindible. Pero uno siempre se queda, porque la música lo merece. Y asiste, qué remedio, a ese padre de Alfredo, que es un Comendador mozartiano en versión burguesa. Cada vez que él, piadoso, nombra a Dios, perpetra una blasfemia.

2 comentarios:

Aurora dijo...

Tienes toda la razón. La música es preciosa, pero la historia es una maravilla. Desde luego, el amor...Y ese padre, tan indignantemente blasfemo, como bien dices,y yo pensé en la representación...Es mi ópera favorita, y sigue conmoviéndome cada vez que la oigo. Y por lo que ví, a mucha gente, lo que demuestra que todavía es posible que la especie humana pueda ir a mejor.

Ia dijo...

Y hay en ella... la escena de una carta que Violetta escribe para despedirse de Alfredo. La música languidece entonces hasta convertirse en un fino hilo, como de canto de papel... que corta más que la más afilada de las cuchillas.
Se despide Violetta al son de las palabras de pureza e inocencia que el padre atribuye a su hija en peligro de escándalo. Y nosotros, los que escuchamos suspendidos en la emoción de las notas y la historia..... no podemos más que revestir a la impura con olores de redención.

Es curioso cómo en muchas óperas, zarzuelas y obras musicales de menor categoría... si hay una escena espistolar (por llamarla de algún modo), siempre suele ser la más conmovedora.

Cartas, notas, mensajes escritos... a menudo de adiós o de traición, de esperanza o de amenaza... y pocas veces de un amor más esencial y verdadero que la de esta dama de las camelias de Verdi... que apenas esboza unas letras.