miércoles, 4 de febrero de 2009

Sujetalibros

Por las oscuras cavernas del desánimo penaba yo ayer tarde. Arrastrado por la actualidad, había mandado esa mañana al periódico una columna excesivamente periodística, donde opinaba muy serio sobre las relaciones entre el Gobierno y la Banca… ¿Quién me manda meterme —me maldije— en tantas macroeconomías? ¡A mí, que me lío haciendo una factura! ¡Ay, la hybris!

De pronto, sin embargo, me iluminó una sombra. Había encendido una velita aromática de olor a nardo que nos regaló mi suegra. Estaba sobre el buró, delante de unos libros. Esos libros los aguanta un juego de dos sujetalibros que nos trajeron los Feu. Es un perrito de hierro, un teckel concretamente, como la perrita que tenemos, que se llama Pukka. Uno de los sujetalibros es la cabeza y el otro la cola, de modo que cuantos más libros haya más perro—salchicha se vuelve el teckel, que se va alargando. Todo eso está en casa de siempre, pero ahora, la vela proyectaba sobre la pared la sombra del perro, y con la viveza de la llama, que palpitaba, parecía que el animalito jadeaba, ladraba (en silencio) y hasta meneaba el rabo de contento.

Sí, ya sé que era una sombra nada más, pero cómo me entretuvo y consoló. Además, estos son mis temas, no la gran economía. Unas sombras chinescas, la luz de una llamita y un sabor raro y hondo, como embobado, a infancia, muy parecido a la felicidad.

10 comentarios:

José Miguel Ridao dijo...

Fíjate que a mí me pasa lo contrario: lo mío son las macroeconomías, pero últimamente trato de buscar la felicidad en otras cosas, por ejemplo escribiendo en el blog sobre lo divino y lo humano (no es que la Economía no sea humana, pero es sólo una faceta del hombre).

No sé quién dijo que la felicidad está en las pequeñas cosas, y tiene toda la razón. En los tiempos que corren todavía la micro es aceptable, ¡pero la macro!

Un saludo.

Bridey dijo...

Muy bueno tu artículo como siempre. Creo que la pantomima de Miguel Sebastián lo que pretende es ir preparándonos psicológicamente para lo que va a pasar en breve. Hay ciertas entidades financieras en situación crítica. La única salida es su intervención. Si se interviniesen sin más, cundiría el pánico. En cambio, si primero se hace ver a la opinión pública que el gobierno está harto de ellos y que está perdiendo la paciencia, la intervención y nacionalización de estos bancos/cajas de ahorro lejos de provocar el pánico lo que logrará, sin dudas, es el masivo aplauso de la mayoría de sus votantes. De este modo, una vez más, ganarían tiempo y protegerían su imagen pública. En gestión son pésimos pero como ya lo hemos comentado alguna vez, los socialistas en política, son maestros. Hay que reconocerlo…

Mery dijo...

Cuando asomo por aquí, tus sombras chinescas son , en mi caso, esas pequeñas cosas que hacen mi dia mas llevadero. El mundo de las letras me interesa mucho mas que el de los números (sólo presto atención a los sudokus,por ejemplo).

Y si, ciertos olores y sombras en la pared llevan una deliciosa vuelta a la niñez.
Un abrazo

carmen dijo...

Guau! ¡qué entrada!

De la banca y los números a tu suegra y las sombras del perro. De menos a más como debe ser.

Píramo dijo...

¡Cuánta sabiduría y sosiego entre las sombras! Pese a Platón. Descubro tu espacio de rebote y pese a la penumbra de tu artículo, noto la lucecita acogedora de tu prosa.

Miguel Sánchez Robles dijo...

He leído tu poema "Blanco y negro" en Clarín. Me ha gustado mucho. Celebro que existas y escribas poemas y que seamos paisanos o algo así. Un saludo.

Anónimo dijo...

¡¡Muy bueno!! Me ha gustado lo de "
De pronto, sin embargo, me iluminó una sombra".

Saludos

Jaimito

Anónimo dijo...
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Jesús Beades dijo...

Esto último lo veo encabezando un libro de poemas, por ejemplo tu antología general o tus obras completas (o, echándole cara, algún libro mío):

" Sí, ya sé que era una sombra nada más, pero cómo me entretuvo y consoló. Además, estos son mis temas, no la gran economía. Unas sombras chinescas, la luz de una llamita y un sabor raro y hondo, como embobado, a infancia, muy parecido a la felicidad".

E. G-Máiquez dijo...

Oh, queridos amigos, me consoláis como una llamita, o mejor dicho, como una hoguera, y qué bien con estos días tan fríos que estamos pasando...